Capítulo 2

Tomo un taxi, ya que a esa hora los autobuses ya no pasan, tampoco es que viva muy lejos, pero estoy demasiado cansada para caminar. Gastaré un poco de dinero en el pago del transporte, pero aun así no he completado para la renta y le ruego a todos los dioses para no toparme con la señora Saltzman. Cuando llego al edificio de cuatro pisos, me adentro sigilosamente por las escaleras, estoy a punto de llegar a la puerta del departamento cuando escucho la voz de mi arrendadora.

Mierda, me quedo estática.

—¿Catherine, ya tienes mi encargo? —Se escucha molesta.

—Aún no señora Saltzman... Pero prometo tenerlo mañana. —Estoy dándole la espalda, no quiero voltear y encontrarme con su rostro furioso. Da mucho miedo cuando se encuentra en ese estado.

—¡Mañana, Mañana! Eso me dijiste hace una semana... Si no tengo el pago mañana a primera hora te echaré a ti y a tu madre a la calle, no me importa que esté enferma, esto es un negocio no una casa de beneficencia. —Me sobre salto cuando azota la puerta de su apartamento al entrar.

Cierro mis ojos por un segundo, ¿Ahora que voy hacer? Si no tengo para mañana lo de la renta nos echará a la calle, y estoy segura de que lo hará...Por un momento Jessica llega a mi mente recordando su propuesta.

¿En que diablos estás pensando Catherine?... ¿A caso quieres venderte? Niego enseguida con la cabeza.

Retomo mi camino hasta entrar al pequeño cuarto de cuatro paredes que me rodea, todo se encuentra en penumbras a excepción de la poca luz que se filtra por la puerta entre abierta del cuarto de mi mamá.

Ella se ha quedado dormida esperándome, le he dicho muchas veces que no se preocupe por mí, pero para ella siempre seré su bebé, aun cuando me case y tenga hijos, sonrío con nostalgia, dudo mucho que llegue a casarme y formar una familia, apenas tengo tiempo para dormir, no tengo ánimos ni fuerzas para pensar en el amor en este momento.

Solo estoy dedicada a cuidar de mi mamá, ella es todo lo que tengo después de que papá muriera hace diez años, y luego de eso le detectaran la enfermedad en su corazón, yo soy el sustento para ambas. Le doy un beso en la frente y se remueve al sentirme.

—¿Caty?... —susurra entre abriendo sus ojos somnolientos.

—Shhh... Duerme ya estoy aquí —le digo con ternura.

—¿Vas a cenar?. —Trata de pararse, pero la detengo.

—No te preocupes ya cené. —Miento. La verdad solo desayuné lo que me dieron en el café, pero no importa, no es como si fuera la primera vez que me quedo sin comer. Hay unos cuantos huevos hervidos que serán su comida de mañana, no quiero quitárselos, ella los necesita más que yo—. Duerme, yo iré a dormir igual.

La beso de nuevo, se recuesta y apago la luz antes de salir a la sala y acostarme en el único sillón viejo que tenemos, donde duermo desde hace mucho. Me tapo con una manta delgada mirando la oscuridad del cuarto, pequeñas lagrimas empiezan a rodar por mi mejilla, mi vida es una mierda. ¿Por que es tan difícil querer estar bien? Un techo donde vivir, donde no falte un plato de comida en la mesa, donde mi mamá no esté muriendo por una maldita enfermedad. No importa cuanto me esfuerce o cuanto trabaje, no puedo tener lo que quiero, no pido lujos, ni cosas ostentosas solo pido sobrevivir.

El sonido de mi mamá pidiendo ayuda hace que me pare a toda prisa. Sin tiempo de poder ponerme los zapatos. Se sacude en la cama mientras lleva una mano a su pecho y abre los ojos desesperada. Es otra de sus crisis, busco en la encimera donde se supone tiene que estar su medicamento, pero al abrirlo no hay nada, la sangre baja estrepitosamente de mi cerebro al sentirme impotente. No hay, ya no hay más medicamento. Miro a mi madre, apenas han pasado unos segundos, segundos donde ella está sufriendo y no sé que hacer, ahora soy yo quien siente el corazón estallar por la impotencia. Puede morir si no le doy su pastilla, maldigo mil veces, tenia que comprársela hace días, pero sin dinero. ¿Qué podía hacer? Joder.

Salgo a toda prisa a la cocina donde están otros medicamentos, busco en los envases pero todos están vacíos, hasta que encuentro una pastilla, la última, sirvo agua en un vaso y regreso al cuarto a toda prisa, sostengo a mi mamá para que pueda tragar la pastilla y luego un poco de agua. Después de otros segundos, empieza a regularizarse poco a poco y siento como mi alma regresa a mi cuerpo, suspiro aliviada.

—Ya pasó mi amor, tranquila —susurra con su voz ronca al verme llorar. Me acaricia la mejilla limpiándola con sus dedos, no puedo contenerme ante ella y llorar después a solas, me aterroriza la idea de que muera. ¿Que haría sin mi mamá?

