Capítulo 2

—No necesitaban de mí para hacer la fiesta, no veo la importancia de mi presencia en este lugar— repliqué aún enfadada.

—Pero aun así regresaste, aunque un simple mayordomo te lo pidió— dijo egocéntrica— debiste tener razones para volver.

—Eso no es de tu interés.

—Deberías hablar con tu hermano y felicitarlo por su compromiso—dijo para evadir el tema— No olvides que también perteneces a la familia Grosvernor.

—Ahora mismo está ocupado, pero hablaré con él cuando pueda—Frunce los labios, respirando hondo para tranquilizarme y evitar armar un escándalo con la mujer que decía ser mi madre.

—Bueno creo que ya no está ocupado así que, salúdalo— Dijo mientras miraba hacia la dirección donde se suponía estaba mi hermano, ella se marchó. Escuche unos pasos que se dirigían hacia mí por detrás y al girarme, mi hermano llegaba con una copa en sus manos.

— ¿A-Abigaíl?—Dijo confundido, con una suave voz, pero muy varonil e imponente— ¿Qué haces aquí?

—Re-Regrese por ti—Aseguro al reunir el suficiente valor en mi corazón como para mirar esos grandes ojos de color verde. Me sorprende de que me dirija la palabra.

— ¿Por... Mi?—Contesta sin expresión alguna en su rostro, es difícil saber qué está pensando de mí ahora que nos hemos vuelto a ver después de tanto tiempo.

—Sí, por tu compromiso—Respondo tragando saliva.

—Ah— dijo desanimado, casi decepcionado de mi respuesta.

— ¿Y tu prometida?—dije deseosa de conocer a mi nueva hermana. Y miro alrededor en busca de una mujer ostentosa y bella, quizás de cabello rubio o rojizo, además de hermosa figura. Una mujer que sobresalga del monto.

—No lo sé—se limita a responder con una mezcla de enojo y tristeza. Lo miré desconcertada, aunque tenía razones para dirigirme la palabra de esa manera.

—Oye…—me interrumpe mientras me observa detenidamente.

— ¿Te quedarás en la mansión?— Me pregunta desviando la mirada. Enfocándola en la mesa de bocadillos que estaba cerca.

—No lo sé, no creo que sea correcto—respondí después de analizar mi crítica situación respecto a mis padres.

— ¿Entonces te quedarás en un hotel?—Pregunto extrañado frunciendo el ceño.

— ¿Hay algún problema con eso?— pregunté con una sonrisa.

— ¡Te equivocas!... Acabas de regresar así que deberías quedarte con tu familia— Me reprendió. Aunque su mirada estaba en otro lado, estaba segura de que estaba feliz de verme y que me dijera aquellas palabras también me subía el ánimo y las esperanzas de haber sido perdonada por mi hermano

— Supongo que…—Rápidamente llego a mi memoria que mi padre insistió tanto en aquel tiempo que no me marchara y a pesar de que viaje sin su permiso, fue a buscarme con el motivo de pedir explicaciones de mi extraño comportamiento. Y para evitar revelar ese secreto que aún me mortificaba lo eché de mi departamento con decirle que yo no quería la vida que él me daba, y que yo deseaba ser como cualquier persona que podía salir a la calle sin tener que pedirle a un chofer que me llevara a un centro comercial y tener que aguantar a un séquito de guardias de seguridad. Después de haber sido tan grosera, no esperaba que se alegrara de verme o siquiera me recibiera en casa—podría visitarlos

— ¿Visitarnos?—Pregunto frunciendo el ceño de nuevo— ¿Por qué? ¿Acaso regresaste con alguien más? ¿Es esa la razón por la que no quieres estar con tu familia?

— ¿Qué quieres decir con eso?

—Tal vez… que no debiste venir, quizás debiste quedarte en ese hotel y disfrutar del hombre que te acompaña—Soltó con la intención de que sus palabras llenas de ponzoña me afectaran y ofendieran.

