Capítulo 2

—¿Estás segura de que nos van a dejar pasar?— le pregunta Aby a Cynthia, una de sus amigas quien llevaba meses acostándose con el patovica del boliche.

—Claro, vos, dejámelo a mí.— le guiña un ojo y se acerca hacía donde había un morocho de un metro noventa de alto, un cuerpazo tallado por los dioses y una virilidad que se notaba bastante bien por encima de su pantalón de vestir.

—¡Dios! ¡Qué buen!

—¡OJO, CON LO QUE VAS A DECIR!—. La corrige Morena, la más tranquila del grupo, anticipando lo que iría a decir respecto a su sexo.

—No seas anticuada.— le susurra justo cuando ven llegar a la rubia meneando las caderas, con una sonrisa victoriosa y robándose todas las miradas.

—Vamos, chicas.— y juntas ingresaron por la puerta del vip.

Cynthia era la más grande de las tres. Con 25 años de edad, trabajaba como dama de compañía desde los 18 años, gracias a su despampanante cuerpo, operado por supuesto y esos ojos color grises que derretían a quien mirase, había podido hacerse de un departamento con todas las comodidades que deseaba, un auto modelo no tan viejo y un par de dólares y pesos en su cuenta bancaria. Era la mayor de cinco hermanos por lo que ayudaba a su madre con la crianza de los niños, todos menores de 16 años.

Morena, era la que seguía. Con 22 años trabajaba como cajera en un bar donde tenía que soportar que algún que otro degenerado maduro le ofrezca dinero por hacerle favores sexuales. De las tres es la que más tuvo que padecer en su vida ya que durante muchos años fue abusada sexualmente por su tío, hermano de su padre y hacía poco se había animado a denunciar gracias a Cynthia y Abigail, sus dos mejores amigas.

Ella, pese a tener también un cuerpo de infarto y natural, no era de utilizar atuendos que marquen demasiado su figura, ya que el trauma vivido en su infancia y adolescencia le ha condicionado hasta las relaciones con los hombres. De echo no ha intimado con ninguno jamás, aunque les haga creer a sus amigas que sí lo ha hecho y muchas veces.

Por último, está Abigail, la más chica del grupo. Con 21 años y un cuerpo del que ella misma se avergüenza, pero nadie sabe, es que es el alma de las fiestas siempre. Nunca ha tenido una relación formal, siempre se ha conformado con ser plato de segunda mesa porque no se consideraba atractiva para los hombres y el hecho de que alguien se interese sexualmente en ella era algo que no podía desaprovechar.

Ante sus amigas, era la mujer más carismática, segura de si misma e incluso más abierta de mente que Cynthia, quien por su trabajo ha probado de todo. Abigail demostraba aceptar sus imperfecciones, resaltando atributos tales como sus senos, aunque por dentro se sentía morir.

A veces el sexo suele tapar lo que realmente uno es por dentro y ella, Aby, lo sabía perfectamente.

—Esto es fascinante.— dice en cuanto ingresó al antro.

—No se queden allí paradas, vamos al primer piso, la zona vip para poder tomar unos tragos.— y ambas comenzaron a seguirla.

Era normal que cada vez que se ponían de acuerdo para salir las tres, la rubia despampanante se llevara todas las miradas, es que Cynthia tenía presencia y se vestía muy bien.

Ni bien llegaron al sector vip, se sentaron en unos sillones y no tardaron demasiado en ver cómo dos jóvenes que no pasaban los 18 años se acercaban como animales en celos a regalarse ante la más experta.

—¿Serían tan amables de traernos dos botellas de los mejores licores del boliche y una seven up por favor?— pese a llevar su propio dinero, siempre encontraba algún desesperado capaz de vender su alma al diablo por estar con ella un segundo.

—¡Eres terrible! – le habla en gritos Aby por la música a todo volumen.

—¡Les vas a pagar?! ¡Así te doy la plata de mi gaseosa! –. Explica la pelicastaña, es decir Morena.

