Capítulo 3

Carla observaba la íntima escena entre Liam y Stacey. "¿Acaso no te das cuenta de que todo esto es culpa tuya?", dijo con un tono mordaz.

Liam se enfureció y la fulminó con la mirada.

"Te has pasado de la raya, Carla. Stacey es tu hermana. Casi se muere, ¿y todavía tienes el descaro de molestarla?".

"¿Hermana?". Carla soltó una risa tan gélida como su mirada. "¿Te refieres a la que sedujo al prometido de su propia hermana?".

"Tú...". La ira de Liam iba en aumento mientras sujetaba a Stacey y la llevaba hacia la mansión Sullivan. Al acercarse a Carla, se volvió de repente y ordenó: "Espérame en la puerta".

Habló con la autoridad de quien espera ser obedecido, confiado en su obediencia de siempre.

Sin embargo, Carla pasó junto a él sin siquiera mirarlo, mientras su vestido rojo ondeaba tras ella.

Sus elegantes tacones negros repiqueteaban contra el pavimento y sus labios rojos se curvaban en una mueca de desdén. Irradiaba una elegancia salvaje, como la de un depredador indomable.

"Esta es mi casa", dijo con frialdad, lanzando las palabras por encima del hombro. "Tú no me dices lo que tengo que hacer".

Liam se quedó paralizado, sorprendido por su desafío.

Clavó los ojos en la figura que se alejaba; algo en ella le parecía diferente, desconocido.

"Liam...", la suave y delicada voz de Stacey sonó a su lado, sacándolo de su ensimismamiento.

Su voz se volvió más suave. "Ella es así. No le hagas caso. Ya hablaré yo con ella más tarde para asegurarme de que no te moleste más. Vamos a descansar".

A Stacey se le llenaron los ojos de lágrimas mientras le apretaba el brazo con fuerza, sin querer soltarlo.

"Dijiste que te quedarías conmigo, Liam", susurró, con la voz temblorosa por la emoción.

Su súplica lo conmovió profundamente y respondió con suavidad:

"Claro que sí. Hiciste todo eso porque te importo mucho. Me quedaré a tu lado hasta que vuelvas a estar bien".

Mientras tanto, Carla subió a su habitación. Se dio una larga ducha y, tras cambiarse, volvió a asomarse. Vio a Liam y a Stacey entrar juntos en la casa.

Desde el balcón, sintió una punzada de asco al verlos abrazarse junto a la puerta, en una descarada muestra de afecto.

"¿Ya han tenido suficiente?", preguntó con sequedad. Estaba tumbada en el elegante sofá de cuero, con las piernas cruzadas y el aire de un felino al acecho.

De repente, una voz aguda sonó desde lo alto de la escalera.

"¿Pero qué te pasa, Carla? ¡Te estás volviendo imposible!".

Era su padre, Héctor Sullivan, que bajaba las escaleras con el ceño fruncido, seguido de Hannah, la exmujer de él.

Hannah ya se había instalado en la casa y se presentaba ante todos como la señora Sullivan.

Aunque iba vestida para deslumbrar, su actitud dura y hostil era inconfundible. Para Carla, estaba más claro que el agua: tanto ella como Stacey eran unas hipócritas.

No se molestó en discutir. En lugar de eso, sacó el móvil, tecleó un par de veces y proyectó las imágenes de la cámara de seguridad en el enorme televisor del salón.

La pantalla mostró a Stacey y Liam en un abrazo íntimo, con los labios unidos en una pasión que no dejaba lugar a dudas.

"¿Por qué haces esto, Carla?", sollozó Stacey, cubriéndose la cara como si estuviera humillada, y subió corriendo las escaleras, con el eco de sus sollozos resonando por los pasillos.

Cualquiera que no supiera la verdad pensaría que Carla era la verdugo y no la víctima.

"¡Stacey, no hagas ninguna locura!", gritó Hannah, corriendo tras ella en una fingida muestra de preocupación, un recordatorio para todos de lo delicada que supuestamente era.

Como era de esperar, Héctor se salió de sus casillas y se abalanzó sobre el televisor para desenchufarlo de la pared.

"Carla, ¿estás decidida a destruir esta casa?", ladró furioso.

"Quizá deberías hacerle esa pregunta a Stacey", replicó ella. La decepción se filtraba en su tono gélido. Lo miró fijamente, con una amargura que había borrado toda calidez de sus ojos.

Desde que perdió a su madre, comprendió lo frágiles que podían ser los lazos familiares.

Durante dieciséis años, su madre lo había sacrificado todo para estar al lado de Héctor. Sin embargo, una semana después de su muerte, él ya había metido en casa a Hannah y a Stacey.

¿Cómo podía ser tan cruel?

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