Capítulo 2

Abigail Miller

Armo mi bolso con la mente perdida en la promesa que le hice ayer al señor Akim, de lograr que su hijo me ame a mí del mismo modo que yo a él, y eso me tiene mal, porque soy consciente que no lo voy a lograr y que la promesa quedará en el aire. Ni siquiera sé cómo voy a cuidar de Vadim si él llega a morir, todos sabemos que Vadim no me quiere a su lado, si su padre llega a morir menos me querrá, diría que hasta me hará sentir culpable de su muerte, se sumergirá en la depresión y se volverá un ser más amargo de lo que ya lo es. No quiero ni imaginármelo, todo en esta casa se volverá oscuro y tenso, ya lo doy por hecho.

Limpio mis lágrimas y cuelgo en mi hombro el bolso, tomo de la mesa mi móvil y llaves del auto para irme a la universidad, salgo de la habitación y bajo las escaleras, apresurada, no desayunaré aquí en casa, hoy soy yo quien no tiene ganas de mirar a Vadim ni de soportar sus miradas de odio, quiero tener un día de paz donde no tenga que sentirme mal por lo que él pueda decirme o hacer, no sé cómo le pienso hacer para que él se enamore de mí, nunca debí prometer nada, la cuestión es que no podía negarme ante el señor Akim, ahora veré como salgo de este problema.

Llego abajo y antes de salir, marco el número de mi mejor amiga para decirle que ya voy saliendo de casa y que pasaré por ella temprano para que no tarde en alistarse, al momento que cuelgo la llamada escucho un carraspeo detrás de mí, tomo aire hasta que lo libero, no quiero voltearme, sé dé quien se trata.

—¿Ya te vas a la universidad? — guardo mi móvil.

—Si — respondo sin mirarlo.

—¿No desayunarás? — ¿Ahora resulta que se preocupa por si desayuno o no? Ja ¿Me iré a morir?

—No — mis respuestas son monótonas, eso es algo que a él siempre le ha sólido molestar de mí ¿Pero qué más puedo responder si no nos llevamos bien?

—Camina al comedor, tu desayuno está ya servido ¿No sabes que es de mal gusto dejar la comida? — rio con ironía.

—Mira quien lo dice, el señor que siempre se queja de que la comida no es lo que esperaba y por mal criado termina dejándola — escucho sus pasos acercarse a mí.

—Ve ahora a desayunar, no quiero tener que discutir contigo por esto. Mira que no me encuentro de humor — me volteo y quedo de cerca de él, tenerlo en frente de mí ocasiona descontrol en mi corazón.

—¿Qué crees? Yo tampoco me encuentro de humor, y menos para aguantarme tus quejas, insultos y humillaciones, Vadim, no pienso desayunar, no tengo hambre y me importa tu opinión ¿Entendiste? — alza su mano y la cierra ante mí como tratando de controlar la ira que tiene por dentro. El que yo le hable fuerte, lo irrita, siempre ha deseado que yo sea una niña tonta y sumisa que guarde silencio y alabe a su santa palabra, pero no, nunca me he quedado callada aun cuando me duela y termine bajando la cabeza, siempre que nos cruzamos ambos nos insultamos y nos peleamos hasta que alguno de los dos termine de irse molesto o dolido, yo siempre termino con ambas, molesta y dolida, y él… él, molesto e irritado.

—Cuida tus palabras, Abigail ¿Debo recordarte que vives en mi casa? — odio cuando me saca en cara donde vivo.

—No será por mucho, lo único que lamento es que también nos tocará compartir en el trabajo — cierra sus ojos y desvía la mirada, enfadado, no me imagino la discusión que tendría él y su padre por eso mismo. Yo pienso que es una locura, ese hombre y yo no podremos trabajar en el mismo lugar, si vivir juntos es un caos, en el trabajo será peor.

