Capítulo 2

Abril se encuentra entre la espada y la pared, nunca pensó que su primer día en la ciudad causaría un problema tan grave. No quiere ir a la cárcel, pero tampoco le parece bien que por su culpa los patrones echen del trabajo a su madrina.

Media hora más tarde, los señores se fueron a trabajar a la empresa. Hoy también es día de compras, así que la madrina tomó la lista y se marchó junto al chofer, no sin antes advertirle a Abril que no fuera a cometer ningún error, que si no quería estar en la cocina se fuera a la habitación, pero que no fuera a rondar la mansión.

Había tantas cosas que preparar para el almuerzo, es por eso que la chica decidió quedarse en la cocina para avanzar por mientras llegaba su madrina. El teléfono en la cocina sonó, Abril dudó en responder, pero luego se armó de valor creyendo que eran los patrones.

-¡Quiero agua, tráela de inmediato, por favor! -ordenó Alejandro.

Abril dejó de hacer lo que estaba haciendo y fue a la habitación de aquel fastidioso hombre que se está empeñando en hacer que ella esté a su completa disposición, aun conociendo el peligro que eso conllevará

Abril suspiró al estar frente a la puerta del demonio, arregló su delantal y tomó impulso para ir a humillarse frente al hijo de sus patrones.

-Te he dicho que tengo prohibido verte. Mi madrina no está, y si alguien se entera de que yo he venido, serás el culpable. -se quejó.

-Yo sé que tu madrina no está y por eso te pedí que vinieras. -respondió con una sonrisa de lado.

-Tu agua está servida, me marcho si el joven de la familia no necesita más. -Ella lo dijo a modo de burla.

-No te he dicho que puedes salir.

-¿Por qué lo haces? -le cuestionó con tristeza.

Él sonrió en silencio.

-Tú comenzaste a meterte conmigo, ahora te aguantas o, si no, mis padres se enterarán de que me golpeaste sin razón alguna. ¿Y qué crees? En la cárcel no te visitará tu madrina. -Le amenazó.

-¿Qué quieres que haga para que ese incidente quede en el pasado? Ya te pedí perdón, te hice saber que no fue mi culpa, solo creí que eras un secuestrador.

-Esta noche habrá una fiesta, quiero asistir, pero tú me acompañarás.

-¡No lo haré!

-Si no lo haces, ya sabes cuáles serán las consecuencias. Por mí no hay problema, yo no pierdo nada.

Te espero a las 10 de la noche, a dos cuadras del portón.

¡Sal de mi habitación, ahora! -ordenó.

Abril salió enseguida y al cerrar la puerta, pataleó furiosa. ¿Cómo cree ese idiota que ella saldrá por la noche arriesgándose a ser descubierta por su madrina?

Las horas transcurrieron y ella seguía nerviosa. Por la noche, a la hora de dormir, se acostó en su cama mientras su madrina descansaba en la otra, casi al lado de la suya. Quería dormir, pero no podía conciliar el sueño por estar preguntándose en su mente lo que hará; si hacerle caso al idiota o dejar que él revelase la verdad.

Finalmente, faltando diez minutos para la hora que el imbécil le mencionó, ella se vistió en silencio y salió sigilosamente de la casa de empleados. Se aseguró de que todas las luces en la mansión estuviesen apagadas y nadie estuviera rondando afuera.

Caminó a paso rápido con miedo a ser descubierta o que alguien viniera tras ella para hacerle daño. En la siguiente cuadra vio un auto estacionado, estaba con las vías encendidas; de inmediato lo reconoció; era el idiota que ya la estaba esperando.

-¿Por qué tardaste tanto? -le reclamó.

-No seas dramático, solo me he pasado diez minutos. -se defendió ella.

-Diez minutos son oro para mí. Sube, date prisa, que llegamos tarde.

-No necesito que me estés dando órdenes. -renegó ella, quedándose aún de pie.

-Entonces la princesa quiere que baje del auto, le abra la puerta, la tome en mis brazos y la acomode en el asiento, ¿eso es lo que quieres?

-No. -le respondió ella, y a continuación abrió la puerta y subió al lado de él.

