Darién aprovechó la explosión y el pequeño momento de distracción de sus soldados para lograr librarse del agarré de ellos. Una vez lograda la azaña, el joven príncipe rubio le quitó el arma a uno de ellos.
— ¡No me sigan! ¡Si lo hacen disparo! — Dijo atrevidamente el joven príncipe apuntando a su brazo izquierdo con el arma.
Todos entraron en pánico.
Sabían que una pequeña herida en el cuerpo del príncipe heredero sería suficiente para sentenciar sus vidas, ellos no estaban dispuestos a arriesgar, así que se quedaron inmóviles viendo como el joven príncipe seguía amenazando con su bienestar físico.
Fue cuando una voz resonó desdé atrás del príncipe.
Caminaba lentamente hacía ellos mientras hablaba con una voz tranquila y suave, pero a la vez muy segura.
— No es necesario que se vaya a meter en medio de esos disparos y bombardeos su alteza. Ya hemos encontrado a su novia, la joven señorita Ginelly. Venga conmigo y podrá verla.
Darién veía al hombre alto y musculoso, vestido cuidadosamente con el uniforme representativo de la orden privada del Rey Jonathan. Reconoció de inmediato que ese soldado de cabello rubio tan claro que casi parecería blanco y ojos marrones, era uno de los consejeros más cercanos a su padre.
"Si se trata de ese hombre, probablemente no mienta" Pensó el príncipe Darién.
Darién entrego el arma al soldado que pertenecía y se marchó calmadamente siguiendo al consejero Real.
…
Una vez llegaron frente al Rey Jonathan, este sin levantarse de su trono y con un rostro furioso hablo fríamente.
— ¿Por qué te quedaste ahí? ¡Debiste volver de inmediato! ¡Tu vida es prioridad! ¡Eres el príncipe heredero! ¿A caso pretendes renunciar a tus privilegios? ¿Quieres dejar de lado tu título? ¡No eres mi único candidato! Piensa más y no actúes por impulso Darién.
Darién estaba cansado de las charlas y quejas del Rey Jonathan. Sabía que para su padre el nunca daría la talla, nunca sería el candidato perfecto, por qué sabía que él prefería que el título de "príncipe heredero" fuera para su primer hijo adoptivo llamado "Tevyan" el cual acortaban de cariño a "Tevy" era el primer hijo de la madre de Darién, el cual tuvo por accidente con otro hombre antes de su matrimonio con el Rey Jonathan.
Jonathan aceptó no solo a una esposa así; si no que también se encariño a tal grado con el pequeño Tevy, que lo adoptó y le dio su apellido y título de "Príncipe Adoptivo" el Rey veía a ese niño como su primer hijo aunque no lo fuera biológicamente, por lo que cuando nació Darién, quien era su segundo hijo biológico con esa mujer (el primero fue niña) y tomaría el lugar de "príncipe heredero" se enojo muchísimo con su esposa, quien no acepto su petición de "abortar" al bebé ya que después del nacimiento de la princesa, no quería más hijos.
— ¡¿Dónde está Ginelly?! — Preguntó Darién sin siquiera responder a su padre.
No le importaban las preferencias de Jonathan con su primer hijo "Tevy" ni siquiera le interesaba escuchar las quejas y regaños de este. Todo lo que quería y todo lo que pensaba en ese momento era en su amada mujer.
"Ginelly…¡Tienes que estar bien! ¡Tienes que estar sana y salva!"
Eran esos los pensamientos desesperados y llenos de ansiedad del joven príncipe rubio.
El Rey Jonathan suspiro y viéndolo con una seria expresión se refirió de inmediato al tema.
— Tu novia ha muerto.
— ¿Que? — Preguntó de inmediato Darién pensando que había escuchado mal.
— Murió. Ella está muerta.
— N-no… Estás mintiéndo — Decía el joven príncipe tartamudeando — ¡No puede! No, no…no está…
En ese instante Darién sintió un frío recorrer todo su cuerpo, su mente estaba en blanco, no podía pensar en nada más "muerta" era la palabra que pasaba cientos de veces en su cabeza. Se le dificultaba tragar saliva, se le dificultaba incluso respirar bien, su cuerpo comenzaba a sudar fríamente y de pronto sintió una enorme debilidad en sus temblorosas piernas que lo hicieron perder el equilibrio.
Pero antes de que él pudiera caer al piso, el consejero Real, de aspecto rubio claro de ojos marrone presente, llamado Tomy sostuvo al príncipe ayudándolo a apoyarse en él.
