DANIEL
—Madre, te he dicho millones de veces que no necesito una novia para presumir ante la sociedad, mi vida privada me corresponde a mí y no a los demás —me quejó por la bocina de mi celular.
—Ya es hora de que sientes cabeza hijo, tu padre tiene un ojo puesto en ti sobre eso —pronuncia —eso te ayudará a conservar tu lugar en la empresa, él lo ha dicho.
Dudo de eso, hasta ahora mi padre seguía siendo el CEO de la compañía Crawford, no quería pasarme el cargo porque no confiaba del todo en mí. Y ella estaba haciendo de todo para que consiguiera una novia, y así de esa forma mostrarle a mi padre que en verdad estoy tomando en serio mi vida.
A mi padre lo único que le importa son los negocios, que se llegue a enterar de que su hijo se ha follado una gran parte de las mujeres que habitan en Londres, eso solo ayudara a perjudicar más mi reputación delante de él, y no quería eso.
—Debo cortar la llamada, el avión está por despegar —el hecho era más que nada para no estar escuchando lo mismo de siempre.
Me cansa oír que a mi edad ya debo estar casado y con hijos, que no entiendan que todavía no estoy listo para dar ese paso, o quizás nunca lo esté.
Luego de finalizar la llamada me puse a contestar unos mensajes en mi correo electrónico, cosas relacionadas con la empresa. Me llevo la sorpresa cuando veo unas solicitudes de amistad de una página de citas, lo que me faltaba.
Mi madre había invadió toda mi privacidad. Ahora tiene a su poder mis cuentas y contraseñas de los correos y podía hacer uso de ellas las veces quisiera. Por más que las cambie vuelve a irrumpir mi vida privada.
Me gustaba mucho más Manhattan, no podía decir que Londres no era bello, pero no había nada mejor como regresar a casa.
Diez años fuera del país y de la familia, aunque no del todo porque ellos solían visitarme, más mi madre. Ahora volvía a mi sitio, deje un poco de mí allá, pero no importaba eso, aquí comenzaría de nuevo.
Me tuve que ver obligado a viajar porque mi padre había insistido que volviera a casa. No tengo idea de que está ocurriendo, espero no haya enfermado. Mi madre no me quiso decir que estaba pasando, solamente me apuro.
La casa de mis padres aparece a la vista cuando desciende el auto entre las redondas colinas verdes. La mansión Crawford, es muy grande para las dos personas que habitan ese lugar. Aunque el sitio esté arrebatado de empleados domésticos, aún sigue habiendo demasiado espacio de sobra.
Por más que les he dicho a mis padres que la vendan y se compren algo menos ostentoso, para mi madre es como un insulto hacerle ese tipo de comentario o sugerencia, ama el lujo y está acostumbrada a vivir de esa manera.
Bajo del auto en cuanto el chófer de mi madre se detiene en la entrada.
—Déjalo así, yo la tomo —le digo al hombre cuando va al maletero y trata de sacar mi equipaje.
Lo tomo y me dirijo a la puerta principal, antes de llamar, se abre y sale Josefina, el ama de llaves y la única persona que aguanta a mi madre, aparte de mi padre.
—Joven Daniel, ha llegado, es un gusto enorme volverlo a ver—me recibe con una gran sonrisa.
—Fina, aún después de treinta años sigues llamándome joven, para ti soy Daniel, aparte lo joven ya no va conmigo —la abrazo —A mí también me da un gusto enorme verte.
—Disculpe —dice apartándose, con una sonrisa apenada —Y no diga eso que todavía sigue siendo joven, apenas acaba de cumplir treinta años.
—Pues yo ya me siento viejo —sonrío, no me molesta admitirlo.
—Te estás poniendo viejo y se te está yendo el tren si no te consigues una novia pronto —aparece mi madre, de pie en el umbral de la puerta, con sus ojos fijos en mí.
Suspiró con pesadez y Fina rueda los ojos, algo inusual en ella, pero se gana mi atención y suelto una risa. No sé cómo la aguanta.
Amo a mi madre, pero es insoportable en algunas ocasiones.
—Que buena bienvenida, madre. Para ver sabido que me ibas a recibir de esta manera mejor me hubiera ido directamente a mi apartamento.
—Daniel —pronuncia mi nombre en modo severo.
