Capítulo 2

Kathy se sentía frustrada. Apagó su nuevo juguete sexual, lo dejó de lado y comenzó a tocarse.

Repentinamente una escena comenzó a formarse en su cabeza solo que en vez de Darren el rostro que la miraba era uno nuevo. Ella no conocía Grecia pero el hombre era perfecto como un Dios Griego. Alto, rubio, apenas bronceado, musculoso, con barba incipiente apenas recortada.

El hombre estaba desnudo y Dios era increíblemente perfecto. Su pene erecto, largo, grueso y venoso. Desvistió con suavidad a Kathy despojandola de su conjunto sexy de lencería.

Luego comenzó a bajar por su cuello, hasta llegar a sus tetas. Se metió una adentro de su boca y empezó a succionar su pezón mientras Kathy sentía que de su vagina salían fluidos, no pudo evitar gemir fuerte. El hombre pasó al otro pecho y siguió mordisqueando su carne, y masajeando sus pechos mientras la tentaba con la punta de su pene. Luego bajó y con una mano abrió sus pliegues, primero metió un dedo y luego dos y comenzó a masajear el punto G de Kathy mientras frotaba con su pulgar el clítoris.

Ella empezó a temblar, entonces el hombre abrió sus labios vaginales y guió si pene hacia allí. La penetró con fuerza y era tan increíblemente placentero, él comenzó a moverse y Kathy estaba cada vez más caliente y cerca de alcanzar el orgasmo...

Mientras la escena apasionada se desarrollaba en su cabeza, sus bragas se mojaban en el mundo real.

Kathy llevó sin darse cuenta la mano a la entrepierna pensando en ese hombre, o soñando con él no sabía bien...esa había sido su primera vez...y luego se había transformado en algo recurrente. Y entonces sus juguetes empezaron a ser muchos más útiles de lo que lo habían sido últimamente.

Y junto con la repentina subida de su libido, aumentó su creatividad.

Kathy era un ser noctámbulo. Quizá era porque había nacido a la medianoche, solía decir su madre Florence. Ella escribía hasta altas horas de la madrugada y dormía hasta el mediodía. Eso era casi cotidianamente.

Ya le había enviado a Samantha Black, su editora de la editorial V.V.World, su último manuscrito. Era una historia de amor ambientada en la época de la secesión "Hasta que el amor vuelva a encontrarnos".

Samantha estaba encantada. Estaba segura, le dijo, que la novela se convertiría en Best Seller rápidamente.

Kathy era al género romántico, lo que Stephen King al género de terror...solo que un par de generaciones más joven por supuesto.

Ella era una neoyorquina nacida y criada.

No había conocido a su padre, su madre era psiquiatra y se había casado hacía unos años con otro psiquiatra compañero de su juventud luego de varias relaciones fallidas.

Desde un primer momento supo que iba a ir a Columbia y escribir novelas románticas. Su aspiración era convertirse en la Danielle Steel de la nueva era y lo estaba logrando, ya habían llevado a la tv seis de sus historias. No era billonaria pero tenía una fortuna en crecimiento gracias a un buen asesor financiero. Un piso en Chelsea en Manhattan, dónde también vivía una colega y compañera de la universidad, June. Lo más parecido que tenía a una amiga. Y su gata Gigi, por supuesto. Una gata de refugio con aires de princesa, largo pelo blanco con un manto gris, ojos amarillos y bigotes largos que siempre miraba a la gente por arriba de la nariz. Aunque no recibía muchas visitas allí ni ella tampoco salía demasiado.

Siempre había sido más bien retraída, casi nerd en el colegio, con un rico mundo interno que la llevó a ser Best Seller con su primer obra "Retrato de un amor de primavera" antes de terminar su carrera. Y de ahí en más todo fue una seguidilla de libros producidos en serie. Uno tras otro. Sin parar hasta ese entonces.

Así como tenía dificultades para socializar, también las tenía para salir. Su última terapeuta la había diagnosticado con una fobia social. Había salido ocasionalmente en la universidad. Y luego cuando comenzó a hacerse famosa con algún que otro autor que conoció en esa clase de eventos obligados a los que iba por Samantha. Con Samantha también se conocían desde el principio de su carrera y aunque no eran intimas amigas, ella la apreciaba bastante y sabía que Samantha también le tenía cariño a su vez. Era ésta quién muchas veces la obligaba a salir a algún evento. Pero la realidad era que Kathy estaba muy feliz en su casa. Hogar dulce hogar, era su frase favorita definitivamente...

Kathy se sentía frustrada. Apagó su nuevo juguete sexual, lo dejó de lado y comenzó a tocarse.

