Siete meses atrás.
Estoy tomando el sol en la mansión de la familia Romano. Su casa colinda con la mía, desde que tengo uso de razón hemos estado relacionados con los hermanos Romano, quienes son mis tíos, no de sangre, pero sí de corazón.
Para mis compañeros en la prepa les era difícil entender, como no me encogía de miedo cada que uno de ellos pasaba por mí, porque los hermanos Romano y mi padre son temidos en Las Vegas; Valentino por ser el capo, Domenico, Flavio y Philippe por ser hermanos del capo, y papá por ser el ejecutor.
Todos hombres malos, pero para mí, son los mejores porque desde pequeña me han cuidado como si fuese parte de su familia. Por el rabillo del ojo veo movimiento cerca de la piscina, volteo y la boca se me seca. Con pasos fuertes y tremendamente eróticos vienen hacia mí los primos Romano. Solo uno de ellos tiene el poder de alterar mis sentidos.
Angelo Romano.
El dueño de todas mis fantasías, desde que era una chiquilla de diez años. Trago fuerte, cuando se detiene al pie de mi tumbona.
Sin poder controlarme, me lo como con los ojos a través de mis lentes de sol. Alto, aproximadamente 1.92 cm, pelinegro, musculoso, lleno de tatuajes y con unos increíbles ojos grises, ojos capaces de hacer orinar hasta el hombre más cruel de la Cosa Nostra. Me da una sonrisa retorcida, que es su versión de una sonrisa agradable.
—¿Disfrutando de la vista, Alessia? —cuestiona socarrón.
Franchesco y Giovanni sueltan carcajadas, que hacen mi cara arder de vergüenza.
—Que comentario tan desagradable, ¿Es así como tratamos a las visitas? —los reprende Giovanna D’Angelo. Hermana de Angelo y esposa del futuro Capo de la Camorra—. Alessia, no se lo tomes en cuenta, estar tanto entre hombres sin escrúpulos les hace olvidar como tratar a una verdadera dama.
Angelo le planta un beso cariñoso en la mejilla. En toda mi vida, solo he visto sus actos cariñosos con: su madre, su hermana, y de vez en cuando conmigo, con la familia es agradable, pero con el resto de la humanidad, es como los hombres de mi familia, sin escrúpulos, sanguinario y aterrador. Pero por alguna razón, para mí, no es más que el hombre que deseo y anhelo tener.
—Alessia —me saluda Franchesco, hermano de Giovanni, se inclina hacia mí y revuelve mi cabello rubio, tan rubio como el de él.
—Chesco —le doy una sonrisa avergonzada.
—Solo a ti te permito ese diminutivo asqueroso, si fuese a otro…
—Sí, hace mucho le hubieses sacado la lengua —completa su hermano Giovanni—. Dulce Alessia, ¿Cómo estás hoy?
—Ahora que llegaron ustedes, de seguro la pobre ha de estar hastiada porque están irrumpiendo su paz —se me escapa una carcajada al comentario mordaz de Giovanna.
—¿Te hastiamos, mia cara? —mi piel de eriza al escuchar su apelativo. Es la primera vez que me lo dice frente a demás personas, sus ojos grises quieren ver a través de mí, pero me escudo en los lentes de sol que aún llevo puestos.
—No —susurro bajito ante la atenta mirada de cuatro personas.
A partir de allí, ellos se sientan en las demás tumbonas y pasamos en día agradable, los adultos juegan con sus palabras mordaces, haciendo reír a las mujeres. Momentos como este me llenan de calor, mamá y papá no tuvieron más hijos debido a una complicación cuando me dio a luz, y con nuestra pequeña familia nos hemos brindado amor, pero con los Romano, se siente diferente, porque cuando ellos demuestran su amor por nosotros, mi pecho se calienta al saber que nunca estaremos solos.
De un momento a otro mis ojos se cierran, con el pensamiento de un hombre de ojos grises y facciones siniestras.
Angelo.
