Capítulo 2

Hoy descubrí una parte de él que no conocía, quizá porque solo me fijaba en su físico y no en su personalidad. He estado tan concentrada en ver lo bueno del chico que me gusta, que omití ciertas cosas malas. Pero he sido testigo de cómo es realmente. Las personas tienden a mostrar solo lo que quieren que los demás vean en ellos, pero nunca dan a conocer las dos caras de la moneda. Siempre he opinado que debemos ser nosotros mismo en cualquier lugar, sin importar lo que nos rodea, sin perder nuestra personalidad ni aparentear y mucho menos pensar que a dónde sea que vayamos vamos a encajar. Porque la verdad eso jamás ocurrirá.

(...)

Salgo del aula de clases al igual que mis demás compañeros, me dispongo a ir a la cafetería por un almuerzo. Las últimas dos horas de clase fueron una completa tortura, el profesor Will es tan aburrido explicando que es inevitable no cabecear del sueño que causa su voz pausada. Agarro dos piezas de pollo, ensalada y puré de papa que la señora Samantha prepara. Cargo con mi bandeja de comida en busca de una mesa desocupada, pero antes de dar un paso siento un enorme cuerpo chocar con el mío haciendo que derrame toda la comida.

—Lo siento, no me percaté de ti. Eres tan enana que cualquiera te pasa desapercibida —cierro los ojos intentado controlar mis ganas de propinarle mi puño en su rostro.

—Warren —menciono lanzandole una mirada fulminante—. Eres un imbécil.

—Oye, ¿Por qué me insultas? ya te dije que no te vi...

—Pues deberías chequear tu vista —replico inclinándome al suelo para recoger el desastre de comida. Unos brazos masculinos toman entre sus manos la bandeja y bufo en respuesta—. No pedí tu ayuda...

Levanto la mirada dispuesta a insultar a Warren, pero no se trata de él, sino de Luke. Abro los ojos desmesuradamente y caigo de trasero en el suelo, desearía que alguien me dé un pellizco para ver si no se trata de un sueño.

—Uhh, vino a rescatarla su príncipe azul —habla Warren con tono burlón.

—No seas tarado, esta no es la manera de llamar la atención de una chica —replica Luke poniéndose en pie—. Créeme que no conseguirás nada actuando como un idiota.

—Habla el experto —suelta Warren dibujando una sonrisa ladeada.

Los miro sin entender absolutamente nada, pero es evidente la tensión que hay en el ambiente. Es lo que suele suceder cada vez que ambos se cruzan, la rivalidad que existe entre ellos no ha cambiado ni creo que suceda nunca. Son como dos polos opuestos que se repelan, apenas están cerca y estalla una guerra, no se sabe lo que pueda ocurrir entre esos dos. Por lo que decido apartarme de aquel grupo que se ha formado repentinamente entre los dos bandos rivales, prefiero pasar desapercibida y desaparecer sin que los demás lo noten antes que salir también perjudicada.

Sin embargo, mis pies se detienen instintivamente al escuchar la voz de Luke.

—¿Crees que no me he dadocuenta de tu interés por Eveline? —murmura el rubio—. Tal vez el resto no parece notarlo, pero es muy obvio que intentas por todo los medios llamar su atención. Aunque de esta manera no va a resultar.

¿Ah, de qué me perdí?

El grandulón lo mira como su tuviera dos cabezas.

—No seas estúpido, jamás me fijaría en alguien como ella, siquiera se ve femenina y además tiene todo lo que odio en una chica —refuta Warren haciendo una mueca de asco hacia mí, causando las risas de los demás.

Aprieto los puños a mis costados con fuerza, ¿Cómo se atreve a decir aquello?

Me acerco al idiota que me mira con desdén y lanzo mi bebida en su rostro.

—¡¿Pero qué mier...?!

—Atrévete a decir otra cosa más y verás de lo que soy capaz. Imbécil —espeto enojada.

Los que han presenciado lo sucedido se sorprenden de lo que le he hecho al capitán del equipo, puedo sentir la mirada de todos clavada en mi espalda cuando me doy la vuelta para salir de la cafetería. Corro por el pasillo sin importar tropezar con los que vienen en  dirección contraria, necesito escabullirme de las miradas del resto, odio ser el házme reír de los demás o peor aún estar en boca de todos. Entro al baño que afortunadamente se encuentra vacío, y me encierro en uno de los cubículos. Aquí nadie me encontrará, o eso creía hasta que escucho un portazo y de pronto veo a Luke tomarme del brazo para arrastrarme fuera.

—¿Pe-pero qué haces? —replico tratando de zafarme de su agarre.

—Esconderse no hará que se solucione lo que te ha estado molestando todo este tiempo. ¿Así es como resuelves las cosas, huyendo de la situación? —lo miro avergonzada, sé que tiene razón.

—Yo... —titubeo sin saber que decir.

Nadie nunca me había defendido cómo lo ha hecho él, el chico del cual he estado enamorada y solo puedo conformarme con admirarlo de lejos. No sería realista pensar o soñar que quizá, algún día pudiera ocurrir algo entre nosotros, porque eso está difícil de conseguir.

