FLASH BACK
Hace cuatro años
Hospital de Salamanca
El embarazo de Melissa transcurrió normal y ya había dado a luz en el hospital, era un hermoso niño de tez blanca, rubio como ella y ojos azules, no tenia ningún parecido con el miserable que lo engendro.
―Mi pequeño bebe, al fin te conozco y te tengo en mis brazos, de ahora en adelante serás mi soporte en este lugar.
―Es un bebé precioso señorita Melissa.
―Es verdad. ―Sonrió.
―Su padre lo adorara en cuanto lo conozca.
―No tiene padre, murió y yo soy su única familia. ― Hablo algo enfadada.
―Lo siento, no lo sabía. ― La enfermera estaba avergonzada.
―No se preocupe, después de todo jamás quiso hacerse cargo. ―Beso al pequeño rogando que nunca fuera como el.
― Cambiando el tema. ¿Cómo le pondrás al bebé? ―Dijo la enfermera muy curiosa
―Aun no lo sé, estaba pensando en Santiago. ―Para recordar el maldito dolor que me causaste. ―Pensó, pero ese instante vino a su mente su querido padre.
―Pero pensándolo bien, se llamará Eduardo como mi padre el cual extraño demasiado. ―Le dio un pequeño beso en la frente.
Tiempo después fue dada de alta, cuando salía a la recepción vio que cerca estaba la farmaceuta y fue hasta ella con algo de temor de realizar una petición.
―Disculpe soy psicóloga y necesito saber si hay posibilidades de que me suministren un medicamento.
― Claro. ¿Tiene la orden?
―Por supuesto, es por parte de la universidad de Madrid, el profesor Ruiz.
―Si es por parte de Ruiz. no hay ningún problema, todos aquí lo conocen, nos encargamos de ayudar a sus pupilos en suministrar medicamentos para sus consultorios.
―Me agrada mucho, el profesor me recomendó, así que me gustaría comenzar con los tramites, por favor.
―Espere aquí un momento.
Recordó que en una clase el profesor les había enseñado un medicamento no reconocido para los psicólogos.
―Esto es capaz con tan solo una gota de enviar a dormir a cualquier individuo que desee. Es usado clandestinamente para los pacientes con enfermedades psiquiátricas. ―Profesor Archer.
― ¿Qué efectos deja profesor? – Melissa
―Solo que el paciente no tiene conciencia de lo que sucedió depuse del dopaje y siente como si hubiera estado teniendo relaciones.
― ¿Es eso cierto?
―Si Melissa, pero si se pasan de la dosis podrían causarle al paciente una terrible muerte.
Todos los alumnos estaban totalmente sorprendidos.
― ¿Cuánto tiempo dura su efecto? ―Melissa estaba realmente impactada.
―Más o menos entre una y dos horas, dependiendo del peso del paciente.
―Es totalmente increíble.
Jamás imagino que un medicamento de esa magnitud le serviría para algo como en lo que empezaría a trabajar, si funcionaba la salvaría de ser tocada por aquellos hombres que la codiciaban.
Mientras esperaba a que trajeran la orden médica ya su hijo recordó a cuyo profesor le había hablado de aquella sustancia y no supo cómo tuvo el valor para preguntar.
―Señorita Sandoval, aquí le traigo el encargo que me ha pedido, por favor firme con su número de profesional.
Por suerte sabía perfectamente aquello gracias a que se lo aprendió para cuando estuviera solicitando empleo no la trataran de inexperta, firmo sin tener miedo.
― ¿Cree que sea posible que me sigan suministrando este medicamento?
―Claro que sí, si es conocida del Doctor Ruiz no hay de qué preocuparse.
Meses después pasados su tiempo de dieta por el bebé, Melissa estaba en su casa relajada viendo a su pequeño bebe durmiendo y lista para ir a ese lugar.
―Ya es hora de que vaya a empezar mi venganza, nunca nadie volverá a jugar conmigo. ―Sostenía aquella pequeña botella con el contenido que consideraría su salvación.
― Démosle la bienvenida a nuestra mayor atracción, la sensual, hermosa divinidad bajada del cielo. La mujer que seguro despertara sus miradas, curiosidad, con ustedes:
” LA DIOSA SERENITY “
Melissa salió al escenario envuelta en un traje árabe, empezó a bailar muy sensual, pero sin dejar de mirar a Iván, quien hablaba con un hombre que estaba realmente interesado. Al final bajo despidiéndose de los presentes encontrándose con el rubio.
― ¿Lista? ya tengo el primer cliente. ― El miserable contaba los billetes que minutos atrás había pagado por tenerla.
― ¿Tan pronto? ― Hablo nerviosa, pero no lo demostró.
―Si querida, ve ahora mismo a la habitación del fondo. ―Saco un cigarrillo para fumarlo y arrojarle el humo.
Sin más opciones y esperando que todo saliera como lo había planeado, Melissa fue a la habitación, estaba totalmente muerta de nervios, aquel hombre la toco en cuanto la vio entrar, se sintió con miedo.
― ¿Qué sucede preciosa? ― Hablo deseoso.
