Capítulo 2

América

Me remuevo en mi cama por el dolor de cabeza que me produce la resaca, siento las manos suaves de Larissa que me rodean la cintura. Típico de ella cada que se queda a dormir conmigo, no me deja ni respirar, está chica tiene una manía de dormir abrazando a alguien o algo. En su casa tiene un oso gigante con quien duerme todas las noches, hay veces pienso que tiene intimidad con él.

Estoy en el baño cepillándome los dientes, me veo en el espejo, realmente soy muy hermosa, que lastima que no pueda disfrutar de mi sexualidad como cualquier otra chica. Bárbara es mala, siempre ha sido cortante, simple y fría conmigo, pero jamás imaginé que me vendería, ella siempre me trató cortante, pero nunca me ha negado algo. Tengo amigos, teléfono último modelo. Cualquiera que me mira piensa que soy una chica normal y muy mimada, que no estaría muy lejos de la realidad ya que me han dado todo y mi vida era normal hasta que llegó este viejo ofreciendo a Bárbara mucho dinero por mí, tal como si de un objeto se tratara.

Veo como una lágrima corre por mi mejilla y la secó inmediatamente. Termino de cepillarme y me meto a la ducha, dejo caer sobre mi cabeza agua muy fría, ya que esto ayuda mucho a quitar el dolor de cabeza.

Recuerdo a mi madre. Dora, ella era tan buena gente y buena madre, mis ojos la miraron noche tras noche orar a Dios para que nunca nos faltara el alimento diario. Ella trabajaba de sol a sol costurando ropa para que nada me faltara, al menos que no me faltara lo indispensable. Unas cuantas lágrimas corren por mis mejillas al recordar su trágica muerte.

—¿Sabes porque te llamas América? —recuerdo que mi madre me acariciaba el cabello.

Estábamos sentadas ambas mirando la tele, yo aún era muy pequeña tanto que apenas lo recuerdo.

—No mami. ¿Por qué me llamo América?

—Porque eres fuerte; eres muy parecida al continente.

—¿Cómo es el continente? —le pregunte con curiosidad e inocencia.

—Pequeño pero rico en muchas cosas y sobre todo en fauna, Flora, y no está contaminado. Así eres tú; eres lo más puro que hay en la tierra. Te amo, eres lo mejor que me ha pasado —mi madre empezó a toser y a faltarle la respiración—. Acompáñame al hospital no me siento bien —dijo mi madre, yo era muy pequeño pero jamás olvidaría ese día.

Llevaba tiempo sintiéndose mal, pero por falta de dinero nunca fue al médico. Ese día tomamos las llaves y su bolso para salir a buscar un taxi, se miraba bastante mal y siendo yo tan pequeña no le podía ayudar en nada. Ella salió primero a buscar taxi y yo me quedé pasándole el seguro a la puerta. Mis oídos solo escucharon un frenazo y el claxon de un auto; cuando volteé mire a mi madre tendida en el pavimento; era un charco de sangre y su cabeza estaba hecha pedazos; mire su cerebro a un lado de su cráneo.

Sentí un mareo y ganas de vomitar, no llore solo sentí que mi cabeza daba vueltas y un zumbido en mis oídos hasta que empecé a ver el cielo y lo miré que iba oscureciendo como cuando esta por amanecer y de ahí no supe más.

Desperté en un hospital, al lado mío estaba una mujer muy bella de traje como los que hacía mi mamá y en eso comencé a procesar todo el suceso, procese la escena más horrible de mi vida.

—No, mamá, mamita, no —gritaba con la esperanza de que me escuchara, en mi corazón tenía la fe que ella me escucharía y que no moriría—. Mama, quiero ver a mi mamita —la mujer se acercó y me abrazó pero no había ningún gesto cariñoso que calmara mi dolor, aun me duele, aun me baño con agua fría para congelar el dolor.

—Mi amor, tu mami está cuidándote desde el cielo, pero no te sientas sola aquí estoy yo. Te voy a cuidar; prometo cuidarte, lo juro.

—No, yo quiero a mi mamá, por favor —dije entre hipidos—. Te suplico —junté mis manitos—, que me lleves con mi mamá —a pesar de todo, sentía que mi mamá estaba viva pero solo era mi mente que se negaba a aceptar la realidad.

Fue duro tanto que estoy en la ducha llorando. Así fue como termine en un orfanato, la mujer que me acompañaba aquel día en el hospital era una trabajadora social, quien cumplió con lo que dijo; me cuido hasta que fui adoptada y durante los primero dos años, venía a verme y me preguntaba cómo estaba. Obvio le decía que me encontraba muy bien, nunca estuve mal hasta hoy, y la buscaría pero lamentablemente la despidieron y tuvo que irse a Colombia, su país de origen.

