- Señor...- se cuadró frente a la cámara, con la postura recta. Su visita estaba al frente; su mano, bien estirada, tocaba la punta de su ceja con el dedo medio.
- Teniente Martínez, buenas noches -se escuchó en la transmisión. En la imagen, un coronel respondía al saludo de la teniente-. Descanse.
De inmediato, Carolina adoptó una posición de descanso, lista para recibir una orden.
- Teniente Martínez, le informo que, por órdenes superiores, su misión en curso concluye mañana al finalizar el evento del Doctor Baruch Díaz. Su reemplazo ya está en camino y se presentará con usted al final del día. El Doctor será informado de inmediato, tratando de hacer toda esta operación lo más discreta posible.
- Entendido, señor -respondió Carolina sin mostrar expresión alguna.
- Asimismo, le informo que ha sido designada para una nueva misión de categoría superior. Deberá presentarse el domingo a las cero ocho horas en la oficina del comandante de la Zona Militar número uno. Su boleto electrónico del vuelo ha sido enviado a su "e-mail". Eso es todo de mi parte.
- Entendido, señor -contestó Carolina cuadrándose nuevamente. Luego el coronel respondió a su saludo.
- Un gusto saludarte, Martínez; nos vemos por acá -agregó amigablemente el Coronel Suárez, quien había sido recientemente ascendido y había sido profesor de ella durante su curso de élite.
- El placer es mío, Coronel -respondió Carolina con una amable sonrisa.
La transmisión se interrumpió y, como si un impulso eléctrico hubiera recargado su energía, tomó su cesto de ropa sucia y llamó a recepción para solicitar un servicio de lavandería. La recepcionista le indicó que podía subir al área de lavandería.
- "Cinco", necesito que vengas y tomes mi lugar por un momento -ordenó a su subordinado por radio.
- Entendido, mi Teniente -respondió él con firmeza.
- Atención, soldados. "Cinco" queda a cargo -voceó para todos al mismo tiempo.
- ¡Entendido, mi Teniente! -respondieron al unísono.
Se quitó el audífono y lo apagó. Con el cesto entre sus brazos, al llegar a la puerta encontró a "Cinco", quien se cuadró ante ella. Luego la Teniente se dirigió al área de lavado donde ocupó una lavadora y secadora para su ropa. Mientras se lavaba, tomó un cigarrillo del interior de su pantalón y salió a fumar un poco.
- Con que una misión de orden superior... -pensaba mientras respiraba el humo del tabaco- y yo que ya me había acostumbrado a la buena vida.
Una vez que su ropa estaba seca, la planchó perfectamente y se dirigió nuevamente a su habitación. Allí despidió a "Cinco" y retomó el mando regresando a todos a la guardia. Luego organizó sus cosas en una pequeña maleta. Cuando estaba por terminar, tomó una foto de su cajón; en ella estaban el fallecido Mayor Rivas y ella. No usaban uniforme; él la cargaba en su espalda y ambos sonreían felices frente a la cámara.
- Mi amuleto -se dijo llevándose la fotografía al pecho- No sabes cuánto te extraño, Mau.
Con cuidado guardó esa fotografía arriba de sus cosas para protegerla de daños. Hacía siete meses que el Mayor Rivas había "fallecido" en combate; sin embargo, su cuerpo nunca fue encontrado. Solo una pierna y una gran cantidad de sangre que se comprobó pertenecía al soldado eran evidencia de su muerte. Algunos sicarios confesaron sobre su deceso y revelaron que su cuerpo había sido disuelto en ácido; por eso nunca lo encontrarían. Pero Carolina no daba crédito a esos testimonios; simplemente no encajaban con lo que se sabía. A pesar de ser militar de élite, seguía sintiendo un profundo dolor al recordarlo. Sin embargo, se recostó en su cama para descansar un rato.
Después de tres horas abrió los ojos: faltaban dos minutos para las cuatro de la mañana antes de que sonara el despertador. Se levantó y desactivó la alarma. Se vistió con pantalón deportivo, camiseta blanca, sudadera y un par de tenis oscuros antes de dirigirse a la zona de ejercicios del lujoso hotel donde saludó a su subordinado. Tras unos pocos ejercicios de calentamiento comenzó a correr. A los nueve kilómetros sus piernas comenzaron a arder pero siguió sin parar ni tomar agua; el sudor empapaba su rostro.
