Capítulo 2

No tenía idea de que estaba sucediendo, no recuerdo haber cerrado los ojos, sólo sé que estaba sentado en una silla de cuero café, era cómoda y mullida, justo en la pared, sobre mi cabeza estaba mi nombre con los datos de mi vida, los relevantes y la inscripción decía ‘paciente con aparente depresión e intento de autoflageló’

En la habitación se encontraba un escritorio donde impartía las órdenes la jefe de enfermeras que iban y venían consultando historias clínicas; también se encontraban varias sillas iguales a la mía, en dichas encontrabas personas de todas las edades y diversos tipos de diagnósticos, ninguno como el mío, todos eran producto de la naturaleza y no de la idea egoísta de acabar con el propio ser, sentí que me observaban con detalle clínico unos ojos perversos, era un enfermero, era de gran tamaño, brazos fuertes, se le notaba que se ejercitaba seguido, en su cuello colgaba una reliquia religiosa y su mirada era juzgadora, obviamente estaba molesto conmigo, la gente religiosa tiende a ver con malos ojos a aquellos que intentamos suicidarnos, consideran que estamos ofendiendo a Dios, pero, realmente les vale una mierda lo que nos llevó a tomar dicha determinación, solo importaba que papito Dios estuviera contento aun cuando tu maldita vida vaya directamente por el caño.

Muy por el contrario, las almas caritativas de otras personas me detallaron con pesar, el estar en un estado de dependencia y vulnerabilidad te hace ver el mundo desde otra perspectiva, te hace querer entender más y ser más empático con el mal que puede estar agobiando a una persona.

- ¿Alguien que venga a ver por usted? - me interrogó una voz de tono suave, creí que era ella por un instante, pero cuando me percaté de quien se trataba, era una enfermera, ella vestía un uniforme de color azul opaco, estaba perfectamente peinada, su mirada parecía radiante, no sé si acababa de iniciar su turno o era nueva en esto, pero, no tenía esa sensación de conformismo arraigado que adquieren los profesionales de la salud a medida que avanzan los años en su carrera,

-Mi madre, tal vez- respondí sintiendo vergüenza por la situación en la que me encontraba, di el número de teléfono para que la ubicaran y me quedé en completo silencio.

Ella detalló el cartel en la pared, su expresión cambió un poco luego de leer lo que tan amablemente habían colocado allí para no decir que me intente suicidar, se puso de rodillas frente a mi silla, me sujetó el rostro y me dijo que todo estaría bien.

-Solo debes estar listo para lo que viene- dicho esto, se marchó.

Si bien era hermosa, me quedé observándola mientras se alejaba por la forma tan amable en la que me había tratado, un hombre de aspecto desaliñado se tiró en el suelo justo a mi lado, se esforzó en ver el cartel y dejo salir una leve carcajada, empezó a hacer tronar cada uno de los huesos de sus manos y su cuello, empezó a suspirar y hacer que su respiración fuese más y más ruidosa, como si esto le fuese más fácil que saludarme o hacer cualquier cosa para intentar hablar conmigo.

-Creíste ser el más astuto y manipulador, que equivocado estabas- su voz era molesta a irritante, en condiciones óptimas de seguro lo habría golpeado.

- ¿Disculpé? - le pregunté reuniendo las pocas fuerzas de mi ser.

-Ustedes los suicidas deciden acabar con sus vidas cuando se dan cuenta que el universo no funciona como ustedes lo planearon, ¿No es así Mikael? - su calma al decirme las cosas me aterraba aún más conforme hablaba.

El hecho que, de manera tan altanera se refiriera a mí llamándome por mi nombre solo me hacía enojar más, pero, tenía razón, cuando me di cuenta que era el universo el que me controlaba a mí y no al revés fue cuando entre en una crisis, en estos momentos no sé qué pensará mi familia, el amor de mi vida jamás volverá, estoy aquí, tal vez con un expediente que nunca desaparecerá; donde a partir de ahora seré tratado de forma especial por ser un suicida y para acabar de completar, tengo comezón en las muñecas ¡y no puedo rascarme!

Como seres humanos creemos que somos únicos, que nadie es como nosotros y que en cierta forma somos irreemplazables, nada más alejado de la realidad, no existe nadie realmente superior a otro, algunos cantan, otros dibujan, algunos son buenos en negocios, son buenos deportistas, lo que sea, pero ¿Alguno de nosotros puede volar? ¿Respirar bajo el agua? ¿Vivir eternamente? La respuesta a todo es un contundente no, lo cual nos lleva a la innegable verdad, todos… Somos… Iguales.

Oí de fondo a la misma enfermera que me había consultado los datos decirle a otra –su madre no desea verlo- y aunque es comprensible que tras todos mis actos de maldad mi propia progenitora no desee verme, el dolor y la tristeza al saber que es un hecho real no deja de ser demoledor; por más que lo intente, las lágrimas salieron de mí, era oficial, estaba solo, había logrado con éxito lo que me había propuesto durante toda mi vida, todos finalmente me dieron la espalda.

Ahora los interrogantes empezaban a inundar mi atormentada cabeza ¿Qué pasará conmigo? ¿Será mejor estar muerto? Contemple las vendas que cubrían mis heridas, eran de color blanco, tenían una ligera sombra de color rojo carmesí, mi propia sangre se asomaba como si deseara escapar, o tal vez, solo tal vez decirme algo, aunque, podría decirse que solo estoy delirando; el enfermero que me observaba hacía unos minutos vino a mi encuentro, se detuvo frente a mí, estaba impecable igual que la chica que había venido hacía unos cuantos instantes.