—Tengo diferentes motivos de los que piensas ¡Joseph! No todas somos iguales, pero antes que nada he venido a ajustar cuentas contigo— expliqué con tranquilidad disimulando que su insulto eran palabras que se las lleva el viento.

— ¿Conmigo?... ¿Cuentas que pagar?—Responde engreído con una sonrisa burlona entre sus labios, levantando la ceja izquierda. Como si intentara analizar mis palabras.

—Así es querido hermano, vengo en son de paz, pero entenderé que por el momento no me puedas atender, tienes invitados que esperan para felicitarte—dije débilmente, intentando reponerme a la idea de perder otra vez a mi hermano. No tendría por qué darme tiempo para explicarle, era un momento de felicidad que yo venía a arruinar. Él me miraba extrañamente, pero se dibujó en sus labios una mueca parecida a una pequeña sonrisa.

— ¡Sígueme!— Me halo del brazo y me condujo por la fiesta hacia el interior del club. Me imaginé que podríamos ir a un lugar donde no nos molestaran y eso fue lo que estaba tratando de hacer. Llegamos a una oficina llena de libros, quizás era una biblioteca para los miembros del club campestre. Todos eran de temas administrativos y comerciales con temas como “Como ser líder”, “Finanzas internacionales” “Auditoria de Franquicias”. Todo lo que un administrador debería saber, pero mientras leía los temas que estaban sobre el respaldo de los libros escuche un pequeño ruido que provenía de la puerta detrás de mí. Joseph la había cerrado con seguro.

— ¿Qué es lo que tienes que decir?

—Te debo una explicación—Dije firmemente sin dejar de mirar los brillantes ojos verdes de mi hermano.

— ¿Explicación?— frunce el ceño confundido y vuelve a mirarme esperando por mi respuesta.

—Quizás no te importe lo que estoy por decir, pero si lo hago es porque no deje de pensar en ello desde hace cuatro años y tal vez esta sea la única ocasión de la que pueda hablar contigo porque volveré a Roma, aunque…—Suspire hondo para relajarme, baje la mirada al suelo, sabía que por vergüenza no me atrevía a mirarlo, no obstante debía ser firme para esto— Ese día recibí un correo con una extraña fotografía que me impacto y debía confirmar la información que venía con aquella foto. Llegue al hotel y me quede en el lobby con la intención de saber si mi madre estaba engañando a tu padre como venía en el correo, pero al verte no supe qué contestarte…y al ver a mi madre en los brazos de otro hombre no tuve la cara ni el valor para responder por ella, pero tú comenzaste a gritarme…

— ¡A-Abi…!—Dijo con asombro intentando detener mis palabras. Aunque comencé a llorar como una niña siendo interrogada.

—Y lo único que vine hacer era decirte eso, nunca supe de quién fue el correo, pero es la única explicación que te puedo dar…—Bajo la mirada nuevamente, solo se escucha su respiración y mi nariz congestionada por el llanto.

— ¿Por qué pones esa cara? ¿Acaso crees que me engañas? ¿Con lágrimas fingidas?—Esperaba ese tipo de insultos, pero el que me dejara terminar ya era una ganancia para mí y mi conciencia.

—Sabia que dirías algo como eso—respondo afligida. Limpiando los residuos de lágrimas.

—Supe que mi padre fue a Roma solo para pedirte que regresaras y como tu madre lo trataste cruelmente—Dice enfadado y añade— ¡Eres la peor basura que pudo haber pisado la casa de mi padre! ¡Incluso peor que tu madre!

— ¿Es todo lo que tienes que decirme?—Cuestiono tratando de contener las lágrimas.

—No—continúa con una sonrisa burlona y cierta malicia en sus ojos— ¡Tengo mucho que decir!

Mire a mi hermano, cada ofensa borraba cada bello recuerdo del pasado, del hermano que alguna vez tuve, su cálida sonrisa. Aquel hermano amable de buenos modales había sido remplazado por un hombre lleno de rencor exclusivamente para mí. A pesar de que ya tenía en cuenta que podía hablarme de esa manera, me dolía y ya no estaba dispuesta a seguir escuchándolo. Camine por su lado con dirección hacia la puerta decidida a marcharme.

— ¡Espera!...—Grito enfadado. Me tomo del brazo y me jalo hacia atrás, poniéndome entre un estante de libro y él— ¡No hemos terminado de hablar!

— ¡Ya no tengo nada que decir! Especialmente a un hermano que no conozco—Replique furiosa

— ¿Qué dices? ¿Acaso he cambiado?—murmura desconcertado— ¡Sigo siendo el mismo!

—No es así… Mi hermano Joseph nunca me hubiera tratado de esta manera tan cruel—le reprendo mirando de arriba abajo desconociendo totalmente su forma de actuar.

—Ya veo— Susurra, sonriendo levemente — Crees que yo he cambiado… Pero ¿Acaso tú no?

— ¿Qué quieres decir con eso?

— ¡Esto!

De repente sujeto mis muñecas contra los libros, y aprisiono mi cuerpo contra el suyo evitando que me moviera. Cuando me di cuenta su rostro estaba frente a mí ¿Qué hace…?

No podía pronunciar palabra alguna, ni siquiera gritar porque sus labios, besaban los míos. Perdiendo toda movilidad, no pude evitar lo que sucedía. Mis piernas, mis brazos cedieron ante el claro estado de shock en el que me encontraba.

¿Qué diablos Ocurre? ¿Por qué rayos...? ¿Por qué esta besándome?

Capítulo 3

Quizás era un juego, un juego muy estúpido, pero cuáles fueran las intenciones que tenía para hacer esto, no dejaría que se aprovechara de mí. Como pude, solté mi mano y le di una bofetada. Joseph me soltó enseguida.

—¿¡Estás loco!?— grité furiosa.

—¡Vaya!...— tocándose la mejilla enrojecida —¿Acaso no puedes besar a cualquier hombre como tu madre?

— ¿De qué hablas? ¡Somos hermanos!... ¡No puedes besarme!

—¿Hermanos...?—esbozo la palabra como si doliera pronunciar cada letra de ella—¿En verdad me consideras tu hermano?

Me sorprendió tanto su pregunta, ¿Acaso él no me considera su hermana?

—No sé lo que pretendes—grite—¡Pero no estoy dispuesta a soportar tus sucios juegos!

Me apresuré a llegar a la puerta para quitar el seguro que Joseph había puesto.

—A-Abi... ¡Espera!— escuché la voz de Joseph detrás de mí. Pero sería muy estúpido de mi parte escucharlo después de lo ocurrido. Al quitar el seguro salí deprisa, casi corriendo hasta llegar nuevamente al jardín donde se encontraba la fiesta. Mi corazón se aceleraba a cada segundo que volvía a mi mente aquella escena tan horrible que tuve que pasar. ¿Por qué?

Trataba de contener ese sentimiento tan aterrador, era como si me hubiera tocado un violador pervertido, tenía esa horrible sensación en el cuerpo y sobre todo en los labios.

— ¿¡Abigaíl!?— escuché la voz de mi padre mientras avanzaba entre la gente.

— ¡Ah!... ¡Padre!…—Dije un poco nerviosa.

—¿Te marchas?—Pregunto decepcionado—¡Es la fiesta de compromiso de tu hermano, no puedes marcharte ahora!

—¿Me perdonas si te digo que no me siento muy bien?—Dije desanimada, mi padre me observo detenidamente. Quizás mi cara estaba pálida por lo que había pasado y tal vez creería la mentira.

—¿Estás enferma?—pregunto angustiado.

—No lo creo... tal vez me afecto haber llegado tan deprisa a la fiesta después de un largo vuelo, necesito descansar—dije aún más nerviosa al ver que a lo lejos Joseph salía por una de las puertas del club hacia el jardín.

—Bueno, si es descanso lo que necesitas, ordenaré que un chofer te lleve a casa

—¿Casa?... no es necesario, iré a mi hotel no necesitas tomarte tantas molestias.

—En lo absoluto, no es una molestia, y por favor ya no insistas más en el hotel, me sentiré más tranquilo si descansas en tu antigua habitación—dijo con una sonrisa y haciendo un chasquido con los dedos mando a llamar a un asistente, dándole órdenes de llevarme a la mansión.

A causas de mi mentira, no pude decirle "no" a mi padre, y no teniendo otra opción para escapar tuve que hacer lo que mi padre ordeno.

A la mañana siguiente cuando desperté, supe que ya no me encontraba más en mi departamento en Roma, me encontraba en mi antigua habitación, todo lo que había dejado, estaba tal y como en ese entonces. Y supe que no era una terrible pesadilla porque en Roma no solía arroparme con sabanas de algodón egipcio. Deseaba profundamente que aquel beso si fuera solo parte de mi imaginación.

Me levanté de la cama hecha un asco, por suerte aún me quedaba mi antigua pijama, pero no tenía más ropa que ponerme excepto el vestido de ayer, pero mi familia no permitiría que me vieran con la misma ropa en dos ocasiones.

Coloque sobre mis pies unas pantuflas viejas de conejos. Tome mi móvil para llamar al hotel y mandar a uno de los empleados de mi padre para ir por una de mis maletas y ponerme algo más que el pijama.

Al notar la hora, me sorprendí de que nadie viniera a molestarme. "1:35 pm" tal vez me enfadó un poco, pero era lógico que me dejaran dormir tan tarde, había viajado durante varias horas. Mi cuerpo realmente cansado, aunque después una buena siesta de varias horas o más bien casi un día de reposo ya tenía la energía que necesitaba.

Abrí la puerta y salí arrastrando los pies, mi cabello no estaba tan mal, pero mis ojos estaban inflamados por dormir tanto, la luz me molestaba demasiado, me sentía peor de lo que me veía. Camine por el largo pasillo mirando de reojo los retratos de familiares que ha tenido esta familia desde la época medieval. Y continúe así por 15 minutos hasta llegar a las escaleras que conducían a la entrada de la casa. Por ahora no había visto más que algunos empleados que al momento de verme desaparecían al instante. Mi padre seguramente estaba en la empresa al igual que mi hermano, pues ahora ya trabajaba con él. Y mi madre estaría en un salón de belleza o de compras por los lugares más caros de la ciudad.

"Tal vez solo debería buscar a Edmund" pensé. Y camine con pereza por la casa, pasando por el comedor hasta llegar a la cocina y ahí lo encontré. Se encontraba preparando la comida junto con los chefs y algunas empleadas.

—Señorita Abigaíl—expreso sorprendido. Noté que estaba dispuesto a dejar su trabajo solo para atenderme, pero me apresure a reprenderlo.

—Por favor continúe con su trabajo, disculpa que interrumpa, pero me gustaría saber si me podría hacer un favor

—Señorita, usted no necesita pedir ningún favor, dígame en que le puedo servir—dijo mientras se lavaba las manos y se apresuraba a llegar hasta mí.

—Bueno, necesito un poco de ropa, pero mis maletas están en el hotel que reserve y aquí no tengo nada más que la pijama— explique. Él me miro de arriba abajo con una sonrisa.

—No se preocupe, enseguida mandaré a un empleado de la casa por sus maletas.

—Muchas gracias

Edmund, me acompaño hasta la escalera y ahí salió por la puerta para buscar a uno de los choferes de la casa. En cuanto a mí, recorrí los pasillos con mucha nostalgia, pues siendo pequeña solía jugar a estar perdida en un castillo y que el príncipe tenía que buscarme y ese príncipe para mi desgracia era Joseph.

Aunque le molestaba jugar conmigo a esas cosas lo hacía inmediatamente. Al menos podre decir que hace mucho tiempo era un hermano ejemplar, comprensivo, tolerante, y amable conmigo. Llegue al antiguo estudio de mi padre. Era tal y como ante aunque con algunas decoraciones diferentes, como las fotografías en su escritorio. Me senté sobre la silla de cuero y me acerqué al escritorio para observarlas mejor.

Las fotografías eran de cuando mi hermano y yo nos conocimos por primera vez, era un día de campo y yo no dejaba de jugar con las flores, en ese tiempo tenía apenas cinco años y él tenía diez. Hice una lluvia de flores sobre su cabeza y me reprendió por haberlo ensuciado. Me hizo llorar, pero al cabo de unos minutos no soporto verme en ese estado y me consoló, prometiendo que jugaría conmigo. También estaba una fotografía de la primera esposa de mi padre, la madre de Joseph. Era tan bonita, sostenía en sus brazos un bebe, uno muy gordo. Quizás era Joseph

Levante la vista al ver que la puerta del estudio se había abierto, sin que alguien tocara antes de entrar.

— ¿Así que aquí estabas?— dice Joseph desde la puerta.

—¿Me buscabas?—logro preguntar.

— ¿Qué es lo que haces aquí?—pregunta mal humorado frunciendo el ceño.

—Solo daba un paseo por la mansión.

—Ya veo—dice indiferente de mi explicación.

—¿Y tú?

—Quería saber si era cierto lo que escuche decir a mi padre en la empresa—asegura con una sonrisa—dijo que su pequeña princesa se quedaría en su casa y esperaba que no se marchara de nuevo.

—¿Eso es lo que dijo?—cuestione ansiosa

—Sí, pero ¿Realmente te quedarás?—susurro un poco preocupado. Limitándome a contestar si o no, preferí preguntarle algo que estaba segura diría que no.

— ¿Te agradaría la idea de que yo regresara?—Joseph parecía realmente sorprendido por mi pregunta, la expresión de su rostro cambio. Se acercó al estante de libros detrás de mí y cogió uno de ellos

—Oye... ¿Realmente crees que somos hermanos?- Su pregunta me hacía recordar lo que desee fuera solo una pesadilla.

— ¿De hablas? Por supuesto que somos hermanos—Al dar mi respuesta el cerro el libro con fuerza haciendo un ruido muy alto en la habitación.

—¿Y por qué no me haces un favor?—añade al ver mi expresión

—¿Favor? ¿Qué favor?

—Porque, no mejor regresas a Roma, tu presencia solo es una molestia en esta casa—dice petulante.

De nuevo se estaba comportando como un niño inmaduro, haciendo preguntas tontas y diciendo cosas que me dolían.

—¿Por qué no paras con esas estupideces? Tal vez dejé que el pasado me ofendieras de la misma manera que lo haces ahora, pero esta vez no dejaré que me hables de esa manera sin razón— le regaño tercamente como a un niño pequeño.

—Tal vez sea porque no puedo confiar en ti o en tu madre. El hecho de que volvieras significa que algo muy grande trama esa mujer.

— ¿Acaso estás loco? Sabes cuál fue la razón de mi regreso, te lo dije ayer, pero como siempre tú sacas tus propias conclusiones.

—¿Estás segura de eso?

—Por supuesto, tú eras el único motivo por el que regrese, pero tal vez no valió la pena regresar—reconozco ferozmente. Al girar a verlo de nuevo, note que me miraba fijamente, y se aproximó a mí sin dejar de verme directamente a los ojos. Trate de decir algo cuando acercaba su rostro al mío, pero mi enfado desapareció y mi voz se apagó con los nervios.

—¿Qué haces?—Logro pronunciar nerviosa

—Tus ojos tienen un pequeño tic-nervioso cuando mientes y trato de encontrarlo— aseguró con burla.

—¿Qué?—cuestiono enfadada.

—Bueno al menos, sé que no mientes sobre eso—Sus palabras parecen sinceras, y su expresión también lo es-Te veré después.

Sentí un calor agradable sobre mi frente, se había acercado tanto solo para hacer eso. Me había ruborizado de nuevo y lo peor es que Joseph lo había notado. Él solo sonrió antes de dirigirse a la puerta para dejarme igual que ayer. Sorprendida por el beso y en estado de shock por su repentino cambio de humor hacia mí.

Quizás ese beso, solo era la necesidad de sentir algo diferente, sentir que aún había algo de compresión de él para mí, pero significaba mucho para mi corazón.

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