Al terminar sus veinte kilómetros realizó ejercicios de fuerza para mantener tonificado su cuerpo. Por un momento olvidó todo lo que tenía que hacer pero luego recordó que pronto debería volver a tomar algún curso de élite para mantenerse actualizada.
Después de completar su rutina se duchó con agua fría y se arregló minuciosamente: recogió su cabello en un chongo trenzado perfecto con una línea recta del lado izquierdo; se maquilló con delineador de ojos, rímel, un labial natural y polvo facial. A las seis y media ya estaba en su puesto de mando. A las siete en punto todos sus elementos se reunieron; ella dio las órdenes del día antes de dispersarse nuevamente.
A las pocas horas, empezaron a llegar varias personas, algunas de renombre y otras que no figuraban en la lista de distinguidos. Muchos traían escoltas privados, pero los hombres bajo las órdenes de la Teniente Carolina revisaban a todos sin excepción. Los sentaron estratégicamente para evitar altercados o neutralizarlos si era necesario, manteniéndose en comunicación constante a través de dispositivos ocultos en sus mangas.
Todos caminaban hacia el auditorio. Hasta ese momento, el grupo no había tenido ningún percance, pero Carolina dirigió su mirada a la entrada y vio a Erick, su antiguo amor y candidato a la presidencia. Vestía un traje oscuro con una camisa del mismo color y zapatos de piel perfectamente lustrados. Su cabello estaba peinado de lado, su piel se veía cuidada y tenía pocas líneas de expresión; aún mantenía su figura.
Carolina apartó la mirada de inmediato para concentrarse en su trabajo, intentando ignorar la presencia de Erick.
-Hola, Carol-se escuchó a sus espaldas; era Erick acercándose rápidamente.
-¿Qué tal, doctor Jansen?-saludó Carolina sin darle mucha importancia aunque un escalofrío recorrió su espalda al oír su voz.
-Oye, necesito hablar contigo...
-Lo siento, no puedo hablar ahora. Estoy en servicio-respondió cortante la Teniente.
Justo en ese momento llegó un senador para hablar con el candidato, lo que permitió que Carolina se escabullera entre la multitud. Pensó que eso sería suficiente para que la dejara tranquila. Así pasaron unas horas durante el seminario, hasta que Erick apareció de nuevo.
-¿Ahora sí podremos hablar, Carol?
-Sigo en servicio, lo siento...
En ese instante llegó el Doctor Baruch.
-Mi estimado Jansen-dijo extendiendo los brazos para saludar al candidato.
-Baruch, qué gusto verte-respondió Erick con alegría.
Cuando Carolina intentó escabullirse nuevamente, Baruch no se lo permitió.
-Quiero presentarte a la Teniente Carolina, una persona muy dedicada a su trabajo. Nunca he conocido a un militar como ella-comentó Baruch.
-De hecho quería hablar un momento con ella, pero dice que está en servicio y no la dejas hablar-dijo Erick aprovechando la situación.
Baruch soltó una carcajada.
-Es cierto, pero por favor Carolina, tómate cinco minutos para hablar con el candidato-ordenó. Luego se despidió: -Los dejo un momento. Iré a saludar a otros viejos colegas.
La expresión de triunfo se dibujó en el rostro de Erick mientras Carolina mantenía su semblante inexpresivo.
-Por fin un momento para hablar...-dijo él con su característica sonrisa encantadora, pero Carolina no se inmutó.
-Erick... ¡No pensé verte por aquí!-gritó una bella diputada rubia con ojos gatunos y labios carmín. Se abalanzó sobre él para darle un abrazo. Aunque esto lo incomodó, supo que debía mantenerse tranquilo; un desplante podría costarle la victoria en las elecciones.
El reloj marcaba las seis de la tarde; el dispositivo inteligente de Carolina vibraba recordándole que era hora de partir. Sin despedirse, se escabulló nuevamente entre la multitud. Ellos ni siquiera lo notaron hasta que Erick se giró y vio que ella ya no estaba. Sintió frustración, pero al final todo parecía salir conforme a su plan.
