Han pasado un par de horas y aún esa mujer no quita su mirada de mi.
—Parece que le gusta, su alteza.
—Oye, deja de llamarme así.
—Oh si, lo siento, lo olvidé.
A los pocos minutos esa mujer se acercó a mi acercando su mano a la mía, la cual detuve sosteniendola por su muñeca fuertemente.
Saito se levantó apuntandola con su espada.
—¿Qué crees que haces?—Pregunté.
—¿Podrías soltarme?, No tengo intenciones de matarte, además tienes mucha fuerza—Respondió aquella mujer.
—El señor ha preguntado ¿Qué crees que haces?—.Dijo Saito sin bajar su espada.
—¿Traes a un guardia contigo?, eso solo confirma que esto te pertenece—.Dijo dejando caer el anillo de las deidades en la mesa.
Solté su agarre rápidamente y tomé el anillo en mis manos.
—¿Quien te lo ha dado?—Pregunté
—Se te ha caído cuando caminabas, no puedo creer que una persona sea tan ridícula.
—¡Oye, guarda respeto ante el!—Exclamó Saito.
La miré fijamente sin decir nada.
—¿Deberia respetar a alguien que me tomó fuertemente por mi muñeca? Solo quería devolverle eso.
—No debiste acercarte a mi de esa manera—Mucité mirándola con odio.
—Oh, vaya, tus ojos son de dos colores diferentes, solo me hace pensar que eres híbrido—Dijo mientras se dibujaba una sonrisa en sus labios.
—No son tus problemas—Respondí.
—Bien, me sentaré aquí, espero que me traten bien—Exclamó tomando asiento en nuestra mesa.
—Levantate inmediatamente—Exigí sin mirarla.
—Sí, aquí me quedaré.
Dirigí mi mirada hacia ella quien sonreía placidamente.
«Está mujer me está desafiando, nunca nadie se había puesto de esta forma conmigo.»
—Señorita, levántese de aquí—Dijo Saito.
Continúe tomando licor hasta escucharla hablar nuevamente.
—Es del castillo de las deidades ¿No es así?
Me ahogué con el licor al escuchar sus palabras.
—Oh, eso lo confirma, ese anillo tiene el símbolo de ellos, y ustedes parecen ser salidos de la nobleza, por lo tanto, ustedes vienen de allí—Sonrió.
—¿Debería matarla ahora, señor?
Asentí con mi cabeza.
—¡Es-esperen no hay porque hacerlo de esa forma!—Gritó llamando la atención de todos.
«Dios, esta mujer es muy ruidosa»
—No diré nada si solo me dejan tomar un poco de alcohol con ustedes.
—¿Porqué deberíamos de beber con una extraña?—Pregunté mirándola fijamente.
—Quizas porque esto sea lo único que tendré en mi estómago en días.
«¿Esta mujer?… ¿De dónde ha salido?»
—¿Qué? ¿Acaso no tienes familia?—Reí
—Estas en lo correcto, no tengo familia, mi padre murió cuando yo aún era una niña.
—Lamento escuchar eso señorita—Dijo Saito
—Mi nombre es Amane, ¿Cuál es el de ustedes?
—Me llamo Saito y el es—
Golpeé la mesa con mi puño llamando la atención de los dos.
—No quiero que alguien como ella sepa mi nombre, Saito—Dije
—¿Alguien como yo?—Preguntó Amane con un tono de confusión en su voz.
—Creo que se refiere a tu vestimenta—Susurró Saito.
—Oh ya veo, pues mírame fijamente idiota—Vociferó mientras apretaba fuertemente mis mejillas.
La miré a los ojos sorprendido al igual que Saito me miraba a mi.
—Porque tu cara parezca la de un ángel y estés usando ropa cara, no quiere decir que seas más que yo.
No aparté mi vista de ella ni un solo segundo.
«Es la primera vez que una mujer hace este tipo de cosas conmigo.»
—O-oye, suéltalo o me veré obligado a cortar tu mano.—Exigió Saito
—Bien, solo quería dejar algo en claro—Dijo Amane soltando mis mejillas.
