Después de varias horas dentro del avión, Jimena puede ver por la ventana el mar.
¿Dónde estamos? preguntó confundida. Pues en todo el camino no le habían dicho dónde iban.
Pero el silencio nuevamente fue su respuesta.
Mira a Marcos, que había estado dormido durante todo el viaje. Seguramente el dolor no lo dejaba estar despierto.
Al aterrizar, Jimena es bajada primero que Marcos y subida a una camioneta muy elegante que estaba allí esperando por ellos.
Marcos baja del avión ayudado por su hombre de confianza y sube al auto, mientras se queja del dolor.
Pone su cabeza en el cojín y mira a Jimena, quien lo observa atemorizada.
Lamento mucho esto. Pero no quería un no por respuesta, le dice él con su voz débil mientras trata de acomodarse en el asiento.
¿Quién eres? pregunta ella, mirándolo fijamente. Ella podía estar muy asustada, pero aún así era valiente.
¿Eso importa ahora? pregunta él.
¡Claro que sí! Necesito saber quién me ha secuestrado_, le responde ella, mientras se da cuenta de que la herida de Marcos está sangrando nuevamente.
Ella no quiere ayudarlo, pero su vocación es salvar vidas, sea la que sea. Así que toma la chaqueta de él y se la pone en la herida.
La sostiene hasta que llegan a una mansión. Es muy grande y hermosa. Hay lujos por todos lados. Jimena jamás había visto algo así, al menos no en la vida real.
Inmediatamente llega un grupo de médicos que atienden a Marcos enseguida.
Lo llevan a una de las habitaciones de la gigantesca casa, mientras Jimena queda allí parada sin saber qué pasará con ella.
Franco llega y le dice:
¡Venga conmigo!
La lleva a una habitación y le pone encima de la cama unas bolsas de tiendas de ropa.
Allí está el baño, le dice señalando una puerta. Y enseguida se cambiará. Vendrán a traerle comida.
Ella lo mira y antes de que se vaya, le dice con lágrimas en sus ojos:
¡Por favor! Déjeme ir. Quiero regresar a casa.
¡Lo siento! Le has gustado al jefe, y allí no puedo hacer nada. Él es el dueño de su vida ahora_, le dice él tan tranquilo, como si fuera algo tan natural.
- ¡Pero eso no puede ser así! - Grita ella haciéndole saber su inconformidad - ¡Él no sabe si tengo esposo o hijos! ¿Cómo puede simplemente adueñarse de una vida así nada más?
Él solo la mira y baja la cabeza sin decirle nada más, y sale de la habitación.
Jimena se tira al piso y empieza a llorar con amargura.
Cansada de llorar sin consuelo, entra al baño y se da una ducha, pues la sangre en su uniforme estaba empezando a oler mal.
Sale del baño tapada con una toalla y abre las bolsas para ver qué había dentro. La ropa que estaba allí parecía que fue comprada por una mujer, pues había detalles que no los tiene en cuenta un hombre, como ropa que combine, aretes y pinzas para el cabello. Ella se pone unos jeans y una blusa de color azul con mangas. Saca unos tenis negros y se los pone también.
Se sienta en el borde de la cama y pone sus manos en su cabeza en una clara señal de desesperación.
De repente tocan la puerta y ella, acercándose despacio, pregunta:
- ¿Quién es?
- Señorita, le traje algo para comer - dice una mujer.
Ella abre la puerta y la mujer con vestido de empleada doméstica entra.
- Aquí está su comida, señorita - dice mientras pone la bandeja en una mesita que había en la habitación.
Jimena, desesperada, la toma por el brazo y le dice con angustia:
- ¡Por favor! Ayúdame a salir de aquí.
La mujer la mira con compasión, pero con voz temerosa le contesta:
- ¡Lo siento! No puedo ayudarla, si lo hago me matan, señorita.
Jimena vuelve a suplicar casi de rodillas, pero la mujer le responde lo mismo.
- ¿Entonces dime qué lugar es este? - pregunta Jimena aceptando la negatividad de la mujer en ayudarla.
- Estamos en Italia, señorita, en la mansión de Marcos Bocelli - dice ella en voz baja.
- ¿Marcos es el hombre herido? - pregunta Jimena.
- Sí, él - dice la mujer, quien sale de la habitación al ver entrar a Franco.
Jimena lo mira y pregunta:
- ¿Cómo sigue su jefe?
- Lo tienen bajo estricta vigilancia médica. Aunque estoy seguro de que pronto estará bien. Él es un hombre fuerte y tenemos aún muchas cosas que resolver.
Dice él con un tono de voz seguro y firme:
Jimena solo lo mira y se arriesga a hacerle otra pregunta:
¿Por qué su jefe me secuestró?
No la secuestró. Él solo quiere satisfacer sus deseos. Es un capricho ¡nada más!
Jimena lo mira indignada por la forma como se refería a ella, ¿Solo un capricho, eso era ella? ¿No tenía ella acaso derechos?
¡Sabe qué! Lo mejor que le puede pasar a este mundo es que su jefe se ¡muera! Dice ella con tanta rabia por lo que él le había dicho.
Él se acerca y la toma por el brazo fuertemente y le dice enojado:
¡Pobre de ti cuando el jefe esté bien! No sabes lo que te espera. La suelta y se sale de la habitación azotando la puerta.
Ella respira profundo. Sintió tanto miedo. Él la había mirado de una manera horrible.
Se sienta en la cama y empieza a sentir una sensación de ahogo y angustia. Era como si estuviera en medio del mar y nadie llegaba a salvarla.
Pensaba en sus padres, en su casa, en su vida. Esa vida que ahora tenía dueño. Hasta sintió odio por primera vez en su vida por alguien.
Los días pasaban y Jimena seguía encerrada en esa habitación. No salía para nada. Solo podía ver el mar desde su ventana.
Todos los días era una empleada diferente la que le llevaba la comida. Pero ninguna dispuesta a ayudarla. Y con Franco rondando como un sabueso, menos iban a ayudarla.
¡Qué desesperación! ¡Eso no se lo deseaba a nadie!
Una noche alguien abre la puerta. Jimena se despierta y asustada pregunta:
¿Quién es? ¿Qué quiere?
Ella solo podía ver la silueta en la oscuridad, cuando la luz ilumina la cara del hombre, ella se da cuenta de que es Marcos.
Jimena se levanta rápidamente de la cama y se queda apoyada en la pared mirándolo con temor.
Jimena, atemorizada, ve cómo Marcos se acerca lentamente a ella.
¡No se acerque más! le dice muy asustada. Ya sabía que era un hombre peligroso y eso le daba mucho miedo.
¿Por qué te asustas tanto? le pregunta él tranquilamente mientras se acerca más a ella.
¿Todavía me pregunta? ¡Me secuestró!_ ¿Y tiene el descaro de preguntar eso?_ dice ella furiosa.
Eres una mujer malagradecida, ¡te saqué de ese pueblo asqueroso!_ ¿Y así me pagas?_ pregunta él mirándola como si ella tuviera que rendirle pleitesía.
¿Pueblo asqueroso? dice Jimena y sonríe de manera irónica. ¡Asqueroso usted y toda su gente! le grita con todas sus fuerzas.
Marcos baja la mirada y sonriendo le dice:
¡Eso! ¡Sigue así, así me atraes más!_ Es aburrido cuando hacen todo lo que tú quieres. En cambio, es más interesante cuando son así como tú. Difíciles, aparentemente indomables.
¡Es un psicópata! le grita ella.
Él se ríe y luego se queja. Al reírse le dolió la herida, aún no está del todo bien.
¡Eres hermosa, definitivamente! ¡Lástima que aún estoy adolorido! Porque deseo tanto hacerte el amor_ dice él mientras la mira con deseo.
¡No se le ocurra ponerme una sola mano encima, porque si esos hombres no lo mataron, yo sí lo haré! le dice ella y toma un adorno de mármol que está sobre la mesa de noche y lo amenaza con él.
Marcos se ríe nuevamente. Parece que todo lo que hace Jimena le causa gracia.
¡No se burle de mí! dice ella confundida por la actitud de él mientras sostiene el adorno.
Dejaré que te relajes y después, cuando esté bien, te voy a enseñar qué es un hombre de verdad. Marcos sale de la habitación y Jimena suelta el adorno y se pone a llorar. No puede creer que le esté pasando eso. ¿Qué había hecho para merecerlo? se preguntó mientras se tiraba al piso.
No volvió a ver a Marcos hasta una mañana que abrió la puerta de su habitación.
¡Hola! le dice mientras camina hacia ella luciendo bastante recuperado.
Ella nuevamente se pone a la defensiva y toma un vaso que tenía para tomar agua y lo amenaza para que no se acerque. "Eres muy agresiva, ¿verdad?", le pregunta él mientras cruza sus brazos. Ella no le dice nada y sigue en posición de defensa, mientras su corazón late rápido. Él hace un gesto de inconformidad y dice: "¡Florencia, entra!" Jimena baja el vaso y espera que entre la mujer que él llamó.
De repente entra a la habitación una mujer muy hermosa, alta de cabello largo y cuerpo escultural. "Jimena, ella es Florencia, será tu dama de compañía de hoy en adelante. Ella fue quien escogió tu ropa. Podrás salir de aquí solo con ella, y obviamente vigilada también por mis hombres. ¿Entiendes?", le pregunta él. "¡Sí, entiendo!", le contesta ella, mientras mira a la mujer que se queda detrás de él con una actitud bastante arrogante.
Él se acerca a ella y Jimena retrocede enseguida, pero la toma por el brazo y la besa bruscamente. Ella se aparta y se limpia la boca, haciéndole saber que sus besos le provocan asco. Florencia sonríe y la mira como si Jimena fuera una tonta. Marcos no dice nada y solo sale de la habitación muy serio.
"¿De qué te ríes?", le pregunta Jimena muy seria a Florencia. No le gusta nada su actitud. "¡Qué eres tonta! No te imaginas todo lo que puedes tener al lado de Marcos, es un hombre muy poderoso y con una fortuna inmensa. Pero se nota lo poco inteligente que eres", dice Florencia y mira a Jimena como poca cosa.
"¿Y tú sí eres inteligente?", le pregunta Jimena a Florencia con enojo. "¡Claro que sí! Yo sí sé aprovechar todo lo que tengo. Aunque mirándote bien, no sé qué te vio Marcos. ¡Vaya! Que inteligente eres, ahora sé que acostarse con un mafioso es ser inteligente. Porque eso es lo que haces, ¿verdad? Eres amante de ese tipo", Florencia sonríe y le dice con antipatía.
"Si quieres sentir el sol, ven conmigo", y sale de la habitación dejando la puerta abierta.
Jimena sale de la habitación dudosa. Tenía tanto tiempo encerrada en ese cuarto que no veía el sol desde que llegó. Quedó sorprendida al ver esa casa, era realmente hermosa, con costosas obras de arte por todos lados y un jardín inmenso. Parecía un hotel de lujo, con una piscina muy grande y una fuente en el medio que debía costar una fortuna. Jimena caminó y detrás de ella estaba la odiosa Florencia, se notaba que obedecía a Marcos en todo. Desde la mansión se podía ver el mar, pero Jimena trataba de encontrar algo que le hiciera saber en qué ciudad estaba, sabía que era Italia, pero no sabía qué ciudad.
Al llegar la noche, Jimena entra a la habitación nuevamente. Había estado casi todo el día fuera y no había visto a Marcos desde la mañana, lo cual era algo muy bueno para ella, lo último que quería era verlo. Se acerca a la ventana y piensa en sus padres, eso la angustiaba y la desesperaba. Se pone una bata para dormir y se mete a la cama sin prisa, ¿para qué quería que amaneciera si nada iba a cambiar? Respira y cierra los ojos para ver si puede lograr dormir un poco, pero de repente abren la puerta. Ella se levanta de prisa al percatarse de que alguien entró, es Marcos quien entró con una tranquilidad enorme y le pregunta: "¿Cómo estuvo tu día, amor?".
Ella responde enérgicamente: "¡Fuera de aquí!". Él le dice que deje de comportarse así y se acerca más. Jimena le responde: "¿Por qué no vas con Florencia? De seguro que ella sí sería feliz de que te metas en su cama". Él se ríe y le pregunta: "¿Estás celosa acaso?". Jimena responde con odio en sus palabras: "No me hagas reír, ¡eso jamás sucederá!". Marcos intenta besarla, pero ella lo empuja y se levanta. Corre hacia la puerta, pero Marcos la alcanza y la tira en la cama. Sujeta sus manos y le dice: "¡Ya me cansé de jugar, mi amor! ¡Te deseo y esta noche serás mía!".