Kaylee sonrió y dijo con frialdad a Josie: "Tienes razón, pero es una pena desperdiciar una oportunidad tan grande. ¿Qué tal si me quito el vestido y dejo que Gemma lo lleve en mi lugar?".
Josie no pasó por alto la amenaza subyacente de la chica. Sus cejas se alzaron incrédulas mientras gritaba: "¿Cómo te atreves a amenazarme?".
Entrecerró los ojos ante el rostro desfigurado de la chica y arrugó la nariz con desdén. "Si no te aceptáramos de nuevo, ¿de verdad creías que una mujer fea como tú se casaría alguna vez? Eres tan desagradecida".
El vestido de novia aún no estaba completamente abrochado, dejando al descubierto la delicada marca de nacimiento en forma de rosa en la espalda de Kaylee.
Desde atrás, se veía agraciada, lo cual hacía que la gente se preguntara cuán hermoso sería su rostro.
Por desgracia, una cicatriz le atravesaba la mitad.
Los insultos de Josie no lograron hacer que Kaylee se enojara. Al contrario, fingió estar triste, tocando con delicadeza la terrible cicatriz. "Lo siento, señora Hadley, no debí haber dicho eso".
La supuesta cicatriz no era real. Kaylee la había usado a propósito ya que su verdadero rostro era tan llamativo que le causó problemas en el pasado. De modo que fingió ser poco atractiva para evitar complicaciones innecesarias. En realidad, no estaba desfigurada.
El bufido complaciente de Josie cuando Kaylee se disculpó hizo que la chica se burlara de ella en silencio a su vez.
Al contrario de lo que pensaban los Hadley, la chica accedió a reemplazar a Gemma y unirse a la familia Stephens no porque estuviera bajo el control de ellos, sino porque tenía sus propios planes.
Años atrás, cuando Kaylee fue expulsada de su casa y estuvo a punto de morir en la calle, una anciana barrendera llamada Diana Byrd la encontró y la acogió. Desde entonces, la chica trataba a Diana como si fuera su propia abuela. Por desgracia, la anciana había sido envenenada recientemente y Kaylee no podía hacer nada para curarla. Sin embargo, se enteró de que el origen de la intoxicación podría estar relacionado con la familia Stephens.
Además, otra persona que la había salvado en alguna ocasión, pertenecía a esta familia, por lo que ella quería verlo después de unirse a la familia.
Llegó la hora de la boda.
Como era de esperar, el lugar había sido decorado con gran belleza. Aunque la novia ya se encontraba en el altar, el novio aún no aparecía.
Tras diez minutos de incómoda espera, los invitados empezaron a murmurar.
"¿Habrá renunciado el señor Stephens a la boda? ¡Quizás pensó que la señorita Hadley es demasiado fea!".
"¡Dios mío! Si yo estuviera en su lugar, ¡me moriría de vergüenza!".
De pie en el escenario, Kaylee se mostró tranquila e ignoró los comentarios de los invitados.
Transcurridos veinte minutos, un camarero entró corriendo, jadeando mientras intentaba entregar un mensaje: "El señor Stephens me pidió que les dijera que él... él...".
Dudó aparentemente avergonzado de terminar la frase. "El señor Stephens dice que ahora está con una hermosa mujer en el hotel, así que no tiene tiempo para casarse hoy".
En cuanto terminó de hablar, los invitados comenzaron a burlarse o a compadecerse de Kaylee.
Josie se sintió tan avergonzada que gritó furiosa: "¡Si fuera Gemma la que se casara hoy con Elijah, no la habría dejado plantada en el altar! ¡No vino porque Kaylee es demasiado fea!".
Para nadie era un secreto que Elijah Stephens era un mujeriego sin escrúpulos. Viendo cómo ni siquiera se molestó en aparecer en su propia boda, los invitados se dieron cuenta de que los rumores sobre él eran ciertos.
Incluso tuvo la osadía de engañar a su novia y estar con otra mujer el día de su boda.
En medio de la discusión de los invitados, Kaylee se acercó al camarero y le preguntó con amabilidad: "¿En qué hotel se aloja?".
Él se quedó atónito por un momento. "Aquí mismo...", balbuceó.
Entonces Kaylee indagó con calma: "¿Qué habitación es? ¿Podría indicarme el camino?".
Kaylee se levantó el velo sin cuidado, revelando por completo su horrible rostro con la cicatriz. Al instante, todos jadearon impresionados.
"¡Oh, Dios mío! No esperaba que fuera tan fea".
"¡No me extraña que el señor Stephens no quisiera casarse con ella!".
"¡Preferiría casarme con una pordiosera apestosa que con ella!".
Pero Kaylee no pareció oír estas duras palabras. Se limitó a seguir tranquilamente al camarero hasta la puerta de la habitación de hotel en la que se encontraba Elijah.
No golpeó la puerta de forma histérica, como todos esperaban; al contrario, parecía muy tranquila.
Después de mirar a su alrededor, se acercó al carrito de la limpieza del hotel y tomó una sábana blanca recién lavada.
Cuando volvió junto al camarero, preguntó despreocupada: "¿Tiene un encendedor?".
El camarero no tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero sacó enseguida un encendedor de su bolsillo y dijo: "Tenga".
Una sonrisa se dibujó en los labios rosados de Kaylee mientras lo agarraba. Ya no era inexpresiva e indiferente, y los ojos le centellaban.
A pesar de la cicatriz que dominaba su cara, parecía inexplicablemente encantadora, y sus orbes claros eran muy atractivos.
Sin decir palabra, Kaylee encendió la sábana blanca y arrojó la tela ardiendo a la puerta de la habitación. Al ver esto, el camarero se sobresaltó.
El espeso humo hizo saltar el detector de humos, que a su vez activó la ensordecedora alarma de incendios.
En cuanto saltaron los aspersores de la habitación, un grito y una ronca maldición procedieron del interior.
Unos segundos más tarde, la puerta se abrió, revelando a un Elijah empapado.
Al ver que estaba bien vestido, la muchacha levantó las cejas, sorprendida. "¿Todavía no empiezas con la mujer? ¿O ya terminaste?".
Él no esperaba que ella hiciera semejante pregunta. Se miró la camisa empapada y contestó: "Acabo de terminar".
En cuanto dijo esto, vio que había lástima en los ojos de la chica.
"Oh, bueno... Eso fue rápido". Kaylee lo miró de arriba abajo con una sonrisita, e incluso el camarero tuvo que reprimir su risa.
Frunciendo el ceño, Elijah lanzó una mirada fría al empleado, quien guardó silencio enseguida y se quedó inmóvil.
Reprimiendo su descontento, el hombre se pasó los dedos por el pelo mojado. "¿Fuiste tú quien provocó el incendio?".
Como si no se hubiera dado cuenta de la ardiente ira en sus ojos, Kaylee lo miró con calma y asintió. "Sí. Por favor, ve al salón de banquetes en el tercer piso y cásate conmigo primero".
Su tono era de lo más indiferente, como si estuviera hablando del clima.
Elijah enarcó las cejas, sorprendido, pues no esperaba que su novia reaccionara de esa forma. ¿No estaba molesta porque él se acostase con otra mujer el día de su boda?
"¿Y si digo que no?", preguntó con una media sonrisa, mirando fijamente su rostro lleno de cicatrices.
Elijah era bastante guapo. Tenía rasgos marcados, y su pelo mojado aumentaba su encanto. Su atractivo rostro debía de haber hecho desmayarse a innumerables mujeres.
A Kaylee se le ensombreció la expresión al verlo así, lo agarró del brazo y espetó: "Tenemos que casarnos hoy".
Luego se giró hacia el camarero con una sonrisa y le dijo con dulzura: "Mi esposo pagará la sábana. Gracias".
Su sonrisa habría sido encantadora, pero la terrible cicatriz de su cara daba miedo.
Kaylee no era el tipo de persona que dejaba que la gente la insultara. Aunque no pudiera vengarse de ellos al instante, sin duda encontraría la manera de hacerlos sufrir. Como Elijah la había dejado plantada en el altar, estaba decidida a avergonzarlo.
Su voz era muy agradable. Ante la mención de la palabra "esposo", Elijah se sintió un poco aturdido y ridículo, incluso un tanto excitado, pero… Por muy agradable que fuera su voz, solo con mirarla a la cara era suficiente para que él perdiera por completo el interés.
El joven quiso apartar su mano, pero, antes de que pudiera hacerlo, vislumbró vagamente una pequeña marca de nacimiento escarlata en su espalda.
¿Podría ser que...? Se parecía mucho a la marca de nacimiento en forma de rosa de la espalda de aquella chica…
Aquel descubrimiento lo dejó helado. Entrecerró los ojos y quiso mirar más de cerca, pero entonces Kaylee se ajustó el velo para cubrirse esa zona.
Ella lo sujetó del brazo y avanzó con paso firme, mientras él la seguía de cerca como una marioneta obediente.
Al final, Kaylee se volvió hacia él y le dijo: "Gracias por cooperar, señor Stephens".
La agradable voz de Kaylee devolvió la cordura a Elijah, solo para percatarse de que ya habían llegado al salón del banquete, entonces él no actuaba de forma tan frívola como de costumbre, al contrario, su rostro estaba inusualmente serio, y no pudo evitar mascullar: "Tú...".
Pero, antes de que pudiera decir otra palabra, fue interrumpido por la chica. "Acabemos con esta boda lo antes posible. Luego podrás volver a hacer lo que quieras".