―Es que primero debo tomar un poco de vino para calmarme y así poder complacerte más de lo que crees. ―Puso un dedo en su boca y la mano en su pecho con una mirada sensual.
―De acuerdo querida, tomare junto a ti si lo deseas. ―La alejo sin de dejar de verla codiciosamente.
Melissa fue al mini bar que había, saco una botella de vino con dos copas para servirlo, aprovecho que estaba quitándose la ropa y le introdujo una gota de aquel brebaje.
“Solo una gota de este en un vaso de vino hará que cualquiera se duerma en menos de cinco minutos” ― Pronuncio las palabras del profesor Ruiz.
―Y si te pasas de la cantidad podrías morir. ―Susurro mirando al tipo desnudándose.
― ¿Estas listas, mi cielo? ― El hombre estaba desesperado por su demora.
―Claro cariño, toma bébelo todo. – Brindo con el fingiendo deseo.
Aquel hombre lo bebió sin pensarlo, le sonrió, este empezó a besarla por todo su cuerpo dejando caer aquella copa al suelo, la chica le dio asco de solo sentirlo, pero debía esperar unos minutos su efecto.
― ¡Por favor hazlo! ―Melissa suplico al notar que pasaba el tiempo muy lentamente.
El hombre creyó que eran palabras para que comenzara la acción, así que la acostó en la cama boca arriba, la fue despojando poco a poco.
―Espero te encante mi cielo, porque estas muy deliciosa.
Tenía sus ojos cerrados rogando a que hiciera efecto, nada ocurrió, sus lágrimas comenzaron a salir por montones, pero ya cuando el hombre estuvo a punto de poseerla se desmayó encima, la mujer respiro aliviada de que aquello fuera real, sin embargo, le tomo el pulso para saber si estaba vivo, lo escucho roncar.
―¡Maldito infeliz! nunca seré tuya ni de nadie. ―Lo quito de su cuerpo con el mayor asco.
Se alejó de la cama tratando de quitarse su asqueroso olor.
Después de dos horas de estar en la ducha, sabía que tenía que regresar a su lado pues ya sería el momento de seguir fingiendo. Así que se desnudó y se acostó nuevamente, el hombre se levantó sintiéndola dormir.
―Hola cariño ¿te gusto lo que hicimos? ― Fingió despertar mirándolo seductoramente.
― La verdad no recuerdo mucho. ―El hombre apenas y se rascaba la cabeza.
― Seguro fue que bebiste demasiado, pero te portaste como una fiera y eso me encanto. ―Dijo tapándose con la cobija, por nada permitiría que la viera desnuda.
―¿Lo dices enserio? ― Quiso tocarla.
―Sí, eres un encanto. ― Se le acerco fingiendo coquetearle con sensualidad.
El hombre quería besarla, pero ella lo alejo con su dedo saliendo de la cama.
―Nos veremos de nuevo si deseamos cariño, nuestro tiempo acabo. ―Melissa se encerró en el baño esperando a que este saliera pronto de la habitación.
― ¡Funciono! ―Estaba feliz.
Había valido la pena todo lo que le fue enseñado en su carrera como Psicóloga, estaría protegida por aquel brebaje mientras buscaba la forma de escapar con su hijo.
FÍN FLASHBACK
:::
Melissa había decidido volver a bailar, no tener tanto contacto con los visitantes del bar ya que debía ir por más de aquel producto al hospital.
Tenía de suerte ya que Iván se había ido de viaje y si él no estaba nadie podía emprender negocios con su cuerpo.
Al estar bailando noto que alguien estaba observándola, no supo cómo lo hizo, pero se acercó hasta él, se dio cuenta que era su amigo Andrés, esto la emociono al tiempo que la puso nerviosa.
Observó hacia todos lados para que nadie se diera cuenta ya que le entregaría una nota.
Ese hombre quedó impactado, después de leer la nota, la siguió hasta el pasillo en el que nadie entraba sin autorización se encontró con ella cubierta de una fina seda en su cara.
― ¿Eres tú Melissa Sandoval? – Hablo al tomarla de la mano.
―No sé de qué hablas no te conozco. ― Se sintió nerviosa que quería escapar.
―Sé que eres tú, conozco tu letra desde que íbamos en la secundaria. ―La retuvo fuertemente.
La chica se le acercó a este muy afligida llorando, Andrés la recibió en sus brazos con demasiada alegría de finalmente encontrarse con su amiga.
―Te he estado buscando por todo el país. ―Destapo su cara viéndola llorar.
― ¿De verdad? ― Hablo con demasiada emoción.
― Sí, tus padres reciben tus cartas diciendo que no los vas a buscar más, que estas bien con tu amor. – La abrazo.
―No fui yo, jamás les he escrito cartas, no me dejan. ― Comenzó a llorar.
― ¿Entonces? ―La miro seriamente.
―Santiago me engaño, me dejo aquí, no he podido salir de esto. ― Las lágrimas de la joven no paraban.
―Entonces te ayudare, soy policía e investigador. ―Andrés seco sus lágrimas con un pañuelo.