-Escucha, iremos a una fiesta en la cual estarán mis amigos, por favor, compórtate como una persona decente.

-Está bien, pero ¿no crees que esto es demasiado estúpido de tu parte? Nunca he salido a una fiesta... nunca he tenido amigos que les guste salir a divertirse, no sé cómo van a reaccionar ellos y si te da vergüenza no es mi culpa.

Alejandro sonrió, la chica había salido mucho más tímida e ingenua de lo que se imaginó. Al llegar a la dichosa fiesta y, al ser el más popular del grupo, todos se le acercaron a él.

Sus amigos eran hijos de empresarios millonarios, algunos ya habían tomado el control en sus empresas y otros como en el caso de Alejandro estaban a punto de hacerlo, solo que por su inmadurez, su padre no le permitía tomar el control de ellas hasta que formara una familia, él creía que solo así sentaría cabeza y tomaría en serio el tema de los negocios.

-Amigo, ¿pero quién es la chica que ahora te acompaña? -preguntaron los varones, refiriéndose a Abril, mientras que las chicas la observan de mala gana.

-No lo sé, la encontré en la calle hace un momento y me pidió que la trajera hasta aquí. Supongo que alguien de la fiesta la ha invitado o viene por cuenta propia. -dijo con palabras que parecían reales, además con una sonrisa de burla que alimentaba su ego de hombre mujeriego y vengativo.

Capítulo 3

Abril sentía miedo, había caído en la trampa de ese hombre. No le gustaba como los amigos de él, la observaban y tenían una mirada lujuriosa hacia ella. Uno se relamió los labios, se acercó a Alejandro para tomarla a ella del brazo y llevarla con él. Abril se agarró de la cintura de su acompañante, negándose a salir con aquel desconocido.

Sin embargo, Alejandro la alejó de él, dándole el visto bueno a su amigo para que se la llevara. Los vio desaparecer entre la multitud, entonces se arrepintió. La chica es tímida, él recordó que anteriormente ella le comentó que no tenía amigos extrovertidos.

Salió en busca de ella, pero no encontró a ninguno de los dos. Desesperado llamó al teléfono de su amigo, pero este no le contestó. Marcó el número de la chica y tampoco obtuvo una respuesta. Su desesperación aumentaba con cada segundo que marcaba el reloj, regresó con el grupo de amigos esperando a que el otro regresara con la chica; sin embargo, las horas pasaban y de ellos no había señales.

Todos en el grupo comentaban que los chicos deben de estarla pasando rico en alguna habitación de hotel, eso hacía enfurecer a Alejandro internamente. Ya era de madrugada, estaban a punto de irse, hasta entonces la pareja apareció. Alejandro se puso de pie y furioso tomó la mano de la chica y la llevó hasta el auto, la hizo subir y manejó sin decir una palabra hasta llegar a la casa.

—Baja y ve directo a la cama. —le ordenó.

—Gracias por haberme llevado a esa fiesta, he pasado la mejor noche de mi vida. —dijo ella antes de cerrar la puerta con cuidado para que nadie los escuchara y salió corriendo.

Alejandro golpeó el volante y maldijo la hora en que decidió que su amigo le pusiera el ojo a ella

Durante el día Abril apagó su teléfono y no se dejó ver por Alejandro. Ella lo odia, él negó conocerla frente al grupo de amigos cuando fue él mismo que la invitó a acompañarlo.

Por su parte, Alejandro tampoco tuvo la intención de molestarla ese día, pues había comprendido que se comportó como un poco hombre la noche anterior.

Le llamó a su amigo para preguntarle qué había pasado entre ellos. Y aquel le reveló que la chica tenía mucha experiencia y sabía cómo hacer disfrutar a un hombre en la cama.

Alejandro empuñó la mano y golpeó la pared. Furioso de que la chica pareciera tímida, pero que en realidad solo lo ha engañado para hacerse la víctima y fingir ser inocente del severo golpe que le dio en aquel momento.

Pasó una semana y Abril continuaba con su teléfono apagado. Cierto día, Alejandro estaba en el jardín desayunando con sus padres cuando escuchó a la madrina de ella pedir permiso para que su ahijada vaya a solicitar empleo en cualquier empresa.

Disculpándose con sus padres, Alejandro se levantó de la mesa, minutos después tomó su auto y salió para esperar cuando la chica se fuera. Cuando la vio venir, se alegró, pensó que esperaría por mucho tiempo, ya que la señora no mencionó hora.

—Abril, necesito hablar contigo, por favor. Sube al auto. —pidió.

—¿No es suficiente lo que has hecho?

—Lo siento mucho, no debí haberte humillado aquella noche. Estoy muy avergonzado contigo, por eso quiero que hablemos y que arreglemos las cosas para poder llevarnos bien, a ambos nos conviene hacerlo.

—No subiré contigo. Eres un peligro para cualquiera, ya he llamado a un taxi y me estará esperando en la entrada de la propiedad.

—¡Sabes que si no entras por las buenas lo harás por las malas y a mi manera!

Abril no le hizo caso y continuó su camino, entonces Alejandro se acercó nuevamente a ella, bajó del auto, la echó en sus hombros y la cargó hasta dejarla acomodada en el asiento de copiloto.

—¡Imbécil! ¿Crees que todo el mundo gira a tu alrededor? No eres más que un engreído. —Lo insultó.

—Sé que vas a buscar empleo. Te llevaré a una empresa donde te pagarán muy bien. Pero antes debes de acompañarme a un lugar.

Abril volvió a sentir el mismo miedo de aquella noche.

—¿Me vas a entregar a otro de tus amigos? —cuestionó—. Si es así, estoy feliz de que lo hagas. Me la pasé muy rico en aquella ocasión. —mintió, ocultando su incomodidad.

—¡Basta, Abril! ¡Basta, por favor! No quiero que vuelvas a mencionar eso; no es de mi agrado.

—Pero si fuiste tú el que me entregó en bandeja de plata, ¿no lo recuerdas? Dijiste que no me conocías, prácticamente dijiste que me habías recogido de la calle. Espero que lo vuelvas a hacer, es tan divertido y tan placentero que un hombre desconocido me haga suya. —expresó, pasando un dedo por sus labios como si estuviera recordando lo de aquella noche.

Alejandro detuvo el auto de un solo golpe. ¿Cómo podría soportar tal insinuación?

—Abril, no vuelvas a mencionar eso nuevamente ni delante de mí ni delante de otras personas, ¿te queda claro?

—¿Qué tiene de malo? Soy una joven dispuesta a disfrutar de las cosas de la vida y más si se trata de sexo

—¿Qué crees que dirá tu madrina si se entera de lo que tú andas haciendo?

—¿Qué crees que dirá tu familia si se entera de que tú le entregaste a uno de tus amigos una chica inocente como yo? —lo retó.

—¡Ah, maldición! No sé por qué tienes que ser tan inteligente y salir adelante en los planes que yo tengo.

—Ya lo ves, eso significa que no puedes obligarme a hacer algo que yo no quiero. Por eso te pido que quites el seguro de esa puerta y me permitas salir del auto.

—No saldrás de aquí hasta que hablemos.

—Ya hemos hablado lo suficiente.

—No, quiero que estemos en un lugar fresco y tranquilo, no en medio de una carretera.

—Promete que no me dejarás abandonada en un lugar desconocido para mí.

—No tengo ese corazón.

—Sé que lo tienes y por eso te lo advierto: si en esta ocasión vuelves a repetir o peor aún hacer algo más cruel, no te dejaré en paz. Haré que tus padres conozcan al demonio que tienen como hijo. —le amenazó.

—Ya lo entendí. No pretendo molestarte más, puedes estar en mi casa el tiempo que quieras y no volveré a molestarte. Ya has pagado la deuda, así es que ya mereces estar en paz.

Sabiendo que él ya no le molestaría, no se negó a acompañarlo al lugar que la llevaría. Él ha prometido que solo será un almuerzo de disculpa. Sin embargo, no contaban que a mitad del camino un par de hombres los secuestraran y se los llevaran con rumbo desconocido, golpeando en varias ocasiones a la chica.

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