Capítulo 2

"La primavera estaba en su apogeo y los cálidos rayos del sol hacían maravillas frente al frío que aún se sentía en menor medida, todos los días pasaban con una gran calidez desde que lo había conocido en la biblioteca de la universidad, Aiden no era realmente como los rumores decían, todos lo tachaban de Playboy y mujeriego, sus conquistas se enumeraban solas por todo el campus, incluso en su personalidad reservada y fría, lograba captar la atención de las mujeres más hermosas de la universidad. Su casi metro noventa, bronceado perfecto, unos impensados ojos verdes junto al castaño de su cabello, le daban una imagen muy conocida entre los estudiantes de la universidad, e incluso de universidades vecinas, Capitán del equipo de Rugby siempre estaba acompañado, del que todos sabían, que era su mejor amigo Erick Connor y la rubia voluptuosa, capitana del equipo de gimnasia, hija aristocrática y perfecta Amelia Hamilton, todos suponían la relación entre ellos, sobre todo, debido a que la hermosa y llamativa rubia solía ir colgada de un lado a otro del brazo de Aiden, quien, la trataba con respeto y mantenía a su lado.

Rossette lo había conocido por casualidad, nunca habían cruzado una sola palabra en los años que llevaban en la misma carrera, Rossete era conocida como la “La belleza del Campus”, conocida en redes sociales tenía un blog donde hablaba de distintos estados económicos de Europa y noticias del mundo financiero, la francesa había heredado el cabello negro azabache de su madre y los ojos de un hermoso color agua marina, demasiado claro para ser verde, pero tampoco para ser celeste, de espesas pestañas, rasgos delicados de muñeca y unos labios carnosos, Rossete era conocida también en internet, por su trabajo a medio tiempo como modelo, tenía una altura adecuada, unas piernas largas y contorneadas, unas curvas generosas y definidas. Pese al constante aumento en su popularidad en redes sociales, internet y el medio. Rossete mantenía una personalidad templada y educada, de corazón amable

Por otro lado, era conocida por ser la rompecorazones con una fila de rechazados más larga de todo el campus, no había hombre que no se le quedara mirando cuando pasaba en su altura y elegancia casi imperial por los pasillos.

Por muy irónico que fuera, en plena época de exámenes, la biblioteca solía estar vacía la gran parte de la semana. Era un edificio antiguo con muchos pasillos y recovecos donde una chica podía esconderse del mundo para estudiar o simplemente leer un buen libro.

Así fue como conoció a Aiden, el chico popular que era perseguido por la rubia más hermosa del campus por toda la universidad, recurría al casi abandonado edificio para esconderse de su molesta, pero querida amiga de la infancia, Los padres de Amelia eran amigos de sus padres desde que eran niños, tenían la misma edad y sus cumpleaños se llevaban por solo unos días de diferencia, prácticamente habían sido concebidos al mismo tiempo y el compromiso de ambos era solo una cuestión de tiempo, la unión definitiva de ambas familias era un deseo de sus padres desde hace muchos años, así como el papel de buen hermano menor, aquel que apoya al mayor en las gestiones empresariales. Podía renunciar al matrimonio como una idea romántica, pero jamás seguiría a su hermano como un perrito faldero, su ambición solo era comparable con su enorme inteligencia y no pensaba usarla para beneficio de nadie más que él mismo. Por ello, en busca de un poco de paz para continuar con sus proyectos privados, se dio cuenta de que la biblioteca prácticamente era ignorada por el alumnado escolar.

Aquella tarde, él se encontraba en los silenciosos pasillos de la biblioteca, con su portátil en mano, camino entre las enormes estanterías del lugar, fue pura casualidad que la viera, Rossete se encontraba sentada en el suelo, su espalda apoyada en la pared en un rincón, a su alrededor muchas guías e impresiones que llevaba horas estudiando, en su regazo, yacía un libro de cálculo avanzado abierto y a un costado, su cuaderno de notas, ella dormía, la noche anterior había llegado sumamente tarde debido a una sesión de fotos y había perdido tiempo de estudiar, ahora, el cansancio de su ajetreada vida le pasaba la cuenta y no había podido evitar quedarse dormida.