-Mikael Venhel- me indico el hombre de enorme tamaño, su rostro era serio, ojos cafés, cejas pobladas, cabello recién cortado y bien peinado.

-Le molesta lo que hice, ¿verdad? - le dije mientras lo observaba directamente a los ojos, su mirada demostraba desprecio e incluso en mis peores momentos si algo o alguien parecía estar incómodo conmigo, yo haría lo que fuera por incrementar dicha molestia y eso puede decir un poco de mí personalidad.

Me ayudo a levantarme, parecía obligado a hacerlo, casi podía sentir la palabra pecador emanar de su mente, en su religión yo era un blasfemo, alguien que había atentado contra los designios de un Dios al cual nunca le tuve el más mínimo respeto, pero, ahora pienso que utilizó el momento idóneo para castigarme por todos mis actos corruptos en vida, eso también me hizo reflexionar; mi pena debía purgarse aquí, en una institución médica, viendo como todos están enfermos y yo aquí, atrapado en un mundo cuasi estéril donde todo es tristeza y melancolía, empecé a sentirme estúpido por lo que había hecho, intenté acabar mi propia existencia por amor, no sé realmente en qué mierda estaba pensando, acaso ella iba a ver este deprimente espectáculo y recordar que soy el amor de su vida y mágicamente mis engaños, mis comportamientos erráticos y todo mi desastroso pasado ¿Iban a desaparecer?

Caminamos alrededor de unos largos y extenuantes minutos, finalmente llegamos a una oficina donde había un grupo de mujeres en bata, una de ellas era la psicóloga y las otras eran estudiantes que por fin tenían la posibilidad de estar en el ambiente real y ¿Adivinen qué? Hoy les tocó el loco suicida, de mala gana el enfermero me empujo dentro de la oficina, sentí el deseo de responder con algún comentario irónico, pero, por primera vez en mucho tiempo, no se me ocurrió ninguno, me senté en una silla mientras todas estas mujeres me observaban. Sentí el impacto tremendo de la realidad, como el golpe en seco de una bofetada, como el aire frío del ventilador en una tarde calurosa; no era un sueño, estaba realmente allí, hasta ese momento no lo había notado pero mis piernas estaban ligeramente adormiladas y las cortadas dolían, había sucedido lo peor, algo peor que la muerte, yo ahora era un maldito sujeto de experimento para un grupo de estudiantes de mirada pedante y actitud de sabelotodo.

-Hola Mikael- me saludo cordialmente la psicóloga, odio los psicólogos, por cierto - ¿Duele mucho? - preguntó al ver que me sujetaba las muñecas e intentaba rascarme.

-Es más comezón que dolor-

- ¿Pensaste bien lo que ibas a hacer? -

-No estoy seguro de cómo responder a eso-

-Responde como lo estés pensando-

-Pienso que fui tan inútil que ni pude acabar con mi propia vida- las lágrimas emergieron otra vez.

- ¿Piensas que morir es la mejor opción? –

-Doctora ¿Ha visto que me vengan a ver o recoger? -

-No puedes responder una pregunta con otra-

-Y usted no puede preguntarme algo que ambos sabemos que responderé con un si-

La conversación avanzó en medio de pausas constantes en las cuales el llanto no me permitía contar del todo lo que había sucedido, conté todo, como he mentido toda mi vida, cómo estaba listo para cambiar por ella y como mi amada se había ido sin que yo pudiera hacer algo para detener su partida, me tomó cerca de cuarenta minutos contar toda la historia, la conté como sentí que debía hacerlo, recalcando mis mentiras y engaños, como yo creía que ella era una buena mujer y como yo había arruinado el más puro e inocente de los sentimientos que alguien me había demostrado, las cinco mujeres no paraban de observar y tomar notas, odie eso, no soy un estudio.

- ¿Cómo se llama? - interrumpió la doctora, me di cuenta de que en todo el relato jamás había mencionado su nombre.

-Ella se llama (sollozo) Rai… (sollozo)-

-Debes decirlo, no puedes recuperarte si no afrontas aquello que temes-

-No le temo-

-Temes afrontar la vida sin ella- indicó –no hay prisa, en el momento que deba suceder, dirás su nombre-

Sigo odiando ese rostro de esfinge que deben mantener los profesionales, es decir ¿No serían mejores psicólogos si abrazaran a sus pacientes? En fin, la psicóloga a la vista de sus insoportables estudiantes me indicaba que mi condición era de cuidado, que debía permanecer bajo observación, ya que, por la tristeza aún presente en mí y ante el riesgo de volver a cometer un acto similar lo mejor era que, yo, estuviese bajo observación unos días en el ala psiquiátrica de una clínica, lo cual es un término elegante para decir que me iban a recluir en un manicomio.

Una vez me regresaron al cómodo sillón en el que estaba hacía un rato, tuve que ver como llegaban familiares a preguntar por los suyos, como iba y venía gente mientras yo seguía allí, mirando a lo lejos, a la entrada, esperando que mi madre o tal vez a ella para llegarán por mí, me abrazarán, me dijeran que me amaban y que irían a casa conmigo… Eso no iba a pasar.