—Apúrate que me estoy miando —grita Larissa. Termino mi baño y salga envuelta en un albornoz—. ¿Amiga estabas llorando? —pregunta mi amiga ya que tengo los ojos un poco rojos.

—No es nada —me quito el albornoz y empiezo a vestirme. Nunca he sentido pena de estar desnuda frente a una mujer ya que pienso que tenemos lo mismo, no hay que esconder.

Bajo a desayunar; ya Bárbara está en la mesa y mi hermano también, él no vive aquí pero desde que mi madre me prometió en matrimonio ha estado más al pendiente. Larissa decidió irse sin desayunar ya que él papá la llamo varias veces para que se fuera.

—Oliver —corro hasta él  y lo abrazo.

—¿Cómo va tú resaca? —me besa la frente y me corre la silla para que me siente al lado de él.

—Solo un poco de dolor de cabeza.

—Buenos días —habla Bárbara—. Estoy pintada que no saludas niña malcriada.

—Buenos días, mamá.

—Ya, ya, no me interesa que me hables o no —se lleva un trozo de melón a la boca—; hoy vendrá tu novio a verte, quiere salir contigo —automáticamente se me acaba de quitar el hambre, creo que voy a vomitar.

—No —contestó tranquilamente llevando mi taza de café a la boca que es lo único que me quita el asco.

—No ¿qué? —mi madre suena molesta.

—Para ti soy un producto ¿cierto? Y hasta que ese hombre no me compre, no puede usarme, no saldré con él —me levanto de la silla y corro a mi habitación a llorar. Gracias a Dios Larissa decidió irse sin desayunar, no me gusta que ella me vea así, tan destruida y débil, porque le duele, hay veces termina llorando junto conmigo, pero ella llora de la impotencia de no poder ayudarme.

Oliver

Veo como mi hermanita sale corriendo y llorando a su habitación, hambre ya no tengo pero aun así hago un esfuerzo por ingerir frutas ya que me espera un día largo y muy cansado en la empresa.

—Sabes, Bárbara —la veo al otro extremo de la mesa comer como si nada—, estas yendo muy lejos con esto, deja tus torturas para otros, pero no para mí hermana. Si me doy cuenta que la obligas a salir con ese viejo, no respondo —iba a contestarme algo pero me levanto y voy a la habitación de América.

—Hermanita —me acerco y está boca bajo llorando. Le masajeo la espalda—. Kelly me ha dado una idea que no me gusta pero es la única salida a todo esto —voltea y se seca las lágrimas.

—¿Qué? —pregunta y se sienta en la cama—. Lo que sea es mejor que casarme con ese viejo.

—Vendamos tu virginidad, esa fue lo que se le corrió a mi novia, al principio me pareció cínico pero creo que es una opción, se le paga a Bárbara y te vas a vivir conmigo —ella se queda pensando un rato algo indecisa.

—Ya lo había pensado, pero si vendo mi Virginidad y le doy el dinero a Bárbara y me voy contigo, ella puede ir a sacarme de tu casa, recuerda que aunque sea mayor de edad, no estoy emancipada, la única forma es salir casada —se suena la nariz con una blusa de algodón color rosa y vuelve su mirada a mí.

—Entonces, ofreceré tu virginidad a cambio del dinero de Bárbara y de un matrimonio por un año, es mejor que te cases con otro que con ese viejo asqueroso.

—Cualquiera es mejor que Vladimir —me dice y yo la abrazó, ella llora otra vez, está muy sensible y es de comprender—, está bien; entonces desde hoy, "se vende virginidad".

—Tranquila, te buscaré un buen partido y buscaré la manera de que te tenga paciencia y cariño.

"Siempre he pensado de que por más feo y viejo que sea alguien, si tiene unos buenos modales, es atento, amable, entre otras cualidades como persona, siempre se verá más atractivo que alguien, que físicamente sea más presentable pero vulgar".

—Ningún hombre me va a respetar después de comprarme pero no importa, a cómo te decía, cualquiera es mejor que el viejo verde.

Estoy en mi oficina pensando en cómo salvar de ésta, a mi hermana que no me he concentrado en los papeles que tengo en mi mano. No tengo ni la más mínima idea a quien le voy a ofrecer la Virginidad de mi hermana, suena tan cínico y enfermo. Recuerdo que tengo una cena con mi único socio y amigo, así que me levanto de mi escritorio y salgo de mi empresa.

