—Por cierto, su madre me entregó esto —saco la cadena que me dio la mujer antes de morir. Es una cadena con un anillo de oro y junto a este se encuentra un hermoso medallón con forma de corazón adornado con pequeños diamantes los cuales forman una “K”. Le tiendo la cadena, él la toma y puedo ver un poco de dolor en sus ojos, después me jala nuevamente del brazo, esto ya me está molestando no me gusta que me haga eso.
—Dice mi jefe que si la señora Katherina le dijo algo más —exige en un tono apremiante idéntico al de su jefe.
—Sí, dijo algo como “Per favore, prenditi cura del mio bambino” (por favor cuida de mi hijo) —miro al padre del pequeño y veo como asiente con la cabeza—. Bien, creo que eso es todo, ahora debo irme. —Y sin mirar atrás corro por un pequeño callejón, mientras escucho gritos a mi espalda. Logro correr cerca de cinco metros, cuando siento cómo alguien me alcanza y pone un trapo húmedo sobre mi nariz y boca. Pataleo desesperada para no respirar, pero me es imposible y siento mi cuerpo pesado al igual que mis párpados.
Massimo Carluccio
No dejo de sorpréndeme al ver a la misma mujer que vi hace dos días, la primera vez que la vi no pude dejar de mirarla hasta que desapareció de mi vista, quedé prendado de su belleza y sentí la necesidad de mandar seguirla para saber más de ella, sin embargo, al final me arrepentí ya que las mujeres son las que me buscan a mí.
Justo hoy llegué a pensar que esta chica era la causante del asesinato de Katherina, al verla correr con mi hijo en brazos me inundó un odio que nunca había llegado a sentir en todos estos años, pero cuando me di cuenta de que en realidad estaba protegiendo a Alexandre todo ese odio se convirtió en gratitud ya que arriesgó su propia vida por la de mi hijo.
Vamos rumbo a mi casa en Liguria. Génova. Tuve que dejar inconsciente a esta mujer para poder subirla a mi camioneta e irnos de Orvieto. Son aproximadamente cuatro horas de viaje y que esté dormida me deja tiempo de revisar entre sus pertenencias.
Encuentro su celular y tomando su mano lo desbloqueo, veo un video que estaba grabando esta misma tarde y puedo ver todo lo ocurrido con la muerte de Katherina. Esta mujer fue tan tonta de seguir grabando sin darse cuenta pero gracias a ello me doy cuenta de que la madre de mi hijo le dijo en su último aliento “D'ora in poi sarai sua madre” (de ahora en adelante tú serás su madre).
Llegamos por la noche a mi mansión, bajo con mi hijo en brazos, el cual sigue dormido, y se lo entrego a mi ama de llaves mientras me regreso para bajar a esta mujer y llevarla a su habitación. Cuando la acomodo en la cama, veo que está por despertar y pido que le tapen nuevamente el rostro con un trapo húmedo. No quiero que despierte hasta mañana temprano. Aún tengo muchas cosas que procesar sobre lo ocurrido y no tengo tiempo para discutir con ella nuevamente.
Salgo de su habitación y la encierro con llave, me dirijo a la habitación donde está mi hijo. Lo está revisando mi doctor personal y por lo que me dice sé que esta mujer lo cuido muy bien durante el tiempo que estuvo con él. Lo tomo en brazos y comienza a llorar buscando a su madre, pero ¿cómo se le explica a un bebé de seis meses que su madre está muerta?
Pietro, mi mano derecha, me sugiere que lo lleve a dormir con esta mujer y tal vez así se calme un poco. No estoy muy convencido; sin embargo, accedo y, para mi sorpresa, Alexandre se acurruca junto a ella, la abraza y, después de un rato, se queda dormido.
Lilibeth
Despierto en una habitación que no reconozco, me duele mucho la cabeza y el rayo de luz que entra por la enorme ventana me lastima demasiado y no logro enfocar bien. Dirijo mi vista de un lado a otro y no puedo recordar cómo llegué hasta aquí, solo recuerdo que salí corriendo, dejando atrás a todos esos hombres cuando alguien cubrió mi rostro con un paño húmedo y de ahí ya no recuerdo más.
Me levanto rápido y me dirijo a la puerta, la cual está abierta. Salgo, pero no encuentro a nadie. Esto me provoca miedo, ¿quién puede secuestrar a alguien para luego dejarlo deambular por ahí?
Bajo las escaleras y veo frente a mí una puerta enorme de madera, salgo corriendo y me paro en seco cuando veo en el jardín como veinte hombres todos armados, pero como no me detienen trato de correr hacia la salida principal cuando escucho que gritan mi nombre en un acento raro, me giro rápidamente y veo al mismo hombre de ayer.
—Lili…beth.
—Lo siento, pero debo irme; mis padres deben de estar muy preocupados —miento esperando que no se dé cuenta de cómo me falla la voz—. Espero que el bebé esté bien. —No espero a que diga algo más y sigo mi camino corriendo. Cuando consigo llegar a la reja, suelto un suspiro de alivio. Lo bueno es que nadie me persigue, por lo que decido girar a la derecha y corro aún más rápido.
No he corrido ni cuatro metros cuando frente a mi sale este hombre rodeado de todos sus hombres apuntándome con sus armas. Volteo y veo que me han cerrado el otro lado, igual con una cantidad infinita de hombres que me sería imposible escapar de ellos, sin darme cuenta lo tengo frente a mí y me carga sobre su hombro como si fuese un costal de papas y mis cincuenta y cinco kilos no fuesen nada para él.
—¡Bájame maldito infeliz! ¿Quién te crees que eres? —pataleo tan fuerte como puedo y golpeo su musculosa espalda con mis pequeños puños; volvemos a entrar a su propiedad y escucho cómo cierran esa reja que me separa de mi libertad.
»¡Eres un canalla! ¿Cómo te atreves a secuestrarme?, ¡Te exijo que me bajes! —grito y le doy un golpe a la altura de sus riñones; siento cómo se le escapa el aire y enseguida siento cómo me da un fuerte golpe en el trasero, haciendo que me arda de dolor.
—Dice mi jefe que deje de golpearlo o cada golpe que usted le dé, él se lo regresará como hace un momento —responde uno de sus hombres y creo suponer que se trata del mismo que hacía de intérprete el día anterior.
—A mí nadie me amenaza. —Y vuelvo a arremeter con mis golpes a lo que él, enseguida, me da otros dos golpes en mi trasero haciendo que se me salga una pequeña lágrima de dolor, pero sobre todo de coraje. Cuando dejo de golpearlo, entramos a la habitación que abandoné hace un momento y me avienta sobre la cama. Rápidamente me alejo de él y me pego a la pared mientras que él me ignora y sale de la habitación, no sin antes lanzarme una mirada gélida y cerrar la puerta con llave.
Me acerco y trato de abrir la puerta sin éxito. Comienzo por gritar, pero nadie me abre. Las lágrimas amenazan con volver a salir y duro tanto tiempo llorando que no me doy cuenta y caigo rendida por el cansancio.
Cuando despierto estoy sobre la cama y ya es bastante tarde, pero lo que en verdad me despertó fueron unas manitas tocando mi cara y cuando veo al dueño de ese cuerpecito, me doy cuenta de que es el bebé de ayer. Él me sonríe y eso hace que mi corazón se alegre un poco al verlo mejor que ayer, mientras lo abrazo le doy unos besos en su carita lo cual lo hace reír aún más fuerte y pegarse más a mí.
Massimo
Veo como esta mujer toma a mi hijo y sé que Katherina no se equivocó en dejarlo al cuidado de ella. Está tan contenta jugando con él que no ha reparado en mi presencia, carraspeo y veo como sus ojos por fin reparan en mí. Puedo notar su mirada llena de odio y me vuelve a ignorar concentrándose en Alexandre.
Tocan a la puerta y entra una de las sirvientas con una bandeja llena de comida, pedí que le trajeran de todo un poco ya que tiene bastantes horas sin comer y no quiero que enferme, deja la bandeja en la mesita y le ordeno que se retire, cuando entra Pietro, le pido que haga de intérprete con esta mujer y que le pida que coma.
—Dice el señor Massimo que, por favor, coma algo; ya está lista su comida.
—Pues dile a tu señor que no tengo hambre y no pienso comer nada. Quiero salir de aquí; no me puede mantener encerrada todo el tiempo —en cuanto me informan lo que acaba de decir, me levanto de la silla en la que estaba, me acerco a ella y le arrebato a Alexandre.
Mando llamar a una de las mujeres del servicio para entregarle a mi hijo y nos quedamos solo Pietro, esta mujer y yo. La jalo del brazo, no importa cómo, pero la obligare a comer. La arrastro hasta la mesita donde reposa la bandeja con comida, pero para lo pequeña y débil que es, consigue zafarse de mi agarre y tira la bandeja al piso.
—Te dije que no pienso comer nada en esta maldita casa, prefiero morir de hambre antes que seguir aquí —me escupe en la cara y siento como mi ira va en aumento, nunca ninguna mujer se había atrevido a hacerle esto al gran Massimo.
—Como deseé, pero será usted la que sufrirá hasta mañana que esté el desayuno —le informa Pietro, mientras tomo su cara con mi mano y aprieto tan fuerte que siento que en cualquier momento le romperé su mandíbula. Después la levanto tan fácilmente y la aviento a su cama, doy media vuelta y la encierro.
Puedo escuchar cómo corre para tratar de detenerme, pero le es imposible y comienza a golpear la puerta. Esta mujer me exaspera, pero no puedo evitar sentir una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo cada vez que tengo oportunidad de tocarla. Nunca había sentido un deseo tan desenfrenado por alguna mujer como lo siento por ella.
Lilibeth
Al día siguiente me despierta una de las mujeres del servicio y me informa que la ducha está lista, al igual que mi muda de ropa, algo que agradezco enormemente, ya tenía varios días sin poderme duchar. Cuando termino de arreglarme, vuelve a regresar esta mujer para decirme que debo bajar a desayunar, ya que ahí me espera Alexandre —así es como se llama el pequeño, por fin pude averiguar su nombre—. Bajo y, en el comedor, efectivamente, está el pequeño. Me acerco rápidamente a él y me regala una enorme sonrisa.
—Hermoso, ¡te extrañé mucho! —le doy muchos besitos y me siento junto a él. La mujer que lo está alimentando me pregunta si deseo desayunar algo, pero solo le pido un vaso con agua, después de terminar mi vaso con agua me sirven el desayuno y es cuando entra ese enfermo que me tiene encerrada, me levanto en cuanto él se sienta a la mesa. No quiero estar en el mismo lugar que este ser despreciable.
—Quédese a desayunar son órdenes de mi jefe —me informa su hombre. Lo ignoro y estoy por salir del comedor cuando Alexandre comienza a llorar al ver que estoy por dejarlo solo. Me regreso, lo tomo en mis brazos y salimos de ahí, dejando a su padre con cara de quererme matar.