Con el paso de los días, los mensajes de buenos días, o buenas noches, entre los amigos, eran más comunes de lo que ambos, consideraron, y en cuestión de un parpadeó, dos meses pasaron, y ya no solo eran mensajes, preguntando por el día a día, sino, que había más intimidad. Gabriela se sentía cómoda, al interactuar con Ernesto, pues él, era todo aquello que había deseado en sus tiempos más oscuros, no solo era el apoyo emocional, sino el económico que hacía, que ella lo viera como la persona indicada, para abrirse.
Así fueron pasando los meses, una oportunidad nacía, y, llegado el momento, el veintiocho de mayo, Gabriela se mudó a Bogotá, al apartamento de su gran amiga Estefania Rosales, donde fue recibida con gran amor, y aunque todo parecía ser perfecto, hubo algo que no encajo con ella, y fue el hecho de que su amiga, se rehusara a que ella trabajara, si algo tenía claro, es que ella no sería una mantenida, así que, contra la voluntad de Estefania, ella comenzó a moverse.
Bogotá, Colombia, jueves tres de junio, 3 Pm – Apartamento de Estefania Rosales
—¿Cómo te fue? —Cuestionó Estefania, mientras se tomaba una taza de té.
—Nada, siempre es lo mismo, no logro conseguir empleo, a este paso me volveré loca
—Amiga, no desesperes, ya encontrarás algo, además, solo llevas dos días, aquí, no todo es tan fácil
—Lo sé, pero no quiero ser una carga para ti
—No lo eres, sabes que cuentas conmigo, mientras vivamos juntas, no te abandonaré ni a ti, ni a mi Belén
—Estefa, no cabe duda, que eres mi ángel protector, ¿Qué haría sin ti?
—Gracias a ti, terminé mi carrera, así que no podría dejarte sola, ya cambia esa cara
—En serio estoy muy agradecida, por tenerme aquí contigo, pero no pretendas, que haga de como si todo está bien, yo…
—Sí, ya sé, no eres una mantenida, tengo muy claro que no eres alguien que se deje derrumbar tan fácilmente
—Disculpa por haberte gritado, entiéndeme, no quiero ser una carga
—No lo eres, más bien ve a tu cuarto, una sorpresa está esperándote ahí
—¿En mi cuarto, y donde está mi nena?
—Tranquila, ella está dormida, está en mi cuarto, así que, de seguro, lo amaras.
Gabriela entró a su habitación, sin imaginar, quien la esperaba…
—¡Tú!, ¿Cómo, cuándo llegaste? —Ella, no pida creer, lo que sus ojos veían, ¿Cómo era posible, que él, estuviera allí?
—¡Ey! Primero abrázame —Para Ernesto, el tiempo pasado, no significaba nada, después de todo, amaba a Gabriela—. ¿Bueno, soy o no soy digno, de una caricia?
— ¿No entiendo, tú me dijiste? Gabriela estaba totalmente desconcertada, no podía creerlo, era él, era Ernesto
—Sí, te dije que llegaría la próxima semana, pero todo lo planee con Estefania, queríamos darte la sorpresa, además, falta poco para el cumpleaños de Belén, así que no me lo podía perder, dime, ¿no te da gusto verme?
—Claro que me da gusto verte, solo que… —De cierta forma, se sentía nerviosa e incómoda, pues las cosas habían cambiado, cambiaron, ya no era una simple conversación de amigos, el intercambio de fotos y mensajes eróticos, se volvieron el pan de cada día, y aunque por chat, Gabriela se sentía liberada, estar frente a Ernesto, la congelo
—Cariño, ya te lo he dicho mil veces, no sientas vergüenza, para mí sigues siendo hermosa, y no lo olvides, yo llegare hasta donde tú me permitas llegar, ¿está bien?
—Sí, yo…
—Ernesto, rodeo la cintura de Gabriela —En ese momento Ernesto se acercó a Gabriela, la beso dulcemente, al principio, ella se mostró indecisa, pero con el paso de los minutos, ella se dejó envolver
—Espera, estamos en el apartamento de mi amiga, no quiero faltarle el respeto
—Te entiendo, aunque ella me dijo, que podía hacer lo que quisiera, y eso haré
—¡Un momento!, ¿Qué harás?
