Capítulo 2

—La junta directiva ha decidido que es una buena estrategia el asociarnos con más de un socio —la voz de Mark resonó en toda la sala mientras Clarissa y yo le mirábamos atentas—. Sebastian Bachelor ha hecho un excelente trabajo en representación de su padre.

Mi diestra casi empuña la pluma con la que apuntaba cada palabra que Mark me había pedido que hiciera. Tragué saliva y seguí apuntando en la hoja mientras apretaba la pluma con tanta fuerza que temía romper la página.

—¿Qué hay de Russell? ¿No crees que es buena idea volver a asociarnos este año con él? —preguntó Clarissa mirando a Mark.

Mi jefe se quedó por un momento pensativo, apretando los labios y entrecerrando los ojos.

—Probablemente esa es una de nuestras mejores opciones, pero tengo entendido que este año se ha asociado con otra empresa y dudo que le favorezca en asociarse con dos empresas en un año. El año pasado no le fue muy bien del todo aunque el que se asociara con nosotros hace dos años le hizo bien —rodeó la gran mesa en aquel lugar pasando sus manos por los respaldos de los asientos vacíos—. Pero, seguramente puedo hablar con él un día de estos —sonrió mirando a Clarissa.

Esta sonrió asintiendo y tecleó algo en la laptop portátil frente a ella.

El silencio volvió a tomar su poder en aquel lugar. Solamente éramos tres, planificando agendas y posibles negocios para el fin de año. Que aunque faltaban tres meses para que el año acabara, Mark siempre había sido precavido y organizado respecto a los planes para su empresa.

Habían sido meses buenos. Había crecido aquí en el trabajo incluso recibiendo un poco más de cargos en cercanía de Clarissa, cosa que era buena pues ella era la mano derecha de Mark. Me habían subido también el sueldo y no podía estar más encantada con este trabajo pues se acoplaba perfectamente a mis horarios de universidad. En ocasiones Clarissa se ofrecía a quitarme un poco de trabajo cuando veía que lo que hacía en la oficina era tareas y trabajo. Esa mujer era un encanto.

La universidad iba de maravilla. Para mi suerte aún seguía manteniendo mi beca la cual en un momento llegué a pensar que perdería debido a mis bajas calificaciones en un momento en el que me perdí por completo. Un tiempo el que no quería recordar.

—¿Cuánto tiempo seguiremos asociados con Bastian Bachelor? —pregunté levantando la mirada y por la mirada de mi jefe supe que había metido la pata.

Mierda.

—Sebastian —aclaré mi garganta sintiendo mis mejillas arder—. Sebastian Bachelor.

Después de unos segundos en que Mark me miró confundido fue él quien aclaró su garganta esta vez.

—Llevamos tan solo unos meses colaborando con él, probablemente extendamos el contrato hasta la mitad del otro año… —habló mi jefe mientras caminaba por alrededor de la mesa.

Sentí tensarme. Pero antes de que otra reacción asomara en mi rostro, giré este para mirar a Clarissa quien me miraba con una sonrisa divertida y pícara. Fruncí el ceño mirándola confundida mientras Mark seguía hablando, pero mis oídos ya no eran atentos a sus palabras. Mi compañero sonrió, se inclinó sobre su asiento acercándose a mí.

—Con que Sebastian Bachelor, eh —vaciló y abrí mis ojos como platos de inmediato negando.

—No no, es que… —empecé a decir en voz baja.

—…entonces lo más seguro es que todavía tengamos un largo tiempo trabajando junto a él. No te preocupes por eso, señorita Boone —terminó por decir Mark, mirándome con una sonrisa divertida.

De nuevo mis mejillas comenzaron a arder.

Dios, no. El simple hecho de pensar lo que pasaba por sus mentes me hacía querer vomitar.

—Entonces, el lunes proseguiremos con la planificación. Creo que ha sido suficiente por hoy —sonrió mi jefe mientras nos miraba a ambas.

Asentí, acomodé todo en una carpeta y me levanté para después mirar a Mark.

—Gracias —le dediqué una sonrisa a mi jefe y cuando me di la vuelta Clarissa ya se había adelantado, pero me esperaba junto a la puerta.

—No es nada, por cierto, Clarissa me ha comentado que últimamente la universidad te ha dejado muy cargada de trabajo. Sabes que puedes tomarte tu tiempo para hacer los informes y pasarlos a Clarissa, hay prioridades. Igual documentaremos tu trabajo como tus prácticas —aclaró Mark mirándome antes de que pudiese salir de la habitación.

Me quedé por un momento callada pero sorprendida. Asentí un poco y después sonreí.

—Muchas gracias, señor Thatcher —le agradecí y este sonrió negando.

—Oh vamos, te he dicho que me digas Mark. No es nada, Valet —dijo y después de unos segundos me giré para ir en dirección a la puerta donde Clarissa me esperaba.

Al acercarme esta me sonrió, yo hice igual y después salimos juntas por el pasillo.

—Así que, Sebastian Bachelor —comenzó a decir con una sonrisa pícara mirándome de reojo—. Es guapo.

—Qué —dije mirándola y negué de inmediato—. No, no, de ninguna manera es que…

—Tranquila, Valet. En esta empresa si se han prohibido relaciones entre empleados, pero Sebastian no es precisamente un empleado de aquí. Así que yo diría que tienes las puertas abiertas —comentó sonriendo aún y yo negué.

—Sebastian Bachelor no es alguien que me atraiga —contradije y antes de que ella pudiese decir algo más volví a hablar—. Y dudo que sea algo que pueda pasar.

Clarissa me miró con ambas cejas alzadas. Justo en ese momento pasamos por mi cubículo donde me detuve y ella también lo hizo. Abrí la puerta y entonces me giré para mirar a la pelinegra que me observaba con sus grandes ojos.

—Deberías de darte una oportunidad, Valet. Sebastian Bachelor es un gran chico. Encantador, guapo, educado, honesto, ¿por qué no te das la oportunidad? —preguntó mirándome con cierta preocupación.

En ese momento quise carcajear. Incluso fue imposible que no soltara una pequeña risilla. Negué mordiéndome el labio y miré hacia otro lado. ¿Cómo era que podían tragarse todo ese papel de inocencia bajo esa máscara de ángel? ¿Cómo podían no darse cuenta que en realidad era el mismísimo diablo?

—Prefiero nunca tener una oportunidad con alguien más a tener una con Sebastian Bachelor.

