Capítulo 2

Gael se observaba en el espejo con una sonrisa satisfecha.

Ajustó ligeramente su corbata, admirando su reflejo, mientras detrás de él Eduardo Vercelli apoyaba una mano firme sobre su hombro.

-Padre... lo logramos -expresó Gael, sin ocultar su orgullo.

Eduardo sonrió, complacido.

-En efecto -respondió con calma-. La naviera por fin nos pertenecerá... y por supuesto, tú te quedarás con esa muñequita.

Gael sostuvo su propia mirada en el espejo, seguro, convencido, había intentado tantas veces conquistar a Isabella sin llegar a nada.

-Sí.

Acomodó una vez más su traje, impecable, y ambos salieron de la habitación.

Afuera, los autos ya los esperaban. Eduardo subió a uno distinto, Gael, en cambio, caminó hacia el suyo y abrió la puerta del conductor.

-Yo manejo -dijo sin mirar a nadie.

Encendió el motor, el vehículo arrancó con suavidad. No sabía que alguien más... ya había decidido su destino.

A varios kilómetros de distancia dentro de otro auto negro, el ambiente era completamente distinto. Adriano Vercelli permanecía sentado en el asiento trasero, con la mirada fija al frente.

Imperturbable, esperando el momento perfecto.

Acomodó con calma el puño de su camisa, luego la corbata.

-Síganlo -ordenó finalmente, con voz baja.

El conductor asintió de inmediato.

-Sí, señor.

El auto arrancó, y ,minutos después el vehículo de Adriano aceleró, acercándose al de Gael hasta quedar peligrosamente cerca, después se atravesó de golpe 

El sonido de los frenos rechinando rompió el silencio de la carretera.

-¡Demonios! -gruñó Gael, girando el volante con fuerza para evitar el impacto.

El auto se detuvo bruscamente.

El corazón le latía con violencia.

-¿Qué diablos...?

Antes de que pudiera reaccionar, la puerta del otro vehículo se abrió.

Adriano bajó, tranquilo, acomodó su saco, y luego la corbata. Su expresión era completamente fría.

Caminó hacia el auto de Gael sin prisa... pero sin detenerse.

Gael abrió la puerta con brusquedad y salió.

-¿Qué demonios crees que haces, Adriano? -espetó-. ¿Acaso intentas matarme?

Adriano sonrió. Pero no fue una sonrisa amable, fue calculada. Dio dos pasos más hasta quedar frente a él.

-Por supuesto que no -respondió con calma-. Al contrario... solo quiero evitar que cometas el peor error de tu vida.

Gael frunció el ceño confundido, molesto.

-¿De qué hablas?

Adriano no respondió de inmediato. Alzó ligeramente la mano, e hizo un ademán, un simple gesto.

Las puertas del vehículo detrás de él se abrieron. Varios hombres comenzaron a bajar.

Gael retrocedió medio paso, sorprendido.

-¿Qué estás haciendo?

Adriano lo miró fijamente sin emoción.

-Simplemente... tomo el control.

Luego giró apenas el rostro hacia sus hombres.

-Llévenlo a la bodega -Hizo una pausa mínima-. Y procuren que no se lastime.

Los ojos de Gael se abrieron de par en par.

-¿Qué? ¿Te volviste loco?

Los hombres se acercaron sin dudar, y lo sujetaron por los brazos.

-¡Suéltenme! -él forcejeó-. ¡Adriano, ¿qué diablos haces?! ¡Hoy es mi matrimonio!

Adriano se detuvo frente a él.

Lo observó, con calma, y con bastante superioridad.

-Lamentablemente, hermanito... tu boda no se llevará a cabo.

Se inclinó apenas hacia él.

Lo suficiente para que sus palabras pesaran más.

-Hoy se celebrará la mía, mi boda.

Gael dejó de resistirse por un segundo, incrédulo.

-Estás bromeando...

Adriano sonrió de lado.

-No -respondió Adriano. Se enderezó y añadió, con total tranquilidad-. ¿No piensas felicitarme?