—Nada, que no te guste —Ernesto se acercó a ella, beso su cuello con sutileza, luego paso su lengua, haciendo, que su cuerpo se estremeciera.
—¡Alto, yo…!
—No creo, que quieras parra, ¿y si meto mi mano, ahí? —Él recorrió, su entre pierna, y sin más, metió su mano izquierda, dentro de su panty—. ¡Uhmm, esta calientita!
—Por favor, no has esto —Gabriela, hacia todo lo posible por contenerse. Pero era tarde.
—Lo siento, pero en estos ocho meses, no he tenido más, que calmarme, porque tu figura me enloquece, así que no, no me detendré
—Haz, lo que quieras —Dijo ella, mientras la poca cordura que le quedaba, se esfumaba.
—Bien —Ernesto, se deshizo de la estorbosa ropa, dejando al descubierto, ese sensual cuerpo que lo embrujaba, a través de las fotos—, ¡Dios!, como añoraba esto—. Él la tumbo en su cama, abrió sus piernas, y si perder tiempo, se prendió en su monte de venus.
—¡Ahg…! —Por primera vez, Gabriela, experimentaba un placer inigualable, las caricias de él, la llenaron de locura. Así que ella, gemía en voz baja, mientras hablaba el cabello de Ernesto—, no quiero, que pares—. Exigió ella.
—No lo haré, y menos, porque aquí abajo en mi pantalón, hay algo que está por estallar
—Te ayudaré, si terminas primero
—Ernesto, aumento la velocidad de los movimientos de su lengua, y en cuestión de segundo, las sabanas se mojaron un poco
—Lo siento, esto no me había pasado —Gabriela, escondía su rostro, estaba penada y desconcertada a la vez.
—Esto es más común de lo que piensas, respondiste ante el placer, así que no debes avergonzarte. Más bien…
—Lo sé, dije que te ayudaría con él, pero, no soy muy buena
—Lo podemos dejar, para otro momento. Ahora, me ocuparé de algo —Ernesto, hizo que Gabriela se colocara en cuatro, y gentilmente la fue penetrando.
Conforme pasaron los segundos, los gemidos de Gabriela, fueron difíciles de controlar, a fuera de la habitación, Estefania, era testigo de cómo la pasión, había atrapado a su amiga.
Media hora después
—¡Tonto!, ¿Cómo pudiste? —A pesar, de que había disfrutado estar en la gloria, en su interior, Gabriela, se sentía más que apenada.
—No podía contenerme más. Tú, eres mi talón de Aquiles, además, si vamos a ser pareja, esto será más de lo normal
—¿Seguro, que me deseas como tu mujer?
—Gabriela, te he amado desde que estábamos en la universidad, por estúpido, deje que te arrebataran de mí, luego, mis penas me hicieron orillarme a un camino, que no debí tomar
—¿Es cierto, sobre eso, te gustaría hablar?
—Por supuesto, no debe haber secretos, ¿recuerdas, que en la universidad te conté, sobre la muerte de mi hermana menor, y de cómo mis padres me culparon?
—Sí, también sé, que te retiraste de la universidad, dos meses después, de que acepte salir, con la escoria
—Bueno, en ese tiempo, me sumergí en vicios, que por poco me matan, llegue hasta Panamá, y allí me rehabilite
—Me hubiera gustado, estar ahí
—No hay porque lamentarse. Estamos en el ahora, y hay que disfrutarlo, ¿te gustaría, salir a cenar?
—Me parece perfecto —Ella, y Ernesto, se dedicaron a hablar, pues hacía más de nueve años, que no se veían, se separaron en la universidad, y cuando se reencontraron, debido al trabajo de Ernesto, él mantenía en constantes viajes, y su último lugar de residencia era Estado Unidos—, el espacio fue perfecto, para que ellos, se contaron, todo aquello, que no se habían dicho—. ¿Así, que si todo sale bien, te irás a Francia? Los ojos de Gabriela, se empañaron un poco.