—Amigo —se levanta de la mesa Nathan—, llegas tarde —me da un abrazo y unas palmadas en la espalda. Es el saludo que tenemos.

—Pensando en cómo solucionar un gran problema que implica a mi madre y mi hermana —se me sale un suspiro de frustración.

—Pedí pasta para ambos —dice mi amigo mientras se me acerca un joven a servirme vino.

—Perfecto.

—Mira —me interrumpe mi amigo—, él dinero es indispensable por ende el trabajo también, pero soy tu amigo. Cuéntame, quizá yo pueda ayudar.

—Pues... —dejó salir otro suspiro frustrado—, mi madre quiere vender a mi hermana, con un viejo asqueroso —le cuento todo con detalles.

—¡Dios mío! Suena mal pero míralo por el lado bueno, tu hermana va a estar en una buena posición económica y cuando se divorcie de ese señor, seguro el juez le concede dinero si ella lo pide, aparte, las jovencitas se mal gastan con niñitos que no le dan ni para el jabón. Esa es mi manera de pensar, respeto la tuya —nunca esperé esta respuesta de parte de mi amigo y aún que sé que tiene algo de razón, no puedo permitir que se case con ese viejo.

—Pues el problema es que el viejo de verdad da mucho asco. Es gordo y muy feo —arrugó la cara—; pero se nos ha ocurrido una idea.

—Dime —me termino mi copa de vino y mi amigo me sirve otra.

—Vender su virginidad a cambio del dinero para Bárbara y de un matrimonio por un año —veo como Nathan abre los ojos.

—Pues esa es una buena idea, el problema está en que yo dudo que alguien quiera hacer este tipo de tratos. Lo primero que querrán es, solo su virginidad no un matrimonio.

—Tienes razón,  no sé qué hacer.

El resto de la cena hablamos de negocios, mi amigo va a invertir nueve millones de dólar en mi proyecto, lo que nos dejara con buenas ganancias a ambos.

Nathan

Llego a mi casa cansado, veo a mi hijo dormido en el sofá de la sala y un papel en el pecho que dice: “te estaba esperando, despiértame” no puedo evitar reír. Agarro el papel y se lo retiro.

—Jader, hijo mío —le llamo suavemente para no asustarlo.

—Papá, llegas tarde —dice medio dormido mientras se levanta del sillón.

—Estaba en una reunión con Oliver y sabes que es mi amigo, me estaba comentando sobre un problema que tiene y tu ¿qué haces esperándome?

—Justamente de Oliver y su hermana te quiero hablar —veo que mi hijo se despierta un poco más y me mira a los ojos.

—Me dijiste que me darías un auto para fin de año, pues en lugar del auto quiero a la chica —casi me atragantó con mi propia saliva, ¡mi hijo está loco! Es joven, no tiene por qué andar comprando mujeres.

—¡Estás loco!

—Papá —me interrumpe—, esa chica me gusta y es una buena chica, si vieras el viejo que quiere compararla, esta de asco.

Suspiro profundo, se todo lo que le dije a mi amigo pero se lo dije para no verlo tan mal y hacerlo ver el lado bueno pero no estoy de acuerdo en tratar a una persona como mercancía. Yo tengo dinero bien podría darle a Bárbara lo que quiere, el problema es de que quieren un matrimonio, porque esa mala mujer con dinero en mano y responsable de la niña, podría venderla sin importar que ya se le dio dinero y lo único que la salvaría es un matrimonio y eso si esta feo.

—Papá, de verdad ese señor da asco —continua mi hijo con cara de asco—; ella es tan bella, si la conocieras. Es lo más hermoso que Dios ha creado.

—¿Te gusta?

—Si papá y mucho —contesta emocionado.

—Y tú a ella ¿le gustas? —él da un asentimiento de cabeza algo suspicaz.

—No lo sé papá pero si sé que va a querer mil veces estar conmigo que con ese viejo, aparte de que yo nunca he estado con una virgen, solo quiero su virginidad y luego que haga lo que ella quiera.

—Déjame pensarlo —me levanto del sillón y masajeo mis sienes—; hablamos mañana, por lo que tengo entendido tenemos unos días para pensarlo —lo dejo ahí en la sala y yo voy a mi cuarto.

Me doy un rápido baño y me acuesto completamente desnudo, después de un día largo y cansado no hay nada mejor que dormir. Espero que el proyecto de Oliver de frutos. Mañana iré a conocer a esa chica. Hablar con ella y hablar con Bárbara y Oliver. Pobre chica, tengo mucho dinero y si con eso voy salvar a una jovencita de ese infierno, lo hare aún más, tratándose de la hermana de un buen amigo.

