CINCO AÑOS DESPUÉS
El olor de mi pequeño apartamento es tan húmedo que a veces siento que me dará una pulmonía si respiro demasiado profundo.
Me he quedado sin nada, en la absoluta miseria.
Miro por la ventana de cristales rotos y remendados con cinta adhesiva las calles de Brooklin oscuras y mojadas por la lluvia nocturna que avisa el frío invierno que se avecina, sabedora de que tengo dos días para pagar el importe íntegro de la deuda de mi exmarido o me quedo en la calle, y lo que es todavía peor: puedo ir a la cárcel.
Mi trabajo en la clínica pública no es suficiente para pagar las deudas de la universidad y todo lo otro que difunto me dejó como herencia, y apenas si me deja cubrir las facturas, además de comer. No tengo nada con lo que sobrevivir y desde luego nada más que vender. Ya ni coche tengo. Estoy en la más absoluta miseria y cada vez veo más lejos mi intención de montar mi propia consulta en psicología. Todos mis esfuerzos se han ido por el desagüe en el momento en que él murió, dejándome sus malditas deudas. Ya ni siquiera estábamos juntos, pero legalmente seguíamos casados.
Nunca me rindo y lucho con todas las fuerzas pero también soy de saber muy bien cuando algo se acaba y mis posibilidades de salir adelante sin hacer algo radical, se han acabado. No tengo más opción que buscar una alternativa como la que se me ha venido a la mente.
—Tienes que estar loca —me reclama Susy cuando le cuento que ya tengo la cita para mañana.
Fue cosa de responder al anuncio y diez minutos después recibí la hora de la cita. Mañana tengo una entrevista para el extraño trabajo.
La rubia es pobre como yo pero al menos pudo pagar sus créditos universitarios con un fideicomiso de su difunta abuela y subsistir con lo que cobra ahora en el mismo trabajo que yo, en mi caso no tengo ni siquiera eso y voy a perder mi libertad si no consigo el dinero.
—No tengo más remedio, Sus —me giro hacia ella —. Me van a echar del hospital y entonces sí, nunca seré alguien en la vida. Si no acepto este acuerdo iré a la cárcel y perderé todo, cuando salga seré una exconvicta y mi carrera no habrá tenido sentido alguno.
—¿Te das cuenta que estás cometiendo una locura? —me encojo de hombros —.¿...que nadie que hace ese tipo de arreglo está bien de la cabeza? Tú mejor que nadie deberías saber que es una conducta un poco enfermiza y de tendencia oscura.
Su condición de psicóloga le lleva a psicoanalizar todo. La mía también. Es lo que somos y no podemos evitarlo. Ya sé que hacer algo así es entre otras muchas cosas, bastante arriesgado pero no tengo muchas opciones y siento que me he quedado sin más opción y sin tiempo. Al final tal vez este sea mi destino y luego de todo, haya algo increíble para mí. Prefiero verlo así.
—Al menos dame todos los detalles y te esperaré fuera de donde sea que vayas a entrevistarte —propone rompiendo una caja de vino barato —. Te estaré esperando para saber que estarás bien. Que nada te ha pasado
—De acuerdo —acepto agradecida —... ¡Gracias, Sus!
(...)
<<No tengo más opción >>
Ese es mi mantra para soportar esto.
Me pongo un vestido negro que mi amiga me presta, es el más bonito que tiene y no es provocativo pero tampoco soso. Me suelto el pelo cobrizo y lasio, dejando que se acumule sobre la curva de mi trasero y aplico un maquillaje oscuro para resaltar mis ojos verdes, me perfumo con agua de colonia y tomo el pequeño bolso, nerviosa pero segura para irme al encuentro con el hombre que va a compartir conmigo el momento más intimo de mi vida.
—Si te arrepientes a última hora estaré justo aquí —mi amiga me besa justo encima del tatuaje en mi dedo corazón y aprieta mis manos.
Llevo un corazón roto en ese sitio porque así me siento, con el mío partido en pedazos gracias a todas las tragedias que me ha tocado vivir. Gracias a el,que desapareció de mi vida hace cinco años y todo después de eso ha sido una locura.
—Voy a estar bien —explica para infundirme fuerza —. Mañana pagaré lo que debo y volveré a respirar en paz.
Al día siguiente estoy nerviosa, no tengo más opción que ir a esa entrevista sola, Susy ha sido convocada para una reunión de última hora en la clínica por algún problema con uno de sus pacientes y quedamos en que le avisaría cuando salga de allí.