—No te emociones, haré lo que sea para que no tengas acciones en mi empresa, insisto, mi padre se está volviendo loco en dejarte ser parte, no comprendo por qué toma esas decisiones cuando sabe que no estoy de acuerdo y que tú no tienes derecho a nada, ni siquiera a vivir aquí — mi mentón tiembla por el hecho de que quiero llorar, no puedo ni hablar, de hacerlo me iré en llanto.

Vadim me hiere mucho, sus palabras son bastante hirientes ¿Qué he hecho de malo para que me tenga tanto odio?

—Tengo que irme — le doy la espalda — No te preocupes, te daré las acciones que tu padre me otorgue, todo lo que me dejé te lo dejaré a ti, tienes razón en algo, yo no tengo derecho a nada de esta familia — abro la puerta y él la cierra de inmediato.

—Nunca has tenido derecho a nada, ni siquiera al cariño de mi padre luego de… — guarda silencio, me volteo a verlo a los ojos y está tan lleno de rencor ¿Por qué? ¿Por qué siente tanto odio? ¿Qué pudo pasar en el pasado que yo no sepa o recuerde? Esto me afecta tanto — Largo — abre la puerta y me toma del brazo para sacarme de la casa, yo me suelto de mala gana y lo empujo ya molesta de sus acciones.

—¡Imbécil! No veo la hora de irme de aquí y no tener que volver a verte jamás, eres despreciable, Vadim — pronuncio su nombre con la voz cortada.

Le doy la espalda y camino hasta el auto, entro y miro por el cristal de la ventana como golpea la puerta y luego la cierra, me desplomo a llorar como una estúpida que soy, enciendo rápido el auto y salgo de la mansión para ir en busca de mi amiga, quería evitarme una discusión con él por la razón de que tengo evaluaciones, y siempre que peleamos me desconcentro a tal punto de no poder sacar las notas estimadas.

Minutos luego llego a casa donde vive mi mejor amiga Penny, ella sube al auto y me saluda con ese entusiasmo de siempre, a veces quisiera ser como ella, alegre, espontánea y animada, pero no, yo soy silenciosa, aburrida y siempre cargo conmigo una tristeza y dolor que perturba a muchos porque creen que algo malo me sucede, aunque si es así, ese algo malo es el imbécil de Vadim Ivanov. Odioso ruso, detesto amarlo.

—¿Tus ojos rojos e hinchados tienen que ver con Vadim? — asiento mientras conduzco.

—Es un… tonto Penny, digo que lo odio, pero no es cierto, solo lo digo para yo misma engañarme de que es así, ya no sé qué hacer, y lo peor de todo es que le prometí a su padre cuidar de él el día en que muriera, pero no es solo eso, sino que me hizo prometerle que yo lo iba a enamorar ¡¿Dime cómo puedo lograr algo como eso cuando Vadim está cegado por un odio que no entiendo?! Estoy cansada, agotada de soportar sus humillaciones y de que me saque en cara, que soy una mantenida, que no tengo ni un techo propio porque vivo bajo el de él, no puedo ni decir que mi habitación es mi habitación porque me sale con que tiene derecho de entrar, ya que está en su casa — limpio con cuidado mis lágrimas — No sé si lo que mi madre hizo estuvo bien o mal, creyó y consideró que estaría en buenas manos, pero mira Penny, soy infeliz en esa casa, no puedo… no puedo tener tranquilidad. Pero eso no es lo peor, Akim en su testamento dejé claro que tengo acciones en su empresa y eso tiene a Vadim de mal genio, porque yo no tengo derecho a nada de esa herencia, y está bien, puede que sea cierto, pero yo no tengo la culpa que esa haya sido la decisión de su padre. Quiero irme Penny, no soporto vivir con él — me desahogo con mi amiga, aunque casi siempre lo hago.

—¿Sabes que es lo que me molesta de ti? Que sigues enamorada de ese bueno para nada, Abi… Vadim no merece que lo ames, es un tonto, un hombre con la mentalidad de un niño. Amiga, necesito que en serio ya superes a Vadim, no sé ni siquiera como te enamoraste de él si siempre te trató mal — me detengo antes de llegar a la universidad.

—No sé, cosas… ¿Del amor o del destino? Lo cierto de todo es que ya no quiero amarlo, y ahora todo se complica por la promesa que hice — ella abre sus brazos y rueda la mirada.

—No la cumplas, después que muera no sabrá si lo cumpliste o no — abro mis ojos y ella se suelta a reír, no le veo el chiste.

—¡Penny! ¿Cómo puedes decir eso, amiga? Es como un padre para mí — alza sus manos.

—Vale, disculpa, el chiste estuvo mal. Pero bien, ¿Piensas intentar cumplir la promesa? — muerdo mi labio y miro a la calle dudosa.

—¿Tengo opciones?

—Sabes que la tienes, pero cuando hablamos de promesa lo vemos con algo de moral, de palabra, algo que no podemos romper por la lealtad que se tiene a esa persona a la cual se lo prometimos, sea por amor o por odio — pego mi frente del volante.

—Lo sé, lo sé Penny. Lo intentaré, pero antes investigaré porque me odia, y la única persona que me lo puede decir es Akim, si quiero lograrlo tengo que saber por qué me odia tanto Vadim, de esa forma será más fácil y ambos arreglaremos las diferencias.

—Esperemos que así sea, amiga, no quiero que salgas más lastimada de lo que te encuentras por culpa de ese idiota. Y yo que pensaba animarte a que salieras con Robert, pero ya que, el pobre tendrá que desistir de la idea — continúo mi camino hasta llegar a la universidad.

—Vamos Penny, sabes lo que pienso de Robert, es muy… ¿Arrogante? — me observa con incredibilidad.

—¿Me estás tomando el pelo? Vadim es el tripe de arrogante y aun así te enamoró — muerdo mi labio y abro mis ojos.

—Son… casos diferentes, y no quiero que sigamos hablando de Vadim, en serio quiero tener un día de paz ¿Me puedo quedar hoy en tu casa? No quiero llegar a mi casa que no es mi casa — digo con sarcasmo.

—Por supuesto, sabes que eres bienvenida a mi hogar, nosotros allá, si te queremos — logro sonreír luego de tanto llanto.

Termino de entrar en la universidad y de reunirme con mis amigos, me tomo un tiempo a solas para practicar la evaluación de hoy, Penny ayudó a que mi tristeza desapareciera cuando me dijo que este fin de semana nos podemos ir a casa de sus abuelos, quedan en un pequeño pueblo en Nueva Jersey, salir de la ciudad de New York es lo mejor que me puede pasar en estos días de tanto estrés.

Entramos al salón y cuando voy a tomar asiento escucho que alguien me llama, levanto mi vista y me doy cuenta de que se trata de Samuel, el guardaespaldas que se supone debe cuidar de mí, pero como salí molesta y antes de la hora no le avise, seguro lo reprendieron por mi culpa. Camino en dirección a él y le llevo un dulce como ofrenda de disculpa por no haberle anunciado mi hora de salida.

—Lo siento, seguro Vadim por estar molesto conmigo, te dijo algo — recibe el caramelo, pero en su mirada me doy cuenta de que su visita es por algo más.

—Paso algo, Abi — ya me imagino lo que es, y sin que lo diga empiezo a llorar — Lo siento pequeña, falleció hace unos minutos, me pidieron que te diera la noticia — me aferro al cuerpo de Samuel, muy afectada por la muerte del señor Akim, ese quien cuidó de mí hasta el sol de hoy y quien me ha brindado todo su apoyo. No sé cómo voy a recuperarme de esta perdida.

¡Dios, como duele!

Capítulo 3

Abigail Miller

Sigo recostada en la cama con una foto del señor Akim, han pasado cuatro días desde su funeral y su sepultura, en todos estos días me he sentido vacía, triste y dolida por esta pérdida tan grande, el único que consideraba como una familia me ha dejado sola, ya no tengo a nadie tan cercano como lo era él conmigo, lo extraño, me hace falta y saber que no lo volveré a ver más me duele mucho.

Tomo asiento y limpio mi rostro cuando escucho golpes provenientes de la habitación que esta antes de la mía, allí se encuentra Vadim desahogándose seguramente, la pérdida de su papá le ha dolido muchísimo, he querido acercarme a él y darle mi apoyo, pero en cuanto me mira no hace más que voltear la mirada y pasar por mi lado como si yo fuese una total desconocida.

Me levanto de la cama para salir al jardín un momento, abro la puerta y me topo con el mayordomo de la casa, Corwin Miracle, quien parece ha venido por mí por alguna razón, si es para que vaya y hable con Vadim, está muy equivocado, porque en estos momentos es cuando más solo quiere estar y lo entiendo.

—Señorita Miller, le informo que abajo se encuentra el abogado de la familia en espera de usted y el señor Vadim — bajo la vista a mis pies y recuerdo que hoy leerán el testamento de Akim.

—Gracias, Corwin ¿Ya le dijo a Vadim? — niega con terror.

—¿Le puedo ser sincero? No sé cómo tocar su puerta ahora que se encuentra algo… alterado por la pérdida de su padre — escuchamos gruñido y llantos. Niego por saber que, quiera o no, tendré que ir a buscarlo.

—Yo me ocupo, dígale al abogado que espere abajo, explícale que Vadim no se encuentra en condiciones y se está conversando con él a ver si quiere que hoy se lea el testamento, así que tranquilo — le muestro una sonrisa nerviosa.

—No quiere que el señor la trate mal, señorita, somos testigo de cómo reacciona con usted, yo puedo ocuparme…

—Para nada dejaré, que él por su pérdida los trate mal, yo estoy acostumbra Corwin, ustedes no, no me afectara lo que diga, en serio — procuro mostrarme tranquila. El personal de la casa es un amor conmigo, aquí el único ser que me quiere fuera, es Vadim, del resto los demás disfrutan de mi presencia, puede que sea por mi forma amable de ser con todos aquí.

Corwin se marcha para informar al abogado que debe esperar, yo por mi parte entro en la habitación y coloco en mis pies unas botas, salgo nuevamente y ahora me dirijo a la habitación de Vadim para ser quien le notifique sobre el abogado. Él no ha querido que se lea el testamento porque no quiere escuchar lo que me corresponde, lo escuché ayer hablar con el baboso de su amigo Abe, sobre que no tolerará saber que su padre dejó varias cosas a mi nombre, pero como bien le dije, yo le devolveré todo para que esté tranquilo y no tener que luego a futuro escuchar que me diga que todo es gracias a su padre, y que yo no me merecía nada.

Toco la puerta de su habitación y espero a que abra, como lo esperaba no obtengo respuestas, así que vuelvo a tocar con un poco más de fuerza, Vadim abre y al verme intenta cerrarla, pero al darse cuenta de que no lo permito se detiene para evitar lastimarme. Sus ojos yacen rojos, en ellos veo dolor, tristeza, furia, ira y odio, sus sentimientos deben de estar revueltos en estos momentos y puedo entenderlo; sin embargo, no lo justifico.

—¿Qué quieres? ¿Se te perdió algo? — es grosero.

—Abajo se encuentra el abogado esperando por los dos, quiero que te des una duchas y te arregles más presentable — intento sonar como él cuando me da órdenes.

—¿Disculpa? ¿Crees que le haré caso a una niña? Y no, no se leerá el testamento ¿Tan ansiosa estas de saber que te dejó mi padre? Sabía que eras como tu madre, una interesada… — no lo abofeteo, lo que hago es clavar mi puño en su nariz por falta de respeto.

—Que sea la primera y última vez que dices que mi madre y yo fuimos unas interesadas, nunca pedí esto, jamás le pedí nada a tu padre, lo que él me dio es porque así lo quiso y lo deseó — Vadim mantiene su nariz sujeta — Alístate ahora, no tardes — soy yo quien cierra la puerta con fuerza. Mientras bajo las escaleras, limpio mis lágrimas que han salido gracias al insulto del idiota ese, no me interesa el dinero de esta familia, y como bien sabemos, cada dinero o bienes que me haya dejado el señor Akim se lo devolveré a su hijo para que sea feliz.

Luego de una media hora él aparece, su nariz se encuentra inflamada por el golpe que le di, no siempre voy a estar de buenas o voy a tolerar sus ofensas, no soy esa niña sumisa a la que humilla cada vez que quiere, bueno, en algunas ocasiones si lo soy.

—Bien, ahora que se encuentran presente los dos herederos del señor Akim Ivanov, procedo a leer el testamento, el cual fue actualizado una semana antes de su muerte por petición del fallecido — mi mente viaja a otro lado mientras el abogado habla. Jamás creí que mi nombre formara parte de un testamento, ni mucho menos que el señor Akim falleciera tan pronto, nunca se mostró enfermo ni cansado, siempre lucia como un hombre activo y fuerte listo para continuar viviendo. Su recaída fue algo que nos tomó a todos por sorpresa, y su muerte, que puedo decir, nos dejó sin palabras y aliento.

Esta casa se siente muy extraña sin él, por supuesto será difícil adaptarse al silencio y a su ausencia cuando él era quien le daba color y gusto a este hogar, ahora que ya no está, todo cambiará, lo peor es que nada será para bien, no mientras Vadim continúe teniendo esos pensamientos, o quizás si cambie todo cuando yo me marche. Al fin de cuenta, lo único que lo hace infeliz a él es mi presencia.

Suspiro y luego escucho que el abogado repite mi nombre un par de veces para llamar mi atención, alejo los pensamientos y me centro ahora en él.

—Para la señorita Abigail Miller, dejo un 30% de mis acciones en la empresa, aparte la casa que se encuentra en la ciudad de Paris, también será la propietaria de un apartamento en la ciudad de New York para cuando tome la decisión de irse, algo que solo será justo en el momento que obtenga su título universitario, en cuanto a la Mansión Ivanov, donde viven ambos queda a nombre de los dos, tanto Vadim como Abigail son los dueños, ninguno puede echarse de la casa, ni tampoco venderla. Abigail no podrá obsequiar sus acciones a mi hijo, ni nada de lo que este dictado en este testamento, lo que le corresponde a ella es de ella, aun cuando se opongan — el rostro de Vadim da un poco de terror, su mirada de odio hacia mí me perturba y me causa miedo dormir no vaya a ser que me asesine.

—Esto es basura *No puede ser cierto ese testamento, a ella no puede corresponderle nada* — grita eufórico.

—Señor Vadim, por favor tome asiento, aún hay más — él trata de controlar la respiración — Vadim Ivanov no podrá tener acceso al dinero ni a los bienes que le corresponden a la señorita Abigail Miller, ni mucho menos podrá prohibirle la entrada en la empresa cuando tiene ahora un porcentaje de derecho, ella deberá recibir sus ganancias por parte de la empresa, y una vez graduada podrá asistir y empezar a trabajar allí, como socia — mi respiración se corta cuando veo a Vadim volver a levantarte y tirar al suelo una botella de whiskey.

—¿Esto es obra tuya, cierto? ¿Qué hiciste para que mi padre te dejara tanto? ¿Te acostabas con él? — esa ofensa me llena de indignación e ira al mismo tiempo, tanto que me pongo de pies y lo vuelvo a golpear en la nariz con mi puño cerrado haciendo que esta vez sangre.

