Mandy no se rendía con facilidad, así que alargó el paso mientras corría hacia las escaleras. Los dos hombres eran tan rápidos como ella y la estaban alcanzando. Corrió hacia el ascensor y apretó todos los botones, esperando que se abriera una de las puertas. Incluso si ella mostrara su invitación explicando y probando que no era una destructora de eventos, los medios de comunicación seguramente publicarían el fiasco que fue y la expondrían. Eso sería muy humillante.
Sin poder dejar de pensar en eso, la chica decidió darse la vuelta e ir directamente a la salida de emergencia de la derecha. Segundos después, abrió la puerta con prisa y subió las escaleras sin dudarlo.
Los hombres la vieron desaparecer cuando tomó las escaleras, y al llegar, se apresuraron a seguirla. Ellos apenas pudieron ver revoloteando sobre sus cabezas el vestido blanco que ella vestía.
Mandy no fue demasiado lejos, solo subió un piso y con rapidez empujó la puerta para llegar al pasillo principal. Ella se encontraba en algún lugar entre los pisos cincuenta y ocho y ochenta y nueve del edificio, el cual contaba con infinidad de habitaciones de hotel de pasillo a pasillo. La mujer estaba planeando encontrar cualquiera de esas locaciones vacía, o simplemente cualquier habitación con la puerta abierta, para esconderse hasta que se sacara esos perseguidores de encima.
Dado que el edificio pertenecía a los Xu, solo lo más lujoso y exquisito se podía apreciar en cada rincón. Los pisos estaban pulidos a la perfección, eran tan brillantes que Mandy podía ver su reflejo en la superficie mientras seguía su camino. Lo que observaba pasaba rápido ante sus ojos, los cuales tenían una expresión de sorpresa. Ella se sonrojada al ver tan vergonzoso reflejo en tan elegantes locaciones. Cada pisada de sus tacones retumbada con fervor en el suelo de mármol, lo que sin duda llamaba la atención. Para agregar, la aglomeración de gente le estaba dificultando las cosas. A este paso, los guardias la atraparían en breve.
La mujer hizo una pausa y se quitó los tacones con agilidad, apretándolos contra su pecho mientras corría con sigilo hacia el final del pasillo.
"Es difícil saber hacia dónde corrió esa mujer. Lo mejor será separarnos". Esto fue expresado por uno de los guardias. Ella apenas había logrado meterse en una pequeña alcoba poco después de cruzar la esquina del pasillo cuando, sin previo aviso, los guardias aparecieron por la salida de emergencia.
"Está bien, recibido", replicó el otro hombre.
Esto último fue acompañado por el sonido de pasos, por lo que Mandy de manera instintiva, volvió rápido hacia su escondite. Justo en ese momento, ella se percató de que se encontraba en la entrada de una de las habitaciones. Sin titubeo, la chica dio la vuelta a la esquina, al tiempo que los pasos de los guardias se sentían más y más cerca. Si alguno de los hombres llegara a asomarse a esa esquina, sería el fin para ella. La chica apretó con fuerza sus dientes, giró para estar frente a la puerta y la tocó. No tenía otra salida más que buscar escondite allí, por lo que tenía la esperanza de que el huésped al menos la dejara entrar.
Al abrirse solo una pequeña rendija de la puerta, ella se topó con un pecho amplio y varonil cubierto con una camisa gris. No tuvo tiempo de mirarlo a la cara y, sin ni siquiera avisarle, ella empujó al hombre hacia el interior de la habitación. Se abalanzó contra la puerta para cerrarla, mientras tanto, el hombre puso el pie en la entrada para evitarlo.
Uno de los guardias ya estaba demasiado cerca, pues ella podía escucharlo mientras se acercaba a la habitación en la que ella acababa de irrumpir. Desesperada, reaccionó por instinto de supervivencia. Ella dejó sus tacones a un lado y saltó encima del huésped poniéndolo contra la pared. En ese momento, la mujer se percató de que él era mucho más alto de lo que había pensado, ya que la parte superior de la cabeza de ella, ni siquiera le llegaba a los hombros a ese enorme hombre. Pronto, ella subió la cabeza, solo para ahogarse en sus profundos e inexpresivos ojos.
Mandy podía decir sin lugar a dudas, que ese era el rostro más hermoso que jamás había visto. La parte irracional de su cerebro incluso se cuestionó por un breve instante si ese hombre era una escultura. Tenía cejas gruesas, prominentes y una nariz alta, pulida. Sus delgados labios estaban un poco curvados y su mirada era distante, lo cual lo hacía verse sexy y atractivo de alguna manera.
El corazón de la mujer latía tan fuerte que podía escucharse, siendo percatado por el hombre. Finalmente, el sonido de pasos fuera de la habitación parecía por fin alejarse.
"Quién...". El hombre pronunció palabra, frunciendo el ceño ante su inesperada visita.
Su voz hizo que Mandy recuperara la conciencia, de repente estuvo segura de que primero, ese hombre estaba a punto de interrogarla y segundo, el guardia aún estaba demasiado cerca del lugar. Si se escuchaba por casualidad a un huésped interrogando a una extraña, eso haría que su perseguidor la encontrara enseguida. Ella no podía permitir que eso sucediera.
