Habían pasado tres años desde que mi vida dio un giro dramático, y los últimos dos estuve lejos de la manada. Aunque mamá no aceptaba la idea de que me fuera, papá me respaldó por completo, pues sabía que me destrozaría quedarme y ver todos los días a la persona que me había rechazado. Él decía que era lo mejor; en contraste, mi madre tenía miedo de que me fuera lejos y nadie pudiera cuidarme.
Sin embargo, ahí estaba yo, arrastrando mis maletas mientras divisaba el letrero con el nombre de mi antigua manada. Con los años, me había vuelto valiente y, por supuesto, me había olvidado de Jason. La mención de su nombre no me rompía y estaba segura de que no me afectaría verlo. O eso era lo que creía.
Me di la vuelta para ver al taxi que acababa de dejarme y me despedí con la mano. No podía creer que estuviera dando este paso.
Después del rechazo, pasé por varios tormentos, como la depresión y sentimientos similares. Estaba destrozada y rota, sin olvidar que había sido completamente humillada frente a un grupo de adolescentes. Y al único que podía culpar era a mi estúpido corazón, por enamorarse de un pendejo como Jason.
"¡Hola, J!", me llamó una voz familiar.
Me giré justo a tiempo para ver a Ruby bajando de un auto y corriendo hacia mí.
"¡Amiga!", respondí con una sonrisa.
Ella se rio, antes de envolverme en un fuerte abrazo. "¡Mírate: te ves tan grande y hermosa! Quiero decir, ¡estás tan curvilínea!", exclamó, recorriéndome con la mirada.
La pubertad me había tratado bien: ahora que mi cadera y busto se habían desarrollado, ya no parecía la Jasmine de hacía tres años.
"Ya basta de halagos", dije entre risas, zafándome de su abrazo antes de que me exprimiera por completo.
"Chica, lo digo en serio: ¡te ves tan sexy con ese cuerpo de infarto! Seguramente tienes a todos los hombres de la manada Luna Azul rendidos a tus pies".
No podía creer que Ruby no hubiera cambiado ni un poco: seguía siendo la misma parlanchina de siempre. Mi amiga me ayudó a llevar mis maletas hasta el auto en el que había ido a recogerme y luego manejó a la casa de la manada. En el camino, no dejó de actualizarme sobre lo que había pasado en mi ausencia.
Cuando llegamos a nuestro destino, lo primero que vi fue a mi madre, mirando con expectación el camino.
"¡Jasmine!", gritó feliz al verme.
Eso fue suficiente para que todos en la casa de la manada supieran que había regresado.
Ella me abrazó con fuerza y yo le devolví el gesto. La había extrañado mucho. Como los últimos tres años me los había pasado sin hogar, realmente extrañaba todo.
"¡Cuánto has crecido!", exclamó. "¡Alfa!", añadió, para llamar a mi padre.
Sabía que las madres podían ser muy dramáticas, pero me reí, con el corazón feliz y relajado. La bienvenida había sido cálida hasta ahora y estaba emocionada de regreso.
Ruby y yo entramos a la casa. Después de un viaje de tres horas, necesitaba descansar. Me dejé caer en el sofá, cuya suavidad me recordó a mi hogar.
Papá entró en la sala y gritó con una expresión no muy diferente a la que mamá había mostrado antes: "¡Nuestra pequeña se convirtió en toda una mujer!".
Su rostro se veía radiante y no había cambiado mucho desde la última vez que lo había visto. Sin dudarlo, me puse de pie y lo abracé. Lo había extrañado muchísimo.
Con mamá y papá, toda mi familia estaba completa, excepto por él, el hombre por el que había huido de mi manada y quien me había destrozado el corazón. Jason, mi hermano adoptivo.
Abracé a papá con fuerza, sintiendo el calor de sus brazos. Al separarme, miré a mi alrededor, con la esperanza de ver el rostro familiar de Jason, a pesar de todo lo que había pasado. Los recuerdos del pasado y el dolor de su rechazo amenazaron con estrujarme el corazón, pero me deshice de ellos de inmediato. Había vuelto para avanzar, no para quedarme atrapada en viejas heridas.
Momentos después, me instalé en mi cuarto; todo estaba como lo había dejado. Ruby no me había dado un respiro; quería ponerse al día en todos los ámbitos e incluso me preguntó si tenía novio.
Pero, ¿qué se podía esperar de una chica con el corazón roto? Me había sellado emocionalmente, olvidándome de los hombres por completo.
"Ya casi es hora de la fiesta", comentó Ruby, dejando el pincel del esmalte de uñas en el frasco. "Deberíamos empezar a arreglarnos".
Por supuesto, no podía olvidarme de la fiesta que mi mamá había mencionado en su carta: esa noche, se celebraría el compromiso entre Jason y la bruja de Stephanie. No era que el asunto me importara mucho, pues a fin de cuentas... todo eso pertenecía al pasado.
Ruby se tomó su tiempo para arreglarme. Yo habría escogido lo primero que encontrara, pero mi amiga insistió en buscar algo en mi armario que me hiciera lucir despampanante. Fue así como terminé con un vestido plateado, sin tirantes, que resaltaba mis curvas y dejaba mi clavícula expuesta.
"Si tienes el cuerpo, ¿por qué no lucirlo?", me animó ella, al darse cuenta de que yo no me sentía cómoda con esa prenda.
No vi a Jason durante toda la tarde, así que supuse que estaba preparándose para su fiesta de compromiso.
La noche era fresca y tranquila. Mis padres tenían expresiones de orgullo, expectantes por la fiesta de compromiso de su hijo. Naturalmente, estaban felices.
Los murmullos sobre mi regreso llenaban el aire, pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta.
"¿No creen que Jason y Stephanie son una pareja adorable? Quiero decir, ¡se ven perfectos juntos!", murmuró una rubia a nuestro lado.
Ruby la miró con cara de pocos amigos, haciéndola alejarse.
El bullicio de la multitud me obligó a avanzar, aunque sentía un nudo en la garganta. Me pregunté si estaba lista. Pensé que ya lo había superado, pero ahora, con el corazón latiéndome a mil por hora, lo dudaba.
Mi amiga se excusó para conseguirnos algo de beber, y yo me quedé en la esquina VIP. Fue ahí cuando los ojos de mi hermano se cruzaron con los míos por un momento. Él iba vestido con un traje azul marino impecable, y no había cambiado mucho desde la última vez que nos vimos.
De golpe, los recuerdos del pasado inundaron mi mente. El corazón me latía desbocado y yo no podía mirarlo, pues me causaba dolor y angustia. Simplemente no podía soportarlo.
Pensé que lo había superado, que ya era una mujer adulta, a la que nada le dolería, pero todo era una mentira.
En un segundo estaba en la fiesta y al otro me encontraba corriendo lo más rápido que podía para salir de ahí.
Me detuve cuando sentí el pecho demasiado agitado. De repente, se apagaron las luces. No podía decidir qué era peor: si el hecho de que estaba huyendo de Jason o la oscuridad que tanto me asustaba.
"¡Hola, zorrita!", escuché que alguien decía, antes de que las luces se encendieran.
"¡Hola, zorrita!", dijo alguien, mientras la luz se encendía de repente.
Yo me sobresalté y me giré hacia la fuente del sonido, pues había creído que estaba sola.
Unos ojos fríos y tan duros como el acero me contemplaban. Los encontré hipnóticos y encantadores; además, por un momento sentí que podían ver hasta lo más profundo de mi alma.
"¿Quién eres?", tartamudeé, sintiendo de golpe la garganta seca.
Él sonrió con arrogancia. Se veía peligroso y estaba segura de que no se parecía a ningún hombre lobo que hubiera visto antes. Su cuerpo musculoso era casi visible, incluso con el traje que llevaba puesto. Me recorrió de arriba abajo, con su mirada oscura y misteriosa. En sus ojos había una chispa de burla.
"¿Así que aquí te escondes lejos del escándalo?", preguntó, mientras su sonrisa se convertía en una peligrosa mueca burlona. Me estaba provocando.
Yo apreté los dientes; una ira desconocida se apoderaba de mí. ¿Cómo se atrevía a recordarme la razón por la que estaba huyendo?
Como no estaba dispuesta dejar que me venciera, levanté la barbilla y lo confronté. "No es asunto tuyo a dónde decido irme. Ahora, si me disculpas", comencé.
Mientras hablaba, él empezó a caminar con decisión hacia mí. Yo retrocedí instintivamente. El desconocido era tan imponente que tenía que alzar la vista para mirarlo.
Parecía que disfrutaba de mi frustración, pues el destello de burla seguía presente en su rostro. Podía leer su expresión incluso sin que dijera nada: se estaba riendo de mi estatura. Como medía un metro setenta, nunca me había considerado chaparra hasta ese momento.
Dado que todos estaban en la fiesta, no pude evitar preguntarme qué estaría haciendo él ahí. Estaba segura de que era nuevo en la manada porque no lo había visto antes.
"Ryder Kael", se presentó, mientras una sonrisa burlona se extendía por su rostro.
No había dudas de que era guapo, aunque en honor a la verdad, se le podía calificar de peligrosamente guapo. Su cabello oscuro, su mirada peligrosa y sus musculosos y anchos hombros lo hacían destacar sin esfuerzo.
"Jasmine Thane", respondí, pues no creía que decirle mi nombre me hiciera daño.
"Ah, conozco la historia de la adoptada Jasmine Thane, quien era la pareja destinada de Jason, pero que terminó rechazada por no tener un lobo", comentó él, con una sonrisa.
Al escucharlo hablar de mi desgracia frente a mí, la ira se encendió en mi interior. ¿Cómo se atrevía? Nunca nadie me había hecho enojar tanto. Apreté los dientes. Un segundo estaba tratando de contenerme para no reaccionar, y al siguiente escuché una voz dentro de mi cabeza.
"Jasmine, no podemos dejar pasar esto. ¡Dale su merecido!", me susurró la misteriosa voz en el oído.
Sin dudarlo, le metí un puñetazo en la mandíbula a Ryder, antes de agarrarlo de cuello. Estaba cegada por la furia. Lo siguiente que supe fue que me salían colmillos de la nada y, sin dudarlo, los clavé profundamente en su carne.
De pronto, me di cuenta de lo que estaba haciendo, así que me detuve y retrocedí unos cuántos pasos.
¿Realmente había hecho eso? Pero, ¿cómo había pasado? Al ver mis garras, me quedé atónita. Incluso si había una explicación para eso, ¿cómo podía justificar lo de los colmillos?
"Al parecer, alguien finalmente logró sacar a su loba", pronunció el hombre en un tono burlón, como si pudiera leer mis pensamientos.
En ese momento, me percaté de algo. ¡¿Tenía una loba?! Sabía que debía tener una, pero había decidido mantenerse callada a mi lado. Sin embargo, algo en ese hombre la había despertado.
"Lo siento", susurré, aunque tenía claro que se merecía mis golpes. De cualquier forma, no debí haber sido tan dura con él.
Además, por fin tenía una loba, así que estaba eufórica. No podía agradecerle lo suficiente por ayudarme a sacarla.
Un minuto antes, lo único que quería era destrozarlo, pero ahora lo abrazaba.
"Muchas gracias", le dije, apretándolo con fuerza, y colocando mi cabeza en su hombro.
El errático latido de su corazón me hizo sentir en casa, como si perteneciera allí. Aunque esa era la primera vez que lo veía, algo en mí hacía que sintiera que nos conocíamos de toda la vida. Por alguna razón, él se sentía como mi refugio.
"Jason es un idiota por rechazar a una zorrita tan dulce como tú", gruñó, mientras sus manos recorrían libremente mi pelo.
"Soy Jasmine, no una zorra", lo corregí, sin darme cuenta de que seguía en sus brazos.
"¡¿Jasmine?!", exclamó una voz familiar, haciendo que nos separáramos de golpe.
Ruby sostenía una copa de vino, y nos miraba con incredulidad.
Yo tosí, mientras mis mejillas se teñían de rojo. "No es lo que piensas", comencé a aclarar, para borrar la mirada traviesa de su rostro.
"Sí, no es como si hubiéramos hecho algo", intervino el alto y robusto hombre, metiendo las manos en sus bolsillos, antes de guiñarle un ojo a mi amiga.
Sentí asco por su comentario y me pregunté si era tan coqueto. Él caminó hasta el final del jardín, antes de darse la vuelta y decirme: "¡Nos vemos adentro, zorra!". Una sonrisa genuina se extendió por su rostro, antes de desaparecer.
"¡Santo cielo! ¿Cómo lograste que el Rey Lycan se fijara en ti?", me preguntó Ruby, corriendo hacia dónde yo estaba.
"¿Qué quieres decir con Rey Lycan?", inquirí, con los ojos abiertos de par en par.
Solo lo hice porque quería estar segura, pero por supuesto que mis sospechas eran correctas: por su imponente figura, ese hombre fácilmente podía ser un Lycan. Me pregunté por qué no había notado eso antes.
"¿Te refieres a la manada Media Luna?", añadí, esta vez en un tono más agudo.
"Por supuesto, tus padres los invitaron para la fiesta de compromiso".
Si eso era cierto, definitivamente regresaría a la celebración, aunque no para buscar a alguien en particular.
"Vamos. Supongo que ya me perdí la mejor parte", expresé.
Apenas entramos, nos recibió una música estridente y gente bailando. Ruby y yo pronto nos unimos. Me dije que al menos estaba ahí para disfrutar del momento, y no dejaría que mi estúpido enamoramiento por Jason me arruinara la velada.
"Hola, hermanita, ¿a poco no vas a saludarme ahora que volviste?", preguntó una voz familiar, que hizo que se me detuviera el corazón por unos segundos.
Él sonaba diferente: antes siempre se escuchaba gruñón, cruel y rudo, pero ahora su tono era suave y amable.
"Eh... Los dejaré solos", soltó Ruby captando la indirecta, mientras agarraba una copa de vino de la bandeja de una mesera, antes de alejarse.
"Mmm... Hola, Jason", contesté con la voz entrecortada, mientras mi corazón latía como loco. ¿Cómo podría olvidar que una vez estuve profunda y estúpidamente enamorada de él?
"Te ves impresionante esta noche", comentó mi hermano.
Podía sentir su mirada recorriendo mi cuerpo. Años atrás, la adrenalina habría corrido por mis venas si él me hubiera mirado así, pero ahora encontraba su gesto insultante.
"Gracias", pronuncié con frialdad. No era más que un pervertido.
"Hola, zorrita. Me prometiste este baile, ¿recuerdas?", resonó otra voz familiar a mis espaldas.
Me giré y encontré al hombre de hace rato con la mano extendida hacia mí, mirándome con ojos brillantes. Luego volteé hacia Jackson, quien inmediatamente me agarró de la mano.
"¡Ella bailará conmigo!", objetó mi hermano con firmeza.