—Eres vil y despreciable ¿Qué basuras dices? Todo lo que tu padre me heredó fue porque lo deseo, Vadim — quiero decirle muchas cosas, pero mi voz se corta y me lo impide. Vadim me hace mucho daño, me hiera de forma dolorosa.

—Señor Vadim Ivanov, no sé qué clase de problemas tenga con la señorita, pero como caballero que soy no puedo permitir que la trate de esa manera tan abusiva, hay una cláusula en el testamento donde me deja a mí el poder de proteger a toda costa a la señorita Abigail Miller de usted y de cualquiera que quiera herirla, por esa razón no permitiré que continúe insultándola, seré yo quien cuide de los intereses de la joven y me asegure que todo marche como debe marchar — Vadim me ve con un odio que jamás había notado en él, aquello me destroza el corazón porque yo lo amo con toda mi alma y él a mí no, no voy a cumplir la promesa que le hice al señor Akim, no voy a poder — Ahora que ya todo ha sido aclarado y leído el testamento de señor Akim Ivanov, debo retirarme a proceder con todo el trámite de la señorita — El abogado se pone de pies y se le acerca a Vadim para susurrarle algo que yo logro apenas escuchar — Recuerde la promesa que le hizo a su padre, señor Vadim — cierra sus ojos y maldice — Con permiso — se marcha dejándome sola.

—¿Qué promesa le hiciste a tu padre? — ¿Será que el señor Akim lo hizo prometerle lo mismo, o algo diferente?

—No es de tu incumbencia, Abigail, mantente al margen de mí — lo jalo de su brazo.

—Vadim — se suelta de mala gana.

—No vuelvas a tocarme, te desprecio Abigail, tus padres y tú lo único que han hecho es arrebatarme lo que tanto he amado, no sé cómo mi padre pudo continuar permitiendo que tu madre siguiera trabajando en casa, y lo peor, como pudo aceptar ser tu guardián, tu protector — parpadeo.

—¿Qué tiene que ver mis padres? ¿Es por ello que me odias? No creo que hayan hecho algo malo…

—¿No crees? ¿Quieres saber algo Abigail? Tu padre enamoró a mi madre con el fin de obtener dinero, no conforme, hizo que le pidiera el divorcio a mi padre y que se fuera con él y nos abandonara a mi padre y a mí, él… él la llevó a una muerte segura cuando el auto que él mismo manejaba se volcó muriendo ambos al momento. Tu madre sabia de lo que tu padre hacía, ambos lo planearon — niego, todo eso tiene que ser mentira de él, sabía que mi padre había muerto por un accidente, pero ya no me dio más explicaciones de nada, cuando murió yo tenía apenas siete años, si recuerdo que la madre de Vadim había muerto el mismo día, más nunca supe ni me imagine que ella iba con mi padre — Tus padres deben de estar orgullosos de ti, porque su hija logró lo que ellos tanto anhelaban, tener acceso al dinero de mi padre, mi dinero — sigo negando con lágrimas en los ojos.

—Nada de eso debe ser cierto Vadim, me mientes…

—*No te miento, eres como ellos, interesada y una mosquita muerta* — grita tan fuerte que me causa escalofríos — ¿Sabes que me hizo prometer mi padre? Que en su ausencia cuidara de ti y te diera una oportunidad ¿Pero sabes qué? *No pienso cumplirla porque no estoy dispuesto a aceptarte, Abigail* — Grita en mi rostro — *Te odio, te desprecio por ser la hija del hombre que asesinó a mi madre, por ser la hija de una mujer que fue cómplice, y por ser la niña tonta que engañó a mi padre para quedarse con parte de sus bienes, te odio* — Vadim se larga dejándome vuelta un mar de lágrimas. Si todo es cierto… ¿Por qué el señor Akim aceptó cuidarme? No creo que toda la historia sea tan cierta como Vadim lo cuenta, y lo peor es que ya no tengo quien me aclaré la verdad.

¿Cómo puedo cumplir su promesa, señor Akim? ¿Cómo?

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