—Sí, si el proyecto es aceptado me iré a Francia por cuatro años
—Felicidades, te lo mereces, y te lo aseguro, vendrán más éxitos para ti
—¿Por qué noto, cierta tristeza?
—¡Triste yo!, para nada, estoy muy feliz por ti
—Mujer, te conozco, algo no está bien
—Créeme, estoy bien, te lo aseguro
—Sé que no es así, por favor dime que pasa
—Bien, no quiero que te vayas, sé que si te vas, esta vez será para siempre, ya contento
—Gabriela, mírame, dije que me iré a Francia, pero no pienso hacerlo solo, quiero que vengas conmigo
—¿Hablas en serio?
—Por supuesto, ya no, me daré por vencido, este es mi momento
—Perdón, por ser tan egoísta, no quiero que te vayas, pero tampoco estoy segura de poderte corresponder, soy la peor de las mujeres
—Jamás vuelvas a decir eso, Gabriela ya debes de saberlo, eres mi todo, sin ti no soy nada, y si, por mi trabajo nos hemos distanciado, yo he tenido a aventuras, y nada más, pero estoy aquí, y vine por ti, no me rendiré ya lo verás.
Dada las siete de la noche, el momento de la cena, llegaba.
—Amiga, gracias por cuidar a Belén
—Tranquila, no me agradezcas, solo ve y pásala bien, disfruta la noche, eso es todo lo que te pido
Ernesto y Gabriela, salieron del apartamento de Estefania, tomaron un taxi, y luego se dirigieron al centro de la ciudad
—¿Dónde quieres cenar?
—Para mí, cualquier lugar está bien —Lo menos, que quiera Gabriela, era parecer pretenciosa
—Bien, ¿todavía existe, el restaurante Delicias?
—Sí, he oído de ese lugar
—Perfecto, ahí iremos
En efecto, Ernesto le pidió al conductor del taxi que por favor los dejara en el restaurante
Restaurante Delicias, 7:30 Pm
—Pasen por aquí, por favor —Después de haber llegado al restaurante, Ernesto y Gabriela fueron atendidos de forma cordial, por uno de los meseros—, ¿Qué desea ordenar la señorita? —Pregunto él, con tono formal.
—Yo ordenare, lo mismo que ordene el señor —Aseguro, Gabriela.
—Bien, siendo así, joven por favor tráiganos el especial de la noche, y una botella de vino blanco
—Como ordene el señor —El joven mesero se retiró para llevar la orden, dejando solos a la pareja.
—¡Ya!, ¿Qué tanto me miras?
—No sé, es que estás muy hermosa
—Deja de piropearme, solo me coloqué un vestido
—No es solo un vestido, en verdad, estas hermosas
Durante toda la noche, Ernesto se encargó de hace sonreír a Gabriela, pues él estaba dispuesto a hacerla feliz, pero de cierta forma su esfuerzo no sería suficiente
—¿A dónde más, te gustaría ir?
Ya son las nueve, llévame al apartamento, lo siento, es que me siento incompleta sin Belén
—Está bien, vamos entiendo cómo te sientes, desde que ella nació, ella se convirtió en el centro de tu universo, así que no me pidas disculpas
Ernesto pagó la cuenta del restaurarte, luego Gabriela y él, procedieron a retirarse del lugar, y aunque la cena fue maravillosa, ellos no contaban con un ingrediente de última hora. Pues al salir del restaurante, Gabriela se topó con…
—Vaya, ¿Qué pequeño es el mundo?
—¡Tú…! Gabriela, quedo estupefacta —¿Cómo era posible?, debía ser un mal sueño, ¿Por qué el destino se comportaba de esa manera?, no podía ser él, no en ese momento… —, ¿Qué haces aquí?—. Su voz, temblaba
—No, ¿Quién es él, y porque estás con él? —Esteven, mantenía la misma altivez que lo cauterizaba.
—Eso a ti no te importa, Ernesto vámonos
—Eso, vete como la puta que eres.
Al oír aquella palabra, Ernesto se devolvió y sin remediar palabra alguna, le propino un fuerte puñetazo a Esteven.
—Imbécil, ¿Qué te pasa?
—Te enseñaré a respetar a las mujeres
—Ernesto, déjalo, no vale la pena, por favor vámonos, Belén, me espera Gabriela, quiera salir de ahí, sus manos sudaban, y su reparación, comenzaba a agitarse.
—Bien, vámonos
—Eso lárguense, pero escúchame bien, estúpido, recién aparecido, no dejaré que ella y menos mi hija estén contigo, y no pierdas tu tiempo, por su cara, puedo ver que aún me ama, así que volverá a mí, cuando menos lo esperes.
Ernesto y Gabriela, tomaron un taxi, con destino al apartamento de Estefania, y al llegar todo se complicó
¿Ahora sí, me dirás quién es ese tipo?
—Es… él es Esteven, el padre de Belén, no comprendo que está pasando, ¿Cómo es que él está aquí?, pensé que jamás lo volvería a ver
—¡Así, que ese es el bastardo! ¿Dime, es cierto, todavía lo amas? , ¿lo que sucedió esta tarde, no valió la pena?, vamos maldita sea
—Ernesto, yo…
—Solo contesta, dime, que no fui un reverendo idiota —La ira, se estaba apoderando de él.
—Yo… No sé, en estos momentos, mi corazón… —Ella, era un mar de sensaciones.
—Deja así, por tu rostro no hace falta que me respondas, todo me queda claro
Gabriela, no pronunciaba ni una sola palabra, el reencuentro con Esteven, la conmociono de tal manera, que su habla, desapareció, por cuestión de minutos.
—Vamos, te llevaré de vuelta al apartamento, no soy tan miserable, para dejarte aquí sola
Durante el viaje de regreso, el silencio fue el rey notable, y cuando llego el momento de despedirse, por más que Gabriela, quiso detener a Ernesto, ella no lo hizo, pues en el fondo, se sentía miserable.
Continuará
En ocasiones resulta, que el silencio es más doloroso, que ser atravesado por un puñal, pues cuando busca una respuesta por parte de la persona que estás empezando a amar, y al no recibirlas te sientes herido y golpeado. A la mañana siguiente Estefania trataba de consolar a su amiga, quien era un manojo de emociones
—Ya amiga, no llores todo se arreglará entre ustedes
—Estefa, soy una imbécil, una idiota, ¿Cómo pude hacerle eso?
—En primer lugar, no te insultes de esa manera, y como segundo, tú no les has hecho nada
—No le respondí nada, solo imagina, como se debe estar sintiendo
—Sobre eso ¿Dime, que sentiste?
—No sé, anoche todo se me revolvió ¿Por qué, tuvo que aparecer justo ahora? ¿Qué haré, si quiere quitarme a mi hija?
—¡Ja!, que ni se le ocurra, ustedes no están desamparadas, solo te gano el impulso de la sinceridad, pero ya ves, no siempre la sinceridad es útil, dale unos días, Ernesto te ama, sé que volverá a hablarte, solo cálmate
—No lo hará, le lastimé su ego, de hombre, pasó de sentir que ya me había conquistado, a no tener nada
—Amiga mia, los hombres son unos pendejos, él volverá, como el perro arrepentido. Tengo que ir a trabajar, ¿segura que te quieres quedar sola?
—No Lo estoy, Belén es mi dulce compañía, además, no puedes perder tu trabajo por mi culpa, ve a trabajar, yo estaré bien
—Está bien, iré, pero si sucede algo, me llamas, vendré de inmediato
—Así lo haré, vete tranquila
Estefania, no tuvo más remedio que irse a trabajar, dejando a Gabriela, un poco acongojada por lo sucedido la noche anterior. Luego de dar mil vueltas, ella, tomo su teléfono, y marco insistentemente, sin recibir respuesta alguna.
