La clase de lengua había sido un poco más llevadera nada comparada como cuando estábamos con Federica.
La pobre mujer a su edad tenía que tener cuidado teniendo que estar más tiempo sentada que de pie por eso algunos de los alumnos se aprovechaban de su mala vista para copiar en los exámenes y hacer trampas.
Además de vacilarla y ella no tenía nada de paciencia en parte era normal.
Pero con Ares todo era completamente diferente, había regañado a más de uno que quería ir de listo echándolos de la clase ya desde primera hora de la mañana.
Yo siempre estaba callada en todos las clases al menos que el profesor o la profesora me preguntará algo no quedándome más remedio que contestar.
Teníamos dos horas de clases con él, en esas dos horas nos había mandando hacer unos ejercicios después de habernos explicado todo en la pizarra.
Al cabo de un rato yo ya había terminando los ejercicios pero por supuesto no dije nada porque no me gusta llamar la atención.
Por eso aproveche mi tiempo sacando mi cuaderno de escritos, ni si quiera mi madre sabía que lo tenía lo guardaba como si fuera un tesoro ya que si mi madre leía solo unas páginas estaba segura que la terminaría dando un infarto.
¿El motivo?
Escribía cosas subidas de tono, mi madre intentaba que yo no supiera nada referente al sexo pero eso es un caso imposible.
Si te fijabas bien todo lo que rodeaba era sexo, ibas por la calle y las parejas se besaban y se metían mano.
La atracción flotaba por el aire y mi madre ni si quiera a mi edad me dejaba ver películas donde salían escenas de sexo.
Si, cuando salían sin esperarlo cuando veía una película con ellos me tapaba los ojos pero mis oídos escuchaban todo entonces terminaba imaginándomelo.
Porque así era nuestras mentes de poderosas que si no lo veías entonces te lo imaginabas aunque no se cual más era peor.
Estaba tan metida en mis pensamientos escribiendo que no me doy cuenta de que había sonado el timbre avisando que las dos horas de clase habían terminado.
Gracias al ruido que hacían al moverse vuelvo a mi realidad comenzando a recoger mis cosas rápido.
Los alumnos van saliendo de la clase y yo me apresuró porque lo menos que quería era llegar tarde y que no me dejaran entrar a la clase toda la hora.
-Mía – me quedo petrificada cuando escucho la voz del profesor llamarme cerca de mí.
Levanto mi mirada encontrándome con sus ojos dándome cuenta que estaba solo yo en clase todos se habían ido.
-¿Si? Profesor – le contestó guardando el cuaderno en la mochila pero antes de que lo hiciera él lo señala volviendo a hablar.
-¿Qué estabas escribiendo tanto en ese cuaderno? – abro mi boca dispuesta a mentir diciéndole que era el cuaderno de lengua cuando veo como coge el cuaderno de lengua que estaba aún en la mesa.
Me cachis… pero que despistada apuntó de pecar diciendo una mentira y ahora no se como salir de esta.
-Yo… - me callo porque sinceramente no sabía que decir.
No podía mentir tampoco, estaba castigado si lo hacía.
Él me mira para después abrir el cuaderno entonces comienzo a ponerme nerviosa.
-Profesor por favor voy a llegar tarde a la siguiente clase – pongo la mano en el cuaderno para quitárselo pero él me vuelve a mirar con esa mirada que hace que rápido aparte mi mano poniéndome aún más nerviosa.
-¿Qué hacías que no estabas haciendo los ejercicios que yo mande Mía? – me pregunta.
Rápido reaccionó abriendo el cuaderno enseñándole que los ejercicios de lengua estaban hechos.
-Lo siento los termine todos antes de tiempo y pensé que podría aprovechar mi tiempo libre – el observa los ejercicios viendo el mismo que si estaban hechos.
-Esta bien – siento un gran alivio cuando veo como cierra mi cuaderno de escritos dándomelo.
Rápido lo cojo guardándolo en mi cartera como lo demás que quedaba en la mesa.
-Para la próxima repasa lo que dimos así aprovechas tu tiempo que sea la última vez que te veo escribir en ese cuaderno – me tenso cuando escucho sus palabras un poco subidas demostrándome que me estaba regañando como profesor.
-De acuerdo profesor no volverá a pasar – con eso agachó mi cabeza saliendo todo lo rápido que puedo de la clase sintiendo su mirada en mi hasta que no me alejo.
Sin duda me había salvado de una bien grande no me quiero ni imaginar que hubiera pasado si él llega a leer unos solos renglones.
