Capítulo 2

Gálata había llevado una bandeja al despacho de su marido, contentiva de café y galletas para darle a Leandro y a su esposo, pero cuando los oyó hablando, no pudo evitar intentar escuchar, sus palabras, allí entendió el significado del refrán "la curiosidad mató al gato", pues eso fue lo sucedido, en sentido figurado, sintió como filosos puñales se clavaban en su corazón destrozándolo, debió respirar por la boca, para recobrar el aliento.

Ella nunca fue una mujer impulsiva, todo lo contrario, aprendió a callar las cosas cuando no le agradaban, para mantener en armonía su hogar, nunca discutía con Matteo, lo buscaba complacer en todo, pues pensaba que de esa manera siempre estaría allí para ella.

Pensar en eso, le causó un profundo pesar, si miraba hacia atrás, se daba cuenta de que dejó de ser la joven extrovertida, decidida, divertida, ahora era apenas un pobre espectro del pasado, no movía un pie sin autorización de Matteo, su vida se centró y giró alrededor de él.

Por más intento de simular que no estaba afectada, no podía negárselo, fue un duro golpe escuchar la conversación, fue como si de repente la verdad hubiese sido revelada de manera sorprendente ante sus ojos. Su mente, era un torbellino de pensamientos, los cuales necesitaba canalizar.

Se retiró silenciosamente a la cocina y dejó la bandeja allí, se sostuvo de la encimera por un par de minutos tratando de controlar su cuerpo, sus emociones, sus sentimientos, estaba a punto de colapsar.

No pudo evitar dirigir su vista a su pequeño vientre, sintió preocupación por su futuro, no porque no tuviera cómo mantenerlo, su familia tenía dinero, era hija de uno de los hombres más ricos y poderosos del mundo y sabía que nunca la dejarían sola, sino por haber actuado tan deprisa en su vida, de manera alocada decidió casarse con Matteo cuando apenas tenía dieciocho años, no sé dedicó a estudiar, ni a prepararse. Toda su vida la construyó y giró alrededor de su esposo y ahora cuando las paredes de su perfecto mundo se estaban derrumbando, no sabía qué hacer, tenía miedo, como nunca lo sintió.

Durante esos más de siete años, entregó toda su juventud, su inocencia, se dedicó por completo a ser ama de casa, incluso no tenía personal de servicio, porque así lo decidió, ella lo hacía todo, cocinar, lavar, planchar, limpiar, trapear el piso, podar el jardín, atender a su hijo.

Aunque sería deshonesto de su parte, decir que fue obligada por Matteo a actuar de esa manera, claro está, tampoco lo impidió, él se sintió cómodo viéndola comportarse de esa forma y ella quiso hacerlo así, porque deseaba saber cómo era tener una vida normal; siempre vivió en la opulencia, donde tenía una persona para resolverle cada uno de sus caprichos, por eso decidió hacerlo diferente, ahora estaba allí, en una situación donde se sentía infravalorada, insignificante, en ese momento fue inevitable burlarse de sí misma.

-¡Oh Gálata! He aquí un matrimonio normal, hasta con cuernos y todo incluidos -expresó en voz alta, le provocaba darse bofetadas, para ver si así aprendía.

Se limpió las lágrimas que rodaban por su rostro de mala gana, con un gesto de enfado hacia sí misma, se odiaba, si pudiera viajaría al pasado y le caería a cachetadas a su yo de ese entonces por haber sido tan idiota. Grandes sollozos salieron de sus labios, entretanto tomó la jarra de té y la tiró por el desagüe del fregadero, de la cómoda cocina con rabia.

Después agarró las galletas que hasta hacía unos minutos horneó con profundo amor para complacer a su marido y a su amigo y las tiró a la papelera de la basura, limpió el mesón y sintiendo las piernas temblar, se fue a ver si su pequeño hijo había despertado de su siesta, subió las escaleras sin soltarse del pasamanos, se sentía tan infeliz, pero no era tiempo de derrumbarse, tenía a sus hijos, por ellos debía ser valiente y no quedarse en el suelo, si no levantarse con firmeza y continuar.

Al entrar a la habitación, el pequeño, seguía dormido, lo vio por unos momentos con mucho pesar, pensando en cómo se vería afectado por sus decisiones, luego giró su vista a la peinadora, dio unos pasos, se paró frente al espejo, se observó detalladamente mientras diversas preguntas surgían en su mente. "¿Cuándo dejé de ser esa chiquilla optimista? ¿Cuándo me abandoné de esa manera? Su cabello no brillaba, un par de sombras oscuras resaltaba debajo de sus párpados".

"¿Cuándo fue la última vez que visité una peluquería, me hice un corte de cabello, me arreglé las uñas, salí con mis amigas?", se interrogaba viendo sus manos, un poco maltratadas producto de los oficios de la casa, fue inevitable cuestionarse con enojo "¿Cómo te hiciste esto? ¿Cómo te perdiste tú para vivir a la sombra de un hombre? Uno que ahora no sé da cuenta del sacrificio hecho por ti y sin ningún remordimiento correrá al lado de otra mujer.

Su conciencia de inmediato hizo acto de presencia siendo su más duro juez, por eso es bien empleado el dicho de que todos hacen leña del árbol caído, porque aunque tenía razón, allí estaba su conciencia señalándola cuán si fuera su enemigo más acérrimo.

"Él nunca te ha valorado, ni siquiera se comporta cálido contigo, ¿Cuándo fue la última vez que tuvo un detalle contigo, que no sea por un aniversario, un cumpleaños, o un día de celebración especial?"

Ante sus pensamientos, se sostuvo de la peinadora y comenzó a llorar como nunca antes lo hizo, sentía su corazón oprimido, y una terrible verdad se abrió paso en su interior. Nunca nada fue perfecto, ella se engañó, se aferró a una mentira, a un ideal de matrimonio y familia perfecta, solo por no dar la impresión de haber fracasado, y eso resultaba lo más doloroso, haberte convertido en cómplice de tu propia desgracias, solo para demostrar a los demás que no te equivocaste.

Se retiró del espejo y miró a su hijo, seguía dormido, deseaba tanto gozar de su tranquilidad, de su inocencia. Se acostó a su lado en la cama cuna, olió su dulce aroma de bebé, nada más de esa manera sentía que podía calmar el sufrimiento de su corazón y la angustia de su alma.

Lo abrazó mientras meditaba en su próximo paso, nadie la preparó para ese momento, cuando se casó, pensó que el amor entre ellos era recíproco y perdurable, hasta que alguno de los dos partiera de este mundo.

Cerró los ojos y enseguida los recuerdos llegaron a su mente.

"Era su cumpleaños número dieciocho, se sentía emocionada porque esperaba ver a Matteo, él había sido su amor platónico desde que tenía uso de razón, se colocó un vestido en color verde, cintura alta sin mangas, un escote cuello en V, transparente con dibujos bordados, pero con otro vestido ajustado, con una abertura en la pierna derecha, zapatillas del mismo color.

Fue a una peluquería y se hizo unos reflejos dorados en las puntas de sus cabellos, los cuales se rizó, su maquillaje fue suave, prestándole mayor atención a sus ojos los cuales resaltaban con el exquisito maquillaje. Nunca se había vestido de esa manera, pues prefería ropa más recatada, no obstante, ese día estaba decidida a realzar su belleza y conquistar de una vez por todas al escurridizo Matteo.

Para su buena suerte, apenas comenzó a bajar las escaleras que daban al opulento y elegante salón de fiestas, encontró con la mirada a Matteo que estaba entrando, quién de forma inmediata dirigió su vista hacia ella, para luego esbozar una agradable sonrisa.

Al verlo sonreír de esa manera, ella no pudo evitar un bivaque de mariposas agitarse en el interior de su estómago, sentía que sus piernas fallarían en cualquier momento, las tenía como gelatina y su corazón palpitaba de manera alocada en su pecho. Para su alivio, antes de hacer el ridículo desvaneciéndose, apareció su padre, quien se encontraba al pie de la escalera, más ella estaba tan concentrada en el hombre de su vida, que no se dio cuenta, si no al sentirse tomada del brazo.

-¡Tierra llamando a Gálata! Princesa estoy muy celoso ¿Cuál de todos estos caballeros ha sido capaz de captar tu atención y hacerte olvidar de tu rey y del hombre de tu vida?

Sebastián hizo una mueca fingiendo disgusto y agregó.

» Por favor, mejor no lo digas aún, creo que no estoy preparada para procesar esa información.

-Deberías estar esperando esto, me recuerdo una vez cuando tenía alrededor de nueve años, dije que al crecer me casaría contigo, y mamá respondió que eso no era posible porque eras su esposo, le pedí divorciarse de ti, y en ese entonces me respondiste que cuando creciera me enamoraría de un hermoso caballero para quien yo sería la luz de sus ojos, pues ... -, titubeó un momento -Ya estoy enamorada de ese caballero, solo me falta hacerlo enamorarse de mi -expresó con un suspiro.