Jamás había sentido el tiempo moverse tan lento como ese día, no había un televisor para ver como avanzaba el mundo real, no tenía nada que leer, salvo, los carteles que pegan y despegan de otros pacientes con sus datos e historias clínicas, un horrible reloj redondo de marco verde y fondo amarillo (originalmente blanco) era el que me permitía visualizar cuánto tiempo había transcurrido, para que solo avancen cinco minutos parecía transcurrir una eternidad, por momentos sentía que el agotamiento me ganaba y caía dormido, parecía una de esas noches donde duermes profundamente durante horas, pero, al despertar la realidad era otra, en ninguno de mis micro sueños lograba dormir más de treinta minutos, apenas eran las dos de la tarde y de repente un carrito con comida interrumpió la normalidad aromática del lugar, olía a sopas, carnes, jugos de diversas frutas, arroz recién preparado, verduras, era algo delicioso, ese aroma era el de la comida hecha en casa, lo cual es absurdo, ya que, toda la comida venía empacada en recipientes blancos de poliestireno; durante toda mi vida había escuchado que la comida de hospital era por mucho la peor, así que, empecé a dudar de mis sentidos, mi olfato me decía que era deliciosa, que lo que allí venía debía tener un sabor exquisito, ahora pienso que estoy tan débil que toda comida debe ser un manjar, incluso si me sirvieran un plato llena de excremento de perro, sería una delicia.

Tomó varios minutos el que las enfermeras repartieran los respectivos almuerzos, yo estaba entre los últimos para repartir, sé que deje de lado toda mi educación, mi racionalidad y todas esas cosas que se supone nos caracterizan como la especie más evolucionada en el planeta, pero, el hambre manda y yo tengo mucha hambre, devoré los alimentos a gran velocidad sin siquiera tratar de sentir los diversos sabores que pudieran brindar a mi paladar, sentí que se me había servido muy poco, mi cuerpo estaba pidiendo con temblores más comida; necesitaba más alimento, necesitaba fuerzas, pero, aquí no es la casa de mi madre, aquí no puedo exigir o tan siquiera solicitar que me sirvan más comida.

El día avanzó sin mayor novedad, enfermos vienen y van, familiares molestos por el tiempo que toma el que los suyos sean atendidos, conforme avanzaban las horas mis fuerzas iban regresando a mí, pude levantarme en un par de ocasiones, caminaba con vagas esperanzas hacia la entrada para ver si alguien vendría por mí y debo admitirlo, también me movía buscando una posible forma de escape, me estaba aburriendo en ese lugar y no me era del todo agradable el hecho de quedar encerrado en un manicomio.

Sentí finalmente un cansancio terrible, pero no podía dormir, algo en mi ser lo impedía, comencé a sentir una sensación extraña, como si el mundo se moviera diez veces más lento que yo, era algo extraño y surrealista, creí que podía oír por separado lo que decían, como si sus voces habitaran un espacio íntimo en el ambiente, un espacio que no se mezclaba con ninguna otra voz allí presente, era inusual, pero, algo en mi parecía incluso percibir lo que sentían, la angustia y frustración que representaba el estar en un lugar tan estéril y lúgubre como lo es un hospital. Una vez que finalizó esta sensación mi mente comenzó a proyectar imágenes en simultánea de mis momentos felices, mi convivencia con ella, mi familia, amigos, todos los que me amaron y a la vez podía ver los hechos horribles que desencadenaron mi llegada aquí, cada recuerdo venía cargado con la sensación que produjeron en mi cuerpo, en mis sentimientos y en mi espíritu, así que, sentir, amor, felicidad, maldad y odio al mismo tiempo ya era bastante malo como para ahora sentirlos exponencialmente incrementados y sumados al remordimiento por haber atentado contra mi propia vida y estar ahora atrapado sin salida en este padecimiento que yo mismo me había causado, no solamente por haber tomado la decisión de ponerle fin a mi vida, ya que, eran todas aquellas malas decisiones que me condujeron hasta este horrible lugar.

- ¿Por qué lo hiciste? - decía una voz con una mezcla de tristeza y enojo, giré como loco buscando el origen de esta voz, no encontré a nadie.

No sé a ciencia cierta si era efecto de los medicamentos, el lugar o que era exactamente, pero, la veía allí, mi madre, con sus mejillas redonditas y sus tiernos ojos de color café iguales a los míos mientras sentía su cabellera castaña en mi cara, era curioso, podía verla, oírla, sentirla, pero no podía tocarla con mis manos, no podía tomar sus manos para rogarle su perdón y que me sacara de este lugar, lloré como jamás en mi vida lo había hecho, justo ahí su expresión cambió, dejó de lado su actitud reconfortante como madre y empezó a reírse con total descaro y beneplácito.

-Debí abortarte cuando tuve la oportunidad- su voz sonaba convencida, no daba señas de ser algo que estuviese siendo obligada a decir –lo único que trajiste con tu nacimiento fueron problemas en mi vida, un estúpido engreído que nunca hizo nada bueno por nadie, ni siquiera por mi quien te dio la vida- añadió en medio de gritos y sollozos.

En ese momento la perdí, ya no la veía ni oía su voz, desapareció, un enfermero estaba a mi lado, sujetando mis hombros, me pregunto si estaba bien, sé que debí observarlo con sorpresa y terror, estaba seguro de que lo que acababa de ver era real, o ¿No?

El enfermero me llevo con una mujer, ella indicaba trabajar para seguridad social o algo así, parecía enojada, no puedo determinar el porqué, su rostro tenía diversas líneas de expresión, su cabello era corto y negro como la noche, lo cual, me hacía dudar si las líneas de expresión en su cara se debían a su edad o tal vez al estrés producido en su línea de trabajo.