-Eres un imbécil, Adriano... me las vas a pagar.

Adriano sonrió apenas, sin molestarse en responder. Cerró la puerta del auto y subió con total calma, como si nada pudiera tocarlo.

A kilómetros de ahí... El vestido se adhería al cuerpo de Isabella Beltrán como una segunda piel.

Estaba hermosa, más que nunca. Pero sus manos temblaban... al igual que su cuerpo.

Solo quería una cosa, salir de ahí.

-Hija, por favor... camina -dijo Josué, con la voz tensa, intentando mantener el control.

Isabella se giró hacia él, mirándolo con incredulidad.

-Papá... él no va a venir -susurró-. ¿Cómo pretendes que siga? Ya pasó media hora.

Josué no respondió. A unos metros, Eduardo Vercelli miró su reloj y luego hizo una leve seña, acababa de recibir un mensaje de uno de sus hombres, su hijo acababa de llegar.

-Empieza -ordenó.

Josué tragó saliva y sujetó el brazo de su hija con más fuerza y la marcha nupcial comenzó a sonar.

-Vamos... camina.

-Papá, no me hagas esto -dijo ella, resistiéndose.

-Camina.

-Vamos, señorita Beltrán 

Una voz detrás de ella, hizo que Isabella se quedara helada... esa voz grave, sus ojos se abrieron lentamente mientras giraba su cuerpo 

Ahí frente a ella estaba Adriano Vercelli, impecable, frío. Mirándola como si ya le perteneciera.

Incluso Eduardo pareció tensarse un segundo. Pero no podía hacer nada, al menos no todavía.

-¿Qué haces aquí? -preguntó Isabella, sin poder ocultar la confusión.

Adriano dio un paso hacia ella.

-Vamos a casarnos.

El aire se le quedó atrapado en el pecho de Isabella, ¿Cómo Adriano pretendía casarse con ella, cuando ella se casaría con su hermano Gael?, ¿Acaso se había vuelto loco?.

-Pero tú y yo no...

-En eso te equivocas -la interrumpió.

Se acercó lo suficiente para que solo ella lo escuchara.

-Esta noche te casas conmigo...-él hizo una breve pausa. Y añadió, sin cambiar el tono-  O al idiota de tu padre le meto una bala en la cabeza.

Capítulo 3

Las palabras de Adriano aún flotaban en el aire, mientras tanto, Isabella no pudo responder.

Su respiración se volvió irregular. Su mirada pasó de Adriano... a su padre.

-¿Qué significa esto? 

La voz de Eduardo Vercelli cortó el momento. Avanzó un paso, con la mirada fija en su hijo. 

-Aléjate de ahí, Adriano.

Los pocos invitados intercambiaron miradas nerviosas. 

Adriano giró apenas el rostro hacia su padre, sin prisa, sin respeto. 

-Llegas tarde -dijo con calma.

Eduardo apretó la mandíbula

-Esta boda no es tuya. Es de tu hermano Gael 

Adriano acomodó lentamente el puño de su camisa. Luego alzó la mirada y lo observó directo a los ojos.

-Ahora sí lo es.

-No juegues conmigo -espetó Eduardo, dando un paso más-. Sabes perfectamente que ese matrimonio es de Gael, tu hermano.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Adriano.

-Gael no va a llegar.

Eduardo frunció el ceño.

-¿Qué hiciste?

Adriano no respondió de inmediato. Se limitó a mirarlo, con bastante superioridad.

-Está resolviendo un problema.

-Eres un maldito... -murmuró Eduardo.

Adriano ladeó apenas la cabeza.

-Aprendí del mejor.

Los ojos de Eduardo se endurecieron.

-No te voy a permitir esto.

Adriano soltó una leve exhalación, casi aburrida. Luego dio un paso hacia él, acortando la poca distancia que había.

-Recuerda algo, papá... -Su voz bajó-. Todo lo que tocas... me pertenece.

Adriano inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado.

-Así que hazte a un lado.

-Camina -dijo Adriano mirando hacia el lado donde estaba Isabella.

Isabella tragó saliva, sus piernas temblaron. Aún así nadie dijo nada, nadie se movió, y la boda siguió su curso.

El sacerdote levantó la mirada, visiblemente tenso... pero continuó.

-Si no hay impedimento...

Adriano no apartó la mirada de Isabella ni un segundo.

-Entonces... -hizo una breve pausa- los declaro marido y mujer.

Isabella sintió que el aire le faltaba, que todo se cerraba a su alrededor.

No era un sueño. Era real. Adriano tomó su rostro con calma.

Pero sin dejar opción, se inclinó apenas hacia ella... y rozó sus labios en un beso breve, con sus ojos oscuros clavados en los de ella.

-Desde ahora... -murmuró, solo para ella- me perteneces.

El corazón de Isabella golpeó con fuerza.

-No soy tuya... -susurró, sin fuerza.

Adriano no sonrió, pero su mirada se volvió más intensa.

-Lo eres.

**UNA HORA DESPUÉS...

La puerta de la suite se cerró.

Isabella caminaba en círculos, incapaz de quedarse quieta, sus manos temblaban.

Su mente no dejaba de repetir lo mismo, esto no está pasando.

Esto no puede estar pasando. Aún no entendía por qué su padre no había hecho nada.

-Detente.

La voz de Adriano la hizo frenar.

Él estaba de pie, observándola.

Tranquilo, como si todo estuviera bajo su control.

-No puedo -respondió ella, pasando una mano por su cabello-. No puedo estar aquí, y menos contigo.

Adriano avanzó, y en un solo movimiento, rodeó la cintura de Isabella con firmeza, atrayéndola contra su cuerpo antes de que pudiera reaccionar.

-Será mejor que te calmes cariño -murmuró cerca de su oído-. Esto ya no está en discusión... ahora me perteneces.

Isabella intentó zafarse de inmediato, empujándolo con todas sus fuerzas, forcejeando... pero él no cedió. Al contrario, la acercó más, eliminando cualquier espacio entre ellos, inclinándose hasta dejar sus labios peligrosamente cerca de los de ella.

-Desde ahora me perteneces -susurró con frialdad-. Así que no intentes nada... o el viejo decrépito de tu padre sufrirá las consecuencias... -Él hizo una pausa mínima-. O no... mejor tu querida hermana.

La mandíbula de Isabella se tensó, sus ojos ardieron de rabia.

-No serías capaz...

Adriano la soltó de golpe. La observó con una leve sonrisa... oscura.

-Aún no me conoces.

Sonrió y Simplemente se inclinó... y pegó sus labios a los de ella.

Isabella reaccionó de inmediato, lo empujó con fuerza, respirando agitada.

-No vuelvas a tocarme.

Su voz tembló... pero no por miedo.

Sino por rabia, estaba segura que si tuviera un arma en ese momento ya la hubiera descargado toda sobre el cuerpo de Adriano.

Se giró bruscamente, dándole la espalda.

-No pienso quedarme esta noche contigo -espetó-. Necesito ver a mi padre... Necesito hablar con él.

Una sonrisa apareció en los labios de Adriano.

Isabella no esperó respuesta, y caminó directo hacia la puerta, decidida a buscar explicaciones, no podía seguir más tiempo al lado de Adriano, la asfixiaba.

Pero antes de que pudiera abrirla por completo, Adriano la cerró de golpe.

El sonido sonó en toda la habitación. Isabella se giró, furiosa. Adriano apoyó el brazo sobre la puerta, encerrándola entre la madera y su cuerpo.

-Te dije que no intentes nada Isabella.

Él ni siquiera se detuvo.

-Ahora... me vas a conocer.

Sus pasos fueron firmes mientras avanzaba hacia la habitación contigua de la suite.

Seguir leyendo
Apoya al autor e inspira más historias increíbles Moboreader
Desbloquear todos los capítulos
Capítulo
Personalizar
Siguiente capítulo
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED