"¡No tendrás tanta suerte la próxima vez!", espetó la mujer mirando a Harlow, y enseguida salió furiosa.
Esta otra se dio unas palmaditas en el pecho para tratar de calmarse. Por suerte se fueron sin más, pues de lo contrario ella no habría podido pagar el costoso vestido de la mujer por mucho que quisiera.
De repente sintió algo mal en su estómago y se apresuró a ir al baño, y solo después de vomitar de nuevo se sintió mejor. Acto seguido se lavó la cara con agua fría y miró su reflejo en el espejo.
Su largo y liso cabello negro azabache caía en cascada sobre sus brazos, y llevaba un vestido blanco con los hombros descubiertos que resaltaba maravillosamente sus clavículas. Como no acostumbraba a beber, estaba sonrojada por el vino y sus pupilas estaban dilatadas, haciéndola lucir más atractiva.
Ella se quedó observando el reflejo borroso de sí misma mientras salía tambaleándose del baño porque estaba tan ebria que no podía ni siquiera mantenerse erguida. Desde que llegó a la fiesta no había tenido la oportunidad de saludar a sus compañeros de escuela, quienes estaban allí también. Al verlos pasarla bien, pensó: 'Este lugar no es para mí. No debería volver nunca más'.
La imagen de Michael bailando con Lainey todavía estaba viva en su mente, causándole dolor cada vez que la recordaba. ¿Cómo podía este ignorar a su novia? Pensando en ello, la chica decidió no volver a salir con él nunca más.
La música estaba a todo volumen, y en el momento en que escuchó el cambio de canción, le empezaron a doler los oídos y se mareó un poco.
El pasillo tenía puertas a ambos lados, y con las manos en la pared, ella trató de dar un paso a la vez. Estaba tan cansada y borracha que estuvo a punto de desmayarse cuando accidentalmente abrió una puerta tan solo un centímetro.
Después de asegurarse de que no había nadie cerca, se asomó adentro para ver que estaba oscuro y silencioso. Entonces volteó hacia el pasillo y vio que las luces de neón aún brillaban. Debido a las circunstancias, decidió descansar un rato antes de irse a casa, así que entró allí a escondidas. Una vez que estuvo sola, se quitó los tacones que la habían estado torturando durante toda la noche y se dejó caer en el sofá.
"¿Ya regresaste?", cuestionó un hombre desde un rincón del oscuro cubículo. Su voz era seductora y grave, pero Harlow estaba demasiado cansada para siquiera notarlo, de modo que se durmió tan pronto como su cabeza tocó el apoyabrazos del sofá.
Un pequeño destello de chispa provino de las sombras seguido de un leve aroma a tabaco quemado, haciendo evidente que había alguien más allí dentro.
"¿Por qué no encendiste la luz? ¿Te querías divertir un poco a ciegas?", bromeó el sujeto.
Al ver a la chica en total silencio, este se sintió un poco decepcionado. Entonces se levantó, apagó el cigarrillo y encendió la luz, la cual llenó el lugar como un toque de sol a través de cortinas transparentes en la mañana.
El hombre lucía alto y musculoso en contraluz, punto de vista que resaltaba las líneas de su mandíbula angulosa, sus labios carnosos y su nariz perfilada. Él tenía un inconfundible encanto.
"¡Eres tú!", exclamó sorprendido Jason Ling.
Ver a Harlow profundamente dormida en el sofá le dibujó una sonrisa diabólica en el rostro.
Pese a que la iluminación era tenue, resaltaba de forma maravillosa los delicados rasgos de la chica, cuyo esbelto cuerpo se acurrucó contra el sofá mientras ella dormía con los labios apretados. Sus pestañas largas y gruesas proyectaban una sombra debajo de sus ojos, además de que sonreía un poco al soñar, cosa que la hacía más atractiva. Ella tenía una piel radiante y una belleza que enamoraría a cualquier hombre. Su vestido blanco con hombros descubiertos realzaba su piel de marfil, sin mencionar sus piernas largas y sexys que habían subido su ruedo, dejando al descubierto su ropa interior blanca.
Al ver su hermosura, Jason no pudo evitar acariciar su mejilla con suavidad, y no bien rozó su piel, ella emitió un sonido.
Ese gemido bajo lo excitó. Aunque la joven no estaba al tanto de la situación, el hombre sintió movimiento en sus pantalones e inmediatamente se puso de pie, agarró la copa de la mesa y se sentó en el sofá.
Bajo la cálida luz del lugar brillaba el vino tinto, y Jason lo hizo girar antes de tomar un sorbo.
Él miró su reloj con impaciencia, esperando que ella despertara. No obstante, Harlow parecía estar teniendo un buen sueño porque continuó gimiendo al tiempo que movía sus piernas con suavidad hasta que en un punto le puso un pie en el muslo al hombre.
"¡Lo estás pidiendo, mujer!", dijo este.
Si bien había mucho ruido afuera, el cubículo estaba en silencio como si algo indescriptible estuviera sucediendo allí.