Darién volvió su mirada a él.
— Quiero verla. — Dijo Darién con su temblorosa voz y con mucho esfuerzo.
— No lo harás. — Interrumpió de inmediato el Rey Jonathan — No quiero que veas como se encuentra, no debes tener esa horrible imagen como tú última memoria de ella.
— ¡Tengo que verla! ¡Cómo sabré si de verdad está…está…! ¡No puede ser! ¡Debe estar viva! ¡Nunca la quisiste para mí! ¡Me estás mintiéndo! ¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde la enviaste?! ¡¿Que le hiciste?!
Darién gritaba desesperadamente con los bordes de sus ojos hinchados muy rojizos y sus lágrimas fluyendo sin parar.
— ¡Quiero verla! ¡Déjame verla! ¡Necesito hacerlo! Por favor…por…favor…
El consejero Tomy volvió a ver al Rey Jonathan asintiendo y el Rey suspiró.
— Primero Cálmate, es asquerosa la imágen desaliñada que estás presentando, eres el príncipe heredero ¡No seas tan patético! Solo fue una simple mujer del montón, mi hijo Tevy jamás reaccionaria de ese modo por tan poca cosa.
El consejero Tomy le entrego un pañuelo blanco al príncipe, haciendo una señal a uno de los soldados que resguardaba la entrada, el cual abrió la puerta e ingreso una sirvienta con una bandeja plateada en la cual llevaba agua y una pequeña caja negra y un sirviente con una silla en la cual sentaron a Darién.
Una vez tomó un poco de agua intentando calmarse; el consejero Tomy abrió la pequeña caja negra en la cual había un frasco de vidrio con cápsulas blancas. Le dió dos de ellas al príncipe quien lo veía dudosamente, sin embargo Jonathan le dijo fríamente "tómala o no la verás" en ese instante Darién las tomó sin siquiera pensarlo de más.
Todo estaba bien por unos minutos, el consejero Tomy lo ayudó apoyando uno de sus brazos en sus hombros y sosteniendo al príncipe de la cintura continuaron caminando por los pasillos hasta un salón no muy lejano.
Se abrió la puerta.
Ahí estaba Ginelly…
Aunque era más "Lo que quedaba de ella".
Darién se desmayo en ese instante.
No necesariamente por el susto o la fuerte impresión provocada por tan atroz escena sangrienta. Fue más causada por el medicamento que hace unos minutos atrás había ingerido.
— Debería dormir al menos unas veinticuatro horas su majestad, así que podemos encargarnos del problema en el castillo del príncipe y del falso cadáver.
Falso.
Esa palabra hacía eco en la conciencia del Rey Jonathan. Había engañado a su hijo haciéndole creer que su amada novia había muerto, lo cierto es que ni siquiera habían dado con su paradero, pero necesitaban sacar a Darién lo más pronto posible de ese peligroso lugar, por lo que su consejero principal Fierth le dió la idea de engañarlo, de esa forma libraría también a Darién de la idea de seguir junto a esa mujer y detener su vida buscándola.
— Sabe que es curioso mi Rey, que el chico se enamoró de una mujer de orígenes tan humildes como usted de su ex esposa, él estaba dispuesto a arriesgar su vida por ella como usted una vez lo estuvo de esa mujer ¿Quién mejor persona para entender los sentimientos del príncipe Darién que usted mismo? Entonces. ¿Por qué ha sido tan cruel con el pobre niño?
— ¿De que me sirvió amarla y haberla elegido? Mírame ahora, mira como termine. Amo a mi hijo y no quiero que acabé igual.
— Si, pero entre los dos amas más al príncipe adoptivo Tevyan. Todos saben que su favor está con él y probablemente Darién le guarde muchos rencores por eso y ahora con lo que pasó quizá sospechara toda su vida que usted tuvo algo que ver con "la muerte" de esa mujer.
El Rey Jonathan sabía que su segundo consejero Tomy, tenía razón. Pero no había vuelta atrás, tampoco había mucho que podía hacer al respecto, solo quería que Darién tenga la digna y correcta vida de príncipe heredero sin desviarse de las leyes a como él lo hizo en el pasado. Era una torcida forma de protegerlo, el Rey lo sabía, pero no le interesaba ser odiado por su hijo si en el futuro se volvía alguien fuerte, capaz y mejor que él.
Sin darse cuenta estaba buscando la forma de corregir los errores que el tuvo en su pasado a través de su hijo Darién.
…
Veinticuatro horas después.