—Estuvo bien lo que hiciste, te estabas defendiendo. Lo más probable es que Warren ya esté de camino a la oficina del director, pero descuida, hablaré con él antes para que el castigo no qsea severo —emite desapareciendo en el pasillo.

Me quedo ahí, en medio del pasillo desolado sin saber qué hacer, por un lado estoy procesando todo lo que me ha pasado hoy, es difícil no confundirlo con un sueño. Puede ser un poco extraño, pero hace días soñé con algo parecido y se ha hecho realidad.

—Vaya inicio de clases —murmuro echando a andar hacia el aula.

Luego de un buen rato, ha llegado la hora de marcharnos a casa puesto que el profesor Joshua está enfermo. Salgo de la universidad y emprendo camino por la acerca, pensado en el trabajo que debo entregar para el jueves. Suspiro cansada de solo imaginar lo que me queda por hacer, sin embargo es la carrera que he elegido y si deseo graduarme necesito obtener las mejores calificaciones.

De repente escucho a alguien gritar mi nombre, me giro viendo a Luke que viene trotando hacia mi dirección. No sé si estoy soñando de nuevo pero la escena parece reproducirse en cámara lenta. Es como estar en una película donde el chico apuesto aparece mientras el sol impacta en su rostro y el viento vuela su cabello.

Alguien que me dé un pellizco...

—¿Ya te vas? —su voz me hace sacudir la cabeza.

Actúa normal Eveline. Sonrío de manera exagerada mientras agarro los tirantes de mi mochila.

—Eh sí, supongo —frunce su entrecejo.

—¿Supones? —repite ladeando una sonrisa.

—Iba a la biblioteca, debo terminar la presentación —respondo sintiendo un extraño cosquilleo en mi cuerpo al tener su mirada.

—Ya. Entiendo —rasca su nuca con nerviosismo—. ¿Podemos ir a algún sitio más tarde?

¿Ah? Estoy comenzando a dudar si no se trata realmente de un sueño. ¡Ya díganme qué no lo es!

—¿Tú y... yo? —pregunto confundida.

—Ajá. A menos que no quieras y...

—No, no. Está bien, sería genial estar solo nosotros nada más —me apresuro a contestar pero al darme cuenta de lo que he dicho hablo de nuevo—. Es decir, no es que no sería genial si otros van, aunque la verdad prefiero estar con pocas personas. Sin embargo, no me molestaría si invitas a tus amigos o lo que... sea.

Mejor cierra la boca, estás actuando como tonta. Escucho a mi subconsciente. Por otro lado, Luke suelta una risita divertido por la situación.

Genial, ahora soy la graciosa.

—Vale, lo he entendido. Entonces paso a recogerte a las siete, ¿te parece? —asiento frenéticamente hasta sentir que mi cabeza se va a desprender del cuello.

Luke me regala una sonrisa de esas que me causan un sinfín de sensaciones en mi interior, despierta los dragones que habitan en mí. Quedo allí, en medio de la acera viéndolo alejarse, todo me parece tan irreal que me palmeo las mejillas para asegurarme que efectivamente no se trata de un sueño.

—Esto es muy extraño —murmuro a nadie en particular.

Capítulo 3

Llego a casa en un santiamén, subo las escaleras con una estúpida sonrisa en mi rostro. Me siento en un cuento de hadas, había esperado este momento y jamás creí que se sentiría así de bien. Pero como de costumbre, los pensamientos rumiantes se apoderan de mi mente y surgen las inseguridades que arruinan mi felicidad en un instante.

¿Por qué repentinamente se ha mostrado tan atento conmigo? ¿Habrá alguna razón detrás de esa salida?La incertidumbre me carcome viva, siquiera puedo pensar con claridad puesto que he comenzado a imaginar todo tipo de situaciones negativas que me causan ansiedad.

Tal vez haya un motivo egoísta detrás de su invitación, quizá no es lo que parece. Pero, ¿y si se trata de lo que he deseado por tanto tiempo?

Me tumbo boca arriba en la cama mientras intento no darle vueltas al asunto, al fin y al cabo solo es una salida.

Eso espero...

(...)

De niña, mi padre me leía cuentos de princesas que eran rescatadas por príncipes azules. Recuerdo que imaginaba cada detalle relatado de la historia, creaba una película en mi cabeza de manera que podía vivir y sentirme parte de ella. Papá siempre se encargó de contarme de lo maravillosa que fue mi madre, cómo llegó a enamorarse perdidamente de ella y lo difícil que fue al dejarlo solo conmigo. Tenía cinco años cuando mamá falleció, la verdad no me acuerdo de muchas cosas, sin embargo lo que he escuchado de la mujer que me dio la vida me permite tener en la memoria aquellas anécdotas que no pude disfrutar en carne propia.

Oír aquella historia del amor de mis progenitores, me hicieron tener altas expectativas a la hora de buscar a esa persona que fuera la correcta para mi, no creía en las almas gemelas ni mucho menos en las medias naranjas. De hecho, no espero que mi chico ideal sea perfecto, pero si que me demuestre que a pesar de los problemas que puedan surgir en el futuro, estaremos el uno para el otro, así como mis padres.

