Capítulo 2

PDV Isabel

Apenas me di cuenta de mi error, trate de separarme de Antonio, pero este último no me soltó, y no solo eso, sino que Alexandra le dijo que hacer conmigo.

Trate de gritar a toda voz para ver si alguien me podía escuchar, pero era de noche, no había nadie y encima de eso estábamos en el último piso… era difícil que alguien pudiera escucharme desde aquí.

Y además, Antonio no tardó mucho en taparme la boca, colocándome una manta en ella y cerrándomela.

Alexandra se movió y me ato las manos y luego de eso los 2 me llevaron lejos de la oficina, me cargaron entre ambos, trate de moverme, de pelear, pero entre los 2 me tenían bien agarrada y no pude hacer nada mientras me llevaban a quien sabe qué lugar.

No supe reconocer los caminos, ya que tenía poca visibilidad por la noche, y en poco tiempo, por fin paramos, me sentaron y entonces los 2 me miraron fijo, parecían pensar que hacer.

―Isabel… ¿Por qué tenías que darte cuenta ahora? Vamos a tener que hacer cosas que no queríamos ―me dijo Alexandra.

Quise gritarle, pero tenía la boca tapada y no podía hablar nada.

―Quiero decirte que lo que te hacemos no es personal ¿Okey? fue solo algo que paso… es cuestión de negocios… tu posees el 60% de las acciones de tu empresa familiar, eres la accionista mayoritaria y puedes hacer lo que sea con la empresa… por esa razón, para poder hacernos con el poder aquí, obviamente tenemos que hacerlo a través de ti –me dijo Alexandra.

Trate de gritar, pero no pude, Antonio me quito el pañuelo de la boca y en ese momento le escupí, gotas de saliva le cayeron encima, pero no se enojó, sabía que no tenía caso gritar, debieron llevarme a un sitio apartado en el cual no podía escucharme nadie… ni siquiera los guardias nocturnos.

No tenía caso, ya, así que solo quería saber algo.

― ¿Por qué? Tú eras mi prometido, y tu mi amiga… ¿Por qué me hicieron esto? ¿Solo por dinero? ¿Solo por eso? ¿Por qué tuvieron que hacerme estos los 2? ―les pregunte.

―Sí, Isabel, solo por dinero… escucha, tu nacista en una familia rica y es normal que no sepas lo que vale el dinero… yo tuve que abrirme paso por mí misma en el mundo empresarial y se lo importante que es el dinero… por eso lo quiero.

― ¡Pudiste escalar tanto gracias a mí! ¡Yo fui quien te puso en la junta directiva! ―le grite.

―Y te lo agradezco, en serio que te lo agradezco Isabel, fuiste una buena amiga… pero necesito mucho más.

― ¿Mas? Todo lo que te di… ¿Y aun así quieres más?

―Sí, Isabel, mi puesto en la junta es solo de nombre… ¿Cuántas acciones tengo en tu empresa? ¿0.01%? no tengo ningun poder real, no me diste nada real, en cualquier momento en que tu quieras podrias echarme y yo no tendría nada que hacer… me quedaría sin nada… y esa situacion no es algo me agrade… por eso es que tuve que tomar medidas amiga –me dijo.

―Tu…

―Además… no es solo por el dinero… es por el estatus, ¿Tienes idea de lo influente que puedes llegar a ser si diriges una empresa como la tuya con más de 100.000 empleados alrededor del mundo? Ese estatus que esto te puede dar también es algo que deseo… y me diste la oportunidad cuando aceptaste casarte con Antonio sin ponerte a firmar primero un acuerdo prenupcial.

Mierda… ¿En que estaba pensando? ¿Por qué no firme eso?

Estaba enamorada… y no pensé que algo así podría pasarme… maldición, mi papa y mi abuelo siempre me habían dicho que pensara antes de actuar… ¿Por qué no les hice caso?

