Hugo acababa de fumar su cigarrillo cuando se dirigía a entrar y una chica choca contra su pecho. Venía concentrada en encender su cigarro, pero al parecer su fosforera se había quedado sin gas, porque la llama no encendía.
— Lo siento – se disculpó de inmediato que sintió su cabeza chocar con alguien.
Hugo no dijo nada, saco su encendedor del bolsillo de su traje y puso el fugo frente al rostro de la chica que continuaba aun con la cabeza gacha. Esta al notarlo predio su cigarro y levanto por fin su rostro para encontrar unos fríos ojos grises que la observaban.
- Gracias – murmuro.
El la observo algunos segundos, pero no dijo nada y continuo con su camino.
- Que extrañas son algunas personas. – pensó ella
Hugo volvió a la habitación privada y Felipe retomo la platica tal y donde la había dejado, algunos minutos después alguien toco a la puerta. Era una mesera del restaurante.
—Perdone que los interrumpa, pero alguien llama preguntando por el señor Alejandro.
Este frunció el ceño sin entender y luego de revisar su celular y decirle algo al oído a su jefe salió de la habitación.
— Perdone mis modales señor Moretti, ahora es que me percato que llevamos horas hablando y no le he invitado un trago. — tomó la botella de vino le sirvió un trago a Hugo y luego otro en su copa.
Pero Hugo lo rechazo con amabilidad.
— Lo siento señor Felipe, pero no bebo alcohol.
— Que tonto de mi parte, no lo sabía señor Moretti, pero mejor brindemos entonces con agua— levantó la copa de agua y Hugo hizo lo mismo
Una sonrisa apareció en el rostro de la chica sentada al lado de Felipe y luego de brindar éste retomo su discurso, pero algunos minutos después Hugo comenzó a sentirse mal, con mucho calor y un poco asfixiado.
En la habitación cercana los hombres habían salido a fumar junto con Sara, Lydia se acercó a Mónica y le dio dos frascos pequeños de medicina.
— Pon este de color rosa en la bebida de Tobías y el azul en la bebida de Sara, no puedes equivocarte, son diferentes medicinas. Los tragos están a punto de llegar, yo voy a ir al baño para que nadie sospeche de mí, ya que si se llega a saber algo voy a ser la primera sospechosa.
Lydia salió de la habitación privada y fue al baño y minutos después llegó el camarero con las nuevas bebidas, Mónica se dirigía a cumplir con lo que le pidieron cuando Jose se cruzó en su camino.
— ¿Cómo lo estás pasando Mónica? ¿te estás divirtiendo?
Mónica llevaba años enamorada en secreto de Jose así que cuando este le dirigió la palabra ella solo tuvo ojo para él y se olvidó del resto del mundo.
— Si, claro. Me encanta pasar tiempo contigo, digo, con ustedes. — respondió nerviosa.
— Siempre es bueno estar con los compañeros, viene por un cigarro ¿Quieres ir a fumar?
— Gracias no fumo.
El sonrió y se acerco a una de las sillas que había al final de la habitación donde se encontraba su mochila y saco una caja de cigarros.
Le volvió a sonreír antes de marcharse y Mónica suspiró, parece que después de todo Jose si sabe de su existencia. Estuvo a punto de dejar caer los frascos mientras soñaba despierta, pero fue lo suficiente ágil de sostenerlos bien.
Acomodó las nuevas bebidas en los asientos de cada cual y a la hora de poner la medicina en la bebida se dio cuenta que había olvidado cuál poner en cuál. Así que intentó hacer memoria y al no poder recordar saco la conclusión más lógica que pudo llegar a pensar.
— Rosa para las chicas y azul para los chicos. — procedió a verter la medicina y luego tomo asiento to.
Minutos después regresó el grupo de amigos y tomaron sus respectivos asientos y por último regreso Lydia.
— Bueno chicos un último brindis que ya es tarde y me voy a casa— propuso Sara y todos aceptaron — por otro más juntos.
Todos bebieron y Mónica y Lydia intercambiaron una sonrisa cómplices.
— Vamos Sara te llevo casa — propuso Tobías.
— No — dijo de inmediato Lydia — no debería — rectifico más calmada — todos bebieron no deberían conducir.
José se consideraba un buen bebedor, pero por alguna razón hoy se sentía cansado y los parpados le pesaban.
— Creo que tienes razón.
— Claro que la tengo, Sara no hay necesidad que te vallas, yo reservé habitaciones para todos por si esto ocurría.
Todos agradecieron la bondad de Lydia y se marcharon a buscar sus habitaciones.
— Si quieres te acompañó a tu cuarto Sara, es al lado de mi habitación. — se ofreció Lydia.
— Claro — Acepto Sara sintiéndose un poco mal.