Al llegar al apartamento solamente dejé mis cosas para cambiarme y ponerme ropa cómoda. Salí de este y bajé al piso de Thiago para ir hacia su puerta y tocar esta. Como cada viernes que era posible, cenábamos juntos. Unas veces en su apartamento, otras veces en la mía. Esta noche tocaba en su apartamento, junto a una compañía que adoraba.

La puerta se abrió gracias a mi mejor amigo y sonreí cuando detrás vi a la pequeña Eliza en el suelo, quien al verme comenzó a mover sus manos en dirección a mí.

—Hola, bonita —dije pasando por un lado de mi mejor amigo y yendo directo a tomar a la pequeña en brazos.

—¡Hola, Thiago! ¡Hola, Valet! Me alegro de verte. Oh claro, yo también me alegro de verte —exclamó mi mejor amigo con sarcasmo y reí mientras dejaba un beso en la mejilla regordeta de mi ahijada.

—No seas payaso —le dije mirándolo con ojos entrecerrados después volviendo a mirar a la pequeña—. Tu papá es un payaso, ¿verdad que sí, preciosa? —jugué con la pequeña mientras rozaba mi nariz con la de ella y esta balbuceaba riendo.

—A veces pienso que solamente vienes a verla a ella y te has olvidado de tu mejor amigo —repuso Thiago fingiendo indignación y después pasó por lado mío para dejar un beso en mi mejilla en forma de saludo.

Carcajeé con Eliza en brazos y lo seguí hasta la mesada donde senté a la pequeña sin soltarla.

—No seas celoso con tu propia hija, Thiago —le regañé mientras acariciaba el cabello dorado y rubio de la pequeña que apenas asomaba en su cabeza.

Esta vez él fue quien carcajeó. Negó y se dio la vuelta para al parecer seguir con lo que cocinaba. Por unos minutos juguetee con Eliza quien balbuceaba y en ocasiones apuntaba hacia los juguetes que yacían en el suelo. Después decidí dejarla en la alfombra donde antes había estado jugando. Dejé un beso en su cabeza y volví a la mesada esta vez acercándome un poco más a Thiago quien seguía cocinando.

—¿Qué cenaremos? —pregunté con curiosidad asomándome a ver lo que había en la estufa.

—Pechugas de pollo rellenas de queso y jamón —contestó mirándome de reojo con una sonrisa.

—¡Mis favoritas! —casi chillé emocionada mientras abrazaba su brazo.

—Aunque mi lugar en tu corazón haya sido reemplazado por mi hija, yo seguiré cocinando tu cena preferida cada que pueda —dijo haciendo el papel de víctima.

Reí. Lo fulminé con la mirada y después le di un golpe en el brazo del cual este se rió y luego soltó un quejido por el impacto.

—Tu hija no hace un papel de víctima —repuse mirándole con una ceja alzada.

Enarcó una ceja y después giró su rostro para mirar a Eliza quien gateaba por la alfombra jugando con unos cubos.

—Bueno, aún es pequeña. Quizá en un futuro y pueda enseñarle —masculló en voz baja volviendo a ver la pechuga de pollo que movía con las pinzas sobre el sartén.

Volví a darle otro golpe, más fuerte que el anterior y este se quejó.

—Me encargaré de que no le enseñes tus manías —le fulminé con la mirada alejándome para pasar por detrás de él e ir directo a sacar los platos y manteles—. ¿Cómo está Jessica? —pregunté por la madre de mi ahijada.

—Bien, hoy vino a dejar a Eliza más temprano de lo normal. Solamente se quedará hoy, mañana se la llevará.

Miré a mi mejor a amigo con el ceño fruncido.

—¿No se supone que te toca todo el fin de semana con ella? —pregunté confundida mientras colocaba los manteles sobre la mesada y luego sobre ellos los platos.

—Sí, pero me ha dicho que mañana viajará a Chicago para visitar a la familia de su madre —comentó tomando el sartén y entonces girándose para con las pinzas colocar dos pechugas de pollo en cada plato.

Saqué los cubiertos y al colocarlos a la par de cada plato me apoyé en la mesada mirando a mi mejor amigo.

—¿Sola? —pregunté—. Es decir, ¿ella y Eliza nada más?

—No, me ha dicho que Ingrid la acompañará. Ya sabes, la mujer que también fue al bautizo de Eliza.

Asentí recordando a la mujer.

—Entiendo. ¿Cuánto tiempo durará? —pregunté acercándome a tomar la botella de vino que habíamos comprado entre los dos para aquel mes.

—Un mes, probablemente. Eso fue lo que me dijo —sonrió encogiéndose de hombros y mi mirada fue directo hacia Eliza quien ahora estaba sentada sobre la alfombra mirando con atención un cubo amarillo entre sus manos.

—¿Un mes sin ver a Eliza? —pregunté mirándolo con los ojos muy abiertos.

—Un mes sin ver a esa pequeña diablilla —hizo una mueca girando su rostro para mirar a su hija.

—Bueno, si es una diablilla seguro es por ti —reí negando y fui hacia ella para tomarla en brazos.

Thiago acercó la silla periquera para colocarla cerca de la mesada y senté ahí a Eliza colocándole el cinturón. Esta de inmediato al ver que le poníamos su pequeña mesa comenzó a mover sus manos y golpear esta de emoción sabiendo qué era lo que significaba aquello.

—Ya vamos a comer, hermosa —dije agudizando un poco mi voz como de costumbre cada que hablaba con ella.

Thiago se acercó, dejó un pequeño bowl frente a ella con lo que parecía ser papilla. Me extendió la cuchara y tomé un poco en esta para llevarla a la boca de Eliza quien sin titubear abrió la boca para comer. Después comenzó a aplaudir emocionada y reí dejándole la cuchara en el bowl sabiendo que ella la tomaría y comenzaría a comer por su propia cuenta.

—Hablando sobre ese tema, te tengo dos propuestas —dijo el rubio mientras se sentaba frente a mí acomodando las copas.

—Te escucho —suspiré tomando los cubiertos mientras Thiago abría la botella de vino y servía en nuestras copas.

—La primera es sobre el cumpleaños de Eliza —comenzó a decir después dejando la botella a un lado y tomando sus cubiertos—. Cumple un año en dos meses.

—¿Harán alguna fiesta o algo por el estilo? —pregunté partiendo un trozo de pollo y después llevándola a mi boca donde casi suelto un suspiro por lo delicioso de aquel bocado.