Sin embargo, me parece un poco difícil de tener.

Detallo mi vestimenta en el espejo de la pared, antes de salir de mi habitación con los nervios de punta. Aún no le he pedido permiso a mi padre para salir, no sé que decirle sin que malinterprete la situación cuando vea a Luke. Bajo el último peldaño y sigilosamente me encamino a la cocina dónde diviso a papá cortar algunos vegetales para el estofado que tanto le encanta.

—Ummm, huele magnífico —comento acercándome a él para luego robarle un pedazo de carne.

Mi padre me reprende con la mirada al darse cuenta de lo que he hecho, desaprueba que robe de su comida. Frunce el ceño al percatarse de mi ropa, normalmente no suelo ir arreglada a ningún sitio.

—¿A dónde vas? —indaga.

Vacilo unos minutos antes de responder.

—Saldré un momento, ¿puedo? —hago un puchero y él asiente dándole un apretón a mi mejilla.

—Pero no llegues tarde, y le dices a Nora que conduzca con cuidado, eh —desvío la vista hacia el estofado que ha comenzado a hervir.

Soy pésima para mentir, por lo que no transcurre ni un minuto y mi padre se da cuenta que no saldré con mi amiga. Así que me adelanto para hablar.

—E-eh, en realidad quedé con un amigo de la universidad que... —el timbre suena interrumpiéndome.

Ladeo la cabeza hacia la puerta y antes que pueda dirigirme a ella, mi padre ya se encuentra abriendo.

Oh, no... ¡Esto no puede estar pasando!

—Buenas noches señor —saluda el rubio.

—Buenas noches, ¿qué deseas? —pregunta papá sonando serio.

Camino hacia ellos dando zancadas hasta quedar frente a Luke.

—¡Hola! —emito con mucha efusividad, demasiado para mi gusto—. Te estaba esperando.

—Sí, disculpa la tardanza, se me presentó algo antes de salir —explica educadamente.

—Descuida, entiendo —digo sonriente.

Entonces, escucho un carraspeo exagerado detrás de mi. Ladeo la cabeza viendo a papá que nos observa a ambos con intriga.

—Ah sí, te presento a mi padre —señalo.

—Luke, mucho gusto señor...

—Alexander —agrega papá estrechando su mano con la del rubio. La  aprieta con fuerza haciendo que Luke haga una mueca de dolor que simula con una sonrisa amable—. Antes de las diez, de lo contrario te haré...

Abro los ojos desmesuradamente y reacciono rápido antes que suelte su discurso de padre protector, por lo que intervengo tomando por el brazo a Luke arrastrándolo al auto que está aparcado en la calle.

—¡Adiós papá, nos vemos en un rato! —me despido entrando al interior del coche.

Suelto el aire que llevaba retenido sin darme cuenta, menos mal actué rápido, a veces mi padre suele ser un poco... peculiar.

—¿No le habías dicho con quién ibas? —inquiere Luke arrancando el motor.

—Eh, no. O sea, le comenté hace minutos antes de que llegaras —juego con mis manos sin atreverme a sostener su mirada.

—Oh, ya.

El silencio reina entre ambos durante el camino, ninguno de los dos vuelve a emitir palabra. Observo su perfil cuando detiene el auto en uno de los semáforos, recorro mi mirada desde su cabello rubio que cae en su frente, hasta bajar por la nariz respingona y marcado mentón. Su atractivo resalta a metros de distancia, con razón es conocido como el "modelo" de la universidad.

—¿Te han dicho que eres curiosa? —habla de pronto sacándome de mi escudriño.

Aparto la vista de él simulando mirar por la ventanilla, pero es evidente que ha notado como lo he estado observando.  Tonta.

—No lo soy, quizá cuando algo me gusta pero de resto no lo hago... —cierro la boca de golpe al percatarme de lo que he dicho. Por otro lado él se ríe de lo torpe que soy al habla—. O sea, quiero decir que normalmente lo soy, aunque mejor le llamaría observadora.

Cierra la boca, la estás embarrando más.

—¿Ah si? —asiento sintiéndome un poco tonta cuando se trata de él—. Interesante, me gusta.

Lo miro de soslayo sin entender a qué se ha referido con lo que ha dicho. Pero cambia el tema y no me da tiempo de preguntar que significa esas tres palabras.

—¿Puedo preguntarte algo?

Me regala una mirada furtiva para luego posarla en la carretera.

—Sí claro, adelante —asiente.

—¿Por qué me has invitado a salir? —inquiero intrigada.

La pregunta parece tomarlo por sopresa, puesto que la expresión de su rostro cambia.

—¿Por qué es extraño que lo haya hecho?

—No lo sé, quizá porque hemos compartido clases durante tres años y apenas es que me diriges la palabra —respondo encogiéndome de hombros.

—Lo siento, suelo ser distraído y estar siempre en mi mundo —dice apenado—. Pero sí sabía de tu existencia, de hecho te he estado observando desde hace algún tiempo.

Ahora es mi turno de alzar las cejas sorprendida.

—¿En serio? —asiente esbozando una sonrisa.

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