Carolina caminó hacia la entrada con pasos largos, "cinco" vigilaba al doctor Baruch por órdenes de ella y fue entonces que vio a un colega, uniformado igual que ella con tres barras en cada sobre-hombrera, era un capitán segundo. El capitán se cuadró frente a ella por ser de élite.
- Capitán Segundo Serrano, señora. Vengo a relevarla.
Ella contestó al saludo de inmediato y él le entregó un sobre color crema sellado por todos lados. Ella lo abrió con cautela y sacó el oficio contenido y lo leyó rápidamente.
- Bienvenido, Capitán. En un momento le muestro a sus elementos. Sígame por favor.
Rápidamente ella llamó a todos a una reunión en una sala, incluso al Doctor Baruch, en cuanto llegaron todos estaban ahí. Rápidamente se pusieron de pie y saludaron.
- Descansen- ordenó la teniente- les presento al Capitán Segundo, Carlos Serrano, él será su nuevo líder a partir de hoy. Me agradó mucho trabajar con ustedes durante estos meses y bueno, sin más que decir, los dejo con él.
- Atención, personal, tomo el mando- advirtió el capitán con una voz profunda.
Todos se levantaron y se colocaron en posición de firmes.
Se quedaron platicando un momento, así que ella se dirigió hacia su habitación para recoger su maleta, pero de repente el Doctor Baruch corrió para alcanzarla.
- Carolina, muchas gracias por tus servicios, hija- dijo muy amable con cierta nostalgia en sus palabras.
- Fue un placer, Doctor- respondió con una sonrisa, aunque en realidad no sentía pena por dejarlo pues sabía que era su trabajo.
- Toma, hija- dijo y le dio una canasta con chocolates, unos panecillos, queso y dos botellas de un vino tinto añejo muy fino.
- Oh, Doctor. No era necesario- respondió Carolina al gesto.
- Me habría gustado darte algo mejor pero esto fue tan repentino- dijo con tristeza.
- No se preocupe, de hecho así son este tipo de cambios. Muchas gracias.
- Como sea, sabes que siempre podrás contar conmigo para lo que necesites ¿Ok? Ve con cuidado, hija.
Se dieron un abrazo fraternal y finalmente Carolina retomó su camino, algunos minutos después el Doctor Baruch regresó a su cena con sus invitados, ahí volvió a ver a Erick.
- Oye, Baruch, ¿dónde está la Teniente Carolina?- preguntó acercándose al Doctor.
- Ella ya se fue- respondió con tristeza.
- Vaya suerte. ¿A qué hora regresa?- insistió.
- Ya no va a regresar- contestó aún más triste.
- Oh, qué mal- dijo fingiendo decepción ante la mirada triste de Baruch, aunque esa situación lo hizo recordar la boda de su primo y su novia, varios años atrás, cuando él quiso arreglar las cosas y volver a ser pareja pero ella había huido- es una lástima... bueno, me retiro, estimado, me retiro.
- ¿Ya te vas?- preguntó el desconsolado anciano mirándolo fijamente.
- Sí, amigo. Mañana tengo una asamblea en la capital del país, entonces debo estar presentable, tú mejor que nadie debe saberlo.
- Entiendo, entonces ve con cuidado.
- Ánimo Baruch, no estés triste, otro día nos reunimos para charlar de varias cosas- dijo Erick y al final besó la frente de su viejo amigo.
Algunos minutos más tarde, Carolina descendió del taxi que la llevaba al aeropuerto, vestía un pantalón militar de cargo, camuflado así como su respectiva camiseta de manga corta que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, además de sus botas ajustadas y brillantes, atrajo la mirada de varios hombres cuando la veían pero ella caminó sin siquiera dedicarles una mirada, checó su reloj de muñeca, en realidad iba a tiempo pero desde siete meses atrás, ella se sentía bastante ansiosa por cualquier cosa percibía un palpitar en su pecho y mirar el reloj era lo que la hacía volver al presente pues se enfocaba en el segundero del reloj y poco a poco iba calmando su respiración haciendo que el palpitar y la cadencia del tiempo estuvieran en sincronía.