—Estas demente—Dije llevando mis manos a mis mejillas a lo cual ella respondió con una sonrisa.
«¿Porqué dejo que está mujer haga conmigo lo que quiere? Ninguna mujer antes se atrevía a hacer esto.»
Miré su rostro detenidamente mientras ella sonreía.
«Realmente es muy hermosa.»
—¿Estás bien Hikaru?—Preguntó saito.
—¿Hikaru? Lindo nombre, combina con tu rostro.
—Guarda silencio.
—Creo que los 3 tenemos la misma edad, yo tengo 18 aunque el parece ser menor que nosotros—Dijo alegremente señalandome.
«Oh dios, está mujer está haciendo que mi paciencia se agote.»
—De hecho el es mayor que yo por un año, yo solo tengo 19 años—Sonrió Saito.
—Oh, entonces tenemos la misma edad tu y yo, jamás imaginé que el sería el mayor de todos.
— en unos días cumplirá 20.
—No tienes porque dar mi información a nadie Saito.
—Oh si lo siento.
—Realmente es un malhumorado, no me agradas—Dijo Amane sacando su lengua.
Me levanté de la mesa, seguido por Saito.
—¡Oigan esperen! ¿Podrían darme algo de dinero? Ustedes parecen tener mucho de sobra.
—Dale un poco de dinero.—Dije a Saito.
Saito sacó de su traje una bolsa de color azul llena de monedas entregándola a Amane.
—Wow, esto es demasiado.
—Puedes devolverlo.
—No he dicho que lo devolveré.
Caminé ignorando a Amane saliendo así de aquel lugar.
Me dirigí hacia varios lugares donde vendía dulces.
—Su alteza, mire esto, le va a gustar—Dijo Saito señalando unos dulces de miel.
—Que dejes de llamarme de esa manera Saito.
—Perdon lo olvido.
Me acerque a Saito observando los dulces que el había dicho. Mi rostro se llenó de sorpresa al mirarlos.
Una pequeña risa hizo que dirigiera mi mirada hacia el.
—Aun no has cambiado nada, desde niño ponías ese mismo rostro cuando veías dulces.
—No exageres, solo me gustan un poco.
—¿Un poco? Se que te encantan los dulces.
—Tienes razón, me gustan—Afirmé mirando los dulces.
—Oh dios, tu rostro es realmente hermoso cuando haces eso—Dijo la voz de una mujer.
Miré detrás de mi y a ambos lados.
—¿Es conmigo?—Pregunté señalandome.
—Por supuesto, veo que perteneces a la nobleza, esa ropa no cualquier puede llevarla.
—¿Tengo que hablarte de mi vida personal?.
—Oh querido, esos ojos me hacen recordar a alguien.
—Vamonos, Saito.
—Sí señor.
—Nos volveremos a ver señor—Dijo aquella mujer mientras cubría su boca sutilmente con un abanico.
Giré ante esa mujer y continúe caminando en otra dirección.
—¿Quién era esa mujer?.
—¿Cómo voy a saberlo? No la conozco.—Respondí
Continúe caminando hasta alejarnos de las personas.
Un fuerte sonido hizo que Saito se pusiera alerta.
—!ATRAPENLA, ES UNA LADRONA!
Me aparté del camino mientras unos hombres perseguían a una mujer la cual corría rápidamente llevando algo en sus manos.
Aquella mujer corrió en mi dirección chocandose con mi pecho.
—Demonios, quien eres t— Detuve mis palabras al darme cuenta quién era.—¿Amane?
—Quitate de mi camino—Vociferó levantándose mientras continuaba corriendo.
—¿Se encuentra bien señor?
Asentí con mi cabeza mientras veía a Amame correr.
—Sigamosla—Ordené.
—Es muy peligroso señor.
—Bien, iré solo entonces—Dije para luego comenzar a correr mientras escuchaba los pasos de Saito.