― ¿Y tú Antonio? ¿Por qué te metiste en esto con ella? ¿Por qué? ¿No me amabas? ―le pregunte.

―Claro que sentía afecto por ti Isabel… pero a comparación con el patrimonio que posees, ese afecto que tenía por ti queda en 2 plano… si quieres saber por qué me asocie con Alexandra, fue por que vino a mí con una buena oferta, me caso contigo, y una vez que tu mueras, como tu esposo y sin hijos de por medio, todas tus posesiones van a pasar a mi nombre… de esa forma, heredaría una de las grandes empresas del mundo de 1 solo golpe… ¿No suena fantástico?

―Entonces para ti el dinero valía más que yo.

―Isabel… no me mires así… tienes que saber que para nosotros, el dinero y el estatus son muy importantes, tu heredaste todo de golpe, por eso no lo valoras tanto, pero nosotros si… no es personal, es solo que así son las cosas… una vez que me case contigo y te saquemos de en medio, le voy a dar un 10% de las acciones a Alexandra para que de esa forma pase a ser uno de los accionistas mayoritarios de tu empresa… pero aun mantendría el control de esta, un trato ganar-ganar –me dijo Antonio.

―Estábamos a punto de ponerlo por escrito antes de que llegaras, tuviste que venir en tan mal momento…

Se acercó a mí.

―En serio lo siento Isabel, de verdad me agradas, pero tengo que pensar en mi futuro, tengo toda una vida por delante, y no quiero ser una don nadie más tiempo… vi la oportunidad y la aproveche… no fue nada personal… de verdad, es solo que estabas en el medio ―me dijo ella.

Tuve muchas ganas de golpearle allí mismo… ella había sido 1 de mis mejores amigas y era 1 de las madrinas de la boda… y ahora hasta planeaba matarme solo para hacerse con un 10% de las acciones de la empresa de mi abuelo y de mi padre… ese 10% valía decenas de miles de millones de dólares… al menos no me vendió barato.

―Ahora por lo menos puedo estar más tranquila al saber el por qué follaban entre ustedes a mis espaldas mientras planeaban como matarme… pero olvidan algo… aun no me eh casado con él… ¿Y ahora como piensas heredar la empresa sin estar casado conmigo? ―le pregunte de forma burlona.

Eso judía todo lo que habían pensado para mí.

Alexandra y Antonio se miraron entre sí, parecían dudosos, pero luego hicieron caras más firmes y sacaron un documento que me mostraron.

Eso era un acta de matrimonio… tenia los nombres de Antonio y su firma…

― ¿Qué es esto?

―Vas a firmar esto Isabel… ¿Okey? ―me dijo Alexandra.

― ¡No voy a firmar nada! ¿En serio piensas que soy tonta?

―A ver Isabel… vas a firmar eso ¿Okey? porque si no…

― ¿Oh si no que? Ya piensan matarme ustedes 2… si lo firme ahora, es como firmar mi acta de defunción ―les dije.

―Sí, es verdad, pero dime ¿Cómo quieres irte? ¿Sin dolor o con dolor Isabel? ¿De cuál forma preferirías?

―¿…? ¿No estarás…?

―Dime… ¿Cómo piensas que se sentiría este bolígrafo en tu ojo? ¿Piensas que dolerá? ―me dijo Alexandra, antes de mostrarme el bolígrafo en su mano de forma muy cerca.

Todo mi cuerpo se tensó en ese momento, empecé a sudar y un fuerte miedo se apodero de mi… ellos… ellos 2 no serían capaces… ¿Oh si?

Le eche una mirada a Antonio, no importa que… este último había sido mi prometido, habíamos vivido juntos, y nos íbamos por casar… ¿Podría hacerme eso a mí?

Antonio me miro de forma un tanto indiferente, mis esperanzas se agotaron apenas vi eso.

―Firma el contrato Isabel, solo fírmalo ahora ¿Okey? evítanos tener que hacerte algo malo ―me dijo este.