- Pasajeros con destino a la capital del país, favor de abordar la puerta uno- evocó la azafata.
En el avión, la teniente tomó asiento en la parte de primera clase, rápidamente le ofrecieron bebida y alimentos pero no tenía apetito por lo que rechazó la oferta; por un momento se dedicó a mirar a las personas con quienes viajaba, pudo notar de inmediato a un gran número de empresarios, diputados y senadores pero, una vez que hizo su reconocimiento del área tomó un periódico y empezó a leerlo para distraerse.
El vuelo duró cuarenta y cinco minutos y un automóvil militar esperaba a la teniente, rápidamente un soldado se cuadró frente a ella.
- Señora, hemos venido por usted- dijo de inmediato, Carolina respondió el saludo y le entregó su maleta.
- Regresemos rápido a la zona, quiero llegar antes de que arríen la bandera.
Los militares no se asombraron por la seriedad de su superior, pero cumplieron con la orden.
A la mañana siguiente, Carolina despertó temprano y salió a correr con los reclutas, se vistió con sus pantalones tácticos, una camiseta verde olivo y sus botas de combate, luego se colocó en la parte de atrás de la compañía impidiendo que los elementos más débiles se quedaran atrás pero empezó a flaquear uno.
- ¡Muévete, potro!- exclamaba cuando él iba perdiendo velocidad y lo empujaba por la espalda para que siguiera corriendo.
- Ya no puedo, señora- decía un joven recluta.
- Entonces no sirves para esto- lo tomó de la camiseta y lo sacó del camino.
Hubo mucha frustración en su rostro pero Carolina no toleraba la debilidad.
Una vez que terminó su entrenamiento se dirigió a la regadera donde tomó un baño con agua fría, finalmente se volvió a uniformar y caminó hacia la sala de juntas del campo militar, esta era una sala con gruesos muros de piedra y plomo pero estaba forrada de madera, habían cuatro ventanas del lado derecho que permitían el paso de la luz del sol y el viento aunque también tenían persianas horizontales que se recogían o bajaban de acuerdo a las necesidades de privacidad, los sonidos se aislaban una vez que se cerraba la puerta para brindarles mucha discreción a los temas tratados.
Cuando la teniente llegó vio la puerta abierta, no había nadie así que ingresó y se percató de que había cuatro sillas, tres frente a una lo cual llamó su atención pues regularmente, cuando asignaban una nueva misión a un militar de su categoría solo se presentaba el Comandante y su secretario para redactar lo que sucedía en la sala y los acuerdos a los que llegaban pero lo pasó por alto, entonces se sentó en la silla solitaria y esperó a que llegara su superior.
Al cabo de tres minutos arribaron el Comandante Garcés y su secretario, su apellido era Manjarrez. De inmediato, Carolina se levantó y se cuadró.
- Buenos días, Teniente Martínez - saludó el Comandante con una sonrisa.
- Buenos días, señor- respondió la chica, finalmente los tres bajaron los brazos.
- Tomemos asiento- dijo el Comandante y el secretario dejó entreabierta la puerta, luego llegó hasta ellos- será mejor que empecemos, Polo.
Carolina miró con suspicacia la escena pues veía que aún esperaban a alguien y pensaba que era una falta de respeto del jerarca que aún no había llegado. Manjarrez sacó su tablet y se alistó para grabar el audio.
- Listo, señor.
- Perfecto- luego dirigió su mirada a Carolina- Teniente de Élite Carolina Martínez, se le solicita su apoyo para cumplir una misión que solo usted podría llevar a cabo para asegurar y salvaguardar la integridad de una persona muy importante que se encuentra vulnerable para el desempeño de sus actividades, dicha misión deberá llevarse a cabo de manera "ultra secreta".
Carolina abrió mucho los ojos pues el comandante había hecho énfasis en las palabras, sabía que habría un plan más elaborado que simplemente ser una guardaespaldas.
- ¿De quién se trata, señor?- preguntó Carolina con curiosidad.
- Buenos días- se escuchó una voz juguetona y conocida al fondo de la sala- disculpen el retraso, lo que pasa es que había una gran fila en el estacionamiento...
"No puede ser" pensó Carolina al escuchar la voz de aquel hombre juguetón.