Portada de la novela Siempre fuiste tu.

Siempre fuiste tu.

8.9 / 10.0
El influyente magnate Mateo Zabet regresa tras dos décadas de ausencia para enfrentar su pasado. Su reencuentro con Elizabeth, el amor que calló en su juventud para no interferir en su antiguo noviazgo, reaviva una llama que el tiempo no logró extinguir. Aunque ella ha construido una vida con esposo e hijos, Mateo decide romper su silencio. En un momento de entrega absoluta, le revela que, pese a los años, ella siempre ha sido su único amor verdadero.

Siempre fuiste tu. Capítulo 1

Observo el plano y los detalles saltan a simple vista, muerdo mi labio tratando de buscar las palabras adecuadas para explicarle a Mariano sus errores y que esto no termine mal.

— Cariño. — lo llamo con un leve temblor en mi voz, y trago grueso cuando este gira y clava sus ojos en mí.

— Odio cuando me llamas cariño. — refuta al tiempo que con pasos lentos llega a mi lado. — Porque solo me llamas así cuando crees que eres más lista que yo. — un impulso casi dormido en mí me incita a gritarle que no pienso que soy más inteligente que él, lo soy, si ese no fuera el caso, mi querido esposo no me pediría que revise sus planos antes de entregarlos.

— Eso no es así… — comienzo a decir al recordar que mi valentía solo me provoca dolor.

— Claro que no, tu eres una estúpida, un ser inservible, que para lo único que sirve es para cuidar a los niños, a no, espera, tampoco sirves para eso ¿verdad? — mis ojos pican ante sus dichos, el dolor tan conocido llega a mi pecho, y hago mis ejercicios de respiración.

— Mariano, lo acabas de decir, no sirvo para nada, no se porque confías en mi para revisar los planos… — antes de poder decir nada más, su mano aferrando mi cabello y jalando de él me silencia, aunque quisiera gritar por el dolor, se que los niños están en la sala, a escasos metros de la oficina de su padre, no quiero que vean esto, nunca.

— No confió en ti, estúpida inservible, solo trato de ser amable, hacerte participe de mi éxito, pero… ¿Qué puedo esperar de ti? — el golpe seco de mis rodillas al chocar con el piso cuando me lanza se mezcla con los débiles toques de la puerta.

— ¿Mamá? ¿mamá estas ocupada? — Mariano me ve como si fuera excremento embarrado en sus zapatos y yo solo trato de que mi voz suene lo más calma posible.

— Sí, Delfina, estoy ocupada, tu padre me pidió mi opinión con unos planos, ¿sucede algo hija?

— Nada, solo que estos demonios están peleando nuevamente. — veo a mi hija palidecer, cuando su padre abre la puerta y me apresuro a llegar a su lado.

— Pues ocúpate, ya oíste a tu madre esta ocupada. — Delfi, me ve con preocupación y trato de acomodar mi cabello, estoy segura de que es un desastre.

— Hija, iré en un momento…

— No hay problema mamá, yo me ocupo.

Esta es mi vida, ¿era lo que deseaba? No, claro que no, pero es lo que mis malas elecciones me dieron de premio, aunque no puedo renegar de mis hijos.

Cuando Mariano se marcha al trabajo, mis hijos al colegio, y obtengo esos diez minutos de paz, luego de limpiar y ordenar todo, es cuando al fin puedo verlo, seguir sus pasos como una maldita acosadora, Mateo Zabet, es el nombre que coloco en el buscador, y toda su información aparece frente a mí, sus grandes logros, no me sorprenden, Mateo siempre fue muy inteligente, y decidido, hubo un tiempo donde soñábamos juntos, donde yo estaba a su altura…

— ¿Quién es ese hombre? — el corazón casi se sale de mi pecho, al escuchar a mi hija mayor.

— ¿Qué haces aquí? ¿Qué hora es? Dios se me hizo tarde para comenzar con la cena…

— Mamá, ¿quién es él? — mi adorable adolescente me quita el móvil y mis manos sudan.

— ÉL… él es Mateo Zabet. — no pienso mentirle a mi hija, después de todo no hice nada malo, nunca. — Era mi mejor amigo, lo conocí en la Universidad, él revisaba mis planos y yo los suyos, se podría decir que competíamos entre nosotros, siempre supe que llegaría lejos. — informo viendo por un segundo más su foto, para luego quitarle el móvil a Delfina y borrar el historial de búsqueda, lo que menos deseo es no pasar la revisión diaria de Mariano.

— Es un Zabet mamá, claro que llegaría lejos, ellos son multimillonarios, su padre es el señor Amir Zabet, ex dueño de Diamnons.

— El hecho de que Mateo naciera en una buena familia no le quita merito a sus triunfos Delfina, no te permito que hables de esa forma de él, tu no lo conoces, yo sí, lo vi quemar sus pestañas para ser el mejor, para demostrar que él podía por si mismo sin recurrir a la fortuna de su familia. — el maldito instinto de defender a mi amigo sale a flote, haciéndome recordar cuando lo defendía de esos pusilánimes de la universidad.

—... Es la primera vez que defiendes a alguien que no seamos nosotros con tanta energía. — mis mejillas enrojecen y una pequeña sonrisa aparece en mi rostro.

— Lo conozco, o, mejor dicho, lo conocía, veía su soledad, y él… siempre fue un buen amigo.

— ¿Te enamoraste de él? — los ojos de mi hija brillan curiosos y decido ser honesta, pues lo dije y lo repito, nunca hice nada malo.

— Era imposible no enamorarse de Mateo Zabet, imagina si es guapo ahora, lo que era de adolescente, pero siempre conocí mi lugar. — creo que en esta vida no hay nada peor que cargar con el quizás o tal vez, pero no lo hice en ese entonces, ya no puedo hacer nada, deje ir la oportunidad de decirle a ese hombre cuanto lo amaba, por cobarde y estúpida.

— ¿Cómo que tu lugar?

— Tu padre fue mi primer novio, lo sabes, cuando conocí a Mateo, yo ya estaba con tu papá y él… era el más cotizado por todas, su amistad fue lo más que pude desear y con eso me conformo, una inútil como yo jamás estará al nivel de alguien como él. Ahora dime ¿Cómo sabes quien es su padre? — me da un poco de vergüenza reconocer que solo ahora, yo también se esa información, aunque siempre supe que Mateo era millonario, nunca indagué en su familia, más de lo que él me decía.

— Lo estudiamos en el colegio, la familia más rica del continente, luego de los Bach, ¿sabes que sus hermanas están casadas con mafiosos?

Mi dulce adolescente pasa horas contándome los mejores chismes de la familia de mi amor platónico, hasta que comienza con sus desvaríos y suelta una locura.

— Termina la universidad, pídele a tu amigo un empleo y la pagas con eso.

— ¿A quién? ¿de qué? — mi adolescente habla con demasiado rapidez como para que le siga la charla.

— A tu amigo, puedes terminar tu carrera a distancia y pedirle empleo a Mateo Zabet, su empresa principal no queda muy lejos, solo un par de horas en automóvil, yo podría ayudarte con los niños…

— Delfina, él no podrá darme empleo, nunca me gradué ¿lo recuerdas? No creo que en su empresa requieran a alguien como yo, una inútil…

— Mamá, le corriges los planos a Mariano.

— No llames por su nombre a tu padre. — Delfi deja salir un bufido, ella a diferencia de mis demás niños si ha visto a su padre golpearme.

— Lo que sea, tú eres lista, inteligente, tu…

Las palabras de mi hija me llenan de un valor que jamás creí tener, me recuerda que tan lista y útil puedo ser, y es cuando me atrevo a desear algo para mí.

Me esfuerzo por hacer una cena digna de dioses, les pido a mis pequeños que se comporten como cuando sus abuelos vienen de visita y a Dios le encomiendo mis plegarias, mientras sirvo la cena bajo la atenta mirada de Mariano.

— Mariano, hoy estuve pensando… — las carcajadas de mi esposo provocan que aferré los cubiertos con mayor fuerza.

— Eso es nuevo ¿verdad Emilia? Tu madre puede pensar. — mi niña quita sus ojos de su cena y lo ve empática.

— Mamá es más lista que la tonta que tienes de secretaria. — suelta de la nada Delfina y comienzo a sudar.

— Mira jovencita…

— Cariño. —llamo su atención y me alivio de obtenerla, aunque creo que mi plan se fue por un caño.

— Mejor dime que mierda quieres Elizabeth, me toca las bolas que des tanto rodeo para decir mierda. — los ojos de mis hijos sobre mi me hacen hiperventilar, muerdo mis labios para retener las lagrimas y mostrar una estúpida sonrisa.

— Te quería preguntar si podría inscribirme en la universidad, para terminar… — el golpe que da en la mesa me hace pegar un brinco, mientras Delfina se pone de pie y sale del comedor.

— No, sabes que el dinero que tenemos es para la universidad de Delfina, pero como veo que te sobra el tiempo como para querer desperdiciarlo en estudiar a tu edad, sabiendo muy bien que eso ya es inútil, y que mi hija se cree muy adulta para intervenir en nuestros asuntos… será mejor que busques empleo y que Delfina se encargue de sus hermanos cuando salgan del colegio. — el silencio se esparce por un largo tiempo, es como si mi estúpido cerebro no quisiera comprender lo que acaba de decir.

— Cariño… Delfina no tiene porque cuidar a sus hermanos, son nuestra responsabilidad, no la de ella, y ¿Qué tipo de empleo puedo aspirar cuando solo fui un año a la universidad…?

— Primero que los niños son tu responsabilidad, no la mía y lo sabes, segundo si te digo que ella se ocupe lo debe hacer, a no ser que quiera que la coloque en su lugar como lo hago contigo. — Tiara deja caer un vaso de agua y por un segundo creo que ella sabe de los golpes.

— Lo siento, manos de manteca es mi segundo nombre. — bromea como siempre lo que hace que me quede tranquila, no necesito que mis hijos sepan cosas que no se pueden cambiar.

— Es verdad, tú eres mi princesa manos de manteca. — mi hija sonríe cómplice a su padre, dejándome en claro que él es un buen padre, no como yo. — Y en cuanto a lo otro, Elizabeth, trabaja trapeando baños, quizás así Delfina comprenda lo que le espera si no levanta sus notas, ser una inútil como tú, que solo puede aspirar a un empleo de limpieza.

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