― ¡No lo hagas, por lo que más quieras, mi hijo puede salir lastimado!
― ¿Hijo? ―Andrés estaba sorprendido.
Al día siguiente, Andrés y Melissa estaban en el parque ya que por poco y los descubren en el bar, se sintió realmente aliviada de que él estuviera acompañándola.
―Así es, ese pequeño es mi hijo. ―Melissa
― ¿Es de Santiago y tuyo? ―Andrés
―No, de ese malnacido no, es del hombre a quien me entrego. ― Melissa hablo con enojo.
―No entiendo como no ha intentado huir de allí. ―Andrés
―Créeme que lo he intentado muchas veces, pero, él siempre sabe mis movimientos. ― Melissa
―Entonces déjame ayudarte, necesito que te protejan. –Andrés
―Ya te dije que no, ese hombre es muy poderoso, podría atentar contra cualquiera que se atraviese en el camino, además por poco logro escapar hace unos días, si no hubiera sido por aquel chico. ― Melissa callo llena de nervios.
― ¿Qué chico? ―Andrés la miro dudoso.
―No me hagas caso, iré por mi pequeño ya que pronto debo volver a ese sitio.
Melissa fue por su hijo encontrándolo muy feliz jugando con alguien, ese mismo individuo que estaba rondando su cabeza en esos días.
― ¡Mami! ―El pequeño corrió hacia ella y lo recibió con alegría sin dejar de observar a Miguel muy sorprendida.
―Hola―La saludo cordialmente.
―Hola. ―Dijo nerviosa. ― ¿Qué haces aquí?
―Vino a darme la rosa para dártela mamita. ―Eduardo
La chica se quedó sorprendida mirándolo mientras este sonreía.
―Hijo, debemos volver a casa. ― Le tomo la mano a su pequeño para irse.
― ¿Te acompaño? ―Miguel se acercó.
―No gracias, estoy con un viejo amigo, él me acompañara―Melissa.
― Melissa, discúlpame, pero debo irme a investigar algo. ―Andrés llego apresurado sin saludar al presente.
―Pero...―Melissa
― Discúlpame, vendré en cuanto termine. –Andrés.
―De acuerdo. ―Melissa se despidió este se fue sin notar a Miguel.
Melissa se sentó de nuevo junto a Miguel muy seria sin decir ni media palabra.
―Creo que te estoy incomodando. ¿Verdad? –Miguel.
―Es más que eso, no nos conocemos y vienes a jugar con mi hijo dejándole flores, ¿acaso no te educaron diciéndote que no hablaras con extraños? ―Melissa dijo muy seria.
― Pues me disculpo por haber hecho semejante atrocidad mi lady, pero el que no le haya dicho mi nombre es porque no nos presentamos como debía ser ―Le tomo la mano arrodillándose y besándola―Soy Miguel Duarte.
Esto a la chica le causo algo más que nervios a su contacto, vio que en su mirada había total sinceridad.
― Mi nombre es Melissa Sandoval. ―Dijo algo ruborizada.
―Es un hermoso nombre señorita Melissa. ― Miguel le sonrió.
El sonrojo que la rubia tenia estaba tan presente, su mente comenzó a imaginar cosas.
Pero de un instante a otro Santiago regreso a sus pensamientos, se alejó su mano de este, cargo a su hijo, el chico algo confuso se fue junto a ella.
―No es necesario que me acompañe Señor Duarte.
―No es problema para mí, además deje el auto en frente de tu casa.
La chica simplemente siguió caminando, esta vez con un poco de rubor en sus mejillas, la acompaño hasta la entrada.
― Gracias por tu compañía. ―Observo hacia la calle, se dio cuenta que estaba comenzando a nevar.
― Considero que es hora que me vaya y no te moleste más. – Miguel.
―Espera, lo mejor es que te quedes, quizá debas calentarte un poco con este clima.
No supo cómo ni porque le dijo aquello, pero presintió que estando cerca estaría más tranquila que quedándose sola.
―Te lo agradezco, pero no quiero incomodarte, como dijiste somos aún somos desconocidos. –Miguel hablo titiritando de frio.
Melissa abrió la puerta permitiéndole entrar al verlo así, no soportaba observar a alguien en ese estado.
― Quizá podamos tener una conversación apropiada ¿no lo crees?
―De acuerdo.
Al entrar fue a acostar a su pequeño en la cama, arropándolo, mientras Miguel estaba observando la hermosa casa que esta tenia, lo que más le llamo su atención era la bella foto que tenía en la repisa de la sala.
― Te veías muy hermosa embarazada. – Miguel dijo tomando aquel retrato.
― Gracias, nadie me había dicho eso. – Melissa dijo llegando cerca de él.
Miguel se dio vuelta viendo como estaba ruborizado.
― No creí te tuvieras un hermoso hijo. ¿Eres casada?
― No, por desgracia el padre de mi hijo murió. ―Se dirigió a la cocina para preparar un poco de chocolate.
― Lo lamento. ―Dejo el retrato en la repisa nuevamente.
