Capítulo 2

Estuvimos largo rato así...ahora te penetro, despacito, ahora rápido, ahora paro...y sonó el teléfono fijo, le puse una mirada de "ni se te ocurra parar" y esta vez no paró, siguió un poco más con su tortura...y por fin llegamos al éxtasis, juntos, de tanto placer me mareé y él se desplomó sobre mi pecho, y me liberó las manos, nos quedamos así unos momentos, relajándonos...le rodee las caderas y lo voltee para ponerme encima de él, nos besamos, todavía estaba dentro de mí, seguía notando su erección aunque más relajada, y me bajé de encima con suavidad... para que pudiera quitarse el preservativo. Me quede tumbada, exhausta, a su lado, los dos boca arriba, con la pierna y el brazo entrelazados. A los pocos minutos se puso de lado, para besarme suavemente el hombro, me gire, para besarle en los labios, él también estaba agotado, no creí que la primera vez que lo hiciéramos estuviésemos tanto rato, ni que fuese así, me sorprendió, me gustó, había logrado hacerme disfrutar y sufrir a la vez de un modo que nunca nadie lo había hecho, teniendo un orgasmo muy, muy intenso, que no había experimentado antes. Pero quería más.

-Te apetece una ducha? - le propuse juguetona, sonrió

-Contigo, desde luego-

Y fuimos los dos a la ducha...donde se volvió a encender el ambiente...puse el efecto lluvia y comencé a acariciarle y besarle con pasión, él me siguió, pero cuando empezó a ponerse demasiado excitante, me paró suavemente, - no tengo más preservativos- me dijo...-podemos hacer otras cosas-, le conteste, y empecé a besarle cada centímetro de su piel, bajando desde el cuello hasta su cintura, y recreándome por su pelvis, los muslos...mordisqueándole, acercándome a su miembro...empecé a mordisqueárselo suavemente, me cogió del pelo, para que lo mirara, y me hizo levantarme, parando mi juego, me besó y mordió mis labios...y empezó a enjabonarme sensualmente, me volteó poniéndome contra la pared de la ducha, hice un quejido, se disculpó suavizando el agarre y besándome el hombro, pegó su cuerpo contra mi espalda a la vez que me agarraba una de las manos contra la pared, y con la otra empezó a acariciarme, empezó por el pecho, desde atrás, y fue bajando hasta llegar a mi entrepierna, solo tenía una mano agarrada… así que aproveche para tocarle a él desde mi postura, llegaba bien a tocarle el pene, y no se opuso, aunque podía ver que lo que le gustaba era llevar él el mando y que me dejara hacer...pero conmigo no iba a ser así, yo también tengo iniciativa y no siempre me iba a dejar hacer quedándome quieta, por lo que se dejó hacer, a la vez que me derretía con sus caricias, no tardé en llegar al orgasmo, era habilidoso, y seguí donde me había interrumpido, esta vez se dejó...

Al salir de la ducha, la larga ducha, miré el reloj de la pared, eran más de las 15,30h.…había volado el tiempo, sabía que nos habíamos recreado, pero no me di cuenta de cuánto. Miré las llamadas del teléfono, como no, era mi amiga Emma, seguramente para hacerme el tercer grado de la cita de ayer. Mientras me ponía algo de ropa, le vi saliendo del baño únicamente con una toalla a la cintura, me recreé en la vista...era muy sexy, más alto que yo, sobre el 1’80m y más musculado y definido que lo que su traje de trabajo dejaba ver...toda una sorpresa, grata. Tenía ganas de preguntarle unas cuantas cosas...y lo haría, quería saber por qué se negó en las dos primeras citas, sonreí al pensar que había accedido en la tercera cita, y quería saber más sobre sus gustos…algo me decía que escondía más de lo que dejaba ver, aunque me hizo disfrutar, noté como si no se hubiese dejado ir totalmente, como si se controlara en algo, pero no me asustaba, me atraía lo que pudiera ser...estaba intrigada.

- ¿Tienes hambre, Annie? - me dijo mirando el mismo reloj que yo hace un momento

- ¿Hambre de qué? -le dije con gesto pícaro. y me reí...- sí, algo tendremos que comer, y reponer energía, ¿no? - Sonrió y asintió. Aprovecharía la comida para preguntarle.

Fue a abrir mi nevera, y al ver su cara por la sorpresa de la nevera casi vacía, le propuse pedir algo para que trajeran a casa, hizo un gesto gracioso aceptándolo, ¿Qué si no haríamos? o pedir o salir, porque poca cosa se podía hacer con lo que tenía en la nevera y despensa...iba a comprar el día anterior por la tarde, después de las compras de ropa con las chicas, pero con la cita imprevista no pude, y se me paso del todo. Ya compraría mañana lunes, después del trabajo.

Miramos por internet sitios cercanos para pedir, a ver qué tipo de comidas podían traer a domicilio, y coincidimos en pedir japonés, llamaría él para pedir, le dije que un surtido, lo que quisiera, pero que no se olvidaran de añadir wasabi, y palillos ya tenía yo varios juegos, que me regalaron las amigas cuando me mudé a este piso, así que no hacía falta que los pusieran, sonrió grato de que nos gustara lo mismo, y se puso a llamar. Yo aproveché para enviar un mensaje a Emma: " perdona, no podía cogerlo, todo bien, cuando pueda ya te llamo y explico, y si, te contesto a todo lo que quieras...bueno, casi todo,”. No tardo en contestar diciéndome que vale, pero que no me escapo, y un emoticono de un perrito caliente que no entendí bien. Tiene la manía de mandar muchos emoticonos sin mucho sentido en principio, pero luego, cuando le pregunto por ellos, su explicación es bastante lógica, pero si no lo explica, no se entienden… así que lo deje pasar y ya le preguntaría su significado.

No tardó en llegar el repartidor, casi 20 minutos, muy rápidos. Prepare la mesa con ayuda de Marc, que parecía que adivinaba donde estaba casi todo, y nos sentamos uno a cada lado de la mesa.

-Tengo varias preguntas que hacerte...y no sé muy bien cómo te pueden sentar, o pensar que te las haga, ¿te importa? - le solté entre bocados.

-Preguntas?, ¿de qué? ¿son muy raras o difíciles?, porque si no...no he estudiado. - bromeó. - si es mi edad, no me sienta mal, pero dime, a ver...

-Ahora que lo dices, también quiero preguntarte los años que tienes, pero no era eso en principio a lo que me refería... ¿Por qué no quisiste hacer nada la primera y segunda cita, cuando te sugerí que pasaras a mi casa? - le solté a boca jarro, vi que se atragantaba y sonreía, sorprendido de la pregunta.

-Los años- eludió- deben ser 7 u 8 más que tú, preciso: 32 años.

