En su nuevo año escolar, el primer día en su nueva escuela, Evi sólo esperaba la hora de salida, necesitaba desesperadamente ver a su hermano quien, para intentar distraer esos sentimientos y celos, acompañó a su padre a la empresa, donde tenían una pequeña celebración
En la oficina, frente a Adal, el amigo de juventud y socio de su padre, Hans encontró una forma de distraer su mente – me alegra verte – saludó Adal amablemente, el joven sonrió respondiendo aquel saludo y sin dudarlo, buscando un tema de conversación que alejara su mente de Evi, pregunto por Mathis, el hijo de aquel elegante hombre a quien Hans no veía desde hacía mucho tiempo – supongo que a esa edad, prefieren estar con sus amigos – respondió Adal, desconociendo la verdadera razón de la lejanía de su hijo; Hans miró a su padre junto a ellos después de revisar ansioso su reloj de pulso – pronto se irá a estados unidos a estudiar – continuó Adal tras un nostálgico suspiro y cerró preguntando por la joven que enloquecía la mente de Hans - ¿piensa estudiar fuera del país? – interrogó aquel hombre, el cuerpo de Hans se tensó imaginándola lejos – ella quiere continuar sus estudios aquí – la voz de Leopold trajo a Hans del miedo en el que se había dejado caer y notablemente ansioso por los pensamientos que aparecían furtivos imaginando a su hermana sonriendo a algún joven compañero, suspiró – voy por Evi, debe estas ansiosa por contarnos su experiencia en su nueva escuela – interrumpió Hans a su padre y Adal asintió revisando su reloj de pulso – voy contigo – ofreció Leopold, se despidió de su amigo enviando sus saludos a su joven hijo y Hans suspiró asintiendo con una forzada sonrisa.
La mirada de Evi brilló al ver a su hermano frente al auto – ¿jugaremos un poco? – pregunto ella mirando a los ojos a su hermano – me encantaría verlos jugar – la voz de Leopold con los brazos cruzados en la ventana abierta del lugar del copiloto sorprendió a Evi haciendo que su corazón se acelerara aún más por el nerviosismo y forzó una sonrisa besando la mejilla de su padre.
En el acostumbrado parque, mientras Hans tenía el balón, podía sentir el pecho de Evi pegado a su espalda forzándose en arrebatarle el balón, Hans la miró sobre su hombro y dio un rápido giro al aro, sujetó por la cintura a su hermana para evitar que cayera al tropezarla con su cuerpo mientras lanzaba el balón al aro – ¡tu madre llamó y está molesta, debemos ir a casa! – gritó Leopold desde la banca donde los miraba sin reconocer malicia en las mirada que se habían cruzado entre los hermanos; avergonzado por la reacción de su piel con su propia acción, Hans liberó a Evi sin sospechar siquiera que el cuerpo de ella clamaba por estar unos segundos más en los brazos de su hermano y tras un inconsciente suspiro corrió a recuperar el balón para regresar a casa.
La escuela para Evi no era lo que esperaba, en sus compañeros masculinos buscaba a su hermano y en las compañeras femeninas no encontraba una amiga; la mayor parte de su tiempo libre en su escuela permanecía en la biblioteca buscando llenar su mente de romántica literatura donde imaginaba a Hans como el protagonista de su propia historia romántica, su imaginación, era el único lugar donde no debía rendirle cuentas a nadie y nadie le pedía explicaciones, sin embargo, movida por la culpa, algunas veces cerraba sus ojos queriendo imaginar a Mathis para deshacerse de aquel pecado que le invadía, pero desconocía cómo estaría a esa edad después de tanto tiempo sin verlo y su imaginación regresaba a Hans haciéndole vibrar el alma.