Quise llorar… me sentía abandonada… perdí mucha de la fuerzas que tenía…

Alexandra no se quedó quieta, puso en bolígrafo en mis manos y arreglo todo para que firmara.

―Vamos Isabel, ahórranos un momento feo a los 2.

Esta no era la boda que quería…

No queria que me torturaran… asi que al final firme el acuerdo… ahora estaba casada con Antonio… vaya suerte para mi ¿No?

―Bien Isabel, muy bien… ahora todo será bueno desde ahora ―me dijo Alexandra.

―Tu…

Antes de que pudiera decir algo más, Antonio me tapo los ojos de nuevo, con una manta, y Alexandra me tapo las manos, entre los 2 luego me movieron juntos, y me golpearon la cabeza.

Sentí mucho dolor en ese momento, de seguro querían dejarme inconsciente para que no pudiera ver nada de lo que hicieran, pero a pesar del golpe, no me desmaye, había bastante ejercicio y podía soportar algunos golpes.

Entre los 2 me llevaron a una camioneta creo y luego de eso se fueron juntos, llegaron con algunas personas desconocidas, no pude verles la cara, pero por la forma en la cual hablaron… parece que eran personas importantes… creo que eran…

¿Accionistas de mi empresa?

¿Había personas metidas en esto además de ellos 2?

¿Quién más?

Antonio y Alexandra hablaron un poco más con ellos, mencionaron algo de algunos sicarios que se encargarían de mí y se asegurarían de que desapareciera y que de esa forma la empresa pudiera quedar a Antonio.

Mí ahora esposo y mí supuesta amiga, me entregaron a ellos y luego ellos me dejaron con otras personas para que terminaran el trabajo.

Las últimas palabras que escuche a Antonio decir, fue que… lo hicieran “rápido y sin dolor”.

Capítulo 3

PDV Isabel

El auto donde me metieron se movió rápido, me habían puesto en la parte de atrás, escuche la voz de 2 hombres, no sabía quiénes eran, pero debían ser lo sicarios de los cuales hablo la gente que se reunió con Antonio…

Ellos debían encargarse de mí, ¿Qué planeaban hacerme? Antonio les dijo que lo hicieran sin dolor y rápido, pero ahora en lo que menos iba a confiar era en su palabra justo ahora.

¿Qué podía hacer?

Mis manos estaban atadas, pero el nudo lo habían hecho Antonio y Alexandra, estos 2 nunca fueron muy buenos en eso, además creyeron que estaba inconsciente, fui moviendo mis manos para ver si podía hacer que el nudo cediera.

Por suerte para mí, si empezó a hacerlo, me alegre en mi interior, pero no lo demostré, aún estaba en el auto de estos 2 y eran personas peligrosas… tuve cuidad de todo lo que hacía para que no se dieran cuenta.

Continúe con el movimiento de mis manos y después de un rato pude dejar floja las ataduras como para poder quitármelas de un tirón, mientras hice eso, los 2 hombres hablaban sobre como librarse del cuerpo.

Debía parecer un accidente, por lo que matarme de 1 balazo sería algo complicado… son muchas pruebas y 1 persona importante como yo siempre llamaba la atención, debían ser muy sutiles.

Escuche muchas propuestas entre sí, como arrojarme al mar y fingir ahogamiento, un método que dejaría menos pruebas a comparación de 1 bala en mi cabeza, también dijeron otras formas, aún estaban indecisos sobre cuál de todas elegir.

Me dio nauseas escucharlo hablar sobre como matarme, pero tuve que contenerme para poder evitar que llegaran a saber que seguía despierta.

De un momento a otro, la camioneta se detuvo, parece que ese par iba a ir a comer, se bajaron del auto, pero antes me tocaron un poco, escuche un par de comentarios morbosos sobre aprovecharse de mi cuerpo antes de librarse de mí.