América

—¿Vamos al centro comercial? —me pide Mara, una de mis amigas.

—No puedo. Bárbara me llamó y me dijo que en cuanto saliera de clases me fuera para la casa —le contestó resignada a salir con Vladimir.

—Maldita viejo —reniega Larissa—. ¿Por qué tienes que ser tan obediente?

—Si me pongo desobediente voy a sufrir el doble de lo que ya sufro. Lo único que hago es minimizar mi fuego.

—Hay que matar a Bárbara —añade William quien es un súper amigo. Todos nos pusimos a reír ya que lo dijo tan serio que pareció verdad.

—Si pudiera, ya lo hubiera hecho —le respondo después de un suspiro frustrado.

Llegó a la casa y encuentro a mi hermano, Bárbara y un señor que no conozco; están sentados en la sala de estar y me queda mirando como si me estuvieran esperando.

—Hola —saludo suspicaz.

—Ven, me llama Bárbara mientras mi hermano se levanta; me da un beso en la mejilla y un abrazo. Oliver me invita a sentarme y me guiña un ojo.

—Sabes querida, que estamos pasando por una situación crítica —habla Bárbara haciéndose la buena—; él es Nathan y se quiere casar contigo. Yo ya le di mi palabra a Vladimir pero el señor ofrece más.

Escuchar hablar así a Bárbara me dolió, todo esto aún sigue doliendo. Para ella soy un producto y se queda conmigo quien ofrece más. Reparo al otro viejo verde, igual tiene cara de cínico pero claro que es mucho mejor que Vladimir. Este es delgado, mulato; cabello negro; ojos negros y cara fina. Lo único que me gusta es su tono de piel. No está guapo pero si esto fue lo único que Oliver pudo conseguir, me conformo ¡ya que! Si me pongo exigente, terminaré con un viejo gordo encima de mí.

—Supongo que está pensando que eres para mí, no, eres para mi hijo. Lo conociste en la fiesta de tus diecisiete, mi hijo es Jader —habla como si leyera mis pensamientos.

Eso sí que no me lo esperaba, pues el chico que conocí no es mi tipo pero no es feo. Creo que Dios escuchó mis plegarias, no puedo evitar sonreír como el gato de Alicia en el país de las maravillas.

Nathan

Cuando mire entrar a América a la casa supe porque mi hijo está tan loco por esa joven, realmente es atractiva. Esos labios carnosos dan ganas de morderlos, su cuerpo grita lujuria, yo aquí pensando como un completo pedófilo. Nunca he estado con una joven menor que yo y no pienso cambiar eso, siempre dije que no sería un viejo verde cuando llegara a esta edad.

Cuando le dije a Oliver de comprar a su hermana, no paraba de darme las gracias, realmente está feliz de que su hermana no se fuera a casa con el tan mencionado Vladimir. Oliver y yo quedamos en que seré yo el que me casé, ya que mi hijo está muy joven y no quiere casarse, yo accedí para ayudar a mi amigo, nunca lo hice con otras intenciones; también acordamos que mi hijo la va a respetar hasta que ella se sienta preparada para dar el siguiente paso, mientras tanto, ella no puede tener novio hasta que se divorcie de mí, en cambio mi hijo si puede tener cuantas relaciones le vengan en gana y en el caso mío es obvio que si me sale la oportunidad de estar con alguien no la voy a desaprovechar ya que esta joven es para mi hijo no para mí.

Capítulo 3

Narrador omnisciente

Bárbara no sabía a qué hora se endeudó tanto y ahora solo el matrimonio de su hija podía salvarla. No había nada más importante que su vida llena de lujos y dinero. El grave problema que tenía Barbara en ese momento era que estaba de camino a casa de su amigo Vladimir, para decirle que ya no le venderá a América pero eso no era lo peor, lo peor sería cuando su amigo supiera que no se la vendería a él, por dársela a otro.

—Hola —saluda Bárbara al entrar a la casa de Vladimir—, tengo una cita con el señor Vladimir —le informo a la muchacha de servicio.

—Claro —la joven le sonrió—, la está esperando en su despacho. ¿Le llevo algo para tomar?

—Sí, súbeme agua —Bárbara subió al despacho de su amigo y entró sin tocar como siempre lo hacía.