—No exactamente —contestó Thiago después llevando un trozo de pollo a la boca, masticó y después de tragar habló—. Queremos hacer una comida, en el patio de la casa de mis padres. Ya sabes que Eliza es la consentida de ellos.

—Yo diría que de todos —comenté sonriendo, soltando uno de mis cubiertos para estirar el brazo y acariciar la mejilla regordeta de la pequeña que tenía toda la boca manchada por la comida.

Reí, Thiago hizo igual y después proseguí a darle atención de nuevo a mi plato.

—En efecto. En fin, lo hablamos Jessica y yo decidimos hacer una comida en casa de mis padres, algo así como una comida al aire libre. Sabes que mi madre es una amante de la jardinería y se ha esmerado de hacer casi un huerto el patio —rodeó los ojos sonriendo y sonreí.

—Tu madre es una genia para eso. Una vez me dio una suculenta, aún la conservo en mi habitación —dije con una ceja alzada partiendo otro trozo.

—No lo niego —rió negando y aclaró su garganta—. Será algo sencillo. Los mismos invitados del bautizo… —siguió diciendo, pero fue lo único que mis oídos necesitaron escuchar para que por un momento dejara de escuchar absolutamente todo.

Los mismos invitados del bautizo.

Tragué saliva y de inmediato tomé la copa de vino dando un largo sorbo a este. Thiago parecía no darse cuenta de mi reacción pues seguía hablando y aunque seguía haciéndolo sus palabras simplemente entraban y salían de mi cabeza sin saber con exactitud qué era lo que decía.

—… así que, hablándolo con Jessica, considerando que Eliza cumple dos días antes que tú se nos ocurrió que podría ser también un festejo para ti.

—Qué —dije por inercia en un tono más alto que hizo a mi mejor amigo abrir los ojos impactado y por fin mirándome.

—Bueno, es que, eso… Eliza… Eliza cumple el quince de noviembre, tú cumples el diecisiete y cae en domingo. Haríamos la comida el dieciséis, un día después del cumpleaños de Eliza y un día antes de tu cumpleaños, sería sábado y…

—No —dije cortándole cualquier palabra próxima a salir de su boca.

Me miró por unos segundos serio, pero casi asustado y sorprendido por mi brusquedad.

—Es decir, sí. Voy a ir claro, es el cumpleaños de mi ahijada, pero no es necesario que festejen mi cumpleaños. No se sientan con la obligación de…

—No es ninguna obligación es solamente que es una oportunidad para poder festejarlas a ambas. Incluso mi madre estuvo de acuerdo con eso.

—¿Tu madre ya lo sabe? —pregunté de golpe casi encajando el tenedor en el plato.

Thiago bajó la mirada hacia mis cubiertos, que eran empuñados en mis manos. Dejó los suyos con sutileza a cada par de su plato y después juntó sus manos colocándolas sobre la mesada.

—¿Por qué no te gusta la idea? Pensé que te emocionaría. Vas a festejar el cumpleaños de tu ahijada junto con el tuyo, ¿o tenías otros planes?

—No —escupí y dejé caer los cubiertos en el plato de inmediato llamando la atención de Eliza quien tenía la cuchara dentro de su boca—. No tenía planeado nada, pero es solo que…

—¿Entonces qué es lo que te altera tanto?

—Que no quiero festejar mi cumpleaños junto a mi exnovio, Thiago —confesé más rápido de lo esperado y cuando lo solté sentí de nuevo respirar.

Thiago se quedó inmóvil por unos segundos, mirándome y pareciendo apenas caer en cuenta de lo que pasaba. A veces era difícil hacer que Thiago entendiera lo que me costaba el tener que estar en la misma habitación que Nathaniel. Era claro que sabía que las cosas no habían terminado bien pero no tenía ni una menor idea de la verdadera razón. Mi mejor amigo seguía sin saber del todo la verdad de aquella historia y por eso mismo no pensaba que el que conviviéramos fuese tan mal idea.

Lo que me confundía era que Jessica sí lo sabía. Thiago decía que aquella decisión también era cosecha de Jessica, pero si ella sabía lo que realmente había pasado entre Nate y yo porque ella había estado presente aquella noche, ¿por qué no hacía nada para evitar aquella convivencia?

Probablemente por obvias razones. Una era que aceptaba para disimular aquella lucha que ella también seguramente tenía entre invitarnos a ambos, para no hacer entrar a Thiago en dudas de que ella sabía algo de lo ocurrido. La otra que era la que seguramente ganaba, era que no había otra opción porque ambos éramos padrinos de Eliza y de ninguna manera se podía no invitar a alguno a la celebración del primer año de su ahijada.

Me quise maldecir en ese momento. Sabía que en algún momento pasaría esto porque no podía durar toda la vida sin tener que volver a mirarlo, no cuando teníamos a la misma ahijada. Pero no quería hacerlo. No después de lo que había pasado la última vez. Aquella noche había sido el cierre perfecto y aunque habían pasado meses no sabía si estaba preparada para volver a mirarlo a los ojos sin sentir nada.

Sentía algo. No lo podía negar, pero el dolor seguía ahí. Quizá no tan intenso como antes pero ahí seguía. No negaba que había sanado, pero no lo había hecho por completo. Apenas estaba en la etapa en la que seguía haciéndome la idea que no habría un ‘nosotros’ de nuevo. Y aunque ya trataba de meterme eso a la cabeza, no estaba lista para probablemente volver a recibir palabras hirientes o miradas frías de su parte. Incluso llegaba a pensar que nunca iba a estar preparada para eso.

Estaba en la etapa de aceptación. Había ya pasado aquella fase de negarme a que no existía la posibilidad de que me perdonada, cosa de la que pensé que nunca saldría. Ahora estaba aquí, aceptando como habían sido las cosas para poder salir adelante y sanar.

¿Por qué me alteraba? La pregunta de mi mejor amigo estuvo resonando en mi cabeza en ese momento de silencio. Quizá era porque temía a que todo lo que me había costado estos meses por superar, fuera a colapsar y derrumbarse cuando volviese a verlo. El simple hecho de que esa idea entrara en mi cabeza era la simple respuesta a que era posible que eso pasara.

Traté de visualizarme en esa posición. Una reunión de celebración por el cumpleaños de Eliza y el mío. Los mismos invitados del bautizo. En casa de los padres de Thiago. Él ahí. Probablemente tendríamos que volver a cruzar palabras, eso era seguro. El imaginarlo me causó un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo.

—Hablemos de eso después —sugerí volviendo a tomar mis cubiertos y cortando otro pedazo de pollo para llevar el trozo a mi boca y disfrutar de este.

Los ojos de Thiago siguieron fijos en mí, por un momento creí que no me dejaría hacer ese cambio de tema, pero luego tomó la copa de vino dando un trago a este.

—Lo otro que tenía pensado hablar contigo es sobre la ausencia de Eliza —comenzó a decir y en ese momento ambos miramos a la pequeña quien yacía ya toda manchada de la papilla.

Reí un poco, tomó una servilleta y le limpié la boca mientras esta sacudía la pequeña cuchara con emoción. Era un encanto.

—¿En que la vamos a extrañar mucho? Definitivamente —mascullé con una sonrisa dando un pequeño toque con mi dedo en la punta de su nariz, esta rió.

—Sí, de eso no hay duda. Pero quería hablarte de que su ausencia me dejará con los fines de semanas libres —dijo mientras volvía a poner toda mi atención visual en mi plato—. Ya que mañana Jessica vendrá por ella pues su vuelo sale en la tarde, estaba pensando si mañana podríamos volver a ser el Thiago y Valet que salían de fiesta.

Alcé una de mis cejas mirándolo. Este imitó mi acción y sonreí. Solté un suspiro y tomé la copa de vino acercándola a mi boca.

—Tu hija todavía no sale de tu apartamento y ya planeas volver a tu alocada vida de noche —reí un poco negando y tomé un sorbo de la copa.

—Vamos, Valet. Hace casi un año que no salimos de fiesta, ¿cuándo fue la última vez que hemos salido juntos de noche?

—Salimos a cenar casi todo el tiempo, Thiago.

Rodeó los ojos.

—Me refiero a una fiesta o algún club. Yo no he podido por Eliza porque cada fin la pasa conmigo, tú has tenido la oportunidad y no has querido —me regañó y me encogí de hombros.

—Porque no sería lo mismo sin ti —hice una mueca dejando la copa en la mesada y volviendo a cortar un trozo del pollo.

—Pues ya no tienes pretexto, mañana saldremos. Tú, yo y quizá pueda invitar a Olivia si eso no te molesta —me miró de lado casi esperando a que diera luz verde a esa idea.

—Claro que no me molesta, es Olivia —dije frunciendo el ceño aún sorprendida en que siguiera pidiéndome casi permiso a que nos acompañara.

—Podrías decirle a Cassie, ¿aún tienes contacto con ella?

Hice una mueca y ladeé mi cabeza.

—Un poco. A veces ella ha sido quien me ha llamado para ir algún club, pero me niego siempre —reí negando, volviendo a mirar mi plato.

—Invítala.

Le miré con ambas cejas alzadas, después de lado entrecerrando mis ojos y una sonrisa divertida apareció en mis labios.

—¿Por qué? ¿No quieres dejarme sola cuando en medio de la noche desaparezcas con Olivia? —cuestioné vacilando y este carcajeó echando su cabeza hacia atrás.

—¿No has pensado en atrapar una nueva conquista? Quizá eso es lo que necesitas, Val.

Abrí mis ojos mirándolo con el ceño fruncido y negando.

—Para nada. No es lo que necesito, créeme.

—No importa, igual mañana saldremos. Vamos a divertirnos y será como los viejos tiempos, ¿sí?

Alcé ambas de mis cejas aún con la mirada fija en mi plato. Reí sin ganas.

—Lo dudo.

Eliza a nuestro lado balbuceó y cuando la miramos estaba con el ceño fruncido. Thiago carcajeó y yo sonreí mirando a la pequeña que sacudía sus manos llenas de papilla como si estuviese protestando por algo.

—Tu hija se ha ofendido en que ya planeas que hacer cuando ella se vaya. Alguien va a ser muy celosa de grande —miré a mi mejor amigo con una ceja alzada.

El rubio volvió a reír, mientras yo acariciaba el cabello rubio de la pequeña y mi mejor amigo le acariciaba una mejilla regordeta.

—Te digo que es una diablilla.

Capítulo 3

—Trabajo para tu padre, no para ti —dije ignorándole mientras caminaba con el maletín fuera de la sala de juego.

—Él no está aquí, por lo tanto, yo tomo su lugar —sentenció Alejandro detrás de mí claramente siguiendo mis pasos.

—Dudo que tu padre te colocase en su lugar, primero colocaría al imbécil de tu hermano antes que a ti —aclaré sin dudar sabiendo que aquello le lastimaría el ego.

—Claro, porque mi hermano es más inteligente, ¿no? —dijo aun pisándome los talones mientras salía del área donde yacían las pocas salas de juego—. Tienes razón, es más inteligente que yo. Es por eso que mi padre mandó a él a follarse a como era que se llamaba… la que era tu novia, la castaña de ojos verdes…

Siquiera pensé con claridad mis acciones cuando solté el maletín, me giré sobre mis pies y tomé al hijo de Henry por la camisa estampándola contra la pared más próxima a mi alcance. Este gruñó por el impacto, pero no me importo.

—Ahórrate esos comentarios si no quieres que te de una paliza como se la di a tu hermano —gruñí mirándolo con el ceño fruncido—. Me importa una mierda que seas hijo del hombre para el que trabajo, él no está aquí y mientras él no está no tienes quien te proteja porque no eres nada más que un niño mimado hijo de papi.

—¿Ah sí? Wayne te está vigilando, él informa de absolutamente todo a mi padre, ¿no es así, Wayne? —rió Alejandro mientras sus ojos viajaban por sobre mi hombro.

Tan solo giré mi rostro para poder mirar sobre mi hombro al hombre que estaba ahí en estado de alerta. Wayne nos observaba mientras la duda entre si acercarse o no era prudente. Se suponía que tenía que cuidarme a mí, pero en esta ocasión los roles podían cambiar al verme a mí poniendo en peligro la seguridad y serenidad del hijo del hombre para el que trabajaba.

A nuestro alrededor ciertas personas presenciaban la escena, sorprendidas, anonadas y sin habla, otras no se habían percatado pues su atención estaba en otra parte de aquel lugar. Las maquinas de juego hacían ruido junto a las voces de las personas, poca gente había sido la que se había dado cuenta de aquella escena, pero no era algo que me importaba. Alejandro lograba sacarme de quicio de muchas maneras, pero el provocarme de esa forma era algo que me había hecho explotar.