Sorprendidos con el alto rendimiento académico de Evi, Leopold y Anwen, ofrecían algún día de la semana para complacerla, lo que ella disfrutaba dándose una razón más para sentir el cuerpo de su hermano pegado al suyo en ese abrazo de felicitación que no se hacía esperar, sin embargo, uno, de esos tantos días, Hans se excusó por los exámenes que debía presentar – lo siento florecita, pero no puedo darme el lujo de perder este examen de nuevo – se excusó él al sentir el enojo en el reclamo de su hermana, presionaba su entrecejo con el alma dolida, pero podía usar su bajo rendimiento académico y el temor por decepcionar a su padre, para poner distancia entre ellos – es sólo un día, no puedes alejarte de tu novia sólo un día, ni siquiera por mí – reclamo ella con la voz entrecortada por los celos que se apoderaron de su interior – te dije que debo estudiar para mi examen, no soy tan inteligente como tú y no puedo darme el lujo de perder el semestre de nuevo – reprendió él al otro lado de la línea y ella termino la llamada dejando un gran vació en el pecho de Hans, sin embargo, debía seguir los consejos de Gunther y alejarse de todo lo que pudiera implicar esa dulce tentación.
Por varios días, después de la discusión telefónica, el regreso a casa desde la escuela de Evi era silencioso, llenando el auto de un doloroso suspenso; Evi miraba por su ventana intentando dar gracias por lo ocurrido, queriendo remplazar ese pecaminoso sentimiento con rabia, mientras Hans, intentaba ahogar el deseo de disculparse con su hermana.
Premiando la excelencia de su hija, la fiesta de cumpleaños no sólo se limitó a una cena familiar, invitaron algunos compañeros de la escuela llenando de celos a Hans al ver los jóvenes saludarla de beso en la mejilla y ella sonreía cortésmente recibiendo a sus invitados, a quienes sólo conocía por apellido ya que después de descubrirse como mujer y enamorada de su hermano, se había vuelto introvertida y para algunos, antipática – tienes muchos amigos – la voz de Hans a su espalda la hizo girar, ella inclinó la mirada y se alejó de él, hacia algunas de sus compañeras de estudio que estaban en el salón con soda en sus manos – tu hermano es muy atractivo ¿Por qué no lo presentas? – susurró una de ellas con coquetería, Evi apretó su mandíbula con rabia mirando sobre su hombro a su hermano salir hacia el jardín y lo siguió sigilosa.
Mientras tanto, sonriendo feliz al ver a Evi, Gunther caminó hacia ella deteniéndose en la puerta del gran jardín al reconocer a Hans recostado en un gran árbol, donde una vez existió un columpio, inclinó la mirada sintiendo el dolor que Hans vivía y se limitó a ser cómplice de aún más secretos.
Con los ojos cerrados recordando las imágenes de los jóvenes compañeros de su hermana besando su mejilla, Hans intentaba acallar los gritos de su alma – no quiero que nos distanciemos – la voz a Evi junto él lo sorprendió, su mirada pasó rápida por el sensual cuerpo de la mujer en que se había convertido Evi – no puedo más con esto Hans – confesó ella con su cuerpo templando, él la tomó por los hombros con angustia – te amo – murmuro ella, Hans sonrió asintiendo con la cabeza – también te amo mi hermosa florecita – susurró él envolviéndola en sus brazos, ella respondió al cálido abrazo con sus ojos cerrados y pudo escuchar los latidos del corazón de su hermano confundiéndose con los suyos, sonrió ilusionada rompiendo el abrazo, se puso en puntillas uniendo sus labios a los de Hans sintiéndolo corresponder al beso.
Esos pocos segundos en que los labios se unieron, fueron eternos, Hans podía sentir esa dulce inexperiencia y simplemente sentía esos inocentes labios pegados a los suyos, sin embargo, el ensordecedor grito de su conciencia lo hizo retroceder, como si la religiosa y cómplice mirada le hubiese susurrado al oído el pecado que estaba cometiendo – dime que sientes los mismo Hans – suplico ella, Hans sentía su cuerpo templar mirando a su hermana con los ojos llenos de lágrimas y negó con la cabeza – no está bien, somos hermanos de sangre – reprendió él – ¡Hans! – el grito de Gunther los interrumpió y reconocieron a Leopold tras él buscando a Evi – una amiga tuya acaba de llegar – llamó Leopold, Hans corrió hacia la puerta de la cocina para alejarse y salir por allí, mientras Gunther corría tras él.
