La ventanilla del auto, finalmente, se rompió.
Shakira tomó del asiento su manta de cachemira, envolvió sus manos con ella y cuidadosamente, limpió todas las astillas de cristal para salir del auto sin cortarse los dedos.
Ya era medianoche y seguía lloviendo, por lo que no se veían transeúntes en el camino.
De vez en cuando pasaba algún auto a toda velocidad, pero ninguno se detuvo para ayudarla. Incluso, uno de ellos la salpicó de barro por todo el cuerpo.
No había radares ni cámaras de vigilancia por ningún lado, así que nadie se sintió en el deber de detenerse para echar una mano.
No era de extrañar si no se paraban, no importaba, pero quizá pasara alguien de buen corazón que la ayudaría, aunque fuera indirectamente, llamando a la policía una vez más.
Shakira giraba la cabeza de vez en cuando para echarle un ojo a su auto. Estaba preocupada y muy nerviosa pensando que podía explotar. "¡Por favor, no explotes!"
En ese momento, otro auto se acercaba, entonces Shakira se armó de valor y corrió, directamente, a la mitad del camino.
'Dado que Dios me permitió renacer, no me dejará morir tan fácilmente', pensó.
El ruido áspero y rechinante que se produjo mientras el auto frenaba bruscamente, casi había desgarrado los tímpanos de Shakira.
"Se. señor Ward.", tartamudeó el chofer, quien parecía a punto de llorar.
'Pequeño imbécil, si quieres morir, hazlo solo, no hagas que la gente muera contigo', se desahogó mentalmente el conductor
Miles también se había asustado, y seguía estándolo cuando, repentinamente, una figura se acercó corriendo a golpear con salvajismo la ventana del auto.
Como le pareció que no le harían caso, se dirigió al parabrisas para dar palmadas en el vidrio.
Miles miró a la persona que estaba sentada en el asiento trasero, abrió la puerta y salió del auto con un paraguas.
Al rato volvió y le comunicó al señor Hernández que los involucrados en el accidente eran miembros de la familia Allen.
Pasó mucho tiempo antes de que el hombre del asiento trasero abriera los ojos, y Miles dejó caer, involuntariamente, su cuerpo al suelo.
......
El vidrio de la ventanilla trasera bajaba lentamente, lo que sorprendió a Miles. Shakira se precipitó a suplicar: "Por favor, ayúdeme."
Wyatt. Wyatt, ¡Era Wyatt Hernández! ¡¿Cómo podría ser Wyatt Hernández?!
Ese nombre, después de una larga historia de vivencias, seguía siendo un dolor agudo en su corazón.
Shakira odiaba hasta los huesos a Lucía García y a sus hijas, pero no se atrevía a desagradar a Wyatt Hernández. ¡Lo único que quería era mantenerse bien lejos de él!
Sus ojos penetrantes seguían siendo inclementes, lo que le confería su habitual mirada gélida. Cuando Shakira los vio, su corazón se desbocó.
¡No, no lo volveré a hacer!
Temblando, Shakira alejó sus dedos de la ventanilla y, cautelosamente, dio un paso atrás.
Miles la retornó al momento presente al preguntarle, en voz baja: "Señorita Reed, ¿necesita ayuda?"
Era cierto que casi todas las chicas que veían al señor Hernández tendían a sentir reducido a cero su coeficiente intelectual. Pero ahora Miles Ward, con su carácter bondadoso y gentil, tuvo que recordarle a Shakira que ese momento no era el apropiado para quedarse atónitos.
Si el señor Hernández no hubiera bajado él mismo la ventanilla, ni siquiera Miles, quien había crecido con él, se hubiera atrevido a hacerlo.
En verdad, a Shakira lo que le provocaba decir era: "No, no necesito ayuda", pero tuvo que decir que sí, porque de esa ayuda dependían las vidas de Wendy y Luke, que eran más importantes que cualquier otra cosa.
Cuando Miles estaba a punto de decirle al conductor que bajara del auto y lo ayudara a rescatar a las víctimas, oyó a Wyatt decir: "Tú me odias".
Miles se sorprendió y giró rápidamente su cabeza sólo para descubrir que Wyatt estaba mirando a Shakira.
"No. No, no lo hago", replicó Shakira inconscientemente.
¿Odiaba ella a Wyatt Hernández? No. ¡Ella lo que quería era vivir unos años más para acabar con Lucía y los suyos!
Wyatt abandonó su mirada opresiva y agitó su mano desdeñosamente.
Miles miró a Shakira con pesar, pero no dudó en subir al auto.
"¡No!", gritó Shakira, agarrando la ventana y corriendo hacia adelante con el auto. Mientras más rápido rodaba el coche, más rápido corría ella.
"¡Suelta el auto!", gritó Miles, ansiosamente.
Shakira sabía que esta era su última oportunidad de salvar a Wendy y Luke, y no podía dejarla pasar, aunque esa oportunidad llevara escrito el nombre de Wyatt Hernández.
Antes de que el auto arrastrara a Shakira, se detuvo repentinamente.
Por efecto de la inercia, Shakira siguió su movimiento hacia adelante, lo que hizo que sus labios rozaran, accidentalmente, el rostro de Wyatt. La fría sensación que le causó aquel roce aumentó su flujo sanguíneo.
"Lo siento mucho". En ese momento, Shakira recordó que Wyatt sufría de miedo intenso a las bacterias y los gérmenes, por lo que ella le limpió la cara con la mano lo más rápido que pudo.
"¡¿Qué demonios estás haciendo?!", rugió Wyatt, lo que dejó estupefacta a Shakira, quien también recordó que detestaba que lo tocaran.
Al mirar su mano, Shakira sintió frustración, así que se sentó en el suelo y rompió a llorar.
Era la primera vez que Miles veía a una chica llorar así, con tanta tristeza e impotencia. En ese momento, se dio cuenta de que el manto de lluvia que caía sobre su cuerpo de Shakira se había vuelto más ligero.
Sin embargo, Wyatt se mostraba indiferente, por lo que Miles, simplemente, giró su cabeza.
"Por favor, haré todo lo que quieras", le dijo Shakira desde el suelo, mirando a Wyatt a través de la cortina de lluvia.
Miles no pudo evitar lanzar un suspiro. Estaba distraído, pensando en el momento en que el señor Hernández hablaría acerca de las condiciones, cuando oyó la voz de su jefe.
"¡Trato hecho!"
¿Qué?