Entonces caí en cuenta de la estupidez de mis acciones. Por un momento mi mirada se quedó concentrada en el rostro burlón de Alejandro y lo solté. Había caído en una de sus provocaciones. No en cualquiera. En una en la que podía poner en amenaza mis intereses y podían notar lo mucho que aquel interés seguía influyendo en mí.

Di un paso hacia atrás. Alejandro sonrió con orgullo y victorioso mientras se acomodaba el cuello de la camisa, aclaró su garganta y yo solo mantuve mi mirada fija en él.

—Deja de decirme que hacer. Apenas y acato las ordenes de tu padre, ¿qué te hace pensar que acataré las tuyas? —dije retador tratando de disimular el real motivo por el que había perdido los estribos por un momento.

—No te creas superior a mí por tu estúpida habilidad en el juego. Sin ella no serías nada —escupió—. Puedes ser muy bueno en el juego, pero aún puedo tener más fortuna que tú.

Sonreí de lado, chasqueé la lengua y negué.

—Al menos yo sí soy bueno para algo.

La sonrisa se borró de su rostro, me miró furioso y antes de que dijera algo más, tomé el maletín del suelo. Salí de ahí sin importar las demás cosas que tuviera que decirme y antes de que Wayne me alcanzara subí al auto dejando el maletín en la parte trasera. Arranqué y decidí dar unas vueltas antes de llegar a mi destino para poder perder de vista a Wayne quien aquella noche también me pisaba los pies por ordenes del hombre con el que deseaba terminar en algún momento.

Estuve una hora rondando por la ciudad, hasta incluso llegar a un lugar donde me detuve para bajar y quedarme un momento fuera de este fumando un cigarrillo. Aquel lugar era uno que había descubierto hace poco, era baldío, pero tenía una vista con un panorama totalmente de las luces de la ciudad. Aquel era el lugar al que iba en ocasiones para perder de vista a Wayne, lo suficiente para que terminara dándose por vencido y optado por pensar en que había vuelto a mi edificio y no tenía caso seguir buscándome.

El auto estaba estacionado casi junto a un pequeño precipicio. Había solamente tierra ahí con plantas secas. Yo apoyado sobre el auto inhalando el humo que el cigarrillo hacía entrar en mis pulmones con cada calada, mirando la ciudad mientras el humo salía de mi boca y después un nuevo humo entraba en mis pulmones poco a poco consumiendo el cigarrillo.

Así habían tenido que ser las noches. Escabullirme por tener la privacidad que era fundamental en mi vida. La privacidad que necesitaba para poder llevar a cabo todo lo que tenía en mente. Para poder llamar a William y preguntar por más información y posibles soluciones al gran problema que había ahora en mi vida y del que me tenía que deshacer. Porque llevaba meses haciéndolo. Llevaba meses planeando todo para poder hundir todo lo que me había quitado de nuevo la libertad de cada una de mis acciones.

—Entonces, ¿anónimamente? —dije al teléfono después de liberar el humo de mis pulmones.

—Por ahora es la única manera en la que no salgas perjudicado —dijo William del otro lado del teléfono.

Mantuve la mirada fija en un punto en específico de las luces de la ciudad. Negué y di otra calada al cigarro.

—¿Qué hay del equipo? ¿Tienen ya los planos para la salida? —pregunté mirando hacia abajo por un momento.

—Ya, han memorizado cada puerta, habitación y cualquier espacio que de lugar al exterior para poder escapar, habrá una furgoneta fuera y antes llevarás un auricular por el que se te dará indicaciones. Solo necesitan que les digas cuando y dónde.

—Aún no, es muy pronto. Aparte, necesito toda la información posible para que no haya duda de todos sus movimientos. Necesito estar asegurado de eso antes de lanzarme al plan —di otra calada y solté el humo por la boca y la nariz.

—Lo sé, aún seguimos en eso. Hemos progresado, pero no tanto, igual te mantendré al tanto —inquirió William ante mis palabras y asentí como si fuese posible el que me viera—. He tenido contacto con el guardaespaldas de Jessica, me ha dicho que hoy se ha ido a Chicago.

—Sí, fui a dejarla antes al aeropuerto. Me encargué de que Anderson fuera también a Chicago, por suerte no he recibido comentarios de que ella sospeche que estos meses él la ha estado siguiendo. Tampoco he recibido comentarios de posibles amenazas, todo ha estado bajo control por ahora —dije aclarando mi garganta.

—¿Qué hay del otro? ¿Todo bien? —preguntó.

Sabía que no era una pregunta precisamente que viniera de su curiosidad, sino el querer demostrarme que me apoyaba.

—Bien, también todo está bajo control. Por ahora —detesté decir aquellas últimas palabras porque sabía que cualquier cosa podía pasar en cualquier momento.

—Pronto saldrás de esto, hijo —trató de tranquilizarme William y yo negué.

Respiré profundo y di la última calada al cigarrillo luego dejando salir el humo por mi boca.

—Te llamo después, tengo que ir a entregar el maletín al club —dije tirando el cigarrillo a la tierra el cual pisé con la suela de mi zapato para apagar la colilla.

—De acuerdo. ¿Ese chico sigue siguiéndote? —preguntó antes de que pudiese colgar.

Sonreí, me incliné a tomar la colilla del cigarro y caminé hacia un bote de basura que había ahí. Lo tiré y metí mi mano en el bolsillo de mi pantalón.

—Sí, pero me las he arreglado para perderlo —reí un poco acercándome a la puerta del auto.

Del otro lado del teléfono se escuchó su risa. Sonreí y dirigí una última mirada hacia la ciudad desde aquel punto. Apreté los labios y respiré profundo. No necesité decir nada más así que simplemente colgué y entré al auto encendiéndolo y arrancando lejos de ese lugar. Teniendo que volver al tablero del juego en el que me sumergía para poder romper desde adentro.

Al llegar la música aturdió mis oídos. Junto a la música se unieron voces que gritaban y cantaban a todo pulmón. Las luces violetas y rojas invadieron mi panorama tornando todo a mi alrededor a un color diferente al que las cosas originalmente eran. El olor a alcohol era más fuerte que otras veces, y el humo que invadía el lugar no solamente era por las máquinas de vapor en la pista, los cigarrillos desprendían un olor más fuerte y aquello era porque el lugar estaba que explotaba. Era fin de semana, por obvias razones estaba repleto de gente el lugar.