-Vale, no, son solo 6, tengo 26 años, gracias por echarme menos, pero la pregunta, no te escaquees…- le inquirí.

-De acuerdo, no quise que pensaras en la primera cita que solo quería sexo y ya está, no quería eso contigo nada más.

-Vale, no querías que pensara que eras un chico fácil. - bromee. - ¿Y la segunda cita, ayer? - volví a insistir...costaba un poco que contestara, pero quería saberlo.

-Un poco lo mismo...quería ir despacio, aunque ha sido bastante difícil resistirse a ti, me provocas constantemente, aunque no te des cuenta a veces, en la playa me costó mucho resistirme a hacerte nada...y por la noche, al dejarte en casa, también, y bebiste un poco, no quería que la primera vez que lo hiciésemos no estuvieras al cien por cien, quería que tuvieras todos tus sentidos en lo que hacíamos, no que estuvieses desinhibida por el alcohol. - bueno, era más de lo que pensaba, pero me alegro saberlo.

-Bueno...quiero que sepas una cosa de mí: si me gustas y me apetece, lo propongo, lleve 1 o 5 citas, eso lo considero secundario, me gusta hacer lo que quiero en cada momento, y me frustró un poco tus negativas...pero ahora ya lo sé, y me alaga. Además, debes saber también que no estaba desinhibida por el alcohol, para que me influya debería beber mucho más de lo que tomé tanto el viernes como ayer, así que por eso no te preocupes, por si no te has dado cuenta...- puse cara pillina y le vi sonreír recordando lo que habíamos hecho hacia un rato, desinhibida y sin haber bebido.

-Eso eran todas tus dudas? ¿o quieres saber algo más? - inquirió esta vez él.

-No...quiero saber mucho más, - me acerqué a besarle - ¿lo de hoy ha sido algo especial? ¿o es como sueles hacerlo?

-Debo confesarte que ha sido algo especial, mucho, pero me he contenido - bajó la mirada y seguidamente me miró a los ojos, sincerándose, - no es algo que quiera mostrarte aun de mí, pero poco a poco te lo iré mostrando. - me cogió la mano, y me sentí muy intrigada, lo vi preocupado.

-Soy más atrevida de lo que crees - le dije, no sabía bien a que se refería, pero me daba que le gustaban cosas algo peculiares, cosa que no me asustaba. Sonrió satisfecho, - sé que puedo dar imagen de niña buena y recatada...no soy una "loba", pero tampoco tan inocente como mucha gente da por sentado.

-Ya lo he visto- y se mordió el labio. ¡Es tan sexy!

Terminamos de comer, e igual que pusimos la mesa juntos, la recogimos. Mientras terminábamos de recoger, sonó el timbre. Marc puso cara de " no abras, no estamos", pero fui a ver quién era. Era Emma, con su "nuevo" chico, no podía esperar...pensé, y le abrí. Avisé a Marc de quien era y que subía, puse una cafetera. Marc seguía en toalla, así que fue a vestirse. Era ya bastante tarde, algo más de las cinco. Emma entró gritando un gran "Hola", y aproveché para avisarla de que no estaba sola...se emocionó por conocer a Marc, y miró a todo el alrededor para verle, hasta que lo vio saliendo del dormitorio, abrió los ojos de par en par y me miró interrogante. Puse cara de póker, y les ofrecí café, invitándoles a sentarse en el sofá.

El chico nuevo de Emma se llamaba Noel, llevaban poco más de una semana saliendo, pero se conocían desde hacía meses por amigos en común, era bastante guapo, con cara de niño, aunque tenía nuestra misma edad. Nos sentamos todos a tomar el café y charlar, y temí por el interrogatorio de Emma a Marc. Él se lo tomo bastante bien, con humor, y Emma fue algo más precavida al preguntar, respiré aliviada por ello, hasta que escuché: " y que tal el sexo? ¿ya lo habéis hecho?” nos atragantamos todos, puse cara de horror, ¡no!, y le dije: " eso es algo que se queda entre nosotros, no hagas esas preguntas!" y se rio diciendo "vale, luego me lo cuentas!" nos reímos todos...y le dije que ni hablar. Nos quedamos un rato más charlando, y a media tarde se fueron, después de varias miradas mías hacia Emma cómplices para que me dejara a solas con Marc. Sabía que no se había quedado satisfecha con el interrogatorio, así que sabría de ella en la semana, para completarlo.

Una vez a solas, le pedí disculpas por no haberle avisado sobre Emma, me dijo que no había problema, que le había caído simpática. No quería que se fuese aun, estaba tan bien a su lado, que no quería que terminara...pero ya acababa el fin de semana, y volvíamos a la rutina, sin saber si lo podría ver a media semana, o cuando.

-Hasta que hora puedes quedarte? - acabe preguntándole.

-No me quiero ir...- al igual que yo no quería que se fuese. - pero mañana he de madrugar...me han hecho el favor de dejarme el turno de mañana, aunque en una ruta que no te veré, pero sé que terminas por la tarde, ¿no? podríamos quedar, si quieres, el día que te vaya bien. - Bien, pensé, al menos, nos podremos ver después del trabajo.

-Si, pero quédate un poco más. ¿Vemos una película, o salimos a pasear? - me puso cara de querer comerme, pero opto por la película…cualquiera que fuese cómica o acción, así que miré lo que tenía mientras él salió para comprar algo de refresco y helado, había una tienda 7/24 cerca de casa, y no tardó en volver.

Se acomodó en el sofá, y yo me abracé a él mientras compartíamos el helado. No duramos mucho viendo la película...le frené un poco, recordándole que no tenía más preservativo, y sacó uno de su bolsillo..." la tienda de aquí tienen de todo" dijo sonriendo, y nos volvimos a sumergir en el terremoto de caricias y placer, en el sofá esta vez, dejándonos llevar, volvió a ser atento, y seguía percibiendo que se controlaba conmigo sin saber bien en que, me dejó a mi tener el control esta vez, fue maravilloso, otra vez.

Estaba sola en el apartamento, a punto de irme a la cama, cuando escuché el timbre sonar de forma muy insistente. Me extrañó, ¿Quién podría ser a estas horas? cuando fui al portero, no había nadie, no contestaba nadie, ni se veía a nadie, ya que tenía video portero. Me fui a la cama intranquila, y al cabo de una hora aproximadamente, volvió a sonar el timbre, de la misma manera. Esta vez me asomé al balcón, pero nada... no había nadie. Acabé pensando que quizá fueran algunos gamberros, haciendo bromas pesadas. Aunque no dormí tranquila por ello. Y me aseguré de echar bien la llave en la puerta de entrada.