—¡NO, NENA! ¡ESOS TONTOS PAGAN! ¡¿NO TE DISTE CUENTA QUE ESTABAN DESESPERADOS POR QUE LE HICIERAMOS CASO?!

—¡Hablaras de ti! ¡te miran y te devoran!— agrega la pelirroja, Aby, quien no dejaba de reírse a carcajadas.

—¡SH! NOS QUIEREN DEBORAR A TODAS AMIGAS. ¡A TODAS!—. Ríen mientras esperan a que los chicos les entreguen los tragos.

En cuanto aquellos chicos llegaron con sus bebidas, la rubia “los descartó” y se quedaron observando su alrededor calificando a cada uno de los hombres que tenían a su alrededor, en tanto jugaban a fondo blanco.

A carcajadas y ebrias, calificaban a los masculinos presentes des cubriendo e incluso, por la minuciosa observación, que más de uno dibujaban sus preferencias sexuales. Quizás se equivocaban, pero el lenguaje corporal era demasiado evidente.

De pronto, se encuentran observando a un grupo de jóvenes a un par de metros de distancia y al ponerse en evidencia una de ellas al sentirse atraída por uno es que a Cynthia se le ocurre un juego.

—¿Qué les parece si en vez de solo hacer fondo blanco para ventilar secretos que seguramente conocemos muy bien de la otra, lo hacemos y quien pierde cumple una prenda? –

Abigail era igual de descarada que Cyn, solo que muchas veces se sentía inferior a la rubia despampanante, dado que siempre las miradas se iban en la chica y no precisamente en ella. Ninguna de las dos podía descifrar que bajo ese montón de maquillaje y esa actitud de “me como el mundo” se escondía una pobre niña a la que todavía le duele si las miradas de las personas son despectiva y acusadora por estar lejos de los estándares de belleza.

—Me encanta el juego.— menciona de acuerdo Aby.

—No, no me parece.— acota Morena.

—Dale, deja de ser tan tímida así no conseguirás novio nunca.— intenta convencerla la rubia.

—¿Por qué tengo que querer?— se queja.

—¿Para que viniste entonces?— reprocha molesta.

—Bueno chicas.— pone paño frío a la discusión la pelirroja. – juguemos nosotras dos si Morena no quiere. – y no les queda más que aceptar.

Y así comenzó el juego. Los cuatro primeros tragos, la pionera del juego tuvo que realizar prendas que iban de, besar a una chica que la estaba mirando de manera lasciva, hasta provocar a un hombre y dejarlo expuesto frente a todos.

—Eres mala.— le dice al regresar mientras se escucha a varios presentes riendo a carcajadas. —está vez te voy a ganar y ya veras lo que te haré hacer por perra.

—No creo que me ganes, soy experta para tragar rápido.— carcajean porque tomaron en doble sentido ese comentario. —Vamos, deja de reír que me urge verte haciendo el ridículo.

—¿Tan confiada?— y sonríe victoriosa. —el que ríe último, ríe mejor.— y la burla haciéndole gestos con las manos. —More, ve a buscar a la barra y pídele al barman el vodka más fuerte que tenga. Dile que buscamos algo parecido al Spirytus Rektyfikowany.

—¿Vodka?— pregunta burlándose.

—No es cualquier vodka es “EL VODKA” y ya vas a ver por qué. Yo que vos, me preparo porque estarás de rodillas amiga mía.

La pelirroja y la rubia solían salir a desde los 16 años, por lo que han probado varios tragos en la noche, y esa bebida no le era gran cosas. Tenía entrenada la garganta por lo que estaba confiada en que volvería a ganar.

—¿Lista?— se preguntan sosteniendo la medida. —¡Fondo blanco!

Fue entonces que con toda seguridad se llevó el vaso a su boca, pero en cuanto el líquido hizo contacto con su lengua un fuego ardiente la obligó a soltarlo vertiendo el contenido en el suelo y pidiendo agua desesperada.

—¡DIOS, QUÉ ME HAS DADO!—. Reprocha tomando aire intentando aliviar aquella espantosa sensación.

—¡TE GANÉ!—. Grita con euforia saltando como una niñita —Ahora harás lo que yo diga.— se frota las manos con malicia.

—Me estoy quemando viva ¿y piensas en vengarte por las prendas que te he dado?— se encoge de hombros.

—Apuestas son apuestas.— se excusa.

— Bien, dime ¿qué tengo que hacer?— pregunta mientras se ventila la boca.

Cynthia se toma unos momentos para observar alrededor, cuando su mirada la lleva a un joven de unos veinte tantos, con anteojos negros, camisa blanca entre abierta y unos jeans color azules gastados en los muslos. La sonrisa y la forma de moverse le daba a entender que se trataba del típico “niño bien” arrogante, egocéntrico y déspota que se cree que se come el mundo con su presencia y justamente eso mismo era. Un asqueroso arrogante que no le importa nada más que obtener lo que desea en su vida sin importar lo que deba de hacer.

—Ese.— se decide de inmediato.

—¿Quién?— mira hacia donde señala “disimulada”

—El de blanco.— la sonrisa de Aby se borró dado que ese estilo de hombre no le gustaba.

—Ni loca.

—Tienes que. Yo he hecho cosas peores con personas peores. Ese por lo menos es lindo.

—Tiene razón.— la apoya Morena.

—Tú no cuentas. ¿o estas jugando?— la ubica, pero se ríe.

—Está bien. ¿qué tengo qué hacer?— la rubia apoya sus codos en la mesa y deja descansar su cabeza en sus manos y con una sonrisa maléfica le anuncia la prenda.

—Tienes que lograr que tenga sexo contigo.— casi se ahoga con el agua al escucharla.

—En verdad, estás loca. No pienso hacer eso y menos con ese idiota.— dice en voz muy alta y señalándolo.

—Perfecto, entonces me pagas 5000$— la boca formó una perfecta O. —Ya sabes, el que no cumple, paga y ese es el valor.

—Tú sabes que no tengo esa suma, además, trabajo en dos lugares para poder pagar las cuentas y medicación de mi abuela.— pero Cynthia se encoge de hombros.

—Está bien, pero la próxima vez hare que te arrepientas.

—Anda, ve muero por ver cómo logras hacerlo. Puedes llevarlo al otro lado de la puerta verde, que es un baño en inhabilitado y suelen usar para divertirse. – dice enfatizando esa palabra.

No le contesta y justo cuando ve que el chico se pone de pie, se acomoda la pollera de cuero que lleva, realza más su escote, retoca su maquillaje de labios y va directo a seducir a la presa.

—Suerte, mamasita.— se burla y sin darse la vuelta le muestra el dedo corazón.

Abigail jamás imaginaría que luego de ese encuentro y lo que le haga en ese cuarto, no habrá mujer que logre volverlo loco otra vez.

Capítulo 3

—Me las va a pagar, tenlo por seguro— le advierte a la rubia mientras se pone de pie.

—Muestra esas tetas y saca más culo.— le aconseja burlándose de ella.

—Estúpida— la regaña enfadada y arranca hacía donde está el chico junto a amigos.

Mientras caminaba a paso lento y mirando hacia el suelo iba maldiciendo a Cynthia y a sí misma por dejarse convencer de asistir a ese sitio donde no encajaba y aceptar aquel juego que hará que termine teniendo sexo con un desconocido, mas teniendo en cuenta que ninguna sabía que jamás había sido penetrada por la vaina.

Para Aby era tan vergonzoso que vean su desnudez, que simplemente se conformaba con realizar sexo oral y por ello, era la mejor.

A sus 19 años tuvo su primera experiencia oral, gracias a un juego entre amigos y desde entonces, no pudo dejar de hacerlo. Pero esa noche no solo debía darle placer a un desconocido, sino que lo más probable es que él quisiera tener sexo, como siempre sucedía y debía idear algún plan para salir aireada.

En cuanto llegó dónde el grupo de los jóvenes, uno de ellos se le quedó viendo de arriba abajo, justamente de una manera en la que le hería; y es que tenía un tema con “la mirada” del otro que no la dejaba vivir en paz.

—¿Si?— habla el que la observaba sacándola de su ensoñación, pero no dijo nada.

Se sentía completamente nerviosa y avergonzada.

Aby no tenía un cuerpo que llamara la atención o por lo menos no a ellos. A ninguno. Menos a Dante, que aunque no tuviera problemas en acostarse con cualquier mujer sin importar el físico, la religión, color de piel entre más, siempre y cuando tengan algo que ofrecer, esta chica no solo le era atractiva a los ojos sino que no tenía nada que pudiera interesarle.

O por lo menos no hasta ahora.

Tan pronto tomo una gran bocanada de aire, cerró sus ojos y grito:

—¡Hola!— logrando captar la atención de todos y cada uno.

—¿Si?— le habla el que le había parecido atractivo a Morena —¿Necesitas algo?

Ese chico parecía ser el único amable del grupo, dado que el resto la observaba como si se tratase de una mosca que estaba allí para molestar.

—Eh…— pero no sabía que decir y enseguida supusieron que era otra de las tantas admiradoras que tiene Guillen.

—Creo que es otra de las que se desesperan por meterse en tu cama—bromea otro joven, y a quien le habla no hace una sola mueca, solo se baja los anteojos de oscuros que llevaba puesto para recorrer su cuerpo descaradamente.

—No tengo hambre. Yo paso.— soltó de manera despreciable y se subió los lentes para seguir bebiendo de su trago.

—¿Perdón?— ella no podía creer lo mal educado que era ese tipo. Rebajarla con la mirada había dejado de ser algo que le dolía, para convertirse en una actitud completamente repudiable de su parte.

—El perdón, a la iglesia— suelta apoyando sus brazos en el respaldo del sillón y cruzando sus piernas.

Dante se pasaba de engreído y eso a ella no le gustaba para nada. Enfurecida se regresó dónde sus amigas a las que les había contado con lujos de detalles lo sucedido. Si bien Morena se apiadó y estaba de acuerdo en que debía cambiar la prenda, Cynthia se había obsesionado con que la cumpla. Confiaba en que su mejor amiga lograría domar a esa fiera y a sabiendas de lo desiciva que puede ser cuando dice que no, le juega sucio.

—Hagamos algo. Vas, te lo comes todo que se lo ve bien rico y yo aquí mismo te doy 5.000 pesos uno arriba del otro.

Aby frunció el ceño. Sabía que su amiga era de soltar así por que sí, pero de ahí a ofrecerselo para intimar con alguien la hacia sentir como una prostituta. Por eso, niega y ella redobla la apuesta.

—Te doy el doble. 10.000 pesos – y la hace pensar. —Vamos amiga, es una jugosa oferta que no puedes desaprovechar.

Por supuesto que no podía negarse. Es que le hacía falta la plata. No es que le pagarán poco en sus trabajos, pero si no le fuera suficiente no tendría porque tener dos. Suspiró pesadamente y accedió.

—No entiendo por qué estás emperrada en que este con ese idiota— se mofa cruzándose de brazos.

—Primero, porque es una prenda que voy a pagarte muy bien. Segundo, seamos sinceras, ese tipo está que raja la tierra y tercero, vamos que nosotras sabemos que esa boquita hace magia. Muéstrale, que sé que quedará loco por ti— dice confiada.

—¡Miren! ¡Miren! Se levantó. Quizás va a ir al baño— advierte Morena.

—Es tu oportunidad, Aby. – y la empuja Cynthia.

Respira hondo y caminando tras del joven es que escucha a la rubia gritar:

—¡QUEREMOS EVIDENCIA!—. Frunce el ceño. Definitivamente estaban locas.

¿Evidencia? Qué se supone que deba traerles. Ese último grito le causó gracia ¿Cómo podría demostrarle que efectivamente tuvo algo íntimo con él si no llevaba cámara ni lo permitiría. Simplemente se tendrían que conformar con llevar el tiempo en el que esté encerrada con él.

Sin más y decidida a ganarse esos $10.000 fue tras de él.

Desconocía si estaba en conocimiento de que lo seguía, pero no le importaba, ya buscaría la forma de retenerlo para ganarse ese dinero, aunque deba golpearlo no lo dejaría escapar de su agarre.

Lo alcanzó hasta la barra, donde solicitó algo al barman y se sentó a esperar, segundos más tarde ella llegó y se acomodó a un lado.

—Un Martini, por favor. – le pide y mientras espera a que se lo hagan intenta hablar con él. —Hola.

Dante la mira de reojo y no contesta. Ella, insiste.

—Hola..., Hola.

La perseverancia de Aby logra sacarlo de quicio y aunque deba gritarle, le contesta calmado, pero sin molestarse en mirarla a la cara.

—¿Qué quieres?

Esa actitud mal educada de él hizo que se enfadada, y es que no había nada que le moleste más que no la miren a los ojos al hablar.

–¿Puedes mirarme?

—¿Mirarte? No eres figura de mí agrado para dedicarte un segundo en mirarte— su actitud la dejo con la boca abierta y muy enojada.

—Engreído— susurra pero en un tono que sí puede escucharla.

—Asunto mío— la corta en seco. A él poco le importaba lo que pensara de sí una extraña.

—Egocéntrico. Se cree el centro del universo— prosigue hablando para sí misma y esto último lo hace sonreír.

—Lo soy. Sino por qué me siguen. – responde con orgullo. Dante sabía perfectamente el imán que tenía para con las mujeres e incluso con los hombres. Era el deseo sexual de muchos y muchas y hacia alarde de ello.

–¡Ja! ¿Quién te sigue?— y se pone de pie mirando a ambos lados de manera exagerada —Pues lo siento, yo no veo a nadie— explica volviéndose a sentar, es entonces que voltea a mirarla pero de nuevo, de manera desagradable.

—En frente tengo a una y vaya que esta desesperada— la mira de arriba abajo hasta que llega a sus ojos —si quiera disimula su necesidad— escuchar esto hizo que estalle en carcajadas.

—Por Dios, ¿Eres comediante? ¿Yo, detrás de ti? ¡Ja! Quisieras— se burla.

—No— se acomoda para estar frente a ella. —A mí me gustan las mujeres con experiencia, esas que saben cómo darle placer a un hombre como yo. No niñitas que se piensan que por usar polleras cortas ya son actrices de películas pornograficas— suelta directamente, sin filtro dejándola con la boca abierta.

—¿Qué insinúas?

—No te estoy insinuando nada, te lo estoy diciendo. Me gustan las mujeres que sepan cómo darme un buen polvo y hacer las cosas como se debe y no las típicas tontas histéricas que se piensan que por bajarse el top y subirse la pollera van a tener a un hombre como yo en su cama y que encima van a saber satisfacerlo— niega a carcajadas y se lleva el vaso con su trago a la boca.

“No, este chico es un imbécil y necesita que alguien lo baje de su nube” fue lo que pensó ella de inmediato.

—¿Te crees la última gota de agua en el descuento?— se burla.

—Lo soy— afirma seguro de sí mismo. —Mira a tu alrededor, todas me miran, todas notan mí presencia y puedo jurar que se mojan de solo pensar que las tocó y me las follo— dice riéndose.

—Eres desagradable y repugnante— lo define perfectamente.

— Pero aún así me seguiste y estás aquí. Siéntete privilegiada que te hable— responde sintiéndose importante.

—Tu, deberías sentirte privilegiado de darte mí tiempo— intenta ponerse a su nivel.

—¿Quién te lo pidió? Chiquita, si te respondí fue para darte una alegría y así te vas feliz y contenta. Déjame en paz— concluye al fin pero a ella le enfado aquel comentario. Lo sintió como un reto.

—¿Sabes que quizá tengamos la misma edad? Chiquito— enfatiza la palabra.

—A mí qué. Anda, ve a regalarte a otro que se ajuste a tu Target— sigue ofendiéndola.

—¿Target? Idiota— lo insulta, y es que era demasiadas las ofensas de su parte.

—Bueno, si ya terminaste déjame solo— si quiera se molestó en pedirle por favor, menos en disculparse por las barbaridades que le dijo.

Se iba retirar, pero en cuanto se dio la vuelta recordó que aquella plata la necesitaba para terminar de pagar las remedios que su obra social no le cubría a su abuela y así quedarse tranquila unas semanas. Por eso debía tragarse su orgullo y poner en marcha sus armas de seducción.

—Sabes, supongamos que tengas razón. Que eres todas esas cosas que dices ¿Por qué crees que soy como todas aquí en el antro? ¿Por qué llevo falda y escote? Ummm, no hay que generalizar. Además confío en mí misma y en lo que sé hacer con mí boca. No necesito mostrar mis senos ni subirme la falda para hacerte experimentar el verdadero éxtasis.

Algo que no sabía explicar, logró hacer que él se interesara por escucharle y sumergido en el interés repentino, le responde:

—¿Insinúas que puedes ser mejor que las mujeres con las que acostumbro a follar?— indaga conteniendo la risa.

—No insinúo, te lo afirmo— habla seria y cruzándose de brazos.

—¿Tu?— y con el dedo la señala de arriba abajo. —esto es insólito.

Carcajea, niega y se cómoda mirando hacia el barman que sigue preparando más tragos.

—Si, yo. Estoy más que segura que podría hacerte temblar e incluso pedirme más. – susurra cerca de su oído haciendo que su cuerpo y el de él se estremezca.

Escucharla tan de cerca y con esa voz ronca hizo que su cuerpo se estremeciera y tuviera la necesidad de volver a mirarla, pero está vez de una manera descarada. Es que siquiera él podía explicarse por qué sus palabras penetraron tan hondo su carne.

Su silencio la ánimo a seguir seduciéndolo y al ver qué ya casi lo tenía comiendo de su mano es que fue más allá.

—¿Quieres probar que tan buena puedo ser con la boca?— susurra cerca de su cuello.

Ninguno de los dos podía explicar lo que estaban sintiendo porque para él, ella no le resultaba llamativa. Teniéndola tan de cerca, pudo notar que algo atractiva era, pero al final de cuentas toda mujer lo es maquillada. Para ella si bien era muy guapo, su manera pedante de ser, borraba todo atractivo como hombre. Pero a ambos se les había despertado el apetito sexual.

—No me provoques— responde completamente perdido en la fantasía.

—¿Tienes miedo?— y se corre de su oído, muy cerca de su piel, hasta quedar frente a frente. —¿Temes que tenga razón?— lo desafía.

Lleva sus manos al rostro de la joven y empieza acariciarlo. Las mejillas, los ojos, la frente, la nariz hasta que llega a su boca donde la delinea muy lentamente y cuando se distrae separa sus labios para dejar pasa su lengua y lamer la punta de su dedo, fijando su miraba, una mirada que prendía fuego en él.

Ese gesto le resultó sumamente erótico y no pudo resistirse en morderse en labio inferior como respuesta a lo que le estaba provocando en el cuerpo.

—Vamos— y coloca su mano en su rodilla. —déjame mostrarte que yo si puedo hacerte volar e incluso más alto que las que te han tocado.

Fue entonces que se dejó llevar por sus ojos y la tomó de la barbilla para comerle la boca, pero se hizo hacia atrás.

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