Tuve que usar todas mis fuerzas para no temblar en ese momento, si lo hacía estaba perdida.

Por suerte esos 2 no se quedaron mucho y luego se fueron, no tuvieron mucho cuidado conmigo, después de sentir que se bajaran, aproveche, me quite la atadura de mis manos y luego de eso me quite la venda en mis ojos, respiraba con dificultad por todo lo que había pasado, pero no perdí tiempo y me asome por la ventana.

Quería comprobar primero si ese par seguía comiendo, vi un restaurante cercano, no sabía quiénes eran lo que me habían secuestrado y no como se veían, estaba perdida.

Comprobé que no hubiera nadie cerca del auto y entonces me escape, lo hice con cuidado para no hacer ruido y que no se enteraran de lo que hacía, puse algo de distancia entre la camioneta y yo y comprobé que nadie me seguía.

Cuando me sentí segura… corrí… lejos tanto como pude.

Nunca antes en mi vida había corrido tanto como ahora, el corazón me latía como loco, mis piernas temblaban, pero no pare, tenía miedo de que si lo hacía, alguien me tomaría por detrás y entonces terminarían el trabajo que comenzaron hace unos momentos.

Creo que llegue a correr como 1 kilómetro antes de finalmente detenerme, estaba muy cansada, mi cuerpo quería derrumbarse y dormir por 1 semana, pero no podía hacerlo.

Me había librado… pero ¿A dónde tenía que ir?

Mi prometido y ahora esposo me había traicionado, al igual que mi amiga, ambos querían verme muerta… no tenía dinero conmigo… no podía regresar a mi casa… ni siquiera podía ir con la policía para informarles de lo ocurrido.

Además de no tener pruebas, escuche a Antonia decir junto a sus socios que la policía de la ciudad había sido comprada por ellos y que no tenían que preocuparse tanto por que los llegaran a descubrir.

Si no podía ir con la policía para contarle mi problema… ¿Con quién debía ir? Estaba sola, sin dinero, y no podía confiar en mis propios conocidos, parece que varios se habían asociado con Antonio… ¿Con quién podía ir?

A mi mente pasaron varios nombres… hasta que 1 en particular llamo mi atención… Alexander Romano, ese era el CEO de una empresa rival.

Había estado enfrentándose a mi grupo empresarial así como también al fondo de inversión de Antonio desde hacía tiempo, nos conocíamos, pero no teníamos una relación demasiado profunda, me parecía un hombre… muy frio.

Él era nuestro rival… y ahora creo que era el único con quien podía acudir… mis allegados no eran de confianza, y él no tenía motivos para hacerme algo… ahorita mismo, era el único que podía ayudarme.

Me había casado, y ahora Antonio podía disponer de mis bienes como quisiera, de seguro me daría por muerta, y con la policía comprada no iba a poder reclamar nada.

Suspire un poco… sabia donde vivía Alexander, dude, pero al final fui con èl, era mi única opción.

La ciudad de noche y a pie se veía un tanto distinta a lo que recordaba, tras una larga caminata, finalmente pude llegar a la casa donde vivía Alexander, era en el sector rico de la ciudad, pero a una buena distancia de donde yo vivía, lo suficientemente lejos de Antonio.

Toque el timbre y me anuncie.

― ¿Si? ¿Quién es? ―pregunto una voz cerca de mí.

―Soy… soy Isabel Smith… ¿Esta Alexander? ―le pregunte.

― ¿Isabel Smith? Oh, sí, sí, la dueña del grupo empresarial Smith, ¿Por qué ha llegado a estas horas?

―Necesito ver a Alexander.

― ¿Por qué motivos?

―Son… asuntos de negocios importantes… usted sabe cómo se llevan nuestros 2 grupos ―le dije.

―Sí, lo sé bien, algunas veces escuche a Alexander hablar de eso… bien señorita, puede pasar, le voy a abrir.

