Capítulo 2

POV. PRÍNCIPE  EDUARD DE AMBER

HEREDERO AL TRONO DE VARSOVIA.

Un año después

— Mañana en las primeras horas de la mañana haremos todos los exámenes otra vez. Si es necesario traer a un médico desde Japón, estará aquí tan pronto se informe de la conveniencia de otra opinión en el caso. ¡No desistiremos! ¡Lo intentaremos todo madre!. ¡No dejaremos que el Rey muera sin haber agotado todas las posibilidades!— Le hago un educado gesto de respeto a mi madre, y me dispongo a salir de las habitaciones reales que ocupan los actuales monarcas.

—Tú padre  está tan débil que no resistirá un viaje hasta Japón, Eduard. Las mejores instalaciones están en ese país, el que un especialista viaje hasta aquí no hará mucha diferencia—expresó mi madre y  me detuvo tomándome de la mano con cariño—Ni siquiera creo que sea prudente a estas alturas sacarlo de este palacio— ahoga la frase y hace un leve y sofisticado ademán por detenerme junto a ella— Espera Eduard…, él no es solo el Rey… No lo llames así..., también es tu padre… A veces me da la impresión de que has olvidado los sentimientos humanos del todo. Lo peor de todo es que no tengo idea que te hizo cambiar de este modo tan hostil.  Nunca sonríes, no lloras, no te alegras con nada,  solo muestras amargura y esa mascara sin expresión que me confunde demasiado… Necesito a mi hijo hoy más que nunca— insite.

—Sé que es mi padre,  su excelencia. Créame que me es imposible olvidarlo— la interrumpo y la miro pasando saliva «lo último que necesito ahora mismo son reproches maternales de mi insufrible carácter».  Suelto un suspiro  intento parecer afable — Lo sé mamá— admito. — Soy consiente que es mi padre y  por respeto a eso, madre, es que estoy dispuesto a hacer todo lo necesario para mantenerlo con vida aunque su estado de salud sea deplorable y se debilite cada vez más con el paso de las horas. A veces creo que sería mejor que lo dejáramos descansar en Paz... más me aferro igual que tú a mantenerlo con vida.

Me acerco a ella que está sentada tras su escritorio, la observo en silencio, y hago un gesto casi imperceptible con los labios. Los últimos años no han sido generosos con su belleza. Mi madre también sufre a diario con la enfermedad de mi padre. Soy un maldito imbecil, «debería ser mucho más considerado» .

Beso sus cabellos blancos y tomo una de sus manos entre las mías.

Curioso que siempre creí que las manos de mi madre cobijarían las mías. Ahora soy yo quien acuno las suyas. Me parece tan frágil y grácil.

—No puedo prometerte que todo estará bien— susurro en su regazo—. Más tratare de llevar este barco nuestro a buen resguardo.

— El reino no es un Barco, príncipe Eduard— me regaña con dulzura dramatizando un enojo que le es imposible sentir. Guardo silencio pensando responder algo, más las palabras mueren en mi garganta… «Si no es un barco… ¿cómo es que siento como se hunde cada vez más profundo?».

Me despido d emi madre y hago los arreglos pertinentes para que un médico viaje esta misma noche desde Japón para valorar el estado de mi padre. Salgo de la  habitación real , a  la que tantas veces fui buscando refugio cuando era niño. La autocompasión no  es lo mío, así que no me quedare llorando bajo la falda de mi madre, mientras medio reino es un caos.

Camino rumbo a mi ala privada. A penas son las cuatro de la tarde. Queda mucho por delante aún, hasta que se acaben mis fuerzas diarias, y solo así logré caer exhausto en la cama. Estoy ahogado de tantos problemas

Mi asistente se esfuerza por seguirme el paso. Camilo Condil es un muchacho de unos veintisiete años, pero absolutamente brillante en llevar todos mis asuntos.

Hace cuatro ya  que años trabaja conmigo, fue entrenado por mi asistente anterior, que era una chica… pero después que me descubrí enfermo y desahuciado la libere de su trabajo conmigo. Al igual que a todas las mujeres que trabajaban bajo mi servicio: mi jefa de prensa, mi abogada, incluso mi asesora financiera fueron reemplazadas por hombres.

No podía con la tentación de tener mujeres a mi alrededor y saber que nunca más podría disfrutar el sexo o sencillamente la buena y agradable compañía de una mujer.

Mi físico y mi posición sin dudas eran inconvenientes para alejarlas, al contrario. Estos ojos grises metálicos y este cuerpo esculpido que me cargo… las atraía como abejas a la miel. No podía caer en trampas de seducción, menos si eso significaba la desdicha de alguien más. Tuve que tomar cartas en el asunto y alejar de mi  todo lo que pudiera significar una tentación.

Hace mucho que no tengo relaciones sexuales … ya son varios años de  férreo e inviolable celibato. Pero me mentiría a mi mismo si digo que no lo extraño… o que ya lo supere. Me hace cada vez más falta aunque nunca me permita volver a estrechar a una mujer entre mis brazos. Fui un joven candente, que tuvo sexo a montones y jamás me imaginé terminando de esta forma mis días. Si hace unos años atrás alguien me hubiera contado que este sería mi final, no me hubiese apartado de una caja de profilácticos nunca jamás.

Muero por ver hermosas piernas de mujer enredadas en las mías. Adolezco de sueños húmedos como si fuera un maldito pelele adolescente. Por eso evito las tentaciones.  ¡Dios! Me duelen las erecciones con que me levanto a mitad de la  madrugada. Ya las duchas de agua fría no surgen efecto, y me temo que moriré antes de una neumonía por tantos baños helados en las madrugadas.

Apuro el paso mientras alejó las fantasías de mi cabeza. Cada vez se me torna más difícil controlar lo que me aflije . Solo me amargo mas cada día qué pasa.

Camilo me alcanza y me saca de mi estado mental convulso. Entramos en mi despacho y quedó boquiabierto por lo que encuentro allí.

Capítulo 3

POV. ANA LUCÍA GAITAN

Me despido de mi viejo amigo Camilo después de haber firmado los documento que exigió el  príncipe amargado y salgo a la calle. Estoy furiosa, y tengo la cara un poco roja, por la humillación que me hizo pasar del príncipe Eduard. Más  trato de empatizar la situación. Los años me han enseñado a dejar los malos momentos atrás y concentrarme en cosas más positivas.

El viento gélido me golpea el rostro… sin duda esta será una noche difícil. Me acomodo la chaqueta y me suelto la densa cabellera azabache de la cual me siento tan orgullosa.

Es normal que aquí en Varsovia  todo el mundo sea rubio, de ojos claros, casi siempre azules, rasgo que si tampoco herede  de mi padre.

Resultará que soy una copia mejorada de mi madre. Con una figura un poco  más voluptuosa y redondeada que mi progenitora y un poco más alta de estatura que ella, herede sus magníficos ojos verdes y su cabello negro… tan negro como la maldad de este mundo. «Que sin dudas no tiene límites».

Camino con paso apurado por la acera, tratando de localizar un taxi que me aleje lo antes posible de el palacio real y de la imagen de “hombre prefecto” del futuro Rey.

En días como hoy es que me legro de vivir lejos de este mundo, del mundo de los negocios, y de los hombres poderosos en general. Lejos de un mundo de apariencias donde nadie muestra sus verdaderas intensiones y nadie es lo que asegura ser. Eso lo aprendí a golpes… golpes que verdaderamente cambiaron mi vida.

Revivo  en mi mente lo que acaba de ocurrir tras los muros del palacio. No me pasó desapercibido cómo me miraba su “alteza real ”. «Es evidente que no importa el lugar que ocupen en la sociedad… o el poder que sustenten… los hombres todos tienen las mismas reacciones ante una mujer que les parezca atractiva».

Para mi mala suerte… ¡si!. Soy considerada atractiva, al punto de convertirme en un sex symbol, solamente un trofeo para uno que otro idiota que se ha obsesionado por poseerme.

Lo que si me tomó por sorpresa esta tarde, es que no se me contratara. Eso fue una novedad absoluta, un golpe de suerte del destino, pues … vaya. No puedo negar que el futuro regente me impresionó mucho.

Admito que también me falto el aliento cuando lo vi entrar a su despacho con ese traje negro confeccionado a la medida para remarcar sus anchos hombros y sus piernas torneadas.

Mis  piernas temblaron y se derritieron como mantequilla.

Eduard de Amber podrá ser muy… muy… muy… ¿Insoportable? ¿Amargado? ¿Idiota? busco una palabra que le haga justicia a su ceño fruncido y a su rostro de enojo… «no me decido por ninguna» pero nada de eso le quita lo tremendamente atractivo, ni la fuerza interior que ostenta.

