"¡Deja de hacer la ridícula!", exclamó Terrence sobresaltado, mirando a Julia, quien aún estaba perdida en sus pensamientos.
En ese instante, justo cuando esta iba a hablar, Jean dijo: "Julia, por favor, es un malentendido. Terrence y yo no hemos hecho nada. Verás, acabo de llegar a Ciudad H, y como estaba tan cansada por el viaje, le pedí que me recogiera en el aeropuerto".
Julia quería creerle con todo su corazón, sin embargo, con solo mirar la forma en que Jean estaba vestida, no pudo evitar perder la cabeza.
'¡Puede que sea mi hermana, pero mis ojos no me engañan!', pensó, después de lo cual gritó:
"¡Basta! Deja de hacerte la inocente. ¿De verdad crees que vas a engañarme tan fácilmente? Terrence es mi marido, Jean, así que mantente alejada de él".
"No, yo no...", respondió Jean en un tartamudeo, al mismo tiempo que bajaba la cabeza. Ver a su hermana reaccionar de esa manera hizo que Julia sintiera un poco de lástima por ella; sin embargo, al darse cuenta de que Terrence la miraba con pena, su ira volvió tan fuerte como antes, por lo que explotó:
"¡Mira lo que llevas puesto! "¡Mira con quién estás! ¿Acaso no tienes vergüenza?". Julia continuó hablando de la misma manera, y a medida que sus palabras se volvían cada vez más ofensivas, Terrence agarró su rostro desde la barbilla, obligándola a mirarlo directamente a los ojos, y con una expresión de ira naciente, le dijo: "¿Qué crees que estás haciendo?".
Julia, al sentir el fuerte agarre de su marido, farfulló:
"¡Suéltame, Terrence! ¡Me estás haciendo daño!". Julia luchó con todas sus fuerzas para liberarse, pero le era imposible. De hecho, los ojos del hombre parecían iluminarse de satisfacción. "¿Dices daño? ¿Sabes siquiera lo que es el verdadero daño?", dijo con ironía.
"¿Entonces todavía me culpas de lo que sucedió?", preguntó Julia con una sonrisa forzada. Comparado con el dolor que le estaba infligiendo con su agarre, lo que sentía en su corazón era mucho más devastador.
Hace tres años, Terrence estaba comprometido con su hermana, Jean. Pero por cosas del destino, una noche Julia se emborrachó y terminó en la cama con quien se suponía que iba a ser su cuñado.
Naturalmente, todo el asunto terminó en desastre, y Terrence se casó con Julia, mientras que Jean se fue al extranjero. Ahora, por razones que Julia ignoraba, su hermana había regresado, casualmente en el momento en que su matrimonio se encontraba en un estado deplorable.
"¿Culpa?", dijo Terrence con una risa irónica, y continuó: "¡Es mucho más que eso! No sabes cuánto me arrepiento de lo que pasó hace tres años... En momentos como estos, me pregunto cómo pude arruinar mi vida contigo, ¿y sabes qué es lo peor? Que...", pero antes de que pudiera empeorar las cosas, Jean lo tomó del brazo y dijo: "Ya déjala, Terrence. ¿No ves que ya no puede soportar el dolor?".
Al ver su cara enrojecida por el atragantamiento, Terrence finalmente la soltó. La mujer se tambaleó hacia atrás unos centímetros.
Terrence, por su lado, tomó una toallita húmeda y se secó los dedos con disgusto, como si acabara de tocar a un leproso.
Entre lágrimas, Jean suplicó: "Por favor, no sigan más discutiendo. Es mi culpa que esté sucediendo esto, si lo hubiera sabido, no habría vuelto".
Al escuchar esto, Julia simplemente se limitó a sonreír, por el contrario, Terrence se acercó a ella rápidamente para consolarla. "No, no es así Jean. Desde el principio solo ha habido dos culpables: Julia y yo. Pero ya no más. Y es hora de que arreglemos los errores que cometimos en el pasado".
"¿Sabes lo que estás diciendo?", preguntó Julia, apretando los puños.
"Sí, lo sé muy bien", dijo Terrence frunciendo el ceño, y continuó: "Ya que estás aquí, dejemos las cosas en claro: se acabó, y mañana a las ocho en punto le pondremos punto y final a esto".
"Estás deseándolo, ¿verdad?", dijo Julia, escupiendo cada palabra como si fuese veneno. "¿Cuántas veces quieres que te lo diga? Yo tampoco sé lo que sucedió realmente esa noche".
"¿Piensas que voy a creerte? No importa lo que digas, me divorciaré de ti", afirmó Terrence, quien no quería perder más tiempo con Julia; de hecho, cada vez que la veía, sentía como si la sangre se le calentara al punto de ebullición. En ese instante, miró a Jean con ternura, y le dijo en voz baja: "Descansa, te veré mañana".