Los lunes en la oficina son muy rutinarios... cumplir con la agenda, alguna reunión para planificar proyectos, e ir trabajando en ellos entre visitas y reuniones. Normalmente suelo adelantar bastante trabajo en el fin de semana desde casa, pero esta vez no hice nada, y estaba como en una nube todo el día... cumplía, claro está, con el trabajo, pero me sentía en una nube, en la que no acababa de creerme lo sucedido en estos días, pero encantada y con toda la intención de dejarme llevar y disfrutarlo, durara lo que durara.

Paré a media mañana a tomar un café en el office de la empresa, y no tardaron en aparecer Derek y Noa, dos de mis mejores amigos dentro de la oficina, con intenciones de interrogarme.

- ¿Qué te pasa hoy, Annie? - me inquirió Derek, sin más preámbulos.

-Si... estas muy rara hoy, ¿te ha pasado algo? - siguió Noa.

Yo puse cara de no romper un plato, y traté de eludir...

-A mí... que me iba a pasar... nada... por qué lo dicen?

-No nos mientas, estas algo dispersa, y en ti, eso es muy, muy raro, ¡¡¡con lo que tú eres!! - siguió Derek.

-De acuerdo, os cuento, pero un poco - acabé cediendo. - He conocido a alguien, y he estado casi todo el fin de semana quedando con él. - esbocé una amplia sonrisa., mientras ellos ponían ojos como platos.

- El chico del viernes?! el de la visita de última hora?! - soltó Noa.

-Si... sí que es él. - no podía dejar de sonreír tontamente.

-Con razón no viniste con nosotros... - siguió Derek.

Continuó un interrogatorio en toda regla durante unos minutos más, apuré el café, y me apresuré en volver al trabajo, no solo porque tenía mucho, sino también para evitar que siguieran preguntando. No soy muy dada a explicar muchos detalles de mi vida personal.

A mediodía, casi a la hora de comer, recibí un mensaje, de Marc:

- Buenos días, Annie, te echo de menos, avísame cuando salgas. Estoy deseando verte. - junto un par de emoticonos de corazón.

Le contesté en cuanto pude, - Buenos días, yo también. Te aviso. - y adjunté un emoticono de un beso.

Tenía mucho trabajo, varios proyectos para que salieran lo más pronto posible, así que no pare a comer... pedí a Noa, que salía a comer, que me trajera algo, un sándwich, una ensalada o lo que viera, para tomarlo en la oficina mientras trabajaba. No tardó mucho en llegar con una bolsa para mí: ensalada, sándwich, un muffin y un refresco. Era muy detallista, y siempre que le pedía algo lo hacía con cariño, se lo apreciaba mucho.

Poco antes de terminar mi jornada, vino el jefe, para ver mis avances, y pedirme que me quedara un poco más, que venía uno de los clientes más importantes que teníamos para ver los avances, había avisado con poco tiempo, y normalmente no damos las citas así, pero por ser quien era, siempre le concedían estas excepciones. Por la conversación con él ya sabía que íbamos a tardar más de lo que me estaba diciendo. Me lamenté, y avisé a Marc que esa tarde tenía trabajo y no podría quedar con él, no sabía la hora en la que acabaría, pero seguramente, tarde. Me respondió que estaba bien, y cuando acabara lo llamara.

De la reunión salí tarde, y molesta... no por salir tarde, sino por la poca claridad y mucha exigencia del cliente. Quería acortar los plazos considerablemente, y de las presentaciones que tenía preparadas, aún no acabadas, le gustaba, pero quería verlas acabadas y alguna más, porque creía que faltaba algo, sin especificar qué. Con clientes así, me siento, pregunto y escucho, a ver qué idea tienen de la campaña, que quieren transmitir, a quien se quieren dirigir.... y como era algo muy ambiguo todo lo que me decían, pregunté bastante más, incluso conversé de cosas que aparentemente no tenían que ver, para intentar hacerme una idea de cómo eran, carácter, etc. Salí molesta, pero con la clara idea de que, en la próxima reunión, ese mismo viernes, los sorprendería, ya sabía más o menos que tenía que hacer... ahora solo tocaba darle forma para la presentación, que escogieran una y realizar la campaña.

De camino a casa, en el bus, aproveché para llamar a Marc. Conversamos un poco, de cómo nos había ido el día, y poco más... me hubiera gustado verle, pero así quizá mejor, todo estaba siendo muy intenso en poco tiempo. Me bajé un par de paradas antes de mi casa, había un supermercado cerca, que cerraba tarde, y necesitaba comprar... ya que normalmente compro los sábados, y éste no lo había hecho. Cogería, aunque fuera algunos básicos para pasar un par de días, y ya volvería con más tiempo otro día.

Estando ya en la cola para pagar, vi que entraba Teo, un exnovio, me vio y paró a saludarme. No acabamos muy bien, pero había pasado bastante tiempo, por lo que decidí ser cortes, me agrada tener buena relación con todo el mundo.

-Hola Annie! ¿Cómo tu por aquí? vives cerca?

-Hola, si... de compras, ya ves.... cuanto tiempo! ¿Qué tal te va todo?

-Bien, bien... me alegra mucho verte, a ver si podemos quedar un día, tomar algo, ponernos al día....

-Si, estaría bien. Hace mucho que no te veo, ¿Qué ahora vives por aquí?

Ya me tocaba mi turno en la caja, se despidió sin contestar, y marchó. Me extrañó su forma de hablarme, como si nada, le respondí por cortesía, realmente no me apetecía quedar con él, nuestra historia acabó hace mucho, aunque no había tenido otra relación como tal después de él, si tenía ligues sin más, podía ser cortés, pero nada más, y salió sin comprar nada, me extrañó mucho...igual con mi encuentro se había despistado. Pagué y fui a casa paseando, quedaba cerca y necesitaba andar.

Al llegar a casa, me puse música, preparé una cena ligera, y me puse a trabajar entre bocados. Recibí un mensaje de Marc, deseándome buenas noches con un poema:

"Me duermo pensando

en ese último beso

esperando que me regale

preciosos sueños.

Que vuelen hasta ti

mis mejores deseos

y que sueñes conmigo

que yo contigo me quedo"

Le respondí, me encantó el detalle, seguramente sacó el poema de algún libro... es un chico que realmente me obnubila, tiene muchas facetas, por lo poco que he visto, y sé que aún tengo mucho por saber de él. Se ve educado, inteligente, romántico.... y salvaje a la vez, no había conocido a nadie así antes. Miré la hora, se me había hecho muy tarde. Recogí todo rápidamente, y me fui a dormir.