Incluso desde que tenía meses de nacido, supe que había llegado a este mundo para hacerle pagar a nuestros enemigos su existencia. Fui criado por un monstruo, y dentro de mí hay tanta oscuridad que a veces me da miedo dañar a las mujeres más importantes de mi vida: mamá y Gia.
Ellas, aparte de mi familia son las únicas personas por las cuales tengo sentimientos, porque con el resto de las personas, dejo sacar esa oscuridad que me gobierna, y me convierto en uno de los hijos de puta más grande las Vegas, atemorizando y destruyendo a mi paso.
Mamá y Giovanna, tratan de cambiar eso, pero las dos se enamoraron de hombres crueles. Papá es el hombre más cruel que conozco y toda su oscuridad abunda en mí, y Marcello a pesar de no ser de mi agrado, en su territorio también es conocido como un monstruo sin escrúpulos.
A veces me pregunto, ¿Qué quieren de mí?
Porque por más que lo intenten, no pueden borrar lo que soy y lo que estoy destinado a ser, porque el día que padre me ascienda a Capo, gobernaré como él lo ha hecho hasta ahora.
Le doy una calada a mi cigarro, dejo escapar el humo y le permito a mi vista perderse en el paisaje. Aunque más que paisaje es en Alessia…
Vuelvo a tomar otra calada.
El cielo está naranja, sus facciones se ven más angelicales mientras sus labios me invitan a tomarlos, el pequeño sube y baja de sus grandes tetas es una tortura a mi polla, su abdomen plano y ejercitado me pide a gritos que lo toque y ni hablar de su culo redondo.
Otra calada a mi cigarrillo.
No soy gilipollas, por más que me haga el desentendido puedo notar su mirada dulce en mí, como su estúpido corazón se acelera cuando estoy cerca, como sus mejillas toman ese color carmesí que me hacen querer devorarla. Y no desde ahora, desde hace años.
La pequeña Alessia ha fantaseado conmigo desde que tiene trece años, finjo no darme cuenta, pero es imposible que alguien no lo haga. Las dos pequeñas mierdas a mi lado han de saberlo, mi hermana ha de saberlo, incluso mis tíos y padre, si no lo hacen, es porque no quieren ver lo que hemos crecido en los últimos años.
En momentos como este debo recordarme que es la hija de Fabrizio, no ninguna puta del Diamond, prostíbulo a donde voy a desquitarme. No me importa las consecuencias que pueda traer si toco su jodido cuerpo, porque Alessia Vitale está hecha para pecar y quiera o no, será mía. Solo estoy postergando el momento por papá, ahora debemos enfocarnos en la Bratva que no deja de joder y luego, luego tomaré mi premio y lo disfrutaré como un jodido lunático.
—¿Disfrutando de la vista? —pregunta burlón, Franchesco.
Le doy una mirada que a más de uno pondría a temblar, pero a esa pequeña mierda no.
—¿Sabes que Fabrizio te cortaría las bolas si te sobrepasas con su principessa? —inquiere mi primo Giovanni, él y Franchesco son hijos de mi tío Domenico.
—¿La parte en que pedí su opinión? —termino mi cigarrillo.
Giovanni suelta una carcajada, su hermano por el contrario niega con la cabeza y murmura.
—¿No armarás una pelea en la familia cierto? Es como tú jodida hermana, Angelo.
—¿Es hija de Valentino y Lia Romano? —pregunto lo evidente —. No verdad, entonces no es mi jodida hermana, no voy a cometer incesto.
—Cuando todo te explote en la cara, no quiero decir: te lo dije, pero con gusto estaré allí para ver cómo Fabrizio te patea las bolas por meterte con su tesoro.
—Como si eso fuese impedimento para mí —reviro. El genio se me agrió, necesito sangre—. ¿Salimos está noche?
—En cambio, esa pregunta si me gusta —responde Franchesco.
—Tengo unos cuantos deudores que visitar, es momento de divertirnos —comenta Gio con una sonrisa retorcida.
—Espero que no los maten, o padre los colgará a los tres —dice mi hermana en presencia de su marido. Me trago el enojo al ver a ese hijo de puta. Por más que pasen los años no toleraré que padre haya tomado a Gia como moneda de cambio con la Camorra para la paz. Porque pesar de que ese matrimonio sí funcionó, ¿Qué hubiese pasado si no?
—D’Angelo.
—Romano.
Esos son nuestros saludos, Gia pone los ojos en blanco y le dedica una mirada a su esposo, éste la ve con adoración cursi, lo que me produce asco. Por ese motivo no voy a enamorarme, no permitiré que una mujer me tome de las pelotas y haga conmigo lo que ella quiere, mis tías, mi hermana y mi madre son un claro ejemplo.
Me voy, no estoy de humor para ver miradas cursis ni tampoco el cuerpo caliente de Alessia, porque en este momento soy capaz de perder toda mi mierda y devorarla como los ricos ponquesitos que hace la tía Stella.
Subo los escalones de dos en dos y me voy a mi habitación, me doy una ducha para borrar los rastros de cloro de mi cuerpo y me voy al armario. Escojo unos jeans y una camisa negra, zapatos negros, mientras más oscura sea la ropa menos se verá la sangre que derramaré esta noche.
Mi móvil suena anunciándome una notificación de Instagram.
Alessiavitale01 ha publicado una foto, que quizás te guste.
Le doy click a la imagen, y maldición… Sus ojos azules, su boquita rosada y ese par de tetas hacen que mi miembro se endurezca.
¿Por qué Fabrizio le permite subir fotos así?
Fotos que un monstruo como yo, está gustoso de ver. Me salgo de la aplicación y busco el grupo en WhatsApp que tengo con mis primos.
«Después de divertirnos está noche, vamos por un par de putas».
La respuesta no se hace esperar, pero por parte de mi primo Carlo.
«¿Divirtiéndose sin mí?».
Giovanni envía una nota de voz, soltando una de sus características carcajadas y otra diciendo:
—Venga, que tú solito te estás perdiendo la diversión, deja el desierto y al tío philippe y vente a la ciudad a disfrutar con tus primos —se escuchan voces y luego vuelve hablar—. Alguien quiere saludarte —la ira se dispara por mi sangre al reconocer la voz de Alessia—. ¿Cuándo vienes a visitarnos? Te extrañamos, ya no recuerdo tu cara.
Aguanto las ganas de estrellar el celular contra la pared. Veo que envían otras notas de voz, pero no las escucho, no quiero que mi humor siga empeorando o bajaré hasta la piscina y le dejaré el culo rojo de los azotes que le daré por provocarme de esta manera.
Angelo.
La noche nos da la bienvenida mientras nos adentramos en las zonas poco transitadas de la Ciudad, Giovanni tiene varias cuentas por arreglar y aquí estamos para ayudarlo, o mejor dicho para saciar mi monstruo interior y las ganas de derramar sangre. Hacemos parada, en una de las esquinas donde se vende la droga en esta zona, mi primo baja en compañía de su hermano cuando divisamos al grupo que buscamos. Me aseguro de tener a la mano lo que voy a necesitar, bajo del auto con mi cuchillo preferido.
Escucho como Gio le pregunta.
—Ricard, ¿Tienes lo que te corresponde esta semana? ¿O debo quebrar uno de tus delicados dedos para que me des mi dinero?
Franchesco los observa, dándole una calada profunda a su cigarrillo, mientras que los Acompañantes de Ricard huyen al verme, les dedico una sonrisa retorcida.
—¿Acaso creen que pueden escapar? —pregunto en tono de mofa.
—Eso parece —se encoge de hombros.
—Lástima por ellos.
Me sumerjo en la persecución, triste que puedan pensar que van a escapar. Corro sintiendo la adrenalina por el cuerpo, alcanzo a los dos sujetos en un dos por tres. Le propino varios golpes que los dejan inconsciente, los arrastro hasta donde se encuentra Ricard con un ojo morado y la nariz partida. Los nudillos de Giovanni están rojos, mientras Franchesco está tal cual lo dejé.
¿No tardé mucho, o sí?