Melissa simplemente ignoro su comentario, se sentó a su lado entregándole la bebida caliente que había preparado.
―Entonces te contare de mi emocionante vida, soy un chico nacido en Madrid, tuve la fortuna de crecer en una hermosa familia, la cual siempre me ha apoyado sin importar lo loco que sea.
―Espera un momento. ¿Eres de Madrid? ―Melissa se impresiono.
―Sí, pero por los trabajos de mi padre viaje a muchos lugares distintos en todo el mundo.
―Eso explica por qué nunca te vi en la escuela ni preparatoria. ―Bebió un poco de su taza
― ¿Entonces eres de esa ciudad también?
― Si. ―Dijo un poco triste.
― ¿Acaso te sientes mal? ―Miguel.
― No es eso, solo que extraño ese lugar. ―Dejo su bebida en la mesa.
― No pienso que sea solo eso, siento que en tu mirada hay más. ―Miguel se le acerco un poco mas.
―No considero que sea lo apropiado, además de que me estabas espiando todos estos días, me enviabas esas rosas con mi hijo. ¿Dime por qué? ―Sentir su aroma la tranquilizaba al estar tan cerca de él.
― Solo quise hacerlo porque siempre te vi llorar hace unos días, aunque lo ocultaras, quisiera que me tuvieras un poco de confianza, me dijeras que es lo que te sucede. ―Miguel le tomo sus manos muy cariñosamente mirándolo a los ojos.
―No me sucede nada, te lo aseguro y ya déjame en paz. ―Melissa se soltó de sus manos, pero el chico la tomo de nuevo, la beso desesperadamente abrazándola, la rubia no sabía actuar ante tal acto, no se sentía como aquellos hombres que la tocaban, así que se dejaron llevar por un momento más, hasta que sus malos recuerdos con Iván le llegaron a su mente.
Melissa lo alejo con una cachetada fuerte, se sintió acorralada y asustada nuevamente.
― ¡Quiero que te vayas por favor!
El chico se fue muy lastimado ante sus actos, mientras ella se quedó en el sofá muy asustada llorando.
―No puedo dejar que nada me haga daño, no deseo que nadie me lastime, no quiero, no dejare que pase de nuevo. – Melissa lloraba cada vez más al revivir aquellas heridas. ― ¡Te odio totalmente a ti y todos aquellos hombres!
Miguel salió de aquel lugar, Andrés llego en ese instante viendo salir a el chico de casa de su amiga, entro a la misma escuchando a la rubia estaba totalmente asustada.
―¿Qué te sucedió?
―No es nada. ―Hablo un poco tranquila sentada en el sofá suspirando sin saber como sentirse después de aquel beso.
―Como que nada si acabo de descubrir que un tipo salió de tu casa. ―Andrés estaba mas desesperado que ella.
―Él no me hizo nada malo, fue solo que me beso y reviví momentos obscuros de mi vida, recuerdos cuando ese maldito me forzó a ser suya, todo eso me lastima nuevamente, en mi opinión jamás podré olvidarme. ―Puso sus manos en la cara con un poco de miedo.
― Melissa por favor te lo suplico déjame ayudarte a salir de este mundo, tus vales mucho junto a ese pequeño que tienes.
―No puedo Andrés, aunque me escondiera en lo más profundo de la tierra el me encontraría.
El chico abrazo muy fuerte a su amiga pensando seriamente en ayudarla, aunque sea secretamente ya que conocía al joven que estaba minutos antes con ella.
Los días trascurrieron, Melissa era otra desde que cuyo amigo Andrés estaba allí acompañándola.
―Te agradezco mucho el que estés aquí, me siento con un poco más de ánimos.
― Solo estoy haciendo lo que cualquier amigo haría. ― Pero noto que se encontraba con lágrimas en sus ojos.
―Veo que lo extrañas.
― Sí, extraño demasiado a mis padres y a Madrid.
―No me refiero a tu padre, a ese hombre que te frecuenta de vez en cuando y no has querido verlo.
― ¿Miguel Duarte? ― Dijo con rubor en sus mejillas.
―Así que ese es su nombre, muy interesante. ― Trato de hacerse el sorprendido.
―¿Por qué? ― Hablo nerviosa.
―No es nada, debo ir con unos colegas para seguir investigando algunos asuntos. ― Sonrió al saber que ella misma le había confirmado que era su viejo amigo.
―De acuerdo, por favor cuídate ¿quieres? ― Lo abrazo.
El chico había decidido ir a buscar a Miguel en donde sabía perfectamente que estaba, ya que solía necesitar sus servicios como investigador de casos.
― Hola de nuevo amigo, ¿algún otro caso que quieras darme? ― Dijo mientras leía uno de los casos que diariamente llegaban a su oficina en Salamanca.
― Sí, uno en especial llamado Melissa Sandoval. ― Se sentó mirándolo.
― ¿Acaso la conoces? ― Dejo su lectura mirándolo sorprendido.
― Es una vieja amiga de la secundaria, sé que la conoces porque te vi salir de su casa días atrás.