Me acerco a ella y la rodeo con mis brazos después de dejar mi equipaje en el suelo.
—Yo también te extrañé madre —la alzó un poco mientras la sigo abrazando.
—Bájame, Danny, harás que caiga —dice entre risas, pero al igual abrazándome.
Sé que le agrada que sea así con ella. Mi madre ama la atención y más la de mi padre, la de mi hermano y mía.
Una vez que sus pies regresan al suelo, entramos a su modesta casa. Jala de mí hasta la sala. Sin parar de hablar de cosas que no le tomo mucha atención, pues solo habla de citas, chicas que ni en mi vida he escuchado sus nombres y sobre el tema de mi pequeño hermano, del cual siempre se queja. Se hace tarde y me levanto para irme.
—¿A dónde vas? —inquiero, al mismo tiempo que se puso de pie.
—A casa, a mi apartamento.
—No te puedes ir aún, deberías quedarte unos días o tan solo esta noche.
—Madre, sabes que prefiero mi privacidad, y eso aquí nunca lo tendré.
Ella sabe a lo que me refiero, también me acostumbre a estar lejos de toda la familia y amistades que sigo conservado en esta ciudad.
—Solamente por hoy —insiste —Al menos hasta que tu padre hablé contigo, hay algo muy importante que debe decirte.
Suspiró. Había olvidado eso.
Al final decido pasar la noche en la mansión Crawford, puesto que mi padre llegaba tarde hoy y hasta mañana temprano tendríamos nuestra charla familiar.
Miro el techo de mi antigua habitación por un momento luego de abrir los ojos, mientras pienso. ¿Qué es eso tan fundamental que mi padre debe hablar conmigo el día de hoy?
Finalmente, me levanto y voy al baño, y luego camino hacia la ventana para abrir las pesadas cortinas. Apenas está aclarado y una neblina blanca se cierne sobre los prados.
A esta hora sueño salir a correr y hacer otros tipos de ejercicios, podría hacerlo en el gimnasio que hay aquí en la mansión, sé que siguen conservándolo por petición de mi pequeño hermano Acher
Una hora y media me tomo en el gimnasio, usando la cinta de correr y la máquina de polea para ejercitar los brazos. En Londres solía salir todos los días a las cinco de la mañana a correr, este lugar también es agradable para tomarse unos minutos ejercitándose, más aquí entre las colinas, pero hoy decidí darle el tiempo al gimnasio, recordando viejos hábitos.
Tomo una ducha rápida y ya vestido bajo a la planta baja, dónde ya se encuentra mi familia reunida y esperándome.
En cuanto Acher me ve se levantan de su asiento e inmediatamente se acerca a mí con sus brazos abiertos.
—Hermano —dice, lo recibo de la misma manera —Que alegría tenerte otra vez aquí.
Nos saludamos con un gran abrazo de hermanos. A pesar de haberlo visto el mes pasado cuando estuvo de visita en Londres, lo extrañaba. Nuestra relación de hermanos es muy cómoda y llena de confianza. El pequeño revoltoso es una de las pocas personas que significan mucho para mí.
—Padre —digo en modo de saludo al acercarme, me siento del lado izquierdo de él.
Madre está a su derecha y Acher toma asiento junto a ella, quedando ambos enfrente de mí. Padre está en la cabecera de la gran mesa de roble fino color hueso.
—Es bueno tenerte aquí de nuevo —asiente hacia mí.
Anthony Crawford, es un hombre serio, severo, recto, con todo mundo, hasta con sus hijos. Nunca he recibido una atención cariñosa de su parte, ni cuando fui un niño, por supuesto que ahora no espero eso, pero mínimo quería ver algo de alegría en su rostro por mi regreso. Sin embargo, no pasó, él nunca mostrá nada, solo su enojo cuando algo le molesta.
Comemos en silencio por unos largos minutos. Al parecer algo malo había paso con Acher, quizás algunas de sus locas aventuras lo pusieron en riesgo nuevamente y nuestro padre está vez fue más severo con él.
Ninguno de los dos se miran ni se hablan, Acher todo el tiempo está con su mirada baja en su plato y mi padre fingiendo estar concentrado solamente en su comida mientras come y bebe. Más tarde hablaré con mi hermano y le preguntaré que está pasando entre ellos.
