Capítulo 2

Por Christopher

-¿Tienes que ir?

Insistió Mary Ann.

-No entiendo porqué mi tío dispuso el viaje así, pero le prometí que iba a abordar el crucero.

-No quiero dejar de verte por tanto tiempo.

-Lo lamento, yo tampoco quiero, pero...

-Entonces no subas a ese barco.

-No seas irracional.

-Yo puedo invitarte a un crucero, pago todos los gastos.

-No es por el crucero, mi tío es la única familia que tengo, cuando me ofreció este viaje, él ya lo había comprado.

-¡Vive en California! ¡No tiene sentido que estés viajando por 3 semanas, cuando en menos de un día puedes estar allá!

-Lo sé, pero no puedo depreciarlo.

-¡No quiero que vayas!

Mi novia era caprichosa.

Aparentemente mi tío también lo era, pero no podía rechazar su regalo.

En el fondo, sabía que Mary Ann tenía razón, pero la idea de un crucero, lejos de los reclamos diarios de mi novia, de sus celos, de sus caprichos, de su manipulación y de su dictadura, era una tentación muy seductora.

No estaba pensando en serle infiel.

Solamente quería sentir un poco de libertad.

Mary Ann era una mujer muy hermosa, eso no lo negaba, tampoco podía negar el hecho de que los millones de su familia la hacían ver como una mujer poderosa, casi irresistible.

Al menos al principio de la relación pensé que era un combo perfecto, una mujer hermosa y millonaria.

Pero... no todo lo que brilla es oro.

Ella muchas veces era déspota y con muchas personas, sobre todo con las que no consideraba que eran de su nivel, eso incluía a mis amigos.

En nuestro noviazgo ella decidía absolutamente todo.

En un principio yo estaba fascinado, pero todo cansa.

-Tengo que ir, se lo prometí a mi tío.

Le dije luego de un largo silencio.

-Te veo en California.

-Voy a pasar un tiempo con mi familia, no puedes disponer de todo mi tiempo.

-Tenemos que organizar nuestra boda.

-Dijimos que esperaríamos un año más.

-No, no quiero esperar, ya cumplí 30 años y hace tres años que salimos.

-Dame un mes, eso es el crucero, más unos días con mi tío y su esposa.

-Tu tía insinuó que yo era caprichosa, no me quiere, te va a hablar mal de mí.

-La viste una sola vez y tu comportamiento con ella, no fue el mejor.

-Ese día yo quería estar con vos.

-Los veo una semana por año, no permitiste que saliera a cenar con ellos.

-Me excluyeron.

-Ya lo hablamos varias veces, no te comportas bien, piensas que soy de tu propiedad y no me permitiste cenar una sola vez con mi familia.

-No tienes porqué excluirme, ni permitir que ellos lo hagan.

-¡Basta! Por favor, compórtate como una mujer y no como una niña caprichosa.

Mi novia se puso a llorar.

Estábamos en un restaurante y sentía como todas las miradas se posaban en nosotros.

-No es justo, yo te amo.

-Yo también te amo y unos días sin vernos, no va a cambiar eso.

Quería que dejara de llorar y a esa altura sabía que le iba a prometer cualquier cosa para que dejara de llorar.

-Prometeme que cuando nos casemos, ya no los vas a ver más.

La miré, realmente la miré.

Hacía un momento pensaba que le iba a prometer cualquier cosa para que dejase de llorar, pero eso...

Mis únicos parientes eran Mi tío Simon y su esposa Julia, los veía una vez por año, ellos eran los que me ayudaban económicamente desde que tenía uso de razón, mejor dicho, en un principio mi tío ayudaba  a mi padre, que fue desheredado por mis abuelos, tras seguir a mi madre, que era bailarina, hacia otro país.

En realidad no lo desheredaron por seguirla, sino porque la embarazó y se hizo cargo de mí.

Supongo que mis abuelos vieron más allá, porque ella lo abandonó cuando yo aún no tenía un año y me dejó con él, es decir que me abandonó a mí también.

Nos abandonó a los dos.

Nunca más supimos de ella.

Mi padre se encontró solo, con un niño de un año y su familia le dio la espalda, al menos sus padres lo hicieron, pero su hermano mayor no lo hizo, comenzó a ayudarlo, le mandaba dinero mes a mes y hasta trató de convencer a mis abuelos para que perdonasen a mi padre.

No logró su cometido, mis abuelos fallecieron y toda su fortuna quedó en manos de mi tío Simon, con un montón de cláusulas para que no compartiera nada o casi nada con mi padre.

Hubo abogados, economistas y escribanos involucrados, claro que esa gente no manejaba lo que llamaban caja chica y de allí mi tío desviaba dinero para mi padre y para mí.

Ya habían pasado los 10 años que mis abuelos estipularon para que mi tío tomase control total de toda la herencia.

Mi padre falleció hace seis años, desde entonces mis tíos depositan una suma  considerable en mi cuenta bancaria.

Les dije que no necesitaba ese dinero, pero ellos insistían cada mes.

Mi tío asegura que yo soy su heredero.

Ellos no pudieron tener hijos.

Supongo que este viaje es su manera de decir que ya tiene el control de la herencia.

No es que piense dejar a mi novia por heredar la fortuna de mi tío.

Pero las condiciones van a cambiar.

Ella no estaba al tanto de las circunstancias que envolvían este viaje.

Por otro lado, había muchas suposiciones mías.

La familia de mi novia tiene varias empresas medianas y económicamente están muy bien y sobre todo están muy vinculadas en el mundo empresarial de mi país.

Ya había acordado con el CEO un mes de vacaciones; sin embargo, ese jueves por la tarde y a dos días de irme, él me llamó a su oficina.

-Buenas tardes, señor Perez.

-Buenas tardes, Chris.

Dijo en un tono que pretendía ser amable.

-Siéntate, por favor.

Lo miré con cierta expectativa mientras me sentaba en silencio.

-Verás... 

Titubeó.

-Surgieron algunos imprevistos y no puedo permitirte las vacaciones.

Palidecí.

Miré a mi alrededor porque estaba tratando de acomodar mis ideas.

Una sola surgió con fuerza.

-¿Ese imprevisto se llama Forlant?

Los colores subieron a su rostro.

No precisó decir nada más.

La indignación se apoderó de mí.

Sin embargo, traté de tranquilizarme.

-Tienes que entender, ellos son mi principal fuente de ingreso.

Negué con la cabeza.

-Permiso, tengo que resolver el tema del viaje, está todo pago y es un regalo, no sé cómo voy a resolver eso.

-Lo lamento, pero no te puedo dar ni un solo día.

Salí asqueado.

Esa manipulación de Mary Ann también involucraba a su familia.

No la llamé, no podría hacerlo en ese instante.

Llamé a mi tío para avisarle sobre la situación.

-Hola tío.

-Hola, mi sobrino preferido.

Sonreí, yo era su único sobrino.

-¿Cómo estás? ¿Preparado para el viaje?

-Lo estaba, pero surgió algo...

Le conté lo sucedido y le dije que todo era una maniobra de mi novia.

-Renuncia.

-Lo pensé, pero nunca voy a volver a encontrar trabajo en la ciudad.

Su risa áspera sonó de repente.

-Christopher ¿De verdad no tienes idea de lo que tengo deparado para ti?

-No entiendo.

-Eres mi único sobrino, fusionamos, hace unos años, las empresas de la familia de Julia con las que poseían nuestra familia, somos monstruos, manejamos absolutamente toda la costa oeste en un montón de aspectos, no precisas ni mereces trabajar por unas monedas, eras millonario, lo vas a ser en cuanto llegues aquí y firmes algunos documentos.

Jamás pensé en eso.

Tampoco tenía idea del poder o los millones de mi tío.

No sabía que era multimillonario.

Eso me dijo dos cosas.

La generosidad de mi tío es extrema y mi padre, al renunciar a tanto por mi madre, demostraba cuánto la amó y que ella no se mereció jamás tanto amor.

-Te espera una vida llena de colores, llena de un lujo que te caerías de espalda si te lo cuento en este momento.

-No entiendo porqué me lo ofreces a mí.

-Ya te dije, eres mi sobrino, únicamente compartirás los bienes con otra persona.

-No entiendo.

-Tranquilo, alcanza para los dos, aun si tuviera una centena de herederos, todos serían millonarios.

-No es por el dinero, nunca esperé nada, por eso trabajo.

Le dije un poco ofendido.

-Puede ser, lo que me confunde es porqué aguantas el comportamiento de esa chica, tu novia, si ella no tuviera dinero, estoy seguro de que ya la hubieras cortado.

Me quedé callado.

-Eso creía.

Dijo mi tío.

-No es así, al principio me entusiasmó la idea de tener una bella novia y encima millonaria, no te lo puedo negar, pero luego... no supe como alejarme de ella sin que hubiera consecuencias

-Ahora tienes los medios, depende de ti.

-Mi jefe no me dio las vacaciones.

-Renuncia, no precisas ese trabajo, te instalas en California, aquí tienes todo lo que necesitas.

¿Estaba loco? 

¿Qué me estaba ofreciendo?

-Tío...

-Manda el telegrama de renuncia el viernes por la tarde, cuando llegue, tú estarás en el crucero.

-¿Y luego?

-Te instalas acá, te lo ofrezco de corazón, acuérdate que vas a ser el heredero de todo el imperio.

Pensé en Mary Ann, ella manipulaba todo y no se detenía con nada, lo acababa de demostrar.

-¿Y la sobrina de Julia...?

-Ohh, ella es un primor.

No fue lo que le pregunté, pero tampoco tenía sentido insistir, posiblemente separarían las empresas y esa mujer heredaría lo de su tía.

-Espero que trabajen juntos y...

-Tienes razón, mañana a última hora voy a enviar mi renuncia, esta vez, Mary Ann cruzó una línea.

Dije interrumpiendo a mi tío.

-No hables del crucero con ella, porque va a buscar una manera de sabotearlo.

Le di la razón, por supuesto.

Mis tíos no le tenían nada de simpatía a mi novia, pero ella se lo buscó.

El enojo por lo que hizo mi novia no amainó, se acrecentaba al pasar las horas, por lo que esa noche le dije que estaba cansado y ella, evitando otra discusión, no insistió en vernos.

Capítulo 3

Por Christopher 

Esa noche pensé en cómo se desencadenaron los sucesos.

¿En qué momento permití que Mary Ann dominara mi vida?

Hacía tiempo que yo no estaba contento conmigo, con todo lo que le estaba permitiendo controlar a Mary Ann y menos con la persona en la que me había permitido.

Volví de almorzar y con cautela guardé en una mochila, mis artículos personales, tampoco tenía tantas cosas en mi oficina.

Una camisa de repuesto, una corbata por las dudas y un suéter, por si en algún momento refrescaba y me agarraba de improvisto.

En el primer cajón de mi escritorio tenía guardado algunos documentos personales, pero nada importante, por suerte en este momento todo era digital.

La laptop era de la empresa, pero tenía algunas cuentas personales, que las borré sin dejar lugar para que alguien las pudiera recuperar.

Borré algunas redes sociales que a veces por comodidad, también abría desde mi computadora y por supuesto, desinstalé el WhatsApp Web.

Luego, desde mi celular, cambié la contraseña de todo.

Limpié la computadora y dejé el listado de clientes con libre acceso, sin contraseña.

Accedí desde mi celular al correo oficial, por medio de un nuevo sistema, sin tener que hacer nada de manera física, redacté mi renuncia, explicando que me consideraba despedido cuando mi superior me negó las vacaciones previamente acordadas y que aunque fue un obsequio, yo tenía un viaje estipulado, con todo pago y perderlo significa perder una cantidad considerable.

No tengo porqué dar explicaciones, pero avisé, por un tema de impuestos, que el viaje fue un regalo.

No quiero que hacienda me persiga, aunque tengo como demostrar que yo no puse un peso, sé que eventualmente, puede llegar una  denuncia y que esa denuncia va a llegar de la mano de Mary Ann.

A esta altura también doy por terminada mi relación con ella, no puedo perdonar la traición de haber hablado con mi jefe para impedir mi viaje.

Lo extorsionaron a él y eso es de una bajeza total.

En mi escritorio había un portarretrato que tenía una fotografía en la que estábamos juntos, sin dudas en mejores tiempos.

Me despedí como si fuera a volver al lunes siguiente.

Mi jefe, que estaba avergonzado por lo sucedido, o quizás quería evitar algún reclamo, no apareció por la oficina.

Sabía del viaje y de su valor económico.

Mejor para mí.

También redacté una email y lo programé para que llegue a recursos humanos el lunes a primera hora, respaldando el telegrama que envié.

La fotografía en mi escritorio, la dejé en donde estaba.

No era importante.

Ya no.

Mary Ann cruzó todos los límites y su familia también lo hizo.

Nadie de esa familia me respetó, creen que soy la mascota de su hija.

Nunca lo tuve tan claro.

Llegué a mi casa y guardé el auto en el garaje, no pensaba volver a salir..

Trabé el portón, no sabía cuando iba a regresar.

Vacié la heladera y la alacena.

No dejé nada de comida en la casa.

Tomé las 4 bolsas llenas de comida, cruda y cocinada.

Salí por la puerta de calle, caminando, no me llevó mucho encontrar a quién regalarle los comestibles.

Yo no tenía hambre, el nudo en mi estómago se hacía eco de los fuertes latidos de mi corazón.

Al volver a casa, sonó mi teléfono, era mi novia.

Pensé en no atender, pero la tendría en mi casa en 15 minutos y sabría que pese a sus intentos, yo me iría igual.

-Hola.

Le dije, con voz seca.

-Hola amor.

¿Amor?

-El amor respeta.

No pude evitar decirlo.

-No te entiendo.

-Me entiendes perfectamente.

-Chris...

-Estoy cansando de tu manipulación.

-Te amo.

-Ya te dije, el que ama, respeta.

-No voy a permitir que te vayas.

-Mi jefe se retractó de las vacaciones, y lo hizo porque lo extorsionaron.

-No, lo hizo porque entendió que te amo.

-Estás enferma, no te importa lastimarme con tal que me quede a tu lado.

-No, yo te amo.

-Destruiste lo que tuvimos.

-Daría lo que fuera por tenerte ahora, y por eso, voy a tu casa.

-¿No entiendes que estoy furioso, en este momento no vengas, porque te juro que no encuentro como acomodar mi corazón y mis palabras y  si vienes, vamos a discutir, llegué a mi límite.

-Por favor, no digas eso, me lastimas.

-¿Realmente no tienes idea de que cortas mis alas y...?

-¡No voy a permitir que me engañes!

-Estoy hablando de un crucero familiar, de ver a mi única familia, de sentirme una persona no un títere que manejas a tu antojo.

-En el crucero hay mujeres.

-En la calle hay mujeres, en el banco, en el kiosco, en el supermercado y no por eso te engaño.

Le digo con un tono que era gélido, sin demostrar ninguna duda que me hiciera ver culpable.

-¿Piensas que no sé que hay mujeres? Ya tengo bastante pensando en eso, sufriendo por tu lejanía, controlando a las empleadas de los negocios cercanos a tu casa.

-¿Qué?

-Nada, voy para allá.

-No vengas, estoy muy enojado con vos, deja pasar hoy, no quiero discutir y si vienes, vamos a terminar muy mal.

-Quiero verte.

-Quiero procesar que perdí mi crucero, tengo que convencer a mi tío que tu no tienes nada que ver, hoy tuve que cortar el llamado porque estaba trabajando, déjame que lo tranquilice y que me tranquilice yo y ya no fuerces las cosas.

El llanto, a través del teléfono, hacía rato que se escuchaba.

-Te amo, te juro que te amo.

Mary Ann seguía jurando y yo no veía la hora de estar en altamar.

-¿Me amas?

Esa respuesta no podía ser sincera, al menos no lo podía ser si quería lograr alejarme de esta tóxica mujer.

La imaginé en mi cama y aunque reconocía que era bella y que se esforzaba en complacerme, hacía rato que yo no sentía que se me calentaba el alma al estar a su lado.

Sabía que mi respuesta no la iba a conformar.

-Por supuesto.

-No me dijiste, sí te amo.

-Mary Ann, nunca estás conforme, te comportas de una manera tóxica, estoy cansado, aún tengo que defenderte ante mi tío y te juro que no sé cómo.

-Perdón, te amo y quiero hacerte feliz.

-En este momento no estoy feliz y ya me está entrando el llamado de mi tío, tengo mucho que arreglar, hasta mañana.

No esperé su respuesta.

Colgué porque esa conversación ya se había durado bastante y no quería darle la oportunidad de que me dijera que pasaría por mi casa para hablar personalmente.

De esta manera, pensaba que yo lidiaba con mi tío.

Mary Ann sabía que cruzó una línea y que yo tendría problemas familiares.

Ella no era tonta y estoy seguro que pensaba que su presencia, esa noche, no era bienvenida, en parte porque yo se lo dije, pero sobre todo, porque ella pensaba que la disputa familiar que supuestamente iba a tener esa noche, me iba a superar.

Dormí unas pocas horas, mis maletas ya estaban armadas y no tenía mucho más que hacer.

Me desperté casi de madrugada.

No tenía sueño, tenía un poco de ansiedad por todo lo sucedido.

No estaba escapando de mi novio... En realidad escapaba de lo que ella o su familia podría hacer, interviniendo para que yo no abordara ese barco.

Me di una ducha y me vestí, con ropa cómoda para comenzar el viaje.

Estaba informal.

Jean y camisa, un suéter y zapatillas deportivas.

Tenía varias maletas y una mochila.

Revisé por última vez mi casa, por si me había quedado comida o dejado alguna puerta o ventana mal cerrada.

Comprobé que tenía todos mis documentos.

Pedí un Uber y decidí ir al puerto una hora antes de lo previsto.

Desayunaría allí.

Despaché mi equipaje y luego me senté en un bar para esperar mi barco.

Yo había viajado en lanchas y en Catamarán, pero nunca viajé en un barco.

Desde dónde estaba vi esa enormidad llegar al puerto.

No pude ni contar los pisos, eran muchos.

Miré a mi alrededor, aún pensaba que si Mary Ann se enterase antes de que yo pudiera abordar, todo se vendría abajo.

Inventaría cualquier cosa para evitar que yo me vaya.

Me llevaron en micro hasta la rampa que conectaba tierra firme con el crucero.

Apenas subí al barco, mostré mi pasaje y toda la documentación pertinente.

-Es un gusto, señor.

Dijo una hermosa oficial de a bordo.

Estaba tan enojado con Mary Ann que todas las mujeres me iban a parecer hermosas.

-Buenas tardes, señor, lo acompaño a su Pent-house.

Miré con detalle los documentos y en letra muy chiquita, decía que efectivamente, mi camarote era un Pent-house.

No me asombró que le dieran ese nombre a una habitación en un barco de lujo.

-Gracias.

Le contesté distraídamente.

-Su habitación está en la novena cubierta, en un sector privilegiado.

Al salir del ascensor recorrimos dos pasillos.

-Su camarote es el A-PH 2, cubierta 9. En este pasillo solamente hay acceso a dos camarotes, son exclusivos.

-Gracias.

-Estoy a su disposición, que disfrute del viaje.

Entré a mi camarote y supe por qué le decían Pent-house.

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