Portada de la novela Tus caricias en mi piel

Tus caricias en mi piel

8.5 / 10.0
Nikolay Petrov, sucesor de la mafia rusa, se exilia en España debido a las disputas irresueltas con su progenitor. En su refugio conoce a Ivonne Wilson, una joven cuya vida corre peligro por la avaricia de su tía, quien desea su herencia. Tras invadir su antiguo hogar, ahora en manos de Nikolay, ambos pactan un acuerdo: él le brindará seguridad a cambio de apoyo estratégico. Así comienza una relación cargada de riesgos, secretos y luchas de poder.
Resumen de Tus caricias en mi piel
Nikolay Petrov, sucesor de la mafia rusa, se exilia en España debido a las disputas irresueltas con su progenitor. En su refugio conoce a Ivonne Wilson, una joven cuya vida corre peligro por la avaricia de su tía, quien desea su herencia. Tras invadir su antiguo hogar, ahora en manos de Nikolay, ambos pactan un acuerdo: él le brindará seguridad a cambio de apoyo estratégico. Así comienza una relación cargada de riesgos, secretos y luchas de poder.
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Tus caricias en mi piel Capítulo 1

Ivonne Wilson

Frío, demasiado frío, es lo que se siente en este lúgubre y espantoso interno de niñas en el que me habían obligado a permanecer, no era la época para estar aquí y tampoco estaban las condiciones para que este sitio siguiera habilitado, no entendía cómo lograron hacerlo, solo los jóvenes sin hogar se quedaron en sitios como este y no era para nada mi caso, o al menos seguía pensando.

Recordaba a mis antiguos amigos, todos estaban pasando este invierno con sus familias, ¿Me recordarán? Después de todo hace casi un año que no los veo, de hecho, me alejaron de ellos, ¿Por qué mi vida se volvió tan complicada luego de la muerte de mamá? ¿Por qué mi padre tuvo que buscar a otra mujer tan rápido? ¿Por qué no pudo ser otra mujer? Y sí, a los pocos meses de que mi madre falleciera su lugar fue ocupado por otra mujer, mi tía.

La culpable de mi actual condición, pues, aunque nunca intenté nada en su contra, siempre tratará de ser algo que no era para mí, nunca la aceptaría cómo mi madre, era mi tía y así debería quedar. Mi padre tendría semanas antes de que ingresara a este lugar, sino que estoy seguro de que no me mantendría aquí, o eso quiero creer.

Tengo los dieciocho años que la ley estipula cómo la mayoría de edad, es decir, soy una adulta, pero mi iluso padre, antes de fallar bajo circunstancia un tanto confusas, según la policía, y que luego de las debidas investigaciones la misma ha desechado bajo la corroboración del laboratorio forense, ha estipulado en su testamento que sus bienes, es decir, mi herencia, pasaría a ser mía cuando cumpla los veintiún años, y qué, además, la encargada de mantenerme mientras aquellos sucedieran, era mi tía. La hermana ambiciosa de mi madre, que siempre buscaba la posibilidad de metersele por los ojos a mi padre, sin importarle que era su propio cuñado y que terminó lográndolo una vez mi madre murió en un accidente, que por muy extraño que parece, fue muy similar al de mi padre.

Solo han pasado cinco años desde aquel suceso que cambió mi vida de maneras inimaginables. Mi tía inició su juego yendo a casa cada día con el pretexto de ayudar a mi padre y de paso a mí, pero mi ingenuo y dolido padre no se dio cuenta de aquello nunca, de hecho, creo que pensó que estando con mi tía podría , de alguna manera, tener más cerca a mi madre, pues se parecían bastante.

La fortuna de mi padre vino a caer en manos de mi tía hace tres años, cuando bajo sus encantos mi padre tuvo que casarse con ella y hacernos creer a todos que ocuparía el lugar de mi madre.

Recuerdo perfectamente aquel día, mi tía pidió que todas las imágenes de mi madre desechadas, claro que solo quedaron las de mi habitación y una que mi padre guardó con recelo en la caja fuerte de su despacho, una que ni alguna vez aquella mujer conocía, yo solo

Mientras ella se da la vida de lujos que siempre quiso, yo me estoy pudriendo en este lugar, cada día más marchita y con menos esperanzas de salir, a menos que ya cumpla los veintiún años y tome posesión de todo lo que me corresponde, ni Aunque tengo un celular con el cual comunicarme con mis antiguos amigos o con mi novio, Julián, solo podía enviar una carta semanal para poder comunicarme con el exterior, y siempre iban dirigidas a él, algún día se cansaría de esta situación y lo comprendía, supongo que, a la larga, también me cansaría de una relación que parece a larga distancia, pero, no es así en realidad.

Sonrió de mi propia mala suerte, pues recuerdo que cuando niña amaba ver la película de Rapunzel, y ahora, cada día que pasa me parezco más a ella, encerrada en un castillo que se cae a pedazos, esperando pacientemente el día de su libertad, aunque no sé si ese día llegaría para mí de la manera en que le pasó a ella, no creo que un príncipe venga a sacarme, esperaba que sí, de verdad lo esperaba.

— Cometiste un gran error casándote con ella, padre. Nunca fue lo que aparentó, no cambió con la muerte de mi madre, siempre ha estado interesada a tu bolsillo y le diste justo lo que quería, el poder de hacer con tu legado lo que quisiese. — susurré a una de las pocas imágenes que me quedaron de él junto a mi madre, es más, creo que es la única, de seguro mi tía terminó con todas en casa. Después de todo, nunca soportó ver la alegría que mi madre contagiaba a todo el que se le acercaba.

— Otra vez hablando sola IV. — dijo la única amiga que tengo en este lugar, Anastasia. Ella por suerte no sabe lo que es vivir en una familia con amor y perderlo todo, para ella este lugar es normal, pues, proviene de una familia disfuncional, es más, creo que su madre está en prisión y por lo que me contó, su padre es un ebrio que varias veces trató de abusar de ella.

La sociedad cada vez es más horrible, y, a veces, las situaciones que vemos en televisión, las que vemos alejadas a nosotros parecen estar más cerca de lo que pensamos, pero nos aislamos en nosotros, en nuestras propias vidas, en lugar de hacer algo de provecho y concientizar a los demás de todo a lo que estamos expuestos y tratar de combatir el mal.

— Sabes que no puedo evitarlo, me da impotencia solo de pensarlo, ella se terminará quedando con todo y la verdad es que ya no me importa, solo quiero que me saque de este lugar y me deje vivir mi vida en paz. — mencioné mientras una lágrima caía por mi mejilla. — Odio este lugar. Lo tenía todo Anne y lo perdí sin más.

— No puedes asegurarlo, la única forma de que eso pase es que te suceda alguna desgracia, y no ha pasado nada. Y todos odiamos este lugar, pero por ahora, es mucho mejor vivir aquí que allá afuera, en las calles y con este frío. — hubo ella sonriendo de lado, sabía que no le grabó aquella etapa de su vida, pues Anne sufrió mucho tiempo en la calle toda pasando clase de peligros y escapándose de muchos hombres que quisieron abusar de ella.

— Por qué aún no tengo la edad que estipuló mi padre en el testamento, no dudaría en que hará algo para perjudicarme, aunque claro, espero que no pasé. — responde. Sabía que estaba mal insinuar aquello sobre mi tía, después de todo somos familia, mi sangre corre por sus venas, pero es que no podía evitarlo, porque todo lo sucedido parecía ser cómo un sucio plan que ella había orquestado, aquellos que solo aparecen en telenovelas o peliculas.

No es posible que días después de que mi padre dejara claro y estipulado todo sobre su testamento falleciera, ni siquiera estaba enfermo, ¡Pero nadie ve eso! ¡Son todos unos ciegos!

— Por lo menos tienes algo por lo que luchar, en mi caso, estoy mejor aquí dentro que allá fuera. — comentado. Me levanté de mi cama y caminé a la suya. Congeniábamos muy bien, además si no fuera por ella, seguramente no seguiría aquí, las cosas son muy diferentes, si lo comparamos con lo que estaba acostumbrada a vivir, me senté a su lado.

— Sabes que siempre podrás contar conmigo. — respondí a su comentario. — Si algún día logramos salir de aquí no dudes que vendrán conmigo, te ayudaré y brindaré apoyo, todo el que necesites, hasta ver estudiar juntas, sé que ese ha sido uno de tus mayores sueños. — mencioné nuevamente.

— Eres una buena amiga. — dijo ella sonriendo con ilusión en sus ojos. — Y por eso estamos juntas ahora. — añadido. — No dudes que te protegeré de esas tipejas que siempre te molestan. — dijo, no sé qué había hecho sin Anastasia, después de todo, no sé pelear y no tengo idea de cómo defenderme, nunca lo necesité y nunca me llamó la atención la violencia.

— Gracias. — la abracé y sonreí, la puerta de la habitación se abrió, nos llegó a buscar desayunar, gracias a dios se acordaron de nosotras.

— Qué bueno que estén preparados. — mostró mostrando aquella varilla con la que ya algunas veces me habían golpeado, esta estaba roja, manchada con la sangre de chicas, que al igual que yo, no sabían dónde estaban metidas y no tenían la culpa de nada.

Anastasia y yo salimos de la habitación y nos dirigimos a la pobre cocina que se caía a pedazos, es que no entiendo cómo los encargados en inspeccionar estos edificios no lo hacen o no se hacen presentes.

Nuestra vida es deprimente… bueno, la vida de las personas con menos ingresos y menos oportunidades, yo no estoy aquí por necesidad, estoy aquí por obligación, pero gracias a ello me doy cuenta de todo esto.

Creo que me gustaría prepararme para hacer algo por estas personas, tengo los recursos, aunque no sé si algún día llegue a disponer de ellos.

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