-Nombre, Mikael Venhel…- comenzó sin siquiera saludarme -edad 28 años, un metro con noventa centímetros- continuó mientras me miraba fijamente como si analizara todo en mí en búsqueda de algo que le pudiese servir.

-Supongo que no me va a preguntar nada- le dije en un intento banal de romper el hielo.

-Usted no tiene seguro médico-

-Ni usted don de gente- me miró con un profundo desprecio.

Su mirada se ubica por encima de unos gruesos lentes de marco amplio color negro, su iris parecía rojo, tal vez por la luz del lugar, pero, sentí una presión extraña en el momento que me observo.

Una vez finalizado el improvisado conteo de datos y hechos de mi vida dicha mujer solicitó que un enfermero me llevara de vuelta a la sala donde estaba anteriormente, pude notar como con un sello rojo esta mujer marcaba mi expediente, supongo que si no hay seguro el estado no se hará cargo de mí y me dejaran ir pronto de este lugar, no estoy seguro si intentaré exterminarme nuevamente una vez que me dejen ir.

-Abre bien los ojos- me indicó una voz femenina, era una voz calmada, no estoy seguro, pero, parecía la misma voz que había escuchado hacía unos momentos.

La jefa de enfermeras llegó con una lista en mano, en dicha lista había sólo cuatro nombres, el mío incluido, dio la orden de que nos sacaran de la sala, cuando un guardia apareció tenía en sus manos unas llaves de colores con un llavero de perrito, me pareció divertido, no pude prestar mayor atención, al momento siguiente caminaba en dirección de una ambulancia, allí estaban las otras personas de la lista, sus rostros tenían aspecto demacrado, mirada perdida, por un breve instante me sentí reflejado en ellos, sin vida, sin esperanzas, atrapado en la prisión que la mente había creado, locura o remordimiento, no importa los barrotes, seguía siendo una prisión.

Nos tomó un corto periodo de tiempo el llegar a nuestro destino final, durante el viaje nadie hablo con nadie, nadie miro a nadie, o bueno, yo observe a todos, no podía dejar de cuestionarme que los pudo llevar hasta ese lugar, ninguno parecía tener las heridas que yo cubría con vendas, sea cual fuese el motivo por el cual serian mis compañeros de manicomio, ninguno de ellos era un suicida, o eso creo yo.

Al llegar al lugar nos bajaron de la ambulancia, un guarda de seguridad nos observó levemente, supongo yo que ya estaba acostumbrado a este tipo de cosas, entramos al deshabitado lugar, un televisor sonaba al fondo, había una sala; allí que creo normalmente estaba llena de familiares o tal vez otros doctores, dicha sala ahora estaba sola, solo había un par de enfermeros dormidos en las sillas que habían acomodado para fungir como camas, dejando de lado esta sala, caminé por un largo lobby, pude ver un poco más cómo era el lugar al que se me había traído, el sitio estaba muerto, era silencioso, salvo el guardia de la entrada no parecía haber seguridad alguna, me cuestione si podría escaparme de aquí con facilidad o si tendría que idear una estrategia elaborada; subimos hasta el tercer piso de la edificación, allí nos entregaron como si fuésemos un paquete de entrega y los custodios hubiesen cumplido con el cometido de entregar la carga, nos formaron frente a una pequeña recepción que había luego de pasar por un cuarto de visitas aislado del resto del tercer piso, allí validaron los datos que ya habían obtenido de todos nosotros en la sala de urgencias, nos hicieron una inspección y nos despojaron de todo elemento que pudiésemos usar para dañarnos a nosotros mismos o a otros, luego, nos dirigieron a habitaciones separadas, a la que yo entré había dos cajones de madera donde se debían guardar ciertas pertenencias, ambas están aseguradas con candado, frente a estos improvisados casilleros estaba el baño, al adentrarse más había solo dos camas, una de ellas estaba ocupada, ¡genial! Tengo un compañero de habitación, me correspondía la cama que estaba junto a la ventana, me dieron una cobija, me indicaron las reglas del lugar (las cuales no escuche por estar observando la ventana con barrotes) y luego me dejaron solo en la oscuridad de la habitación.

La ventana me permitía ver el mundo real, unos conjuntos residenciales que colindan con este manicomio, como una línea imaginaria entre la cordura y la demencia, no pude evitar sonreír ante lo irónico de la situación, mi sonrisa desvaneció tan pronto como nació, pensé en ella, me pregunté si me estaba pensando, era ridículo, yo había destrozado todo lo hermoso que ella pudo pensar o sentir hacia mí, lo más seguro es que estuviera ya en brazos de aquel hombre que había logrado conquistar su corazón; no pude evitar, sentí rabia, sentí como comenzaba a sentir odio, un putrefacto sentimiento hacia mí mismo, a la persona que representaba, odio por no ser el hombre que ella amaba, porque yo no era ese hombre y a estas alturas ni yo mismo sé quién soy o si alguna vez existí, me recosté en la cama, cubrí toda mi humanidad con la cobija que me dieron y entre llantos y recuerdos quede dormido.

Capítulo 3

Apenas si estaba amaneciendo cuando escuché las estruendosas voces del cambio de guardia mientras se nos ordenaba despertar y bañarnos, le indiqué con voz adormilada al enfermero que entró a la habitación que yo no tenía ni ropa de cambio ni toalla, este salió de la habitación sin decirme gran cosa, mis cortadas me estaban doliendo un poco, era el recordatorio de lo ya sucedido y a la vez una pregunta interesante ¿Cómo iba a poder bañarme con la piel expuesta y adolorida?

