Capítulo 2

Chantal

Despertar por los rayos solares que se cuelan a través de la ventana y el sonido insistente de la alarma no es nada gratificante. Muchas veces he querido tomarme unas vacaciones, pero todos esos pensamientos quedan a un lado cuando recuerdo mi triste realidad.

Debo trabajar durante el día en la panadería familiar y en las tardes en el restaurante. Este último fue una medida extrema que tuve que implementar para ganar dinero extra y poder costear los medicamentos de mi madre. Entre mi padre y yo nos dedicamos a trabajar fuertemente para poder salir adelante y mantener a flote la panadería.

Muchos de mis amigos no estuvieron de acuerdo en que desaprovechara la gran oportunidad de trabajar en una de las empresas más reconocidas del país. 

No es que quiera ser presumida, pero siempre fui la mejor de mi clase y me gradué con honores. El motivo de su enfado fue que rechace esa gran oportunidad para poder trabajar hombro a hombro con mi padre, ya que mi madre no podía por su estado delicado de salud.

A eso también le debemos sumar todos los gastos que han generado su enfermedad y que el seguro médico no cubre todas las medicinas que requiere para su tratamiento.

En la vida las cosas no son color de rosas, si deseas algo bueno debes luchar por ello sin descanso. Los sacrificios son recompensados en el futuro y sé que un día no muy lejano voy a recoger los frutos de esa cosecha.

Las cosas estarían mucho peor si en aquel entonces no hubiese tomado esa gran decisión, todo sería un completo desastre y nuestras vidas se encontrarían en una total miseria.

Estiro mi cuerpo para tratar de relajar mis músculos, en realidad no sé a qué hora me quede dormida. Trabajar hasta altas horas de la noche no es para nada favorable, cuando el día siguiente debes estar despierto desde temprano.

Normalmente, llego a casa a la una 1:00 de la mañana, pero anoche hubo una celebración y por ende no podíamos retirarnos del lugar hasta que todo quedara como una tacita de plata.

Me pongo de pie siendo las 7:00 de la mañana y voy directo al baño para darme una ducha rápida, hoy le toca cita a mi madre y debemos estar en el hospital dentro de una hora. Por eso me apresuro para no perder tiempo y hacer el desayuno rápido y comer antes de salir de casa.

Cuando estoy lista bajo corriendo por las escaleras en dirección a la cocina. Pretendía preparar algo para comer, pero la gran sorpresa es que encuentro a mi hermosa y bella madre sentada esperando por mí.

—¡Buenos días, cariño! —sonríe con un hermoso brillo en sus ojos—. Antes de que vayas a regañarme sin fundamento, te informo que fue tu padre quien se hizo cargo.

—¡Buenos días, mi reina hermosa! —camino en su dirección para darle un abrazo y dejar un beso en su frente—. Espero que eso sea cierto, sabes que no debes abusar.

—Tampoco exageres, entre tu padre y tú me tienen malacostumbrada. —coloca una servilleta en su regazo—. Ya me encuentro mucho mejor, además mis niveles de azúcar se encuentran bien.

Tomo asiento frente a ella sin hacerle ningún tipo de reclamo, sufrir de diabetes tipo 1 no es nada bueno. La primera vez que le dio esa crisis me sentí morir cuando la encontré desplomada en el suelo y hasta llegué a pensar que se había ido a otro mundo.

Sin poderlo evitar comencé a llorar como una Magdalena hasta que me di cuenta de que seguía respirando. Reconozco que a veces soy un poco dramática, pero como no serlo cuando vez en ese estado a uno de los seres que más amas en la vida.

No quiero llegar a imaginar que seria de mí si algún día ellos llegaran a faltar.

Disfrutamos del desayuno mientras ella comienza a explicar los pasos que debemos dar hoy. Lo primero que debemos hacer es pasar por el laboratorio a buscar los resultados de sus estudios y luego ir con el Endocrinólogo. Este será el primer especialista que vamos a visitar el día de hoy.

Cuando terminamos saco mi móvil para llamar a la línea de taxi y envíen una unidad. Al poco rato salimos y el taxi ya se encuentra parado frente a la casa. Subimos y le indico la dirección a la cual ha de llevarnos.

Al cabo de diez minutos nos encontramos en el hospital, le pago al taxista por su servicio y ayudo a mamá a bajar. Con buena actitud caminamos a pasos lentos hasta ingresar. Estando en recepción informo a la secretaria sobre la cita que tenemos pautada para esta hora y cuando verifica nos pide que tomemos asiento.

—Lamento haber dañado todos tus planes nena. —dice mi madre cabizbaja—. Si no hubiera enfermado, todo sería diferente.

—Nada de eso, madre, hay que aceptar los designios de Dios. —tomo sus manos entre las mías para darle fortaleza—. Además, lo realmente importante es tu salud y eso es primordial. Ya deja de culparte, verás que más adelante voy a poder cumplir mis sueños, nuestros sueños.

La abrazo para tranquilizarla, esta es la manera en que puedo brindarle apoyo y hacerla sentir un poco mejor. Ella siempre se culpa por lo ocurrido, pero a ver ¿Quién desea enfermarse?, la respuesta es simple, nadie.

Mientras esperamos el turno la dejo un momento para ir al laboratorio a buscar los resultados. Corro por el pasillo hasta ingresar al ascensor. Por gracia divina no se encuentra tan lleno, la última vez parecíamos sardinas en lata y el calor que hacía era terrible.

Al llegar al piso donde se encuentra el laboratorio bajo con rapidez y en el proceso tropiezo con alguien. El fuerte golpe que ambos nos dimos en el hombro va a dejar alguna secuela, por lo mínimo un leve hematoma.

—Lo siento, señor, no fue mi intención. —me disculpo avergonzada—. Permítame...

No termino de hablar porque fui interrumpida abruptamente por una voz masculina a mi espalda.

—¿Acaso estás ciega?, para la próxima debes tener más cuidado.—espeta con arrogancia fulminándome con la mirada—. ¿Te encuentras bien? —se dirige al señor frente a él que seguramente ha de ser un familiar.

—Fue un accidente, ella no tuvo la culpa. —admite el señor que al parecer es más consciente—. Esto no quita que debes ser más cuidadosa —dice mirándome a los ojos—. Vamos, que se nos hace tarde.

Ambos hombres camina en dirección al ascensor y yo me quedo paralizada al detallar al hombre arrogante. No se puede negar que es un hombre muy guapo, pero su arrogancia le resta muchos puntos y no deja de ser un imbécil.

Ambos nos retamos con la mirada y no rompemos en contacto hasta que las puertas metálicas se cierran completamente.

Reacciono al recordar los exámenes que debo buscar y sigo mi camino hasta el laboratorio. 

Cuando tengo los resultados en mano, tomo las escaleras para evitar algún otro retraso.

Tomo asiento junto a mi madre a la espera y en todo el rato no puedo dejar de pensar en el hombre que ahora ocupa un pequeño porcentaje de mis pensamientos.

«Por encima se les nota que son de buena posición económica, pero ¿Qué hacen en un lugar como este? ¿Acaso serán benefactores?, ¿estarán visitando algún moribundo?»

Definitivamente hoy no es mi día, sin querer tuve un mal comienzo.

Capítulo 3

Las horas pasan y al fin hemos terminado con de asistir a todas las citas que mi madre tenía programada para hoy.

—Cariño, me siento un poco cansada. —espeta mi madre con cansancio—, vamos a sentarnos un momento para reponer un poco de fuerzas.

La tomo de la mano para dirigirnos a una cafetería que se encuentra a escasos metros de nosotras.

—Está bien mami, vamos a comer algo. —la tomo del brazo para cruzar la calle—. Aprovechemos ya que tenemos cerca una cafetería.

Ella asiente y caminamos los pasos que nos llevaran hasta el lugar. Una vez entramos al establecimiento tomamos asiento en la mesa más cercana.

Al poco rato se acerca a nuestra mesa una joven para tomar nuestros pedidos, por el hecho de que mi madre no puede consumir tantas harinas solo pide un sandwich, pero este es con pan integral junto a un jugo de mora. Por mi parte pido sandwich de pollo y un vaso de jugo de mora igual que mi madre, según palabras textuales de ella eso ayuda a subir la hemoglobina.

Mientras esperamos conversamos sobre lo bien que le fue en su chequeo. El doctor recomendó hacer ejercicio a diario o con caminar una hora al día era más que suficiente.

—¿Cariño te sientes bien? —posa su mano sobre la mía—. Últimamente, te veo muy agotada.

—Claro que si madre, no te mortifiques por eso. —acaricio el dorso de su mano—. Con un merecido descanso voy a recuperar fuerzas.

Se queda en silencio para analizando cada una de mis palabras, pero no insiste en seguir preguntando, sabe que no voy a entrar en más detalles y por eso prefiere dejar el tema.

La chica nos trae nuestros pedidos y comenzamos a disfrutar de lo que para nosotras viene siendo parte del almuerzo. Lo sé porque justo frente a mí tengo un gran reloj que marca la hora y son más de la 1:00 de la tarde.

Cuando terminamos de comer le hago señas a la chica para que traiga la cuenta, pero esta me hace una señal para que me acerque. 

—Ya regreso madre, voy a cancelar la cuenta. —aviso para que sepa a donde me dirijo. 

—Está bien cariño, aquí te estaré esperando. —afirma con una hermosa sonrisa en su rostro.

Camino a pasos lentos hasta llegar donde la chica.

—¿Qué pasa? ¿Ya tienes la cuenta? —pregunto a la espera de una respuesta de su parte.

—Sí, pero su cuenta ya fue cancelada señorita. —responde mientras ve detrás de mi espalda—. Un caballero se encargó de hacer el pago.

