Portada de la novela Por Siempre, Mejores Amigos

Por Siempre, Mejores Amigos

9.3 / 10.0
El destino entrelaza las vidas de dos jóvenes de naciones diferentes, naciendo entre ellos una conexión que supera fronteras. Aquella complicidad inicial se transforma pronto en un romance imprevisto y genuino. Uno de los protagonistas, enfrentando por primera vez sentimientos hacia su mismo sexo, decide cambiar su mundo para conservar a su compañero. Ante cada desafío, comprende que su mejor amigo es la única fuente de amor sincero y felicidad absoluta.

Por Siempre, Mejores Amigos Capítulo 1

A veces de verdad creo que hay definitivamente e irremediablemente algo mal conmigo. Empezando por mi costumbre de abusar de los adjetivos.

Pero en serio, ahora mismo podría estar durmiendo cómodamente en mi hogar, o quizás, oyendo un poco de buena musica, de mis artistas favoritos: Katy Perry (Hermosa diosa multicolores), Charlie Puth (Encarnación de la belleza masculina, bueno, casi tanto como Liam Hemsworth o Maxi Iglesias, pero esos son actores y su atractivo es de otro nivel). Luego vendría a sonar en el reproductor David Guetta, seguido de Mark Vincend (Si, yo salto de Pop a Electrónica y luego a Ópera, demandame). Después, posiblemente me pasearía por algunos covers u openings de animes en Youtube. Y comería, como si no hubiera un mañana.

Pero nooo.

Yo tenía ganas de caminar.

Y justo hoy, el sol parece estar teniendo sexo con la tierra porque la cosa está que arde.

Bonita mi expresión...

Hoy las clases terminaron temprano, a eso de las 9:30 am, y aunque pude haber tomado el autobús, o quizás alguna moto que me llevara rápido a mi casa, no lo hice, porque como ocurría a veces cuando sentía que el mundo y mi vida eran una completa estupidez ambigua, decidí caminar.

Pero antes, compre un helado, por supuesto.

Un método fácil para superar una crisis existencial y uno que otro romance perdido de esos que valen menos que las eses de un insecto atrapado bajo desperdicios del matadero.

Pero como decía, comencé a caminar una vez me despedí de mis compañeros del IUTELL (Instituto Universitario Tecnológico De Los Llanos), y aún continuo mi travesía. Ha trascurrido casi una hora, y se me ocurrió que de nuevo podría llevar mi teléfono a otro intento de reparación. Necesito mi celular, estoy cansado de estar desconectado del mundo. Aunque no lo niego, a veces, resulta relajante. Pero hay un detalle; me gusta leer. ¡Y yo casi siempre leo en mi teléfono, y consigo los libros en PDF por allí! Y eso, eso si que solo me importa.

Estúpido sol con complejo de súper nova.

Soy una sopa viviente de sudor, o quizás un atractivo pan tostado.

Las dos cosas.

Perdí mi palidez cuando me mudé a este pequeño pueblo hace ya seis años. Y sigo sin acostumbrarme a vivir aquí. A veces, pienso que estamos más cerca de nuestra estrella calórica que las demás partes del globo terráqueo.

Deben ser unos 44 °C en la escala Celsius.

Continúo tranquilamente mientras paso por el hospital. Cada vez que estoy cerca de el siento que se me revuelve el estómago y cientos de recuerdos dolorosos me golpean en compañía de una impotencia que me humedece los ojos al punto que debo tragar mis lágrimas. Ha pasado casi un año, pero para mí son como días desde que aquello sucedió.

Trago saliva y continúo, apartando cualquier pensamiento triste.

Estoy cerca de la universidad de medicina que esta justo al lado del hospital. Siempre cruzan ejemplares masculinos agradables por estos lados, todos estudiantes de enfermería o medicina general. No sé exactamente la razón, pero a través de los años una gran comunidad gay (o de ambiente, como decimos por aquí) se ha formado en esa institución... Supongo que es igual en todas la universidades, unas más obvias que otras. Es increíble que hubo un tiempo en el que pensé que era el único homosexual -no afeminado- del estado. Estaba solo en el mundo... junto a Ricki Martín, pero él se encontraba muy lejos para ir saludarlo. O entregarmele en cuerpo y alma.

Por favor, olvidemos eso último que dije.

Mi ingenuidad duró hasta los 18.

Pero como decía...