«¿Porqué está huyendo de esos hombre? Y ¿Porqué la llaman ladrona?»
Luego de unos minutos corriendo la perdí de vista.
—Saito, tu ve por allá, yo iré por la derecha—Dije señalando.
—No puedo dejarlo solo señor.
—Oye, puedo defenderme solo, ¿Acaso hay alguien que me haya ganado con la espada?.
—No, tienes razón.
Camine hacia la derecha buscando a Amane sin resultado alguno.
«¿Dónde se metió esa mujer?»
Escuché un fuerte sonido de espadas el cual llamó mi atención.
«¿Es ella? ¿Dónde está? Espera, ¿Porqué me preocupo por ella?»
Corrí en dirección del sonido de las espadas.
«Sí, es ella.»
Al verla, luchaba contra dos hombres mientras llevaba algo en sus manos delicadamente.
—¿No creen que es un poco injusto atacar a una mujer? Ustedes son dos—Dije acercándome a ellos.
—¿Qué quieres bastardo? Ese niño nos pertenece.
—¡¿Niño?! ¿A qué se refiere?—Pregunté con sorpresa
Uno de ellos volteó hacia mi mientras decía.
—Jefe, es una mujer.
Frunci el ceño levantando mi espada.
—¿Quien demonios eres tú? ¿Acaso eres su aliada?
—No precisamente—Dije llevando mi mano a mi cabello—Pero yo, no soy una mujer.
—Oh, pero si eres muy apuesto y… Pareces salido de otro lugar. Creo que conseguiré un buen dinero contigo.
—Por supuesto, solo si logras atraparme—Dije
Amane me miró mientras mordía su labio inferior.
—Deberias irte, esto no tiene nada que ver contigo—Vociferó Amane.
—Nadie me dice que hacer.
Uno de los hombres se abalanzó hacia mi apuntandome con su espada. Lo esquivé sin esfuerzo alguno haciendo que este cayera al suelo.
—Bastardo, ya verás.
Aquel hombre se puso de pie lanzandose nuevamente hacia mi.
—Tengo un poco de sueño—Bostecé—¿Qué clase de trabajo hacen?—Pregunté esquivando sus ataques sin problema alguno.
—No son tus problemas niño rico.
—Trafican personas, se los llevan como sus esclavos—dijo Amane.
—Maldita seas Amane—Dijo uno de los hombres.
—Entonces, personas así no deberían de existir—Dije levantando mi espada llevándola en dirección a uno de ellos.—¿Que dices Amane? ¿Debería matarlos?.
—Si no lo haces tú lo haré yo.—Respondió.
Levanté mi espada clavandola en el abdomen de uno de los hombres, saqué la espada de el mientras el otro hombre se abalanzaba sobre mi. Con una fuerte patada cayó lejos de mi. Aquel hombre se levantó nuevamente dirigiendose hacia mí, se detuvo ante mi con expresión de dolor.
Dirigí mis ojos detrás de él.
—Lamento llegar tarde su alteza—Dijo Saito.
—¡¿Su alteza?!.—Exclamó Amane.
—Bien, gracias Saito—.Dije ignorandola.
Me dirigí hacia Amane la cual de su mano sangraba. La tomé por su muñeca levantando su mano.
—¿Qué te sucedió?
—Solo es una pequeña herida.—Respondió
Dirigí mi mirada hacia su mano, la cual sostenía algo en ella.
—¿Qué es eso?.
—Es un niño.
—Vaya, eres madre y aún así tomas alcohol como si se tratara de agua.—Me burlé
Saito dejo escapar una risa.
—No es mi hijo, yo no tengo hijos.
—Oh, entonces, ¿Te lo has robado?
—¿Te estás burlando de mí?
—Veo que eres inteligente también.—Dije dibujando una sonrisa en mis labios.
—Este niño iba a ser robado para usarlo como esclavo.
—¿De dónde ha venido?
—Es de una mujer que vive cerca de este pueblo. Pude ver cómo se lo arrebataban de sus brazos, así que no pude evitar meterme.
