"Tío Andy, ¿a dónde vas?", preguntó Celia, mientras disminuía el paso.
"Escuché que tú y tu madre se habían mudado. Al enterarme, lo primero que pensé es que no tendrían comida, así que traje algo. Por cierto, ¿estás bien?", habló el hombre, mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa halagadora.
"Sí, estoy bien. Todo está bien conmigo".
"Ya está oscureciendo. ¿A dónde vas con esa oz?", preguntó él, con curiosidad al ver a la chica sujetando el objeto.
"Voy a la colina para cortar dos bambúes. Tío Andy, hay algo que me gustaría hablar contigo, pero no estoy segura si está bien que lo diga", Celia dudaba al ver los ojos del otro.
"Oye, ¿desde cuándo eres tan educada? Simplemente, dime qué es lo que te molesta", dijo Andy, limpiando el sudor que corría por su frente.
"Está bien, pero no quiero que me malinterpretes. Es solo que hay algunas personas inmundas cuestionando el honor de mi madre. Y han estado dudando de ella con...".
A la chica se le dificultaba terminar la oración, no obstante, al darle una mirada Andy, sabía que él la había entendido. Y, por supuesto, ella sabía que no había nada entre él y su madre. Pero había personas a quienes les gustaba deshonrar a los demás. Como hija, a ella no le gustaba cuando alguien cuestionaba a su madre y, por tal razón, esperaba que Andy se mantuviera alejado.
Pero, al mismo tiempo, Celia sabía que él se preocupaba sinceramente por ellas, por lo que no quería que pensara que lo estaba acusando de algo.
Después de todo, la verdad es que, ¡era un buen hombre!
Al comprender las palabras de la chica, Andy se sorprendió y, con una sonrisa amarga, dijo: "Lamento que tu madre haya tenido que escuchar ese tipo de cosas por mi culpa. Me iré después de entregarles la comida".
Al terminar sus palabras, se dirigió directamente a la cabaña.
Celia, al ver a Andy retirarse, sacudió su cabeza. Un montón de sentimientos encontrados le recorrieron el cuerpo, pero se obligó a concentrarse en lo que debía hacer.
Entonces, logró llegar al bosque de bambúes, cortó dos y los arrastró con ella. En ese momento, estaba tan cansada que comenzó a sudar sin parar y, al regresar a la cabaña, se sentó jadeando en el piso.
"¿Para qué trajiste estos dos bambúes? Pareces cansada, ¿te encuentras bien?", indagó Wendy, ofreciéndole, de manera delicada, una taza de agua caliente.
Celia le dio una mirada a su madre, la cual parecía totalmente confundida. Y luego de beber un poco de agua, dijo sonriendo: "Estos bambúes serán las herramientas que nos ayudarán a cambiar nuestras vidas".
"¿Bambúes? ¿Qué estás pensando?", preguntó la mujer, confundida, al ver a su inteligente hija.
Era cierto que podrían convertirlo en tamices y recogedores para poder ganar dinero. Pero, en D Village, había bastantes trabajadores y la mayoría podían hacer ese tipo de productos, por ello, el mercado se estaba quedando sin espacio. Así que, no era muy realista pensar que se podría ganar dinero con eso, no obstante, Wendy no sabía que era lo que planeaba la chica.
"Mamá, ¿no puedes hacer una gran variedad de cosas con esto? Tú podrías hacerlos y yo los vendería. Te prometo que podemos ganar dinero rápido", dijo Celia, con optimismo.
"Deja de ser tan insensata, sabes que hay una cantidad enorme de artesanos en nuestra aldea. No tendríamos posibilidad", expresó Wendy, con una sonrisa amarga en sus labios. Ella no creía que fuera lo correcto soñar con eso.
Sin embargo, Celia no pensaba igual que su madre, por ello, continúo: "La mayoría de la gente hace cestas, ataúdes, recogedores, y cosas así. Todos son artículos muy comunes. Y, después de todo, el mercado es bastante grande. Tenemos que encontrar nuestro nuevo camino". Tras esas palabras, la chica se mantuvo en silencio, perdida en sus pensamientos. Luego, ella volvió a decir: "Estoy tratando de pensar fuera de lo común. Hmmm... Creo que nadie ha pensado en hacer platos para frutas, macetas, o algo parecido, con bambúes. Podríamos intentarlo". Pero al darse cuenta que su madre aun no parecía convenida, agregó: "Y, por supuesto, no iremos a la aldea para venderlos. ¡Si vendemos estas cosas en el condado, podríamos ganar mucho!".