—Llegas tarde —habla Vladimir tomándose un trago de whisky sentado en su silla—, no te quedes ahí parada —Bárbara toma asiento y suspira profundo—. Ya dime lo que me vas a decir, sin rodeos —pidió Vladimir, molesto porque él ya tenía el presentimiento de que se trataba de América.

—Oliver ha conseguido un mejor comprador para América. Me ha ofrecido más dinero que tú. Yo me negué pero Oliver no me dejó otra opción, sabes que lo que hago es ilegal —el silencio de Vladimir puso a Bárbara con los "pelos de punta". Ella mejor que nadie, sabía que aquel hombre que tenía de frente, no era nada bueno.

Por otro lado, Vladimir estaba enojado pero su cinismo lo hacía parecer tranquilo, él tenía claro que esa Virginidad sería de él, sí o sí y hasta esa fecha, todo lo que quería, lo había tenido de manera fácil.

—Bárbara sabes que cuando quiero algo es un hecho que ya es mío, aparte de que yo ya te di más de la mitad del dinero y no aceptaré reembolso —se terminó su whisky y se sirvió otro.

La joven de servicio, llegó y le entregó el agua a Barbara, después salió dejándolos solos; la mujer de los nervios se tomó todo el contenido sin ni siquiera respirar.

—Mira yo te traigo un nuevo trato que nos va a beneficiar a ambos —¡claro! Es que Bárbara no era nada tonta y pensaba matar a dos pájaros con un solo tiro.

—Dime —Vladimir estaba furioso sin embargo no lo aparentaba pero si de algo estaba seguro era de que América sería de él.

—Oliver hizo un trato con un amigo de él, América será vendida y casada con él pero ese hombre la va a respetar hasta que ella se sienta preparada y asimile la situación. Tengo entendido que va a ir a la escuela y la dejarán tener amigos, será fácil secuestrarla, tomas su virginidad y se la regresamos, ya por casados y yo con mi dinero en mano, no nos importa lo que él haga con ella. Ganamos los dos, tú le robas su virginidad y yo me quedo con mi dinero, el que por supuesto me dará él y obvio que tú me vas a dar el restante que me tienes.

—Me siento orgulloso de ti —habla Vladimir, mientras ríe con tanta maldad que hasta el diablo le temía—; pero estos son negocios y en los negocios no hay amigos que valgan, una virginidad robada cuesta menos —se queda pensando un rato—. Tendré que pagar para que la secuestren, hago trato pero si lo dejamos ahí, no habrá más dinero para ti.

—¿Si te la pongo en bandeja de plata? —en la voz de Bárbara se escuchaba la maldad.

Se le acaba de ocurrir un plan macabro para ponerle fácil la virginidad a su amigo y pensaba llevarlo a cabo, al final del día, América era la niña más tonta y fácil de manipular que ella había conocido.

—Te escucho.

—Se me acaba de ocurrir que si me das lo que resta del dinero, yo podría entregarla en tus manos. La invitó a quedarse en casa, tomas lo que es tuyo y te largas.

—No, no. Se darán cuenta que fuimos tú y yo y ahí sí que no podríamos con la furia de Oliver, aparte de que yo no te pague tanto solo por la virginidad, accedí a darte tanto dinero porque se iba a casar conmigo o sea, yo sabía que al cumplir sus veintidós se podría divorciar de mi, pero pensaba hacerla mía una y otra vez durante todo ese tiempo que estaría obligada a estar conmigo.

—Entonces. ¿Qué tienes planeado? —pregunta Bárbara.

Vladimir se levantó y sirvió dos tragos dobles de whisky, uno le tendió a su amiga y el otro era para él.

—La voy a secuestrar a la salida de la escuela y la voy a hacer mía hasta que desquite todo lo que pagué por ella; o sea, hasta que me aburra de tener sexo con ella. Entonces la mató ya que si la dejaba ir, me iba a denunciar.

Bárbara se quedó pensando. La vida de América no le importaba tanto, sin embargo le tenía un poco de aprecio a la chica. A su manera, claro, pero no quería verla muerta. Aparte de eso estaba Oliver, ella si amaba mucho a su hijo y si América muere, él la iba a sufrir demasiado.

—No —contestó Bárbara con firmeza—, aquí nadie va a matar a nadie, yo te la voy a entregar en mi casa. Iras con el rostro cubierto y aún que ella se dará cuenta de que fuiste tú, yo los convenceré de que no denuncien, alegando que si lo hacen, tú podrías salir librado y nosotros presos, porque tú tendrías en tu defensa que nosotros vendimos a América y ahí va incluido mi hijo que fue quien ofreció a su hermana con su amigo. El dueño de América no podrá reclamar nada ya que si lo hace, comprar personas es un delito.

