Capítulo 3

Había transcurrido más de un mes desde el divorcio y, en todo ese tiempo, Bellamy no la había buscado.

"Ven aquí", espetó Bellamy en cuanto sus miradas se cruzaron.

Kallie, sin embargo, no se movió. Se quedó clavada en su sitio.

Para ella, el simple hecho de no haberse marchado en ese instante ya era una concesión suficiente. No era su mascota ni su juguete. ¿Por qué habría de obedecer sus órdenes?

"Kallie, te dije que vinieras aquí". La voz de Bellamy se tornó peligrosamente grave.

Kallie abrió la boca y consiguió decir: "Estamos divorciados. No tienes ningún derecho a darme órdenes. Si tienes algo que decir, dilo desde ahí".

Su negativa fue rotunda y clara.

Sabía que Bellamy detestaba que lo desobedecieran. Creyó que él se marcharía, furioso, en lugar de armar una escena allí mismo.

Pero se equivocó.

Bellamy aplastó la colilla de su cigarrillo y avanzó lentamente hacia ella, acortando la distancia que los separaba.

Había caído la noche y la imponente figura de Bellamy le resultaba sofocante a Kallie. Instintivamente, ella retrocedió un paso.

Pero, tras ese único paso, se detuvo y se plantó con firmeza.

"Kallie, ¿quién te dio permiso para acercarte tanto a otro hombre?", reclamó Bellamy, con el tono posesivo de un esposo que descubre una traición.

Un momento antes, al sonreírle a su colega, Kallie lucía radiante. Bellamy nunca la había visto así de feliz.

Durante su matrimonio, Kallie siempre había sido sumisa y obediente. Aunque le había sonreído innumerables veces, era una sonrisa que nunca le llegaba a los ojos.

Era como si, durante todo el matrimonio, hubiese sido una muñeca inexpresiva.

Pero ahora, Bellamy descubría en ella una faceta completamente distinta.

Resultaba que era vivaz y estaba llena de energía.

Pero esa vitalidad la reservaba para otros hombres, no para él.

Cuanto más lo pensaba, mayor era la angustia de Bellamy. Sentía que Kallie lo había engañado durante todos esos años.

Kallie esbozó una sonrisa que pretendía ser inocente. "Estamos divorciados, ¿recuerdas? Tengo derecho a buscar un nuevo novio, ¿o no? Sobre todo ahora que regresaste con tu antiguo amor".

Luego, Kallie enarcó una ceja y continuó en tono de amenaza: "¿Acaso la señorita Reynolds sabe que viniste a verme? A mí, tu exesposa. ¿Qué tal si se lo digo ahora mismo?".

Mientras hablaba, Kallie tomó su teléfono, dispuesta a llamar a Hanna.

Pero antes de que pudiera marcar, Bellamy le arrebató el teléfono. "Kallie, quizás creas que estamos divorciados, pero te equivocas", dijo él con voz sombría.

Kallie enarcó las cejas con sorpresa.

¿Qué demonios estaba diciendo?

¿Acaso no habían firmado los papeles del divorcio?

Sin darle tiempo a reaccionar, Bellamy continuó: "Aún no he firmado los papeles, así que legalmente seguimos casados. Y si ese es el caso, no es apropiado que te acerques a otros hombres".

Kallie se quedó sin palabras.

¡¿Cómo era posible?! ¡Ella creía que Bellamy estaría ansioso por divorciarse!

Después de todo, su antiguo amor había regresado. Durante el último mes, Bellamy había vuelto con Hanna, y la noticia se había esparcido como pólvora en los medios.

Kallie de verdad creyó que había escapado de aquel triángulo amoroso, pero ahora Bellamy la descolocaba con aquella revelación. ¿No había firmado los papeles del divorcio?

¡Maldita sea! ¿Por qué?

"Puede que la prensa no sepa que eres mi esposa, pero mi familia sí. ¿Qué harás si mi abuelo se entera de tu aventura?", la interpeló Bellamy con aire condescendiente. "Y no soy tan magnánimo como para permitir que mi esposa me sea infiel y quedarme de brazos cruzados".

Al recordar el Toyota negro, una chispa de furia brilló en los ojos de Bellamy. "¿Quién te trajo a casa hace un rato?".

No tenía ninguna intención de dejarla ir. La sujetó por la muñeca y tiró de ella hacia él. Tomada por sorpresa, Kallie perdió el equilibrio y cayó en sus brazos.

Podía oler su aroma a tabaco y perfume. Era la misma marca que usaba Hanna.

El reconocimiento la devolvió a la realidad de golpe. Con una risa cargada de ira, empujó a Bellamy y se burló: "¿Sabe la señorita Reynolds que no te has divorciado?".

"¿Eso es una amenaza?", preguntó Bellamy, entrecerrando los ojos.

Kallie sostuvo su mirada ardiente sin una pizca de miedo. "Lo nuestro se acabó. Es lo mejor para ambos. Firma los papeles del divorcio cuanto antes. Así tú serás libre y yo no tendré nada contra ti".

Kallie sentía que Bellamy era un ingrato. No solo le había concedido el divorcio cuando regresó su antiguo amor, sino que tampoco le había pedido nada a cambio. Hacía todo lo posible por ayudarlo a alcanzar su propia felicidad.

Ni siquiera planeaba decirle que estaba esperando un hijo suyo. Miró a Bellamy con desafío, manteniéndose firme. Hasta el conejo más manso muerde si se le acorrala.

La actitud de Kallie enfureció por completo a Bellamy. Jamás la había visto así.

Durante sus tres años de matrimonio, Kallie siempre había interpretado a la perfección el papel de esposa sumisa. Nunca había rechazado ninguna de las peticiones de Bellamy. Ahora, Bellamy no podía discernir dónde estaba el límite de ella y seguía poniéndola a prueba.

Pero Kallie, sin que él lo supiera, era como un resorte flexible, que sabía cuándo ceder y cuándo contraatacar. Bellamy ni siquiera podía descifrar qué pasaba por la mente de ella.

Cuando estaban casados, Bellamy había pensado que él lo era todo para Kallie.

Pero ahora, las palabras de Kallie eran una bofetada en toda regla.

Cuanto más lo pensaba, más se ensombrecía su mirada. Con su gran mano, le sujetó la barbilla y la forzó a mirarlo.

Kallie le sostuvo la mirada, negándose a retroceder.

"Kallie, ¿es por ese hombre que tienes tanta prisa por divorciarte de mí?", demandó Bellamy.

"¡Diste en el clavo! Así que, por favor, no te interpongas en mi felicidad y firma el divorcio de una vez", respondió Kallie, imperturbable.

"¿Él sabe que estuviste casada?". Bellamy le apretó la barbilla con más fuerza.

"Claro que lo sabe. Y también sabe que estoy divorciada", respondió Kallie con aire despreocupado.

La indiferencia de Kallie dejó a Bellamy sin palabras; solo pudo mirarla insidiosamente. La atmósfera entre ellos era algo tensa.

De repente, el teléfono de Bellamy sonó, rompiendo la tensión.

Sin dudarlo, Kallie metió la mano en el bolsillo del pantalón de él y sacó el teléfono.

Para Bellamy, Kallie estaba jugando con fuego. Cuando su pequeña mano rozó su muslo a través de la fina tela del pantalón, Bellamy sintió una ardiente sacudida de deseo.

Un deseo ardiente se encendió en su mirada.

Sin embargo, la voz gélida de Kallie extinguió esa llama al instante. "Es la señorita Reynolds. ¿Quieres que conteste por ti?".

La amenaza era evidente.

Bellamy miró la pantalla y comprobó que, en efecto, era Hanna quien llamaba.

A diferencia de Kallie, Hanna era absorbente y exigente. Si Bellamy se ausentaba por un momento, ella se molestaba y lo llamaba sin parar hasta saber dónde estaba.

En cambio, a Kallie no parecía importarle que Bellamy desapareciera.

"Contesta", dijo Bellamy, sin apartar la vista de Kallie.

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