Antes que Hans pudiera llegar a la salida de la casa esquivando los jóvenes invitados y su familia, Gunther lo detuvo sujetándolo por el codo y éste se lanzó a sus brazos al reconocerlo – estoy maldito padre – susurró Hans en el oído de aquel religioso amigo – mi alma está condenada y me estoy llevando a Evi conmigo – continuó en un doloroso balbuceo, rompió el abrazo tropezando a alguien ignorando que se trataba de Mathis y salió de casa en su auto con miles de recuerdos rondando en su cabeza.
Después de mucho tiempo, Mathis había aceptado acompañar a su padre a la reunión de cumpleaños de la hija de su amigo y mientras su padre saludaba a Leopold y Gunther, el golpe recibido por el enceguecido Hans, le hizo poner su mirada sobre Evi entre los invitados; su cuerpo se paralizó por unos segundos recordando esa infantil razón que le llenaba de vergüenza frente a ella y le hizo retroceder más seguro que nunca de estudiar fuera del país para alejarse de su pasado.
Por su parte, Hans conducía sin rumbo y con el alma perturbada - «adoro tu cabello» - recordó a Evi a sus doce años con sus tiernas manos desenredando su largo cabello, se detuvo en una barbería necesitando deshacerse de todo lo que pudiera atarlo a hermosos recuerdos con su hermana.
Por otro lado, sin haber siquiera notado la presencia de Mathis, con su dulce sonrisa, Evi atendía a sus compañeras cuando Hans regresó a la casa; con ese elegante traje gris y ahora el cabello corto que resaltaba sus azules ojos y los varoniles rasgos – te ves muy bien – la voz de Anwen acercándose a Hans hizo que la mirada de la joven brillara aún más sintiendo el pecado susurrar en su alma – gracias Anwen, creo que necesitaba esto – respondió Hans evitando la mirada de su hermana - ¿no le dice mamá? – la susurrante voz malintencionada de su invitada le hizo mirarla de soslayo – sólo es hijo de mi padre – respondió Evi con rabia – entonces es tu medio hermano – quiso aclarar la joven y ella negó girando su mirada a la joven - ¿acaso de la cintura hacia arriba es mi hermano y…? – quiso responder con enfado, sin embargo, Evi sonrió con sus alocados pensamientos rondando en su cabeza - ¿de la cintura hacia abajo no? – concluyó con una diabólica sonrisa mirando a Hans con su nuevo corte que encendió algo más que su alma después de ese primer beso.
Terminada la fiesta, Evi se acercó a Has sonriente, el cuerpo del joven se tensó y ella podía sentir la incomodidad de su hermano al abrazarlo por la cintura como muchas veces lo hacía, pero agobiado por el sentimiento de culpa, Hans salió de la casa sin dar explicaciones, necesitaba de nuevo silenciar los gritos del pecado que, según él, arrastrarían a su hermana al infierno.
De nuevo en la oficina de Gunther, tras el saludo formal y de asegurar el secreto de confesión, Hans movía su pierna con desesperación – no es justo padre – se quejó Hans y el padre suspiró – Dios nos pone pruebas y quizás ésta sea una de ellas – murmuró el sacerdote, Hans lo miró incrédulo – talvez esta prueba sea para que la superen juntos – continuo el religioso, Hans cerró los ojos negando con la cabeza, no se sentía en condiciones de estar junto a su hermana sin dejar de sentir todo lo que ella le despertaba, ahora, no se trataba sólo de ese mágico sentimiento en su corazón; el haberla visto con ese ajustado vestido lila que resaltaba la sensual figura de la mujer en la que se había convertido y ese beso en la cómplice sombra de aquel árbol donde muchas veces él la columpiaba, despertó las sensaciones de su piel; Hans sacudió la cabeza dispuesto a mantenerse alejado de ella – esta prueba es mía y salvaré a Evi – respondió Hans, se despidió y salió hacia su casa.
