Esa noche, Valeria se encontraba sentada en el sofá de su pequeño apartamento, con su laptop frente a ella y una taza de té enfriándose en la mesa. La lluvia seguía cayendo con fuerza, tamborileando contra los ventanales y acompañando el torbellino de pensamientos que llenaban su mente. Justo como Damián Ferreira había prometido, un correo electrónico había llegado a su bandeja de entrada unas horas después de su encuentro. El asunto simplemente decía: "Propuesta Contractual".
Abrió el mensaje con cautela, su corazón latiendo un poco más rápido de lo que le gustaría admitir. El cuerpo del correo era breve, pero contenía un archivo adjunto titulado "Contrato de Matrimonio". Sus dedos vacilaron sobre el mouse antes de hacer clic para abrirlo.
El documento era extenso, como había esperado. Las primeras páginas estaban llenas de lenguaje legal que explicaba los términos generales del acuerdo: duración de un año, obligaciones mutuas y estricta confidencialidad. Pero a medida que avanzaba, los detalles comenzaban a destacar.
En resumen, ella tendría que actuar como la esposa de Damián en todos los aspectos públicos. Asistiría a eventos sociales, lo acompañaría en reuniones importantes y viviría en su residencia principal durante el periodo del contrato. A cambio, él le proporcionaría una suma generosa de dinero, acceso a recursos ilimitados para sus investigaciones y, lo más importante, protección total.
Lo que más le llamó la atención fue la cláusula que especificaba que, al término del contrato, ambos podrían disolver el acuerdo sin consecuencias legales ni vínculos adicionales. También había una lista de condiciones inusuales que debía cumplir: no revelar el verdadero propósito del matrimonio, mantener una imagen de pareja ideal frente a los medios y no interferir en los negocios internos de Damián.
Mientras leía, Valeria no podía evitar preguntarse qué tipo de hombre necesitaba llegar a estos extremos. Las palabras de él durante su encuentro resonaban en su cabeza: "Estabilidad. Imagen. Y tiempo." Algo grande estaba en juego, algo que él no le había contado del todo.
-Es una locura,- murmuró para sí misma, cerrando la laptop con un suspiro. Pero incluso mientras lo decía, sabía que parte de ella estaba considerando seriamente aceptar.
La mañana siguiente, Valeria despertó con un mensaje de texto de un número desconocido: "Nos vemos esta noche a las 8:00 p.m. en el restaurante Le Ciel. Es hora de discutir los términos. D.F."
Era conciso, directo, y dejaba claro que no aceptaría una negativa tan fácilmente. Valeria apretó los labios, sintiéndose atrapada entre la curiosidad y la cautela. Sabía que este tipo de situaciones nunca terminaban siendo simples.
Cuando llegó a Le Ciel esa noche, el ambiente contrastaba completamente con el café modesto donde habían tenido su primer encuentro. Las luces suaves iluminaban un espacio de lujo refinado, con candelabros de cristal y mesas impecablemente decoradas. Damián ya estaba allí, esperándola en una mesa cerca de un ventanal que ofrecía una vista espectacular de la ciudad. Su silla de ruedas era discreta, casi una extensión de su presencia, pero no podía pasar desapercibida para Valeria ahora que era consciente de su uso.
-Puntual. Me gusta eso,-dijo él mientras ella se sentaba frente a él. Su tono era cortés, pero había un dejo de impaciencia en sus ojos.
-Y yo prefiero saber exactamente en qué me estoy metiendo antes de comprometerme,-replicó ella, colocando su bolso en el respaldo de la silla. Damián sonrió, como si apreciara su actitud directa.
Un camarero apareció con una botella de vino que Damián había elegido previamente. Mientras servía las copas, el magnate no perdió tiempo.
-Leíste el contrato. Asumo que tienes preguntas.
Valeria se inclinó ligeramente hacia adelante, entrelazando las manos sobre la mesa.
-Tengo muchas, pero empezaré con lo obvio. ¿Por qué yo? Podrías haber elegido a alguien con experiencia en este tipo de arreglos.
-Precisamente por eso no quise hacerlo. No necesito a alguien que vea esto como una transacción fría. Necesito a alguien genuino, alguien que no solo siga las reglas del acuerdo, sino que también proyecte una imagen real. Y tú, Valeria, tienes algo que la mayoría de las personas en mi mundo no tienen: credibilidad.
Ella se quedó en silencio por un momento, procesando sus palabras. Era un cumplido, pero también una manipulación evidente. Él estaba jugando sus cartas con habilidad, y Valeria sabía que necesitaría estar alerta.
-Y ¿qué pasa si descubro algo durante este año que no me gusta? Algo que podría poner en peligro mi integridad.
Damián la miró fijamente, sus ojos oscuros penetrantes.
-Tienes mi palabra de que nunca te pediré que hagas algo que comprometa tus principios. Pero también debes entender que mi mundo es complejo. Habárá cosas que no te gustarán, y habrá cosas que no podré explicarte del todo. Si eso es algo con lo que no puedes vivir, este no es el acuerdo para ti.
El silencio que siguió fue interrumpido solo por el sonido de la lluvia golpeando las ventanas. Valeria sostenió su copa de vino, mirándolo con atención. Él era un hombre lleno de contradicciones: directo pero reservado, poderoso pero vulnerable.
-Acepto discutir los términos finales,-dijo finalmente, aunque su voz era cautelosa.
La sonrisa de Damián fue apenas perceptible, pero había un brillo en sus ojos que sugería satisfacción. Había logrado llevarla un paso más cerca de su objetivo.
Horas más tarde, Valeria caminaba por las calles desiertas de la ciudad, su mente inundada de pensamientos contradictorios. Había mucho que ganar, pero también mucho que perder. Mientras cruzaba un parque casi desierto, sintió una extraña sensación de que la estaban observando. Miró sobre su hombro, pero no vio a nadie. Aún así, apresuró el paso, sintiéndose inexplicablemente inquieta.
Cuando finalmente llegó a su apartamento, se aseguró de que la puerta estuviera bien cerrada antes de exhalar un suspiro profundo. La sensación de ser observada aún la acompañaba, pero intentó atribuirlo a los nervios. Mientras dejaba su bolso sobre el sofá y encendía una lámpara, no pudo evitar mirar por la ventana, buscando algo que ni siquiera sabía definir.
Valeria despertó temprano la mañana siguiente, con la firme resolución de abordar el asunto con claridad y sin dudas. Pasó la mayor parte del día revisando una y otra vez el contrato que Damián le había enviado, anotando preguntas y comentarios en los márgenes. Cada cláusula estaba escrita con una precisión casi quirúrgica, dejando poco espacio para malentendidos. Sin embargo, hubo una en particular que captó su atención: la estipulación de "contacto físico limitado".
Cuando llegó la hora de la reunión con Damián, Valeria se encontró nuevamente frente a las puertas de cristal de la empresa Ferreira Corp. Un asistente la guió hasta una sala de juntas en el piso superior, donde Damián ya la esperaba. Su presencia, como siempre, dominaba la habitación. La silla de ruedas estaba estacionada junto a una de las esquinas de la mesa, y sobre ella reposaban documentos organizados meticulosamente.
-Puntual otra vez. Estoy impresionado,-dijo Damián, con un tono que rozaba la cordialidad.
-Me gusta saber exactamente en qué estoy metida antes de comprometerme,-replicó ella, sentándose frente a él.
Damián asintió y deslizando un bolígrafo hacia ella, indicó el contrato que estaba sobre la mesa.
-Hablemos de tus inquietudes.
Valeria abrió su carpeta y sacó su lista de notas. Pasó los primeros minutos abordando detalles menores: horarios, logística y algunos tecnicismos legales. Pero finalmente llegó al punto que había estado esperando.
-Quiero discutir la cláusula sobre contacto físico,-dijo, sosteniendo su mirada.
Damián alzó una ceja, pero no pareció sorprendido. En lugar de responder de inmediato, cruzó las manos sobre la mesa y la observó, como evaluando cómo proceder.
-Especifica.
Valeria respiró hondo antes de continuar.
-La cláusula establece que habrá "límites estrictos respecto al contacto físico". Quiero saber exactamente qué significa eso. No es solo una cuestión de comodidad; quiero asegurarme de que estamos en la misma página.
-Significa,-comenzó Damián, con un tono pausado pero firme, -que este matrimonio es puramente funcional. No habrá contacto físico innecesario ni, mucho menos, intimidad. Si en algún momento la situación social requiere una muestra de afecto, como tomarse de las manos o un beso en la mejilla, se hará exclusivamente para mantener las apariencias. Fuera de eso, nuestras vidas privadas seguirán separadas.
Valeria asintió lentamente, dejando que sus palabras se asentaran. Había esperado esa respuesta, pero escucharla de él directamente le daba una tranquilidad que no había anticipado.
-Y si alguna de las partes viola esa cláusula, ¿cuáles serán las consecuencias?-preguntó, con una ceja ligeramente levantada.
Damián sonrió apenas, como si apreciara su tenacidad.
-Hablar de consecuencias en un acuerdo como este es innecesario si ambas partes respetan los términos. Pero para tu tranquilidad, cualquier violación de esa naturaleza invalidaría el contrato y pondría fin al acuerdo inmediatamente.
Valeria notó la firmeza en su voz, lo que dejaba claro que no estaba jugando. Había pensado en todo, y no tenía intención de dejar lugar a malentendidos. Con eso aclarado, pasaron al resto de las cláusulas, abordando temas como la convivencia y las expectativas públicas.
-Tendremos habitaciones separadas en mi residencia. Compartiremos tiempo en eventos sociales, pero fuera de eso, puedes llevar tu rutina habitual siempre que informes a mi asistente con antelación,-explicó Damián.
La formalidad de todo el acuerdo seguía dejándola atónita. No había ningún dejo de romanticismo, ninguna insinuación de algo que pudiera malinterpretarse. Para él, esto era un negocio, y Valeria se dio cuenta de que tendría que tratarlo como tal.
Cuando finalmente terminaron de revisar el contrato, Damián la miró con intensidad.
-¿Hay algo más que te preocupe?
Valeria negó con la cabeza, aunque aún había muchas preguntas que prefería guardar para más adelante. Por ahora, necesitaba tiempo para procesar todo.
-Creo que hemos cubierto todo. ¿Cuándo se espera que firme?-preguntó.
Damián deslizó un bolígrafo hacia ella, pero no la presionó.
-Tómate el tiempo que necesites. Pero cuanto antes firmemos, antes podremos empezar a trabajar en los detalles públicos.
Valeria guardó el contrato en su carpeta y se levantó, lista para irse. Sin embargo, antes de que pudiera salir por la puerta, Damián habló nuevamente.
-Valeria, una última cosa. Esto no es solo un acuerdo para mí. Es una manera de proteger lo que he construido. Si decides aceptar, quiero que sepas que no me gusta fallar. Ni a mí mismo ni a quienes trabajan conmigo.
Había algo en su tono que la hizo detenerse. No era una amenaza, pero tampoco era una simple declaración. Era un recordatorio de que este hombre estaba acostumbrado a tener el control, y esperaba lo mismo de todos a su alrededor.
Valeria asintió, sin decir nada, y salió de la sala de juntas. Mientras caminaba hacia el ascensor, no pudo evitar sentirse atrapada en una red de expectativas y secretos que apenas comenzaba a comprender.