Si se sintió como quitarle un dulce a un niño, no tuve que hacer esfuerzo alguno por noquear a este par de mierdas y arrastrarlos junto a la otra mierda que me ve con pánico.
—¿Creyendo que pueden huir de nosotros? —cuestiono con una sonrisa sombría.
—¿E-están m-muertos? —tartamudea viendo el estado de sus dos acompañantes.
Alzo una ceja.
—¿Estás preocupado, pequeña mierda? —dejo los cuerpos y me acerco a él sigiloso—. Me pregunto cómo se vería la palabra: deudor, tatuada en tu frente —río sarcástico —, de seguro ha de ser todo un espectáculo. Ustedes, ¿Qué dicen? ¿Lo intentamos?
Giovanni ríe y sus ojos se oscurecen, Franchesco le da una calada a su cigarrillo, y expulsa el aire en la cara de Ricard, presiona la colilla en la piel de su brazo quemándolo.
—¿Cómo lo prefieres? —cuestiona con su particular cara de póker —. ¿Con la quemadura de este cigarrillo o con el cuchillo de Angelo? Prometo hacer mi mejor esfuerzo para que mañana lo luzcas orgulloso.
—No, por favor —lloriquea—. Prometo pagarles, solo pido una semana más. Una semana más por favor.
—¿Qué dices hermano? ¿Le damos una semana o le rompemos los dedos con los que toca nuestro dinero?
—Pienso que … —Gio hace una pausa dramática— le rompamos los dedos, lo quememos con la colilla de tu cigarrillo y lo tatuemos con el cuchillo de Angelo. Además, con sus amigos, podemos divertirnos para que nunca olvide tener nuestro pago al día.
Ricard nos ve con verdadero terror, pero sabe que así suplique no tendrá piedad por parte nuestra. Mientras que Giovanni se divierte con su cuerpo debilucho, Franchesco y yo nos encargamos de sus compañeros que comienzan a recuperar la noción del tiempo.
Torturar y follar, es mi parte favorita del día y en ese orden. Después de una divina tortura, una follada salvaje nunca está demás; a parte el culo y las tetas de las putas siempre está disponible. Y más cuando eres el hijo del capo de la Cosa Nostra.
Con el cuchillo en mano corto las prendas de uno de los acompañantes de Ricard. Pobre de él por estar esta noche al lado de un puto adicto al crack y camello.
Llegamos a casa a primera hora del día siguiente. Gio y Franchesco se van a su ala, mientras yo doy una vuelta por la cocina y encuentro a mamá.
—¿Divertida la noche? —repara en mi aspecto.
Con la camisa empapada en sangre y el cabello húmedo. Después de torturar a los pobres imbéciles, fuimos al Diamond por un par de putas, quienes ni se inmutaron al notar el carmesí en nuestras vestimentas, después nos vinimos a casa.
—Madre —la saludo. Le doy un beso en la frente. Sus ojos grises como los míos me miran preocupada—. Sé que esta no es la vida que quisiste para mí, pero madre adoro la tortura, me llena de adrenalina sentir el pánico de las personas cuando a sus tristes vidas solo le quedan segundos, no puedo esconder lo que soy, no puedo engañarte diciendo que seré algo mejor cuando claramente no va a ser así. Soy un monstruo, quieras o no verlo, muchos me temen y no por ser el hijo de Valentino Romano, sino por ser Angelo Muscatello, su peor pesadilla cuando de tortura se trata.
Sus ojos se llenan de lágrimas. Solo las lágrimas de las mujeres de mi familia han tocado fibras en mí. Sin importar en el estado de mi vestimenta se acerca y me da un fuerte abrazo. Empapándose del rojo carmesí de la sangre que derramé en la noche.
—Eres mi hijo y siempre voy a querer lo mejor para ti, igual para Gia —me da un beso en la mejilla. Algo en lo muy profundo de mi pecho se calienta —. Te amé desde el momento en que supe que venías en camino, te amo todos los días de mi vida. Tu padre, tu hermana y tú son la razón de mi existir, y a pesar de que no querer pertenecer a este mundo, sé que este es tu destino. Porque me enamoré del hombre más cruel de la Cosa Nostra y si pudiera retroceder el tiempo volvería enamorarme de él y tener la misma satisfacción que viví cuando di a luz a dos seres maravillosos —sus ojos se llenan de lágrimas, las limpio—. Solo espero que así como tú padre, tus tíos y tu hermana encontraron al amor de sus vidas, tú también lo hagas, porque mereces ser amado mi niño.
—Mamá —suspiro. No quiero herirla, no a ella que tanto me ha dado—. Mírame —nuestros ojos hacen contacto, viendo mis ojos en los de ella, podré haber sacado todos los rasgos de padre, pero mis ojos son una copia fiel de los ella—, no quiero crearte falsas ilusiones, tampoco quiero ser cruel, pero el amor es una cosa de tontos y no tiene cabida en mi vida. Además, no ha nacido la primera mujer, aparte de ustedes que me ponga de rodillas, antes que eso suceda envuelvo mis dedo en su garganta y la mato, porque no permitiré que un sentimiento me haga débil.
Mis palabras salen más hirientes de lo que pretendo, mamá niega con la cabeza y murmura entre lágrimas:
—Sentir amor por alguien no te hace débil —esta conversación la hemos tenido un millón de veces, y sin embargo no me ha hecho cambiar mi opinión respecto a ese tema—. Tu padre nos ama con locura, y eso no lo hace débil, es el hombre más cruel y feroz que he conocido en mi vida. No veas ese sentimiento como una debilidad porque no lo es, cariño.
—Sé que llevo todas las de perder en esta conversación, madre, pero eso no me hará cambiar de parecer. Y padre es la excepción, todos los demás que aman son débiles, permiten que ese sentimiento los gobierne y terminan cometiendo errores estúpidos.
—A veces solo pienso que presté mi útero para que tu padre colocara allí sus espermatozoides —gruñe molesta. Su comentario me saca una sonrisa—. No sólo tu padre es la excepción, tus tíos también, y tu hermana.
Pongo los ojos en blanco.
—No, no pongas esa cara y mucho menos se te ocurra decir que Giovanna es débil. Porque tu hermana es la mujer más fuerte que conozco.
—Jamás diría que Gia es débil —aclaro. Porque madre si tiene razón en eso, mi hermana es la mujer italiana más fuerte que he conocido en la vida, o mejor dicho, la única que me he permitido conocer porque ella es mi complemento—. Solo no termino de aceptar que padre la haya usado como moneda de cambio con el puto de D’ Angelo.
—Eso fue decisión de tu hermana —ruge mamá. Madre es como esa pantera que defiende a sus hijos con uñas y dientes —. Tu padre solo tuvo que acatar lo que tarde o temprano sucedería. Además, no es como si Gia fuese a conocer un hombre con los cojones que tuvo Marcello al pedirle la mano a tu padre.
—Todos ahora ven la historia de “amor” —gruño con la última palabra y hago comillas —, pero no se ponen a pensar que todo eso vino a través de una tregua, unidos en matrimonio por una oferta de paz, pero ¿qué hubiese pasado si Gia no encontrase la felicidad? ¿La dejaríamos cargar con ese peso? ¿O demoleríamos Chicago en su búsqueda?
—Esas son preguntas que se responden solas, y que por el bien de todos no llegó a suceder —la voz de padre inunda la cocina, le devuelvo la mirada a sus ojos negros como la oscuridad de la noche. Se me hacía raro que no hubiese aparecido.
—Voy a darme un baño y descansar.
Padre asiente, mamá queda viéndome con resignación, antes de que pueda salir de la cocina escucho nuevamente su voz.
—Ah, Angelo y la mujer de tu vida nació hace diecisiete años, solo que te niegas a vivir ese sentimiento.
Salgo sin decir nada. Sabiendo perfectamente a quien se refiere. Prefiero darme un baño para luego dejarme arrastrar por los brazos de Morfeo, mi noche y madrugada fue más que productiva.