—No contesta ¿Estará bien? Soy una idiota, sí, eso soy —Se recriminó, así misma—, su mañana, trascurrió con normalidad, ella se dedicó a hacer la limpieza del apartamento, y entre eso y las travesuras de su hija, su momento se apartó por unos momentos de la realidad—. Bien, todo está limpio, hoy no saldré a buscar trabajo, así que tú y yo, mi cielo, podemos ir a dar un paseo.
—¡Sí! —A pesar, de que aún no cumplía los tres años, la pequeña Belén, era una niña muy inteligente, y avanzada, gracias a la estimulación, que recibió por parte de su abuela.
—Te amo tanto mi amor, eres lo más preciado que puedo llegar. Juntas, saldremos, hacia adelante —Gabriela preparó todo lo de su pequeña; luego ambas tomaron una ducha, y por último se prepararon para salir del apartamento —, Listo mi princesa, hora de irnos, hoy pasaremos un gran día, te divertirás, vamos.
Repentinamente, Gabriela fue sorprendida al escuchar el timbre de la puerta.
—¿Será Ernesto?, mi niña espérame aquí, mami no tardará —Ella dejó a su pequeña, en la cuna, y salió a ver quién era, pues de forma ilusa, supuso un pequeño milagro.
En el momento que Gabriela abrió la puerta del apartamento, ella se llevó una desagradable sorpresa
—¡Tú! ¿Qué haces aquí?, ¿Cómo me encontraste?
—Anoche, te seguí así de fácil, sabes bien que nunca dejo escapar a lo mío, y tú me perteneces —Un ególatra, como lo era Esteven, jamás dejaría pasar la oportunidad, para mortificar a la persona, que tanto deseaba—. El verte ayer, me hizo recordar viejos, tiempo, por eso estoy aquí.
—No me hagas reír, vete ya
—No puedo hacerlo, vine a ver a mi hija, no es obvio
—¡Maldito!, Belén nunca te ha importado, me abandonaste cuando tenía cinco meses de embarazo, no seas cínico
—No lo soy, sabes perfectamente que tengo derechos sobre ella, lleva mi sangre —Para los hombres dominantes como Esteven, su principal consigna es “Lo que un día tuve, lo volveré a obtener cuantas veces desee”, por eso se mostraba, como si nada, al frente de ella—. Déjame pasar, mi hija merece conocerme, vuelvo y te lo repito, lleva mi sangre y ante eso, nada puedes hacer.
—Pues solo eso lleva, lárgate
—No te hagas la dura, sé que aún me amas
—No te creas el aire, porque no lo eres, y sí, es cierto tiempo atrás me aferre a ti, pero así como te quise, te olvidaré, por última vez te digo, lárgate, llamaré la policía por acoso
—Bravo ¿Dónde aprendiste a defenderte? Debo confesar, que siento cierta excitación al verte así ¿Qué te parece si recordamos, viejos tiempos?
—Bueno, pero tú eres un hijo de puta —Gabriela, abofeteo a Esteven—. Jamás volverás a tocarme, ahora lárgate o llamaré a la policía.
—Tú…. —Totalmente enfurecido, la golpeo, haciendo que ella cayera al piso, oportunidad perfecta, para abalanzarle.
—Déjame, no te atrevas…—Gabriela forcejeó con todas sus fuerzas, hasta que pudo propinarle un golpe en los testículos a Esteven, quien comenzó a retorcerse del dolor, así que aprovechando, esos preciados segundos, ella fue a la cocina por un cuchillo, y regreso a la sala—. ¡Oh te largas, o saldrás de aquí muerto!
—No creo, que seas capaz
—Solo pruébame, ya no soy la misma estúpida que conociste en el pasado.
Esteven se marchó, pero no se haría a un lado tan fácilmente, si bien era cierto, que al abandonar a Gabriela, su promiscuidad, nunca terminó, dentro él, el recuerdo de aquella mujer, nunca desapareció, pues de cierta manera la sumisión de Gabriela causo un impacto en él, por eso, al haberla visto, sus bajos instintos despertaron, y se repetía: «él jamás te apartará de mí, eso te lo juro, la única forma de que tú y yo nos separemos, es que yo muera».
Mientras Gabriela calmaba a Belén, en las afueras de los apartamentos, Ernesto y Esteven, se volvían a encontrar
—¿Qué rayos, haces aquí? —Ernesto, sentía que su sangre hervía.
—No es obvio, estaba haciendo una visita muy larga —¿Qué más podía pedirle a la vida?, el ver a quien, pretendía ocupar su lugar, Esteven no dudo, en mentir, como tanto acostumbraba.
—¿De qué hablas?
—Si subes, y ves a Gabriela, lo entenderás, por cierto, te la deje preparada, eso facilitará el trabajo para ti.
Esteven se marchó, dejando a Ernesto, a punto de estallar, por lo cual él también se marchó, pues para él, todo estaba claro, lo mejor era que él, siguiera su camino.
Por otro lado, después del susto, Gabriela, sintió que debía llamar, a quien era su refugio
—Sigue sin contestarme, ¿estará bien?, Estefa tiene razón, debo dejarlo descansar, y por lo visto el paseo se canceló, Belén se durmió, ella también merece descansar.
Debido al impacto que provoco la visita de Esteven, Gabriela decidió que lo mejor, era que Belén estuviera tranquila en el apartamento, así que ella también se recostó por un momento. Madre e hija tomaron una pequeña siesta, y minuto más tarde, ella fue despertada, por una llamada.
—¿Segura, que está bien? —Estefania, no deseaba, dejar desprotegida, a las dos personas que más preciaba. Sin embargo, su relación, también era importante, para ella.
—Si disfruta tu fin de semana junto a Marcos, Belén y yo estaremos bien
—Iré, pero eso sí, cualquier cosa avísame
—Estaremos bien, vete tranquila.
Viendo que su amiga no estaría en el apartamento, Gabriela tomo la decisión de ir por Ernesto a su hotel. Ya no había vuelta atrás, debía, hacerle frente a todo. Así que ella acudió a su vecina Gladis, quien su amiga conocía a la perfección, y se la había recomendado, por si algún día ella no podría cuidar a Belén.
—En una hora estaré aquí, se lo prometo
—Mi niña, vete sin preocupaciones, yo cuidare a Belén como siempre, además, ella me hace compañía
Sabiendo que Belén estaría bien cuidada, Gabriela salió; al llegar al hotel la recepcionista, le indico en que habilitación se hospeda Ernesto, Gabriela iba muy emocionada, sin saber que recibiría un golpe fulminante.
—Ernesto, yo vine, porque… — Al llegar a la habitación, ella vio la puerta entre abierta, así que ella decidió entrar, pero al hacerlo sintió, que su mundo se derrumbaba, pus Ernesto, estaba con otra mujer—. Lo siento, no debí venir, lamento haberlos interrumpido.
—¡Gabriela!, ¿Por qué estás aquí? —Él, no salía de su asombro
—Haz de cuenta, que no me has visto, continua en lo tuyo —Rápidamente, ella, se retiró de aquella habitación, y aunque sentía un gran dolor, ella no derramo ninguna lágrima, ¿para qué hacerlo?, se decía a sí misma Gabriela, quien fue alcanzada en el lobi del hotel, por Ernesto.
—¿Por qué viniste? ¿Y ese golpe?, por más que trates de cubrirlo con maquillaje, puedo notarlo ¿No me digas que…?
—Sí, Esteven me golpeo
—Ya veo, tuvieron un encuentro desenfrenado
—¡Imbécil! —Ernesto, recibió una fuerte bofetada—. ¡Pero qué estúpida soy! Vine porque tontamente quería arreglar todo, pero veo que eso ya no es importante, vuelve a tu habitación, no dejes esperando a tu compañera
—¿Por qué me golpeas? No te hagas la digna, a mediodía, te fui a buscar, pero vi a Esteven salir del conjunto, y él me dijo que ustedes habían estado juntos
—Y tú le creíste, Bueno, esto sí, que es…
—Bueno, anoche, te pregunté algo, y no obtuve respuesta, así que yo…
—Asumiste que yo, soy tan falta de carácter, que nuevamente me volvería a acostar con él, déjame aclararte algo, Esteven solo fue a joderme, solo a eso, y este golpe que tengo, fue porque el muy infeliz trato de abusar de mí
—¡Qué pendejo soy!, perdóname
—No sé qué me molesta más, si el hecho de que le hayas creído a Esteven, o el hecho de que dices amarme, pero a la primera, te acuestas con otra
—Gabriela, por favor…
—Quédate en paz. Después de todo, no somos nada, sigue en lo tuyo
Desesperado, Ernesto agarro fuertemente a Gabriela, él no podía dejarla ir, no de esa manera
—¡Suéltame! Me estás lastimando
—De aquí no te irás, hasta que hablemos
—Dije que me sueltes, eres… No cabe duda, mi vida es un fracaso, solo he conocido hombres miserables
Viendo la desilusión reflejada en el rostro de Gabriela, Ernesto dejo que ella se marchara.
Ella se retiró del hotel, camino dos cuadras, y solo tomo un taxi, cuando se sintió calmada, y al hacerlo, ella se toparía con alguien, que le traería muchos beneficios.
—¿Pero qué pequeño es el mundo? ¡Mira nada más! —Gabriela, se sentía como en una paradoja.
—¡Ey! ¿Cómo has estado? —Pregunto, Ángel Benítez. Quien había sido trabajador de Gabriela, el tiempo que ella estuvo dirigiendo el hotel.
—Yo perfectamente, aunque tú… ¿Qué te paso en la cara?
—Eso es una larga historia —Ella respiró hondo.
—Bien, me gustaría escucharla, ¿te parece si vamos a tomar un café?
—Te acepto el café, pero no puedo quedarme por mucho tiempo, mi hija me está esperando
—¿Cómo, ya eres mamá? —Ángel, quedo un poco sorprendió, pues, en el tiempo que fue compañero de Gabriela, ella jamás, menciono a su hija—. Bien, listo para escuchar la historia.
—Conste, después no te quejes, porque te aburro. Poco a poco Gabriela le fue relatando a Ángel sus tristes imprevistos.
—¡Ay mujer!, solo diré, eres como el ave fénix, te has caído, pero por nada te derrumbas
—Bueno, ya había tocado fondo, no puedo hacerlo más, mi hija no merece que viva convertida en una víctima
—Así se habla, y como yo no olvido, lo bien que te portaste conmigo mientras estuvimos juntos, por lo que me cuentas, deseas trabajar, pues te ayudaré. El presidente de la empresa, donde estoy trabajando, está buscando una nueva asistente, así que hablaré con él, dame tu número, te apartaré una cita
—¿De verdad, harías eso por mí?
—Por supuesto, solo confía en mí, te llamaré, apenas tenga noticias, la empresa no queda muy lejos de aquí. Fue un placer verte
—Lo mismo digo, y de verdad mil gracias, por lo que harás
—Despreocúpate, solo estoy devolviendo lo que hiciste por mí—Ángel, se despidió, y al llegar a su puesto de trabajo, no dudo en ir con su jefe, para hablarle, sobre su antigua ex jefa—. Señor, le tengo buenas noticias, he encontrado la asistente perfecta para usted.
—¡¿Ah, sí?!, ¿Cómo es eso? —Cuestionó, Harold Michigan.
—Bien, usted sabe que soy de Cartagena, ella fue mi antigua jefe, es muy diligente, y en estos momentos está pasando por una mala situación, solo dele una cita, ya usted decidirá, si es adecuada. Aunque yo le doy mi palabra, que no se arrepentirá de contratarla
—Bien, ya me convenciste. Dile que venga el lunes a las ocho en punto, hoy es viernes, y como sabes, no se trabajaba los sábados, a menos que ocurra algún imprevisto
—Señor, le aseguro, que no se arrepentirá —Ángel haría lo imposible por ayudar a Gabriela, pues mientras estuvieron juntos, ella se convirtió en su apoyo, protegiéndolo de burlas y ataques, que sufrió por su orientación sexual, lo que él nunca imaginó, fue que…
Continuará