Y así, la mujer respiró hondo, se puso de puntillas y rodeó el cuello del hombre con sus brazos. Un instante después, los labios de la chica cubrieron con firmeza la boca de él, evitando que pudiera proseguir con su cuestionamiento.
Él se paralizó de sorpresa, cerrando con levedad sus negros ojos ante esa mujer desvergonzada que acababa de arrojarse sobre él. Este extendió la mano para apartarla, pero ella, de igual forma, echó la cara hacia atrás y luego le lanzó una mirada de sutil súplica. Las manos del hombre se detuvieron a mitad de camino.
Para ese momento, el guardia estaba justo afuera de la habitación. Su perseguidor había notado que la puerta estaba algo entreabierta y se detuvo a comprobar. Todo lo que pudo observar fue a una pareja besándose contra la pared. Desde donde estaba parado, no podía distinguir con claridad la ropa de Mandy, y como era pequeña, la alta figura del gran hombre la ocultaba a la perfección.
El guardia en breve alejó la vista del lugar, ajeno al hecho de que su objetivo había estado frente a sus ojos.
Cuando los pasos de su captor se perdieron en la distancia, los nervios de Mandy cesaron. Ella con cautela, apartó su boca de la de él y se dio la vuelta.
"Quiero una explicación". Ese cuestionamiento hizo que ella volviera la mirada a él. Su voz era grave y profunda, y de una extraña manera, atrapante.
"Lo siento mucho, yo...". Ella soltó el cuello del hombre y se alejó unos pasos. Todavía estaba tratando de organizar sus ideas para poder explicar lo que pasaba, pero los pasos se sintieron de nuevo. La mujer los reconoció, eran del mismo guardia de antes. Su perseguidor estaba regresando a la habitación. La ansiedad de la chica volvió y se convirtió en pánico.
Una vez más, se abalanzó sobre el hombre, como tigre a su presa, y lo empujó contra la pared. Sus delgados brazos se deslizaron alrededor de los hombros del hombre, en un abrazo ya conocido, mientras ella lo apretaba con fuerza.
El interés y curiosidad se hacían inmensos dentro de la cabeza del confundido hombre. Él era el mismísimo nuevo presidente de Xu Group y nunca en su vida se había imaginado que alguna mujer desconocida saltaría en su regazo dos veces en un lapso de tiempo tan corto. ¡Y dentro de su propio edificio, nada más y nada menos! Sin embargo, ella no habría tenido la más mínima oportunidad de cometer ninguna de sus imprudencias si él no lo hubiera permitido. Era obvio para él que los hombres de afuera la perseguían, pero para su sorpresa, él se sentía bien ayudándola.
Los pasos estaban de nuevo cerca, pero no se detuvieron frente a la puerta. En lugar de ello, el guardia siguió caminando hasta llegar a la otra esquina del corredor.
"No la encontré. Quizás volvió a subir las escaleras, vamos a buscarla en el otro piso". Parecía que sus perseguidores se habían reunido.
"Yo tampoco la pude encontrar. Vamos, subamos". Poco después, el sonido de pasos desapareció por completo, y todo estuvo tranquilo de nuevo.
Mandy supo que, al fin, estaba fuera de peligro. Ella estaba lista para expresar su alivio. Sin embargo, se dio cuenta de que sus labios aún se juntaban con los del hermoso hombre que tenía delante.
La mujer había estado tan nerviosa y distraída por su situación de fuga, que no se había percatado de los dos besos dados al hombre. En cambio, ya que el miedo estaba fuera de su cuerpo, todo lo demás que había sucedido con el hombre se apoderó de sus sensaciones. La suave textura de sus labios, el tenue olor a almizcle que emanaba de su piel y sus anchos hombros. Toda la situación finalmente se aclaró en su cabeza, por lo que ella dio unos pasos atrás. La mujer no podía ocultar lo avergonzada que estaba.
Cualquiera habría pensado que Mandy estaba forzando al hombre.
Ella respiró hondo y trató de soltarlo, pues lo tenía atrapado contra la pared. Pero justo cuando retrocedió, sintió una fuerte sujeción alrededor de su cintura. Él le dio la vuelta y la presionó contra la pared.
"Señor, de verdad lo siento mucho. No quise hacer eso. Soy una de las invitadas que acudió al evento de abajo, pero un hombre se quiso aprovechar de mí. Le eché jugo encima y escapé. Los guardias de seguridad me perseguían, así que no tuve más remedio que irrumpir en tu habitación". Su rostro estaba rojo de vergüenza, pues había usado a este para escapar de los guardias. Su repentina entrada lo pudo haber asustado, por lo que ella consideró que se merecía una explicación y una disculpa.
"¿Cuál es tu nombre?", le preguntó él levantando una ceja y mirándola fijamente.
Ella cerró los ojos y suspiró aliviada: "Ehhh... Mi nombre es...", pero antes de que pudiera presentarse, una voz apagada procedente de la habitación la interrumpió.