El cielo tenía un tono azulado opaco, como si tuviese un manto gris que evitará el resplandor majestuoso del diurno firmamento, nuevamente pensaba en ella, reflexionaba sobre madre, pero mi mente se enfocaba especialmente en el hecho de saber que ninguna de las dos vendría a mi rescate, lloré mientras pensaba lo feliz que era cuando estaba con las dos, lo bien que se llevaban y lo amado que por fin me sentía, quise seguir durmiendo, no despertar jamás, quedarme atrapado en el sueño eterno, porque, en mis sueños seguía con ella, cuando dormía la sentía junto a mí, sentía sus besos, sentía su amor, el despertar era amargo, me estrellaba con mi realidad, con el hecho de estar encerrado entre locos y no saber realmente si soy uno de ellos, pero, a la vez sabiendo que me lo merecía si aquí me trataran a golpes como la rata miserable que siempre he sido.

-Usted no parece alguien que deba estar aquí- dijo una voz calmada, aterciopelada, la misma voz del hospital.

-Usted no sabe nada- le dije luego de verla y notar que era una enfermera más.

-Es verdad, pero, puedo ver en sus ojos que usted no pertenece aquí- no supe qué responder.

La mujer no era de mucha estatura, su cabellera era negra y estaba perfectamente recogida en una coleta, vestía de blanco de pies a cabeza, usaba unas gafas de marco color azul, su piel era blanca y un tanto arrugada por los años, en sus manos tenía una toalla, un par de chancletas, un pantalón al parecer de algodón color gris y un suéter de capucha color azul, ambas prendas denotaban por la decoloración que eran usadas, no me importó, traía jabón con ella, un tubo de crema dental y un cepillo de dientes totalmente nuevo, se acercó más a mi cama, vio la pared sobre la cabecera, yo no me había fijado, pero, el mismo cartel que había en la sala de urgencias ahora estaba sobre la cabecera, esta mujer me dedicó una mirada tierna, no sentí lástima en su mirar, eso me tranquilizó, luego de poner lo que traía sobre la cama sacó de sus bolsillos algodón, desinfectante, unas vendas plásticas y otras de gasa, me indico que debía remover las que yo traía, envolverlas en unas nuevas, plásticas mientras me duchaba, luego limpiaría mis heridas y las cubriría con vendas de gasa.

No tarde mucho en bañarme, el sitio dispuesto para la limpieza física era incómodo, no había cortina de baño, sin importar mis esfuerzos la letrina se mojaría por completo, el plástico me permitía ver los cortes con total claridad, sentí como el agua fría recorría todo mi cuerpo mientras un ardor cálido atravesaba toda la geografía de mis heridas, aún no había recuperado en su totalidad el movimiento de mis pulgares, sentí nuevamente la sensación del llanto, me enojé conmigo mismo por lo débil que me había vuelto y salí rápido de la ducha, la enfermera seguía allí, limpio mis heridas y las vendó, me indico que ya podía ponerme el resto de mis ropas y se fue no sin antes decirme –no dejes que tus sentidos te engañen, ve más allá del sentimiento-.

El día transcurría con una hermética y monótona tranquilidad, te toman signos vitales, te dan pastas, te reúnen en una sala común con todos los locos del lugar, te hacen hablar para explorar de forma inútil tu creatividad, en un inútil intento para que tu mente no caiga en el limbo y quedes atrapado en la locura que ya sabes que estás; no sé cuánto tiempo voy a estar aquí, pensar en ello me llena de incertidumbre; mi nueva morada no está fuertemente vigilada, pero, había muchos enfermeros y debo reconocerlo, todos ellos se ven en mejores condiciones físicas que yo, tal vez y solo tal vez si estuviera al máximo de mi capacidad física podría escapar de aquí, en mi estado actual no podría ni llegar a la puerta de vidrio que separaba el manicomio de la improvisada e inerte sala de visitas. Los enfermeros nos observan en todo momento, el contacto físico está prohibido y cuando alguno de los pacientes se percataba que era observado por uno de los encargados su rostro reflejaba terror; como si estos seres les provocan pavor y nauseas con solo verlos, todos los muros son gruesos y las ventanas poseen barrotes de aspecto hogareño, aquellos pacientes que lucen aún más esquizofrénicos observan a los demás allí recluidos como quien ve un trozo de carne en la parrilla ya lista para ser servida, este infierno me parecía ahora más una cárcel o un buffet de todo lo que pueda comer que un lugar de sanación psicológica, quiero cerrar los ojos nuevamente y tener una vaga idea de lo que es dormir y seguir soñando, cada sueño es una cápsula de recuerdos y una fantasía idílica donde yo anhelaba estar, como si estuviese esperando que todo esto no fuese más que un pesadilla y ella me despertara el domingo en la mañana con un beso para indicarme que era hora de alistarnos para visitar a mi madre. Siento una enorme curiosidad, una insaciable necesidad de saber, como si la hambrienta fuese mi mente y no mi anatomía, al avanzar a pasos lentos por este aparentemente apacible lugar puedo ver a más de los allí encerrados conmigo, personas que como yo tenían graves problemas que aquejan sus mentes y estaban allí con el único propósito de lidiar con esos demonios de la mente que los imposibilitan para compartir con la civilización racional, o al menos eso es lo que te hacen creer todos esos profesionales en bata con sus malditas libretas de apuntes.