Un momento después de eso el portón se abrió y pude entrar a pie.

La casa de Alexander era muy bonita, pero no tuve tiempo para apreciarla, no ahora en mi situación, llegue a la puerta y la toque, me abrió una señora de unos 40 años o más, su sonrisa fue reconfortante.

Me invito a pasar al interior y me llevo a la sala.

―El señor Alexander no está aquí por ahora, pero no debe tardar en llegar, si quiere puede esperarlo aquí ―me dijo.

―Sí, muchas gracias por su atención.

―De nada… pero señorita Isabel, ¿Se encuentra bien? ―me pregunto ella.

―Sí, claro… ¿Por qué la pregunta?

―Pues se le ve con un ánimo muy decaído señorita, y sus ojos estaban un poco… tristes.

Bueno, no era nada raro teniendo en cuenta todo lo que me paso hoy… mi mundo se derrumbó de la noche a la mañana.

No era algo que alguien pudiera soportar fácilmente.

―Sí, muchas cosas me pasaron hoy… pero ya estoy bien, se lo prometo.

―Mmm, eso espero, es una lástima que en una cara tan bonita como la suya no haya una buena sonrisa.

La empleada de Alexander, fue a la cocina y me preparo algo para comer, quise negarme, pero tenía mucha hambre, no había comida desde lo que me paso, y tuve que aceptar, comí a grandes bocados, hasta que la escuche decirme un par de cosas.

Parece ser que Alexander ya había llegado a la casa, eso casi tirar la comida de la mesa, y provoco que saltara del sillón.

―No tiene que ponerse así Isabel, Alexander no da tanto miedo como dicen ―me dijo la empleada con tono burlón.

Me dio un poco de pena, y me senté de nuevo, espere a Alexander en la sala mientras pensaba que podía decirle a continuación.

¿Qué podía ofrecerle para que me diera su ayuda?

Estaba sola y sin nada… quizás podría ofrecerle algo de mi empresa…

Me puse un poco nerviosa, la empleada abrió las puertas y él llego.

Él tenía uno 30 años de edad, era alto, de cabello castaño oscuro, y un cuerpo bastante atlético, antes de hoy no lo había notado… pero él era… bastante guapo, su mandíbula, sus ojos, su cuerpo, hasta su cabello, todo parecía estar perfecto en él.

¿Cómo no me había dado cuenta de eso antes en nuestros anteriores encuentros?

Quizás por que en ese momento estaba enamorada y solo tenía ojos para mi prometido… ahora…

Alexander hablo un poco con su empleada y pareció que no me vio, moví las piernas con nervios hasta que me posara sus ojos en mí… pero nunca lo hice, y tuve que llamar su atención tosiendo un poco.

Su mirada se posó finalmente en mí, sus ojos color castaño eran fríos, y muy intimidante, retrocedí sin pensarlo y el sillón donde estaba sentada me impidió ir más atrás.

Él empezó a ir hacia mí, tenía algo de duda en su expresión.

¿Y ahora?

―Señorita Isabel… ¿A que debo esta visita a tan altas horas? ―me pregunto.

Su voz era fría, sin muchas emociones, en ella.

No conteste al instante, abrí la boca varias veces, pero nada salió de allí, Alexander frunció un poco el ceño ante mis acciones.

―Señorita Isabel, no tengo que decirle que soy un hombre muy ocupado ¿Okey? no puedo perder mi tiempo en cualquier tontería… si tiene algo que decir… por favor dígalo… si no, voy a tener que pedirle que se retire ―me dijo este.

Me levante, pero las dudas me dejaron en silencio otra vez.

―Jean, por favor acompaña a la señorita Isabel hacia la puerta por favor ―dijo Alexander mientras se giraba hacia su empleada.

― ¡Espera! ―le grite.

Se giró en mi dirección apenas dije eso.

―Yo… te necesito… por favor… necesito que me ayudes.

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