Lo primero que llamó la atención de Aiden fue el largo cabello azabache, no había visto negro más impresionante, contrastaba con su lechosa piel, una seda negra que abrazaba sus hombros delicados sin arruga mínima. No estaba seguro de que lo llevó a acercarse a ella, tal vez la vulnerabilidad que mostraba en el profundo sueño, o la curiosidad de saber que era todo aquello que tenía disperso por el suelo como si fuera su espacio personal, pero se acercó y se agachó enfrente de ella, levantó algunas hojas y pudo apreciar los cálculos prolijos y las notas acertadas e inteligente, incluso algunos comentarios que él mismo había pensado y racionalizado para sus interiores.

Había leído algunas página ya cuando el libro abierto sobre su regazo comenzó a resbalar, y en un mero reflejo, lo sujetó antes de que la gruesa portada chocara con la baldosa fría del lugar, pero Rossete tenía el sueño sumamente ligero y al sentir el suave movimiento abrió los ojos, aquellos nublados por el sueño se encontraron con los verdes y felinos a pocos centímetros.

“Agua marina, demasiado hermosos”. El pensamiento apareció en su mente de forma violenta y despertó un sentimiento de posesividad primitiva que no pudo controlar o evitar, asustándolo en la misma medida que le causaba una indomable curiosidad.

Rossete sabía quien era el chico que estaba delante de ella, lo había visto en los carteles de promoción del equipo de Rugby en los pasillos de la universidad, aun así, ahí mismo, a la distancia de un suspiro, fue la primera vez que veía a un chico tan guapo, su corazón dio un pequeño vuelco y la voz se le quedó escondida en algún lugar de su garganta, anonadada, sin poder comprender la reacción que le provocaba, arrancó la mirada de los verdes ojos y miró a su alrededor, notando que sostenía, en una de sus manos, su libreta de notas. Aiden siguió la mirada y tomó un poco de distancia, se sentó contra la estantería al frente de ella.

—Estas anotaciones son impresionantes— reconoció y se obligó a dejar de mirarla. —¿Puedes explicarme por qué decidiste utilizar esta estrategia de abordamiento económico?

No es que Aiden Campbell necesitara tutorías de razonamiento económico, pero no pudo luchar contra la violenta curiosidad. Por otro lado, ella no tenía nada que demostrar, ni le interesaba la docencia, pero así mismo, tampoco pudo deshacerse de la propia curiosidad que aquel chico le causaba, Había una fiesta en el campus, ¿Un playboy como él no debería estar en primera fila buscando su próxima cacería?

Así fue como una extraña amistad junto a una inevitable atracción comenzó a nacer entre ellos.

“Actualmente”

El sonido del agua fue como una bofetada a su inconsciencia alcoholizada, se sentó en la cama y miró alrededor, aún era de noche, pero no reconocía el lugar y por una fracción de segundo todo dio vueltas y el pánico quiso enterrar sus garras en ella. Obligándose a respirar, poco a poco los recuerdos de la noche anterior llegaron a ella como una bola de nieve…

“—Este no es el camino a mi Hotel…— mencionó ella después de algunos minutos en el auto del que era su cuñado.

—Ya no está tu reservación en aquel hotel, mi abuelo debió encargarse de que se llevaran todas tus cosas a la casa de mi hermano— explicó él.

Cabreada, pero resignada, dejó que Jimmy la llevara al que sería su nueva residencia en los próximos meses. La bella casa estaba en la zona más acomodada de Londres y la manilla electrónica ya tenía digitalizada su huella dactilar, Rossete se dio cuenta de que el Mercedes de Aiden no estaba en el garaje y tampoco había señales de que hubiera vuelto a casa. Entraron a la acomodada sala ya completamente amoblada, de un gusto exquisito y moderno, para nada del gusto de ella, pero tuvo que recordarse a sí misma que aquella, nunca sería su verdadero hogar. Acongojada y aún cabreada por todo lo sucedido en los últimos días, fue directamente al bar en una esquina de la estancia.

—¿Qué deseas beber?— Preguntó mientras ella se servía una copa de vino.

—No creo que sea una buena idea, Aiden puede llegar en cualquier momento y…

—Dudo que tu hermano tenga algún interés en nuestra noche de bodas.— zanjó ella con una clara expresión de molestia, Jimmy se sentía atraído por aquella fuerza que destilaba y como se había visto involucrada en todo aquel embrollo, la furia de aquella mujer sería algo digno de apreciar en su debido momento, por ahora él se limitaría a ver cómo las piezas se acomodan en el tablero.

—Un whisky, por favor.— pidió finalmente…”

Rossete, cómo no solía hacerlo, aquella noche se permitió a sí misma ahogar la rabia y el dolor en la costosa botella de Merlot, Jimmy la vio beber, y pasadas las horas, cuando ella quiso irse a dormir, aun con el vestido de novia puesto, la falta de costumbre vividora le pasó la cuenta, vomitando los costosos pantalones del traje de su cuñado y para colmo, cayendo inconsciente sobre él. Hastiado y soltando varias maldiciones, Jimmy, tomó a su cuñada y la cargó en brazos hasta el dormitorio principal, cuando la dejó sobre la cama mientras se reía para sí mismo de la irónica situación.

—¿Estás despierta?— preguntó él saliendo completamente vestido del cuarto de baño, su cabello corto y castaño se veía húmedo. Rossete pasó una mano por su larga melena azabache.

—Lamento mi deplorable estado y lo vergonzosa de la situación —se disculpó ella con las mejillas suavemente sonrosadas por la vergüenza. Jimmy simplemente asintió.

—Deberías darte una ducha, esperaré abajo.— dijo finalmente dejándola sola en aquella desconocida habitación.

Haciendo caso a la sugerencia de su cuñado, Rossete se metió a la ducha y lavó sus dientes, al salir del cuarto de baño se dio cuenta de que las pocas prendas que traía en su maleta habían sido pulcramente ordenadas en el closet, se vistió con unos ajustados jeans y una blusa, al día siguiente debería ir de compras.

Cuando bajó a la planta principal, Jimmy había preparado un par de cafés, y le ofreció la segunda taza a ella. Él ya había bebido la suya.

—Gracias. — Susurró ella contra la taza, casi en sus labios.

—Todos hemos tenido una mala noche, me voy, es tarde. —Rossete miró la hora en el reloj de pared dándose cuenta de que marcaba cerca de las dos de la madrugada, asintió, demasiado avergonzada para agregar algo más y lo acompañó a la salida. Cuando Jimmy estaba por subir a su coche se quedó mirando unos segundos a la hermosa esposa de su hermano- déjame darte un consejo, no confíes en nadie, ni siquiera en mí, conozco cada uno de los secretos de las personas de esta familia…- mencionó, Rossete no pudo evitar sentirse intimidada por la firme mirada y la falta de espacio personal que él estaba invadiendo —... Incluso los tuyos, cuñada.

Aquellas palabras fueron suficiente para dejarla helada, incapaz de decir algo más, se quedó estupefacta mientras el menor se subía al coche y comenzaba a andar fuera de la propiedad, ¿Qué era lo que sabía?, ¿Conocería su identidad francesa? ¿Sabría sobre la patética forma en que había sido rechazada por su hermano años atrás? ¿El acuerdo de divorcio? ¿O acaso su presencia comercial?… El impacto fue tal que no notó la presencia del Mercedes a pocos metros.

Sintiéndose insegura y más sola que nunca, entró en la casa nuevamente, fue hasta el dormitorio principal luego de meter el vestido de novia en una bolsa y guardarla en un rincón del cuarto de closet. Se puso su camisón de pijama, sentada sobre la cama, rodeó sus rodillas y se obligó a mantener la calma, mañana sería un nuevo día, tal vez … Podría aclarar las cosas con Aiden, volver a ser … Amigos.

Por otro lado, Aiden vio como su hermano se inclinaba hacia la que ahora era su esposa y le susurraba algo antes de marcharse, un violento sentimiento de posesión caló sus huesos, ¿Es que acaso el alcohol que había consumido lo había vuelto imbécil una vez más? Debía de ser aquello, porque después de haber pasado aquellas horas en un bar cercano se había dispuesto a volver a casa, no estaba seguro de que esperaba al reunirse con ella, tal vez lograr identificar los verdaderos motivos de porque Rossete había vuelto, pero no, no esperaba aquello, un déjà vu de lo que había sucedido hace tres años. Tenía que terminar de convencerse, aquella, era la verdadera cara de Rossete Beaumont, la dulce y maravillosa chica que había conocido en la biblioteca, no había sido más que un engaño, una horrenda manipulación por parte de una mujer oportunista y desvergonzada. No volvería a caer.

El sonido del picaporte del dormitorio, abriéndose, sacó a Rossete de sus pensamientos fatalistas, la orgullosa figura de Aiden entró en el dormitorio y su corazón nuevamente dio un brinco, se levantó de la cama rápidamente, con el fin de decir algo, lo que fuera, pero la presencia de aquel británico siempre lograba fundir sus poderosas neuronas. Lo vio entrar casi hecho una furia, camino hasta el closet y sacó un par de maletas, la abrió sobre la cama y una a una, comenzó a meter sus pertenencias en ella.

—¿Viajas?— preguntó incrédula, sin comprender bien que estaba sucediendo.

—No es de tu incumbencia. — gruñó él. — Te recuerdo que nos guste o no, eres mi esposa, por lo tanto, compórtate a la altura, no me interesa cuántos han pasado por tu cama, pero, ten un mínimo de respeto, no permitiré ser un hazmerreír porque estés haciendo el ridículo por ahí, incluso si el involucrado es mi hermano.

Sus palabras frías y duras la hicieron estremecer levemente, una grieta más, rasgó su corazón estúpido.

—¿Jimmy? No es lo que crees, él…

—Como te dije. No me interesa.— la interrumpió dándole una mirada de asco y desagradó. — Un mes más, y luego sin falta desharemos este ridículo circo. Sin falta terminaremos con esta basura.

La agresividad de sus palabras y el odio en su mirada la hicieron retroceder un paso, sintiendo un nudo en su garganta y su pecho como si fuera un bloque de cemento, ¿Dónde había quedado el chico ingenioso y encantador de la biblioteca?

—¿Por qué?…—La pregunta salió de sus labios casi contra su voluntad y en un hilo de voz, Aiden terminaba de cerrar sus maletas —¿Qué hice para que me odiaras tanto?

—¿Realmente no lo entiendes?, Debes ser más tonta de lo que creía … —dijo él con hastío —Debido a ti… Tú… Has arruinado todo lo que tenía.

Capítulo 3

Decir que los siguientes días habían sido extraños, sería un eufemismo, Aiden no regreso a casa al día siguiente ni tampoco aquella noche, Rossette dejó de esperar verlo sin mucha dificultad, las últimas palabras dichas en aquella misma casa habían quebrado cualquier pequeña esperanza que albergara sobre poder llevar los próximos meses en paz, Por otro lado, Aiden había señalado “Un mes más”, claramente, no la dejaría olvidar el acuerdo acordado entre ambos el día de la boda.

Más que frustrada, pero con una agenda interminablemente apretada, decidió olvidar su fracasado matrimonio mientras tuviera que trabajar, porque independiente de su cuna y próxima herencia, Rossette era una mujer que había comenzado a trabajar como modelo desde que tuvo edad legal para hacerlo, ahí en Reino Unido no era más que una actriz de cuarta categoría, pero no por falta de talento, sino, porque no había aceptado nunca, más que un papel secundario o incluso terciario, adoraba la actuación y tenía un gran talento, pero Francia no estaba muy lejos y en un descuido por obtener un poco más de fama, la identidad que prometió a su abuelo proteger hasta que él se fuera finalmente, podría salir a la luz, por ello, ella misma había esparcido su mala fama, su reputación dudosa. Nadie relacionaría a la princesa de la corona francesa con una actriz de cuarta categoría. Si bien el heredero al trono era su primo mayor Étienne, ella era la segunda en la línea de sucesión y se esperaba de ella, que algún día, tomara lugar en la corte de su primo para ayudarlo en sus deberes como mano derecha, por supuesto, hacerlo, era algo que estaba más que encantada, la buena relación de ambos había surgido desde la cuna, junto a Marcos y Chandiel, su querida amiga, eran más que inseparables, ahora mismo, debía comenzar a pensar en una buena excusa para ausentarse tanto tiempo de su tierra, no pasaría mucho antes de que alguno de ellos comenzará a sospechar.