Repentinamente una escena comenzó a formarse en su cabeza solo que en vez de Darren el rostro que la miraba era uno nuevo. Ella no conocía Grecia pero el hombre era perfecto como un Dios Griego. Alto, rubio, apenas bronceado, musculoso, con barba incipiente apenas recortada.

Mientras la escena apasionada se desarrollaba en su cabeza, sus bragas se mojaban en el mundo real.

Kathy llevó sin darse cuenta la mano a la entrepierna pensando en ese hombre, o soñando con él no sabía bien...esa había sido su primera vez...y luego se había transformado en algo recurrente. Y entonces sus juguetes empezaron a ser muchos más útiles de lo que lo habían sido últimamente.

Y junto con la repentina subida de su libido, aumentó su creatividad.

Kathy era un ser noctámbulo. Quizá era porque había nacido a la medianoche, solía decir su madre Florence. Ella escribía hasta altas horas de la madrugada y dormía hasta el mediodía. Eso era casi cotidianamente.

Ya le había enviado a Samantha Black, su editora de la editorial V.V.World, su último manuscrito. Era una historia de amor ambientada en la época de la secesión "Hasta que el amor vuelva a encontrarnos".

Samantha estaba encantada. Estaba segura, le dijo, que la novela se convertiría en Best Seller rápidamente.

Kathy era al género romántico, lo que Stephen King al género de terror...solo que un par de generaciones más joven por supuesto.

Ella era una neoyorquina nacida y criada.

No había conocido a su padre, su madre era psiquiatra y se había casado hacía unos años con otro psiquiatra compañero de su juventud luego de varias relaciones fallidas.

Desde un primer momento supo que iba a ir a Columbia y escribir novelas románticas. Su aspiración era convertirse en la Danielle Steel de la nueva era y lo estaba logrando, ya habían llevado a la tv seis de sus historias. No era billonaria pero tenía una fortuna en crecimiento gracias a un buen asesor financiero. Un piso en Chelsea en Manhattan, dónde también vivía una colega y compañera de la universidad, June. Lo más parecido que tenía a una amiga. Y su gata Gigi, por supuesto. Una gata rescatada con aires de princesa, largo pelo blanco con un manto gris, ojos amarillos y bigotes largos que siempre miraba a la gente por arriba de la nariz. Aunque no recibía muchas visitas allí ni ella tampoco salía demasiado.

Siempre había sido más bien retraída, casi nerd en el colegio, con un rico mundo interno que la llevó a ser Best Seller con su primer obra "Retrato de un amor de primavera" antes de terminar su carrera. Y de ahí en más todo fue una seguidilla de libros producidos en serie. Uno tras otro. Sin parar hasta ese entonces.

Así como tenía dificultades para socializar, también las tenía para salir. Su última terapeuta la había diagnosticado con una fobia social. Había salido ocasionalmente en la universidad. Y luego cuando comenzó a hacerse famosa con algún que otro autor que conoció en esa clase de eventos obligados a los que iba por Samantha. Con Samantha también se conocían desde el principio de su carrera y aunque no eran intimas amigas, ella la apreciaba bastante y sabía que Samantha también le tenía cariño a su vez. Era ésta quién muchas veces la obligaba a salir a algún evento. Pero la realidad era que Kathy estaba muy feliz en su casa. Hogar dulce hogar, era su frase favorita definitivamente... Entonces un día, conoció en línea a Darren y éste puso su mundo de cabeza...

Capítulo 3

"No, no es un sueño lo se

Es demasiado real

Puedo sentir en mi alma

La prueba mas firme de amor de verdad

Electricidad

Cuando tu me miras

Algo sobrenatural

Una sensación que me fascina..."

(Lucero)

Unos meses más tarde

Tal y como predijo Samantha, "Hasta que el amor vuelva a encontrarnos" se convirtió en un éxito de ventas. Próximo a transformarse en Best Seller.

En ese momento estaban ambas en 'The Strand', una de las librerías más grandes de Nueva York haciendo la presentación del libro.

Kathy había hablado y presentado el libro ya en el pequeño stand frente a una pequeña multitud en el auditorio reservado para ese propósito, del lugar. También había respondido a algunas preguntas. Se encontraba allí gente de prensa y un grupo selecto de fanáticos, así como conocidos y gente de la editorial, como otros invitados. Su madre y su padrastro no habían podido asistir ya que estaban en un crucero.

Luego hubo un cóctel, con algunas bebidas y entremeses. Algo sencillo.

Kathy no era una mujer muy agraciada y lo sabía, aunque nunca le había molestado realmente su aspecto. Media 1.70 de estatura, era de gruesos grandes aunque sus manos y pies eran pequeños.