"¡Explícate, descarado!", exigió Julia, intentando tomar a su esposo de la chaqueta, pero este no le hizo caso y se fue.
A decir verdad, su matrimonio siempre fue así, un completo desastre.
Ahora bien, como era usual, Julia quiso perseguir a su marido, pero Jean la detuvo. "Ya se ha ido, Julia. Detente".
Al volverse, Julia solo pudo ver el rostro hipócrita de su hermana. Como si nada hubiese sucedido, Jean se dejó caer en la cama y preguntó: "Julia, ¿cómo estás?".
Jean siempre había sido sumamente hermosa, pero en este momento, Julia notó que estaba diferente, que su piel estaba más bronceada y que sus mejillas tenían un brillo hermosamente especial. En definitiva, ir al extranjero jugó a su favor.
"Lo admito", comenzó Julia, y prosiguió a explicar: "Es mi culpa lo que sucedió hace tres años, pero eso, ¡fue hace tres años! Ahora estamos casados, ¿por qué no puedes aceptarlo?".
Jean, sin embargo, escuchó sus palabras como si fuera la broma más tonta jamás dicha.
"¿Aceptarlo?", respondió con el ceño fruncido, y continuó: "A pesar de todo, sigues siendo tan ingenua como recordaba". Aunque habló con absoluta tranquilidad, como si no fuese nada malo, pero el odio que transmitía en sus palabras no se podía ocultar. De hecho, odiaba la forma como se comportaba su hermana, como si el mundo fuese tan inofensivo como ella.
"¿Pero qué es lo que intentas decir?", preguntó.
"Julia, eres la señora Chen, sin embargo, ¿Terrence siquiera te ama?", dijo Jean, que se detuvo por unos segundos para observar la reacción de su hermana, después de lo cual continuó: "En realidad, no hice nada más que decirle que iba a regresar, y míralo ahora, total y completamente entregado a mí. ¿Acaso no crees que me extraña? ¿Especialmente después de todo este tiempo?".
"Ve al grano", espetó Julia.
Ante esto, Jean cruzó los brazos, y dijo: "Ríndete, mi querida hermana. Te di tres años para que lo conquistaras, pero fallaste, así que no me culpes si lo hago mejor que tú".
"O sea, ¿que estás confesando que vas a quitármelo?", preguntó Julia, estupefacta. No podía reconocer a esta mujer con la que estaba hablando, lucía como su hermana, pero actuaba totalmente diferente a ella. ¿Era la misma persona?
"¿Quitártelo? Cariño, no es quitártelo, si él fue mío primero", dijo Jean, riéndose entre dientes. "Hace tres años, la empresa de Terence estaba al borde de la quiebra, y no podía casarme con un hombre en esas condiciones, así que puse algo en tu copa de vino. Seguramente en los últimos tres años, ni siquiera te ha tocado después de eso. Entonces, querida Julia, tan solo me has ayudado a cuidar de mi hombre".
En ese momento los ojos de Jean brillaron, y repentinamente, los recuerdos de Julia regresaron. Era como si finalmente encajaran todas las piezas del rompecabezas.
Julia comenzó a recordar lo 'fuera de sí' que estaba esa noche, y sería al día siguiente cuando Jean aprovechase la oportunidad para atraparlos a los dos en la cama.
Ella había pensado que había bebido demasiado y terminado durmiendo con el prometido de su hermana, pero resultaba que todo había sido una trampa.
Incluso logró recordar cuando Jean abrió la puerta, cómo una irónica sonrisa se esbozó en su rostro. Finalmente sabía la razón, por tanto, toda la culpa que había estado cargando había sido en vano.
"Por fin te has dado cuenta, ¿eh?", respondió Jean, sonriendo vengativamente. "No te preocupes Julia, Terence no es una persona tacaña, con que estés de acuerdo con el divorcio, obtendrás una gran indemnización. Así tu vida será mucho más sencilla, y ya no serás más una desconocida actriz del mundo del espectáculo".
"En comparación con la indemnización, creo que ser la Sra. Chen es mucho más provechoso". En ese instante, Julia apretó tan fuerte su puño, que terminó por enterrarse las uñas en la palma de su mano.
"Mientras yo no me divorcie de él, tú solamente serás una amante clandestina", replicó, mientras se reía con altivez. "Y no te preocupes, querida, jamás me divorciaré de él".
"¿De verdad vale la pena estar con un hombre que no te ama?", le preguntó Jean con un tono burlón.
"Oh créeme, estoy segura de que vale la pena", Julia sonrió junto con su respuesta. "Mientras seas tan solo una amante desvergonzada que no puede salir a la luz, siempre valdrá la pena".
Jean se burló. "Te vas a arrepentir de esto, querida hermana".
"¿Arrepentirme?", Julia interrogó con desdén. "Lo único de lo que me arrepiento es de no haberte estrangulado cuando nuestra madre te dio a luz", y sin decir más, Julia simplemente se volvió para marcharse.
En realidad, ella había llegado hasta ese lugar con la idea de atrapar a Terence en su acto de infidelidad, pero tan solo recibió groserías. Se sentía como si la hubieran engañado durante años, y todo delante de sus narices.
Pero justo cuando Julia salía del hotel, recibió una llamada de Vanessa, "¿Dónde estás?", le preguntó y continuó, "La fiesta está a punto de comenzar".
"Llegaré pronto", respondió Julia. En menos de una hora había perdido a su amado y a su hermana, por lo que no podía permitirse perder su trabajo también. Caminaba por los pasillos con esta idea en la mente.
Y en cuanto a Terence, ella lidiaría con él más tarde.
Esa noche, había recibido el premio más importante en sus tres años de carrera, el premio a la Mejor Actriz Revelación, por lo que Abby, su asistente, había insistido en que debían celebrar la victoria, pero Vanessa la detuvo.
"Julia ya debe estar cansada, mejor volvamos todos a casa y lo celebremos otro día". Entonces, Vanessa ayudó a Julia a subir al auto. Aunque la chica no estaba llorando, su agente aún podía sentir la tristeza que irradiaba de su mirada.
"Te advertí que rompieras con él, pero no me escuchaste", le reprochó, sentándose a su lado. "Ahora lo ves, ¿no? Es momento de terminar con esto", prosiguió Vanessa mientras la abrazaba, pero sus palabras provocaron que la chica finalmente se quebrara.
Julia sollozaba sin parar en brazos de su agente, sin embargo, cuando finalmente llegaron a su casa, la mujer de inmediato inclinó la cabeza, secándose las lágrimas del rostro. Pues no iba a dejar que la vieran en ese estado.
En ese momento Vanessa se mordió el labio y le preguntó, "¿Qué tal si me quedo contigo esta noche?".
"No, estoy bien", le respondió Julia. Ciertamente, pensaba que tenía que lidiar sola con eso. Entonces caminó silenciosamente de regreso a su casa y abrió una botella de vino tinto.
Se suponía que esa villa sería su residencia de bodas. Sin embargo, a medida que pasaban los días y las semanas, se dio cuenta de que aquello era más bien un cementerio, pues todo el tiempo estaba vacía.
Estaba pensando que pasaría otra noche sola, cuando alrededor de la media noche Terence volvió.
La chica solamente parpadeó sorprendida.
"¿Tienes hambre?", le preguntó Julia y dejando de lado la botella de vino, se levantó rápidamente del sofá.
"Podría pedir para que traigan comida o algo…".
Sin embargo, Terence no estaba de ánimo, entonces caminó con fuerza hacía ella y la empujó hacia el suelo. "¿Cómo pudiste?", le gruñó. "¿Qué te hizo Jean? ¿Por qué le hiciste daño a ella?".
"¿De qué estás hablando?", le preguntó Julia de vuelta, frunciendo el ceño. Pues la mujer estaba completamente bien cuando se marchó.
"¡Dejar de fingir!", le insistió con un grito que resonó por toda la villa. "Te subestimé, realmente eres una mujerzuela, me das asco", se burló el hombre mientras le arrojaba el acuerdo de divorcio. "Fírmalo, y ya no quiero verte más".
Aunque en muchas ocasiones Terence la había amenazado con divorciarse, esta era la primera vez que le pedía que firmara los papeles, así que aquello se sintió como una puñalada en el corazón.
"Quieres... ¿De verdad deseas tanto estar con ella?", tartamudeó la chica.
Julia estaba esperando, esperando a que la última gota derramara el vaso.
"Así es", le respondió, afirmando contundentemente con la cabeza. "Ella es una persona hermosa y noble, no una mujerzuela como tú, que ni siquiera pudiste dejarla en paz".
"Bien, muy bien, fui yo. ¿Estás contento?", respondió Julia, sin saber qué se había apoderado de ella cuando empezó a hablar, así que simplemente levantó la cabeza y prosiguió, "Sí, también fui yo quien puso algo en tu copa de vino aquella noche, y sí, te atrapé, Terence. ¿Pero acaso te importa, que a pesar de que has sido tan intolerante conmigo, aun así te amo tanto?".
Los ojos de Terence se abrieron de par en par, nunca la había visto actuar de esa manera.
Los ojos de Julia ya brillaban con desesperación.
Entonces se secó las lágrimas, y rodeándole el cuello con los brazos. "Me aseguraste que no me amabas, pero esa noche tu cuerpo me decía lo contrario", le dijo riendo aquella mujer. "Si te sientes solo en el futuro, ya sabes dónde encontrarme", agregó Julia, guiñándole un ojo entre las lágrimas.