De madrugada, me sobresalté, estaban llamando al interfono, de la misma manera que ayer. Me molesté, encendí las luces y me asomé... nadie otra vez. En la ventana de al lado se había asomado mi vecino, molesto, también le había despertado el ruido... a esas horas, con todo en silencio, cualquier ruido se escucha en demasía. Me disculpé y le expliqué lo que pasó la noche anterior, y esta otra vez. Se ofreció en ayudarme, si veía algo, o me pasaba algo, quería que lo llamara, y él me avisaría si veía algo extraño. Se lo agradecí, sabía que vivía sola, y siempre era atento conmigo. Esta vez conseguí dormirme un poco más tranquila.

Me levanté temprano, y salí a correr. Normalmente es mi rutina, aunque el lunes la pasé por alto. Después de correr un poco por un campo cercano, vuelvo a casa, me ducho, desayuno, ¡y a trabajar! Necesitaba volver a mi rutina mañanera, me sentaba muy bien.

En el trabajo tenía menos visitas, por lo que aproveché todo el tiempo que pude al "gran proyecto" que tenía para el viernes. Logré adelantar bastante trabajo... todas las ideas iban saliendo rodadas, encajando a la perfección conforme avanzaba. Tuve que hacerme cargo de coordinar una campaña que ya estaba aprobada, surgieron unos problemas con algunos técnicos, y el fotógrafo, pero enseguida conseguí resolverlos y volver al proyecto. Quería avanzar todo lo que pudiera, así en el resto de la semana podría adelantar otras cosas.

En el día recibí varios mensajes de Marc, los cuales fui contestando. Quedamos a la tarde, en cuanto le avisara que salía del trabajo. Poco antes de acabar, le avisé, en una hora terminaría mi jornada, y nos veríamos en una cafetería cercana.

Cuando llegué él ya estaba allí, eran poco más de las 6, pedí un té y un dulce, y él café... pasamos un largo rato allí, hablando. De todo y de nada. Conociéndonos un poco más. De vez en cuando me tocaba la mano, y cada vez notaba esa electricidad que él provocaba en mí, y se daba cuenta. Noté que la camarera del lugar empezaba a mirarnos mal, miré la hora... estaban a punto de cerrar, y se impacientaban con nosotros. Fui para pedir la cuenta, pero la chica me informó de que ya estaba pagada. ¿Cuándo la pagó? no me di cuenta. Salimos, y le sugerí dar un paseo por el centro, estábamos a un par de calles solo.

Fue un paseo muy agradable, cogidos de la mano, y de vez en cuando besándonos. Se hizo tarde, le dije de marcharme, que madrugábamos los dos, pero no aceptó.

-Has de cenar, ¿no? cenamos juntos y te acompaño a casa, he dejado el coche cerca.

-Como negarme? – suspiré, provoca demasiadas cosas en mí.

Y entramos en un restaurante a cenar, por la zona hay muchos restaurantes acogedores, de diferentes tipos de cocina... pero casi todos ponen flores o velas en la hora de la cena para decorar sus mesas. Éste tenía velas.

Al terminar me llevó a casa con su coche, y parecía que ninguno de los dos quería terminar la noche, como no, como siempre nos pasa, pero teníamos que trabajar y ser responsables. Le di un último beso y entré en casa. No se fue hasta que no me vio dentro del portal cerrando la puerta. Y de nuevo, estaba en esa dulce nube.

Ya era tarde, por lo que directamente me fui a acostar nada más entrar en casa, esperando que no volvieran a molestar los bromistas del timbre. Por suerte, así fue.

Por la mañana seguí con mi rutina diaria… fui a coger las zapatillas de correr, donde las dejo siempre, pero no estaban ahí, busqué alrededor, y estaban en otro cajón del zapatero. Me resultó extraño, nunca las dejaba ahí, pero puede que me despistara, llevaba poco más de una semana que me sucedía cosas similares en ocasiones, suelo ser muy ordenada y tener todo en un lugar determinado, pero a veces, cuando iba a coger lo que fuere, no estaba en donde siempre, y lo encontraba en otro sitio. En ocasiones pensé que sería despiste mío, o que alguna amiga lo guardara donde no era cuando venían, de todos modos, empezaba a molestarme y ser cotidiano.

Esta vez envié un mensaje de buenos días a Marc, adelantándome a su mensaje, ya que siempre era el quien me escribía primero. Sabía que ya estaría trabajando, los conductores empiezan muy temprano sus rutas. Me contestó de inmediato, estaba justo en una parada, esperando. En los trayectos tienen varios puntos de paradas largas, por los horarios, suelen ser la primera parada y la última, a no ser que vayan con atraso. No podía evitar sonreír cada vez que recibía un mensaje de él.

Quedamos para vernos al día siguiente, jueves, y me intrigó diciendo que tenía un plan especial preparado, que me gustaría. No sabía que podría ser, pero me tenía en vilo. Aproveché para poder trabajar todo lo posible, adelantando, e intentar no tener imprevistos para esa tarde.

Capítulo 3

Conseguí terminar las presentaciones del viernes, antes de lo esperado, el jueves por la mañana ya lo tenía todo organizado, y dediqué el resto del día a supervisar las campañas que ya estaban realizándose, reuniéndome con los fotógrafos y editores. También tenía una reunión con el jefe, Antonio, para hablar de las vacaciones, ya las teníamos distribuidas, pero como ya empezaban a ir algunos compañeros, teníamos que suplirnos para cubrir todo el trabajo. A mí no me tocaban las vacaciones hasta finales de temporada, primeros de septiembre, fechas en las que nos vamos pocos, y aun estando de vacaciones siempre supervisaba mi trabajo a distancia, dejaba todos los proyectos organizados, y solo tenía que ir llamando para asegurarme de que fuesen bien. Si tenía visitas las pospondrían hasta mi regreso. Antonio Mero es un buen jefe, estricto, pero me apreciaba y teníamos buena relación. Me esforzaba en mi trabajo y lo valoraba, a pesar de que a veces creía que estaba en ese puesto por influencias, yo demostraba que estaba por mi trabajo y me esforzaba en más por ello.

Como sabía con antelación que después vería a Marc, elegí un vestido de corte clásico, corto y ajustado, perfecto para la oficina, pero también muy favorecedor para salir después, tuviera el plan que tuviera… a no ser que fuera hacer deporte u otra actividad similar, entonces tendríamos que pasar por casa a cambiarme de ropa.

Cuando salí de la oficina estaba esperándome en la puerta del edificio, vestía elegante y moderno. Me alivié, iría bien para lo que tenía planeado. Nos besamos brevemente, y le pregunté intrigada.

- ¿Dónde vamos? Vas muy guapo!

- Aquí cerca… estás preciosa, no tardaremos.

Caminamos en dirección opuesta al centro, en esa dirección se encuentran diferentes galerías de arte, pequeños estudios de algunos artistas que dan clases, y tiendas variadas, pero con artículos peculiares, algunas de decoración, otras de mobiliario selecto, etc. Entramos en un portal, en el cual no había ningún cartel, nos dirigimos al bajo. En la puerta se encontraba un vigilante, Marc le dio su nombre y miró la lista antes de dejarnos pasar. Era extraño, y estaba intrigada y nerviosa por saber dónde entrabamos.

Nada más entrar un chico que vestía con traje de colores llamativos saludó animadamente a Marc, él le respondió y me presentó.

-Hola Julius!! Qué éxito la presentación…. ¡Cuánta gente! – le comentó Marc, el lugar estaba casi lleno, y aun no sabía que hacíamos ahí.

-Si!! ¡Estoy muy emocionado, han venido todos los invitados! ¿Quién te acompaña?

- Es Annie, una… amiga- titubeó, realmente nos estábamos conociendo y aun no habíamos hablado de etiquetas, cosa que yo apreciaba, no me gustaban. Le sonreí a Marc, aliviándole.

-Hola, encantada de conocerte. - y le di dos besos, como es costumbre. Él me abrazó y cogiéndonos del brazo a mí y a Marc nos metió dentro del local.

Nos colocó enfrente de un gran cuadro en la pared… y nos habló animadamente sobré él. Miré a mi alrededor y pude ver que estábamos en una exposición de arte, era el día de la presentación, por eso lo de la lista de invitados en la entrada, y donde estábamos parecía ser la obra central de la exposición. Era un estilo muy atrevido, surrealista, pero al verlo impactaba y gustaba. Julius era el artista, y se notaba que estaba orgulloso y nervioso por el gran día. Tenía talento. Al poco vio otro conocido, se disculpó y nos dejó a solas admirando los cuadros. El local era una galería, pero sin carteles fuera que la marcaran, solo podían acceder los que la conocían, era un poco peculiar, pero sabía que por la zona había algunas galerías así, consideradas más exclusivas.

-Te gusta el plan Annie?

Me giré para mirarle, sus ojos me penetraban.

-Si, es fantástico. Me gusta mucho el arte, Julius tiene mucho talento. ¿Desde cuándo le conoces?

- Mmm… desde hace mucho, mucho tiempo. Éramos niños cuando le conocí, y siempre supe que llegaría lejos. A ver cómo le va su primera presentación, pero sé que tiene talento, se ve.

Me dejó sorprendida, lo conocía desde hacía poco, pero no habíamos hablado de arte, y por lo visto era algo que ambos teníamos en común. Tomamos una copa de cava y algunos aperitivos y estuvimos mirando todos los cuadros que allí había, y hablando. Al rato volvió Julius a ver como seguíamos, acompañado de otra amiga, que también Marc conocía, y entonces nos dimos cuenta de que ya casi estábamos solos… habían marchado casi todos. Nos despedimos, y salimos a cenar. Una tarde maravillosa, de nuevo. No quería despedirme, no quería que se fuera. Pero siendo realistas, debíamos madrugar para trabajar. No podía ser, estaba yendo todo demasiado rápido, era demasiado bonito, y eso me daba un poco de miedo, a la vez que no quería evitarlo, quería vivirlo intensamente, aunque luego resultara una ilusión, o acabara.

Estaba nerviosa, me costaba dormirme. Cuando ya casi estaba logrando quedarme dormida, sonó de nuevo el timbre, de madrugada, insistente. Esta vez no encendí la luz, a ver si sorprendía al que estuviera molestando. Pero de nuevo, nadie. Quien fuere la había tomado conmigo, o con mi timbre.

Por fin llegó el viernes. El día de la gran presentación, aunque no era hasta última hora de la mañana. Me pasé hasta entonces repasándolo todo, mirando que no hubiera ningún fallo, revisando el equipo de la sala de presentaciones. Noa y Derek me llamaron para que tomara con ellos un café, a media mañana, aunque bromearon diciéndome que me lo tomara descafeinado. Estaba más nerviosa de lo habitual, y no era la primera presentación que hacía a una gran compañía, pero esta vez había hecho un trabajo extra, combinando todas las ideas de las otras tres presentaciones por libre, y esperaba que aprobaran alguno, a estos nervios se sumaba el dormir poco, y el molesto bromista de madrugada, que me empezaba a preocupar. Me sentó bien el rato de desconexión con mis compañeros, y su animada charla.

Y llegó el momento, la hora de la presentación. A ella asistimos varios miembros de la junta de la marca, mi jefe Antonio, un ayudante y yo. Después de la presentación, los asistentes estaban serios, así que les dejamos un rato a solas, para que hablaran y decidieran. Al volver a entrar, me alivió cuando elogiaron el trabajo hecho. Pensé que no aprobarían nada. Hicieron especial mención al trabajo extra, la que unía todas las ideas, la que más gustó, pero querían una campaña que abarcara varias visiones, por lo que querían llevar a cabo todas, al unísono. Era una gran campaña de difusión de la marca y sus productos, en los que en cada una abarcaba algo, y en la cuarta, unía todas las ideas, me quedé parada, antes nadie había querido hacer tantas a la vez, pero era lo que querían, y tenía sentido por el lanzamiento de nueva imagen y proyección de la empresa. Tocaban unas semanas de mucho trabajo, ya que tendría que estar preparada en pocas semanas, justo después de mis vacaciones, y eran cuatro campañas conjuntas, que saldrían en cartelería, prensa, televisión y radio.

Celebramos el acuerdo con los clientes, y una vez se fueron, Antonio me felicito especialmente. No le había mencionado la cuarta presentación, y fue una sorpresa para él también, pero le alegró mi iniciativa y la decisión del cliente.

Salí a comer con Noa, Derek y un par de compañeros más, a la cafetería que había frente al edificio, solíamos ir allí. Al volver a la oficina, había un ramo de siete rosas rojas en la recepción, esta vez con nota. Noa nada más verlo me miró a mí, alegando que serían mías. Le pedí que lo mirara, que igual no, pero si, eran de Marc. En la nota ponía:

“para la hermosa Annie, por esta semana… ¿juntos? Nos vemos pronto”

Vaya… por lo visto, tendríamos que hablar de nuestra relación, le explicaría que no me gustan las etiquetas en las relaciones, supongo que después de varias decepciones soy un poco reacia a estas cosas. Pero no pude evitar poner cara de boba con las rosas y su nota. Las puse en mi escritorio. Poco después recibí una llamada de Marc. Le agradecí el detalle, y quedamos por la tarde, solo que tardaría un poco en llegar, así que le sugerí quedar en el bar donde suelo ir con los compañeros de trabajo, estaría allí con ellos hasta que llegara.

El bar donde solemos ir los viernes después del trabajo es un sitio cercano, tipo irlandés, con variedad de cervezas, y mesas de billar, futbolín y dardos para pasar el rato. A mí me gustaba especialmente el billar, y Derek siempre me retaba a alguna partida apostando alguna cosa, normalmente pagar la cuenta o invitar a una ronda. Justo estábamos jugando cuando llegó Marc, yo estaba de espaldas, esperando la jugada de Derek, cuando sentí que me cogían por la cintura, me recorrió un escalofrío, que reconocí de inmediato y supe que era Marc, sin siquiera girarme. Me giré para besarle, y Derek fallo el tiro. “me toca” le dije a Marc, y continué la partida, mientras el me miraba desde una banda. Entre turnos iba donde estaba él, se lo presenté a los demás, y se mezcló charlando y esperándome. Una de las veces que esperaba mi turno me dijo:

- No te das cuenta, ¿verdad?

-De qué? - le contesté, no tenía idea a que se refería.

Me sonrió, y besó, pero no me contestó. Me quedé pensativa, y continué la partida… me salió una carambola que no esperaba, pero puse cara de póker, como que la había hecho adrede, y gané la partida. Derek no tenía buen perder, pero le prometí la revancha otro día. Nos despedimos de todos y salimos del bar.

-De que no me doy cuenta? – le pregunté, recordando su pregunta mientras jugaba. Se mordió los labios, me agarro atrayéndome hacia él y me contesto:

-Me provocas constantemente… y no te das cuenta- y me besó apasionadamente. Me derretía en sus brazos. Nos frenamos suavemente, recordando que estábamos en la calle, a la puerta del bar.

-Donde quieres ir? - me preguntó.

-A mi casa… hoy te hago yo la cena. – puso una extraña cara, recordando mi nevera la última vez. - no me mires así, he hecho la compra, la nevera está llena, no te preocupes.

Nos dirigimos a mi casa, tenía pensado en prepararle unas tortas de maíz, y varias cosas de relleno, para hacerlas al gusto. Se ofreció para ayudarme en la cocina, se defendía bien en ella. Le pase unos vegetales para que los fuera cortando en tiras, mientras yo preparaba un poco de pollo sazonado a tiras en la sartén. Lo dispuse todo por separado: pollo, lechuga, zanahoria, unas tiras de cebolla, pimientos, varias salsas y quesos. Calenté en la plancha las tortitas, y pusimos todo en la barra de la cocina, acompañándolo de un vino espumoso rosado. Marc me pidió algún cubo o algo para poner la botella en hielo, le indiqué que tenía uno y en donde, pero no lo encontraba, miro en más armarios, y finalmente la encontró en un armario alto, encima de la nevera. Era extraño que estuviera allí, ya que me cuesta llegar a ese armario y no guardo casi nada ahí, al igual que tampoco podían haber sido mis amigas, tampoco llega ninguna. No le di más importancia, y nos pusimos a cenar.

No sabía si le gustaría, pero así fue, por suerte. En toda la cena no paramos de tontear, y no llegamos a terminarla, era imposible con él, y estando a solas… el deseo que me provocaba era superior a mí, y creo que a él le pasaba lo mismo.

-Muéstrame más de ti…- le susurré mientras nos desnudábamos el uno al otro, insinuándole que no se controlara conmigo lo que fuera.

-Hoy no, hoy quiero tu dulzura, llevo esperando toda la semana… ha sido difícil resistir…- me suplicó.

Y nos sumergimos en un torbellino de dulce pasión, caricias sinfín y éxtasis, aun notando que reprimía algo, pero lo disfrutamos, los dos. Otro día me mostraría más como era, quería ver qué era lo que no me mostraba aún.

No dormimos demasiado en la noche, no podíamos reprimir la pasión que sentíamos juntos, tan solo rozándonos la piel.

Nos levantamos a media mañana, le propuse ir al centro comercial para desayunar, y planeaba llevarlo a una tienda algo especial que allí había, con la intención de que allí me revelara algo más de él. Le agradó la idea… desayunar, pasear, comprar… pintaba bien. Donde pretendía llevarlo, sería una sorpresa.

Lo fui dirigiendo hacia la tienda sin que se diera cuenta, admirando escaparates y entrando en alguna que otra tienda de ropa, bisutería y decoración. El local estaba algo apartado de la zona central del centro comercial, era al aire libre, y tenía varias calles no demasiado transitadas, ésta era una de ellas. Me paré al frente de la puerta. Se trataba de un Sex-shop.

-Entramos? - me miró sorprendido

-En serio? ¿Quieres entrar aquí? – asentí sonriente y entré sin esperarlo. Seguidamente entro tras de mí

-Quiero saber que te gusta… Quiero saber todo de ti, y si hay algo aquí que te gustaría… - se mordía el labio, pero sonreía, estaba encantado de la situación.

-La verdad es que tengo algunas cositas, como esto, - señaló un pequeño látigo, extrañamente no me sorprendí- y algunas esposas suaves, claro… pero sí que me gustaría tener algo. – se puso a buscar por la tienda.

Al rato dio con lo que buscaba, era un columpio de cuero negro, con los interiores de los agarres en terciopelo rojo. Muy atrevido, pero me gustó. Lo cogí.

-Te gustaría algo más? – me miró con sorpresa, viéndome tan tranquila y animada con el momento.

-Por qué lo coges? ¿Te lo compras? si quieres seguimos mirando, pero por mí no, quiero ir a otro sitio. – me lanzó una de sus miradas penetrantes y sonreía, lascivo.

-Te lo regalo. Vámonos – le seguí.

Pagamos en la caja, nos lo metieron en una discreta bolsa opaca sin publicidad, eran detallistas.

Al salir de la tienda me llevo adentrándonos más en la pequeña calle, no había salida, así que no sé adónde iba. Abrió una puerta, en la que ponía una señal de sala maternal, me dejé llevar, no sabía que hacíamos ahí. Dentro se encontraba un par de butacas, un baño, una pequeña cocina con lavabo, microondas y encimera, era una sala pensada para familias con bebes, donde podían amamantar, calentarles la comida o cambiar los pañales. Debieron situarla al hacer el centro, sin pensar que en esa zona finalmente no pasarían familias por allí, por el tipo de tiendas que había cerca. Marc cerró la puerta con pestillo, me agarró contra él apasionadamente y me subió al mármol, besándome y quitándome la blusa, haciéndome enloquecer con su mano en mi entrepierna, le seguí e hice lo propio con él, me bajó y me giró bruscamente, me penetró estando de espaldas a él, apoyada en el mármol frio a contraste con la alta temperatura de mi cuerpo. Fue más salvaje que veces anteriores, y me gustó. Por fin me mostraba un poco más de él, siendo más agresivo y pasional, pero sin dejar de mirar por mí, porque me sintiera bien y disfrutara.

Se hizo tarde, y decidimos quedarnos a comer en el centro, y luego ir al cine… día completo de centro comercial.

Al irnos me invitó a su casa, así que me llevó con él. Su piso estaba en una buena zona con edificios históricos, algo apartada, pero desde la que se llegaba rápido al centro, en dirección opuesta a mi apartamento. Estaba expectante por ver donde vivía.

Al llegar al portal pude ver que era un precioso edificio histórico, en estos edificios los pisos eran muy amplios con techos altos y grandes ventanales. Entramos en el piso, y si, era un gran piso, amplio, había reformado el interior dejándolo más abierto, con estilo minimalista, buen gusto y cálido. La sala, comedor y cocina era todo un ambiente, con pequeñas separaciones por mobiliario, y una isla en la cocina. Quedé sorprendida, no imaginaba ese buen gusto, no sé por qué. Me hizo una pequeña visita guiada, enseñándomelo todo. Tenía tres dormitorios, seguramente antes eran cuatro y uno lo abrió para tener un gran comedor y sala, uno era el suyo, con baño propio, tipo suite, completo con una gran bañera, otro dormitorio tenía la utilidad de estudio, con mesa, ordenador y estantes con algunos libros, y una habitación más, decorada y preparada, me dijo era para invitados, y un baño más en el pasillo, éste con ducha. Era un piso muy grande, espacioso y luminoso.

Pasamos a la sala de estar y sirvió dos copas con vino blanco, nos acurrucamos apoyando mi cabeza en su pecho, y así estuvimos un corto rato. Estaba en un momento que no necesitaba más, era feliz, y en ese momento me di cuenta de que me estaba enamorando, en muy poco tiempo, casi sin percatarme. Levanté la cabeza para mirarle a los ojos, y ahí estaba, mirándome, con esos ojos que me hipnotizaban y penetraban en lo más profundo de mi ser. Me levantó suavemente la barbilla con la punta de sus dedos, y me besó con extremada dulzura y suavidad, como nunca antes lo habían hecho, tumbándome poco a poco en el sofá, con delicadeza. Sucumbiendo otra vez al placer. ¿De dónde había salido un hombre así? ¿Cómo podía ser en un momento tan dulce y delicado, y al otro momento totalmente salvaje? No lo entendía, pero me tenía totalmente atrapada, me fascinaban ambas caras.

Nos quedamos largo rato relajados en el sofá, desnudos, dándonos suaves caricias recorriendo todo el cuerpo con las yemas de los dedos, besándonos dulcemente. Me levanté para coger agua, solo me puse su camisa, no apartó su mirada de mi en ningún momento.

-Te queda muy bien mi ropa…- acabo diciendo. Le sonreí y llevé un vaso de agua para él. Volviendo a ponerme entre sus brazos, tal como estaba hacia un momento.

-Quédate esta noche conmigo- me susurró. – Si quieres te puedo dejar algún pijama mío para dormir…. Si dormimos, claro…- me puso su sonrisa perversa. Le sonreí.

-Si… me quedo, pero no me hace falta nada. – me miró lascivo, le guiñé un ojo y añadí – duermo desnuda.

Me agarró en brazos, y besándonos, me llevo a su cama. Me llevaba como si no pesara nada para él, y me encantaba como podía cogerme y moverse como si nada. Me tiró a la cama y se giró para rebuscar en un cajón, sacó un par de esposas de terciopelo rojo, y un antifaz negro. Tenía ganas de juego, me puso el antifaz y las esposas dejándome sujeta en el cabecero totalmente desnuda y se fue, pidiéndome que esperara un momento. Lo escuché trastear, supongo que buscando algo más, salió de la habitación y al momento volvió, pero no podía ver nada. Estaba expectante y excitada por lo que pudiera avecinarse. Noté que se apoyaba a mi lado

-Confía en mi- dijo susurrando con su sexi voz algo ronca. Me estremecí y asentí. Empezó su juego.

Noté suaves caricias recorriendo mi cuerpo, empezó por el cuello, bajando por los pechos, recreándose, yendo hacia el ombligo, para pasar después a las caderas, acercándose al pubis sin llegar a tocarlo. Era muy excitante, lo hacía con algo muy, muy suave, sin hacer cosquillas, imaginé que sería alguna pluma o similar. Una vez satisfecho con el recorrido, hizo lo mismo, con algo muy, muy frío, ¿sería un cubito de hielo? Esta vez se recreó más en los pezones, y al terminar lo dejó encima del pubis, derritiéndose poco a poco, y extrañamente excitándome más y más, con esa dulce y suave tortura, sin poder ver ni tocarle. Se puso sobre mí, cuerpo contra cuerpo, sin penetrarme, comenzó a acariciar todo mi cuerpo, y pellizcarme en los pezones. Era extraño, era un pequeño dolor, pero placentero, gemí a la sorpresa, él iba haciendo, viendo mis reacciones. Me besó pasionalmente, se apartó y me giró. Recorrió mi espalda con el cubito de hielo, y de repente me dio una cachetada, no muy fuerte, no sé con qué, me excitó más. Nunca había practicado nada así, ni cachetes, ni nada similar, pero me gustó la novedad, no lo sé explicar bien, pero más que doler, excitaba. Me volvió a pellizcar los pezones, y dio otra cachetada, un poco más fuerte, gemí. Me puso algo entre las piernas, y dio un pequeño golpe, esperó un poco atento a mi reacción y dio otro golpe igual en la misma zona… estaba torturándome, le deseaba y no sabía si quería que terminara con ese suplicio y me hiciera suya o siguiera… era tan extraño, tan excitante. Y de improvisó me penetró, fue salvaje, mientras me penetraba me dio un par de golpes más en las nalgas, paró para girarme y quitarme el antifaz, y me volvió a penetrar, sentado frente a mí, cogiéndome las piernas por encima de sus hombros, fue muy intenso, salvaje, increíblemente placentero, provocándome varios orgasmos…él lo notaba y se excitaba más, hasta que no pudo más y se dejó llevar hasta alcanzar también el clímax, tumbándose junto a mí después. Me temblaban las piernas, me soltó las esposas y miré al lado, en la mesita de noche, tenía un pequeño plumero de cuero con las plumas rojas, y había algo también de cuero negro, en un lado era como un látigo y en la otra tenía forma de corazón… ¿es eso lo que había usado? Marc me miró, sonriente.

-Es un látigo con fusta, ¿te ha gustado? – sonreía complacido.

-Si- me puse roja, no sé por qué. – con esto me dabas?

-Si…con la fusta, solo para ver si te gustaba, el látigo, si tienes curiosidad, lo podemos usar luego, u otro día. ¿Querías saber más de mí? Esto es un poco más…- me miraba expectante a mi reacción.

Me giré para mirarlo, no entendía como algo que podía hacer tanto daño, podía usarse para dar tanto placer. Se dio cuenta de mi perplejidad, o intuyó lo que pensaba y comenzó a decir:

-Veras… hay una fina línea entre el dolor y el placer, y la clave es saber exactamente donde esta esa línea, ahí es donde más placer se tiene, en el límite, y me encanta jugar con ese límite… ¿Sabes? No a todo el mundo le gusta, pero tú… aahhhh… ¡me has sorprendido! ¡Y me encanta! – me miró a los ojos y me besó – Me vuelves loco.

No podía dejar de sonreír… había adivinado lo que me estaba preguntando, nunca había experimentado unas sensaciones así, siempre he tenido parejas con gustos muy simples, incluso alguno más aburrido, y no me había planteado que me pudieran gustar este tipo de juguetes, juegos, y experiencias. Había todo un mundo nuevo que Marc me había mostrado, y quería descubrir más de este mundo junto a él.

Me había dejado totalmente exhausta, pero quería levantarme a por un vaso de agua, o algo fresco… al levantar, me flaquearon las piernas, aún me temblaban. Marc me miraba complacido.

-Me fallan las piernas… - me quejé riendo- ¿! que me has hecho!? – le eché en cara, bromeando. Él sonreía, me cogió de la cintura y tumbó junto a él en la cama.

- ¿Dónde querías ir? - me pregunto mientras me agarraba.

- A por algo de beber…

- Ya voy yo- se levantó de un brinco y fue él. – tu descansa, que luego quiero más- dijo amenazándome con el dedo.

Al volver traía una bandeja con zumo, agua, y algo de picar, para los dos. Quería que recobrara fuerzas, y la amenaza no era una broma... aunque yo también tenía ganas de él, sentía una atracción muy fuerte, que me costaba reprimir, y sinceramente, no quería, quería disfrutar todo lo que pudiera con él, mientras durara. Tengo el concepto de que normalmente las relaciones tienen una duración determinada, no me cierro al amor, pero soy consciente de que no suele salir como queremos, o termina… así que mientras me tuviera loca, y yo a él, quería disfrutar de su presencia y su pasión, aun sabiendo que eso conllevaría a que me enamore más de él, y si termina, sufriría más, aceptaba el riesgo.

Mientras tomábamos el snack, miré el móvil… lo había dejado en silencio, y tenía varias llamadas y mensajes. Eran las chicas, querían hacer planes. Preguntaban si queríamos quedar el domingo por la mañana, para ir a la playa y comer por allí. Se lo comenté a Marc, y aceptó… así las conocería a todas. Les envié un mensaje contestando, con hora y lugar donde quedar. Tendría que pasar antes por mi piso, para ponerme el bikini y coger la bolsa de la playa con toalla y demás.

Se acercaba la hora de cenar, pero ninguno de los dos queríamos salir de la cama, ya más calmados, disfrutando de caricias mutuas. Hicimos acopio de fuerza de voluntad, y Marc se ofreció para preparar algo. Salió de la habitación tan solo con los pantalones puestos, una grata imagen. Me quedé un poco más en la cama, disfrutando del momento. Salí poco después con su camisa puesta, y estaba preparando algo en la cocina… una ensalada muy completa y algo de pescado, al horno, tomando una copa de vino blanco mientras cocinaba. Al escucharme se giró, con una amplia sonrisa, y me ofreció una copa, mientras esperaba en la sala. Me acerqué a él para rodearle con mis brazos mientras trasteaba, y le besé en la espalda, cogí la copa que me ofreció y me senté a observar. Se desenvolvía muy bien en la cocina, y pude ver que la disposición y donde guardaba las cosas, era similar a como lo tenía puesto yo… por eso cuando me ayudaba en mi piso se defendía tan bien… tenemos la misma manera de guardar las cosas, me pareció un detalle curioso, y sonreía tontamente ante el detalle.

¿Cómo podía ser que, estando “juntos” desde hacía solo una semana, sintiera una conexión tan profunda con él? Algo que nunca había sentido con nadie, algo que no era solo esa atracción salvaje.

-Annie, ya está la cena. ¿En qué piensas? - me pillo ensimismada mirándole.

-Pues…. Estaba pensando en el columpio, en cuando lo podremos usar- le dije recordándoselo.

-Bueno… hace falta unos agarres especiales, esta semana lo instalo, sin falta. – me guiño el ojo y se acercó para besarme – podremos hacer muchas cosas en él, pronto.

Nos pusimos en la isla de la cocina, a cenar, con música de fondo. Sabía cocinar bien… había preparado una salsa especial para la ensalada, con toque dulce, y el pescado estaba perfecto, especiado y en su punto. Me preguntaba que más facetas tendría que aún no haya visto. Durante la cena hablamos, y él aprovechó para sacar el tema de nuestra relación, no habíamos hablado de ello, simplemente éramos dos personas conociéndose y disfrutando la una de la otra, sin más, a mi modo de ver.

-Annie, cuando te presente, ¿Cómo debería hacerlo? - comenzó sin más, casi me atraganto al escuchar esa pregunta tan directa. No lo esperaba, aunque sabía que teníamos que hablar de ello.

-Pues… no se…. Te presento a Annie, ¿no? - intenté eludir.

-Sabes a lo que me refiero, cuando te presenté a mi amigo, no sabía que decir, como hacerlo, tampoco quiero que te agobies con el tema… no soy posesivo, ni mucho menos, pero la gente es así… supongo. – puso cara de inocente, y se veía adorable.

-La verdad, no me gustan las etiquetas, pienso que no hacen falta, aunque sé que la gente si las espera y le confunden si no las ponemos. Pero, yo, estoy muy, muy a gusto contigo, me encantas, estamos apenas conociéndonos… y no sabemos a dónde irá esto, por mí, vivamos el presente sin pensar en más, solo hace una semana que empezamos a salir… si te parece bien.

-Sabes, no quiero presionarte, estamos muy bien así, por mi está bien, sin etiquetas, pero he de decirte… bueno… yo sí que se dónde quiero que vaya esto- noté que se callaba algo, me besó la mano, y la mantuvo cogida mientras terminábamos de cenar, cambiando a otros temas, aunque me intrigó la frase: “yo si se dónde quiero que vaya esto”.

Esa noche pudimos dormir algo más… estábamos cansados del viernes noche, y aprovechamos muy bien la tarde del sábado, aunque era inevitable que el simple roce de nuestra piel nos excitara, pero logramos dormir algo más.

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