Capítulo 2

Ryker estaba tan asombrado por lo que escuchó que no supo cómo responder. Así que mirando a la inocente niña, le soltó: "¡Lárgate! ¡Déjame solo!".

En ese instante la niña rápidamente comprendió que no sería nada fácil llevarse bien con este chico. Entonces, dio un paso atrás haciendo una mueca, decidida a irse.

Mientras, Ryker hundía su hermoso rostro entre sus rodillas una vez más para llorar suavemente. El pequeño extrañaba mucho a su madre. Y ahora que ella se había ido para siempre, otra mujer ocuparía su lugar como la señora de la casa. Siendo así, ¿cómo podría él volver a ese extraño lugar?

Apenas llegaron a sus oídos los sollozos del jovencito, la niña se detuvo en seco vacilante. Luego, se llevó los dedos a la boca, pensando en que este chico guapo parecía estar realmente triste.

La pequeña se encontraba buscando en su mente una manera de hacer que él dejara de llorar.

Hasta que se le ocurrió algo. Hace unos segundos, el niño le gritó que se largara, de modo que si ella le hiciera caso, tal vez él podría contentarse y dejar de llorar.

Sin embargo, la pequeña se estaba en un dilema. Pues realmente no tenía idea de lo que se suponía que significaba "lárgate".

'¿Será algún tipo de comida?', se preguntó con una sonrisa tonta en su inocente rostro. De repente, recordó un momento en el que sus padres tuvieron una pelea. En aquella oportunidad su madre también lloró y le gritó "lárgate" a su papá. Cuando él la escuchó, se tiró al suelo y comenzó a rodar, viéndose tan ridículo que su madre no pudo evitar echarse a reír. Después de hacer eso, ella dejó de estar enojada con él.

En vista de ello, la niña retrocedió lentamente para acostarse en el césped junto a Ryker. Seguidamente, con una pícara sonrisa, rodó de un lado a otro mientras le gritaba: "¡Oye, no llores! ¡Mírame! Ahora deja de llorar, por favor".

Al oír su voz, Ryker alzó la cabeza confundido. Al principio se sorprendió, pero luego estalló en una carcajada llena de alegría.

Por su parte, haciendo su mejor esfuerzo por animarlo, Kara continuó sacudiendo su cuerpo regordete sobre la hierba. Incluso su fino cabello se enredó con algunas hojas marchitas y su rostro se ensució.

Por alguna razón, ese comportamiento errático de la chica hizo sentir cálido a Ryker, que a pesar de ser un fanático de la pulcritud, levantó a la polvorienta Kara del suelo para acogerla en su regazo. Acto seguido, con sus delgados dedos, cuidadosamente quitó una a una las ramitas que se quedaron pegadas a su cabello.

En cuanto a Kara, exhausta por rodar tanto, jadeó en busca de aire. Aun así de agotada, sus ojos brillaron de felicidad al ver la sonrisa del chico. En un descuido tocó la camisa blanca del joven, dejando marcada una huella que a él no pareció importarle. Acto seguido, dijo en voz baja: "Estás sonriendo. ¿Ya estás feliz?".

Ryker sacó un pañuelo de su bolsillo para limpiarle la cara, antes de responder: "Sí, estoy sonriendo. ¿Te parece importante?".

Kara no entendió exactamente lo que él quiso decir. Pero asintió con seriedad, diciendo: "¡Es que te ves feo cuando lloras!".

Sin duda, la palabra "feo" sacudió la confianza de Ryker, que en función de salvar su imagen, le mostró su sonrisa más encantadora. "¿Y ahora? ¿Me veo guapo?".

Esto casi hizo que la pequeña babeara de admiración, murmurando: "¡Guao! ¡Eres hermoso!".

Al oír eso, Ryker se rio entre dientes sintiéndose orgulloso. Francamente no sabía por qué la tonta reacción de la niña no le molestó en absoluto. De hecho, lo divertía.

Allí, saboreando el momento en secreto, de pronto sintió unos suaves labios rozando los suyos con una fragancia dulce como el caramelo invadiendo sus fosas nasales. El chico de inmediato abrió los ojos con incredulidad.

¿Qué acababa de pasar? ¡Ella lo besó!

Capítulo 3

En casa, el padre de Kara le solía decir que era muy linda y siempre le daba un beso rápido como muestra de cariño. Incluso sus familiares y amigos cercanos le hacían lo mismo todo el tiempo, así que para ella era una reacción natural. Fue por eso que besó abruptamente a Ryker.

Con el tiempo, se había acostumbrado a la idea de que si se encontraba con una persona linda, tenía que expresarlo dándole un beso.

Ella inclinó la cabeza, lo miró con curiosidad y, parpadeando con sus hermosos y grandes ojos negros, sonrió. La boca de ese chico era muy diferente a la de su padre. La del adulto apestaba, pero la de él tenía el aroma de su gelatina preferida.

Pensando en esto, sintió de repente un poco de hambre y ganas de comer algo dulce. ¿Qué debería hacer? Tenía tantos deseos de morderle la boca que, al final, no pudo contenerse. Lentamente sacó su pequeña lengua y lamió con suavidad los húmedos y delgados labios del chico.

El hermoso rostro de Ryker se sonrojó en un instante mientras quedaba petrificado por lo que ocurría. Estaba tan asombrado, que solo pudo mirarla incrédulo por esa travesura tan audaz a la que se atrevía. Por un momento, aún inmóvil, se olvidó incluso de apartarla de él o separarse de su boca.

Kara, por su parte, le lamió los labios con tanta fuerza que se mojaron más y brillaban haciéndolos ver muy atractivos. De repente, los mordió con sus dientes blancos como si comiera gelatina. Fue ese el momento en el que, finalmente, el chico reaccionó.

"¡Ay!", gritó Ryker haciendo una mueca de dolor. Estaba completamente perdido, pero cuando sintió que ella no tenía intención de aflojar su mordida, rápidamente la empujó con fuerza y gritó: "¡Basta! ¿Por qué me mordiste?".

"¿Qué? Yo no te mordí, solo quería comer gelatina", Kara parpadeó con inocencia. Estaba aturdida por su reacción, le sorprendía que la gelatina no pareciera dulce en absoluto.

"¡Eres una pequeña tonta! ¡Mordiste mis labios, no tu gelatina barata!", Ryker reclamó enojado mientras se cubría los labios heridos y palpitantes con ambas manos.

"Yo... ¿No puedo comerlos?".

"¡Por supuesto que no puedes comerlos! ¡Son mis labios! ¿Cómo se te ocurre?".

"Oh... Bueno, está bien", Kara hizo un puchero y volteó la cabeza decepcionada. Ryker suspiró en silencio mientras veía cómo el rostro de la niña se transformaba en tristeza, sin saber qué decir. ¿Qué pasaba con ella? Su actitud era demasiado extraña. Seguro era muy joven para entender las cosas, incluso sus propias palabras las confundía.

Entonces, la miró con atención. Tenía la piel clara y era rellenita, resaltaban sus grandes ojos negros y redondos, enmarcados por unas hermosas pestañas largas y rizadas naturalmente hacia arriba. Sin duda, era una niña muy linda.

"Tu nombre es Kara, ¿verdad? ¿Cuántos años tienes?", le preguntó esta vez con amabilidad. Aún sosteniéndola con sus brazos, se movió a una posición más cómoda por el peso.

Kara apoyó la barbilla en el brazo de Ryker y contó con sus dedos regordetes lenta y cuidadosamente hasta que, cuando terminó, levantó la mano y le mostró tres dedos. Pero pronto, con duda, agregó otro dedo para hacerlos sumar cuatro en total.

Al ver que ella estaba en un dilema porque no sabía bien cuál era su edad, él se echó a reír encantado. Le tocó la cabeza cariñosamente con sus delgados dedos y dijo entre risas: "¡No puede ser! ¿No sabes cuántos años tienes? ¿O es que todavía no sabes contar?".

Las bromas de Ryker hicieron que Kara se enojara ofendida, haciendo pucheros le respondió de inmediato: "¡Claro que sé contar! Ya estoy en el jardín de infancia. Ahora tengo tres años y nueve meses, simplemente no tengo suficientes dedos para contarlos".

Otra carcajada ruidosa salió de la boca del chico: "Realmente eres muy divertida".

Ryker comprendió de inmediato lo que Kara quería decir y por qué le había costado hacerlo. Simplemente quería usar sus dedos para mostrar que tenía tres años y nueve meses con exactitud, pero le faltaban dos dedos más, así que tuvo dificultades para poder mostrarle el número. Su lógica infantil no estaba del todo errada, y por eso le causaba al chico tanta gracia. Las comisuras de su boca no pudieron evitar levantarse ligeramente en una sonrisa de burla. Formaba un arco tan hermoso con sus labios, que hacía que su ya bello rostro pareciera aún más encantador que nunca.

¿Por qué esa pequeña Kara era tan adorable?

Mientras la miraba pensativamente, algunas ideas extrañas comenzaron a surgir en su cabeza. Como ella tenía tres años y él trece, solo era diez años mayor. Así que su diferencia de edad no era tan grande, después de todo. Además, a muchas chicas les gustan los hombres maduros.

De repente, Ryker sacudió la cabeza totalmente sorprendido por sus propios pensamientos.

¿En qué diablos estaba pensando? De hecho, incluso se estaba imaginando a sí mismo casándose con la pequeña Kara cuando ella creciera y fuese una mujer. ¿Qué le pasaba hoy? ¿Había perdido por completo la razón? Tenía que dejar de pensar en esa loca idea.

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