—Oh, ya veo, entonces vendrás conmigo.—Dije tomándola de su mano
—¿A dónde me llevarás?
—Saito, toma su espada, y ve en busca de los caballos.
—Si señor.
—Tranquila, no te haré nada malo, solo curare tus heridas. Ahora, dame al niño, veo que tu otra mano también está sangrando.
Amane permaneció en silencio y me entregó al niño.
Levanté mi capa y la coloqué encima de Amane.
—Solo no quiero que me vean con una mujer llena de sangre.
—Presumido.—Dijo susurrando.
—Puedo escucharte.
Camine en busca de Saito el cual ya se acercaba con los caballos.
—Llevare al niño por usted señor.—Dijo saito
—No, está bien yo lo llevaré.
Continúe mi paso sin soltar a Amane de mi agarre.
—¿Podrias soltarme? Pensaran que somos casados.
—Puede que empieces a correr si lo hago, solo quiero devolver a este niño y curar tus heridas.
—¿Porqué alguien como tú haría algo así por mí? ¿Acaso te gusto?.—Dijo riendo haciendo que soltara su mano.
—No me mal intérpretes niña, solo quiero ser amable contigo, deberías agradecerme de rodillas.
—¿Porqué debería?
Me acerque a su rostro y la mire fijamente a los ojos.
—Porque se trata de mi.
Ella me miró fijamente para luego soltar una escandalosa risa.
Dejé que siguiera riendo y me acerque al caballo.
—Subete, iremos lejos de aquí para sanar tus heridas.
—¿Podrías ayudarme a subir?
Negué con mi cabeza mientras veía el rostro del niño en mis brazos.
—Intenta crecer un poco más.
—¡Bastardo!
—Yo te ayudaré Amane.—Dijo Saito.
—Perfecto, así no tengo que hacer esfuerzo por esta mujer. —Dije cerrando mis ojos.
—Oh ya veo porque te confunden con una mujer, por tu estúpida cara de niño bonito.—Vociferó furiosamente.
—¡Oye! Más respeto con tu salvador.—Exigí señalandola con un dedo.
—No me importa que estatus social tengas, idiota.
—O-oye, no deberías de hablarle así, el señor Hikaru es alguien muy importante.
—Basta Saito, no tienes que decirle eso a alguien con escaso cerebro.
Amane me miró fulminante a lo que yo simplemente la ignore.
Ella se subió al caballo con ayuda de Saito.
—Sube con ella saito, yo iré en el otro caballo.
—Esta bien, señor.
—¿Cómo hará para estar en caballo con un bebé en sus brazos?—Preguntó Amane.
—Hikaru suele hacer eso muy seguido con otros niños, digamos que esta es la primera vez que lo hará con un bebé, puedes estar tranquila.
—¿Una persona como el es cuidadoso con los niños?
—Asi es.
Me subí al caballo sosteniendo al bebé en mis brazos cuidadosamente hasta llegar lejos del pueblo.
Nos alejamos mucho del pueblo, hasta acercarnos al bosque.
Bajé de mi caballo con cuidado de no despertar al niño que dormía en mis brazos mientras Amane seguía en el caballo y Saito en su espalda.
—¿Que esperan para bajar? Tengo que sanar sus heridas—Dije
Miré detenidamente el rostro de Amane dándome cuenta que estaba pálida.
—O-oye Saito, ¿Qué sucede con ella?.
Saito bajó de su caballo mientras Amane caía en sus brazos.
—Parece que ha perdido mucha sangre.
Miré el traje de Saito el cual estaba manchado de sangre.
—Espera, ella tiene una herida en su espalda—Dije acercándome a ella—Encárgate del niño Saito.
Entregué el niño a Saito y saqué algunos vendajes y medicina que traían nuestros caballos.
Me acerque a Amane mirando su espalda que aún sangraba.
—Tendré que quitarle su traje—Susurré
«Aunque su ropa está verdaderamente dañada…»
Me acerque a ella quitándole la ropa, colocándola boca abajo en mi regazo. Desinfecté su herida para luego cubrirlas con vendajes.