Internamente rezo para obtener el empleo y que me paguen enseguida, porque de lo contrario no sé cómo lo haré y no quiero volver a hacer películas porno. Eso fue un oscuro capítulo de mi vida, que me trajo justo aquí...un capítulo que además me dió dos grandes dolores y ausencias que nunca podré superar.
Susy finalmente va temprano y me quedo vistiéndome lo más profesional que puedo, incluso uso mi color de ojos natural, no me pongo los lentes oscuros...necesito crear empatía con el jefe y mis ojos siempre han sido una carta de presentación para mí.
Desde hace años, cuando pasó lo que pasó yo cambié toda mi apariencia y ahora casi nadie de aquella época me reconoce, pero mis ojos hoy están como antes...les necesito.
Tomo el metro y cuando llego al lugar, me percato de que es un edificio enorme, un jodido rascacielo con las letras plateadas enormes que rezan: Orus Company en la cima del edificio en el que por su opulencia asumo que el salario que seguro obtendría si me dieron el empleo, podría ser suficiente si consigo ajustar mis horarios para pagar mis créditos poco a poco. Creo ver una luz al final del túnel.
Me dan una credencial en la recepción y alguien me acompaña hasta el penultimo piso donde el dueño en persona me hará la entrevista.
—Espere un segundo por favor —su asistente me indica que me siente.
Estoy nerviosa pero al vislumbrar tanto lujo junto delante de mí, me distraigo en los detalles carísimos del sitio y no soy consciente de que me llaman hasta que alguien carraspea a mi lado.
Sin embargo nada podía prepararme para lo que iba a suceder en esa habitación.
Cuando entra y no me esperaba, me giro para verlo usando una máscara fría que consigue ponerme nerviosa desde la misma entrada, toanoes como entrar en un mundo en el que antes estuve y ahora parece no tener nada que sentir por mí.
Me pongo en pie de un salto y enfoco uno ojos grises que recuerdo perfectamente. Ahogo un grito cuando me impacta su profunda mirada y tiemblo de saber que es él, quien me hizo suyCatantas veces hace cinco años y que ahora me mira impasible. Como si no supiera quien soy pero tratara de descifrar mi expresión.
La mandíbula cuadrada se aprieta en un gesto extraño y frío y entonces dudo, no puedo guiarme solo por unos ojos pero es que pasé demasiado tiempo borracha de ellos, no se me olvidan. Sé que es él. Algo elegante, más clásico y serio pero es Thiago. Lo sé. Incluso lo siento.
—Señorita Campbell —estira la mano en señal de educación —. Soy Marcos Orus, un placer conocerla.
Estupefacta por el sonido envolvente de su potente voz que ya conozco me asusta que se presente con otro nombre.
Me obligo a salir de mi trance y estiro la mía para unirla a la suya...
Ahí es cuando descubro que efectivamente es él, tiene el tatuaje en ella. La marca que quedó grabada en su dedo, igual al mío...la mitad de mi corazón en el suyo y ese principal testigo de nuestros encuentros pecaminosos.
—¡Hola!
No consigo decir nada más. De hecho agradezco que haya podido decir algo y me felicito por seguir de pie frente a un hombre que estuvo amando mi cuerpo durante meses, que se planteó un futuro conmigo alguna vez y el mismo que de pronto desapareció de mi vida durante los últimos cinco años y que parece no recordar nada, a pesar de su mirada clavada en mi tatuaje y de su apabullante manera de observarme.
—¿Se encuentra usted bien? —pregunta viendo mi impávidez y asiento por inercia, no estoy bien no —...Entre, por favor.
No tengo la menor idea de qué hacer. No consigo descifrar si me ha reconocido o no, si debo decirle quién soy o no. Si reclamarle por haberme abandonado cuando pensaba irme con él años atrás y dejarlo todo solo por vivir nuestro amor clandestino.
No sé si golpear su bello rostro ahora un poco endurecido por el paso de estos años o si empezar a llorar y lanzarme a sus brazos hasta que su cuerpo recuerde el mío.
¿Qué le pasa?
¿Cómo puede fingir no saber quien soy?
¿Tan distinta estoy?
No puedo negar que todo lo que le rodea es en extremo minimalista y sus decoraciones monocromáticas indican un ausencia total de alegría,100000
pero confusamenteo no, ese hombre gemía en mi boca como si estuviera siendo feliz de tenerme bajo su cuerpo...incluso bajo su piel. Siempre juró que él se sintió libre, pleno y feliz de experimentar algo como lo que vivimos en aquel tiempo y que solo algo muy grave tiene que haber borrado de su memoria mi recuerdo... o quizás esté jugando conmigo. No lo sé pero si seguirle el juego es la única forma de averiguarlo, entonces yo también voy a fingir hasta que él no pueda más y se descubra a sí mismo.