La noche del siguiente día, el príncipe heredero Darién despertó. Se vió acostado en la cama de su habitación en el castillo principal, estaba limpio y usando una pijama de dos piezas color azul oscuro.
Darién se sentía agotado aún, su cabeza dolía demasiado y estaba procesando lo que había sucedido y lo que había visto antes de terminar en esa habitación dormido.
Lo recordó todo.
Darién volvió a recostarse en la cama viéndo fijamente la decoración del techo sobre él, extendió su mano frente a su rostro observando el anillo que llevaba puesto, un anillo sencillo de plata el cual su novia Ginelly le había obsequiado.
— Muerta… -Susurro Darién.
El profundo silencio de la habitación esa noche lo hacía sentir escalofríos y su dura realidad poco a poco comenzaba atrevesar su corazón como una profunda daga en su pecho.
El agobiante dolor se volvía a hacer presente al igual que las lágrimas en las comisuras de los bellos ojos azul marino del príncipe. Las preguntas llenaban su cabeza una tras otra, no tenía más que dudas y necesidad de respuestas claras.
Pero pensó que nada podía ser más claro que el cuerpo que había visto frente a sus ojos de su amada Gini tan lastimado y ensangrentado.
Las lágrimas aumentaban y Darién comenzaba a sentirse tan mal que en un momento solo se inclino al borde de la cama vomitando; Al escuchar el sonido tras la puerta, el guardia alertó del príncipe heredero. Pocos minutos después, ya había llegado el Rey Jonathan junto al médico Real, un señor mayor bastante canoso y de una barba corta y bien cuidada cuyos ojos verdes limón eran de un tono bastantes claro, el médico llamado Harry se acercó de inmediato a la cama en la que se encontraba sentado el príncipe Darién mientras apoyando su espalda a las gruesas y grandes almohadas glamurosa mente adornadas.
Unos minutos después, luego de realizar una revisión cuidadosa en el cuerpo del príncipe heredero, el médico con una seria expresión dijo que no se trataba de nada grave más que el impacto de la noticia y sus recuerdos.
— Es normal que una persona reaccioné así o de distintas maneras peores cuando se pierde a un ser querido — Comentaba Harry al Rey Jonathan en privado.
— ¿No hay ningún problema con su salud? — Preguntó preocupado Jonathan.
— No lo hay su majestad, el príncipe heredero se pondrá mejor, solo debe asegurarse que coma sus comidas y meriendas sin saltarse ninguna y que no se quede en cama todo el día, es fácil caer en depresión cuando se pasa por el duelo de perder a un ser amado.
Jonathan odiaba a los médicos, tuvo que ver a muchos de ellos durante toda su vida por sus conductas adolescentes y sus depresiones. Odiaba la sola idea de que Darién pase lo mismo que él, sufriendo por una mujer.
Una mujer que Jonathan consideraba que no valía absolutamente nada.
…
Los días comenzaron a transcurrir y Jonathan no solo envío vigilantes las veinticuatro horas durante todos los días a Darién, si no también a algunos que ayudarían y se asegurarían que Darién recuperará su vida poco a poco, enviando también al psiquiatra del Linaje Real a visitarlo dos veces por semana.
Así transcurrieron los primeros dos meses, después de la "muerte" de Gini en la vida de Darién, hasta que el castillo de él estuvo apto y seguro para que lo vuelva a habitar.
— Me iré mañana.
— No quiero que te vayas, me preocupa tu salud. — Dijo el Rey Jonathan durante la cena familiar.
— ¡Ja! ¿Ahora te preocupas? Nunca lo hiciste antes cuando más te necesitaba en mi vida.
Jonathan guardo silencio.
Tevyan quien había llegado de visita al castillo principal para ver a su querido padre observaba en silencio la tensa conversación mientras comía su postre.
Una vez la cena termino, Tevy se acercó a Darién antes de marcharse.
— Escuché que la familia de ella no quiso recibirte en su funeral, lamento que hayas tenido que pasar por algo así. Pudiste imponerte o castigarlos al tratar al príncipe de esa forma.
Darién quien odiaba a Tevyan ni siquiera volvió a verlo a los ojos y solo se reía, una risa odiosa.
— ¡Tu no sabes nada! ¿Lamentas? Tu no lamentas nada. No finjas ser una buena persona conmigo ¡Te conozco! No eres más que un falso y maldito aprovechado.
Tevy sonrió ante el enojo de Darién y simplemente siguió su camino.
— Iré a pasar tiempo con papá. — Dijo mientras se iba.
Darién frunció el ceño y se fue molesto.