—Lo siento. —Le pido y la abrazo con mucha fuerza.

—¿Por que lo sientes mi amor? —me dice con ternura.

—Debí comprarte el medicamento —digo entre sollozos.

—Tranquila cariño... Yo lo siento más, soy una carga para ti. —La miro y está llorando igual. No, no quiero verla así, no quiero que piense que es una carga, por eso siempre me guardo el dolor para mi sola—. Tú deberías de estar terminando una buena carrera y no estar trabajando hasta tarde por una vieja enferma como yo.

—Por favor no digas eso... Eres todo lo que tengo... Lo único que me importa, si tú me faltaras...

—¡Shh! Ya pasó, no pienses en cosas tristes. —Asiento para tranquilizarla pero estoy muy preocupada, no tiene medicamento. ¿Si le da otra crisis y no estoy? Aunque si estuviera no serviría de mucho si no hay como controlarla.

Mierda, me muerdo el labio.

—Ve a dormir hija, estoy más tranquila. Es mejor que descanses. —Me retiro cabizbaja para dejarme caer sobre el sofá.

¿Que debo hacer?... De nuevo la conversación con Jessica vuelve a mi mente, niego. ¿Pero si mi mamá vuelve a tener otra crisis? Si no debiera la renta podría comprar su medicamento con el dinero que tengo ahora, pero si no la pago mañana nos echaran a la calle, estaba en un maldito dilema.

"Tendrías para un mes de tratamiento de tu madre más medicamentos"

Me siento en el sofá y me pongo los zapatos, salgo del apartamento, solo hay una solución a mis problemas y aunque me duela admitirlo esa solución era convertirme en prepago.

.

Capítulo 3

Son pasadas las doce de la mañana cuando estoy en frente de su casa, ocupa casi todo la cuadra, es grande y bonita de dos pisos, color crema con acabados de madera y un portón de acero. Llamo varias veces hasta que la voz de Jessica suena por el parlante a mi lado.

—¡Carajo! ¡¿A caso no sabes que hora es?! —Jessica dice molesta.

Me siento indecisa, nerviosa por lo que pudiera pasar, que no tomo en cuenta el tono con el que me responde. ¿Y si regreso a casa y pienso en otra manera de solucionar mis problemas? Tiene que haber otra cosa que pueda ser. Joder. A quien engaño, no había más.

—Soy yo... Catherine —digo al fin.

¿Y si Jessica solo estaba jugando al proponerme ser prepago y ahora sale y se ríe en mi cara por la gran broma que me jugó? No soy tan bonita como dijo, ni tampoco tengo buen cuerpo. Jessica sale de su casa, cubierta solo por una bata de seda fina color rosa, y no se si me mira alegre o sorprendida.

—Vaya, no pensé que vendrías tan rápido —dice engreída.

¿Estaba tan segura de que vendría?

Me muerdo el labio, mis manos me sudan y estoy un poco temblorosa, me doy cuenta en ese instante que hace frío, por los nervios y las prisas no he traído suéter.

—Anda, entra —me dice abriendo el portón. No digo nada mientras camino detrás de ella.

Jamás he estado ahí antes, pero me sorprendo al ver lo bonita, grande y lujosa que es su casa, por un momento me pregunto si tendré algo así algún día.

—No preguntaré a lo que has venido por que es demasiado obvio, solo te diré que es la mejor decisión que has tomado en tu vida. —Me giro para verla y está sonriendo. Yo no pienso lo mismo, es la peor y más demente decisión que he tomado, pero no veo otra salida.

—Solo lo haré una vez. —Lo he estado pensado desde que salí de casa, no quiero esta vida para mí.

—¿Cómo? —Su sonrisa se borra y ahora me mira con el ceño fruncido. Confusión es todo lo que veo en su rostro.

—Eso... Que solo me rentare una vez y no lo haré más. —Poco a poco se van estirando la comisura de sus labios, hasta que suelta una carcajada escandalosa y se sienta sobre uno de los sofás de cuero, mientras se toma el estomago.

—Pequeña, eres tan ridículamente incrédula, no me hagas reír. —Cambia su expresión a una sería—. Una vez que entres a este tipo de vida será muy difícil que salgas así por que si, pero esta bien, lo respeto. Solo una vez... Si puedes. —Me mira desde abajo, de nuevo con su sonrisa burlesca.

Ruedo los ojos, yo seré la excepción ya lo verá.

—Bueno ya esta. ¿Cuanto me pagarás? —lo he dicho, el dinero es lo único que me importa.

—Vamos con calma, primero tienes que tomarte unas fotos subidas de tono, luego las promocionare por mi círculo de clientes y llegará el que quiera rentarte. —Suelto un mohín nada convencida. Jessica mira su celular, no pensé que tendría que esperar tanto.

—¿Y eso cuanto tardará? —Me mira, esta vez escudriñándome.

—No lo sé, dos, tres semanas.

Cierro mis ojos desanimada, es demasiado tiempo.