―La verdad es que estoy realmente preocupado por ella desde ese día, siento que me está evadiendo y no quiero que siga así.
― Si eres mi amigo dime ¿Qué es lo que sientes por ella? ― Se recostó en el espaldar de su silla.
― La verdad es que desde aquel día en que la vi, por poco la lastimo, mi corazón no ha parado de suplicar querer estar a su lado, de sentir que debo protegerla, de amarla con todas mis fuerzas. ― Suspiro para después sonreírle.
―Creí que era solo por su atractivo. ― Noto le hablaba con sinceridad.
― No, ella me cautivo desde un principio, más ese aspecto de esquivarme siempre, cuando sé que siento que me quiere, por eso la bese, no sé qué le sucedió. ― Dijo preocupado.
― Si quieres ayudarla, te llevare a un sitio y sabrás por qué se siente así.
― Gracias amigo.
― Pero solo no te presentes ante ella ni le digas que te dije estas cosas.
Andrés debía actuar ante la negativa de su amiga, eso implicaba a su mejor amigo se enterara de toda aquella verdad que por miedo le estaba ocultando. Necesitaba un respaldo para lograr sacarla, si Miguel se notaba realmente enamorado como decía, entendería todo cuando se lo contara en aquel sitio.
Miguel llego al lugar con Andrés, algo un poco confundido al darse cuenta que era un sitio de mala reputación.
― ¿Estás seguro que este es el lugar?
― Sí, prométeme que no harás algo tonto por favor y no te arrepentirás de lo que me dijiste sobre ella. ― Andrés
― De acuerdo, lo prometo. ― Entraron en ese momento al bar, Miguel desde lejos pudo divisar a la chica bailando.
― ¿Es ella? ― Estaba estupefacto al verla casi desnuda en ese traje que tenia puesto.
― Así es. ―Andrés noto furia en el.
― ¿Pero. ¿Cómo está aquí en un lugar tan detestable? ― No podía creer que esa misma chica fuera quien días atrás estaba a su lado.
― Por favor no la juzgues tan duramente, no sabes lo que ha sido para ella. ―Andrés entendía el enojo que ahora tenia su amigo.
― ¿A qué te refieres? ―Miguel esperaba una respuesta de inmediato ante aquella frustración que ahora sentía.
Fueron a una de las mesas sin que el chico dejara de observar los candentes movimientos de la chica en el escenario para todos los clientes de ese lugar, de alguna manera sentía celos.
― Desde hace cinco años está atrapada aquí, tratando de escapar para volver a su casa y recuperar su dignidad. Estuvo a punto de irse lejos el día que tu la encontraste.
― ¡Por favor dime que fue lo que le sucedió! ― Se sentía con rabia.
― Su maldito exnovio la engaño trayéndola aquí.
― ¿Qué estás diciendo? ― Golpeo la mesa, estaba muy furioso.
― Como lo oyes, ella quedo embarazada de el hombre dueño de este lugar, un malnacido que la tiene amenazada con matar a su hijo.
― ¡Miserable! ― Se levantó de la mesa, Andrés lo siguió.
― ¿Qué pretendes? ― Lo detuvo.
―Voy a rescatarla, no quiero que siga en este maldito lugar. ― Lo hizo a un lado, realmente estaba muerto de celos.
― ¡No lo hagas! si se entera que tú sabes, puede que nunca más quiera vernos a los dos. ― Lo retuvo de nuevo.
― ¿Enserio? ― Miguel la diviso de nuevo llorando.
― Melissa es muy caprichosa, si quieres ganarte su amistad y confianza debes tratarla calmadamente, sin sorpresas amigo, ella ha sufrido mucho.
― ¡Lo sé! ahora comprendo todo su miedo después que la bese. ―Miguel se sentía demasiado incapaz tras enterarse de su verdadera realidad. ― Deberíamos crear un plan para sacarla de aquí. Tú tienes tus contactos, yo la ayudare jurídicamente para que todos los malditos que la lastimaron paguen.
―Es buena idea, pero ahora debemos irnos. ―Andrés se sentía feliz al saber que estaba dispuesto a todo por ella.
― No, quiero verla de cerca, hablar con ella. ―Miguel insistió una vez mas.
― No es seguro, la conozco mejor que nadie Miguel, no querrás verla así.
― Te lo suplico.
―Ideare un plan para que ella no corra peligro. ―Andrés insistió por ultima vez.
―Bien, me convenciste.
Al día siguiente el chico llego a casa de Melissa con un lindo ramo de rosas impresionándola.
― ¿Miguel que haces aquí?
―Vine a disculparme por mi mal comportamiento del otro día. ― Le entrego el ramo.
― No importa, seguro debes ser así con todas las mujeres. ― Esta lo tomo dándose vuelta ocultando su sonrojo sintiendo el aroma de las rosas.
― No es cierto, nunca una mujer me había parecido tan hermosa como tú. ― Cerro sus ojos confesando todo aquello con emoción.
― No sigas con eso por favor. ― Melissa estaba ruborizada.
―Pero si lo digo en serio, tú eres tan especial que mi corazón está pidiéndome a gritos estar junto a ti. ― Trato de acercarse.