"Rob, ¿puedes traerme la ropa? Olvidé recogerla". La voz melosa acompañada del chapoteo del agua era agradable a los oídos.
Mandy se sorprendió, por lo que siguió la voz y vio una figura alta a través de la ventana de vidrio esmerilado del baño. El hombre parecía más fuerte que el que se apoyaba contra ella.
Su mirada volvió a dirigirse al hombre que la observaba con curiosidad, y se dio cuenta de que su cabello estaba desordenado y su camisa desabotonada, dejando al descubierto su pecho cincelado. Era el hombre más guapo que ella había visto en su vida.
Entonces tragó saliva con fuerza al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Dos hombres solos en una habitación, y mientras uno se duchaba, el otro tenía un aspecto desordenado, como si se hubiera revolcado en la cama. Ella evaluó al hombre antes de que su mirada se dirigiera al que estaba en el baño. Su rostro entonces se enrojeció de vergüenza al darse cuenta de que los había interrumpido mientras tenían un momento íntimo.
"Dios, lamento haberles molestado. Continúen...". La chica se escabulló de su agarre, tomó su bolso y le sonrió antes de salir corriendo de la habitación.
Él frunció el ceño, no entendía por qué ella se había escapado sin responder a su pregunta. No obstante, nunca se le ocurrió que esta había asumido que él era gay.
G City era un lugar ajetreado, lleno de gente en todo momento, y el lugar más popular era la calle de los tentempiés de Yuexiu Road. Allí se podían encontrar todo tipo de restaurantes y puestos de comida. La calle era más concurrida por la noche, porque gente de distintos ámbitos iban a divertirse. Ronghua Street, por su parte, era otro lugar famoso que albergaba restaurantes y bares de alto nivel para habitantes y turistas, y podía dar una idea de la comida y el estilo de vida de la gente.
Uno de sus restaurantes más populares era un puesto de barbacoa llamado "Good looking".
Mandy estaba de pie frente a un edificio de aspecto sencillo, preguntándose por qué la gente deliraba por un simple restaurante. Una multitud de mujeres estaba alineada frente a este, extendiéndose hasta la tienda de al lado.
Justo cuando ella se acercaba a una de ellas para preguntarle qué estaba pasando, sonó su celular. Miró el identificador y se dio cuenta de que era su mejor amiga, Jean.
"Hola, Jean. Ya estoy en el puesto de barbacoa, pero hay una larga cola afuera. ¿Nos vamos a otro lado?". La chica frunció el ceño mientras miraba la interminable fila de chicas, no quería perder el tiempo esperando afuera.
"Yo ya estoy adentro. Ven a la mesa ciento veintiocho", le dijo su amiga entusiasmada.
"Bueno", respondió ella y colgó para luego entrar. La mirada envidiosa de todas las mujeres le hizo sentir un hormigueo.
Todo en el lugar parecía inusual. Nunca había estado en un restaurante en el que solo hubiera comensales femeninos.
"Señorita, ¿cuál es su número de mesa?", una profunda y resonante voz de un hombre interrumpió su imaginación salvaje.
Entonces se dio la vuelta y vio a un chico guapo sonriéndole.
"Ehhh... La ciento veintiocho". Mandy entró en trance antes de sacudir rápidamente la cabeza y examinar el lugar. Una sonrisa se dibujó en las comisuras de sus labios cuando finalmente pareció obtener las respuestas a todas sus preguntas.
Todos los camareros y asistentes al restaurante se veían increíblemente guapos. De manera que no era raro que las mujeres eligieran este lugar.
"Por aquí, por favor", le dijo el hombre agitando la mano y educadamente la acompañó a la mesa.
Ella lo siguió y vio a Jean sentada junto a la ventana, mirando a todos los apuestos camareros con una sonrisa tímida.
"Señorita, esta es su mesa", le dijo él con una sonrisa y le acercó una silla para que se sentara.
"Gracias", ella le sonrió. El restaurante parecía el lugar de reunión perfecto para mujeres. Era como un país de ensueño que tenía a todos los hombres guapos y caballerosos en un solo lugar.
Una vez que los camareros se fueron, Mandy miró a Jean y soltó una risita. "¿Estás interesada en el apuesto camarero que tomó nuestro pedido?".
"No, no solo en él. Me interesan todos los hombres de aquí. ¡Oh, Dios mío! Míralos, creo que han contratado a todos los hombres hermosos de G City. Puedes encontrar de todos los tipos aquí. Este lugar es increíble, ¿no te parece?", suspiró Jean con ojos soñadores.
Mandy observó el lugar y sintió que su amiga tenía razón, pues todos eran guapos a su manera. Finalmente entendió por qué ese puesto tenía un nombre tan extraño. Además, los camareros iban vestidos con ropa informal y no con uniforme, lo que hacía que las mujeres se sintieran como en una fiesta llena de hombres hermosos.
"¡Dios! Estoy molesta", suspiró Mandy después de beberse el té helado de limón de un solo trago. "Esto no es suficiente, pidamos vino".