Consigo llegar a tiempo a la siguiente cuando me siento a los pocos segundos entra la profesora de matemáticas.
-Buenos días comencemos con la clase…
Así fue mi mañana hasta que llegó la hora del recreo, la verdad que yo no salía me quedaba en la biblioteca.
Me sentía más agusto dentro rodeada de libros y no llevándome caras extrañas de la gente al verme sola.
Me tomó mi almuerzo rápido entrando después a la biblioteca saludando a la mujer que llevaba este sitio.
-Hola Mía – me saluda ella con una gran sonrisa.
-Hola Margarita, ¿necesita que la ayude en algo? – aparte de pasar el recreo en la biblioteca ayudaba a Margarita.
-Pues cariño sabes que no me gusta abusar de nadie ya que… - antes de que siguiera la corto.
-Margarita es un placer ayudarla usted dime se que no puedes subir a lo alto de las estanterías por su problema de la cadera – ella me sonríe estirando su brazo para acariciar mi mejilla.
-Siempre tan buena Mía pues hoy no es nada de colocar libros – frunzo mi ceño.
-¿Entonces? – la pregunto.
-¿Te importaría si llevas esta caja a la sala de profesores? Si te preguntan porque no estas en el recreo diles que vienés de mi parte – me sonríe cogiendo la caja que se veía que pesaba dejándola encima de la mesa.
-Encantada de llevarlo – la sonrió cogiendo la caja sintiendo que si era pesada.
Salgo de la biblioteca caminando por los pasillos hasta que llegó a la sala de profesores.
Entró viendo que no había nadie, era normal algunos profesores y profesoras aprovechaban para ir a la cafetería que había y tomarse sus cafés.
Dejó la caja encima de la mesa larga observando las estanterías que estaban llena de papeles descolocados.
Me doy la vuelta para salir cuando…
-¡AAHHHH! – grito asustándome sin esperarme encontrarme con el profesor Ares.
Se me queda mirando extrañado.
-¿Mia? No quería asustarte – deja su maletín en una de las sillas. - ¿Qué haces aquí? Los alumnos tienen prohibido la entrada – me señala el cartel que había pegado en la entrada.
-Lo siento – me disculpó rápido. – Solo vine a dejar esta caja mandando por Margarita la de la biblioteca – le explicó rápido.
-No me parece bien – me dice de repente. – Deberías de estar en el recreo como todo el mundo, como te vuelva a ver por aquí la próxima vez estarás castigada – pero…
Solo quería ayudar a Margarita no había echo nada malo.
Agachó mi mirada disculpándome para después salir.
El profesor me había regañado más veces en solo un día que todos los que llevaban aquí años.
Vuelvo a la biblioteca pasando por donde estaba la mesa de Margarita pero ella me llama.
-¿Mia estas bien? – la miro asintiendo con mi cabeza.
-No se preocupe Margarita ya deje la caja donde me dijo – camino hasta la mesa sentándome en la silla sacando mi cuaderno especial comenzando a escribir.
Una chica que no sabía nada sobre el sexo, ni si quiera sabía lo que se sentía un beso con lengua.
Quería experimentar esas sensaciones por eso se puso guapa con un vestido rojo que se ajustaba a su cuerpo.
Llegó al sitio donde había quedado con el chico que había estado chateando desde hace mes.
Aunque no supiera nada sobre el sexo había tenido conversaciones subidas de tono con él por el móvil donde despertaba sensaciones nuevas para ella.
Cuando se encontró con el nunca se imagino ver a un chico tan apuesto como él, más que en la foto que tenía por la red social además de que estaba lleno de tatuajes y su piercing en su labio le dejaba verse aún más sexy dándola ganas de besarlo y probar para ver lo que se sentía sentir ese aro sobre sus carnosos labios.
Seguí escribiendo una pequeña historia que nunca saldría a la luz, hasta que mi mente comenzó a volar aún más y termine describiendo sin creérmelo yo misma a mi profesor de lengua.
Suelto un pequeño jadeo mirando a mi alrededor cuando término de escribir sintiendo una corriente de aire fría pasar por mi nuca haciendo que mi piel se erizase.
Cojo el pequeño espejo que tenía en mi mochila viendo que tenía mis mofletes rojos.
Dios mío…
Que dios me guarde pero esta vez mi imaginación paso los límites al escribir como sería el cuerpo de Ares mi profesor…
Un día más en que las clases terminaron, cuando salgo mi madre me estaba esperando como siempre en la puerta, la gente se la quedaba mirando porque, aunque hiciera un montón de calor mi madre siempre iba tapada entera.