«¿Porqué me siento tan nervioso? Ya he visto muchas veces el cuerpo desnudo de otras mujeres.»
—Lo siento por tener que ver tu cuerpo Amane, pero es necesario para limpiar tus heridas.
—Ella lo entendera Hikaru, aún sigue inconsciente.
«Esta mujer tiene muchas cicatrices en su cuerpo… ¿Que tipo de vida lleva ella?»
Al terminar de vendar sus heridas la coloqué cuidadosamente sobre mi capa en el suelo.
—Espera aquí Saito, iré a comprar algo para ella.
—No, no puedes ir solo, tengo que ir contigo, Hikaru.
—Bien, te la encargo, cuida de ella y del niño—Dije ignorando a Saito.
Tomé el caballo y subí en el rápidamente en dirección hacia el pueblo.
Al llegar a este me dirigí hacia los mercader de kimonos.
«Bien, está será la primera vez que compro algo para una mujer. Solo es un regalo, además su traje ya está bastante dañado, le vendrá bien uno nuevo.»
Me acerque al comerciante.
—Disculpe, quiero comprar un kimono para una señorita, quisiera saber cuál me recomendaría.
—Oh, por supuesto, ¿Cómo es ella físicamente?.
—Pues, no es muy alta, sus ojos son oscuros y piel pálida, con un rostro pequeño.
—Uhm bien, le quedaría bien este.—Dijo tomando un kimono de color rosa, con unos motivos de cerezo de color blanco.
—Esta bien, llevaré ese. ¿Qué otro tipo de cosas usan las mujeres?
La mujer que me atendia me miró confundida como si estuviera tratando con un lunático.
—P-pues, perfumes, labiales, zapatillas, horquillas y ropa interior.
—Bien, llevaré todo eso, eligalo usted para ella.
—Sera mucho dinero señor.
—Simplemente dámelo.—Exigí colocando una bolsa con monedas en su mano.
Tomé las cosas y me dirigí al caballo.
Llegué al lugar donde se encontraba Saito.
«Por lo visto ella aún no ha despertado.»
—Vaya, eso fue rápido.
—Asi es, fue rápido, tengo que vestirla antes que despierte.
Me acerqué a ella terminando de quitar su ropa, para luego cubrirlas con la nueva que había comprado.D Dejé su vieja ropa de un lado y esperé pacientemente a que despertara.
Pasaron un par de horas hasta que ella abrió los ojos nuevamente.
—¿Dónde estoy?—Preguntó Amane levantándose bruscamente.
—Deberias tener cuidado, me costó mucho vendar tu cuerpo.
—¿M-mi cuerpo?
—¿Cómo pensabas que iba a hacerlo? Además, te has desmayado en el caballo.
—Tienes razón, lo siento, tengo que irme.
—No irás a ningún lado, aún está el niño aquí.
—Oh es cierto, lo olvidaba.
Amane miró hacia su cuerpo hasta darse cuenta del nuevo traje.
—¿Este kimono…?
—Lo he comprado, el tuyo ya estaba bastante dañado.
—Quiero mi traje de vuelta.
—Oh claro, ahí está a tu lado.—Dije señalando.
Amane se acercó lentamente a su traje pero se detuvo.
Levanté mis dedos en dirección de su traje haciendo que este comenzará a quemarse.
—¡¿Que crees que haces?! Espera, ¿de dónde sacaste fuego?—Preguntó mirándome sorprendida.
Me encongi de hombros sin responder a sus preguntas.
—¿Eres algún tipo de brujo?
Dejé escapar una risa lo cual hizo que ella me mirara frunciendo el seño.
—No tienes porque saber eso. Ahora, tienes que usar el kimono que llevas puesto.
—Si… supongo que me has obligado a usarlo.
—Así es, ahora, tenemos que llevar a ese niño de vuelta con su madre.
Saito permanecía en silencio mientras observaba al niño en sus brazos.
—¿Qué sucede? ¿Quieres ser padre tan pronto?.—Bromeé
—Asi es.—Afirmó.
Lo mire con sorpresa mientras me acercaba a él.
—Damelo, lo llevaré conmigo hasta su madre.
—Yo lo llevaré—Dijo Amane.
—Me parece bien—Respondió Saito.
—Oye tú.—Dije señalando a Amane—dónde he comprado el kimono me dieron todas estas cosas, así que puedes quedartelas.—Dije lanzando una bolsa de seda de color rosa hacia ella.
—Es la primera vez que recibo un regalo.—Dijo sonriendo.
Aclaré mi garganta y me dispuse a hablar.
—No es un regalo, simplemente me lo dieron al comprar ese kimono.
«En realidad no se porque he comprado esas cosas.»
—Estoy agradecida contigo, Hikaru.
Dirigí mi mirada hacia el caballo.
—Bien, te ayudaré a subir.—Dije tendiendo mi mano hacia ella.
Amane tomó mi mano haciendo así que subiera al caballo.
—Tienes mucha fuerza, solo con una mano me has ayudado a subir.
—Por supuesto que la tengo, también tengo fuerza en otras cosas.
—¿A qué te refieres pervertido?
—¡¿P-pervertido?! ¿Cómo te atreves?… Has entendido mal.
—¿Fue así? Me disculpo entonces.
Dejé escapar un suspiro mientras fruncía el seño.
—Bien, guíame hacia la madre del niño.
Amane tomó las riendas del caballo en dirección de una pequeña aldea.
Llegamos a ella y pude darme cuenta que no había muchos habitantes en ella.
Bajé del caballo y estiré mis brazos hacia Amane para ayudarla a bajar.
—Bien, te sigo.—Dije mirando a Amane.
—Ire detrás de usted señor.—Dijo Saito.
Asentí con mi cabeza y amane comenzó a caminar en dirección a una de las cabañas. Pude darme cuenta que en lo lejos de las casas se encontraban muchas lápidas.
«¿Que habrá sucedio aquí?»
—Si te preguntas qué sucedió aquí, pues es sencillo, hace mucho tiempo está aldea fue atacada por un grupo de soldados que estaban en busca de una princesa, dicen que un hombre demonio era el que la buscaba para llevársela.
«¿Demonio?»
—Masacraron a todos los habitantes de esta aldea sin dejar a ninguno vivo. Nadie quiere vivir aquí porque temen ser atacados nuevamente por un demonio.
—Aun veo gente viviendo aquí.—Dijo saito.
—Muy pocas personas, la mayoría son aquellas que no tienen a dónde ir, y decidieron quedarse aquí.
—Ya veo, tiene sentido.—Dije.
Amane continúo caminando hasta llegar a una cabaña.
—Hemos llegado.—Dijo Amane entrando a ella—Le tengo una sorpresa para usted, señora.
Una mujer salió en compañía de Amane, dirigendo sus ojos hacia nosotros. sus ojos se detuvieron en mi pecho haciendo que esta corriera desesperadamente.
—¡¿Mi hijo?! ¡¿es él?!
La miré fijamente, mientras se acercaba a mi.
Entregué al niño a su madre con delicadeza la cual comenzó a llorar.
—Muchas gracias Amane, por traer a mi hijo de devuelta conmigo.
—En realidad tiene que agradecerle a esos dos hombres de allí.—Dijo Amane señalandonos.
Aquella mujer se acercó a mi mirándome fijamente.
—Estoy muy agradecida con—
No terminó de hablar al mirarme a los ojos de cerca.
—Oh dios, tus ojos son tan extraños, tu rostro es tan angelical.
—Muchas gracias.
Aquella mujer se dirigió hacia Saito.
—Tu también eres realmente guapo, y tus músculos se puede incluso ver por encima de tu traje.
—Jaja muchas gracias.—Dijo riendo nerviosamente.
—Bueno, tenemos que irnos.
—Muchas gracias Saito y Hikaru, me quedaré aqui—Dijo Amane.
—Comprendo—Dije sin girarme.
Sentí un poco de decepción al ver qué ella se quedaría allí.
—Muy bien, ya nos vamos, por favor tengan cuidado.—dijo saito
Detuve mi paso y me dirigí hacia Amane.
—Oye niña, tienes una deuda conmigo.
—No tengo ninguna deuda contigo.
La miré de arriba a abajo para luego mirar sus ojos.
—Estas viva gracias a mi—Sonreí— Así que tienes que pagarmelo.
—¿Y que es lo que quieres? Niño rico.
—¿Tienes algo de valor para mí?
Amane negó con su cabeza, lo cual hizo que sonriera sarcásticamente.
—Entonces, nos veremos mañana en el pueblo.
—E-esta bien, supongo que es lo mínimo que podría hacer como agradecimiento.
—No es como si pudieras hacer otra cosa.
—Eres un idiota.
Ignoré a amane y continúe caminando ignorando sus insultos.
—Nos vemos luego, Amane.—Dije levantando mi mano.
Me acerque a Saito el cual esperaba por mi, tomé el caballo y me subí en el, alejándome de esa aldea.
«Mi día a sido arruinado por esa tonta mujer.»
—Oye Hikaru, creo que no deberíamos decirle nada a tus padres.
—Es cierto, no le diremos nada referente a esa mujer.
—¿Crees que debería matarla? Sabe que vienes del castillo de las deidades.
—No, está bien, creo que puedo confiar en ella.
—Si el príncipe heredero lo dice entonces está bien.
Continúe nuestro camino hacia el castillo de las deidades, el pueblo no quedaba muy lejos de donde quedaba el castillo.
Al llegar al castillo nos esperaban mi padre de pie en la puerta de este.
Vi como los ojos de mi padre ahora eran de color rojo.
—Oh no Hikaru, tu padre está enojado.
Continúe hasta llegar a la puerta y bajé del caballo.
—¿Porqué demonios has tardado tanto Hikaru?.—Vociferó mi padre.
—Me distraje viendo algunas cosas en el pueblo, me resultan interesantes, padre.
—Lo siento mucho su majestad, es mi culpa.—Dijo Saito inclinándose.
—Oye, general levántate. No tienes culpa de lo que haga mi tonto hijo.
Miré a mi padre fijamente a los ojos sin expresión alguna.
—Bien,¿Dónde está mi madre?
—Tu madre espera por ti, hikaru.—Respondió sonriendo.
«¡¿S-sonrio?! Eso quiere decir que mi madre está realmente molesta.»
Frunci el seño y continúe caminando hacia el castillo.
Saito me seguía en silencio hasta que decidió hablar.
—Estamos en problemas, si su majestad está esperando por ti, quiere decir que estamos en problemas.
Asentí con mi cabeza.
—Creo que son un poco tontos los dos.—Dijo una voz proveniente de mi espalda.
Se encontraban de pie, mi madre, mi padre y mi capitán.
—Capitán ayato, madre.—Dije haciendo una reverencia.
—Su majestad.—Dijo Saito haciendo una reverencia.
—Les dije que mandaría a alguien a vigilarlos, pensé que iban a ser más cuidadosos.—Dijo ayato.
—Padre fue mi cul—
—Yo fui quien hizo que Saito hiciera todas esas cosas, además, tiene que obedecerme, así que Saito no tiene culpa de nada.—Dije.
—No culparé al general por ti, Hikaru. Ahora, ¿porqué demonios has ayudado a esa mujer?.—Preguntó mi madre.
—Simplemente necesitaba ayuda. Llevaba un niño en sus brazos, no podía dejarla allí.
Mi madre llevo su mano a su rostro ejerciendo presión en su entrecejo.
—Has hecho algo tonto al perder tu anillo, haciendo que esa mujer lo encontrara, ahora ella sabe de dónde provienes.
—No exageres madre, siento que puedo confiar en ella.
—¡¿Cómo sabes en quien puedes confiar y en quien no?!—Vociferó furiosamente mi madre.
La miré fijamente a los ojos.
—Calmate, saori.—Dijo Ayato
—El… el no sabe si puede confiar o no en alguien.
—Saori, tranquilízate, me encargaré de Hikaru—Dijo mi padre.—Sigueme.
Seguí a mi padre en silencio hasta llegar a una habitación.
—Toma asiento.
Tomé asiento tranquilamente sin quitarle la vista de encima.
Mi padre estiró su mano hacia mi entregando una pequeña caja de madera.
La tomé en mis manos y la abrí. Dentro de ella se encontraba una máscara la cual parecía ser solamente para la mitad de mi rostro.
—¿Qué clase de broma es está?
—Te la pondrás cada vez que vayas a los pueblos.
—¿Porqué tengo que usarla?
Mi padre dejó escapar un largo suspiro mientras se cruzaba de brazos.
—¿Sabes que eres hijo de una sangre pura y un demonio?
—Lo sé, ustedes mismo me lo dijeron.
—Por lo tanto, eres un híbrido, tus ojos lo demuestran.
—¿Y? Eso lo sé.—Dije cruzandome de brazos.
—Te contaré algo que no sabes sobre tu madre y yo, Hikaru.
Miré a mi padre esperando a que hablara.
—Yo soy hijo del duque Kotaro, por lo tanto llevo sangre demoníaca en mi.
—Eso ya lo sé, padre.
—Pero también, soy el guardian de tu madre.
—¿Qué quieres decir?.
—Hace tiempo, tu madre me marcó con el sello de guardian en mi cuerpo sin ella saberlo, por lo tanto, soy su guardian y también tengo sangre demoníaca.
Miré a mi padre con sorpresa.
«¿Porqué no terminan de hablar sobre su pasado?»
—Sabes que tu sangre es especial. Al tener la mezcla de deidad y demonio en ti, puede que vengan otras personas a buscarte, porque pueden verte como una amenaza.
—Puedo defenderme solo.
Mi padre ignoró mis palabras.
—Sabemos que puedes controlar el fuego, y eso es algo que nadie de este castillo puede hacer, a excepción de ti. Tu madre teme a qué puedas correr peligro al darse cuenta que tú eres un híbrido que puede controlar el fuego, te busquen y acaben con tu vida.
Miré seriamente a mi padre a sus ojos los cuales habían vuelto a su color natural.
—Por lo tanto, cada vez que vayas a los pueblos, usarás esa máscara para que cubras tu ojo de color azul.
—¿Y porque no mejor cubrir los dos? No necesito tener mis ojos abiertos para poder ver.
—No quiero que llames la atención. Las personas se preguntarán ¿Cómo haces para caminar si tiene una máscara que cubre sus ojos?
—Tienes razón padre, haré lo que dices.
«No quiero seguir preocupando a mi madre»
—Referente a esa mujer.
—Ella no es importante, solo es alguien que quería ayudar.
—Lo sé, no puedes confiar en nadie Hikaru.
—Si hace algo sospechoso, no dudaré en asesinarla padre.
Mi padre me miró fijamente.
—Y porfavor, no metas en problemas a él general.
—Lo sé, el no estará en problemas.
—Olvidaba decirte que organizarán una ceremonia por tu cumpleaños, allí te será entregada la espada de tu madre.
—¿Porqué le dan tanta importancia a esa espada?
—Es sencillo, en ella hay un oni el cual tu madre y tu hicieron un pacto.
—¿Yo? ¿Cuándo he hecho un pacto con un demonio?
—Tu madre lo hizo al estar embarazada de ti. Entonces, esa espada te pertenece.
—Ya veo.
Me quedé en silencio pensando en si estuviera mal traer a Amane al castillo de las deidades.
—Padre, quisiera saber si podría traer a esa mujer el día de mi ceremonia.
Mi padre me miró fijamente.
—¿Estás loco? No puedes hacer eso. Me niego.
—Supuse que dirías eso. Está bien.
«Ya se me ocurrirá algo para traerla aquí.»