—Está bien, pero ya no me pidas más dinero, ya fui muy generoso contigo. ¿Para cuándo la carne fresca?

Era cruel, Bárbara y este hombre trataban a las personas como mercancía y miraban a América como un pedazo de carne fresca en el mercado pero ellos sentían que hacían bien, que estaba bien y lo miraban como parte de la vida.

—No sé exactamente cuándo se casan pero seguro es en menos de un mes, luego hay que esperar un tiempo prudente. Unos tres meses para luego proceder, América acaba de cumplir diecinueve, así que tenemos tiempo ya que el otro comparador accedió a estar con ella íntimamente hasta que cumpla veintidós a menos que ella se sienta bien, antes de ese tiempo, al parecer tiene buenos principios.

—Esos "principios" —habla Vladimir haciendo comillas—, son para gente mediocre, me da gusto encontrar personas como tú.

Ambos amigos se tomaron un par de tragos más y Bárbara se marchó. En el camino de vuelta a casa, sonreía sola, se sentía victoriosa. ¿Quién contra ella? Nadie. Se sentía poderosa y dichosa e invencible.

América

Llame a Larissa, quiero contarle que he pasado a manos de otro comprador. Es increíble, me han tratado como un objeto, tanto que ya me siento como tal.

Solo un par de años, luego seré libre. Voy a trabajar, estudiar, tener novio; vivir sola o con una amiga. Ya quiero que pase este tiempo de tortura. Estoy esperando a mi amiga en mi habitación, me dijo que en media hora estaba aquí y yo con mi desesperación de contarle todo, se me hacen algo los minutos.

Observo mi cuarto. Muchas chicas darían lo que fuera por tener lo que tengo, por vivir mi vida. Tengo un cuarto del tamaño de una casa de clase media, un armario vestidor del tamaño de un cuarto común; una cama donde caben diez personas a la vez; tengo todo lo que puedan y quieran imaginar pero soy solo una mascota bien cuidada; una inversión que Barbara tomó a futuro y ya ese tiempo llegó.

Casi me quedaba dormida de tanto esperar cuando Larissa entró como siempre, sin tocar; nos abrazamos fuerte, porque Larissa tenía la costumbre de abalanzarse encima de mi y no solo me abrazaba, si no que solía moverme de un lado a otro; era alocada y todo lo hacía sin medida, cosa que daba miedo pero yo ya estaba acostumbrada.

Nos sentamos en el borde de la cama y comencé a contarle la "maravillosa noticia", que no dejaba de hacerme sentir mal, pero estaba más que claro, que era mucho mejor, ser vendida a un hombre decente, que al asqueroso de Vladímir.

—Amiga, Jader está guapísimo —dice Larissa después que le conté todo lo sucedido—, deberías estar feliz, quien quita y se enamoren.

Casi me atragantó con la pizza que tengo en la boca, por lo que dice; ¡eso jamás, nunca, nunca lo permitiría! No me enamoraría de él por muchas razones y una de ellas, es de que merezco amar sin ser comprada o vendida.

—Jader no es mi tipo, aparte de que solo quiere usarme por un tiempo y luego desecharme; claro que está una y mil veces mejor que Vladimir, eso no te lo niego.

—No creo que Jader sea ese tipo de chicos, el día que lo conocí, parecía bueno.

—Desde el momento en que no quiso casarse conmigo es señal de que no quiere ataduras; claro, me casa con su papá, cuando tenga veintidós, me usa y luego verá él papá que hace conmigo, obvió inmediatamente me voy a divorciar, ya que es solo mi virginidad que estoy vendiendo.

—Tienes razón —mi amiga se queda pensando un rato—. ¡Oye! Tu virginidad la están vendiendo como en tres millones de dólares si no me equivoco, creo que venderé la mía, claro sin matrimonio ni eso, solo mi virginidad —en cuanto me dice eso, no puedo evitar reír.

—¿Cuántas virginidad tienes? Porque si más no me equivoco, ya perdiste tu virginidad como cuatro veces —ambas nos ponemos a reír.

Larissa es de las chicas que a cada novio que tiene, le dice que es virgen y ellos se la creen sin problema alguno y con eso, los deja llorando y con el corazón partido.

—Oye, mi virginidad es mía, yo veré cuantas veces la pierdo y cuantas veces la encuentro —soltamos unas sonoras carcajadas.

