Capítulo 2

Diez años atrás...

Refunfuño a la nada mientras observo a la chica ojerosa y despeinada que me devuelve la mirada desde el espejo. Tiene esa expresión de querer morir que tanto conozco. Nunca he sabido mentir; soy un libro abierto incluso para mí misma. No puedo fingir ni una sonrisa frente al cristal; cuando lo intento, parezco un chihuahua a punto de atacar. De hecho, tengo la estatura de uno.

-¡Blake! ¡Vamos a llegar tarde! -El grito de mi hermano, Jagger, atraviesa las paredes con la fuerza de un huracán. Es un pesado, un bruto de primera, pero es mi hermano y lo quiero.

-¡En veinte minutos estaré lista! -le devuelvo el grito.

Escucho una orquesta de maldiciones y algo que suena a que apuesta su trasero a que no lo lograré. Pobre de su trasero. Doy un último vistazo a mi reflejo deprimente y, decidida a cambiarlo, me meto a la ducha. Agradezco al Todopoderoso por la economía de mi familia; vivir en una casa donde cada uno tiene su propio vestidor y baño es un privilegio que no doy por sentado.

Salgo de la ducha con el tiempo justo. Me enfundo en mis vaqueros favoritos, ajustados y de tiro alto, y los combino con una sudadera negra crop-top que deja apenas un rastro de piel a la vista. Completo el look con mis botines rockeros de cadenas rose gold y salgo de la habitación con exactamente un minuto de ventaja.

-¿A quién le vamos a regalar tu asqueroso trasero, Jagg? -pregunto bajando las escaleras.

-Muy graciosa, pitufa. Vámonos, siempre llego tarde por tu culpa.

-Si no hubieses estrellado tu camioneta contra el primer idiota que se te cruzó en la autopista, no tendrías que depender de mi coche.

Con un Jagger de un humor de perros, salimos hacia nuestro último primer día de instituto. Estábamos en el último año de preparatoria y, según Emily, mi mejor amiga, somos la maldita realeza de Northside College High. Yo prefiero pensar que simplemente llevamos demasiados años aquí. Jagger y Chase son los capitanes de los equipos de fútbol y natación; Will y Rose son las estrellas de los musicales. Emily y yo... bueno, somos conocidas por estar con ellos.

Aunque Emily, con su ego del tamaño de un estadio, jamás admitiría que sin su hermano Chase nadie sabría de nuestra existencia. Según ella, nosotras somos el "flow" del grupo. Hablando del diablo, la morena aparece como por arte de magia y se une a nuestro paso.

-Jagger, quita esa cara de culo, que es el primer día -suelta Emily con una sonrisa provocadora.

Le encanta sacar de quicio a mi hermano; es su deporte olímpico favorito. Yo tengo mi propia teoría sobre por qué se pelean tanto, pero la única vez que la mencioné, Jagger me dejó de hablar una semana entera.

Emily enlazó su brazo con el mío.

-Dicen que el rarito que trabaja en la cafetería ahora estudia con nosotros -cuchicheó.

Mi corazón se saltó un latido. Ella no podía imaginar que aquel "rarito" era la única razón por la que habíamos visitado la cafetería cada bendito día del verano. Emily juraba que yo había desarrollado una adicción al té helado con menta; no sabía que mi verdadera adicción tenía nombre y apellido, aunque yo aún no supiera cuál era.

-¡Blake! -Rose se unió a nosotras y me lanzó "la mirada". A diferencia de Emily, Rose sabía todo sobre mi obsesión silenciosa por el chico tímido de la barra.

Al llegar al salón, Will y Chase ya nos esperaban. La escena fue un caos de hormonas adolescentes: Will levantó a Rose para plantarle un beso de esos que calientan la habitación, mientras Jagger y Chase se enfrascaban en una charla técnica sobre piezas de camionetas.

Todo iba "normal" hasta que Tina, nuestra archienemiga, entró en escena. Sin previo aviso, la muy idiota le plantó un beso a mi hermano en toda la boca. Si eso no fuera suficiente sorpresa, la cara de limón agrio que puso Emily se llevó el premio. Furiosa, Emily se levantó y pasó por el lado de Tina, dándole un empujón de hombros que casi la manda al suelo. Mi teoría sobre ellos dos volvió a zumbar en mi cabeza.

-¿Es que no ves por dónde caminas? -chilló Tina con un sonido que me recordó a un hámster asustado.

Intentó abalanzarse sobre Emily, pero Jagger la detuvo en seco. Chase se puso en guardia. Yo tomé a Emily del brazo, rogando que no hubiera sangre el primer día.

-Sí, veo por dónde camino -respondió Emily con una frialdad cortante-. Solo estoy acostumbrada a ignorar a las moscas; generalmente se apartan cuando paso.

Un "¡Uhhh!" colectivo llenó el salón. Tina se lanzó de nuevo, pero el grito de Jagger nos congeló a todos.

-¡BASTA! -rugió, fuera de sí-. Estoy hasta la mierda de tus juegos, McCarthy. Decídete de una vez y deja de meterte en mis asuntos.

Se giró hacia Tina y su mirada se volvió de hielo puro.

-Y tú, ten dignidad. Fue cosa de una vez. El verano terminó, no soy tu novio y no necesito que marques un territorio que no te pertenece. No vuelvas a acercarte así o pondré una orden de restricción.

Jagger agarró su mochila y salió del salón, dejándonos en un silencio sepulcral.

Estaba por preguntarle a Emily qué demonios había sido eso, cuando el dueño de todas mis fantasías entró por la puerta. Era alto, perfecto, con el cabello rubio oscuro recogido en una pequeña coleta en la nuca. Vestía totalmente de negro, como si el destino hubiera decidido combinar nuestras ropas. Me obligué a desviar la mirada cuando sus ojos chocaron con los míos.

El profesor de Literatura, el Sr. Poulsen, entró tras él. Todos tomaron asiento, pero mi respiración se detuvo cuando el responsable de mi distracción caminó directamente hacia mi mesa. Emily no estaba; se había esfumado tras la pelea.

-¿Está libre? -Su voz era una melodía grave que me dejó hipnotizada.

-Eh... sí. Sí, puedes acompañarme... digo, puedes sentarte -balbuceé. Bravo, Blake, seguro piensa que eres idiota.

Rose, desde el otro lado, abrió la boca formando una "O" perfecta y me hizo señas de corazones con las manos. Quise matarla.

Capítulo 3

Logan. 10 años atrás...

Escucho las voces de los demás como una melodía diseñada exclusivamente para aturdirme. Nunca me han gustado las multitudes; el ruido de la gente hablando al mismo tiempo se siente en mi cerebro como estática de radio a todo volumen. El simple hecho de pensar en entablar una conversación con alguien fuera de mi círculo familiar me provoca una jaqueca instantánea. Pero el doctor Newman fue claro: si quería "funcionar" en el mundo real, debía salir del aislamiento de la educación en casa e inscribirme en una escuela de verdad.

Así es como termino caminando por los pasillos de Northside High, sintiéndome como un cerdo directo al matadero. Me hundo en la capucha de mi sudadera negra, tratando de ignorar los cuchicheos. La gente aquí es tan discreta como un hipopótamo con tutú.

Lo único que me mantiene en pie es la posibilidad de verla. Mi madre mencionó que los Stewart asistían a este colegio. No es que me importe el gorila de su hermano, pero ella... ella es diferente. Pequeña, delicada, con unos ojos celestes que atraparon mi atención la primera vez que se cruzaron con los míos en la cafetería. Jamás he tenido el valor de decirle más que el precio de un café. ¿Qué iba a decirle? ¿En qué planeta una chica como ella se fijaría en un fenómeno social como yo? En ninguno, obviamente.

Sin embargo, al entrar al salón, el destino decide jugarme una broma pesada: el único asiento libre está justo a su lado. El pánico empieza a subir por mi garganta como bilis. Vuelve a casa, Logan, me susurra mi mente. Pero entonces recuerdo las palabras de mi hermana: "Es solo una chica, Logan. Lo peor que puede pasar es que no esté interesada, pero al menos dejarás de vivir en el '¿qué hubiera pasado?'".

Grace tiene razón. Por primera vez en mi vida, ignoro el impulso de salir corriendo y me planto frente a su mesa.

-¿Está libre?

No sé cómo logré articular las palabras sin atragantarme con mi propia saliva o tropezar con mis pies. Ella me mira como si fuera un fantasma. De inmediato, mi ansiedad dispara una ráfaga de dudas: ¿Tengo la camisa manchada? ¿Huelo mal? ¿Por qué me mira así?

Ella asiente, sonrojada y nerviosa. Me siento antes de que mis piernas fallen. Durante la clase, no escucho ni una palabra del profesor. Mi atención está anclada en ella. Murmura cosas para sí misma: "té", "pie", "voz". Se ve fascinante cuando arruga la frente en concentración. De repente, la veo olfatear discretamente hacia mi dirección. Mi primer pensamiento es que huelo a sudor frío por los nervios, pero entonces la escucho susurrar:

-Es absolutamente perfecto... lo más lindo que han visto mis ojos en diecisiete años.

El mundo se detiene. No puede ser conmigo. ¿O sí? Repaso sus visitas constantes a la cafetería, el hecho de que siempre busca pagarme a mí personalmente... La chica de mis sueños me ha notado. Y aunque esto pudiera ser una broma cruel de los populares, estoy dispuesto a correr el riesgo.

-También eres lo más bonito que han visto mis ojos en dieciocho años -le suelto, con una valentía que no sabía que poseía.

Me pongo de pie y salgo a toda prisa. En cuanto cruzo el umbral, el ataque de pánico me golpea con toda su fuerza. Mis manos sudan, el rostro me pica y el aire se vuelve sólido, imposible de tragar. Llego a mi auto por puro instinto y me encierro tras los cristales polarizados. Es mi único refugio.

Minutos después, Grace aparece. Su rostro es una mezcla de preocupación y furia protectora. Me tiende una bolsa con uno de sus tés de hierbas; saben a rayos, pero extrañamente logran bajar mis revoluciones.

-¿Qué pasó? -pregunta, sosteniendo la puerta.

-Hablé con ella -logro decir, recuperando el aliento-. Básicamente le confesé que estoy obsesionado. Debo parecer un idiota.

-Logan, me parece que estás siendo un dramático -responde ella con una sonrisa de suficiencia-. Está claro que le gustas. ¿Por qué no la invitas a salir de una vez?

Horas más tarde, estoy en la cafetería de Carine, limpiando obsesivamente una mancha en la máquina de expreso. Jonah es un imbécil, siempre deja todo pegajoso. Estoy tan concentrado en mi tarea que no escucho la campanilla, solo su voz.

-Hola, ¿hemos llegado muy temprano?

Me giro con tanta brusquedad que mi frente choca contra la lámpara de metal. El estruendo es digno de una comedia barata. El servilletero sale volando por los aires.

-No... ahora las atiendo -respondo, sintiendo el calor de la vergüenza quemarme las mejillas.

Espero que se aleje, pero ella hace lo contrario. Abre la pequeña puerta del mostrador, recoge las servilletas del suelo y se acerca tanto que mi cerebro olvida cómo enviar la señal de "respirar" a mis pulmones.

-¿Estás bien? -pregunta, acercando su mano a mi rostro. Sus ojos piden permiso.

Asiento. Sus dedos rozan mi ceja, justo donde me golpeé. Podría estar echándome ácido y me daría igual con tal de que no dejara de tocarme.

-Sí, solo... me sorprendiste. Lo siento.

-¿Te hago tropezar y te disculpas tú? -suelta una risita burlona que me desarma.

-Soy un poco idiota, pero eso ya lo saben todos -respondo a la defensiva, el viejo mecanismo de protección activándose por sí solo.

-A mí no me lo parece -dice ella, y por un segundo se muerde el labio, nerviosa.

Se da la vuelta para salir y sé que es ahora o nunca. Como arrancar una bandita.

-¿Quieres-salir-conmigo? -Lo digo tan rápido que parece una sola palabra alemana.

-¿Qué? -se detiene, confundida.

Trago saliva. Mis manos son un mar de sudor, pero no puedo retroceder.

-¿Quieres salir alguna vez conmigo?

Ella sonríe. Es una sonrisa cegadora, como si viera el sol por primera vez. Se acerca, toma el bolígrafo de mi delantal y escribe algo en una servilleta.

-Llámame -dice, poniéndose de puntillas para dejar que sus labios rocen mi mejilla en un beso fugaz-. Adiós, Logan.

Se marcha y me deja ahí, sosteniendo un pedazo de papel como si fuera un tesoro nacional. Tengo una cita con la diosa de mis sueños y no tengo ni la menor idea de a dónde llevarla. La culpa es de Grace. Pero mientras guardo su número en mi teléfono, me doy cuenta de que, por primera vez en años, el aire entra en mis pulmones sin esfuerzo. Si esto es una trampa, soy la víctima más feliz del mundo.

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