Caminé a prisa con el propósito de llegar al fondo del lugar para poder subir a la planta de arriba donde solamente se encontraba el despacho de Henry. Entré y ahí hubo un poco más de silencio. Se sentía el retumbar de la música y el eco de esta, pero definitivamente las paredes sabían bien ahuyentar un poco el ruido. No había nadie, cosa que me extrañaba un poco pues tenía entendido que ahora más que antes Alejandro debía de estar aquí. Casi siempre se encontraba en el club y ahora que su padre no lo estaba era una de esas oportunidades que tanto aprovechaba. Seguramente no tardaba en llegar.

Me acerqué al escritorio, dejé ahí el maletín y miré de reojo la cámara en la esquina. Sonreí negando, me alejé y salí del lugar probablemente esperando a toparme a Walter en el camino. Aquella noche no había estado en el juego, cosa que me extrañó pues ayer lo había estado. Seguramente me lo encontraría aquí.

Bajé de nuevo hacia el pasillo donde la música volvía a retumbar en mis oídos. Había chicos y chicas en el pasillo, fumando, besándose, conversando, incluso haciendo más cosas que en otro club probablemente no se aceptaría. Salí de nuevo al gran lugar, me quedé quieto ahí por un momento y después mi mirada fue a la barra. El bartender no se percató de mi presencia, cosa que agradecí pues no estaba seguro de si aquella noche querría un trago como todas las demás.

La gente bailaba en el centro, en grupos, en parejas, de cualquier forma que fuese posible. Algunas personas ya estaban ebrias, otras seguían en todos sus sentidos, pero bailaban y disfrutaban de la música. El calor en el lugar era bastante notorio. Estábamos en septiembre y siquiera los aires acondicionados dentro del lugar lograban quitar el calor del todo. Agradecí que me había deshecho del saco que componía el traje que llevaba y lo había dejado en el auto.

Me acerqué a la barra, cuando el bartender me miró negué con la cabeza con una leve sonrisa con la boca apretada.

—Hoy quiero algo diferente, Elian —sonreí apoyándome en la barra—. Sorpréndeme con otra bebida.

El bartender sonrió.

—¿Algo fuerte? —preguntó y negó.

—No, voy a conducir de vuelta a casa y eso sería jugar con el diablo —reí negando y me giré mirando a la pista, donde al fondo algo llamó mi atención y maldije—. Aunque bueno, no es algo que no haya estado haciendo todo este tiempo.

A mi lado el bartender asintió, se alejó para ir a preparar la bebida y mis ojos se quedaron enfocados en la persona que iba entrando.

Alejandro.

Rodeé los ojos maldiciendo en mi mente y me giré en dirección a la barra apoyando ahí mis brazos e inclinándome sobre esta juntando mis manos. Miré un punto fijo en la gran variedad de botellas que estaban del otro lado de la barra, sobre estantes con espejos detrás.

Elian, el bartender, dejó una bebida frente a mí. Bajé la mirada, la tomé y la llevé a mi nariz para poder oler.

—Perla negra —dijo antes de que pudiese preguntar qué era lo que era.

De inmediato un recuerdo vino a mi mente…

<< —¿Qué tan buena es esa tal bebida Perla Negra? —me preguntó Val después de unos minutos.

—Depende, ¿te refieres al sabor? —le dije pasando mi brazo por sus hombros.

—Sí, es que me dieron una —alzó el vaso rojo mostrándomelo—. Tienen en la barra de la cocina a un bartender sirviendo todo tipo de bebidas. Que buen servicio, eh.

—Es buena, pero seguro terminas acelerada. Tiene bebida energética —le quité el vaso y di un pequeño sorbo a este esperando a saborear la bebida. Asentí—. Lo tiene. No tomes mucho de esto o terminarás como un niño comiendo chocolate por la noche.

Me arrebató el vaso. Me miró sospechosa y después dio un sorbo. Al saborearlo me miró con los ojos muy abiertos.

—Es rica —dijo sonriendo, volviendo a dar otro sorbo.

Sonreí rodeando los ojos y reí. >>

Mis ojos seguían concentrados en la bebida que sostenía en mi mano. Casi también hundiéndome en el olor de aquella mezcla de licores. Por un segundo casi cierro los ojos queriendo recordar más de aquella noche que sabía que no debía de hacer porque solamente era lastimarme más de lo que ya había hecho estos meses.

Pero quería hacerlo. Quería al menos poder recordar lo que en un momento me había hecho sentir bien y…

<< —Esta chica me agrada, en serio —me dio dos palmadas en el hombro—. Ni se te ocurra dejarla ir, hermano —dijo Lucas casi alto en mi hombro para que lo escuchara.

Sonreí, lo miré y asentí apretando los labios.

—Créeme que no lo haré —le dije y este volvió a reír.

—Iré a jugar beerpong en la parte trasera, están apostando una botella de tequila —dijo después gritando y alejándose de ahí.

Caminó por entre la gente al mismo tiempo que bailaba con cada persona que se le cruzaba. Sonreí negando después mirando a Valet quien me miraba mientras daba un sorbo a la bebida que estaba en su vaso.

—¿Vamos a jugar? —me dijo con una sonrisa.

—Preciosa, no creí que te gustara hacerlo en un lugar lleno de gente —le miré con una ceja alzada.

Frunció el ceño y me dio un leve golpe en el hombro.

—No me refiero a esa clase de juego, tonto —me fulminó con la mirada—. Me refiero a beerpong, podemos ganarnos esa botella de tequila.

—O podemos simplemente comprar una —le dije tomándola del mentón inclinándome a dejar un beso en sus labios.

El sabor a Jäggermeister estaba en sus labios debido a la bebida, me hizo relamer mis labios.

—Así no es divertido, esta es gratis. Anda vamos —me tomó del brazo y me jaló llevándome por entre toda esa gente. >>

Recuerdo tras recuerdo fue invadiendo mi cabeza como en cortas escenas cortadas en una película. Sabiendo que no debería de permitir que volviesen a reproducirse en mi cabeza, lo permito porque quiero verla a ella…

<< —¿Crees que debamos de salir? —preguntó mirando hacia la puerta.

Abajo se escuchaba que vitoreaban, seguro para que la luz volviera. Era tanta gente que aún con la ausencia de la música había ruidos por todas partes.

—Probablemente —me incliné volviendo a hundir mi rostro en la curva de su cuello besando ahí—. O podemos quedarnos aquí y aprovechar el tiempo.

Mi boca humedeció aquella zona con besos lentos y húmedos. Mis manos volvieron a aferrarse a la cintura de Val mientras esta ladeaba su cabeza para darme más acceso a la piel en aquella zona que besaba. Sonreí sobre ahí, después deslicé la punta de mi lengua por todo el largo de su cuello hasta llegar a su lóbulo donde atrapé este entre mis dientes mordiendo suavemente. La escuché jadear.

Mis manos bajaron por sus muslos hasta tomarla y subirla justo a lado del lavamanos. La apoyé ahí y me abrí paso entre sus piernas atrayéndola a mí por los muslos. Sus manos se colocaron en mi pecho y mi boca le besó la piel suave de su mandíbula hasta llegar a su boca. El sabor que había en ella me volvía loco, si antes lo hacía ahora lo hacía más.

Quería saborear más, era algo que me pasaba con ella. Con un simple beso siempre deseaba más, me hacía querer más.

Mi boca comenzó a moverse contra la suya cada vez con más ansiedad y necesidad, sintiendo como esta se dejó llevar. Me encantaba que lo hiciera. Me mataba que podía ser tan sumisa y tan controladora a la vez cuando se lo proponía. Sus manos tocaron la piel de mi pecho que apenas se veía por los botones desabrochados de mi camisa. Una de mis manos se presionó sobre su nuca para poder saborear más de sus labios haciéndome casi jadear por el delicioso sabor de estos. Deslicé mi mano por su cuello acariciando este, después por su clavícula hasta llegar a sus pechos donde no dudé en tomar uno de estos con mi mano comenzando a masajearlo en círculos por encima de la tela.

Jadeó contra mi boca casi apartándose de la mía y sonreí volviendo a atraerla hacia mí.

—Nos van a escuchar —logró susurrar antes de que volviera a presionar mi boca sobre la mía.

—No lo harán —dije mordiéndole el labio mientras mi mano colocaba un poco más de presión sobre uno de sus pechos—. Están muy ocupados haciendo otras cosas.

Sus manos se deslizaron de mi pecho hasta mi abdomen, de ahí la sentí vacilar tocando el borde mi pantalón después yendo directo a mi entrepierna donde presionó su mano ahí casi haciéndome soltar un jadeo sobre su boca. Volví a morder su labio inferior, después atrapándolo entre mis labios succionando de este escuchándola suspirar. Puso más presión entre mi entrepierna mientras yo bajaba mi mano desde su pecho hasta uno de sus muslos deslizando lentamente mi mano por debajo del vestido.

Justo cuando la palma de mi mano se presionó en su entrepierna soltó un pequeño y apenas audible gemido que fue suficiente para encenderme por completo. Me encantaba escucharla así, más si era yo quien le provocaba aquellos gemidos.

—Nate —susurró apartándose con dificultad de mi boca—. Nos pueden escuchar —insistió.

No mentía del todo. Había una probabilidad de que no escucharan, eso no se podía negar, pero también estaba la probabilidad de no ser escuchados. En aquel momento la cordura no estaba en uno de mis principales sentidos.

—Igual no es algo que antes no hayan escuchado —dije sonriendo sobre su boca volviendo a acercarme, esta vez sacando mi mano de su vestido colocándola en su muslo.

La vi sonreír, subió ambas de sus manos a mis mejillas tomándome por el rostro.

—Quizá tengas razón —dijo mirándome mientras sonreía. Se inclinó y sentí su boca rozar mi oreja—. Pero me gustaría que mis gemidos sigan siendo solamente para la persona que los provoca —susurró en mi oído después dejando un beso en mi lóbulo.

En ese momento la luz volvió. Casi cegándome por un momento debido a que me había ya acostumbrado a la oscuridad. Se escucharon gritos de festejo abajo y la música no tardó en sonar. Miré a Val, quien me miraba con una leve sonrisa. Sonreí y tomándola de la nuca la atraje a mí besándola.

—¿Podemos entonces ir a casa para poder escucharlos ahí? —murmuré al alejarme mirándole la boca mientras sonreía—. No quiero que la noche termine sin que yo te haya arrancado ese vestido.

La miré de abajo hacia arriba, aún sentada y apoyada a la par del lavamanos. Sonrió, me acarició la mandíbula y nuca y se inclinó dejando un beso en mi barbilla.

—Solo si antes de irnos vas a la barra a pedirme una Perla Negra —sonrió mirándome coqueta.

Reí y negué rodeando los ojos.

—Trato hecho —dije y la bajé del lavamanos. >>

La música del lugar volvió a traerme a la realidad. Sin darme cuenta mi mano apretaba el vaso de vidrio y lo tenía tan cerca de mi boca que podía aún oler el Jäggermeister en este. Apreté la mandíbula casi queriendo apartar la bebida de inmediato.

—Señor Vaughan, ¿todo bien? ¿prefiere que le prepare otra cosa? —preguntó Elian y pude percibir la preocupación en su voz.

Mis ojos subieron al bartender, traté de sonreír, no pude pero negué frunciendo el ceño.

—Tranquilo, está bien así —traté de disimular lo perdido que me encontraba en ese momento.

Di un trago a la bebida y me di la vuelta para no tener que mirar más al chico que aún me miraba preocupado sin estar del todo convencido ante mi respuesta. Miré a la pista dando otro trago a la bebida, saboreando lo dulce de su sabor. Tratando de pensar en otra cosa que no fuese aquello me recordaba.

Enfoqué mi mirada en la pista, mirando a las chicas y chicos que bailaban ahí. De pronto una de las máquinas de vapor soltó una gran cantidad siéndome imposible poder divisar con exactitud a las personas bailando. Miré hacia otra parte, me relamí mis labios y di otro trago a la bebida dulce.

Entonces mis ojos se detuvieron en algo. En alguien. A un lado de las personas que bailaban, casi cerca de una esquina. El vapor me hizo difícil el trabajo de identificar, justo cuando este se fue diluyendo, mis ojos lograron captar con exactitud de quien se trataba. Fruncí el ceño, después abrí los ojos sabiendo lo que aquello significaba y casi estampo con fuerza el vaso sobre la barra cuando me aparté de esta y comencé a caminar hacia esa persona.

No me había visto, claro que no lo había hecho. Hasta que estuve a algunos metros de distancia logró mirarme, frunció el ceño y se puso firme en su posición. Cuando llegué a él casi lo tomo por el brazo, pero mantuve la compostura.