― No digas esos disparates por favor, prometí no abrir mi corazón a nadie después de que me lastimaron. ― No permitió que este la tocara, se alejó cruzándose de brazos nerviosa.
―Te entiendo, quiero que tú también entiendas que, sin importar las cosas, estaré a tu lado para cuidarte, solo deseo eso Melissa, que me tengas confianza.
― Miguel, lo que dices es muy lindo de tu parte, pero no me siento preparada para confiar en alguien como tú, sé que si rompes la confianza es muy difícil recuperarla.
―Te prometo que eso no nos sucederá. ― Puso sus manos en los hombros de la rubia haciendo que lo viera a los ojos.
― Bien entonces te diré que soy de Madrid, termine hace cinco años mi carrera de psicología, pero por desgracia no pude ejercer mi profesión, he tenido varios inconvenientes que me lo han impedido. ― Dijo tranquilamente ante su contacto.
― Es una carrera muy conveniente. ― Le sonrió.
― Sí, fui el mejor promedio de toda mi generación, el deseo de querer ayudar a los demás con sus problemas es algo que me apasiona, siempre he sentido que debo ser útil para la sociedad. ― Su mirada se tornó triste.
― ¿Pero y tus problemas no se han solucionado?
―Creo que nunca podre. ― Una lagrima broto separándose.
Miguel sintió tanto dolor de verla, quería decirle muchas cosas, pero al tiempo sabía que debía callar hasta encontrar una forma de eliminar esos malos momentos de su vida.
Se acercó a ella, la abrazo queriendo llorar, Melissa sentía una paz al contacto, era una tranquilidad que no tenía en años. Al rato lo acompaño hasta la entrada.
― ¿Quiere salir conmigo mañana?
― ¿A dónde?
― A un lugar con muy hermosa vista, sé que te encantara y a tu hijo también, tiene un lindo paisaje rodeado del mar.
― Si es tanta tu insistencia, iré. –Suspiro convencida.
― Gracias por eso, entonces vendré por ti a las 3 pm. – Le tomo la mano besándola.
― Claro.
El chico se fue, ella estaba más que sorprendida con la actitud de este, su corazón sentía que había algo distinto a todos.
― No sé qué puede ser, pero seré precavida. ― Puso su mano en su pecho donde su corazón latía demasiado, era algo agradable.
Miguel recibió una llamada de su amigo Andrés para reunirse con él para coordinar lo que harían.
― Fui a verla, me conto su sueño, su carrera, siento que está destruida por dentro.
― Te dije que ella es una chica frágil con todo lo que está pasando.
― Lo sé, no soporto verla así.
― Ten paciencia hermano, ya verás que podremos sacarla de ese sitio, por eso te llame, este sujeto es Santiago, es la mente maestra de una organización que se encarga de seducir a cualquier mujer y enamorarlas, se han registrado varias desapariciones en todo Madrid, muchas más en el resto de Europa. Además, tiene su expediente lleno de tráfico de drogas y demás.
― ¡Es un malnacido!
Andrés le había entregado todo lo relacionado con aquellos sujetos que tenían amenazada a Melissa y a su hijo, debían actuar con cautela.
Al dia siguiente Melissa ya se encontraba en su casa arreglándose para ir con Miguel y su hijo a ese lindo lugar al cual la había invitado, cuando aquel hombre llego sorprendiéndola, desesperado tocándola y seduciéndola.
― ¡Suéltame por favor! – Grito al sentir sus manos en su cuerpo.
― ¡He esperado tanto tiempo este momento, ya es justo que seas mía Melissa! –Santiago le susurro desesperado.
― ¿Santiago eres tú? ― Hablo atemorizada, no era el mismo chico de antes, su apariencia era muy diferente.
― Creí que me habías olvidado mi amor. ― Estaba deseoso por poseerla.
― ¡Nunca fui tu amor, jamás lo seré, ni de ti ni de nadie, vete o te lastimo! ― Grito tratando de alejarlo de su cuerpo.
El hombre la tomo del cuello lastimándola, lo lamio quitando aquella toalla que la dejo desnuda por completo.
― No me iré de aquí sin que me des aquello que le has dado a todos aquellos hombres que van con Iván. ―Realmente no era aquel chico.
― Tú me lastimaste Santiago, yo te amaba. ― Comenzó a llorar al contemplar como la trataba.
― Es una pena que yo no lo hiciera cariño, solo quería probarte aquella noche, pero me lo negaste por miedo. ―La lanzo a la cama aprisionándola con todo su cuerpo. ―Al fin serás mía.
Melissa no reconocía a este chico, ya no era el hombre que la enamoro años atrás, sentía rabia por haber sido tan idiota.
Miguel escucho gritos apenas llego a puerta y como pudo entro, la vio llorando con aquel hombre sobre ella.
― ¡Maldito infeliz déjala! ― Miguel lo tomo del cuello, lo apuñaleo con todas sus fuerzas hasta dejarlo inconsciente, Melissa corrió a sus brazos muy asustada.
― ¿Estás bien? ― Miguel le puso una toalla para tapar su desnudez.
― Sí, gracias, si no hubieras llegado no sé qué me hubiera hecho. ― Melissa se sintió intimida ante el por estar en paños menores.
― Tranquila todo estará bien. ―Respiro tomando aire después de golpear aquel hombre.
Fueron a la habitación de su hijo después de colocarse ropa, se marcharon de aquel lugar. Se detuvieron en una estación a comer algo, en eso Melissa aprovecho para llamar.
―Por fortuna estas bien. ― Andrés se sintió aliviado que nada le pasara a su amiga.
―Si Andrés, Miguel me ayudo. ― Melissa
― Considero que lo mejor es que vayas con él a su casa. ― Andrés
― No, debo regresar a ese sitio. ― Melissa dijo con nervios
― Pero corres peligro. ―Andrés hablo preocupado.
―Tú y él también lo corren si yo no regreso a ese lugar.
― Melissa no seas terca por favor.
― Solo estoy siendo realista, la vida de todos los que amo dependen de que yo siga en ese lugar.
Melissa colgó, Andrés quedo desconcertado ante la terquedad de su amiga y se comunicó de inmediato con el chico contándole la decisión de la chica.
― Miguel por nada del mundo dejes que Melissa se vaya de tu casa.
―De acuerdo lo intentare.
Al llegar a casa de Miguel, se sentía tranquila, el pequeño estaba jugando por todo el lugar como si nada.
― Esta será tu habitación.
― Gracias, perdón por todo esto que te estoy haciendo pasar, hoy saldríamos a ese lindo lugar y mira como estamos…
― Pero si no hemos perdido la oportunidad de ir a ese lugar. Te dije que era cerca al mar y está aquí mismo. ― Miguel sonrió al notar que estaba triste por aquella frustrada cita.
― ¿Qué? ― Melissa
― Ven, te llevare al patio. ― Miguel le tomo la mano llevándola hasta la entrada de la sala, observo aquel lindo lugar que le había dicho. Estaba lleno de flores y el hermoso mar se veía al fondo.
― Es un lugar muy hermoso.
― Solo las más hermosas flores crecen en este lugar, también la única chica linda que conozco merece verlas.
Melissa estaba ruborizada con aquel halago.
― ¿Quieres ir? ― Miguel
―Si. ― Melissa estaba feliz
En cuanto salieron vieron que el pequeño estaba allí muy feliz atrapando mariposas, siendo un niño como siempre. El atardecer llego con un hermoso paisaje que dejo impresionada a la rubia. Miguel se sentó a su lado abrazándola, ella lo miro muy sonriente con eso se sintió tan alegre que le tomo su mano sin miedos.
Miguel, Melissa y su hijo compartían un agradable momento en la cocina de su casa, cuando noto que ya era un poco tarde.
― Creo que iré a descansar. ― Melissa dijo al observar a su hijo ya dormido.
― Que tengas una linda noche. ― Miguel.
Melissa llevo a la habitación a su hijo recostándolo en la cama.
― Si te quedas aquí, sé que él te protegerá mi cielo.
Descanso un poco y espero a que Miguel apagara las luces para irse, sin darse cuenta que este la había visto salir.
― Se marchó y no pude detenerla. ― Llamo a Andrés al verla alejarse.
― Entonces hagámoslo hoy― Andrés ya tenía todo listo para dar fin a la pesadilla de aquella mujer.
::
Santiago llego a la oficina del bar donde Iván tenía prisionera a Melissa, estaba mal herido por los golpes de Miguel
― ¿Qué te paso? ¿Otro pleito con algún cliente?
― ¡Querrás decir un golpe del nuevo enamorado de Melissa!
― ¿Qué estas queriendo decir?
― Después de cerrar nuestro trato, fui a verla y estuve por hacerla mía, pero alguien llego, me golpeo a tal punto que me dejo inconsciente. ―Se sobo la cabeza con hielo.
― ¿Eso quiere decir que se la llevaron? ¡maldita sea!
Iban estaba demasiado enfadado, era capaz de matar a quien se atreviera a tocar su mercancía.
Melissa llego como si nada hubiera ocurrido, fue a su camerino a vestirse, bailo por una hora, fue cuando Iván la mando a llamar a su lado para que le aclarará lo sucedido con Santiago.
― ¿Ahora que sucede? ― Dijo algo malhumorada.
― Tu exnovio vino a verme, dijo que lo recibiste a golpes de algún amigo tuyo que te frecuenta. ― Ivan
― ¿Amigo? ¿Acaso le creíste a ese miserable traidor? ― Se burló cruzando los brazos.
― No estés jugando conmigo, nadie más que yo soy el dueño de tu cuerpo, el único que puede usarte como lo que desee. ― Le tomo fuerte de la muñeca muy enojado.
― ¡Pues olvídate de eso! ― Melissa lo miro retándolo.
― Hoy no puedo hacerlo ya que viene un notable hombre de negocios y quiere verte. ― La soltó.
― ¡No me acostare con nadie si es lo que pretendes! ― Melissa se frustro.