Cuando estoy con ella, por momentos se me olvida la vida de miserable que llevo. Es fácil olvidarse de todo con la personalidad que tiene, ella tiene ese poder de desconectar a uno y hacerlo reír.

En mi corazón siento la añoranza de los veintidós, tengo la fe de que todo me va a salir bien, no voy a sufrir tanto como hubiera sufrido en manos de Vladimir. Cumpliendo mis veintidós años, le doy mi virginidad a Jader. Seguro querrá estar conmigo un par de veces y en menos de dos meses me divorcio. Después del divorcio yo sé que Oliver me ayudará a salir adelante.

—Creo que ya que mi madre vendió mi virginidad, tendré que recuperarla después para dársela a alguien que me guste —ambas nos volvemos a reír.

"No me queda más que ponerle buen humor a esto porque de otra manera, me volveré loca".

Han pasado un par de días desde que me dieron la noticia de que me casaría con el papá de Jader y aún no han venido a hablar del matrimonio, sin embargo, Oliver me dijo que se cerró el trato. Jader no ha tenido ni la más mínima gentileza de venir a hablar conmigo, como siempre me sigo sintiendo un pedazo de "algo". No es como que me importe que Jader sea gentil, pero eso me muestra que para todos los hombres soy un producto, porque si tuvieran un poco de empatía, al menos me tomarían un poco en cuenta. Todo esto es frustrante pero como dice el dicho “no hay mal que por bien no venga” un día me voy acordar de todo esto y me voy a reír de mis penas.

Estoy haciendo tareas y estudiando mucho, mañana me toca un examen de matemáticas, no he podido concentrarme. Me siento estresada y con un no sé qué en el pecho; creo que se debe al sueño que tuve, me dormí un rato por la tarde, solo para soñar que un tipo me apuñalaba.

—América, soy tu madre, ábreme la puerta —escucho la tormentosa voz de Bárbara

—Pasa madre bella —le contestó mientras ponía los ojos en blanco.

No soy tan buena como pienso ya que ahorita deseo que Bárbara tenga un accidente y muera. No sé, pero podría pasarle un tren encima o podría comérsela un lobo, aunque seguro el pobre lobito la vomitaria.

—América, tu noviecito ese, el hijo de Nathan, quiere verte —se sienta en mi cama ya que yo estoy en mi escritorio y ella empieza a oler un perfume, manía que tiene cada que entra a mi cuarto que se piensa a oler cada perfume que encuentra a su paso.

—No es mi novio —le contradigo.

—Como sea, está abajo esperándote, dice que te pongas bonita porque quiere que salgan un rato.

—No quiero salir con él, además, estoy estudiando para un examen —le señalo mi cuaderno y libros con un lápiz.

— ¿Para qué estudias? Busca cómo amarrar al papá de Jader, es un viejo que fácil lo enamoras, así aseguras una vida de lujos y dinero; estudiar no te servirá de nada; cuando cumplas veintidós años, nadie te va a ayudar y si no amarras al viejo, terminarás en un prostíbulo o un bar de mala muerte.

—¿Sabes? Me acaban de dar muchas ganas de salir con Jader —me levanto y salgo de mi cuarto, no quiero ver a Bárbara y para salir con este chico no necesito ponerme elegante y fina, no me interesa en lo más mínimo como me vea.

Bárbara piensa que con lo que me dice, va a hacerme caer, pues, más fuerza me da para demostrarle que seré una profesional, quizá una empresaria, no sé, yo pienso en grande. No seré la primera mujer, ni la última que pasa de la nada al todo sin depender de un hombre.

—América —me dice Jader cuándo me mira bajando las escaleras, se acerca a mí y me da un beso en la mejilla—. ¡Qué bella estás! —cuando lo conocí en la fiesta me pareció bueno como amigo y ahora que sé que será mi primera vez, no me gusta para nada. A pesar de que no es feo, es muy guapo, no me gusta; no es mi tipo, Larissa no me entiende; dice que soy una tonta y que debería de estar feliz, pero hay algo en él que no me convence y lastimosamente mi intuición no me engaña.

—Ya sé que soy bella. ¿Qué quieres? —pregunto con fastidio.

—Quiero invitarte a una tarde de piscina. ¿Qué dices? Y así aprovechamos para hablar de la boda con mi papá, dice que nosotros arreglemos todo y que él se va a presentar como a cualquier firma de compras, es que él está muy ocupado.