Lo que parecía un sala de espera de un inquilinato estaba llena de personas de todos los sexos, etnias, razas y en ciertos casos edades, había una mujer que le indicaba a todo el que se le quedaba observando que ella era la esposa de Dios y como este la había abandonado por una virgen más joven y de mayores capacidades bondadosas, no tengo idea qué carajos significa eso; esta mujer a su vez le indicaba a todo el que le prestara la más mínima atención que si se los permitía les enseñaría cómo hacer milagros, pero cada que mencionaba las palabras ‘Dios’ o ‘milagros’ sentía un dolor agudo en el estómago que no disimulaba y posteriormente comenzaba a retorcerse en el suelo.

-Dios es un concepto vago- dijo un hombre de mediana edad dirigiéndose a mí, su voz sonaba tranquila, su aspecto no se veía desgastado o maltratado. Se trataba de mi padre.

La impresión y el susto no me permitieron configurar palabra alguna, de hecho, el suceso había hecho que yo mismo olvidase su nombre, me miró como quien ve a su retoño dar sus primeros pasos y me abrazó con fuerza, yo no podía creer lo que estaba viendo, pero, mi viejo estaba muerto ¿Qué carajos hacía aquí? Luego que se apartó de mí pude ver que estaba más limpio de lo que parecía en un principio, casi como si emanara luz a este horrendo lugar, miré en todas direcciones esperando que alguien notara lo que yo notaba, nadie, ni siquiera los guardas parecían estar al tanto de la limpia visión, luego pude verlo de forma más clara, no era mi padre, era un viejo senil que me había confundido con su hijo perdido en la guerra, pero ¿Por qué lo vi como si fuese mi padre?

Intenté con todas mis fuerzas apartarme de él, no pude, no tenía la fuerza, él se aferró a mí, lastimaba mi cuello y el forcejeo hizo que mis heridas se abrieran, sentí el líquido carmesí emanando de mi ser, dos enfermeros llegaron a mi auxilio, lo apartaron de mí y un tercer enfermero me sentó en una silla para ver qué tan grave era el daño a mi cuerpo.

-Aquí hay gente peligrosa- me dijo con tono de autoridad. –no debe permitir que se le acerquen; ni usted debe acercarse demasiado a nadie- añadió mientras sacudía con poca sutileza mi cabeza en busca de heridas.

Se alejó de mí, era un hombre ancho, aunque de poca estatura, cabello corto, casi de estilo militar, tal vez el jefe de esta guardia, no sabría decirlo con certeza.

-Todo tiene un fallo aquí- oí nuevamente la voz de la enfermera, aunque, no la vi por ninguna parte -tú eres el fallo, está intentando usar tu mente en tu contra- añadió.

- ¿Quién? - fue lo único que pude preguntar. A mi lado un hombre me respondió entre risas que el responsable sería el caballero de las tierras sórdidas, allí noté que había hecho la pregunta en voz alta.

-Siempre lo cuestionas todo, esa es tu salvación- me respondió con dulzura y ya no pude oírla más.

Un hombre de baja estatura se quedó de pie justo frente a mí, este hombre alegaba haber servido a las fuerzas militares de su nación, sus lapsos iban y venían, podía hablar de lo difícil que era el entrenamiento y enojarse para querer golpear a alguien y al instante estar llorando por los niños que tuvo que asesinar en cumplimiento de su deber, cuando esto último sucedía comenzaba a gritar con fuerza que se los quitaran de encima, que los cadáveres de los niños se lo estaban comiendo, se lastimaba con vigor, lacerando la piel sin posibilidad de detenerse; esto me permitió marcharme para seguir mirando el lugar donde pasaría mi “sanación”, más allá, a lo lejos, como espectador vi a un hombre que parecía normal, pero por alguna razón no paraba de hablar, tanto que la gente e incluso en ocasiones los enfermeros preferían dejarlo solo, fui derrotado por mi curiosidad y me le acerque, mis pasos eran lentos y cautos, hay algo que me incomoda en la nuca, como un dolor punzante, esa sensación de que algo no está bien, ese algo que no debería sentir, en todo caso; cuando estuve lo suficientemente cerca de él pude ver como sus manos estaban maltratadas y sus ojos rojos por tanto llorar.

-Si tan solo no hubiese mentido, ellas seguirían vivas- dijo con voz cortada por las emergentes lágrimas y fue allí donde rompió en llanto y cólera.

El hombre comenzó a gritar, narraba con detalle macabro como una niña y una mujer casi cadavéricas estaban pegadas a él, este hombre hacía ademanes como si quisiera levantarlas para abrazarlas, pero parecía rendirse, como si estos cadáveres femeninos desaparecían y él comenzaba a hablar muy rápido sobre cómo tendría el dinero para el día siguiente, que no era su culpa, que por favor le perdonaran las vidas a cada una, algo que empezaba a parecerme atemorizante de este lugar era como las personas aquí recluidas compartían similitudes con mis patrones de mitomanía y comportamiento a lo largo de los años, ¿Me estaré volviendo loco?

El hombre soldado, mis mentiras con logros falsos solo para impresionar. La mujer esposa de Dios, mi complejo de superioridad que usaba de manera constante solo para hacer ver a otros inútiles ante mi saber. El parlanchín, mi maldita carencia de habilidad para cerrar la boca y evitar que mi cerebro siga procesando y creando mentiras solo para vender una estúpida imagen de mí mismo, ignorando por completo que si tenía en vida que ofrecer a la gente que pudiese ser considerado agradable o al menos útil.