—Tony —la voz de mi madre robar la atención de su esposo —Ya es hora que le digas, será más tarde y deben estar en la empresa antes de las ocho y media.
Mi padre se aclara la garganta y se toma su tiempo, luego fija sus ojos verdes idénticos a los míos sobre mí.
—He decido darme un tiempo, hoy será mi último día como el CEO de Crawford Inter. Len —anuncia.
—¿Cómo? No estoy entendiendo —digo sorprendido —¿Quién estará a cargo de la presidencia? La compañía no pude quedarse sin un jefe en la cabeza.
—Y no ocurrirá eso. Por eso es que ya elegí quien se quedará en mi puesta.
Mi hermano y yo nos vemos, él me sonríe. Acher es demasiado joven y más para quedar a cargo para un puesto como ese, y el comportamiento rebelde e irresponsable de mi hermano menor, hace que este muy lejos de tomar un lugar en las empresas Crawford.
—Espero no sea el tío Willy —suelto sin más da.
Willy es el primo hermano de mi padre, trabaja como jefe de las redes públicas, se encarga de los proveedores, los tratos con otras empresas y la cadena de tiendas que distribuyen nuestra mercancía que es la lencería de mujer y hombre. Es una de las industrias más grandes del país, pues exportamos a todos lados del mundo en millones de establecimientos y también ventas atrevés de internet en la mayoría de las web de ropa más reconocidas.
—No, él tiene su puesto y seguirá siendo ese mismo, al igual que el de Fabián —nombra al hijo de Willy, mi primo y con el que tengo una relación amistosa desde niños.
—Sigo sin entender.
—No hay mucho que entender, solo debes esforzarte más y trabajar el doble que antes, más que cuando lo hacías en Londres —me informa, y elevo mis cejas con sorpresa —Tú serás mi remplazo en la presidencia.
Si no fuera por el respaldo del asiento me iría hacia atrás por el impacto que ocasionaron su palabra en mí. No me esperaba eso, no considere que mi padre me elegiría a mí, tantas cosas que me había dicho antes, lo decepcionado que estaba de mí y lo inmaduro que creía que era. Pero al final se ha dado cuenta de que no necesito casarme y tener una familia para poder ser alguien responsable, y dejarme al frente de la compañía.
No me lo esperaba, no obstante había soñado mucho con este momento y hoy se estaba cumpliendo. Hoy me iba a presentar como el nuevo CEO de las empresas Crawford.
AUDREY
—¿Escucharte lo que están diciendo por ahí? —dice en tono bajo Maggi cuando se coloca junto a mi escritorio.
—No, no sé, y no me interesa —le digo, tratando de no sonar grosera.
—Pues debería importarte, porque es sobre el jefe.
Dejo de escribir en el teclado de mi ordenador, me bajo un poco los anteojos y fijo mi mirada en ella.
—¿Del jefe? —inquiero.
Ella asiente de inmediato.
—Si, se dice que dejara la empresa y que su hijo Daniel será el nuevo CEO. Yo que tú me preocuparía.
—¿Por qué debería?
—¿No es obvio? —gira los ojos mientras hace un ademán con su mano —Si cambian de jefe en la presidencia, eso quiere decir que también lo harán con su secretaria. Escuché hablando Fernando, el encargado de recursos, con Yani, la otra recepcionista, sobre algo de un remplazo.
¡¿Qué?! No me podían reemplazar, ¿o sí? No, no podía pasar eso, llevo casi cinco años trabajando para esta empresa. Debo aceptar que fue duro entrar a trabajar aquí, pero con un buen currículum detallado y limpio, pude conseguir mi puesto en la presidencia desde el día que pise este lugar.
Mi trabajo es mi vida, es todo lo que tengo y a lo único que le he dedicado todo mi tiempo, no pueden echarme así como así y mucho menos sin darme una explicación. Espero que todo lo que se hable por allí, solo sean rumores, solo eso y nada más.
No deseo continuar con esta charla, así que le hago saber a Maggi lo muy ocupada que me encuentro en este momento, claro, omitiendo sus chismes.
—Lo siento Maggi, tengo mucho trabajo por hacer —me coloco bien los anteojos, y regreso mi atención a mi ordenador para continuar con lo que deje a medias.