Harlow se despertó adolorida y con las pupilas dilatadas. Su rostro palideció de horror al empujar al hombre que estaba encima de ella, y ante la luz, vio brillar el colgante de plata con una cruz alrededor del cuello de este.
La chica salió corriendo de inmediato del cubículo y percibió que todavía había mucho ruido afuera.
Incapaz de contener las lágrimas, luchó y salió tambaleándose del bar. Una vez afuera, se agachó y rompió a llorar, provocando así que las personas que estaban en la calle la miraran y susurraran entre ellos. No fue hasta que escuchó a alguien llamar a la policía que se puso de pie y salió de allí secándose las lágrimas mientras avanzaba sin rumbo fijo como un zombi.
Aturdida, se preguntaba: '¿Cómo pudo ese hombre haber tenido sexo conmigo sin que yo lo supiera?'.
De repente se escuchó un fuerte crujido que la hizo volver a la realidad.
Era el chirrido de los frenos de un auto que se detuvo justo frente a ella. Ante eso, tomó parte de su vestido rasgado para cubrirse antes de sentarse en la calle sin pensar, y pese a que los transeúntes se sorprendían, no se acercaban a ayudarla.
Un joven con camisa blanca se bajó del BMW y se le acercó. Sus anteojos de montura dorada brillaban bajo los faros, y en un tono de disculpa, le preguntó; "¿Está bien, señorita?".
Ella negó con la cabeza en respuesta.
"Siento mucho no haberla visto", dijo él, y pensando que debía estar asustada, la ayudó a ponerse de pie.
Sin embargo, Harlow lo empujó y comenzó a caminar de nuevo como si él no existiera.
Los espectadores vieron eso y se alejaron de la escena.
"¡Cuidado!", gritó el hombre al agarrarla del brazo frío con rapidez para alejarla de otro auto que estaba a punto de golpearla.
"¿Está bien al menos? ¿Me escucha? Por favor, diga algo, señorita. ¿Quiere que la lleve a un hospital?", consultó. No fue hasta ese momento que notó su ropa hecha un desastre, el fuerte olor a alcohol, su cabello despeinado y sus lágrimas mientras caminaba descalza. Que ella estuviera en ese estado le produjo un extraño sentimiento en el pecho.
"Estoy bien", respondió ella sin rodeos. Acto seguido se soltó de él, se enderezó y cruzó la calle.
Por su parte, el hombre se subió a su auto y la siguió.
"Siento mucho haberla asustado. Permítame al menos llevarla a casa", le ofreció. Entonces, conduciendo a su lado, bajó la ventana y agregó: "No es seguro para una mujer caminar sola a estas horas".
Al no escuchar ninguna respuesta, sacó su identificación de su billetera y estiró el brazo hacia la chica. "Mi nombre es Zachary Zeng y aquí puede comprobarlo. Si confía en mí, déjeme llevarla a casa".
Al ver su cálida expresión, Harlow sintió que él era confiable, ya que después de todo su honesta sonrisa era lo único agradable de esa noche.
En vista de eso, ella se subió en silencio al vehículo ya con las lágrimas secas y un dolor ardiente que le recorría el cuerpo, aunque no pronunció una palabra al respecto. Ella había conservado su virginidad para el hombre del que se enamorara, pero ahora todo eso parecía una quimera.
"¿A dónde se dirige, señorita?", preguntó Zachary vacilante al tiempo que conducía.
"Lléveme a Neo Business School", respondió Harlow en voz baja.
"Parece que usted es una universitaria. ¿Qué estudia allí?", preguntó él con una sonrisa.
Apoyada en el asiento y mirando por la ventana sin comprender, la chica seguía pensando en esa noche. Sintiendo su renuencia a responder, el joven al volante sonrió y encendió el reproductor, con lo cual una cálida melodía clásica inundó los oídos de la copiloto. Si bien Harlow era una chica muy joven, prefería la belleza de ese género sobre la música pop que escuchaba la mayoría. Le gustaba porque podía consolar y calmar el corazón herido de cualquier persona, y eso era exactamente lo que ella necesitaba en ese momento.
Luego de relajarse un rato, abrió los ojos y miró hacia afuera para encontrarse con aquel lugar familiar, así que inmediatamente se enderezó en el asiento y dijo: "¡Detenga el auto!".
Zachary se detuvo cerca de la acera para enseguida decir: "Aún quedan por lo menos cien metros hasta la universidad. Por favor, permítame dejarla en la entrada".
"No, estoy bien", replicó ella para salir a toda prisa del vehículo y caminar hacia el edificio comunitario que tenía enfrente. Estaba tan apresurada por entrar que incluso olvidó agradecerle.
Una vez que la vio desaparecer en la oscuridad de la noche, el amable joven subió las ventanas y se fue.
Harlow caminó hasta el bloque C, entró al ascensor y presionó el décimo piso. Solo después de que comenzó a ascender fue que se calmó.
Caminó hasta la puerta 105, frente a la cual se arregló el pelo y la ropa antes de tocar el timbre.