Llevaba el cabello oscuro en un corte recto por debajo de los hombros y un flequillo recto también. Su piel era color cetrino, herencia de su desconocido padre (el novio fugado de su madre ya que Florence era de origen polaco y blanca como la leche, aparte de tener cabello y ojos claros). Si hubiese sido más delgada, o más pequeña podría - con viento a favor - haber pasado por una Cleopatra moderna. Sus ojos eran almendrados color café del mismo tono que su cabello, y los llevaba bajo unas grandes gafas de montura negra. Tenía pechos y cadera generosos, era un talle doce solo que al menos bien distribuido. Y sus muslos eran firmes, gracias al deporte que prácticamente le había obligado a practicar Florence de pequeña, el soccer. Que en su juventud no era tan popular entre las mujeres norteamericanas como en ese momento.

Su tabique estaba apenas desviado, y sus labios no eran ni muy carnosos ni muy finos. Pero cuando sonreía unos hoyuelos simpáticos se formaban en el centro de sus mejillas y sus dientes eran blancos Su madre solía decirle que ese era su mejor atributo, tenía una bonita sonrisa, aunque a Kathy lo que más le gustaba en ella eran sus delicados pies.

Su piel por otra parte estaba plagada de lunares, que recorrían cada centímetro de ella. Sobre todo sé concentraban en su espalda y no eran lunares atractivos. Una vez la dermatóloga le había dicho que con uno solo de esos, ella se lo sacaría con urgencia pero como los de Kathy eran todos feos podían quedarse tranquilas. Luego la mandó a hacer un mapeo de su piel y efectivamente, así y todo feos, no eran peligrosos ni perjudiciales para su salud. Solo que así lucía su piel.

Solía usar ropa cómoda en casa, más bien deportiva y uno de los motivos por los que odiaba ir a cualquier evento era porque sentía que debía disfrazarse. Para esa ocasión llevaba un vestido cruzado de flores sobre un fondo negro, que había comprado en H&M, con un blazer corto negro que tenía desde hacía eones, de Calvin Klein incluso no le cerraba. Llevaba unos zapatos de taco bajo negros de Michael Kors, un maquillaje sutil y sus gafas de lectura de gran montura acrílica con color oscuro. Se había puesto su perfume favorito, La Vie e Belle. Y un maquillaje sutil. No creía detener el tránsito con su belleza pero estaba pasable.

En ese momento se había sentado para la firma de libros, y había una larga fila de mujeres ansiosas y algún que otro hombre también esperando por ello.

Morfeo se sentía incómodo y ridículo con ese camuflaje. Lucia como un hombre pelado y un poco panzón, algo afeminado de estatura media.

No solía recurrir a ese tipo de artilugios justamente porque lo hacían sentir incómodo.

Pero necesitaba verla de cerca.

Desde su descubrimiento pasaba las noches de ella viéndola. No era pervertido, ni voyeur. Solo sentía verdadera curiosidad aunque algunas veces, si había que ser sinceros, las escenas lo habían encendido y poco y luego había buscado alguna Oniris bien dispuesta y se había encerrado en su habitación.

Había que reconocer que quizá la mujer tenía poco sexo y experiencia, porque ya había averiguado todo acerca de ella, pero era bastante imaginativa a la hora de la acción.

Cuándo supo que haría esa firma de libros supo que debía ir allí, debía verla de cerca. Así que se hizo pasar por un seguidor, como hijo de un Dios eso no le resultó difícil. Y se disfrazó. La gente cuando lo veía no veía al príncipe olímpico sino a un simple mortal bajito y un poco gordito.

Cuando llegó su turno en la fila ella prácticamente no levantó la mirada. A él no le interesaba que lo viera con ese aspecto pero sí quería verla él de cerca.

Le entregó el libro.

— ¿ A quién se lo dedicó ? — preguntó ella sonriente abriendo la solapa del libro.

— A Mor...Morrison ...

— ¿ Cómo Jim Morrison, el cantante ? — preguntó ella y levantó por primera vez su mirada.

— Sí, exactamente — respondió él. Su belleza, como imaginaba, no era de otro mundo aunque tampoco era intocable si tenía que ser sincero. Y desde esa posición podía tener una mejor visual de su escote...su única debilidad de cuasi Dios eran los pechos femeninos.

— Toma, aquí tienes "Jim" — ella le entregó el libro sonriente y cuando él lo tomó sus dedos apenas se tocaron y él sintió algo, como una descarga eléctrica... no podía explicarlo.

Ella alejó la mano.

— Parece que estás cargado, me diste electricidad... — comentó ella al pasar.

— Si...eso parece...

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MORFEO

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