—¿Qué mierda estás haciendo aquí? —pregunté con brusquedad.

El moreno frunció el ceño, pero manteniendo su papel de…

—Ella vino con unos amigos, le estoy cuidando como me lo ha pedido —contestó sereno.

—No aquí. Te dije que de ninguna manera ella podría venir a este lugar, ¿por qué no me llamaste, Evans? —cuestioné.

—Lo hice en cuanto llegamos al lugar, pero estaba en otra llamada así que le dejé el mensaje —me contestó tranquilo de la manera más natural posible.

Maldije en mi mente. Miré a todas partes llevando una de mis manos a mi cabello de manera exasperada. Entonces mis ojos encontraron en el inicio del pasillo al fondo a Alejandro. Volví a maldecir esta vez en voz alta.

—Sácala de aquí. Ahora —ordené mirándole y este frunció el ceño.

—¿Cómo se supone que voy a sacarla si no quiere que sepa que la he estado siguiendo todo este tiempo? La chica no es tonta, en cualquier momento se dará cuenta que lleva un guardaespaldas las veinticuatro horas. No puedo meterme sin que las indicaciones de usted no sean…

Dejé de escucharlo. Comencé a buscarla desesperado con la mirada. Miré a todas partes, incluyendo el lugar donde Alejandro se encontraba. Necesitaba que se fuera al despacho de su padre, no podía arriesgarme a que me viera en contacto con ella.

—¿Dónde está? —pregunté mirando de nuevo a Evans—. ¿Hace cuánto llegaron?

—No creo que quiera saber dónde está ahora, señor —aclaró su garganta acercándose un poco—. Hace una hora aproximadamente.

—¿Dónde carajos está, Evans? —dije casi perdiendo los estribos.

El moreno me miró serio, casi como si estuviese pensando si realmente iba a decirme o no. ¿Él qué sabía sobre lo que quería o no? Le pagaba. Le pagaba para que la mantuviera vigilada y a salvo y ahora pensaba que podía saber lo que yo quería.

—Allá —terminó diciendo mientras miraba hacia el lugar que me indicaba y apuntaba disimuladamente con el dedo.

Seguí la dirección con la mirada, entre la gente bailando y cantando me fue difícil localizarla. Hasta que lo hice.

Estaba ella bailando y cantando junto a un chico. Cerca. Muy cerca. Llevaba una falda pegada al cuerpo y una blusa con tirantes que era igual de pegada al cuerpo, pero los tirantes llegaban hasta sus hombros dejando al descubierto estos. En su mano sostenía un vaso que llevaba casi a la mitad de lo que sea que estuviese bebiendo. El chico cada vez se acercaba más a ella hasta casi tomarla por la cintura, esta no protestó. Al contrario, comenzó a reír y fruncí el ceño por esa reacción en ella.

No pensaba intervenir en esa escena, no era quien para hacerlo. Hasta que me percaté de lo que realmente pasaba. Valet estaba ebria. Sus movimientos lo decían. A pesar de que seguía bailando sobre sus pies, se podía ver como apenas podía mantener el equilibrio y en ocasiones sus movimientos eran débiles.

El chico seguía tocándola y esta a veces hacia muecas y débiles movimientos que no eran suficiente para decirle al chico que parara con aquellos roces. El muy hijo de puta se estaba aprovechando de la embriaguez de Valet y sentí mi sangre hervir.

—¿Dónde mierda están sus amigos? —pregunté a Evans.

—Hace rato desaparecieron. Ella lleva ya buen rato bailando con ese chico y…

No quise escuchar más. Cuando vi que Alejandro se alejaba por el pasillo tomé aquello como oportunidad. A paso rápido me escabullí por entre la gente sin perder de vista a la castaña de ojos verdes quien se tambaleaba y el chico la sostenía de la cintura en ocasiones bajando más la mano a una zona que definitivamente Valet no dejaría que algún chico cualquiera tocara.

Al llegar el chico ya tenía su boca en el cuello de Valet, besándola mientras esta balbuceaba algo y fruncía el ceño.

—¡Hey! —dije alto lo suficiente para que el chico me mirara y en ese momento le tomara desprevenido empujándole lejos de ella.

El chico gruñó casi cayendo al suelo. Valet chilló, se tambaleó cuando su cintura dejó ser prisionera del brazo de aquel chico, pero de inmediato la tomé rodeando su cintura con mis brazos sosteniéndola. Comenzó a reír con los ojos cerrados y balbuceó algo que no entendí, pero cuando abrió los ojos y me miró pareció ver un fantasma. Después volvió a carcajear.

—¡Nate! —chilló y casi se abalanza a mí.

Olía a alcohol. Olía a aquel aroma que tanto adoraba, pero combinado con alcohol.

—¿Qué haces aquí? —le pregunté con el ceño fruncido casi reclamándole.

Ella sabía perfectamente a quien le pertenecía este lugar. ¿Por qué había venido aquí?

Volvió a reír, como si le hubiese soltado el mejor de los chistes. Fruncí el ceño. Jamás había visto a Valet de esta manera. Dio un sorbo a la bebida que tenía en su mano y de inmediato se la quité escuchando como esta protestaba y después volvía a reír.

Miré la bebida, la olí y después fruncí el ceño. Olía solamente a alcohol, pero no podía ser solamente por el alcohol que Valet se encontraba de esa forma. No si apenas tenían una hora en aquel lugar.

El chico que estaba antes bailando con ella se acercó, lo miré y gruñí.

—¿Qué mierda le echaste a su bebida? —pregunté y este sonrió de lado—. ¡¿Qué mierda le echaste?! —grité esta vez soltando a Valet al mismo tiempo que la bebida sin importar si caía al suelo y tomando al chico por la camisa.

—¡GHB! ¡GHB! —contestó horrorizado de mi reacción y alzando las manos en imploración a que le soltase.

Mierda.

Aquella era la droga que utilizaban para violar a las chicas. Tenía efectos secundarios no deseados que podían hacer bastante mal. Quise golpear al chico hasta que respirar le doliera, pero no tenía tiempo para eso pues necesitaba sacar a Valet de ahí.

Lo solté, lo empujé entre la gente haciendo a este tambalear y me giré para volver a tomar a Valet quien se había quedado por un momento mirándome y sonriendo de oreja a oreja.

—¡Vamos a bailar! —chilló rodeando mi cuello y abrazándome.

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