Tiene un cuerpo atlético envidiable, un rostro esculpido por los mismos ángeles, su mentón transmite una determinación de acero y una fuerza poco común en alguien que pensé que sería un blandengue educado bajo las reglas de la reina madre.

«En fin… El mar»

¿La buena noticia para mi? Que no volveré a verle nunca más.

¿La buena para él? Que no tendrá que soportar mi ira por haberme humillado con el dichoso contrato de confidencialidad y después tratando que aceptara un cheque por unos honorarios de escándalo, por un trabajo realizado totalmente inexistente.

Detengo un taxi y le doy la dirección. Es media hora de viaje desde el centro de la ciudad hasta mi hogar, así que me acomodo en el asiento trasero del coche y disfruto las últimas luces de la gran ciudad, dándole paso a los barrios de la periferia, hasta acercarnos a la costa.

Treinta minutos más tarde pago el importe del taxímetro y entró al centro de buceo. Mi padre está preparando la parafernalia para la inmersión de la noche y me saluda con la mano mientras revisa el nivel de oxígeno en cada uno de los tanques de buceo que usaremos esta noche.

El grupo de turistas está en el aula que usamos para impartir los cursos de buceo, y al lancha está amarrada en el muelle.

—Pensé que no llegarías, ya me las veía arreglándomelas con el viejo Billy y con un grupo de ocho buzos principiantes— afirma mi padre. —¿Cómo te ha ido? ¿Obtuviste ese trabajo?— No me da tiempo a responder y continúa hablando— No me gusta que salgas de aquí, y mucho menos a trabajar bajo el mando de un hombre, mucho menos uno con tanto poder como un rey. ¿Si te hace algo ese bastardo como mierda te defiendo?

— Se cuidarme sola papá— me apuro en responder —Sabes muy bien que solo fui porque Camilo insistió mucho.

—Camilo… me cae bien ese muchacho— dice con su mejor sonrisa, la más pícara. Esa que solo usa cuando quiere venderme algo que sabe que no le compraré ni en mil años.

—No me vendas esa idea viejo endemoniado. Te conozco muy bien. No te preocupes, no trabajaré para el rey… resultó ser un patan, eso si:  Patan y grosero, pero no del tipo que se insinúa, o contrata a una mujer por impresionado que esté con su  físico.

—¿A si? — preguntó extrañado— Debe ser Gay— simplificó después  y explote con una carcajada.

— No lo había pensado… pero ahora que lo mencionas… — decido que es mejor cambiar de  tema— Pásame mi traje de Nepreno, está Justo detrás de ti—. Señaló mi traje de buzo negro y rosado y él me lo pasa con una sonrisa.

—Se te va a congelar el culo esta noche en el agua. Hay bastante frío— se burla de mi— Que suerte para mi que puedo mantener mi trasero seco.

—No pienses que no lo sé, venía pensando en eso en el taxi— en eso y en el futuro rey.— Dile a Billy que se prepare, me cambio en un minuto  y salimos a los arrecifes  enseguida.

Hace dos años que esta es mi rutina. Hace dos años que trabajo aquí. Tres inmersiones diarias, mucho ejercicio físico , la playa, el mar azul y mi padre cerca. ¿Podría alguien tener un trabajo mejor?

Pues si, supongo. Como también supongo que miles dirán que estoy totalmente loca. Que soy una mujer temeraria, impulsiva y que disfruto yendo en contra de lo que debería ser. También sospecho que otra buena cantidad pensarán que desperdicio mi talento, mi juventud y mis estudios. Una financista brillante como yo no, una mujer graduada con honores, que matriculo en  dos carreras universitarias al mismo tiempo, y luego logró un doctorado en ciencias económicas en tiempo récord; alguien así no   debería estar trabajando como instructora de buceo en un club náutico desconocido en el medio de la nada.

Lo cierto es que… este club náutico desconocido en el medio de la nada es el único lugar del mundo donde me siento segura. Donde no me piden documentos,  ni hoja de vida… ni mucho menos revisarán mis antecedentes penales. Porque si… los tengo. Soy  una ex convicta, una ex reclusa, y el mundo puede ser difícil para volver a reintegrarse a la sociedad después de haber pagado una condena.

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