Randy estaba afuera en la recepción espiando, bajó poco después que ellos bajaran de la limosina y se dirigieran hasta el elevador para subir a la habitación. Esperó en la recepción mientras llegaba el botones nuevamente para interrogarlo y preguntarle en qué piso estaban las personas a quienes había guiado, con la excusa que estaba preocupada por su hermanastra y quería comentárselo, prometiendo irse apenas expresara su inquietud. El botones le dijo que lo sentía, pero que si quería esperar por su hermanastra podía llamar a su habitación para hablar con ella, ya que no podía subir por el ascensor si no estaba alojada en el hotel. Ella se ofendió, sin embargo, admitió que entendía y no había problema alguno, confesando que le dejaría un mensaje en la recepción antes de marcharse. El guía asintió y se fue, dejando la tarjeta en la recepción. Randy se da cuenta de ello y se dirige hasta la recepcionista informándole que, si podía averiguarle algún sitio de salud porque se sentía mal, la mujer que atendía muy amablemente le dijo que si y enseguida empezó a investigar centros de salud cercanos para que la asistieran.
En un descuido de la recepcionista, Randy robó la tarjeta de la habitación donde estaban hospedados Gerald y Samantha, pidiéndole que le indicara dónde estaba el baño porque tenía muchas náuseas. La señorita le señaló donde se encontraba y ella caminó en la dirección sugerida, pero en una vuelta rápida se dirigió al ascensor y subió para llevar a cabo la segunda parte de su plan.
Dentro de la suite, Gerald le quitó lentamente la ropa a Samantha, haciéndola sentir deseada y amada pero sorprendida a la vez, a pesar de disfrutarlo, mostró un poco de timidez. Hacía mucho tiempo no se sentía así, nunca llego a experimentar esa sensación con su exnovio Michael, él no la complacía y hacía sentir bien como mujer. Gerald disfrutaba de su compañía y de su aroma, a pesar de no estar tan consciente de ello, la sensación estaba allí, se tumbaron en el lecho y con cierta delicadeza al besarla y tocarla, hicieron el amor. La acarició y besó con pasión, lo estaban disfrutando, a él le gustaba y a ella le encantaba, tanto así que Randy podía escuchar los gemidos producto del placer fuera de la habitación.
Randy lloraba de la rabia y pasaba por su mente entrar a la habitación y matar a Samantha, pero no se sentía segura del todo, así que decidió esperar hasta que se durmieran para entrar sigilosamente y drogar a su hermanastra hasta matarla de una sobredosis, si era posible. Esperó un par de horas mientras cesaba el ruido. Todo estaba en absoluto silencio, se quitó los zapatos de tacón y entró a la habitación con sigilo, abrió la puerta muy lentamente y se dio cuenta que la luz del baño estaba encendida, asumiendo que alguno de los dos estaba allí dentro. Randy entró en pánico, pensó que era el CEO que estaba despierto, pero resultó ser, que no. Se asomó al lecho y lo vio tendido boca arriba, casi parecía desmayado, no se movía. Escuchó la puerta del baño abrirse y se escondió entre los muebles, asustada.
Samantha había disfrutado el haber tenido intimidad con Gerald, pero a pesar de ello, sintió pánico y vergüenza. Prefirió marcharse. Luego de haber dormido una hora junto a él, y caer en cuenta que había tenido sexo casual, una parte de sí misma se arrepintió porque lo que había hecho no era propio de ella. Este sentimiento que la abarcó, le hizo levantarse del lecho, en la que aún reposaba Gerald. Fue al tocador a lavarse y vestirse para finalmente marcharse del hotel.
Antes de salir de la habitación le dejó una breve nota, con la esperanza de volverlo a ver.
'Gracias por esta noche, Gerald White. La pasé muy bien contigo, a pesar de no saber mucho de ti me gustaste desde el momento que te vi, cuando ni siquiera te habías dado cuenta de que estaba allí observándote. Pude notar que tuviste un día malo, tal vez por eso quisiste embriagarte. Pude llenarme de valor para acercarme a ti a hablar y por fin conocerte. Quizás no me recuerdes cuando despiertes, pero me atrevo decir que me enamoraría de ti y por eso te dejo esta nota, pareces ser un buen hombre, exitoso y honesto en el amor. Me hiciste sentir amada de verdad, espero conocerte sobria y que podamos conocernos de verdad, atentamente, Samantha Keane".
