Capítulo 2

Edward la empujó al suelo mientras su cuerpo temblaba de ira. Entretanto, Angela había doblado las piernas, el calor ya era insoportable y ni siquiera podía levantarse: "Yo... no había otra manera... por favor, no me siento bien".

Aunque no estaba completamente fuera de sí, la chica sabía que tenía que hacer algo, cualquier cosa para aliviar el calor que corría por sus venas, con suerte, el hombre que estaba frente a ella podría ayudarla.

Angela estaba jadeando como si acabara de correr un maratón y algunas gotas de sudor recorrían su cuello mientras ella observaba el bien torneado pecho de Edward. Sintiendo su mirada sobre ella, Angela se bajó la blusa para darle una buena vista de su escote.

Justo en ese momento, muchos pensamientos pasaron por la mente del hombre, sin embargo, él los rechazó de inmediato, ¡no se iba a acostar con una mujer que no conocía!

Al ver que aún no provocaba nada en él, Angela decidió echarse sobre la alfombra, entonces pasó los dedos por su vientre y comenzó a gemir seductoramente.

Finalmente, Edward la levantó del suelo.

La chica lo abrazó triunfalmente, sintiendo como si él ya hubiera cedido ante su deseo cuando tiró de ella...

hacia el baño. '¿Prefiere hacerlo en la bañera?', se preguntó a sí misma. Sin embargo, Angela no tenía mucho que decir en este tipo de situaciones. Además, todo lo que quería era deshacerse de la excitación que había estado sintiendo durante los últimos minutos, ¡no podía pedir más!

Ella estaba a punto de quitarse la ropa cuando el agua fría le salpicó la cara.

"¡Ah!", era marzo y la primavera apenas estaba comenzando, por lo que el agua que corría por la ciudad estaba helada.

Angela gritó tratando de evitarlo

pero Edward la sujetó. "¡Oye!", ella gritó y tosió, "¡Por favor deja de hacerlo!". Sus extremidades podrían estar débiles y podría estar muy excitada, ¡pero eso no significaba que quisiera morir y mucho menos ahogada!

Angela se atragantó con el agua, pero se sentía tan frágil que ni siquiera pudo luchar.

¿Qué demonios le pasaba a este hombre? ¡Ella era una mujer! ¡Y no estaba fea! ¿Prefería ahogarla que tener sexo con ella? Angela quería resistirse, aunque resultó inútil.

¡Edward ya no le gustaba! ¡Todo lo que quería hacer era golpearlo hasta dejarlo inconsciente! Al ver esto, ella finalmente se calmó.

Edward pensaba que esta era una buena señal y significaba que los efectos de la droga finalmente habían desaparecido, entonces la soltó, cerrando el cabezal de la ducha antes de abrir el grifo de la bañera. Cuando le dio la espalda, Angela se enfureció, pisoteando hacia él para intentar hacerlo caer en la bañera.

¿Le parecía gracioso intentar ahogarla? ¡Tal vez debería mostrarle cómo se sentía ser asfixiada de esa manera!

Con la adrenalina corriendo por sus venas, Angela lo agarró por la nuca y trató de empujarlo a la bañera. No obstante, olvidó un pequeño detalle... ¡ella era una chica! Sin importar lo dura que fuera, ¡no podría empujar a un hombre a la bañera! Por si fuera poco, seguía drogada.

'¿Acaso quiere morir?', Edward se preguntó enfurecido.

Él había pensado en abrir el grifo y dejarla sumergirse en el agua fría para deshacerse de los efectos de la droga, ¡pero no esperaba que ella intentara arrastrarlo!

El hombre la agarró por la cintura y la miró a los ojos con seriedad.

Angela gritó cuando chocó contra su pecho y quedaron a sólo unos centímetros de distancia, por lo que decidió aprovechar esta oportunidad para seducirlo una vez más. Ella se inclinó más cerca hasta que él pudo sentir su aliento y murmuró:

"Por favor no te vayas...". Si eso no le provocaba nada en absoluto, ¡entonces era impotente!

Aunque Edward era conocido por tener una fuerte voluntad, ¡también era un hombre! Angela se enroscó a su alrededor como una serpiente de agua, y antes de que él pudiera reaccionar, ella se frotó contra su cuerpo, gimiendo mientras sus ojos se dilataban intensamente.

No obstante, justo cuando la chica estaba a punto de besarlo, Edward la apartó y salió del baño.

'Estuviste a punto de salirte con la tuya...', se dijo a sí mismo.

Después de caer, la espalda de Angela chocó contra el grifo y no pudo evitar gemir de dolor. "¿Estás loco?", gruñó ella.

"¡Será mejor que estés mejor para cuando yo regrese o de lo contrario te sacaré!", Edward espetó antes de cerrar la puerta a sus espaldas.

Aturdida, Angela hundió la cara entre las manos.

Era su primera vez con un hombre, así que tal vez no había sido lo suficientemente seductora, o quizás había algo malo con él.

La chica miró por su escote y pasó las manos por su vientre plano, ¿por qué Edward no había cedido ante sus encantos? Debía ser homosexual, no había duda.

'¡Qué mala suerte! ¡Todo lo que quería hacer era tener sexo con él!', Angela resopló sumergiéndose en el agua fría. Aunque este método era mucho más lento, ella esperaba que funcionara para apagar el calor que aún sentía en su interior.

Fuera del baño, Edward miró hacia la puerta con un semblante severo antes de ir al armario para cambiarse y ponerse ropa limpia, justo cuando salía, su teléfono comenzó a sonar.

"¿Estoy hablando con el Sr. Edward?", una voz seductora llegó desde el otro extremo de la línea.

"Sí", replicó él.

"Quiero que vengas aquí", dijo una mujer.

"Voy en diez minutos", antes de que ella pudiera continuar, Edward colgó el teléfono.

La verdad era que no tenía mucho interés en esta mujer, aunque no tenía sentido retrasarlo más y salió directamente.

Veinte minutos después

Angela ya se sentía mucho mejor, su pecho había dejado de estar agitado y ahora podía sentir la frialdad del agua, salió de la bañera y se envolvió con una toalla.

Como no vio al hombre a la vista, ella estaba a punto de abrir la puerta e irse sólo para encontrarlo parado en la entrada.

"¡Mierda! Me asustaste", la joven saltó hacia atrás, colocando una mano sobre su pecho.

Aunque estaba enojada con él por su rudeza, Angela todavía tenía que agradecerle por ayudarla a librarse de la excitación y se disculpó: "Lamentó haberte molestado, creo que es momento de irme".

Ella llevaba una camisa blanca que se le pegaba a la piel y su figura se podía ver claramente, por lo que Edward sintió que su temperatura corporal aumentaba de manera inevitable.

¡Sólo Dios sabía que esto era casi insoportable! Sin embargo, su mirada se detuvo en la toalla de baño.

Angela se encogió de hombros y explicó: "Mi ropa está mojada, así que volveré a mi habitación y te devolveré la toalla más tarde, ¿de acuerdo?".

Edward ni siquiera podía hablar.

Su rostro ya estaba lleno de gotas de sudor y sus labios formaban una línea delgada mientras que sus puños estaban apretados.

Fue entonces cuando Angela notó la incomodidad en su comportamiento, ¿acaso se había drogado?

"Tú...", él podía sentir el calor fluir en su cuerpo ante el sonido de la voz de la chica. Angela sólo lo miró y resopló. "Parece que el karma te está jugando una mala broma, ¿eh? Es una lástima para ti", ella se rio entre dientes.

Edward solamente podía observarla como si fuera un bicho raro. ¿Había perdido la razón? ¿No sabía ella el poco control que tenía él sobre sus acciones? ¿Qué rayos estaba planeando?

Capítulo 3

"¡Ya que me ayudaste, entonces podría devolverte el favor! ¡Prepararé la ducha!", Angela se levantó de un salto, como una niña a la que le acaban de decir que la Navidad llegará pronto, luego pensó en todas las cosas que podía hacer ahora que él era el quien estaba en una situación vergonzosa.

Cuando ella tocó su mano, Edward retrocedió inmediatamente, era como si una onda eléctrica lo hubiera derribado y su cuerpo temblaba más que antes.

"¡Maldición!", exclamó él.

¿Estaba ella siquiera pensando? ¿Cómo podía tocarlo en un momento como este? ¡Edward era una bomba a punto de explotar y Angela acababa de encender el fuego!

Sin embargo, la joven no estaba pensando en eso, en cambio, tenía la sospecha de que a él le gustaban los hombres o que era impotente. Esas eran las dos razones por las cuales Angela pensaba que Edward la rechazaba y no se daba cuenta de lo peligrosa que era la situación en la que se encontraba, ella sólo podía ver lo nervioso que estaba y sus ojos brillaban con picardía.

"¡Será mejor que salgas ahora!", Edward advirtió severamente. Aunque sólo había tomado unos sorbos de su café, él sentía como si todo su cuerpo ardiera de deseo, ¡si no hubiera sabido controlarse mejor, en este momento estaría teniendo sexo con la chica que acababa de servirle la bebida!

Pero a pesar de todos sus esfuerzos, el deseo de Edward iba en incremento y no sabía cuánto tiempo más podría mantener la cordura.

"¡Sal de aquí ahora mismo!", él ordenó de nuevo mientras su visión se nublaba.

Angela le echó un vistazo y se encogió de hombros: 'De todos modos no le gustan las mujeres, así que no creo que vaya a ocurrir algo entre los dos'.

Haciendo caso omiso de su advertencia, la chica saltó felizmente al baño y abrió el grifo. "Te ayudaré a abrir el agua para que puedas bañarte", ella lo instruyó como si estuviera hablando con un niño de dos años, "No te preocupes, no te voy a molestar".

Angela estaba a punto de irse cuando se dio la vuelta: "Si no te gusta estar solo puedes ir a la habitación setecientos ocho. ¡No te preocupes! Ya está todo pagado, seguro que ese hombre te entretendrá".

Ella destacó la última oración y sonrió.

'¿Un hombre?', Edward pensó con los ojos entrecerrados.

Angela estaba muy complacida y estaba a punto de marcharse cuando la puerta se cerró de golpe, entonces él la apretó contra la pared y su respiración abanicó su rostro:

"Es una lástima que me gusten las mujeres...". La chica dio un paso atrás mientras su mano trataba de encontrar la manija y sus ojos se abrieron por el miedo. Ella gritó cuando Edward la jaló entre sus brazos, y aunque trató de luchar, todo fue en vano: "¡Oye! Tú...".

El hombre le agarró la nuca con la otra mano y la obligó a mirarlo, sin pensarlo más, selló su boca con un beso abrasador.

No era homosexual y no tenía problemas para demostrarlo.

Angela luchó bajo su toque, si hubiera sabido de su bisexualidad, no lo habría provocado. Sin embargo, ya era demasiado tarde, él se había abierto camino a través de su ropa como si fuera una bestia hambrienta de deseo.

Edward casi destrozó su cuerpo, ni siquiera estaba tratando de ser gentil cuando se apretó contra ella.

Angela era una chica virgen y no porque fuera conservadora, era sólo porque no había conocido al chico adecuado al que podía entregarse por primera vez. Ella había fantaseado una vez con hacer algo impulsivo en nombre del amor, ¡pero no esperaba darle su virginidad a alguien a quien apenas conocía!

Edward ni siquiera le había hecho el amor, ¡todo lo que hizo fue usarla para desahogar su excitación!

¡Había sido una experiencia terrible!

Angela levantó la colcha con enojo y se sentó, por el rabillo del ojo, pudo ver un montón de dinero en efectivo en su mesita de noche. Probablemente eran alrededor de ochenta mil dólares y había una hoja de papel encima que decía: "Si no es suficiente, llámame".

Los dedos de Angela se curvaron en puños.

'¿Eso es lo que valgo? ¿Él piensa que soy tan barata?', ella no pudo evitar enfurecerse, ¡no era así como se suponía que iba a ser su primera vez!

La chica rebuscó en su ropa y sacó su teléfono, entonces marcó rápidamente el número escrito en la nota.

Edward levantó su celular, pero antes de que pudiera responder, Angela lo atacó. "¿No es suficiente?", gritó ella, "¡Te mostraré quién no es suficiente, maldito bastardo!".

Los ojos de Edward se agrandaron al escuchar su reclamo, pero después sonrió: "¿Cuánto quieres?".

Angela apretó los dientes y respondió: "Quiero que nos veamos".

Hubo un silencio durante unos segundos antes de que el hombre finalmente hablara: "Está bien, te veo en el café del primer piso del edificio DC, estaré allí en treinta minutos".

"De acuerdo", Angela comentó secamente y

media hora después, llegó al café. Era la hora del almuerzo, por lo que la zona ya estaba llena de gente, a pesar de eso, ella encontró a Edward de inmediato. El hombre estaba sentado en un rincón y de vez en cuando, alguien pasaba y lo saludaba con la cabeza mientras él les devolvía el gesto con una sonrisa indiferente.

Tan pronto como Angela se acercó, Edward se puso de pie: "Hablemos en otro lugar".

Era la primera vez que él estaba aquí, por lo que no esperaba tanta gente y no quería que nadie escuchara su conversación.

"¡No es necesario! No voy a perder mi tiempo por ti", ella se burló mientras golpeaba la bolsa llena de dinero sobre la mesa, "Explícame algo, ¿qué demonios significa esto?".

Edward miró a su alrededor para ver que esto había atraído mucha atención e

incluso podía oír los leves susurros de los presentes.

"¿No es el Sr. Edward? ¿Por qué está él aquí?".

"¿Qué? ¿Está con una mujer? ¿Quién es ella?".

"¿Con una mujer? ¡Sí! ¡Es verdad! ¡Mírala!".

"¡También hay un montón de dinero sobre la mesa!".

Edward causó tanto furor que incluso algunas personas les estaban tomando fotos sigilosamente.

El hombre se frotó la sien con impotencia y respiró hondo antes de continuar. "¿Te parece que este es realmente el mejor lugar para platicar? ¿Podemos cambiar?", él preguntó de nuevo.

¿Irse a otro sitio? ¿Por qué? ¡Edward se había aprovechado de Angela toda la noche! Todo lo que ella quería era comer y quedarse en ese sitio.

"No hay absolutamente ninguna necesidad de eso, tengo hambre", la chica le hizo una seña al mesero y estaba a punto de ordenar.

"¿Qué puedo hacer por usted?", el chico preguntó respetuosamente.

Pero justo cuando Angela iba a pedir algo de comer, Edward tiró de ella. "Nada, gracias", él replicó con brusquedad.

"¿Qué demonios? ¡Suéltame!", la joven trató de soltarse pero fue en vano.

Aunque Edward estaba un poco disgustado por esto, se acercó lo suficiente para susurrar en su oído: "¿De verdad crees que este es el lugar ideal para conversar? ¡Sólo mira a tu alrededor!".

Angela lo escuchó y se dio cuenta de que mucha gente tenía sus ojos puestos sobre ellos, sin embargo, ya estaba agitada debido a su hipoglucemia, por lo que se encogió de hombros y respondió: "¿Sabes qué? Primero comamos, podemos hablar de ello más tarde".

Al percatarse de que los curiosos aún no habían terminado de tomarles fotografías, Edward tomó el dinero de la mesa y agarró a la joven del brazo.

Él podía sentir su cuerpo delgado debajo de la ropa y

no pudo evitar recordar lo que había pasado esa noche, entonces se comportó un poco más amable con ella.

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