Luego de pasar aquel día y los dos siguientes en constantes reuniones, sesiones de fotos y la grabación de un comercial, finalmente, la tercera mañana se dedicó a tomar un desayuno con tranquilidad, pero la paz no era algo que hubiera visitado su mente desde que su cuñado había señalado conocer sus secretos, aquella inquietud la atormentaba por el día y la despertaba por las noches, necesitaba asegurarse de cuál fuera la información que este mantenía y en caso de ser necesario, asegurarse de que no saliera a la luz o fuese usada en su contra.

Sus divagaciones fueron interrumpidas por el sonido de la puerta de entrada, segundos después Aiden apareció por el salón, Rossette seguía en camisón, de una linda seda verde agua, ejercía un maravilloso contraste con su piel lechosa y la seda negra de su melena, la luz del ventanal abierto de par en par y la suave brisa llevó a su nariz el delicioso aroma a guindas y lavandas, por un par de segundos Aiden olvido el motivo de su rencor y odio, todo lo que podía observar era aquella magnífica imagen.

“Simplemente, hermosa”… El pensamiento dejó una gota de molestar en su paladar, y llevaba los últimos días molesto consigo mismo, por no dejar de pensar en el dolor de aquellos ojos verde agua la última noche que se habían visto, ¿Realmente era capaz de fingir tan bien un corazón vulnerable y dolorido? De ser así, aquella mujer sería aterradoramente manipuladora.

—Has vuelto…— Sus palabras lo obligaron a salir del estupor y retomar su compostura.-¿Quieres una taza de…

—No es necesario— La cortó.— Solo vengo por algo que he olvidado.— dijo desapareciendo escaleras arriba un par de minutos, al regresar, cargaba un paquete envuelto delicadamente en un papel oscuro con un moño color vino.

—¿Un regalo?— Preguntó ella incapaz de contener la curiosidad y por una fracción de segundo Aiden reconoció a la chica en la biblioteca. Alejó el melancólico recuerdo rápidamente.

—Es el cumpleaños del abuelo, toda la familia estará ahí.— señaló en un descuido, él.

—Oh, ya veo, dame un par de minutos para cambiarme y…

—¿Y qué?-la interrumpió.— ¿No pensarás que estás invitada? ¿O sí?— Preguntó con burla— ¿Una actriz de cuarta? Es un evento netamente familiar, tú, no encajan de ninguna forma ahí.

El orgullo herido la mantuvo con la frente en alta, manteniendo la mirada en un acto insolente de rebeldía, Aiden molesto con ella, consigo mismo y con el mundo, chistó la lengua antes de darse media vuelta y marcharse.

El apetito había desaparecido completamente de ella cuando el portazo que dejaba Aiden al salir dejó de resonar en la casa, ¿Por qué lo seguía intentando?, sin duda debía tener daño cerebral de algún tipo.

Negándose a seguir pensando en el dolor que causaba aquel hombre, decidió concentrarse en algo más productivo, localizar a su cuñado. Era imperativo aclarar aquel comentario que le había hecho antes de marcharse aquella madrugada, ¿Pero como lograba localizarlo? Pedirle el número a Aiden solo traería más discusión y comenzaba a estar cansada de soportar sus insultos.

“Es el cumpleaños del abuelo, toda la familia estará ahí”

Las palabras de Aiden cayeron como una solución en medio de la neblina que eran sus pensamientos últimamente. Su esposo tendría que aguantar su presencia un poco más.

Tres cuartos de hora después, Rossette entraba en el jardín de la enorme y lujosa residencia Campbell, las miradas escandalizadas sobre ella no tardaron en llegar, su suegro solo le dio un asentimiento de cabeza mientras su suegra, por otro lado, no escondió el descontento en su mirada despectiva, haciendo todo lo posible por mantener la compostura se acercó hasta el sofá de jardín donde se encontraba sentado el abuelo de su esposo, con un paquete alargado en mano.

—Abuelo…—Dijo llamando su atención, el hombre no escondió su honesta y enorme sonrisa al verla.— Feliz cumpleaños, espero que cumpla muchos años más.

—¡Querida mía!— Saludo el hombre y apoyándose en su bastón se puso de pie para recibir el paquete que ella le entregaba.— No tenías que molestarte… Pero, muchas gracias.

El anciano abrió con delicadeza la caja alargada para descubrir en el interior una botella de vino Francés, Robert Campbell de casi ochenta años, quedó completamente anonadado.

—¿Una botella de vino barato?— Dijo la madre de su esposo al pararse a su lado del que era su suegro. El hombre le dio una mirada dura y reprobatoria que dejó a la mujer callada rápidamente.

—¡Niña tonta! —La reprendió— Esta no es una botella de vino barato, es un vino sumamente costoso y exclusivo, imposible de conseguir en Reino Unido, de la cosecha privada de …— guardo silenció cuando Rosse posó su mano suavemente sobre su antebrazo.— Es un vino especial.— Zanjó.— Muchas Gracias, querida, lo atesoraré.

—¿Qué haces aquí? — La voz profunda de Aiden envuelta en una ola glaciar de desprecio hizo que los presentes en la fiesta de jardín, sus suegros, su abuelo, primos, tíos y hermanos, se dieran vuelta hacia él, de su brazo, como en la universidad, venía colgada Amelia Hamilton, igual de hermosa y sensual, la mirada de ambas se cruzaron, la londinense levantó levemente el mentón con orgullo, hace tres años que no se veían y en aquel tiempo, ella jamás la había mirado con tal desdén, ¿Qué era lo que se había perdido? —Te dije específicamente que no tenías lugar aquí hoy.

Jimmy, quién había visto la escena apoyado en uno de los pilares de la bella terraza, se horrorizó ante la actitud de su hermano, jamás lo había visto actuar así, Aiden podía ser un playboy despreocupado, pero no era un maleducado, mucho menos con las damas.

—Yo la he traído.— Señaló entonces el menor de los tres hermanos, saliendo de su silencio, dio un par de pasos al frente para quedar junto a Rossette.— Supuse que estarías ocupado, por ello, me he ofrecido para traer a mi cuñada a esta fiesta familiar, pero querido hermano, habíamos dicho…— Su mirada se clavó dura y fría sobre la hermosa rubia al lado de Aiden— … Que los animales y mascotas no tenían lugar aquí hoy, el abuelo es alérgico.

Aiden enfurecido tanto por las palabras como la actitud de su hermano, caminó hasta él y le tomó por el cuello de la camisa.

—¡Mocoso insolente!, ¡Tienes que aprender a dejar de meterte donde no te llaman!

—¡El insolente eres tú! —le gritó tomando también por la camisa a su hermano mayor, levantando, Jimmy, el primer puño con la clara intención de llevar aquella discusión a la fuerza bruta. Rossette trató de meterse en medio, pero fue empujada hacia atrás debido al zarandeo.

—¡Es suficiente!— los cortó su madre mientras su abuelo miraba con indignación la escena.— ¡Es el cumpleaños del abuelo! ¡Dejarán sus pleitos infantiles para otro día! — Ordenó la mujer, su tono absoluto, sin posibilidad de desobediencia.

Ambos se soltaron al mismo tiempo y Jimmy tomó lugar junto a su hermano de mala gana.

—Oh, Amelia, cariño, disculpa tremenda escena…— dijo la mujer con un tono amable y una mirada llena de cariño hacia la rubia, Rossette sintió como una nueva grieta atravesaba su pecho, aquella mujer, ella jamás sería tratada con tal afecto por la que era su suegra. La madre de Aiden era una mujer letrada, conocida en el círculo social inglés por su agradable compañía y su gusto por participar y organizar actos de beneficencia, alta, de facciones suaves y cabello castaño, era una mujer hermosa que gozaba de buena salud. Tomó ella las manos de la rubia para acercarla al círculo donde todos comenzaban a retomar sus sitios en la terraza.

Los hermanos, uno al lado del otro, junto al resto de los asistentes, vieron la conmovedora escena, Rossette se aferró a su calma con toda su fuerza y decidió, en aquel segundo, que no volvería a desear que la familia de su esposo la aceptara. Aiden se inclinó levemente hacia su hermano para susurrar.

—Haz algo bien por una vez, y por favor saca a esa mujer de aquí.— pidió con un tono duro lleno de desdén, refiriéndose a Rosette. Y sin esperar respuesta volvió a acercarse hasta Amelia, tomó su mano con cariño y la guio en frente de su abuelo, la rubia tenía en el rostro una encantadora sonrisa, pero Robert Campbell no era un hombre estúpido y permaneció imperturbable, erguido en su orgullosa postura imponente.

—Abuelo, déjame presentarte por favor.— pidió Aiden esta vez más tranquilo.— Ella es Amelia Hamilton, hemos estado juntos desde niños, ella debería ser mi mujer. Por favor…

Rossette apretó los puños y se obligó a mantener el mentón en alto, no dejaría que esto la dañara, no otra vez, no era la misma chica vulnerable y voluble de hace tres años.

—Qué decepción Aiden…— Dijo el abuelo para sorpresa de todos los presentes que estaban al tanto de como aquel era su nieto preferido y predilecto.— Siempre pensé que tu madre te había criado para ser un hombre de respeto y honor, pero trayendo a esta… Mujer, deliberadamente a este evento familiar, ¡Mi cumpleaños!… Es un acto repudiable, ¡Rossette es tu mujer! ¡La única que puede ser mi nieta putativa y tu esposa! ¡Y no quiero volver a escuchar al respecto! - exclamó el hombre de avanzada edad con un tono tajante y duro, ni una sola mosca se atrevía a pasar por ahí en aquel segundo, y Aiden mantenía una mirada llena de desconcierto, su abuelo no podía estar defendiendo a Rossette… ¿Por qué? —Comeremos dentro…— Ordenó el abuelo.— Mientras entramos, saca a esta mujer de mi hogar.

Amelia Hamilton jamás se había sentido más humillada en toda su vida, venía de una de las familias más adineradas y antiguas de todo Reino Unido, su familia tenía varios negocios nacionales e internacionales, jamás había sido tratada con menos que el mayor de los respetos y la apreciación, pero ahí, frente a toda esa gente que debería haberla recibido con los brazos abiertos… Fue completamente despreciada. ¡Todo era culpa de esa zorra!… Pero no importaba, se había deshecho de ella una vez hace tres años… Lo haría, una vez más y esta vez, de forma definitiva. Indignada, se dio media vuelta y a paso rápido se encaminó para salir de ahí, con la mirada baja y las mejillas encendidas en rabia.

La gran mayoría de los invitados ya estaban dentro de la residencia, afuera solo habían quedado los hermanos Campbell, Rossette y la humillada Amelia, que se había marchado hace solo unos segundos.

—¡¿Por qué demonios viniste hoy?!— Preguntó encarando y cuestionando Aiden a Rossette que lo miró con decepción— ¡¿Planeaste todo esto también?!

—¿Esa es la impresión que tienes de mí, Aiden? —Preguntó ella con una profunda decepción.— ¿No debería ser yo quien pida explicaciones? ¡Teníamos un trato! ¡Un mes más es lo acordado!, ¿O es que tu palabra de honor solo dura tres días?

—¡¿Quién te has creído que eres?! ¡No tienes derecho a cuestionarme!— le gritó el enfurecido— ¡Tienes que darte cuenta de tu lugar de una maldita vez!

Le exigió Aiden antes de darse vuelta y paso rápido siguió el mismo camino que Amelia había tomado.

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