—¡Gracias! —consigo decir y me siento al entrar.
Él me sorprende sentándose y subiendo un muslo en la esquina de su mesa, apoyando su cuerpo cuidadosamente, mirándome con impaciencia.
¿Espera que yo diga algo más?
—¿Sabe en qué consiste el trabajo que le ofrezco? —niego lentamente sin dejar de mirar esos benditos ojos grises —. Y, ¿ por qué no me pregunta?
Su inquietud le hace ver inseguro. No es algo propio de él, que siempre ha lucido una férrea confianza en sí mismo y sus alcances como hombre poderoso, y sobre todo que aparenta que sabe lo que quiere. Los dos sabemos que lo sabe.
—Asumiendo que esto es una entrevista —matizo para darle un poco de objetivo sarcasmo —, debo responder a sus preguntas, no cuestionarlo con las mías.
—Eso es que no te interesa saber suficiente —responde de inmediato. Se levanta luciendo enfadado.
Puedo ver su novedoso carácter ácido y ríspido, del tipo que le gusta llevar siempre razón. Es bastante esquivo y no muestra ninguna emoción que le haga sentir en desventaja. Es incluso más arrogante al caminar. Ha cambiado tanto...
—Usted me dará los elementos que necesito y entonces —cruzo una pierna y no se le escapa el gesto —, si considero que me quedan espacios en blanco no dude que preguntaré.
Pasa algún espacio indefinido de tiempo en el que me mira como escrutando mi expresión; intentando entender qué pasa por mi mente y hasta donde puede tirar de mí, de ser necesario. Me temo que yo intento lo mismo y estoy por pensar que me he equivocado de hombre o que quizás Thiago, tenía un hermano mellizo suelto por el mundo.
—Es una experiencia de novia a tiempo completo —expone de repente.
Ahogo un jadeo y se queda mirando mi reacción. Creo que espera que me eche a llorar o corra como un conejo asustado. Sin embargo no pienso hacerlo. Si bien es cierto que la propuesta es ante todo: rara... mi situación no me deja muchos espacios a la elección y desde luego las cosas que él provocó y provoca en mí, tampoco. Ya he sido su amante fingiendo ser su compañera de reparto, ser una novia falsa no es un problema... y además me permite descubrir de que va con todo esto.
—¿Podría ser más específico? —sonríe ante mi pregunta.
Maldita sea su sonrisa aunque es de suficiencia porque ha conseguido desmontar mi discurso de antes, es hermosa y devastadora, como siempre. Podrías morir en ella y disfrutar del proceso.
—Quiero que finjas ser mi novia durante un plazo indefinido dentro de un máximo de un año —se apresura a exponer —. Con todo lo que se supone que hacen los novios. Incluso vivirás conmigo.
Me quedo impactada por el resumen de su propuesta. No consigo entender cómo alguien puede necesitar contratar una mujer para eso...sobre todo alguien con su apariencia, que podría tener novias de dos en dos y una para cada día de la semana. Si es que no hay más que mirarlo para derretirse a sus pies.
—¿Qué pasaría con mi vida normal?
—Por supuesto que puedes ir a hacer tu rutina habitual. Es algo que conservarán así como yo la mía —explica.
En esta ocasión se mueve hasta su escritorio, abre una gaveta y saca lo que parece un contrato y lo deja delante de mi para sentarse detrás de su mesa. Es muy intimidante. Antes lo era menos. Era tan mío que duele verlo ignorarme.
—Y,¿ la gente que trabaja aquí no va a saber que es todo falso?
—Solo mi secretaria sabe y no puede decir nada.
Sé que haciendo estas preguntas le dejo entrever que pienso aceptar pero no lo hago.
Este hombre hace cosas muy extrañas y no tienen una explicación lógica para mí.
Lo cual ante mis ojos lo hace ver un tanto fetichista y si le digo que sí a esto, aún en el caso de que él no me recuerde, le estoy dejando un paso por delante para asumir que puede acostarse conmigo de bo establecer unas normas, sé que es muy activo sexualmente. Y permitir eso, sí me volvería una prostituta o por lo menos y como mínimo, una chica de compañía.
—Y ¿tendré que acostarme con usted? —finjo distancia entre ambos tratándolo de usted.
—Si los dos queremos, sí —responde enseguida sin titubear —, pero eso no estará entre tus obligaciones...Entonces la respuesta a priori es: no.
—De acuerdo.
Tomo los papeles en mis manos y examino lo poco que puedo del contrato. En efecto se refiere a todo lo que ha dicho pero cuando habla de remuneración, explica que es a negociar entre los firmantes.
—Esto es extraño —murmuro para mí misma pero parece escucharlo porque responde...
—¡Hay cosas peores!
—¿A qué se refiere?
—A que pagaré tu carrera entera, te daré un auto, un apartamento pagado y cincuenta mil dolares al final de la experiencia. Tan malo no puede ser —luce alterado y se ha inclinado sobre su mesa, apoyando los codos y cruzando los dedos haciendo un puño bajo su barbilla perfilada en la perfección.
—Y si yo no le sirvo para el sexo, ¿como se aliviaría?
Hago tantas preguntas como quiero y desmonto su opinión de que no inquiría en nada. Supongo que ahora vamos en empate. Y supongo que tengo que negociar la fecha de entrega de ese dinero o no me servirá para lo que necesito.
—Eso no es asunto tuyo —dispone tácito.
—Si va a aparecer alguna mujer celosa reclamándome algo, sí lo es —me defiendo y cierro el contrato. Quiero saber si tiene otra. Maldito seas, Thiago.
—No va a pasar eso.
Vuelve a levantarse y me da la espalda. Se queda mirando por su ventana hacia la vida bajo sus pies y luce tan arrogante que da asco. Las manos en los bolsillos le hacen parecer con más poder del que se ve que tiene y es desgarrador saber que no tengo más opción que aceptar. Es una propuesta extraña pero generosa y que podría arreglarme la vida.
Me debato entre decirle quien soy y reclamarle que haga como que no me conoce pero no creo que lo haga. Eso me rompería el alma si contesta cosas que no estoy dispuesta a saber y su expresión es de desconocimiento absoluto. No entiendo como consigue no saber quien soy cuando yo hasta la frecuencia respiratoria se la reconozco.
—Su familia —intento reunir elementos de su presente.
—No tengo de eso.
Responde irritado y lamento molestarlo pero si me decido a hacerlo, tengo que saber cómo defender mi papel. Y todo lo que puedo encontrar sobre estos cinco años en los que ha desaparecido de mi vida.
–Entonces, ¿en serio esta dispuesto a vivir con una extraña, un año entero?
.
—La gente lo hace continuamente, tu mejor que yo deberías saberlo.
Cada vez se hace más cómodo hablar con él y a pesar de que parece que peleamos, somos así de directos al hablarnos. Este juego me va a terminar gustando.
Sé que la gente a mi edad suele vivir este tipo de experiencia de compartir piso y tal con un desconocido y sale bien la mayoría de las veces pero esto no es lo mismo. Nosotros compartiremos una vida juntos, en una misma cama como una pareja normal. Y sobre todo, sabiendo que ya lo fuimos. Esto huele a peligro por todos lados.
—Los dos sabemos que no es igual. Usted y yo lo haremos como pareja. Ha dicho experiencia total. Eso significa tocarse, compartir la cama aunque no tengamos sexo, el baño, salir juntos...incluso besarse.
—¿Quieres que te bese ahora mismo? —se da la vuelta de pronto.
—Yo, no...mmm.
—Quiero vivir la experiencia de una pareja y tengo mis motivos, pero no tiene que ser todo forzado, poco a poco nos iremos familiarizando.
El problema es que nosotros ya nos conocemos...y muy bien.
Es probable que sea una locura aceptar esto, también es posible que salga mal o que no me guste del todo vivir con un hombre tan pagado de sí mismo que se empeña en ignorarme; pero los beneficios son muy necesarios para mí y no puedo dejar escapar esta oportunidad. Empeñaré como máximo un año de mi vida y si no descubro qué pretende con todo esto, luego seguiré haciendo lo que tanto amo y conseguiré ser un persona solvente por mi misma dejando todo el pasado atrás. Este es un sacrificio que no tengo más opción que hacer y hasta cierto punto agradecer que se haya presentado la posibilidad en mi vida.
—Acepto.
Luego de esa única palabra que define el futuro de los dos, pone el contrato frente a mí y me señala donde debo firmar. Sin embargo en realidad su dedo cae sobre una frase de cinco palabras un tanto más grande que el resto del documento encima de la firma como forma de anexo...creo que en su manera silenciosa de comunicarse quiere que no deje de ninguna forma de leer lo que ahí reza: NO TE ENAMORES DE MÍ.
Demasiado tarde para eso, Thiago...y firmo.