Mi madre me coge del brazo tirando de mí para comenzar a caminar apresurada, no hace falta que dijera nada para saber que las miradas de las personas la molestaban bastante.
-Que gente más irrespetuosa - me dice cuando nos alejamos de mi centro.
-Mama no dijeron nada - intento calmarla antes de llegar a la parada de autobuses.
-No hace falta que digan nada lo piensan y eso también es pecado Mia - si... se me olvidaba que todo en esta vida hasta pensar era pecado.
Pecado, pecado y más pecados...
-Mi profesora de lengua ya se jubiló mama - intento cambiar de tema.
-¿Entonces os pusieron a otra profesora? - me pregunta ella cuando nos detenemos esperando al autobús.
-No - entonces ella me mira. - Es un hombre se llama Ares - ella me mira más extrañada.
-¿Ares? No suena a un hombre mayor - niego con mi cabeza.
-Es que no es mayor, a ver me refiero que es joven - entonces sé que no tuve que decirla nada.
-¿Cómo es eso posible Mia? Ah no, si es lo que yo me estoy imaginando tendré que ir mañana a tu centro para reunirme con él director - abro mis ojos de sobremanera.
-¡Pero mama! Por dios es un profesor no sé qué problema tienes con que sea más joven que otros profesores - ella me mira molesta.
-El centro hace mal en poner a un profesor joven eso solo consigue que las alumnas más jóvenes se distraigan - frunzo mi ceño sorprendiéndome, aunque mi madre tuviera una mente así. - Si, esas compañeras tuyas que están más salidas que él pico de una mesa - miro a mi lado a una mujer que estaba escuchando todo negando con su cabeza.
-Mama... - la regaño, avergonzada.
-No, señorita - suelta un suspiro de cabreo. - Mañana mismo entrare contigo exigiré hablar con él director yo no quiero que un joven de clases a mi hija eso solo puede distraerte ya te dije muchas veces que los hombres a tu edad no son correctos - intento no rodar los ojos. - Solo te podrás distraer un poco cuando termines tu carrera que tu padre y yo elegimos para ti y por supuesto te casaras con él que sea más correcto para ti - espero que algún día la tierra me tragara.
-Mama estás exagerando - la contesto cuando justamente él autobús llega.
Esperamos nuestro turno montando para luego ir al final del todo, entonces mi madre me contesta.
-¿Así que tu madre exagera Mia? Cuando tu padre y yo lo único que queremos es tu bien - para qué demonios hablo, es que tuve que cerrar mi boca y no abrirla en todo el santo día.
-Está bien mama... - la digo rezando para que se callara de una vez por todas con él tema.
Después de cómo casi veinte minutos llegamos a casa, rápido subo las escaleras dirigiéndome a mi cuarto tirando la cartera encima de mi cama para luego dejarme caer en ella.
Suelto un largo suspiro viniéndome a la mente lo que escribí en la biblioteca del nuevo profesor.
Sabía que había pecado, pero hasta contarlo cuando tuviera que contarlo me daba vergüenza por eso, aunque costara me lo iba a callar.
Me levanto abriendo mi cartera sacando él cuaderno para guardarlo debajo de mi colchón.
-¡MIA BAJA A COMER Y NO TE OLVIDES DE QUITARTE ESA FALDA! - ruedo los ojos cuando escucho a mi madre.
Abro mi armario sacando un pantalón largo quitándome la falda para guardala poniéndome él pantalón después.
Me quito los botones de mi camisa blanca colocándola con la falda dejándola para mañana ponérmelo de nuevo.
Cuando estoy bajando las escaleras mi padre entra por la puerta con su maletín.
-Hola papa - le saludo abrazándolo.
-Hola mi hermosa niña - me sonríe dejando un beso en mi pelo caminando después hasta la mesa.
Mi padre se quita su saco y su corbata dejándolo en una silla como su maletín acercándose a su silla de siempre sentándose.
Comienzan a hablar sobre sus cosas y como le fue a mi padre en su trabajo y demás hasta que mi madre llama mi atención cuando le comenta a mi padre lo de mi instituto.
-Mañana voy a tener que ir a hablar con él director de Mia - mi padre me mira sin entender porque dice eso mi madre.
-¿Te castigaron por algo Mia? - rápido niego con mi cabeza.
-No, es que al parecer su profesora de lengua se jubiló y le pusieron un profesor - contesta mi madre antes de que yo pudiera hacerlo.
-¿Y qué hay de malo? - pregunta mi padre aun sin entender nada.