Una expresión poco perceptible, cruzó por el rostro de su padre, quién hasta sintió un leve dolor en su interior, pues pensó que pasaría mucho tiempo antes de ver a su pequeña enamorada.

-¿Y puedes decirme quién es ese caballero, que ganó el corazón de mi pequeña? -preguntó con un tono de voz tembloroso, era claramente evidente el esfuerzo hecho por el hombre, para no dejar notar en su voz lo afectado que estaba por semejante noticia.

» ¿Lo conozco? -volvió a preguntar con ansiedad.

-Si es Matteo Sebastini -declaró la chica orgullosa, mientras el rostro de su padre se teñía de un suave tono carmesí.

-¡No Gálata! ¡Matteo Sebastini no! Él no es un hombre para ti -pronunció con una fiera determinación, dejando a Gálata sorprendida, porque nunca vio esa reacción de su padre para con ella."

Capítulo 3

Por primera vez Gálata se enfrentó a una negativa tan rotunda de su padre, y también por primera vez sintió temor, nunca habían estado en desacuerdo, siempre la apoyaba en todo, pero al parecer está vez iba a ser la excepción.

Se quedó viéndolo no solo con sorpresa, si no con un atisbo de tristeza y hasta de molestia.

-Papá ¿Por qué te pones de esa manera? ¿Por qué te desagrada tanto Matteo? Él es hijo de tu mejor amigo, del tío Nick, ¿Por qué no sería el hombre adecuado para mí? -preguntó sin dejar de ocultar su contrariedad frente a la posición de su padre.

-¡Porque no! No me gusta para ti -habló el hombre con firmeza, mientras permanecía con su hija aún en el salón discutiendo, llamando la atención de algunos de los presentes.

-Papá a quien debe gustarle es a mí, no a ti, quien se casará con él soy yo -mencionó decidida.

-¿Casarse? ¿Cómo que casarse? ¡Estás loca! Si no me gusta la idea de una relación amorosa entre ustedes, menos aún la del matrimonio.

» Él es un hombre y tú una niña de dieciocho años que aún no conoces de la vida, te falta mundo por recorrer, conocer chicos de tu edad, vivir lo maravilloso de la vida, además tiene novia -expresó sintiéndose angustiado, ante la idea de ver a Gálata casada tan joven.

-No pensé que fueses tan hipócrita papá, te recuerdo por si lo has olvidado, mi mamá tenía dieciocho años, cuando estuviste con ella y tenías más diferencia de edad entre ustedes que la de Matteo y yo -cuestionó la joven indignada.

-Por eso lo digo, hice sufrir por mucho tiempo a tu mamá, porque era un hombre mujeriego, con otros propósitos en mi vida, me comporté mal con ella, y no pudimos ser felices, si no mucho tiempo después, no quiero eso mismo para ti -pronunció casi en un tono de lamento.

-¡No es lo mismo! Matteo no es un mujeriego, es responsable, es un hombre inteligente, no es como tú a su edad.

-Es un hombre de aspecto frío, seco, distante, serio, demasiado realista, pareciera que no corriera sangre por sus venas, tú eres por completo opuesta, una jovencita cálida, cariñosa, soñadora -debatió Sebastián.

-Los polos opuestos se atraen papá -siguió oponiéndose la jovencita a las palabras de su padre -. Además, si debo cambiar algunos aspectos de mi personalidad para agradarle más, lo voy a hacer.

-Eso no está bien, nunca debes cambiar tu carácter para agradar a los demás. Quien te ama debe aceptarte con tus virtudes y defectos, es parte de tu esencia. Por otra parte, Matteo ama a otra mujer, y contra eso no puedes luchar -concluyó sintiéndose derrotado por no poder convencer a su hija, además se dio cuenta de la agitación de la joven.

-Lo haré enamorarse de mí, ya verás como si seré feliz con él -señaló con determinación.

Sebastián suspiró, sintiéndose triste porque temía por su hija, sin embargo, no podía hacer nada, como padres le tocaba aconsejar mas no podía imponerle su criterio a sus hijos, después de todo, era necesario que cada quien viviera sus propias experiencias.

-Cuídate mi niña, no te quiero ver sufrir, quisiera tanto cuidar tu corazón para que nunca nadie pueda hacerte daño -pronunció abrazándola.

Dos semanas después de esa conversación con su padre, Matteo terminó con su novia, y unos días después comenzó a salir con Gálata y frecuentarse, luego de dos semanas Matteo le pidió ser su novia y catorce días después contrajeron matrimonio en uno de los acontecimientos más grandes del país".

Cuando esos sucesos llegaron a su mente, Gálata suspiró, su padre tuvo la razón y se negó a escucharlo, porque para ella el hecho de que Matteo pusiera sus ojos en ella y terminara pidiéndole ser su novia y matrimonio, fue su sueño hecho realidad, incluso se enfrentó a su madre y a Paula su mejor amiga, la llamó envidiosa y celosa porque al final Matteo le hizo caso y no a ella.

Los recuerdos surgían como una especie de cascada en su mente, no le daban ninguna tregua, por más intentos de represarlos, era imposible, su mente estaba empeñada en mostrarle, cómo se enfrentó a todos, por ese amor que creyó sincero y genuino.

"Su amiga llegó temprano a recogerla, la noche anterior no pudo conversar con ella porque regresó muy tarde de su cita con Matteo, además la euforia por su petición de matrimonio, ni siquiera le permitía hablar de toda la emoción.

Apenas la vio se le lanzó encima.

-Amiga querida, soy la mujer más feliz del mundo, por fin mi sueño realidad, adivina -pronunció desbordando de alegría vitalidad.

Paula se quedó viéndola por un momento con sorpresa, su rostro palideció, pero segundos después se recompuso. Gálata sin dejarla hablar, extendió su mano en dónde posaba un enorme anillo de compromiso.

-Mira, Matteo me pidió matrimonio y en dos semanas me caso con él -informó sin ocultar su emoción. Paula le tomó el anillo y esbozó una leve sonrisa.

-Está muy lindo Gálata, me alegro por ti, sin embargo, tengo una duda ¿Por qué te casas en dos semanas? Me parece demasiado pronto, si hace apenas escasas tres semanas él estaba con otra chica y parecía muy enamorado -cuestionó la joven.

-¿Y piensas qué no puede enamorarse de mí? Soy una chica hermosa, inteligente, tengo muchas cualidades ¿Por qué no puedes verlas? -preguntó sintiéndose decepcionada de su amiga.

-No estoy diciendo eso, sé que eres una joven extraordinaria, por eso eres mi amiga. Pero estás yendo demasiado de prisa, yo confío en ti, más no en él ¿Cómo una persona se va a desenamorar tan pronto de su eterno amor de juventud? Matteo pese a tener solamente dos años de compromiso con ella, vivió una relación cercana por muchos años.

» Deberías esperar, conocerse más, estar seguro de los sentimientos de Matteo hacia ti, luego de eso dar el siguiente paso, no antes de eso -habló la chica sin ocultar su preocupación, por su amiga.

Lamentablemente, Gálata no entendió, incluso malinterpretó la posición de Paula, se molestó y le reclamó.

-Te creí mi amiga, aunque no es así, solo eres una envidiosa -pronunció mirando con enojo a la joven.

Paula la miró con tristeza, sus ojos empezaron a humedecerse, producto de las lágrimas que estaba tratando de retener por todos los medios.

-Gálata, por favor no digas eso, te quiero como a una hermana, hemos estado en las buenas y en las malas, no podría envidiarte, me alegro de que todo te vaya bien, si te estoy aconsejando es por tú bien, porque...-su diálogo fue interrumpido por Gálata, quien la miraba con decepción.

-No sigas fingiendo Paula, si me expresas todo esto no es por mi bien como me expresas, si no porque estás locamente enamorada de Matteo -Paula abrió los ojos de forma desorbitante-. ¿Pensaste que no iba a darme cuenta? Lo sé desde hace mucho tiempo y si no dije nada antes, fue porque no me parecía relevante, mas ahora dado tu fingida preocupación por mi futuro, debo decírtelo.

» Tus palabras no tienen ningún valor, porque vienen de una mujer despechada, solamente pretendes sembrar dudas en mi cabeza, para tener oportunidad con el hombre a quien yo amo.

Vio la tristeza en el rostro de su amiga, quiso retractarse de sus palabras, a pesar de eso, no pudo hacerlo, Paula se plantó en frente con la barbilla levantada.

-Es verdad, él me ha gustado por mucho tiempo -comenzó a decir Paula mientras se limpiaba las lágrimas que habían empezado a brotar de sus ojos-. ¡Pero jamás! Escúchame bien Gálata Ferrari, he intentado el mínimo acercamiento con él, porque sé cómo lo has amado durante todo este tiempo.

» Si te estoy aconsejando, es porque me preocupo y quiero lo mejor para ti. No creí que ante tus ojos, yo fuese tan rastrera -declarado eso se giró y salió, dejando a Gálata con un torbellino de remordimientos".