Rápidamente y mientras yo me hundía en mi introspección y recuerdos reflexivos varios de los enfermeros tomaron a dos de los allí recluidos; estos miserables individuos gritaban con desesperación, insultaban y patean inútilmente a la par que eran llevados a un lugar en la parte más profunda de la ala psiquiátrica, este hecho me permitió observar a mayor detalle su arquitectura simplista y útil a la vez, una barra donde los guardias se reunían, como una especie de recepción o sitio de descanso para contarse las nimiedades del día, la sala para reunir a los pacientes y un largo pasillo donde se encontraban las habitaciones en las cuales cuando no se les (o nos) obligaba a interactuar con los demás internos se nos permitía tener la vaga idea de un descanso, como bálsamo irrisorio de escape a la realidad.

El punto es que, en el momento que se llevaron a los dos individuos yo los seguí llevado por mí ahora bastante imprudente curiosidad, la habitación del final del pasillo era más lúgubre que la mía, allí se podía percibir la maldad como si fuera parte del ambiente mismo, como si el odio fuese el cemento que se usó para unir los ladrillos de miedo y las baldosas estuvieran hechas con el brillante arrepentimiento y la pintura (si es que existe medio de saber cómo la luz refleja algún color aquí) fuese la intensa furia que ahoga a la humanidad día a día; al entrar vi como ataron a los dos individuos a lo que parecían mesas de sacrificio, atándolos de manos y piernas a ellos les era imposible moverse pero si les permitía llorar de forma desgarradora mientras clamaban piedad indicando que ya habían aprendido su lección por los pecados que habían cometido, los médicos, ocho en total, cada uno más aterrador que el otro se reían a carcajadas pidiéndoles que rogaran más, ya que, esto haría de su comida algo más delicioso, como un condimento adicional, como el picante en las empanadas o un poco más de mostaza en la hamburguesa. Uno a uno estos seres se acercaban a los rostros de sus víctimas y abrían sus fauces a tamaños inhumanos mientras absorbían energía que emanaba de los ojos y la boca de los allí atados, probablemente sus almas, yo estaba en ese lugar, paralizado, impotente sin posibilidad de hacer absolutamente nada y como siempre guiado por esa curiosidad inaudita que día a día me llevaba a pensar ¿Qué pasaría si estoy en…? Yo no podía quedarme sin la respuesta a esa pregunta y pues lo más seguro es que si funcionó y aquí estoy… en el “infierno”.

- ¿Quiere ser el próximo? – indico la voz de uno de los enfermeros y con una fuerza sobrehumana me empujó dentro donde quede a total disposición de los guardias hambrientos que con sus fauces aún abiertas dejaban escurrir lo que parecía saliva.

Me levantaron del suelo, me tomaron a la fuerza y comenzaron a alimentarse a la vez de mí, cada noción del suceso presente fue prontamente reemplazada por cada risa, cada alegría, cada momento de ternura, cada beso, cada palabra bonita que alguien pudo llegar a decirme alguna vez, cada emoción fue arrebatada de mi con violencia y sin oportunidad de contemplarla nuevamente en busca de esperanza; como si yo fuese un gran lago y ellos varios depredadores sedientos queriendo beber más y más sin importar si se agotaba la fuente de su satisfacción, todos reían morbosamente tratando inútilmente de cubrir sus carcajadas con sus manos mientras yo sentía como toda la energía de mi ser era succionada y reemplazada por locura, desolación, angustia y miedo, mi cuerpo se veía fuertemente debilitado y cuando pude darme cuenta yo me estaba desvaneciendo literalmente, mi cuerpo comenzaba hacerse invisible mientras ellos se alimentaban de mí, los recuerdos, mis experiencias, mi sanidad y deseos de voluntad eran arrancados como quien quita los pétalos de una flor pero mucho más violento, más como si desmembrarás un cuerpo aún en vida, como si al atormentador le produjera aún más placer y satisfacción ver en los ojos de su víctima el cómo cada noción de lo que alguna vez pudo ser bueno y sus esperanzas se desvanece como algodón en el agua.

Cuando caí al suelo casi inerte como hoja seca en otoño pude oír como el enano jefe de enfermeros les mandaba que me dejaran en mis aposentos, sentí ira, sentí rabia y mucho odio, me levanté de la baldosa fría y los ataque con toda la fuerza que pude, sentí como los huesos de mis nudillos impactaron contra sus anatomías, como la sangre brotaba de ellos, se abalanzaron sobre mí, los patee con toda la fuerza que me quedaba, estaba dispuesto a morir allí, pero, eran demasiados y yo estaba débil, sentí un punzante dolor en el cuello y como un líquido parecía ingresar en mi sistema, mis fuerzas me abandonaron, mis párpados se cerraron y todo se hizo oscuro.

Cuando desperté la cabeza me daba vueltas, estaba en una habitación acolchada, vestía una de esas camisas de contención, ya saben, las de mangas largas y lindos arneses en la espalda, oí el crujir de la puerta y a mi encuentro llegó una doctora, rubia, de silueta preciosa, tenía un porte elegante, estaba a contraluz, razón por la cual no pude ver su rostro a plenitud.

- ¿Estás más calmado? - me preguntó, su voz era seductora.

-Se están comiendo a los pacientes- le indiqué.

- ¿Quiénes? -

-Los monstruos que ustedes llaman enfermeros-

-Hablas de estos que golpeaste mientras intentaban bañar a dos pacientes con discapacidad psicomotriz-

- ¡¿Que?!- no pude disimular mi sorpresa.

-Atacaste con extrema violencia a hombres que solo cumplen su trabajo-

- ¡No es cierto! Yo sé lo que vi-

- ¿Lo sabes? –

La mujer le pidió a un enfermero de gran tamaño que me ayudara a salir, estando fuera de la celda de colchón vi cómo atendían a tres enfermeros quienes tenían heridas en brazos y rostro, sus vestimentas blancas estaban salpicadas con sangre, la de ellos seguramente, tres, solo tres, yo había visto más y justo al lado de ellos vi dos hombres, los mismos que vi cómo arrastraban a gritos y eran devorados, los vi allí, preocupados por los individuos que los habían atacado, me miraban con rabia, no era posible.

-Creí que tu condición era debida solamente a depresión- indicó la doctora, su voz sonaba como un eco casi mudo, yo no podía evitar el seguir observando lo que allí ocurría.

-Fue tan real lo que vi- le indiqué con quebranto en mi voz.

-Tus problemas pudieron desencadenar una esquizofrenia pasiva- me dijo acariciando mi rostro.

Quise darle un abrazo, necesitaba uno, caí de rodillas al suelo gritando, gritaba que me perdonaran, no sabía que me había ocurrido, la doctora se arrodillo junto a mí, me dijo que para eso estaba allí, para ayudarme, la vi fijamente, era idéntica a ella, el parecido con mi amada era increíble

- ¡¿Raike!?- le dije con terror alejándome de ella.

- ¿Quién? – preguntó tratando de acercarse a mí.

Soy consciente que empecé a gritar con todas mis fuerzas, pedía que se la llevaran, estaba confundido, temeroso, Raike no podía estar allí, ella no era psicóloga ni psiquiatra, no era nada de eso. Es curioso cómo la mente humana funciona, intente quitarme la vida por amor, caí a este raro lugar que más parece una sucursal del infierno en la tierra, ataque hombres buenos, mi estabilidad mental están al borde del abismo y aun así, yo sigo extrañando a mi amada, pasados, quién sabe cuántos minutos de gritos y angustias fui arrastrado de nuevo a la habitación acolchada, oí la voz de la doctora del otro lado de la puerta, su voz seguía calmada, solo repetía que ella iba a ayudarme, luego se quedó en silencio, ya no oía nada.

Llore nuevamente, rogué a Dios que me sacara de allí y clame por su perdón, llore hasta que mis ojos ardieron como si de ellos brotara lava en lugar de lágrimas, me odie como jamás creí capaz de poder hacerlo, odie cada uno de mis actos, odie haber intentado suicidarme, odie a Raike, pero, no por ella, odie haber soñado un futuro con alguien que no merecía que yo me le acercara, pero lo que más odie fue seguir pensando en ella mientras era obvio que ella ya no pensaba en mí. En ese momento noté que por primera vez en mi vida estaba rogando a Dios por ayuda y a su vez noté la horrible idea de que tal vez Dios nunca hubiera existido, la habitación estaba oscura, no podía tan siquiera ver mis propios pies y nuevamente oí la voz suave y reconfortante de la enfermera que en la mañana me llevo los artículos de aseo.

-No eres tan malo como crees, no estarás por mucho tiempo aquí- no podía creer que en la oscuridad pudiese verla -he venido por ti, yo voy a ayudarte- repitió con esa voz calmada y sapiente mientras me daba agua limpia para beber -la verdadera prueba acaba de iniciar-.

Sus ojos eran cariñosos y tenía una sonrisa carismática me miraba sin parar mientras me decía que yo no merecía estar allí, para mí era un ángel, aunque si alucine el ataque de los enfermeros, cómo podría yo decir que ella era real, rápidamente me indico que no podía permanecer mucho tiempo.

-Aún necesito que permanezcas un tiempo aquí, tú no estás listo en estos instantes para lo que serás útil- me indicó, no entendí nada, pero parecía ser inmune a toda noción de oscuridad de ese lugar, me pregunté cómo podía estar allí y seguir emanando esta energía tan pacífica.

- ¿Eres real? - deje escapar de mis labios la pregunta sintiéndome culpable por el simple hecho de seguir siendo tan curioso.

-Aún en la oscuridad los cuestionamientos son la más intensa de las luces- respondió mirándome con dulzura a los ojos. -ten paciencia, aclara tu mente y no dejes de cuestionar- me dijo con una voz tan pedagógica que lo único que pude hacer fue asentir en silencio.

Fue en ese momento que tres enfermeros ingresaron a la habitación, sigo sin saber cuánto tiempo transcurrió; se dirigieron a mí, giré para verla, ya no estaba allí, me llevaron a mi habitación, me indicaron que había estado casi día y medio en la celda solitaria, en la cama contigua a la mía había una persona, no era el mismo sujeto que estaba allí el día que yo había llegado, el enfermero me libero de la camisa de contención y me ordenó con rostro intimidante que permaneciera en mi cama sin causar más problemas, así lo hice, aprendí a la mala manera (solo basto estar encerrado con una camisa de fuerza) que lo mejor aquí es obedecer, me dejaron a solas con el otro chico quien se veía más joven que yo, este abrió sus ojos con calma y mucho cansancio, me miró y con jolgorio me saludo.

Seguir leyendo
Apoya al autor e inspira más historias increíbles Moboreader
Desbloquear todos los capítulos

Oblivio

Capítulo 2
Capítulo
Personalizar
Siguiente capítulo
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED