Capítulo 2

Algo me dice en italiano, pero yo no le entiendo y le explico que solo hablo en inglés y español. Uno de sus hombres hace de traductor todo el tiempo, me exigen que le entregue al bebé que tengo en mis brazos y que les explique qué hago yo con él, sin previo aviso el hombre se acerca a mí y trata de arrebatarme al pequeño de mis brazos, pero yo me aferro a él como si mi vida dependiera de ello.

—Por favor, no le haga daño. ¡Él es inocente! —le pido mientras más lágrimas brotan de mis ojos. Entonces su hombre le traduce lo que le he dicho y me responde.

—Dice mi jefe que por favor nos entregue al bebé; él es el padre del pequeño y hemos estado buscándolo desde que nos enteramos del accidente —me sorprende que diga esto, pero aun así no puedo fiarme de su palabra.

—¿Cómo puedo saber si no me está mintiendo? No puedo entregárselo hasta que me demuestre que él es su padre —después de hablar con su jefe y este gritar exasperado, me jala del brazo y, me muestra una foto en su móvil del pequeño y en efecto, puedo notar que es él mismo bebé que tengo en mis brazos y se ve bastante feliz en los brazos de su padre.

—Está bien, se los entregaré —jalo mi brazo y por fin este hombre me suelta, pero me ha agarrado tan fuerte que estoy segura de que mañana tendré un moretón donde me estuvo apretando, levanto un poco la chamarra y estoy a punto de entregárselo cuando me doy cuenta de que el pequeño tiene su mano enganchada tan fuerte en mi suéter que me es imposible abrir su manita, ahora puedo ver que se parece al cavernícola de su padre—. Por favor, señor, ¿puede extender uno de sus dedos? —cuando le informan lo que acabo de pedir, me mira con mala cara e ignora lo que acabo de decir.

»Vamos que no le voy a morder el dedo, es solo para que el pequeño pueda tomar su dedo y dejé mi suéter —digo exasperada por la actitud de este hombre, termino de decirle eso y acto seguido extiende su mano, la tomo y poco a poco acerco su enorme dedo a la manita del bebé que duerme plácidamente en mis brazos, después de un rato toma el dedo de su padre y me suelta, ya cuando lo tiene en sus brazos me mira con ojos como platos y algo les grita a sus hombres, sigo la dirección de su mirada y me doy cuenta de que mira mi suéter beige manchado de sangre.

—El bebé no está herido; es la sangre de su madre. Ya lo revisé y él está bien. Será mejor que no lo destape, ya que está dormido y hace mucho frío en este momento. Puede provocarle un resfriado —se lo explico para que deje de alarmar a sus hombres.

Mientras tanto, saco mi suéter por la cabeza —debido a que no deseo andar por las calles con una mancha de sangre, eso sería aterrador— y al momento me arrepiento, porque solo traigo una blusa muy fina y ajustada, tomo el suéter y lo tiro a un bote de basura que se encuentra cerca, en todo momento sus hombres y él no me quitan la vista de encima, temiendo que traiga una bomba debajo del suéter, tomo de mi mochila una cuellera y la pongo sobre mi cuerpo para cubrirme un poco del aire helado.

Capítulo 3

—Por cierto, su madre me entregó esto —saco la cadena que me dio la mujer antes de morir. Es una cadena con un anillo de oro y junto a este se encuentra un hermoso medallón con forma de corazón adornado con pequeños diamantes los cuales forman una “K”. Le tiendo la cadena, él la toma y puedo ver un poco de dolor en sus ojos, después me jala nuevamente del brazo, esto ya me está molestando no me gusta que me haga eso.

—Dice mi jefe que si la señora Katherina le dijo algo más —exige en un tono apremiante idéntico al de su jefe.

—Sí, dijo algo como “Per favore, prenditi cura del mio bambino” (por favor cuida de mi hijo) —miro al padre del pequeño y veo como asiente con la cabeza—. Bien, creo que eso es todo, ahora debo irme. —Y sin mirar atrás corro por un pequeño callejón, mientras escucho gritos a mi espalda. Logro correr cerca de cinco metros, cuando siento cómo alguien me alcanza y pone un trapo húmedo sobre mi nariz y boca. Pataleo desesperada para no respirar, pero me es imposible y siento mi cuerpo pesado al igual que mis párpados.

Massimo Carluccio

No dejo de sorpréndeme al ver a la misma mujer que vi hace dos días, la primera vez que la vi no pude dejar de mirarla hasta que desapareció de mi vista, quedé prendado de su belleza y sentí la necesidad de mandar seguirla para saber más de ella, sin embargo, al final me arrepentí ya que las mujeres son las que me buscan a mí.

Justo hoy llegué a pensar que esta chica era la causante del asesinato de Katherina, al verla correr con mi hijo en brazos me inundó un odio que nunca había llegado a sentir en todos estos años, pero cuando me di cuenta de que en realidad estaba protegiendo a Alexandre todo ese odio se convirtió en gratitud ya que arriesgó su propia vida por la de mi hijo.

Vamos rumbo a mi casa en Liguria. Génova. Tuve que dejar inconsciente a esta mujer para poder subirla a mi camioneta e irnos de Orvieto. Son aproximadamente cuatro horas de viaje y que esté dormida me deja tiempo de revisar entre sus pertenencias.

Encuentro su celular y tomando su mano lo desbloqueo, veo un video que estaba grabando esta misma tarde y puedo ver todo lo ocurrido con la muerte de Katherina. Esta mujer fue tan tonta de seguir grabando sin darse cuenta pero gracias a ello me doy cuenta de que la madre de mi hijo le dijo en su último aliento “D'ora in poi sarai sua madre” (de ahora en adelante tú serás su madre).

Llegamos por la noche a mi mansión, bajo con mi hijo en brazos, el cual sigue dormido, y se lo entrego a mi ama de llaves mientras me regreso para bajar a esta mujer y llevarla a su habitación. Cuando la acomodo en la cama, veo que está por despertar y pido que le tapen nuevamente el rostro con un trapo húmedo. No quiero que despierte hasta mañana temprano. Aún tengo muchas cosas que procesar sobre lo ocurrido y no tengo tiempo para discutir con ella nuevamente.

Salgo de su habitación y la encierro con llave, me dirijo a la habitación donde está mi hijo. Lo está revisando mi doctor personal y por lo que me dice sé que esta mujer lo cuido muy bien durante el tiempo que estuvo con él. Lo tomo en brazos y comienza a llorar buscando a su madre, pero ¿cómo se le explica a un bebé de seis meses que su madre está muerta?

Pietro, mi mano derecha, me sugiere que lo lleve a dormir con esta mujer y tal vez así se calme un poco. No estoy muy convencido; sin embargo, accedo y, para mi sorpresa, Alexandre se acurruca junto a ella, la abraza y, después de un rato, se queda dormido.

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