Aun cuando los hermanos querían que todo pareciera normal en casa, los regresos de la escuela eran silenciosos – ¿jugamos? – pregunto ella en un murmullo, él negó con la cabeza evitando la mirada de su hermana simulando que todo estaba bien; Hans había sacado el balón de la bodega para evitar esa excusa que, sin notarlo, ambos usaban para ese disimulado contacto físico.
El tiempo pasaba en la familia Richter Davies, ante los ojos de Anwen, todo era normal, sin embargo, sintiendo que algo no estaba bien con sus hijos, Leopold llego a la oficina y sin avisar, entró a la oficina de su socio y amigo, encontrándolo en una situación comprometedora con la hermosa joven, mucho menor que él, hija de uno de los empleados que extrañamente se había convertido en socio – lo siento, no quise interrumpir – se disculpó Leopold avergonzado intentando salir de nuevo, pero la mujer lo detuvo – yo ya me iba – se despidió ella pasando por él y Leopold cerró la puerta con seguro tras su salida – hasta donde sé, ella es sólo dos años mayor que Mathis – murmuró Leopold, Adal tragó en seco y suspiró – sólo pasó – respondió Adal en un susurro y ocupo su lugar en su escritorio – quiero casarme con ella – confesó el elegante socio, Leopold cerró unos segundos sus ojos y se sentó frente al escritorio de su amigo – ¿Mathis los sabe? – Adal negó con la cabeza – cumplimos dos años juntos, pero ella simplemente quiere que todo sea un secreto – se quejó él con un suspiro enredado en las palabras – ¿cómo es que Mathis no lo sabe? – interrogo Leopold inquieto. Aquel joven había iniciado sus estudios en Estados Unidos y era Adal quien viajaba a visitarlo - ella no quiere que nadie se entere – confesó Adal entrelazando sus dedos sobre su escritorio - ahora tú lo sabes y la verdad necesitaba contártelo amigo – continuó Adal con una tierna sonrisa en sus labios, Leopold suspiro meneando la cabeza, su preocupación por sus hijos había pasado a segundo plano con la preocupación por su amigo en manos de una mujer que no le inspiraba confianza.
Sin poder interferir en los sentimientos de Adal, Leopold lo escuchaba con atención, con la complicidad de un café, Adal le confesaba a su amigo, lo feliz que era después de muchos años de soledad, tras la muerte de su esposa en el parto; se podía sentir la ilusión de Adal soñando con un futuro junto a ella, hasta que una extraña llamada en el celular de Adal, rompió el idilio – lo siento no te conozco – murmuró Adal atendiendo su llamada - ¿aborto? Debes estar equivocada – los ojos de Leopold se abrieron con preocupación al ver a su amigo levantándose alterado – ya mismo voy – terminó la llamada y corrió a la salida seguido por Leopold quien detuvo a su amigo sujetándolo del brazo al verlo alterado queriendo salir de la cafetería – necesito averiguar algo – espetó Adal liberando el agarre y Leopold ofreció a llevarlo evitando que condujera en el estado de alteración en el que se encontraba.
Siguiendo las indicaciones de la ubicación enviada por la presunta amiga de Clover, la joven amante de Adal, llegaron frente a una gran casa de puertas blancas, donde después de tocar con desesperación, Adal entró sin autorización al ver que la puerta se abría – señor Adal, ella está adentro – confesó una joven notablemente angustiada; sin comprender lo que ocurría, Leopold levantó la mirada a una puerta que dio paso a lo que parecía un médico con la bata de cirugía manchada de sangre, Adal lo empujó entrando al lugar seguido de su amigo, encontrando a Clover inconsciente sobre la camilla cubierta con la sabana manchada de sangre y sin dudarlo, el elegante hombre la levantó en sus brazos llevándola al auto conducido por Leopold hacia la clínica donde trabaja Anwen como ginecoobstetra.
Tras una larga espera, el parte médico no era alentador, buscando que nadie se enterara de su embarazo, Clover había recurrido a un lugar clandestino para practicarse un aborto – perforaron su útero – explicó Anwen, Adal cerró sus ojos dejándose caer en la silla del pasillo – yo haría todo por ella – susurró él decepcionado – ella fue la razón por la que le vendiste el cinco por ciento de tus acciones a su padre – comentó Leopold con esa inquietud rondando en su mente desde que aquel hombre se había convertido en socio y desde que descubrió la relación de su amigo con esa mujer - Adal cerró sus ojos y negó con la cabeza – era un regalo por ella – confesó Adal con notable vergüenza en su mirada, Leopold abrazó a su amigo y minutos después se despidió de su esposa que terminado su trabajo, regresaría a casa dándole privacidad a los amigos.
En el frio pasillo, mientras esperaban que la joven amante de Adal despertara, los amigos caminaron a la cafetería, donde Adal, no pudo callar más lo que su novia le había prohibido confesar – la conocí en una reunión de la empresa – murmuró Adal revolviendo su café - su padre es uno de los químicos que trabajan en el laboratorio – continuo, sin levantar la mirada a su amigo frene a él – ella se acercó a mí, estudiaba contabilidad y ofreció sus servicios para la empresa – Leopold suspiro levantando las cejas, ella también había querido acercarse a él, pero Leopold la había rechazado seguro que traería problemas para la compañía – empezó a ser tan especial conmigo y sin darme cuenta me enamore – susurró Adal con una dolorosa sonrisa, Leopold cerró los ojos unos segundos – ella decía que no quería que nadie se enterara porque no quería que pensaran que era interesada – Leopold apretó su mandíbula al reconocer la ingenuidad de su amigo - cuando cumplimos nuestro primer año, ella llegó alterada al restaurante donde celebraríamos, su padre debía mucho dinero y perderían la casa – Leopold resoplo – supongo que pagaste el crédito – interrumpió Leopold, Adal negó con la cabeza – le quería regalar a ella el cinco por ciento de mis acciones, pero ella me pidió que los pasara a nombre de su padre para que pudiera hacer un crédito y pagar sus deudas – confesó Adal, Leopold asintió con la cabeza.
Con el alma notablemente herida, Adal no levantaba la mirada, sentía vergüenza negándose a imaginar que esa mujer lo había usado – siempre me pregunté cómo ese hombre pudo convencerte de venderle acciones – confeso Leopold sonriendo, Adal inclino la mirada – Adal, tú y yo hemos sido amigos desde hace mucho tiempo, hemos pasado por mucho, huimos juntos de nuestro pasado – murmuró Leopold – te conozco y jamás te juzgaré – continuo Leopold poniendo su mano en el hombro de su amigo – sé que la amas, pero… - Leopold detuvo sus palabras al encontrarse con la triste mirada de su amigo - ¿crees que ella te ama? – inquirió Leopold, Adal suspiró inclinando la mirada, sonrió asintiendo con la cabeza, Leopold suspiró frunciendo sus labios – quizás tenía miedo de lo que pudiera decir su padre por el embarazo – respondió Adal seguro que se estaba mintiendo a sí mismo, Leopold asintió con la cabeza reconociendo a su amigo enceguecido de amor.
Por su parte, habiendo llegado de la universidad en su último año, Hans buscaba en el comedor a su hermana, pese a que hacía mucho ella había dejado de esperarlo, él miraba el lugar recordándola sentada con el sándwich que ella le preparaba con dedicación – hola hijo – saludo Anwen tras él, Hans la miró aún con su elegante ropa y frunció el ceño – acompáñame a comer algo, estoy cansada – invito ella, él la siguió aún extrañado y preguntó por su padre, sintiendo celos por su madrastra fuera de casa a esa hora de la noche – está en la clínica con Adal, una… amiga suya tuvo un accidente – explicó la mujer omitiendo esa verdad de la que había sido testigo y Hans asintió – tengo una oferta para hacer mi practica en una firma de abogados – informó él, la mujer sonrió feliz levantándose a abrazar a su hijastro y él sonrió – creo que al final terminare mi carrera para que por fin papá se sienta orgulloso – continuó Hans, ella negó con la cabeza – tu papá y yo, estamos muy orgullosos de ti – confeso ella, él asintió con la cabeza incrédulo y el celular de Anwen con la llamada de Leopold interrumpió el momento; sin querer escuchar la conversación, Hans caminó a su habitación pasando por la habitación de Evi acariciando la puerta con disimulo.