Al escucharla, la mujer le dio una mirada sorprendida a su hija, pues, nunca había pensado en hacer algo como eso con el bambú.
Aun así, seguía insegura, entonces, preguntó: "¿Crees que algo así realmente podría funcionar? ¿Las personas del condado comprarán esas cosas?".
"Actualmente, las personas están más preocupadas por el medio ambiente, y los productos hechos de bambú están libres de contaminación, así que a la gente le va a encantar. Desde ahora debes poner todo tu esfuerzo en hacer lindas canastas de vegetales y platos para frutas. Y luego de tres días iremos al condado e intentaremos vender todo lo que hicimos. De cualquier manera, si no funciona, podemos buscar otra opción", luego de su discurso, la chica respiró profundamente y miró a su madre. Ella ya estaba decidida a intentarlo.
En cambio, Wendy estaba en un dilema, mientras miraba a Celia. Más temprano, ella había pensado en sembrar hierbas para poder ganar dinero. Pero si era sincera, ambas opciones parecían poco funcionales. Ninguna de esas opciones les proporcionaría 500 dólares en menos de un mes.
Por eso, dudó cuando su hija le propuso hacer canastas y platos, ya que no podían perder tiempo.
"¡Mamá, debes confiar en mí! ¡Vale la pena que lo intentemos!". Ella sabía que sus palabras no habían convencido a su madre y, lentamente tomó las manos de la mayor.
Wendy no tenía más remedio que intentarlo, simplemente no podía resistirse a la súplica de su hija. Y, con un suspiro de rendición, dijo: "Bueno, si nada se vende, deberás ayudarme a sembrar las hierbas. No ganaríamos mucho, pero algunas personas las comprarían".
"¡Bueno! ¡Si mi plan falla, te ayudaré con el tuyo!", afirmó la chica.
Una vez que el asunto estuvo resuelto, comieron un poco de avena para seguir trabajando. La menor estuvo a cargo del diseño, mientras que la mayor se encargó de darle forma.
El proceso fue lento y complicado, debido a que tuvieron que hacer cosas como cortar, aserrar, tirar y tejer. Aunque nada de eso fue complicado para Wendy. Y, mientras conversaban entre ellas, se olvidaron un poco de sus problemas.
"Mamá, ¿el tío Andy trajo esa bolsa de arroz?", preguntó la chica, con cautela, dándole una mirada al objeto nombrado.
"Bueno, insistí en que se lo llevara pero no me hizo caso...", respondió la otra mujer, bajando la cabeza, dado a que se sentía extremadamente incómoda hablando de él. E inevitablemente la forma en la que su suegra la había humillado volvió a su mente. Ella no quería ser catalogada como una deshonra.
"Bueno, de todas maneras, lo que más nos hace falta es comida, y ya que él trajo eso, podemos aceptarlo y luego se lo devolvemos. Por cierto, ¿qué opinas del tío Andy?", inquirió Celia, dándole un sorbo a su vaso de agua.
"¿Qué quieres decir? Tu abuela no me cree, ¿tú tampoco lo haces? No pasó nada entre él y yo", replicó la mujer, ansiosa. Ella quería decirle a su hija que era inocente, pero las palabras simplemente no salían de sus labios.
"No estoy diciendo eso. ¿Por qué sacas esa conclusión? El tío Andy es un hombre amable y honesto. Además, tú has estado sola durante dieciocho años, lo que te está complicando el criarme. Si pudieras encontrar a alguien, ¡eso sería bueno!". Celia solo estaba diciendo todo eso en broma, pero quería que las palabras llegaran a la cabeza de su madre.
"Entonces, ¿de verdad crees que hay algo entre Andy y yo?". Tras escucharla, la chica volteó a ver a su madre.
"Mamá, eso no es lo que intento decir. Tan solo digo que no es fácil ser soltera. Si no te gusta mi idea, entonces, simplemente olvídala. Bien, mientras lo haces, ¡voy a cortar más bambúes!", dijo Celia saliendo del lugar.
Wendy, al ver a su hija alejarse, soltó un suspiro.