Ambas salieron y fueron al ascensor, Lydia la acompañó al cuarto y se marchó dejando la puerta de la habitación abierta, luego sacó su móvil y realizó una llamada.
— Ya todo está listo, ven a la habitación 420. — y luego de esperar la respuesta colgó.
Volvió a bajar a la sala donde había dejado a Tobías y en el camino se encontró con Mónica.
— Creo que cometí un error. — se lamento Mónica.
— ¿Qué sucede?
— Algo le paso a Tobías.
Lydia no la dejo terminar de hablar y Corrió a ver que había sucedido. Cuando entro a la habitación privada del restaurante se encontró o Tobías inconsciente sobre el sofá de cuero.
— Creo que me equivoque de Medicina. — murmuró Mónica.
Lydia tenía deseos de matarla por arruinar su oportunidad de acostarse con Tobías, solo le quedaba como consuelo que Sara había bebido el afrodisíaco y que teniendo en cuenta que ella acababa de enviar un hombre a su habitación terminaría teniendo sexo y cuando Tobías lo supiera no iba a querer seguir con Sara.
En la habitación del Hotel Sara sentía mucho calor y se metió al baño para refrescarse, lleno la inmensa bañera de agua caliente y se metió en ella.
Hugo le dijo a Felipe que no se sentía bien y le pidió terminar la reunión.
— Si siente mal, puede descansar en una habitación hasta que regrese su secretario. — le ofreció Felipe. — tomé, había reservado esta habitación para mí, pero veo que usted la necesita más.
Sintiéndose mareado y sofocado Hugo acepto sin dudarlo y salió del restaurante hacia las habitaciones del hotel.
— Dentro de 15 minutos sube a la habitación, ya todo está listo y las cámaras están en su lugar. — le hablo Felipe a la mujer a su lado.
Hugo subió hasta las habitaciones del cuarto piso, pero en lugar de doblar a la izquierda hacia la habitación número 460 dobló hacia la derecha y viendo una puerta abierta entro a la habitación, sentía demasiado calor así que se quitó la ropa y entro al baño abrió la ducha y dejó que el agua fría cayera por su cuerpo. Sara se había quedado dormida en la bañera pero el ruido de la ducha la despertó . La pared de cristal que separaba la bañera de la ducha estaba empañada del vapor del agua caliente de la bañera así que solo podía ver la silueta de un hombre desnudo.
—¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? — pregunto mientras salía de la bañera, intentó alcanzar una toalla pero esta calló dentro de la bañera.
Hugo salió de la ducha y vio la mujer desnuda frente a él, su cuerpo era exquisito y estaba un poco sonrojada. Algo se apoderó de él y se fue encima de ella, besándola con deseo. Sara intentó resistirse pero al final terminó sediento y dejándose llevar por el momento.
Esa noche la pareja realizó el sexo incontables veces, en el baño, en la cama, la terraza, dejaron su marca por cada rincón de la habitación y fundieron sus cuerpos en uno, solo se escuchaba el choque de sus cuerpos y sus jadeos.
A la mañana siguiente Sara despertó con un terrible dolor de cabeza y viendo al hombre a su lado y los rastros en su cuerpo de lo que había sucedido anoche solo pudo lamentarse.
— Me cago en Dios — murmuró, pero no lo suficientemente bajo para no despertar a Hugo.
abrió los ojos y también se asombro de ver la mujer que estaba sentada a su lado en la cama halándose los pelos y mirándolo horrorizada. Analizaba lo que podía decir cuando ella se adelanto.
— Mira, no se quién eres ni me interesa saberlo, lo que ocurrió anoche fue un error , un terrible error, yo estoy casada y esto no se va a volver a repetir. Así que olvídalo y olvídame.
Tomo sus cosas y salió huyendo sin apenas vestirse.
Hugo vio salir a la mujer a toda prisa y su rostro se oscureció. Se levantó de la cama y fue hacia su ropa esparcida por el suelo de la habitación, tomo su móvil y vio muchas llamadas perdidas de su secretario y mensajes preguntándole donde estaba. Marcó su número y al primer timbre Alejandro respondió la llamada.
— Señor ¿Está usted bien? ¿Dónde está?
— Cállate inútil — gritó Hugo enfurecido — me duele la cabeza, tráeme una pastilla, ropa limpia. Estoy en una habitación del hotel— salió hasta la puerta envuelto en la sábana y se fijo en el número de la habitación — habitación 420, date prisa que tengo cosa que hacer.
Díez minutos más tarde Alejandro tocó la puerta de la habitación con el desayuno para Hugo, un traje recién planchado y la pastilla para la resaca.
— Averigua que fue lo que sucedió ayer, estoy seguro de que no bebí, así que me deben haber drogado. — ordenó Hugo.
— Si señor.
— Y averigua quién fue la mujer que se que se daba en esta habitación.
— Señor ¿usted quiere volver a verla?
— Quiero saber que es esa mujer infiel, capaz de engañar a su marido y hacerme romper una de mis reglas de oro.
Alejandro comprendió de inmediato, su jefe podía acostarse con muchas mujeres, solo había tres tipos a los que él no se acercaba, en primer lugar menores edad, en segundo lugar, las parejas de sus amigos y por último mujeres casadas. Hugo odiaba a las mujeres infieles y que engañaran a sus maridos, la ironía de la situación es que él también estaba casado, y no le importaba serle infiel a su esposa todos los días.
Alejandro realizó algunas llamadas mientras Hugo se bañaba y cuando salió del baño le tuvo las respuestas.
— El Señor Felipe le tendió una trampa, encontraron restos de un afrodisíaco en su comida de ayer y revisaron la habitación en la que se suponía que usted iría a descansar y encontraron cámaras ocultas, al parecer todo estaba planeado para chantajearlo y obligarlo a que aceptará el trato.
El hermoso rostro de Hugo se oscureció y luego preguntó.
— ¿Y la chica? ¿También era parte del plan?
— No señor, Felipe había contratado una prostituta, pero cuando fue a la habitación usted no estaba ahí.
— ¿Entonces quién es la chica?
— Todavía no lo sé señor, la habitación estaba a nombre de una estudiante universitaria, pero no era la única, había otras 10 habitación a ese nombre, parece que los compañeros de una clase vinieron a celebrar y se quedaron el hotel. Todavía no tengo información de la chica.
— Está bien, puedes retirarte ahora salgo y vamos a la empresa.
Alejandro obedeció y salió de la habitación, mientras que Hugo se quedó observando la cama, no recordaba mucho de lo que había sucedido la noche anterior, pero su cuerpo sí recordaba la sanción de tenerla bajo de él y todo lo que le hizo sentir. Se acerco a la cama a tomar su reloj que se encontraba en la mesita de noche y vio una pequeña mancha de sangre. Recordó entonces el momento en que la penetro se sentía muy estrecho y ella hizo un gesto de dolor, pero el no pensó en nada y dejándose llevar por el momento la follo sin piedad.
Por un momento se compadeció de la pobre chica y lamento no haber sido más delicado, pero cuando recordó que era casada dejo de lado esos tontos sentimientos.
— Casada— murmuró para sí — como puede una mujer casada ser virgen. ¿Qué tipo de hombre estúpido no le cumpliría en la cama a una mujer tan bella?
Salió de la habitación de Hotel y miro por última vez la cama. Sonrió recordando la cara de la chica cuando despertó y no pudo evitar desear volverla a ver.
Sara luego de salir corriendo de la habitación termino de vestirse en el pasillo y por la prisa no se percato de fue fotografiada a medio vestir.
Tomó un taxi y fue hasta su habitación en el Campus de la Universidad. Su compañera de habitación sonrió al verla , pero cuando se fijo en su estado de inmediato se alarmó.
— ¿Estás bien Sara?
— No, no, no, no, no estoy bien, estoy jodida Emily, estoy completamente jodida. — murmuró mientras caminaba de un lado a otro y alas.
— Anoche cometí un terrible error, creo que me emborraché y me acosté con alguien. Esto es malo, esto es muy malo.
— Calma Sara, esas cosas pasan, no serás ni la primera ni la última mujer en el mundo que tiene una aventura de una noche. — intentó calmarla su amiga.
— Pero yo no puedo Emily, yo no debo hacer esas cosas — y luego con voz apagada agregó — yo estoy casada.
— ¿Qué? — Emily la observo buscando alguna señal de que lo que decía era broma, pero no pudo hallarla.
— Y no solo casa, firme una cláusula que dice que no puedo ser infiel o debo pagar 100 millones de euros.
— Pero tú estás completamente loca, como vas a hacer algo así. Y como vas a estar casada, te conozco hace 3 años y el único hombre que te e visto cerca es Tobías.
— Es algo que no te puedo contar, por eso no dije nada, ni siquiera conozco a mi esposo.
Emily se levantó de la cama, abrió la nevera y sacó una botella con agua.
— Toma, bebe algo, necesitas calmarte. ¿Te vio alguien anoche? ¿Algún conocido que te pueda delatar?
— Creo que no, no lo sé, no recuerdo casi nada. Solo se que desperté hoy y había un hombre a mi lado.
Sara bebió la botella completa y se dejó caer en la litera.
— Estoy completamente jodida si alguien sabe de esto. Espero no me viera nadie.
— Creo que es un poco tarde para desear eso.
Emily le extendió su celular a Sara y le mostró una noticia en el foro de la Universidad.
La estudiante número 1 de la Clase de Gestión de Empresa tuvo una apasionada noche y se le vio salir esta mañana semidesnuda del Hotel.