Veo cruzar chicos y chicas vestidos con bragas azul marino, en su mayoría. Cientos de adolescentes salpicando los alrededores como hojas de un gran árbol en otoño (una estación que aquí no ocurre).

Atrapo algunas miradas dirigidas hacia mí, pero las evito. No tengo tiempo para intercambios oculares con el usual código "Si me mantiene la mirada le gusto".

Extraigo el celular de mi bolsillo derecho y lo observo pensando en si debería o no llevarlo a revisar. Es increíble que nadie pueda repararlo...

Quizás debería comprar otro helado primero...

Algo me golpea.

Mejor dicho, choco contra ese algo y caigo.

De culo.

Oigo un crujido.

Mi alma se rompe en pedazos al imaginar que es.

Suelto un gemido como consecuencia del dolor que se propaga por mi columna vertebrar y tengo el presentimiento de que dejaré mi trasero grabado en el asfalto.

—Oh Dios mio... —Le oigo decir a alguien y levanto la vista.

Me quedo en blanco.

Mi cerebro decodificando la información presente...

Carga al 20%...

35...

50%

70...

82%

[Mi señal va a  2g, en serio].

99,5...

¡100%!

Bendito sea el niño Jesús y todo su pesebre.

Bendita sea la madre que te trajo al mundo y los doctores que ayudaron en semejante hazaña.

Que sujeto tan... tan...

—Oye hermano, lo lamento ¿Estás bien?—pregunta aparentemente preocupado el chico frente a mí. Levanto la vista hasta alcanzar sus ojos. Es como ver la cima del Everest. Es realmente alto. Sus iris son verdes–marrón como la arena cubierta de plantas de hierva menta, suave, fría, y cristalizada por la humedad. Pero antes de quedarmele mirando como un idiota, parpadeo y me levanto, ignorando sin querer, la mano que tenía extendida hacia mí y me lamento de inmediato por no haberla tomado.

—Estoy bien —Digo seriamente. Trato de no detallarlo (lo que es dolorosamente difícil) y lo miro directo a los ojos. Esos ojos verdes aceituna llenos de vergüenza, casi parecen los de un niño que derramó su comida por accidente.

Debe ser el hijo perdido de Hulk (Es broma, obviamente...) porque en serio, estoy de pie y le llego por el pecho. Su piel es de un marrón muy suave y claro como el café con leche más ligero, y cabe resaltar que tiene el cuerpo casi como The Rock, bueno, capitán América; Chris Evans, sería más aceptado, un poco menos excesivo que el primero: hombros redondos anchos, gigante espalda, pequeña cintura, piernas musculosas, un pecho como dos almohadas ovaladas. Su cabello es confuso debido a que está muy corto y en un simple y seductor estilo militar, lo que me dificulta decir si es castaño o negro. Y su voz, clara y profunda como de tenor; suave, joven y varonil. Todo un galán Fitness.

Es el amor de mi vida...

—Oye.—me llama y maldigo mentalmente.

Mierda, me le había quedado mirando mucho.

Paso mi palma atravesando mi rostro con frustración esperando que no se de cuenta de mi reacción. Entonces recuerdo el crujido que escuché cuando caí y el corazón me da un vuelco.

—No me digas... —Me doy la vuelta y allí esta, a dos metros. Mi celular. Camino hasta el sintiendo el miedo brotar en mis manos que ahora se sienten calientes. Le doy la vuelta al levantarlo y, efectivamente, está completo e irrevocablemente roto. Una telaraña de grietas cubriendo toda la pantalla.

Y eso que nunca use la App 3d de pantalla quebrada. Pero ya no hace falta.

Ahora definitivamente no tiene reparación.

Seria mucho más económico comprar uno nuevo...

Respiro y suspiro resignado, regresando mi atención a Sr Míster Músculo cara de niño. Lo miro fríamente. Él baja la mirada y se percata del problema. Abre los ojos y hace un mueca de dolor —Oh tío, yo... fue un accidente. —comenta, sus abrazos arriba como si tratara de calmarme.

Por su forma de hablar asumo que no es de este país. Tiene un ligero acento extranjero y curiosamente me llamó tío...

¿Podría ser español?.

Aquí solo llamamos "tío" a los hermanos de nuestros padres.

Esto tiene que ser una broma. La mayoría de las personas como él que he conocido (el 99,9%) se sienten mejores que otros solo por estar llenos de músculos, y al ser de procedencia lejana, de seguro es un idiota petulante. Y, todavía más seguro, es que solo actúa amable porque está avergonzado.

Entonces algo se me ocurre.

Y mi venganza comienza a fecundarse.

Que empiece la actuación.

—Este móvil era nuevo. Regalo de mi madre ¿sabes?—espeto, como si de un choque de autos se tratara, aunque es verdad lo que dije—y ahora por tu culpa no sirve para nada.—La culpa crece en su atractivo rostro y esos rasgos cincelados y masculinos se delinean. No hay mera presencia de barba en esa gruesa mandíbula. Parece estar sonrojándose... Esto no es bueno; está atacando todos mis puntos débiles y ya los nervios me la están jugando porque tengo el pulso acelerado— ¿Acaso no ves por dónde caminas?

Que curioso que haya dicho eso. Después de todo, el distraído era yo.

— Perdón tronco, me distraje con mi teléfono. Disculpame.

¿Tronco? ¿Cómo el tallo de un árbol?

— ¿Y el tuyo se rompió?

—No...

—Que bueno por ti—Digo con una sonrisa irónica— ¿Sabes qué? olvidalo. Los tipos como tú se creen la última gota de agua del desierto, así que no pierdas tu tiempo disculpandote cuando en realidad te da igual. Me voy.

Lo veo parpadear sorprendido y creo que acabo de soltar cosas que me había guardado desde hace mucho. Y lo solté con él. Eso no esta bien. Cuando estoy apunto de darme la vuelta y marcharme, él me detiene con un gesto.

—Que odioso eres...—dice, negando con los ojos entornados como si me estuviera regañado. ¿Disculpa? ¡Yo soy el agredido aquí!— Eso no es verdad —su voz es firme y decidida —Te equivocas conmigo, tío. Vale, fui un descuidado y cagué tu móvil, y te hice caer. Me disculpo, en serio.

Noto que algunas personas nos miran y espero que no estén confundiendo las cosas... después de todo, estamos en territorio arcoiris.

Incómodo...

Lo miro en silencio. Esa mirada triste que parece formar parte de él, como si tras ella ocultara un mar profundo de sentimientos y secretos. Veo algo diferente en su persona y estoy comenzando ha asustarme. No quiero volver a grabar en mis mente el rostro de alguien que seguramente, solo veré una vez.

Asiento —Esta bien.

—Ten— Extiende su brazo ofreciéndome un celular grande cromado en plata y muy, muy delgado, obviamente un iPhone que asumo, costo cinco o diez veces más que el mio—Tomalo, como pago por el tuyo.

Bien, eso no me lo esperaba.

Me pregunto que será más fuerte... ¿mi moral, o mi codicia?.

Miro su mano, bronceada levemente, es tan grande...

Entonces me río, y eso parece confundirlo. Lo observo con diversión.

—No te preocupes — deslizo el teléfono roto en mi pantalón—no hace falta que hagas eso, pero gracias, solo estaba bromeando. Mi celular no funcionaba desde hace meses y casualmente, hoy iba a llevarlo a reparar por décima vez. Supongo, que esta es la forma del universo decirme que lo deje así. Y acepto tu disculpa, yo también estaba algo distraído. Lamento eso.

Él me mira arrugando el entrecejo, sus labios separados haciendo una mueca similar a una sonrisa de lado.

—Me engaste...

Me río satisfecho y lo rodeo.

—Tenía que vengarme.

Le doy una rápida mirada de reojo a su trasero, después de todo, era la única  parte que me faltaba.

Dios, es perfecto. Grande y redondo, apretado por su afortunado pantalón azul marino del uniforme medicina. Es como el de aquellos enormes jugadores de fútbol americano.

Siento envidia de ese pantalón.

—Ten más cuidado la próxima vez, tío.—Le recuerdo mientras me alejo— Adiós.

—Eh, claro... Adiós.

Cuando estoy apunto de perderlo, me giro para ver sobre mi hombro una ultima vez, al semental que estoy seguro, me tomará un buen tiempo olvidar.

Lo veo, y él también me observa. Allí, parado en silencio como un niño inocente y perdido.

Me despido elevando mi mano derecha y él me responde igual, con una pequeña sonrisa simple dibujada en sus labios.

Dudo que vuelva a verlo, pero al menos, tendré un asombroso rostro de ojos bosque que dibujar en mi cuaderno cuando me falte inspiración, y necesite distanciarme de la realidad de mi existencia.

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