Ese día se sintió demasiado triste por haberse comportado de esa manera con Paula, y aunque ella reaccionó yendo a buscarla ese mismo día para disculparse y está la recibió de buena manera, hoy día al mirar atrás, no podía evitar recriminarse por su necedad, todos tuvieron razón mas ella no quiso oírlos.

Por fin, no supo cuánto tiempo pasó sumergida en sus pensamientos, solo sintió sus párpados muy pesados hasta sumergirse en un profundo e inquietante sueño.

*****

Matteo observaba a su amigo mientras se servía el tercer trago de Whisky, ya estaba aburrido de esa conversación al punto de querer echarlo.

-Ya puedes irte Leandro -mencionó en tono frío.

-No quiero dejarte de esa manera, me preocupas en la situación como estás -señaló Leandro con mortificación-. Por eso no debes retrasar más tu conversación con Gálata cuéntale la verdad, que no la amas, de todas maneras te casaste con ella para olvidar a Helena y si puedes recuperar a tu verdadero amor.

Las palabras del hombre, dejaron pensativo a Matteo, frunció el ceño pareciéndole raro que Gálata no llegará con el tradicional jugo y galletas, nadie cocinaba mejor a ella, de hecho su estómago solo toleraba sus platos, las comidas de otras personas, le causaban indigestión, por eso se abstenía de alimentarse fuera de su casa.

Por un momento, tuvo la tentación de ir a buscarla, sin embargo, luego la imaginó dormida y sintió alivio, mejor era dejarla descansar, además, no tenía el valor para enfrentarla en ese momento, cuando sus emociones eran un mar de confusiones. Incluso, seguía incómodo ante la actitud e insistencia de su amigo de hablar con su esposa.

-Leandro, respóndeme algo ¿Por qué estás empeñado en que hable con Gálata y le diga sobre mis sentimientos por otra mujer? -preguntó entrecerrando los ojos.

-¿Qué insinúas? -preguntó Leandro.

Abrió la boca con sorpresa, sin dejar de ver la expresión inescrutable de Matteo, creyó retiraría sus palabras, no obstante, al ver que este se mantenía en la misma posición, lo cuestionó.

» En verdad estoy muy sorprendido, no lo puedo creer, ¿Por qué pienses que estoy movido por un trasfondo, cuando solo me estoy preocupando por ti? -Aunque hizo la pregunta, no esperó respuesta-, eres mi amigo y mi única intención es no verte arrastrado sintiéndote triste e infeliz -declaró encogiéndose de hombros.

Matteo lo vio por unos segundos más y respondió.

-Ya es muy tarde, puedes irte -habló en tono parco-, estaré bien, me quedaré unos minutos más para pensar en el próximo paso a dar. Te acompaño a la entrada.

-No te preocupes, yo sé el camino -respondió Leandro, saliendo e inmediato del despacho y cerrando la puerta tras de sí.

Miró atrás y al verse solo, caminó hasta la cocina, esperando ver a Gálata, al no encontrarla se retiró con un poco de frustración, ya sería en otra oportunidad que hablaría con ella.

*****

Matteo se quedó sentado, sin moverse, tratando de refrenar sus pensamientos, deseando que todo eso se tratara de un sueño y despertara en cualquier momento, su vida era apacible hasta hace un par de días, sin sobre saltos, problemas solo en situaciones laborales, en lo personal, una esposa embarazada y un hijo.

La mayoría de las veces iba del trabajo a su casa, a reuniones familiares, a algunas reuniones de vez en cuando con socios o amigos, pese a ello, mantenía siempre sus sentimientos bajo control, pues no quería ninguna sorpresa que afectara o alterara su tranquilidad, desde el momento cuando terminó con Helena, guardó toda emoción en lo más profundo de su ser, porque no deseaba volver a sufrir ningún daño.

Estaba sumergido en esos pensamientos, cuando su teléfono celular comenzó a repicar, vio en la pantalla un número desconocido, por un momento se sintió tentado a no atenderlo, no obstante, su curiosidad fue mayor.

-Aló, habla Matteo Sebastini por aquí y ¿Por allá? -preguntó con un poco de curiosidad. Enseguida una voz femenina, se escuchó al otro lado de la línea.

-Matteo, ¡Oh por Dios! No tienes idea de lo feliz que soy al volver a escucharte. Lamento molestarte, pero tenía muchos deseos de escuchar tu voz, no pude soportar más tiempo sin ti, soy yo, Helena -habló sin ocultar la emoción de su voz.

"El pasado es la única cosa muerta cuyo aroma es dulce." Eduard Thomas.

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