—¡Oh!... Debí imaginar que no vendrías a mi si no fuera un asunto de vida o muerte. ¿No es así? —Ha captado mi urgencia y para que le digo que no si, si. La salud de mi mamá es un claro ejemplo de vida o muerte.

—Necesito dinero —le explico avergonzada.

—¿Cuanto necesitas? —Se para yendo hasta su cartera, la cual se encuentra en la mesita junto a la puerta—. Mira, ten... Si necesitas más solo dime.

Me extiende un fajo grueso de dinero y no puedo aguantar el alivio que derrocha mi alma, estoy a punto de tomarlo, pero Jessica lo retira y me advierte.

—Tenemos un trato, que no se te olvide, si lo haces sabrás que no soy tan buena persona como parezco. —Asiento, trago grueso y tomo el dinero, no quisiera conocer su lado oscuro. Lo cuento y es más de lo que necesito. Mierda. Es demasiado. ¿No estará dándome de más? Con este dinero podría pagar el tratamiento de mamá, y la renta a la vez.

—¿Esto es lo que me pagarás por una vez? —pregunto incrédula, tal vez se ha equivocado.

—Corazón, eso solo es la mitad de lo que te pagaré por una vez. —Me abraza por los hombros y yo no puedo evitar estar boquiabierta, suelta una risita ante mi asombro.

—Gracias —le digo cuando me suelta.

—Nada de gracias, es solo un buen intercambio, tu cuerpo por dinero. —Por un instante la idea de venderme desapareció, pero es verdad tenía que pagar este dinero, nada es de a gratis —. Mañana tendremos un evento, es el cumpleaños del jefe de la mafia más importante en la ciudad y pidieron variedad. Puedo llevarte. Si tienes suerte tal vez te renten esa noche. —Saca un cigarrillo de su cartera y se lo lleva a la boca, prendiéndolo con el encendedor.

¿La mafia dice? Trago grueso, es uno de esos contravandistas de drogas y matones a sangre fría, me muerdo el labio preocupada.

—No pasa nada, ante todo siempre está la seguridad de mis chicas, jamás te obligaran hacer algo que no quieras. ¿Entiendes? —dice mientras inhala del cigarrillo sosteniéndolo entre sus dedos índice y corazón.

Asiento, pero aun así no me confío. ¿Que podría hacer ella contra un arma o incluso yo que podría hacer si me apuntaran con una? Ya no pienso en eso, no hay marcha atrás, ya acepté y no puedo regresar el dinero.

—Esta bien, lo haré. —Sonríe y me abraza de nuevo, entusiasta.

—Ya verás que se pelearán por ti. Tienes cintura pequeña y caderas anchas, pero lo que realmente va a llamar la atención de todos es el gran trasero que tienes, a los hombres los vuelve locos unas buenas nalgas, sin contar que eres muy hermosa. Una inocente rubia. —Me sonrojo, nunca nadie me había dicho algo así—. Te veré aquí a las ocho de la noche, te alistare para que vallas presentable al evento. ¿Entendiste? —Asiento de nuevo, un poco asustada por todo.

Ya estoy caminando de regreso al edificio después de ir por el medicamento de mi mamá a la farmacia 24/7, llego al apartamento donde verifico que ella se encuentre bien. Me alegra ver que se encuentra durmiendo tranquilamente, le pongo su medicamento en la cómoda, donde podrá tomarlo sin problema alguno.

Regresó al sillón mirando el reloj que cuelga de la pared, dormiré poco menos de cuatro horas, apenas tendré tiempo de alistarme para llegar al café. Me dispongo a descansar sin pensar demasiado en lo que estoy a punto de hacer, pienso en mi mamá pidiendo por su perdón, seguramente si supiera lo que voy a hacer la mataría del disgusto, pero prometí que solo sería una vez, solo una, después buscaré un trabajo extra y sacaré a delante mis problemas.

Me pongo el uniforme del café después de darme una despertadora ducha de agua fría, he salido muy temprano al súper, compré algunas cosas para la comida. Preparo el desayuno, unos huevos a la benedictina con salmón y un café con leche para mamá y yo, tenía que comer bien cuando la ocasión lo permitiera. Ella aún está durmiendo, así que le guardo la comida dentro del horno antes de salir.

—¡Catherine! —escuchó la voz austera de la señora Saltzman cuando sale de su apartamento.

—Aquí tiene. —Saco el sobre de la bolsa de mi chaqueta antes de que diga algo más y se lo entrego, a diferencia de lo que pensé, ella se queda boquiabierta y no dice nada. Bajo las escaleras alegremente y a pesar de que no he dormido me siento de ánimo, aún que todo ese ánimo desaparece al recordar como tengo que pagar el dinero que me dio Jessica.

Cada vez que lo recuerdo me obligo a reprimir el sentimiento de culpa, asco y decepción que siento por dentro. Sé que tarde o temprano o mejor dicho, hoy en la noche, tendre que afrontar mi realidad.

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