Me quedo estupefacta por lo que acaba de decirme, esto es realmente extraño porque no sé de quién se pueda tratar. Frunzo el ceño y giro para ver en dirección hacia donde ella lo hace y me llevo una gran sorpresa a reconocer a la persona que tal vez fue la encargada de pagar la cuenta.

—¿Es el caballero de aquella mesa, el que está vestido con traje azul? —pregunto enarcando una ceja y espero que esté equivocada.

—El mismo, señorita.

Esto no puede ser cierto, ese hombre es el mismo que sin querer tropecé al salir del ascensor en el hospital. No puedo permitir que se encargue de pagar una cuenta que no le pertenece.

Le pido a la chica que me muestre el total de la factura cancelada y al verificar el monto busco en mi cartera el monedero para sacar el dinero. Decidida camino hasta donde se encuentra el hombre y respiro profundo al estar parada a su lado.

—Buenas tardes. —saludo con amabilidad—. Disculpe usted, pero la señorita me acaba de informar que usted ha cancelado mi cuenta.

—Es un placer volverla a ver, señorita. —esboza una gran sonrisa—. Así es y espero no lo tome a mal, pero solo quería disculparme por la forma en que mi nieto se portó con usted hace unas horas.

—Pierda cuidado, eso no es algo que me quite el sueño. En este mundo uno se encuentra con personas peores que su nieto. —me encojo de hombros restándole importancia al asunto—, pero lo que no puedo aceptar es que haya pagado mi cuenta para retribuir lo ocurrido —tiendo mi mano con el dinero, pero este no me lo acepta.

—Deja eso así muchacha. —hace un ademán con su mano para no aceptar el dinero—. No te voy a aceptar ese dinero, lo vas a necesitar más que yo.

Demoro un rato intentando convencerlo de que lo acepte, pero al final tengo que rendirme y no seguir insistiendo. Este hombre es testarudo y no acepto el dinero. Insistió en que era su manera de disculparse y no me quedo de otra que aceptar.

Le agradecí por ello y me despedí del señor para regresar al lado de mi madre, quien ya estaba con la cabeza como el ventilador girando de un lado a otro. 

—¿Por qué te demoraste tanto cariño? —pregunta enarcando una ceja.

—Estaba saludando a un conocido madre. —miento para que no comience a interrogarme—, pero ya podemos irnos.

—Está bien. —responde no muy convencida por mis palabras, sabe que no estoy siendo sincera y sé que luego tendré que contar sobre lo ocurrido—. Vamos, pero primero debo ir al baño, ahora es a ti a quien le toca esperar.

Tomo asiento nuevamente en la mesa y volteo para ver hacia la mesa donde se encontraba sentado el señor. Me doy un golpe en la cabeza por no haber tenido la educación de haberme presentado y ahora no tengo idea de como se llamará el señor.

Otra cosa que se me hace extraña es no haberlo encontrado con el ogro de su nieto, tal vez es tan patán que seguro dejo a su abuelo solo en este lugar. No entiendo como puede haber personas así en este mundo.

Espero no volver a encontrarme con ese hombre despreciable en un futuro y poder tener la oportunidad de ver al señor nuevamente para presentarme con él como debe ser y ser yo la que lo pueda invitar a tomar un café.

Al llegar mi madre me pongo de pie para salir de la cafetería e ir rumbo a nuestra casa para que ella pueda descansar y yo ir a mi trabajo en el restaurante.

Caminamos hasta la salida en donde paro al primer taxi que pasa, ayudo a mi madre a subir y cuando estoy a punto de hacerlo mi madre dice apenada.

—Cariño, he dejado el suéter, no recuerdo si fue en la silla o en el baño. —dice apenada. 

—Tranquila, ya voy por el. —Sonrío para luego pedirle al taxista que me espere un momento.

Camino a grandes zancadas al interior de la cafetería, al llegar a la mesa donde estábamos me doy cuenta de que no está en la silla, lo más seguro es que debió dejarlo en el baño. 

Sin tiempo que perder camino hasta los sanitarios, al entrar veo el suéter de mi madre sobre el lavado y lo tomo. Por gracia divina mi vejiga pide ser desocupada y entro hasta el cubículo para hacer pis. Salgo y lavo mis manos tomando el suéter antes de dejarlo nuevamente.

Por la prisa al salir camino apresurada tropezando con alguien. Levanto mi mirada para disculparme con la persona, pero me llevo una sorpresa al darme cuenta de quien se trata.

—¿Otra vez tú? —pregunta con arrogancia enarcando una ceja—. Al parecer este es tu hobby favorito.

—Lo siento, pero no es mi culpa encontrarme con idiotas en el camino.

No le ha gustado para nada mi respuesta y sin verlo venir actúa de la manera que menos lo esperaba. El muy imbécil me besa y acto seguido le doy una cachetada que resuena en el pasillo.

—Imbécil.

Es la última palabra que digo antes de salir corriendo del lugar como alma que lleva el diablo.

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Un Trato sin Amor

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