-Que es joven eso dice tu hija - es que no entiendo como mi madre podría tomar tan enserio cosas que no tenían importancia.
Mi padre niega con su cabeza sin decir nada más.
Hasta que no terminan ellos de comer yo no me puedo levantar de la mesa, cuando mi madre se levanta como mi padre yo también lo hago cogiendo mi plato llevándolo al fregadero, cuando voy directa a las escaleras mi madre me llama.
-Mia - detengo mis pasos dándome la vuelta. - ¿Qué me tienes que dar? - extiende su mano.
Ladeo mi cabeza sacando él móvil de mi bolsillo dándoselo para luego subir las escaleras.
Otra cosa que se me olvido mencionar, mientras que estuviera en casa mi madre me quitaba el móvil según ella para que no me metiera en sitios y no perdiera mi tiempo.
Mi tarde la paso, haciendo todos los demás de las materias que nos mandaron además de un trabajo escrito que tenía que entregar mañana.
Cuando termino todo ya era de noche, de nuevo mi madre me llama para que bajara a cenar, me mantengo callada mientras ellos dos hablaban cuando terminaron levantándose yo también lo hice.
Esa era mi vida sin emociones algunas, mis padres me decían de disfrutar mi juventud, pero como ellos lo veían no se disfrutaba nada.
Muchas veces acababa rompiéndome a llorar como una magdalena por no poder estar disfrutando de nada.
Lo único que me quitaba el aburrimiento eran los libros que cogía de la biblioteca de mi instituto.
Observo mi ventana unos minutos más hasta que decido por ponerme el pijama largo metiéndome en la cama.
Aunque ya tuviera a mi madre como alarma destructora pongo la misma de siempre apagando la pequeña lampara que tenía al lado de mi cama.
Pasan unos cuantos minutos más hasta que él sueño termina acabando conmigo en un profundo sueño...
El timbre de que había finalizado la clase suena, los alumnos salen apresurados sedientos por querer salir ya que era la penúltima clase que quedaba.
Recojo mis cosas todo lo rápido que puedo, pero levanto mi mirada cuando escucho el cierre de la puerta.
Mi mochila se me resbala de las manos cuando veo como él profesor de lengua me mira con esa intensidad en su mirada acercándose lentamente hacía a mi como si fuera su presa.
Comienzo a dar pasos hacia atrás hasta que acabo chocando contra la mesa del profesor teniendo enfrente de mi a Ares.
-¿Profesor que está haciendo? - apenas podía pronunciar mis palabras.
-Hacer lo que tanto tiempo me he aguantado - frunzo mi ceño sin entenderle.
Casi termino subida a la mesa cuando se pega más contra mi posando su mano suave en mi mejilla acariciándola hasta llevar su dedo gordo a mi labio inferior provocando que entre abriera mis labios soltando un jadeo de sorpresa.
Sus ojos oscuros conectan con los míos viendo chispas saltar.
Entonces sus labios se pegan a los míos con ferocidad sintiendo mil sensaciones a la vez al sentir por primera vez lo que era unos labios suaves contra los míos.
Suelto otro jadeo cuando muerde mi labio inferior tirando de él pegándome más contra su duro cuerpo metiendo su mano grande por debajo de mi falda.
Todo pasa demasiado rápido, cuando me doy cuenta acabo tumbada en su mesa acabando algunos libros por los suelos y su cuerpo encima del mío sintiendo su grande mano en mis bragas palpando mi zona sensible.
Sin poder contenerlo suelto un gemido cuando siento sus dedos comenzar a hacer círculos mientras que de nuevo sus labios devoraban los míos entre mordidas.
Mis bragas comienzan a mojarse por el tacto de sus dedos mientras que mis gemidos eran callados por su boca.
Bajo mi mano hasta colocarla encima de la suya apretándola diciéndole sin palabras que quería más que no quería que se detuviera.
Se pega más a mi pasando su otra mano por mi cadera levantándome un poco para que notara su gran polla a punto de estallar dentro de sus pantalones.
Suelto un pequeño grito cuando aparta con una gran habilidad mis bragas tocando mi centro con sus dedos, pero esta vez sin ninguna tela de por medio.
Siento mi abdomen apretarse como si fuera estallar sintiendo mi vagina demasiado húmeda como si fuera una gran cascada para unos segundos después una gran explosión invade todo mi cuerpo haciendo que gritara.
-¡AHHHHH!
Grito tapándome rápidamente mi boca con mis manos alzándome hacía adelante con mi respiración acelerada.
¡DIOS MIO!
Iba al infierno de cabeza...