Afuera del bar había un auto muy elegante vigilando ese lugar.
― ¿Estás listo para empezar? ― Andrés.
― Si, ¿tú crees que se creyeron todo? ― Miguel
― En cuanto les dije que era por parte del apellido Duarte no lo dudaron, parece que es muy prestigioso. ― Andrés.
― Espero que Melissa no me mate por esto. ― Miguel
Ambos llegaron y no la vieron bailando sino discutiendo con su supuesto dueño.
― No olvides que ya eres más que una cualquiera, todos te llaman “la devora hombres” has tenido a muchos es tu cama. ― Iván decía mientras jugaba con varios hombres en la mesa.
Miguel y Andrés se acercaron precisamente cuando la chica le lanzo una copa de vino en la cara.
Por suerte para la rubia estaba tapada con un antifaz, intento escapar, pero se tropezó con el chico y su amigo, esto la confundió más.
―Señores es un placer tenerlos aquí. ― Iván se levantó de la mesa.
― Gracias, esta debe ser la mujer de la que tanto me han hablado. ― Miguel miro a la chica que simplemente se quedó observándolo asustada.
― Así es, es nuestra mayor atracción. –Iván rio.
― ¿No estaría mal si me hace un privado? Le pagare muy bien. ― Dijo sin dejar de mirarla.
― Lo que guste Señor Duarte, están todas a su disposición. ― Iván se sentía satisfecho.
― Solo deseo a esta por favor, quiero saber que tan buena es como me lo han dicho. –Miguel.
― Anda hermano, yo hoy invito por ser tu cumpleaños. ― Andrés
¿Cómo era posible? No podía creer que Andrés, su mejor amigo estuviera chantajeándole la vida a un hombre que al parecer era un mujeriego pervertido.
Melissa entro con él a la habitación, se sentía muy asustada, más sabiendo que era aquel chico que la tenía loca de amor, la había decepcionando del todo con esta nueva faceta que recién conocía.
― Tranquila, no hace nada que no quieras que haga. ― Miguel permitió que se alejara.
― Pensé que eras distinto a todos los hombres asquerosos que vienen aquí. ― Melissa tenia nervios y frustración.
― ¿Por qué lo dices? ― Miguel sintió su enojo.
― No creí que fueras capaz de esto, después que me dijeras que me amabas. ― Melissa por dentro estaba muriendo con el corazón destrozado.
― No podría amar a nadie más que a ti Melissa Sandoval y eso lo tienes presente en tu corazón. ― Se acercó a sus hombros volteándola.
― Pero no sé qué es lo que estás diciendo. ― Nuevamente se dio la vuelta para no mirarlo.
― Claro que lo sé y tú también Melissa.
La chica se dio la vuelta, este comenzó a quitarle el velo de su cara.
― Sé que eres mi Melissa.
Miguel se acercó para besarla siendo correspondido por ella, solo que por muy poco tiempo.
― No hagas esto por favor, no soy nada para ti, al igual que no lo fui para Santiago ni Iván. ― Se alejó solo un poco porque el chico no se lo permitía.
― Solo déjame demostrarte que te amo, sé que has sufrido mucho estando aquí sin tu consentimiento. ― Miguel la abrazo.
― ¿Cómo lo sabes? ― Estaba sorprendida y lo miro.
― Andrés me dijo todo. ― Acaricio su mejilla limpiando una lagrima que caía.
― ¿Ustedes se conocen? –La chica aun sorprendida pregunto.
― Desde hace varios años atrás. De hecho, si todo sale bien podrás salir de aquí en un rato. ― Miguel nuevamente la llevo a su pecho.
― No, ¿Qué están haciendo? ― Melissa comenzó a desesperarse.
Santiago entro a la habitación, se dio cuenta que allí se encontraba el hombre que lo había golpeado, de inmediato tomo la mano de la chica arrastrándola hasta el lugar donde estaba Iván , Miguel los siguió.
― ¡Te lo dije! ella está revolcándose con alguien y es el tipo con el que estaba en la habitación. ― Santiago arrojándola frente a él.
― ¿Qué? ¿Es cierto? ― Iban la tomo del cabello halándola muy fuerte, lastimándola.
― Si, ¿algún problema en que este conmigo? ― Miguel lo enfrento sin miedo.
Aquel sujeto no dudo en disparar, fue cuando Andrés dio la orden a sus agentes. Melissa se soltó de Ivan, ya que la policía lo retuvo, fue a revisar al chico tirado en el piso muy mal herido, Santiago también fue atrapado al intentar escapar.
― ¡Miguel, por favor no te vayas! ¡no te mueras! ― Melissa estaba hecha un mar de lagrimas.
―Tranquila Melissa. ― Andrés la protegía de cualquier acto que cometieran.
― Como voy a estar tranquila si lo han matado por mi culpa. ― Tomo la mano de Miguel muerta de nervios.
― Por favor cálmate, lo llevaremos a un hospital en este momento. ― Andrés la abrazo.
Su pesadilla había terminado, pero su miedo de perderlo le causaba más angustia ahora.