Con el ingreso de Adal a la habitación de su joven novia, Leopold llamó a su esposa, sin embargo, no pudo hablar mucho tiempo al ver a su amigo salir nerviosos – vamos, ella no quiere que esté aquí cuando llegue su padre – confeso Adal, Leopold resoplo y siguió a su amigo al auto, aún no era el momento de decirle lo que pensaba de la joven oportunista.
Con la recuperación de Clover, regresó a su puesto de trabajo en la oficina de contabilidad de la empresa, donde Adal debía esperarla, porque no le permitió visitarla en la clínica.
Preocupado por Adal y su futuro, Leopold se acercó a él al verlo llegar a su oficina – le propuse matrimonio ayer – confeso Adal, Leopold suspiro con frustración ocupando la silla frente al escritorio de su amigo – conseguí un apartamento porque me dijo que su padre la saco de casa – continuo él, Leopold negó con la cabeza y él apoyó sus codos en su escritorio – no te preocupes, no soy un idiota, el apartamento está a mi nombre – Leopold sonrió inclinando la mirada – ahora lo sé, no me ama, nunca me amo – continuo Adal con nostalgia en la mirada – extraño a mi hijo – susurró Adal pasando sus manos por su rostro, Leopold frunció el ceño extrañado con el comentario y éste confesó que pese a su excelente rendimiento académico, estaba teniendo una desordenada vida social, huyendo de compromisos, sin intenciones de estabilizarse sentimentalmente con nadie – es joven, supongo que simplemente quiere disfrutar su juventud – excuso Leopold y Adal asintió con la cabeza – ¿Evi es así? – inquirió Adal y Leopold levantó la mirada sorprendido – digo, ella es solo uno o dos años menor que Mathis – Leopold negó con la cabeza enfadado, Adal se disculpó – sabes perfectamente como son mis hijos – reprendió Leopold y Adal se disculpó de nuevo.
Por otro lado, tranquilo con sus responsabilidades en la firma de abogados y con sus compromisos académicos en el último semestre, Hans pasaba el menor tiempo posible en casa, usando parte de sus fines de semana encerrándose en la oficina de Gunther a estudiar; donde preocupado por el comentario de Adal con esa verdad que estaba viviendo Mathis en estados unidos, y desconociendo la verdad que encerraba la ausencia de su hijo, Leopold acudió preocupado a su consejero espiritual – tienes que confiar más en tu hijo, es un buen muchacho – aconsejo el religioso a su amigo después de exponer su preocupación por la distancia que había puesto en su casa, por su bajo rendimiento académico y por su escaso sentido de compromiso - no conozco su novia o sus amigos, Evi no sabe nada de él, no sé dónde va todos los fines de semana, esta mañana salió temprano y estoy seguro que su oficina no trabaja los sábados en la tarde – se quejó Leopold y Gunther suspiró, hizo una seña con su cabeza para que lo siguiera hasta su despacho donde desde la ventana se podía ver a Hans con su portátil y un libro sobre el escritorio - ¿porque? – preguntó Leopold inquieto – tiene todo en casa, un estudio con los libros que necesite, computador, tranquilidad, todo – reprochó Leopold, Gunther inclino la mirada con el peso de esa verdad que atormentaba a los hermanos al sentirse cerca – lo único importante, es que tienes un gran muchacho en tu familia, dispuesto a sacrificar mucho por todos – explicó el religioso apartándose de la ventana seguido por su amigo.
Mientras Hans terminaba su carrera, Evi avanzaba rápidamente en la suya, al igual que su hermano buscaba mantenerse ocupada para distraer esos sentimientos que la atormentaban, por lo que sin importar el semestre académico que cursara, matriculaba materias de semestres avanzados llenando todo su tiempo de responsabilidades que la alejaban de Hans y de esos pecaminosos sentimientos que también llenaban su piel.