Sinceramente en este momento me estoy riendo. ¡Dios! Me río para no gritar. Jader nota que es una sonrisa de frustración y se pone algo apenado pero porque siente pena si él me está tratando como basura; o sea, soy como cualquier artículo fácil de adquirir para ellos. Fue tan cruel escucharlo decir cada cosa; "su padre se presentara como a cualquier firma, tipo como cuando compra una propiedad", no se quien es peor, si el hijo o el padre.

—Disculpas yo...

—No me digas nada —lo interrumpo—, vamos —lo tomo del brazo y lo conduzco a la salida de la casa—, prefiero salir contigo y escuchar lo que soy para ustedes, a estar con Bárbara.

—¡Oye! De verdad lo...

—Ya no te disculpes —vuelvo a interrumpirlo—, no necesito tu lástima o tus disculpas; tengo muy en claro lo que significó para tu papá; para mí mamá y para ti —salimos de casa y nos subimos a su auto.

No lo deje que me abriera la puerta, no necesito falsa cortesía y aquí vamos rumbo a no sé dónde. Ni para que preguntarle a donde me llevara si al final, cualquier lugar es mejor que estar bajo el mismo techo de Barbara.

Veo que pasamos por el museo nacional de historia nuclear; lo que me llena de curiosidad por el lugar al que me lleva.

—Estamos lejos de casa. ¿Dónde me llevas?— le pregunto observando el museo.

—Al Crown Plaza. Quiero llevarte a una piscina al aire libre que tiene ese hotel y luego al restaurante —voltea a verme esperando a que le diga que no quiero ir pero la verdad me da igual.

—No ando bañador.

—No te preocupes, en el asiento trasero está una bolsa con un bañador que te compre; quise comprarte un vestido para la cena pero no me se tu talla.

Ya no seguí preguntando más. Faltan como diez kilómetros para llegar, así que mejor me dedico a escuchar música. Cerrar mis ojos o mirar por la venta, me ayuda a despejarme y desconectarme por unos segundos, de mi horrible realidad.

—Hemos llegado —me avisa Jader.

No supe en qué momento me quede dormida; abro los ojos y bostezo con mi mano en la boca, para después observar en lugar: es un hotel muy hermoso, grita lujo y dinero por todas partes, ahora me arrepiento de haber venido vestida así tan informal.

En el aparcamiento nos recibe un valet parking muy amable, joven y guapo. En la entrada del hotel Jader muestra unas tarjetas y a pesar de que yo ando tan mal vestida, en ningún momento me han visto mal, hasta siento que entre estos empleados me valoran más que mi familia.

—Mira, acá tengo una habitación —me dijo Jader y está loco si piensa que voy a entrar a una habitación con él. Aunque mi hermano me dijo que ya cerraron trato con el papá de él, igual, quizá el dinero ya está seguro pero si él llega a abusar de mí, ya no se va a querer casar y no me voy a poder salvar de Bárbara—. Ya sé lo que estás pensando —Jader interrumpió mis pensamientos—, te decía por si querías relajarte un poco; pero en la piscina hay baños y vestidor donde podrás cambiarte muy cómoda.

—Lo de los baños vestidor me parece mejor idea —le dedico una sonrisa o un intento de sonrisa que trata de ser amable.

—Está bien, vamos —me tomó de la cintura y nos dirigimos por un pasillo. ¡Dios! Esto es extravagante, es más bello que el hotel donde celebraron mis quince años. Veo un enorme espacio al aire libre y en medio una gran… pero gran piscina rectangular y en sus alrededores sus respectivas tumbonas.

—¿Y mi bañador? —le pregunto a Jader.

Se pone una mano en la frente. Creo que a ambos se nos olvidó sacar la bolsa del auto.

—Ahora llamo para que lo traigan —me siento en una tumbona mientras él llama a servicio al cliente pidiendo que manden a algún botones a que le pidan al valet parking dejar sacar el bañador del auto.

En este lugar, son muy eficientes y le dijeron que en unos minutos estarían aquí con mi bañador y el de él, ya que está en la misma bolsa.

Veo que se nos acerca un chico tan guapo como un Adonis; "cada momento que paso de vida, me arrepiento por no haber disfrutado de mi vida por ser una buena niña".

—¡Hola! Soy Adrián. Yo los estaré atendiendo. ¿Desean algo para tomar? —Tiene una sonrisa que derrite mujeres.

Cuánto desearía no estar a la venta o mejor dicho, no estar vendida para poder estar con quien yo quisiera, pero esto fue lo que me tocó.

Seguir leyendo
Apoya al autor e inspira más historias increíbles Moboreader
Desbloquear todos los capítulos
Capítulo
Personalizar
Siguiente capítulo
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED