Capítulo 2

Un bufido de enojado se me escapa y ahora si decido separar la cara de mi almohada, busco en el suelo el despertador y veo el reloj, lo tomo torpemente entre mis manos para por fin apagarlo, cuando el silencio se apodera de mi cuarto, un suspiro de alivio se me escapa. Decido no darle más vueltas al asunto y me resigno a levantarme de mi cama, menos mal que hoy simplemente voy a la entrevista de trabajo.

Estando arreglada, tomo mi bolso, reviso que tengo mis cosas y después salgo de mi casa a paso apresurado, no quiero tener que llegar tarde, en especial por el horrible tráfico que va a hacer mientras llego, mientras camino a la estación de camiones, le mando un mensaje a mi mamá, avisándole que me he ido temprano a una entrevista de trabajo y que no se preocupe.

Al ser tan temprano, el autobús está casi vacío y tengo el enorme privilegio de tomar lugar, de los nervios, reviso mi teléfono y me pongo a jugar una novela interactiva; me encantan este tipo de juegos, que me dejan elegir mi ruta con el hombre que más me gusta, es muy entretenido. Mientras juego, recibo un mensaje de mi amiga, preguntándome si me he levantado para ir a la entrevista.

Platicar con ella me relaja más que jugar, ella me dice que va a pasar a verme a las oficinas y que de ahí me va a invitar a comer algo; me siento aliviada de que ella se ha ofrecido a invitarme algo de comer, que salí tan rápido de mi casa que no me dio tiempo de comer nada.

El autobús se ha detenido de forma un tanto brusca en la parada, miro a mi alrededor y noto que va a ser bastante difícil salir de aquí, pero si no me bajo ahora, voy a tener que caminar cinco cuadras y no quiero eso.... son demasiado grandes. Me levanto de mi asiento con mucha dificultad y empiezo a abrirme paso entre la multitud, en algunas ocasiones tengo que dar algunos codazos, creo que incluso, alguien me ha tocado el trasero, pero es difícil saber si lo hicieron a propósito o si fue un accidente, en cualquier caso, he logrado bajar de ese infernal lugar.

Un suspiro de alivio se me escapa, antes de empezar a caminar o quizás correr como una desquiciada, decido mirar la hora de mi reloj de muñeca, siento que mi alma casi abandona mi cuerpo al ver que estoy a nada de perder la entrevista, así que me pongo a correr a toda prisa; ¡Justo cuando necesito llegar a tiempo, el trafico esta terrible desde temprano!

Escucho como mis tacones golpean contra el pavimento con fuerza, mi respiración se empieza a agitar poco a poco y mis fosas nasales me duelen por respirar el aire frío de la mañana, en mi carrera por llegar a las oficinas, a veces choco con la gente, en muchas ocasiones no alcanzo a disculparme.

A lo lejos distingo las oficinas y empiezo a relajar el paso, mientras camino, me acomodo la ropa, de mi pequeño bolso saco un mini espejo y reviso mi cabello, que se ha alborotado un poco, lo arreglo lo mejor que puedo para después volver a guardar mi espejito. Tomo una gran bocanada de aire y la dejo salir suavemente, me duelen horrible las piernas y los pies.

Entro al edificio y voy directo a recepción, la chica que está detrás de un enorme escritorio posa sus ojos cafés sobre mí en el momento en que he cruzado la puerta de cristal. Ahora tengo los nervios a flor de piel y mi corazón martillea con fuerza contra mi pecho.

Me doy ánimos a mí misma mientras llego hacia la joven, que me dedica una pequeña sonrisa amable, para mí, quizás, buena suerte, le llega una llamada y enseguida la atiende. Estando frente al escritorio, trato de aclarar mi mente y formulo lo mejor que puedo lo que le voy a decir.

Cuelga su llamada, se acomoda en su asiento y me mira amablemente, le regreso la sonrisa y recargo un poco mi cuerpo sobre la recepción, ya que está un poco alto. A mi nariz llega un delicioso aroma dulzón, seguramente debe ser su perfume, huele bastante bien.

—¿En qué puedo ayudarle?

—Si...Ehh... — Me quedo petrificada y he empezado a tartamudear, que ridículo. —Vera... vine por el trabajo de limpieza.

La chica abre los ojos de par en par y se levanta de un salto de su asiento, la sonrisa que me dedica ahora, es mucho más sincera que la de hace unos instantes. Se acerca un poco más al escritorio, pareciera que me quiere murmurar algo.

—¿Eres la hija de Eugenia?

—No, mi amiga me dijo sobre el trabajo y por eso he venido.

Ríe entre dientes y niega suavemente con la cabeza, incluso su forma de reír es tan dulce, pareciera que es la chica ideal, la que cualquier hombre mataría por tener a su lado. Hace para atrás su larga cabellera dorada y me pide que la siga.

Caminamos por un pasillo que está a la izquierda del lobby, ella camina de forma muy coqueta y femenina; siempre quise verme así de femenina y guapa, pero en cambio, soy demasiado simple e insípida. Mira por encima de su hombro y se detiene por unos instantes, me paro a su lado y sigue caminando.

—Creí que vendría la hija de Eugenia ya que me contó que le avisaría del trabajo y la mandaría.

—Mi amiga no es de esas mujeres que les guste hacer este tipo de trabajos.

—Imagino que a ti no te molesta.

—No, trabajo es trabajo y lo necesito con urgencia.

Ella asiente con la cabeza y me lleva hasta una bodega en donde me explica todo lo que hay que hacer, que me va a tocar limpiar los pisos de hasta arriba ya que los otros encargados de limpieza ya están grandes y les cuesta mucho trabajo estar moviendo todo lo que necesitan para limpiar, ya que en la última planta está la oficina del jefe.

Una vez que termina de darme la explicación de lo que tengo que hacer, me pide que vaya al piso veinte a hablar con el de recursos humanos y a ver el trámite de mi contrato. Entusiasmada, hago lo que me dice y me voy directo al ascensor, lista para irme a encontrar con el de recursos humanos, estoy nerviosa.

Capítulo 3

Una vez que llego con el encargado, me hace una serie de preguntas en cuestión al trabajo, pero he sido completamente honesta con él de que es mi primer empleo, que no tengo experiencia pero que estoy dispuesta a aprender todo lo que haga falta y que no me da miedo quedarme hasta tarde a limpiar las oficinas; que ese es el turno que me ha de tocar, el turno nocturno.... qué horror, pero es mejor ese ya que así me da tiempo de estudiar y hacer mi tarea. El señor me da el contrato y cuando lo termino de leer lo firmo.

—Hoy mismo inicias, recuerda, entras a las 9:00 pm, no llegues tarde.

—Está bien.

Me despido del señor y salgo de su despacho con una enorme sonrisa dibujada en mi rostro, casi dando pequeños brinquitos de felicidad me dirijo hacia el ascensor, aprieto con fuerza mi bolso, sigo sin poder creerme que me haya contratado, esto definitivamente será un alivio para mi familia.

Llego hasta la primera planta y me encuentro de frente a una joven muy hermosa, esa típica chica cliché, rubia, de ojos claros, buen cuerpo, ropa elegante pero que deja resaltar su esbelta figura, un escote generoso que deja mucho a la imaginación. Ella se hace para atrás al casi chocar conmigo.

—Disculpe, señorita.

Ella no dice nada y simplemente me hace un ligero movimiento de cabeza, indicándome que salga del ascensor, sin darle mucha importancia eso hago, miro por encima de mi hombro y veo que aprieta un botón para luego cerrarse las puertas. El sonido de mi teléfono llega a mis oídos, enseguida lo saco de mi bolso y veo que es una llamada de mi amiga.

Salgo del edificio y tomo la llamada, ella está algo enojada, de fondo escucho un alboroto y el típico sonido de un camión deteniéndose, Marian me dice que en un momento llega a la oficina, que se le hizo tarde por estar ayudando a su mamá con el lavado de ropa, se queja por unos momentos sobre que sus uñas se han arruinado y que tiene que ir con la manicura apenas tenga dinero.

Al ver que sus quejas irán para largo, decido despedirme de ella y decirle que la espero afuera, que ya he terminado con mi entrevista y he colgado la llamada. Resoplo con fuerza y miro el cielo, es verdad que no es el trabajo soñado, pero ¡No puedes decirle que no a un trabajo honrado! Prefiero esto a tener que buscar a un Suggar Daddy. La idea de que un hombre bastante mayor me toque, me da repelús.

Pasa un rato y llega mi amiga, que enseguida me toma del brazo y nos vamos a su cafetería favorita, me dijo que cuando estemos ahí le cuente como me fue. Por una extraña razón, la veo más alegre de lo normal, pero decido guardarme mis preguntas hasta que lleguemos.

Ya estando en la cafetería, pedimos algo para tomar y beber, apenas se va la mesera, mi amiga me mira con entusiasmo y una enorme sonrisa en el rostro, sus ojos miel brillan con intensidad y el brillo del sol hace que se vean más llamativos. Le cuento lo bien que me ha ido y que el de recursos humanos me dijo que hoy empiezo mi trabajo, que me dijo que, por esta única ocasión, voy a ir a las nueve para que alguien me explique cómo hacer las cosas y cómo usar ciertos productos de limpieza, nuestra conversación se ve interrumpida por el sonido de su celular, ella me pide que la espere unos momentos y rebusca en su bolso.

Veo que saca un teléfono nuevo de alta gama, revisa el mensaje y una pequeña risita se le escapa, luego escribe un texto demasiado rápido haciendo ese “tic tic tic” una y otra vez, luego escucho como suena la notificación que el mensaje ha sido enviado, vuelve a meter su teléfono en su bolso y me voltea a ver.

—¿De dónde sacaste el dinero para comprar ese teléfono nuevo?

—De donde más— Susurra suavemente mientras se hace un poco para delante de la mesa. —Conseguí un Suggar y me está dando mucho dinero.

—¿¡Por acostarte con él?! — Exclamo en voz baja, también acercándome a ella.

—¡No! — Dice entre risas. —Es una página en donde puedes hacer video llamadas con una persona a la vez, él te pide que hagas algo en específico, claro que después de haber depositado los honorarios.

—Entonces... ¿Tu Suggar te pide que hagas cosas por una video llamada? Es... extraño.

—El viejo tiene problemas de salud y ya no le sirve mucho para tener sexo, su mujer murió hace años y no tiene ganas de buscar otra compañera joven, así que... — Se encoge de hombros. —He aprovechado mi oportunidad.

—Pues... sabes lo que opino de eso, pero por la situación que ambas estamos pasando— Me sobo la frente con la yema de los dedos. —Yo espero no tener que recurrir a eso, quiero mantener mi dignidad intacta, pero...

—Pero si la situación lo amerita, como es mi caso... no nos queda de otra— Se desploma en su asiento. —Si mi padre no estuviera tan lastimado, creeme que no haría esto, gracias al dinero del señor, podemos costear sus medicamentos y hemos pagado la deuda que adquirió mi mamá en el hospital, no me agrada ver a un anciano verme con esos ojos, pero me tengo que aguantar si quiero ayudar a mi familia.

—Te entiendo y es terrible lo que le ocurrió a tu papá.

—Sí, esos malditos de la constructora no quisieron pagar lo del seguro, pese a que él la había renovado— Resopla con fuerza. —En fin, mi madre no se preocupa por el dinero, mi hermana va a una mejor escuela, mi padre está saliendo adelante y con lo que sobra, lo uso para mí.

Como si se le hubiera prendido el foco, Marian rebusca en su bolso algo y luego saca un trozo de papel, en ella escribe algo y luego me lo entrega, ladeo la cabeza y miro el pedazo de papel a ella y de ella al pedazo de papel, repito esto un par de veces más, tratando de entender qué significa esto.

—Tomalo, espero nunca te haga falta, pero... siempre es bueno conocer este tipo de cosas.

Tomo el pedazo de papel y noto que tiene el nombre de una página, abro los ojos de par en par y ella me explica cómo funciona la página web, me dice que debo crear una cuenta, pero antes de eso, tengo que pasar por unas cuantas preguntas, ella dice que hay varios hombres de gran poder adquisitivo y que cuando solicitan el servicio, no queda registro de quien ingreso a nuestro perfil, las conversaciones se borran enseguida y que sólo ellos pueden contactarlas de forma directa, que ellas bajo ninguna circunstancia pueden llamar al número ya que se les dará de baja de forma permanente de la página.

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