Bloqueó todo a mi alrededor y solamente me concentro en mi trabajo, como normalmente siempre lo hago cuando no quiero que nadie me moleste.
La mañana se va en asuntos de la junta y otros pendientes que tenía que organizar y tener listos antes de que los jefes de la empresa se reunieran en la sala de juntas. En un momento a otro la mañana se fue deprisa, la reunión salió bien como siempre y una vez termino pude ir por fin a comer algo a la cafetería. Mi amiga ya estaba esperándome allí.
Sentada en una de las mesas al fondo la noté cuando entre a la cafetería. El lugar no es pequeño, tiene un buen espacio con varias mesas y sillas en el centro del salón y algunas otras pegas a los ventanales largos que este edificio resalta más por esa peculiar estructura.
—Ya era hora —protesta mi amiga cuando me acerco a la mesa —Tuve que pedir por ambas si no no alcanzamos a comer.
—Bien —digo, luego de sentarme en la silla frente a ella —Esto se ve…
—¿Delicioso? —cuestiona con una sonrisa —Lo es, te va a gustar.
—Si tú lo dices… —fuerzo una sonrisa mientras miro la escasa ensalada: unos trozos de lechuga, unos cuántos pequeños jitomates, zanahoria rayada, y algo morado que no sé qué sea —Nel, esto… —me callo un segundo, meneó el redondo jitomate con el tenedor mientras sigo viendo mi comida saludable —Necesito reponer energías y esto no ayudará a hacerlo, definitivamente, no me llenará.
—No se trata de que te llene, sino de que te nutra mientras te alimentas.
—Pero es que…
—Pero nada, tú come. Si ya después sientes que necesitas comer algo más, me dices, y yo te consigo un batido delicioso elaborado con muchas proteínas y minerales que necesitas para tu rendimiento elaborar —me guiña el ojo.
Ya hasta parece comercial de televisión con ese discurso absurdo. En cualquier momento me desmayaré o tal vez muera después de eso, mientras no pase enfrente de mi jefe. Al final terminaré desmayada y despedida.
Que frustrante quedarse con hambre luego de haber comido, se siente como si no hubiera ingerido ningún alimento. Termino mi escasa ensalada, Nelly pide dos batidos de plátano y fresa, muy rico, de eso no me puedo quejar, pero me deja todavía con el hueco en el estómago.
Para olvidarme del asunto y no estar pensando que todavía tengo hambre, le saco el tema del cambio de jefe en la presidencia.
—¿Has sabido algo sobre la partida del señor Anthony?
—¿Sobre su partida? —responde con una pregunta —¿Por qué debo saberlo yo? Tú eres su secretaria.
—¿Entonces no te han llegado los rumores? —pregunto sorprendida.
Esta mujer está igual que Maggi, tal vez no tanto, pero está como los periódicos, siempre tiene la nota principal antes de medio día. A veces le digo que se equivocó de empleo y que mejor debería trabajar en una prensa de chismes.
—¿Sobre Daniel? —arquea una ceja.
Ahí vamos otra vez a lo mismo, nunca pierde el momento para decir lo guapo que esta y el gran partido de hombre que es, que todas lo desean y quisieran ser esa mujer afortunada y estar a su lado como su novia, prometida y hasta esposa.
—No exactamente, me refiero a la salida de mi jefe, dicen que se irá y ya no regresará a trabajar como el CEO de la compañía, ¿sabes tú algo?
Se queda unos segúndos en silencio, como si estuviera recordando algo. Una sonrisa aparece en sus labios.
—Por eso digo que se trata de Daniel —giro los ojos, está mujer, no se cansa de nombrarlo —No me mires así —se queja y me señala —Cuando lo conozcas me darás la razón.
—No me interesa conocerlo, ni saber nada de él, solo quiero conservar mi empleo y que el señor Anthony no se marche, nunca podré tener un mejor jefe como él.
Eso es cierto. Aunque me preocupa perder mi empleo, lo que más me tiene inquieta es su partida, si es que es verdad lo que Maggi me dijo antes.
No sé porqué demonios le hago caso a los rumores, nunca lo he hecho y ahora esto me está agobiando mucho, necesito distraer mi mente y no estar pensando en eso, pero es imposible, mi trabajo es muy importante para mí.