Estas fueron las palabras que había dejado Samantha en aquella carta seguido de su contacto de teléfono, una firma y un beso para sellar.
Salió de la habitación y enseguida Randy dejó su escondite, visualizó que el hombre seguía acostado en el lecho, aun sin ánimos de despertarse y aprovechó de acercarse para leer la carta que estaba junto a él. Enseguida se le ocurre ocultarla, se desnudó acostándose a su lado. Ya sabía su nombre, ahora solo quedaba hacerse pasar por la mujer con quien él había tenido ese encuentro carnal, lleno de lujuria. Se sintió feliz de haber tomado el control de la situación, aunque las cosas no se hayan dado tal como lo esperaba, estaba iracunda porque Samantha se había acostado con él y ella no. Juró que eso no quedaría así, se vengaría más adelante, pero mientras tanto sería paciente y llevaría a cabo su nuevo plan.
Salió el sol y Gerald despertó, Randy le dio un beso en la boca de buenos días, pero él, sorprendido y con un terrible dolor de cabeza, se preguntó dónde estaba, no recordaba casi nada de lo que ocurrió, lo que sí recordaba era lo bien que se sentía, mas no a la chica que lo acompañaba.
¬- ¿Quién eres? Discúlpame si cometí algún error contigo. – dijo sentándose en el lecho.
-No te preocupes, la pasé excelente junto a ti. Gracias por esa gran noche, tenía tiempo sin sentirme tan amada y querida. – contestó con una sonrisa en su rostro.
- No puedo creer qué fue lo que paso anoche, estaba en el bar y luego que me llamaran de la oficina para darme malas noticias con respecto a un negocio, despierto aquí. Aunque admito que la pasé increíble también, me disculpo ante ti, no estaba consciente de lo que estaba haciendo.
- No te preocupes Gerald, yo tampoco sabía lo que hacía, pero si me das la oportunidad podemos saber lo que hagamos más adelante. – dijo insinuándose.
- Discúlpeme, señorita.
- Randy Cooper, ese es mi nombre.
- Señorita Randy, eres hermosa y atractiva, pero estoy confundido de lo que pasó anoche y a pesar de que mi mente estaba nublada, no sé por qué tengo la impresión de que estuve con otra chica.
Ella, por su molestia interna, empezó a llorar por las palabras emitidas por Gerald, pensando que caería en su trampa, a ningún hombre le gusta ver a una mujer llorar. Éste, a su vez, la consuela.
-Perdóname, no quise ofenderte, solo me siento muy confundido y no quisiera enrollar más las cosas. ¿Podemos ser amigos?
Gerald vio que Randy había sido muy simpática con él y no quería dejarla con el corazón roto. A pesar de ello, Randy se negaba a ser su amiga.
-Me enamoré de ti desde que te vi, desde el principio. Cuando te vi en aquel bar sin que tú te dieras cuenta. Me acerqué a ti porque noté que no estabas teniendo un buen día y quise hacerte sentir mejor. - Le dijo exactamente las mismas palabras que le había escrito Samantha.
A pesar de que a Gerald le conmovieron sus palabras, se dirigió al baño a ducharse y pensar en lo que había ocurrido.
-Discúlpame, me iré pronto. Hablaremos en otro momento.
Samantha ya había salido del hotel sin que casi nadie se diera cuenta, caminó hasta la parada de autobús para regresar al pueblo, a casa con su abuela, sabía que estaría preocupada por no avisar donde estaba así que la llamó prometiéndole explicarle bien cuando llegara, que la disculpara y que no se preocupara, pero que estaba bien y se sentía feliz pero avergonzada por lo que había hecho. Su abuela angustiada la perdona, esperando ansiosa su regreso. Mientras iba en el autobús de camino al pueblo, Samantha por primera vez sentía que había hecho algo divertido y fuera de lo convencional, pero no se sentía orgullosa de ello, lo justificaba el hecho que sentía haberse enamorado de aquel hombre que la miraba y tocaba con emoción, casi anhelando volver a contactarse y pasar otra noche junto a él. Aunque se hacía ilusiones estaba consiente que quizás había sido cosa de una sola noche y ya, al cabo de unos minutos, recibió un mensaje de Gerald.
"Hola Samantha, perdóname, pero no quiero verte nunca más, tengo esposa y tú solo fuiste un placer más. No me busques ni te acerques a mí, odio lo que pasó anoche, así que olvídame y sácame de tu vida".
Enseguida Samantha al leer semejantes líneas empezó a llorar, no podía creer lo inocente que era y lo malvado que podían ser los hombres, se preguntaba si era un karma que estaba pagando o alguna maldición, pero por qué tenía que pasar por tanto sufrimiento, qué hizo ella de malo para que la trataran así, qué hizo mal para que Gerald le escribiera así, de esa forma. Luego de secarse las lágrimas se dormitó por un par de minutos en el autobús para calmarse hasta llegar a casa de su abuela, donde al llegar, la recibió con un abrazo cálido, pero a la vez impresionada de ver que su nieta había llorado.
-Hace un momento te escuché hablar con alegría, y ahora llegas con lágrimas en el rostro.
Samantha le explicó todo lo ocurrido para que comprendiera.
En la habitación del hotel, poco tiempo después de que Gerald le dijera a Randy lo que sentía y se encerrara en el baño, ella, llena de impotencia y furia aprovechó el momento para agarrar su teléfono y escribirle a Samantha haciéndose pasar por él. Si Gerald no era de ella no podía ser de nadie. Al instante, salió de la habitación sin despedirse cariñosamente y sin más nada qué decir.
Randy estalló como bomba, en llanto y furiosa, sin lograr su objetivo porque lo que planificó no había funcionado. Sin embargo, se sentía bien porque Samantha no tendría más contacto con él, sabía que Gerald dudaba de haber estado con ella, quizás al besarlo pudo notar que no eran los mismos labios sino los de otra chica que no recordaba, decidió contarle todo a su madre e idearse otra artimaña para conquistarlo. Ya Samantha estaba fuera del juego. Randy ideó miles de planes con la mamá durante varios meses para llevarlos a cabo y que alguno funcionara, hasta que un día, espiando a su hermanastra, descubrió algo que la estremeció.
Samantha estaba embarazada, quedó atónita con lo que descubrió, no era posible lo que sus ojos habían visto, ya tenía varios meses de embarazo, se le notaba su vientre ya expandido, faltaba poco para dar a luz. La única persona de quien pudiera estar embarazada era de Gerald, no podía ser de nadie más, ya la conocía muy bien y sabía que no estaría con más ningún hombre después de lo ocurrido. En ese momento, se le ocurrió algo macabro que llevaría a cabo sí o sí, se sintió amenazada por ello, no podía permitir que Samantha apareciera de nuevo en la vida de Gerald, así que decidió esperar hasta el día del parto.
Samantha nunca habló con Gerald después del mensaje recibido, ella no lo buscó más, por razones obvias, a pesar de haber estado embarazada de él. Le guardaba cierto rencor y no podía soportar el hecho de regresar a conversar con él después de lo humillada que se sintió, al menos hasta que naciera su hijo para que lo presentara bajo su apellido.
Llegó el día del parto, Samantha era presa de los nervios y el dolor. Rompió fuente mientras hacía algunas compras en el supermercado, su abuela estaba con ella. Lograron auxiliarla y llevarla en ambulancia al centro de salud más cercano. El doctor y las enfermeras del hospital la calmaron dándole ánimos diciendo que todo estará bien, que no se preocupará, pues ya el dolor acabaría y verá la luz de sus ojos nacer.
Después de una breve espera, ya en la camilla, pujó, gritó y lloró, apretando las manos de las ayudantes que se encontraban a su lado, hasta que por fin escuchó el llanto de su bebé. A sus oídos llegó el sonido alegría y felicidad, fue algo único que experimentó, una vida había salido de ella y no la iba a defraudar.
-¡Es una niña! - le dice el doctor.
Impresionada por saber que era niña, ya teniéndola en sus brazos, rompió en llanto y juró no decepcionarla nunca. La protegería y guiaría para que tuviera una vida mucho mejor que la su ahora madre. Su abuela, feliz al saber que tenía una nieta la felicitó, era la única que estaba con ella en el hospital, nunca le comentó a su padre sobre el embarazo, no sintió la necesidad.
-Se llamará Connie. – mencionó sonriendo.
-¡Es un nombre hermoso! – dijo su abuela.
Se despidió de ella, dando por seguro que regresaría en la mañana para llevarle algunas mantas, pañales, entre otras cosas, y de acuerdo a como se sintiera, volverían juntas a casa a comenzar una nueva vida.
Los doctores se llevaron a la niña para colocarla en la incubadora donde la pequeña se quedó dormida y a su vez Samantha en su camilla. Después de una hora de sueño reparador despertó, llevándose una sorpresa, al fijarse que la bebé no estaba en la incubadora. Desesperada, salió de la habitación preguntando dónde estaba Connie, lastimosamente no había casi nadie en el hospital. Eran altas horas de la noche y al ver que nadie la ayudaba en su búsqueda, salió corriendo a la calle a ver si alguien la llevaba consigo. A toda prisa, aún con el cuerpo adolorido, buscó a su hija bajo el frio de la noche y la lluvia, cuando de pronto se encontró en medio de la calle, viendo a todos lados, desamparada. Sin advertir que venía en su dirección un auto a gran velocidad la arrolló, tumbándola en el asfalto húmedo. Relinchó el sonido de los neumáticos debido al impacto, pero el conductor no se detuvo, dejándola tirada, siguiendo de largo. El estruendo del choque alertó a los pocos enfermeros que estaban en el hospital y salieron a ver qué había ocurrido. Enseguida, volvieron a internar a Samantha en el hospital donde la sedan y atienden sus múltiples heridas.
Despertó confundida y desorientada sin saber quién era ella o por qué estaba en el hospital, los enfermeros le notificaron a la abuela lo ocurrido, provocando una reacción de preocupación y culpa en ella, por haberla dejado sola. Sale de casa a toda velocidad al hospital nuevamente, para encontrarse con su nieta y solventar los problemas. Iba por la carretera, con el limpia parabrisas en funcionamiento, cuando de pronto impacta contra otro vehículo que aceleró estando la luz del semáforo en rojo. Dos accidentes la misma noche cambiaría el curso de la vida de Samantha.
La abuela quedó casi inconsciente, la llevaron a otro hospital, y en el ínterin solo mencionaba el nombre de Samantha Keane, mientras que su nieta se encontraba fuera del hospital desorientada y con múltiples heridas. Había escapado, tal vez el instinto maternal obligó a irse sin siquiera saber que era madre o dónde vivía. Las múltiples contusiones en su cabeza hicieron que perdiera la memoria y no recordara nada, la policía la encontró sola en la calle, vistiendo una bata de paciente y enseguida la llevan al hospital donde estaba su abuela, que previamente había reportado su incidente, donde por fin la identificaron, encontrándose con ella.
- ¿Samantha? ¿Por qué estás aquí cubierta de sangre? – logró decir con un hilito de voz.
-No sé quién soy o qué pasó. ¬– contestó mirándola a los ojos sin expresión alguna.
La abuela, como pudo, le explicó que había tenido un bebé, pero lo había perdido. Ella, sin entender bien, malinterpretó lo que había querido decirle.
-Te amo, mi nietecita-
Estas fueron sus últimas palabras, antes de desmayarse. Los médicos la atendieron a la brevedad, pero fue en vano, el accidente la había afectado al punto de quedar totalmente en parálisis y estado vegetal. Aquella noche trágica, Samantha olvidó que alguna vez tuvo un hijo y lo perdió. Pues empezaba una vida de cero con una abuela que no recordaba y una vida que no conocía, era como si ella realmente era la que había nacido.
Después de aquella tragedia, Randy estaba informada de todo, averiguó si de verdad Samantha estaba muerta y que había pasado con ella, tenía a la niña entre sus brazos.
-Eres mi boleto al éxito pequeña e inocente niñita. - exclama con una sonrisa de maldad.
Había llevado a cabo su plan, pero de un golpe de suerte sale mucho mejor de lo que esperaba, su hermanastra no estaba muerta, sin embargo, había perdido la conciencia, no estaría más en la vida de Gerald, y mejor aún, su abuela que podía ser la única testigo de que tenía un hijo había quedado en estado vegetal, su padre no sabía nada, la única que estaba enterada de todo era su hermanastra Randy y su madrastra.
El padre de Samantha se enteró del accidente que tuvieron su hija y la abuela, así que decidió ir al hospital con su amada esposa a ver cómo se encontraban.
Al llegar al hospital, preguntó por sus familiares y se le acercó el doctor que atendió a los recién heridos para notificarle el estado de salud de cada uno, se dirigió dónde estaban internadas y observó a sus familiares en cama. Samantha estaba dormida y herida, tenía moretones y rota la cabeza, la abuela estaba conectada a tubos de oxígeno e intravenosas, pegados a varios aparatos que medían su estado de salud. Era lo único que la mantenía viva. Si se desconectaban moriría al instante. Samantha despertó y vio a su padre llorando sin imaginar que él es su progenitor, él se fija que ella lo está viendo desorientada.
- ¿Quién eres? - preguntó.
- ¿No recuerdas nada?
El padre de Samantha se sintió culpable por todo lo que había pasado, por cómo había desterrado a su hija y no estar presente en su vida, nunca la apoyó y ahora en un momento de tragedia la perdió, el recuerdo que tuvo ella de su padre ya no estaban presentes en su memoria, él tenía dos opciones, podía empezar de nuevo también y ayudar a su hija, o hacerse el desatendido que siempre fue, la segunda opción lo hizo reflexionar lo mal padre que fue, a pesar de ello, él no podía regresar en el tiempo, decidió contarle a Samantha la verdad, quién había sido él y solo esperaba que lo perdonara.
-Soy tu padre, hija. Perdóname por todo lo que pasó algún día, perdón también a tu abuela, a quien le dejé la responsabilidad de cuidarte, te desterré cuando eras una niña por tu mal comportamiento hacia mi esposa y tu hermanastra, no espero que me perdones, pero te pido que algún día me des otra oportunidad.
Su madrastra presente también ante todos los hechos, sabía exactamente lo que había pasado, decidió no decir ni una sola palabra, se le notaba el desprecio que le tenía a Samantha, ella se fijó que la estaba viendo aquella mujer con deseos de muerte, no podía creer que tenía una madrastra que no sintiera o expresara emoción de compasión ante ella, quien estaba confundida y sin recuerdos, se sintió sola en el mundo a excepción de que apenas estaba conociendo a su padre, sin comprender bien porqué había sido el motivo de su destierro, «¿tan mala persona fui?» se preguntaba a sí misma. Pensó que pudo haber hecho cosas graves en su pasado y que de algún modo la vida le estaba permitiendo empezar de nuevo, cosa que era todo lo contrario a la Samantha del pasado.
Le pidió a su madrastra que saliera de la habitación y la dejara a solas con su padre, no podía soportar tanta hipocresía por parte de ella, ya se estaba empezando a conocer y todo lo que sintiera lo iba a decir o simplemente llevar a cabo. La madrastra salió enseguida con cara de molestia.
«Maldita Samantha ¿quién se cree? Le reclamaré a Randy, hubiese sido mejor que la hubiera matado. Algún día me las pagará». Exclamó dentro de su cabeza aquella mujer malvada.
No permitiría de ninguna manera que el padre de Samantha regresara con su hija y este la llevara de vuelta a su casa, así que, como en el pasado, iba a idearse algo para poner a su marido entre su hija o ella. Sin embargo, Samantha no tenía intenciones de regresar con su padre, le pidió que le diera tiempo para ella conocerse a sí misma y que, si ameritaba, ella lo buscaría. Después de escuchar parte de la historia de ella por su padre, entró en reflexión y depresión al mismo tiempo, pero como mujer fuerte de mente y espíritu podía superar la adversidad por sí sola, ya lo había estado antes así que sentía que podía estar bien.
Al darle de alta al hospital, ya estaba lista para cuidar de su abuela, conseguir un empleo y comenzar una vida nueva. En su casa se sentía extrañada de cómo pudo haber sido el día que llegó por primera vez cuando su padre la echó. Como era la persona quien la había criado y más que una abuela era una madre para ella, Samantha al saber que ella fue quien la acobijó sabía que le debía la vida y que haría todo por ella.
Luego de los acontecimientos, Samantha se ocupó de su abuela y de los oficios del hogar, aprendió el arte de la artesanía y se dio cuenta que era buena con sus manos para elaborar productos de cuidado personal, le gustaba mucho cuidar del vivero que tenía su abuela en su casa y disfrutaba percibir el olor de las flores, lavandas, rosas, terreno húmedo, pinos y todas las plantas que se encontraban, simplemente eran exquisitos. Elaboraba jabones, velas aromáticas, cremas hidratantes, todos a base de las plantas que cosechaba, pero en lo que más se especializaba era en la elaboración de perfumes.
Creaba fragancias que la hacían sentir apasionada con la vida, vendía sus productos a pequeños comercios en el pueblo y personas comunes. Aparte de laborar por su cuenta, tenía un trabajo de tiempo completo en una fábrica empaquetando alimentos. Todo su trabajo y esfuerzo no eran suficientes para mantenerse a ella y a su abuela, la mayor parte del dinero estaba destinado a ella, corría con todos los gastos médicos, tratamientos, exámenes y equipos nuevos. No le importaba sacrificarse ella para mantener viva a su abuela, esta se aferraba a la vida, quería que se recuperara un día para darle un fuerte abrazo y agradecerle por haberla criado, pero las posibilidades eran prácticamente nulas.
La salud de su abuela estaba empeorando, cada vez los gastos eran mayores y con los ingresos de la venta de sus productos y de su trabajo en la fábrica no lo podía cubrir todo. Decidió ir a visitar a su padre para pedirle ayuda financiera, así que acudió a una amiga de su abuela para que cuidara de ella ante su ausencia. Samantha había pensado llamarlo antes, pero prefirió hablar personalmente con él.
Tomó un boleto en bus directo al lugar donde vivía su padre para no perder tanto tiempo y regresar con su abuela lo antes posible, al llegar a la casa, tocó la puerta y esperó durante unos minutos. Escuchó unos tacones bajar por las escaleras hasta que se detuvo el sonido, para posteriormente abrir el paso hacia la mansión, su madrastra la recibió con desprecio.
- ¿Qué haces aquí?
- Vine a ver a mi padre, necesito hablar con él.
- No se encuentra y tampoco quiere verte, ¿acaso no tienes dignidad propia? Él te echó una vez y lo hará de nuevo por tu mal comportamiento, quizás no recuerdes nada, pero no me importa.
- No te creo nada, mi padre no podría ser así. - le dice Samantha con los ojos aguados.
- Niña tonta e inocente. - contestó con una risa sarcástica.
-Dime ¿dónde está mi padre?
- ¿Quieres que te diga la verdad? Él está arriba en la habitación escondido, vio cuando venías en camino y me pidió que te atendiera y te dijera que te marcharas, no quiere tener otro lazo familiar contigo, se sintió dolido el día que tuviste el accidente al no perdonarlo, en el pasado fuiste muy mala y de ninguna manera te aceptaré aquí. ¡Largo!
Samantha se dio media vuelta y se retiró del lugar entre lágrimas, las palabras de su madrastra la hirieron y se cuestionó una vez más de quién había sido ella realmente en un pasado. Su madrastra sube a las escaleras nuevamente a atender a su esposo.
- ¿Quién era cariño? - preguntó extrañado.
-Nadie, solo una persona de limpieza que se había equivocado de hogar.
Lo que le dijo su madrastra había sido una mentira, su padre realmente estaba en casa, solo que estaba en el baño de su habitación tomándose una ducha y al aproximarse Samantha se antepuso para salir a recibirla y correrla del lugar, quería vengarse por la vez que ella le pidió que se fuera de su habitación en el hospital, su madrastra no se quedaría con eso y guardó el rencor hasta entonces.
Samantha tomó el bus de regreso a su casa afligida y con el ánimo por el piso, se automotivó para olvidarse de lo sucedido y a no darse por vencida, ella se idearía otro plan.
Por otro lado, Randy estaba felizmente viviendo con Gerald. Al poco tiempo de haber llevado a cabo su plan siniestro, va directo a presentarle su hija ante su legítimo progenitor, ella haciéndose pasar por su verdadera madre, lo engañó, diciéndole que nunca tuvo el valor para decirle que estaba embarazada. El hombre confundido ante aquella sorpresa no tuvo más remedio que hacerle la prueba de ADN, era imposible que algo así haya ocurrido, sin embargo, las pruebas salieron positivas, Gerald era padre de Connie. Sin tener otras opciones se casó finalmente con Randy. Cantó victoria por lo que había logrado, nunca había sentido tanta felicidad junta, había adoptado el apellido de su amor platónico y su vida estaría segura. Al poco tiempo, las cosas entre ellos sufrieron un gran cambio, Randy no se sentía cómoda con la relación. Sentía que su esposo no le dedicaba el tiempo suficiente, no era detallista ni caballeroso con ella, realmente era así, Gerald se casó por obligación y no por amor, no sentía lo mismo que ella, fue un amor no correspondido y eso le afectó a tal punto que empezaron a tener discusiones y conflictos.
Pasados dos años de relación, Randy sin dar explicación alguna, decidió divorciarse de Gerald, quedándose con gran parte de su fortuna, se alejó, abandonándolos a él y a Connie, pues a ella simplemente no le importaba, ya que no había creado ningún vínculo maternal con la niña.